Bueno amigos, después de quien sabe cuanto tiempo sin pasarme por aquí..finalmente llegó la inspiración. Espero que les guste...gracias por pasarse a leer.
Capítulo 8. Políticamente correcto.
Uno
..
Dos
..
Tres
Tick tack …tick..tak el reloj..
..
Las campanadas de media noche..
Dicen que las células de nuestro cuerpo tienen memoria. Así como se puede recordar un momento reprimido del pasado con los olores, sonidos u otros artificios de nuestros sentidos que nos traen al presente los sentimientos percibidos.
Tal vez puede ser así…pensó Sirius Black cuando probó una botella de las últimas reservas de la finca piedras negras: el Whiskey reposado.
Ese olor a raíces viejas y tierra húmeda le trajo el recuerdo de su padre en las caballerizas de aquel lugar, hablando con Abraxas Malfoy entre susurros. Algo estaban ocultando. A hurtadillas se acercó a un más y escuchó detenidamente:
−Debemos prepararnos Orión..tu sabes que la profecía lo ha dicho. Llegará nuestro vengador. El legado de Grindelwald no se ha perdido ¡Tú lo sabes!−dijo Abraxas Malfoy con las barbas blanquecinas temblorosas aquilatando los alrededores−
−De eso estoy seguro, por lo tanto hay que guardar todo en Gringotts−Murmuró Orión Black−
Ambos hombres desaparecieron a grades zancadas de las caballerizas rumbo a la casona, y Sirius Jamás comprendió lo que aquellas palabras conferían. El recuerdo estuvo reprimido por tantos años y la inverosímil recordatoria llegó gracias al olor de ese Wiskey en específico. Tantos años en borracheras, y no fue hasta el día de hoy que lo trajo en sí. En ese instante todo cuadraba, ¿de dónde sacaría Lord Voldemort su fantástico financiamiento de la guerra?
Aquello cobraba sentido, por justa razón el ministerio mostraba tanto interés en las finanzas de su finca, y además sospechaba que el altercado a su bóveda también tenía algo que ver con ello.
Se levantó dando tumbos para ir a su habitación, sospesando la posibilidad de que sus conclusiones fueran sandeces derivadas del alcohol y su gran borrachera. Mañana sería un largo y tedioso día de trabajo al estilo muggle y no debiera estar pensando estupideces.
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Draco Malfoy yacía como una estatua de marfil parado sobre un sendero obscuro, los árboles a su alrededor se levantaban como dedos gigantes de coloso, las raíces parecían serpientes que entraban y salían en la tierra. Pronto las ramas en las obscuridades de lo alto se contonearon al unísono del viento.
El joven dio un respingo al escuchar aquel susurro perturbador nuevamente, un siseo tan conocido para él:
Parsel.
Cerró los ojos, apretando tanto los parpados hasta convertirlos en líneas blanquecinas y se obligó a concentrar los demás sentidos. Al abrirlos buscó enfocar un poco más sin conseguir gran cosa. Escuchó de nuevo su nombre en aquella lengua primitiva rizándole la piel. Tragó saliva sin poder evitar el movimiento de sus pies, esa melodiosa y tersa voz era la motivación de sus movimientos involuntarios, un hechizo legendario cual ventriloquia.
Levantó la varita en dirección a la penumbra frente a él, y con toda negación avanzó. La obscuridad parecía embeberlo en un túnel interminable, hasta que pareció llegar a un claro. Alzó la vista temeroso de encontrar lo que en su interior sabía que esperaba a por él, divisando solo la luna en el cielo cuan pequeño punto de luz semejante a una luciérnaga.
Sin poder evitarlo más, su cuerpo tembló y los vellos de su nuca se crisparon. La marca tenebrosa comenzó a dolerle con tal dureza que lanzó un chillido y lo obligó a arrodillarse.
Al fin lo había encontrado. Lord Voldemort halló su escondite en el bosque prohibido y como buen mortifago no podría jamás ocultarse gracias a la marca tenebrosa que delataba su posición.
Las lágrimas brotaron sin compasión de sus ojos grises, alimentadas por el miedo que inundó hasta los huesos. Se sintió totalmente perdido, vulnerable e incapaz de luchar por su vida. Presa del pánico intentó levantarse y huir pero un Petrificus totalus lo paralizó en el aire. Mientras flotaba miles de pensamientos pasaron por su mente, sobre todo los pocos felices que logró concebir.
−Debieras saber…Draco, que nadie puede huir de mi−siseó, los dientes aserrados de Voldemort aparecieron en una sonrisa ladina y sus ojos de serpiente se dilataron aún más− me has fallado, Draco, me has fallado ¿cómo ha sido posible que no detuvieras a Harry Potter y a sus miserables amigos? ¡los tenías en tu casa! ¡eran tus prisioneros!−
Voldemort rodeó al muchacho hasta tener su rostro de frente. Estudió sus gestos y volvió a sonreír satisfecho al notar las lágrimas de dolor. Draco contenido ante su dolor no podía hacer más.
−¡Creías que podrías engañarme? ¡los dejaste escapar! ¡Crucio! –
Draco sintió su cuerpo rígido y una corriente eléctrica recorriendo sus músculos, obligándolos a contraerse, su pecho parecía oprimirse evitándole respirar y mil cuchillas atravesaban cada parte de su cuerpo. No supo con exactitud cuánto tiempo permaneció en el aire recibiendo la furia del señor tenebroso. Cuando al fin tocó el suelo ante el hastío de aquel hombre por no oírlo chillar, es que Draco pudo lanzar un alarido profundo. Su cuerpo blando, yacía en el suelo, con los brazos laxos y las piernas extendidas.
Los pasos de su torturador se escucharon más cercanos y entonces le oyó decir:
−Avada Ked…−
Draco lanzó un grito de desesperación al mismo tiempo que se irguió en la cama, ese maldito sueño lo había perseguido desde ese día en que Potter y sus "amiguitos" huyeron con el elfo de la mansión Malfoy. Siendo no más que la experiencia vivida, regresando una y otra vez para recordarle su maldito pasado.
Al conseguir calmarse un poco, casi se va de bruces al percatarse de Narsissa Malfoy parada cerca del dosel.
−¿Draco? ¿estás bien? Escuche tus gritos y… –dijo la mujer realmente alarmada, se acercó al borde de la cama pero el gesto pétreo de su hijo le alertó a detenerse. Si bien ya no era el niño pequeño que solía consolar a escondidas de Lucius en las noches de pesadillas−
Narsissa Malfoy sabía de antemano el sufrimiento que le otorgaron sus malas decisiones, entendía el efecto que generó la presencia del señor tenebroso en sus vidas, la cual estaba parcialmente equilibrada ahora ante la sociedad pero para nada bien a puertas cerradas. Distaban mucho de ser una familia, como alguna vez creyó que lo habían sido y su hijo no evitaba para nada hacerle notar el desprecio que sentía por llevar aquel apellido sobre sus hombros.
Draco abrió la boca para decirle a su madre de un modo amable que no se atreviera siquiera a fingir que le daría alguna clase de consuelo, pero el grito de una mujer entre los pasillos le hizo levantarse estrepitosamente. El muchacho corrió entre las lúgubres figuras y cuadros de la mansión hasta llegar a la habitación que otorgó a Hermione Grenger, casi olvidando siquiera que ella estaba en la casa paró en seco y volvió a escuchar el grito desesperado proveniente del interior.
Por un minuto creyó estar en el gran salón de su casa, viendo cómo su tía Bellatrix torturaba a la "sangre sucia" hija de muggles con su varita. El estómago se le revolvió, su cuerpo se tensó y los bellos de su piel se erizaron como en aquella ocasión. Apretó los puños y la mandíbula con la impotencia cernida sobre todo su ser.
Si no fuere porque su madre pasó de largo a su lado abriendo la puerta de la habitación estrepitosamente, él hubiera seguido mirando un punto inexistente en el suelo con los recuerdos cernidos hasta en la piel.
Narssisa llegó dónde Hermione, la chica estaba sentada en la cama con la respiración dificultosa, sudando y temblorosa e inmediatamente dirigió su varita a la mujer. Aquella chica era el sufrimiento y terror velado, la guerra fue difícil de conllevar y más aún, estaba siendo difícil de sanar. La pesadilla de Hermione en que la torturaban siempre iba y venía, tenía meses que Bellatrix Lastrenge no estaba en sus sueños pero en aquella casona se hacía difícil no traerla a cuestas.
Pronto la chica bajó la varita al ponderar la situación, Narssisa encendió las luces con un hechizo silencioso y no le fue necesario oír alguna palabra de disculpa, con el simple gesto compungido de Hermione quedó evidenciado. La mujer rubia se acercó a la chica para tomar su temperatura, corroborando sus sospechas: no había cedido aún. Draco entró lentamente, pálido y con el rostro contrito, olvidando siquiera los protocolos de vestimenta y su pijama de cuadros escoceses.
Sus ojos grises se encontraron con la mirada color avellana de la chica, sopesando la reacción del otro, y conscientes de aquella intimidad involuntaria, ahora partícipes a los secretos de sus noches. Draco estaba seguro que ella le habría escuchado del mismo modo que él lo hizo. Ninguno retiró la mirada, atados a sus cuestionamientos internos el uno sobre el otro, permanecieron así todo el tiempo que Narsissa dedicó a aplicar el ungüento sanador en Hermione.
Draco volvió a pensar en Hermione como un igual. Tal vez la sabelotodo insoportable de sus tiempos de escuela, estuviera sufriendo de mismo modo que él. Hermione por su parte, consideraba la posibilidad de que Draco Malfoy ya no fuera el hurón mal criado. Narssisa hizo un ademan de haber terminado y dijo a su paciente:
−Será mejor que vuelva a intentar descansar Srita. Granger, si gusta puedo mandar por un elfo para que vele su sueño o si prefiere uno de nosotros.. –
−¡No! ..No es necesario nada de eso−balbuceó cubriéndose con las mantas hasta el pecho, tras no soportar más la mirada gris de Draco con tal escrutinio−
−Pues entonces, espero que pase buenas noches−Dijo Narsissa al levantarse, salió de la habitación no sin antes tomar del brazo a su hijo y darle una leve caricia−
Draco permaneció un par de minutos más mirando a Hermione, confirmando que estuviera bien, ella se removió incómoda en la cama y carraspeó la garganta.
−Buenas noches Granger, llamaa un elfo si necesitas algo−dijo con un tono impersonal−
Hizo una leve reverencia con la cabeza y salió.
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Hermione miraba las gotas de lluvia pasar por la ventana mientras se vestía. Una urgencia por salir de la mansión Malfoy la acribilló pese a que su estado de salud no fuera de lo mejor. Había tenido suficiente con la escena que armó la noche anterior como para no poder ver a los dueños del lugar por varios días, no al menos hasta que tomase valor nuevamente para realizar las tareas que el ministro le había mandado a hacer allí. Alguien tocó a su puerta pero no respondió. Después de unos minutos creyó que el visitante se había marchado pero dio un respingo al escuchar una voz tan conocida:
−Es muy probable que te pierdas en los jardines y desaparezcas de la faz de la tierra antes de que llegues a cualquier lugar. En la mansión no puedes hacer desaparición−la voz hosca de Draco Malfoy le hizo erguirse severamente. Se giró sobre sus talones para encontrarse al muchacho debajo del marco en la puerta−
Estaba sereno, pulcro y bien vestido como siempre lo había visto. Su porte gallardo no se parecía a la noche anterior. Hasta su cabello iba diferente, ahora peinado hacia atrás con la frente despejada.
−¿Has perdido los modales? ¿no se supone que debes tocar antes de entrar? Sé que es tu casa, pero aun así la privacidad de las "visitas" es vital−refunfuño no sin antes lanzarle una mirada inquisitiva−
−Lo hice pero no respondiste, pensé que te habría pasado algo… estas distraída o adormilada, tal vez no dormiste bien−dijo Draco sin pensar y se arrepintió de inmediato cuando el rostro de Hermione se endureció por completo. Toda tregua se había ido a la mierda−
Hermione se plisó la falda marrón que se había colocado para colmo de manera inadecuada. Apretó los labios y frunció el ceño. Draco estuvo a punto de soltar una risotada al recordar sus refunfuños de escuela, pero ya había hecho suficiente.
−A decir verdad es difícil dormir en un lugar donde has sido torturado casi hasta la muerte, si a ti te parece poco, pues discúlpame−dijo severamente sin importarle lo que esas palabras pudieran causar en Draco. Se sentó en el sillón orejero que el muchacho ocupó tantas otras veces y se colocó sus botas victorianas−
El muchacho no dejó de observarla con cierto asombro, la forma en que ella se hacía de sus ropas le pareció increíble, jamás concibió otra manera de vestirse que no fuera el uso de la magia.
−Te recuerdo que fuiste tú quien vino aquí en primer lugar− metió sus manos en los bolsillos restando importancia, volviendo a la severidad de sus actos−
−Fue una encomienda, no es por gusto−murmuró antes de levantarse orgullosa−
−¿A qué has venido en realidad Granger? –aminoró la distancia invadiendo su espacio personal. Por alguna razón ella se convirtió en una distracción que no le dejaba concentrarse en el trabajo, y no por el asunto que el ministerio mandó a hacer en su casa, sino la enigmática personalidad que ahora tenía−
El porte de Draco similar a una serpiente que se acerca sigilosamente a la presa le puso los nervios de punta a Hermione, y no es que pensase exactamente que le atacaría, si no la vulnerabilidad de sus realidades estaba a flor de piel. El percibirlo como un hombre no muy diferente a ella, con un alma atormentada como la suya le asustaba. Imaginó de momento que, si le era inconcebible pasar un minuto más en esa casa, ¿Cómo sería entonces para Draco? Que obligadamente debía permanecer ahí. ¿Qué otras cosas hubo hecho obligadamente por sus padres? ¿por Lord Voldemort? Sintió lastima por él, y una congoja le invadió de tal modo que se cernió un nudo en su garganta. El ceño de Draco se frunció.
−No te atrevas siquiera a tenerme lastima−Murmuró autoritario cuando ya estaba muy cerca de ella, la respiración del muchacho se agitó sobremanera. No era rabia, no era dolor, aquel sentimiento recién descubierto le puso los nervios de punta. Ella lo ponía nervioso, inestable−
A Hermione le tomó por sorpresa la madurez que Draco mostraba cada vez, y en todos los otros sentidos. Involuntariamente estuvo al tanto de todos sus avances en el mundo mágico, tanto para su redención como levantamiento de sus negocios. Era ávida a la lectura, sobre todo financieras. Por su parte, a Draco le llamaba la atención ese efecto que ella tenía, lo que ninguna mujer logró antes y se halló pensando que tal vez siempre había sido así mas no se permitió admitirlo. Hermione Granger era peculiar, y nada parecida a la mayoría de las brujas que se rodeó alguna vez. Era una sangre sucia y a los sangre sucia había que odiarles según su padre por lo que jamas hubo mas que altercados entre los dos.
Hermione se sintió invadida de una nostalgia que no logro esclarecer, y aun que el pretendiera amenazador, había miedo en sus ojos grises. Sintió ganas de abrazarlo y le asustó el simple sentimiento de protección que se albergó en su alma ¿Qué estaba pasando con ella? ¿le habrían hechizado? Ella no debiera estar sintiendo empatía por Draco Malfoy, un ex mortífago investigado ahora por el ministerio.
−Deja de usar la legerenmancia conmigo−Murmuró ella desviando la mirada a la corbata del joven, su cuerpo se estremeció por la cercanía−
−No me des ordenes en mi propia casa−le respondió en el mismo tono que antes−
Ella apretó las mandíbulas y sintió unas enormes ganas de llorar. Hizo tripas corazón para evitarlo pero no pudo más. Una lágrima se escapó. Nunca en su vida Draco Malfoy sintió un ápice de empatía por algo o por alguien, eso era para débiles según las enseñanzas de su padre, pero en ese momento, le dieron unas enormes ganas de estrecharla y no lograba saber porque. O quizá sí. Era la vorágine de observarse en su propio espejo. La muchacha que se empecinaba en forjar un carácter duro estaba cayéndose a pedazos en ese justo momento. La vida como la concibió no era la misma. Después de la guerra un golpe de madurez lo arrojó a la realidad de todos sus actos y ahora posiblemente había alguien que comprendía lo que albergaba dentro. La sola idea lo aterró pero también le dio alivio.
−Solo dame paso, déjame salir de aquí−tartamudeó Hermione−
−No puedes irte.. –aquella negativa distaba de ser desdeñosa. Si no fuere porque conocía a Draco, Hermione hubiera jurado que sonó a súplica−
La chica levantó la vista incrédula de lo que escuchó y antes de que ella notase sus emociones, él carraspeó la garganta y corrigió:
−Mi madre se ha empecinado en sanarte y no dejarte ir de la mansión hasta que te encuentres en buena salud. Es lo políticamente correcto, lo que dictan las reglas de etiqueta…Si la casa te resulta aberrante ¡bienvenida al club! –sentenció con el rígido sarcasmo que siempre le acompañaba, una sonrisa fingida se deslizó por sus labios−
−¿Cómo puedes vivir así? –asestó sin más, buscaba quizá una respuesta que le diera la valentía para sí misma. Porque ya no sabía cómo salir de ese dolor constante sin arrastrar todo a su alrededor−
Él analizó sus gestos, aquellos ojos avellana en verdad le cuestionaban en busca de respuesta.
−No vivo Granger. Solo respiro−confesó con celeridad. Qué más da si le tomaba por un pelmazo sensible. Él ya le había visto en su fase más vulnerable. Las máscaras sobraba, ambos testigo de sus propios demonios nocturnos−
−Esto no es vivir, cargar con todo esto no.. –se detuvo a si misma tras no saber si proseguir o no, aquella familiaridad con la que se abrieron no parecía real ¿ella hablando con Draco Malfoy de la guerra y sus tormentos? Era con quien menos pensó compartir. Ni siquiera Ron se atrevía a tomar el tema−
Draco se encogió en hombros y meditó sus siguientes palabras.
−Nadie que haya presenciado la obscuridad puede librarse del sufrimiento, hay que saber abrazarla y hacerla participe de la vida diaria. Es una cuestión de seguir adelante Granger pese a todo−
Ella asintió, se limpió las lágrimas e iba a disculparse por esa faceta cuando abrió los ojos sobre manera al escuchar:
−La próxima vez que tengas pesadillas toca mi puerta, es probable que yo también las tenga. Podremos hablar y tomar el té−dijo con seriedad, Draco salió de la habitación en un parpadeo−
Ninguna de sus palabras tuvo el matiz de sarcasmo característico de Draco Malfoy, más bien parecía una invitación a combatir su pasado entre los dos.
