Va el siguiente cap.

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Saludos y besos

9. Instintos primarios

Sirius Black observó con cuidado a los hombres que estaban frente a él. Se llevó los brazos en jarras y suspiró pesadamente, cargando sobre sus hombros un peso más allá del cansancio físico: el mental. Solo seis personas acudieron a su oferta de trabajo, y estaba seguro que un par de ellos fue más por curiosidad que cualquier cosa. Para su mala suerte por esos momentos la mayoría de las fincas estaban plantando y los trabajos mejores pagados tomaron la mano de obra en casi el 70% de los hombres del poblado cercano. Él no sería un miserable, no podía ofrecer más de lo que estaba en sus manos proveer y no los sometería a engaños o promesas como otros hacendados lograban una mayor cantidad de trabajadores.

Aquella visión que alguna vez tuvo en sus ensoñaciones de cómo sería un hombre hacendado estaba lejos de lo que tenía en su realidad. Ahora es que las palabras de Nynphadora cobraban sentido. La terquedad le había arrojado al abismo sin fondo, pero él no era de los que se rendía tan fácil. Pasó por demasiadas cosas difíciles en las que se vio bien librado, levantar la finca de piedras negras no debiera ser más complicado que derrotar a un mago obscuro ¿o sí? Carraspeó la garganta y finalmente dijo:

−Bueno, creo que debemos dejar unas cosas claras por aquí. Realmente quisiera poder ofrecerles más, pero ustedes mismos lo han visto en el contrato. Las cosas no serán fáciles y hay mucho por hacer−

Los hombres no dijeron nada. Salvo uno de ellos se quitó el sombrero y muy temeroso jugaba con él entre sus manos, después de boquear como pez del estanque, se atrevió a decir:

−Patrón, sinceramente yo. .quisiera hablarle un poco de mi situación. Si no, si no le molesta−Dijo en un tono lastimero−

−¿Cuál es tu nombre? –dijo Sirius hosco, realmente no estaba familiarizado con el trato de la gente y mucho menos con los muggles. Caminó unos cuantos pasos para acercarse –

−Craig Duncan señor−murmuró el hombre−

El hombre era de tez muy pálida, su rostro delgado contenía un par de ojeras que le confería un aire enfermo, su cuerpo delgado pareciera blandengue y aquel talle no era muy favorecido por las ropas que llevaba una o dos tallas más que la suya.

−Dígame Craig ¿Cuál es su inquietud? –

−Vera se-señor, es que yo, bueno..tengo familia y realmente no somos de por aquí. No no-no conozco a nadie, íbamos pasando por el poblado cuando me entere del puesto que ofrecía. Quisiera saber si no tendrá un espacio donde podamos quedarnos hasta que reciba mi primer sueldo. Sé que es mucho pedir, y disculpe mi atrevimiento. Yo.. –el hombre bajo la vista muy avergonzado, el sombrero entre sus manos removía con tal ansiedad que parecía acabaría en pedacitos−

Sirius asintió sopesando aquellas palabras. Su primer pensamiento fue darle una negativa, realmente piedras negras no se encontraba en las mejores condiciones para ser habitada por muchas personas, pero tampoco se podía dar el lujo de tener menos de 6 trabajadores. Necesitaba uno para plantación, otro para el uso del arado, dos en el acarreo de agua y otros dos para verificar que el abono y los pesticidas estuvieran esparcidos de manera adecuada. Sirius se rascó la cabeza y luego miró al hombre, aquel tragó saliva instintivamente, aquellos ojos grises que le observaban podían ser muy gélidos y amenazadores.

−¿Cuántas personas son? –

Craig Duncan sonrió nerviosamente y señaló a lo lejos un viejo coche rusty truck 1950. En aquel auto viejo y algo oxidado se asomó una mujer regordeta y castaña sonriéndole enérgicamente, saludando con la mano. En la parte trasera dos chiquillos peleaban por lo que parecía un enorme oso de peluche mientras que un perro Jack russel terrier los secundaba. El auto estaba atiborrado de maletas y afiches. Sirius Balck cerró los ojos y suspiró pesadamente, de momento pensó que se arrepentiría luego de lo que diría a continuación:

−Al final de los terrenos ..cerca de la casa grande hay una pequeña cabaña que mi padre usaba.. –Sirius se detuvo a sí mismo al recordar que en ese lugar su padre colocó parte de sus trabajadores, aquellos que consiguió de manera inapropiada, o a los que en el mundo muggle solían llamar esclavos−

Luego de regresar en sí y de escuchar el carraspeo de los demás hombres que esperaban expectantes el término de la conversación, Sirius prosiguió:

−Pueden quedarse ahí−dijo serenamente. Volvió la vista hacia los demás trabajadores cuestionando si alguno diría algo más, todos se encogieron en hombros. La tarde estaba cayendo y en silencio esperaban a que su nuevo patrón diera alguna orden−

−¡Se lo agradezco profundamente Sr. Black! –dijo Craig Duncan haciendo un par de reverencias exageradas−

Sirius hizo un gesto con la mano para que parara.

−Nos vemos mañana temprano para comenzar con la plantación, será algo duro pero podremos con todo−

Hubo dicho esto, los demás hombres movieron ligeramente el sombrero en son de despedida. Sirius comenzó a caminar rumbo a la casona con el ligero pensamiento de que todo mejoraría. Al poner un pie en la madera vieja de su pórtico, arrugó la nariz despectivamente. Un perfume dulzón le inundó la nariz.

−Creo que fui claro cuando dije que no te quería dentro de mis terrenos querida prima−se metió las manos a los bolsillos y le miró con dureza. Hacia un par de semanas su visita inesperada lo sacó de sus casillas y le molestaba que se diera las atribuciones que no correspondía. Por ejemplo servir el té en el mejor juego que encontró en sus cocinas –

Le enfadaba el hecho de que ella fuese más hábil con los encantamientos de protección y hubiera levantado las murallas mágico-invisibles que él había interpuesto para los intrusos y los vendedores ambulantes.

−Primo no seas tan quisquilloso, somos vecinos, debemos llevarnos bien−Narssisa Malfoy estaba sentada en una de las sillas del pequeño comedor del pórtico, con el porte erguido y las manos cruzadas sobre sus piernas. El vestido escarlata que llevaba a cuestas resaltaba la blancura de su piel y su sonrisa perfecta delataba sus deliberadas intenciones. Ella se llevó una taza de té a los labios con finura y delicadeza, para después palpar lentamente la silla a su costado−

Sirius apretó la mandíbula, le molestaba el hecho de que siquiera una pisca de su ser deseaba sentarse a su lado. Lo consideró realmente, pero eso le otorgaría demasiadas condescendencias y quizá la impresión de que aún lo tenía bajo sus redes.

−En otra ocasión estoy exhausto y necesito dormir−

−Creo que deberías sentarte y escucharme, supongo que por lo menos te interesaría saber la salud de la mejor amiga de tu ahijado−aguijoneó como no queriendo la cosa−

Sirius lanzó una maldición mentalmente al recordar a Hermione y su estado, hacia días que llevaba pensando en escribirle a Harry al respecto pero no lograba concretar la carta debido al cansancio.

−Está un poco, como podría decirlo, aturdida aún−

−Como te atrevas a hacerle algo.. –

−¿Cómo podría hacerle algo a una trabajadora del ministerio? Pensé que me considerabas más inteligente−sus rasgos se endurecieron. Se removió de su asiento algo incómodo para luego deshacerse de sus guantes con paciencia−

−¿A qué has venido? Dilo ya−apuró, realmente se estaba poniendo de mal humor. Esa mujer lograba lo que ninguna, sacarle de sus casillas en tan solo un instante y quizá en el fondo sabía ella poseían un significado y le daba rabia. Odiaba las viejas añoranzas, cuando se permitió arrojarse a los instintos vagos y primitivos de juventud−

−Siempre me ha gustado ver los atardeceres desde este lugar−dijo restando importancia a las palabras del hombre. La casona se encontraba en la cima de una colina, que permitía ver todas las tierras de plantación y allá a unos cuantos kilómetros la pequeña cabaña a los bordes de la propiedad−

−Narssisa−el nombre salió de sus labios con exasperación. Dio dos pasos hacia la entrada de la casa−

−Ella está bien, y lo estará en la mansión. Creo que ya te lo había dicho−se levantó de la silla donde estaba, para luego postrarse contra uno de los pilares−Sabes Sirius, la guerra nos ha afectado a todos en diferentes niveles, de diferentes maneras. No soy quien para juzgar tus heridas, así como tú tampoco tienes derecho. Nadie lo tiene. Todos somos culpables en cierto modo de cada uno de esos atropellos, y todos estamos arrepentidos de nuestras malas decisiones−esa ultima frase salió de sus labios con un evidente arrepentimiento−

A Sirius le pareció que ella no solo hablaba de las decisiones que tomó durante la guerra. Si no en el pasado.

−No sabes cuánto dolor alberga cada alma−continuó, las lágrimas resbalaron por sus mejillas. Estaba realmente sincerándose. Narssisa pensó que estaba mostrando de más, pero tal vez aún quedaba algo de esa vieja relación que mantuvieron cuando adolescentes. Guardaba la esperanza de no haberle hecho tanto daño como para que no le perdonase−

−No me vengas a suplicar ningún perdón, no tengo nada que perdonarte−soltó sin más. En el fondo las palabras de la mujer le había removido algo, pero muchas veces en el pasado ella jugó sucio. No se lo permitiría de nuevo−

−Sé que te he hecho daño, y lo lamento−ella se giró para encararlo−

−Sabes.. no tengo tiempo para esto−Sin pensarlo más se metió a la casa dando un gran portazo tras de sí. Al estar dentro, recargó la espalda en la madera gruesa y dio tres pequeños cabezazos en la puerta−

Definitivamente no sería nada fácil estar en esa finca. Y su instinto de supervivencia le alertaba que, se alejara lo más posible de Narssisa Malfoy.

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Biológicamente, los instintos son parte del comportamiento que tenemos como características, y en muchísimas ocasiones son partes hereditarias y comunes en toda la especie. La razón de poseer esos instintos viene forjado desde la necesidad de adaptación y están programados en el cerebro de tal modo que no somos totalmente conscientes de que ahí están. Nos permiten protegernos y preservarnos derivándose de reacciones automáticas o inmediatas cuando somos sometidos a alguna clase de presión, estrés o situación a la que no estamos acostumbrados.

En teoría, tenemos unos instintos básicos y primarios que se desarrollan desde los primeros estados de conciencia. El Instinto de supervivencia, por ejemplo, corresponde a todas las conductas que nos permiten preservar la vida y la salud, es decir, en ellas se encuentran la necesidad de evitar el peligro, buscar el alimento y de abrigo. También está el instinto de reproducción el cual tiene que ver con la preservación de la especie, de nuestros genes y se refiere básicamente a la sexualidad reproductiva. Y por último, el instinto religioso, para el cual no hay consenso total, pero la mayoría de los estudios psicológicos que se rigen por la corte positivista sugieren que el ser humano tiene una necesidad innata de darle sentido o explicación a todo suceso y por tal razón acude a las divinidades.

Draco Malfoy cerró el libro de biología humana que tenía en las manos, la lectura era el pasatiempo que más adoraba, le permitía diferentes puntos de vista sobre algún suceso especifico, ya no se dejaría mangonear por otras opiniones, deseaba generar criterio propio. Hubo acabado con toda su biblioteca mágica y hastiado inició lectura muggle.

"Cuando bordeamos un abismo y la noche es tenebrosa, el jinete sabio suelta las riendas y se entrega al instinto del caballo".

Leyó en uno de los bocetos que consiguió de Armando Palacio Valdés. Sonrió y dejó en su escritorio el pasaje. Echó un vistazo a su biblioteca y pensó en la posibilidad de visitar a su inquilina. Se maldijo internamente una vez salió de su habitación esa mañana, dejó salir demasiadas emociones pero inesperadamente aquello le dio un poco de alivio. Nunca se permitió hablar con nadie sobre todos los eventos vividos en la guerra, ni siquiera con su madre.

No entendía como el ofrecimiento de una charla salió de sus labios, y quiso pensar en una forma de retractarse pero no se le ocurrió ninguna. Salió de ahí rumbo a su habitación y al estar en el pasillo logró divisar en el fondo una silueta femenina embebida en una bata blanca que se ondeó en el recodo. De momento creyó una alucinación, o quizá alguno de los fantasmas que rodeaban la casa pero al momento que las paredes comenzaron a moverse y una luz crepitante se encendió al final, Draco se abrió paso a salir de dudas.

Giró en el recodo lo que le llevó a caminar hacia la sala principal. Aquel cuarto gris, con las paredes altas y el techo abovedado le daba escalofríos. Estuvo en ese mismo sitio incontables ocasiones cuando Lord Voldemort "entrevistaba" a sus prisioneros, otras tantas cuando se deshacía de ellos y la última fue cuando su tía torturaba a la sangre sucia amiga de Harry Potter.

Al final del lugar, la chimenea encendida dejaba ver una figura menuda, y el vestido blanco que le abrigaba se removió un poco. El solo hecho que la mujer se girara le dio miedo, no deseaba ver algún fantasma del pasado o peor aún estar embebido en una de sus pesadillas. Tembloroso sacó su varita y en un hechizo silencioso encendió las luces del candelabro que colgaba del techo. Al descubrir aquellas facciones ahora tan bien conocidas, se tranquilizó.

−¿Porque te empecinas en levantarte si aún no te encuentras bien de salud Granger?−la pregunta resonó en la habitación en un eco meditabundo−

Hermione se abrazó a sí misma. Temblaba, ese lugar específicamente le causaba ganas de vomitar. Su respiración se volvió entre cortada y las piernas le temblaban sin compasión. Draco se acercó a ella y detuvo su cuerpo entre sus brazos antes de que colapsara en el suelo.

−No es por la fiebre, es este maldito lugar−murmuró. Ahogó un gemido y sin poder más sollozó en el pecho del joven−

−Vayámonos de aquí−

Cuando Hermione abrió los ojos, se encontró en una habitación grande a media luz, la cama adoselada de pronto le recordó a las que había en Hogwarts. El perfume masculino impregnado en las sabanas la saco de ensoñasiones y se levantó abruptamente asustada.

No muy lejos de ella reconoció la figura de Draco Malfoy quien le daba la espalda. Su atención parecía estar postrada en algo interesante por la gran ventana. Un relámpago dejó ver el perfil serio del muchacho.

−Se te esta volviendo muy común desvanecerte a mis pies Granger−bromeó ese tono burlón que siempre le había caracterizado en el pasado−

Hermione hizo una mueca y se acomodó las ropas.

−Parece que sigues siendo el mismo pelmazo−murmuró para sí−

Draco se giró con el ceño fruncido, detestaba que la gente hablara entre dientes, se acercó al borde de la cama y le miró con intensidad.

−¿Cómo has dicho? –

−Que lamento ser una molestia−dijo con un tono sarcástico. Hizo una mueca y desvió la mirada hacia la puerta sopesando el marcharse de ahí cuanto antes−

Después de un largo silencio. Draco rodeó la cama rumbo a la puerta.

−Mi habitación es la más tibia de la casa, puedes quedarte aquí. Me iré a una de huéspedes−tomó el pomo de la puerta, al franquearla se vio interrumpido−

−Me perdí..me perdí buscando…buscando tu habitación−confesó. Y es que esa maldita noche las pesadillas habían regresado y pese a que todo su ser daba una negativa ante el ofrecimiento del muchacho, una vocecilla interna la termino por convencer en salir a su búsqueda−

Draco asintió lentamente. Se giró hacia ella y analizó a la chica. Dentro de su enorme cama parecía una niña pequeña e indefensa buscando cobijo, las ojeras le habían acrecentado conforme los días y su pelo había vuelto a aquella maraña que recordaba en los tiempos de escuela. Pese que no llevaba una gota de arreglo personal, guardaba su tez tan pulcra y sedosa, sorprendiéndose a si mismo de hallarla atractiva. Miró las piernas descubiertas de la muchacha quién cociente de tal escrutinio bajó los bordes de la bata ¿Que le sucedía ahora? se preguntó Draco, hacía bastante tiempo que no era de esos hombres que cedía ante los bajos instintos y mucho menos se permitía pensamientos indecorosos.

Dejó todo pensamiento sobre ello, abofeteándose mentalmente. La sangre sucia amiga de Harry Potter no debiera parecer bonita. Cuando la notó incómoda, Draco sonrió para sus adentros sintiéndose poderoso por conocer la vulnerabilidad de Hermione Granger, mas sin embargo, no se atrevería siquiera tocar alguna de esas fibras dolorosas tras saberse igualmente afectado.

−Mi madre ha salido. Desconozco la hora de su llegada. Pero debieras tomar tu medicina−soltó tratando de alejar cualquier metidación sobre esa chica−

Con un chasquido de sus dedos, un elfo domestico apareció, y luego de que Draco diera la orden para que trajera el ungüento sanador, la criatura desapareció de la misma forma. Al regreso, el elfo se acercó a la chica pensando en que, la tarea asignada también implicaba aplicarla.

−Lo haré yo−soltó sin más−

Tanto Hermione cómo el elfo lo miraron con unos grandes ojos llenos de incredulidad. Draco alargó el brazo y tomó el pequeño frasco azul, con un movimiento de su mano indicó la salida al elfo y este se marchó en un ¡plop! sin rechistar. La chica aun le miraba con sorpresa, como si acabase de presenciar el hechizo imperdonable.

−No es necesario, puedo hacerlo−trató de tomar la botella de entre las manos del chico, pero con un movimiento habilidoso le esquivó. Hermione sentía las mejillas arder sin saber con exactitud si la causa era una nueva fiebre o el que Draco Malfoy se planteara tocarle en el pecho−

Draco levitó la botella con un movimiento de la varita, se retiró el saco negro de su traje y desabotonó su camisa. Recorrió las mangas hasta los codos y Hermione no pudo pasar desapercibido la marca tenebrosa en su antebrazo derecho, así como miles de cicatrices pequeñas en los mismos.

Intimidada y nerviosa se encogió lo más que pudo en aquella cama gigante cuando lo vio sentarse en el borde y tomar la maldita botella entre sus dedos largos, quiso de pronto asestarle un golpe por tal atrevimiento pero su cuerpo blandecido no daba ni para discutir. Jamás en su vida se hubiera imaginado a Draco Malfoy curando sus enfermedades, y la humillación que sugería siquiera que la tocara.

−Insisto en que puedo hacerlo yo−dijo con algo de rabia, frunció las cejas y apretó los labios en una dura línea−

−Deja la necedad mujer−replicó con enfado. Su mirada profunda se posó en los ojos avellana que le miraban con desdén−

−¿No sugiere para ti un asco tocar una sangre sucia? –asestó. Tal vez ese era el modo de autoprotección que conocía por ahora−

−Lo mismo que sugiere para ti tocar un ex mortifago−regresó la tentativa de provocación con un tono despectivo. El era bastante diestro en levantar murallas para con los otros a base de frases o monosílabos insultantes. Su mirada gris amenazaba con cumplir su cometido le gustase o no−ahora, deja de comportarte como una niña malcriada y déjame hacer−

Hermione tragó saliva, desvió el rostro hacia la ventana buscando no evidenciar su zozobra inexplicable. Sus mejillas arreboladas ardieron sin comprensión y sin refunfuñar más cerró los ojos al sentir las manos heladas que desabrochaban un par de botones de aquella bata blanca. Pronto los dedos largos de Draco acariciaron su pecho en una lánguida caricia al borde de la clavícula y reprimió un respingo de sorpresa. La chica casi hubiera jurado que el parsimonioso roce lo ejercía deliberadamente a propósito.

Draco tembló al percibir la piel suave de la muchacha y trago saliva. Dio gracias a todos los magos por que ella no le mirara a la cara, sino era posible que su rostro delatase alguna clase de emoción que se esforzaba por contener. El palpitar de su corazón acelerado lo sedujo de tal modo, que se dejó llevar. La piel de la chica se rizó evidentemente y de momento se sintió poderoso por generar en Hermione Granger aquel efecto, siendo consciente que, el también tenía el mismo ritmo cardíaco. Trató de mantener un comportamiento encomiable y se obligó a tranquilizarse.

Hermione logró calmarse e un poco y al conseguirlo regresó la vista al muchacho. Estudió su rostro inexpresivo y le resultó, para su mala gana, que era bastante atractivo. Ante ese pensamiento, Draco sonrió de autosuficiencia. Hermione probablemente olvidó la legerenmancia y su cabeza ejercía toda clase de análisis sin meditación u oclumancia. Luego sus ojos avellana se dirigieron a los brazos del muchacho, observó todas esas cicatrices y se horrorizó. Instintivamente tocó la marca "sangre sucia"en su muñeca y se preguntó qué clase de falta hubiera echo él para recibir semejante castigo. Draco borró su sonrisa de medio lado al concebir ese cuestionamiento mental.

−Voldemort me culpó aquella noche que escaparon−murmuró. Se arrepintió enseguida de hacer aquella confesión. Sus palabras eran la mera respuesta de sus pensamientos. Retiró lentamente sus manos de ella al lograr cubrir toda el área necesaria. Hubo un silencio sepulcral y sus ojos se encontraron−

Hermione le miró pasmada deseando constatar en los gestos del muchacho aquella confidencia. Los ojos grises se volvieron adustos, probablemente ofendido por la indagación innecesaria ¿Por qué había de mentirle? La chica abrió los labios para preguntar acerca de ello pero Draco se adelantó.

−Creyó que los dejé escapar a propósito. Creyó que no quise identificar a Potter para protegerlos−dijo sin mas, bajó la mirada a sus manos, como analizando la marca tenebrosa y esta fuera a revelarle algo interesante. Su gestos se volvieron duros y sus labios se apretaron en una línea fina−

−¿Sabias que era Harry?...¿cierto? –murmuró apesadumbrada y temerosa de tentar demasiado a su buena suerte y cerrar las confesiones de Draco Malfoy. Su corazón se estremeció expectante a la respuesta−

Draco sonrió con melancolía y al alzar la vista, Hermione encontró la respuesta. Sus ojos enrojecidos presa de las lágrimas y su rostro afligido le mostraron a la chica algo que jamas creyó.

−¿Por qué? –la pregunta impregnada de compasión, salió sin pensar. Los ojos de la chica le miraron con profunda pena−

−Potter era la única esperanza para el mundo mágico−confesó. Alargó las mangas de su camisa hasta tapar las cicatrices. Recobró la compostura arrepentido de haber dicho tales cosas. Se irguió dándole la espalda−

Hermione observó el cuerpo de de Draco convulsionar. Las palabras se le atrancaron en la boca, pese a que deseaba seguir indagando las razones y porqués. Al ser consciente de sus pensamientos él continuó:

−Era la única esperanza para que todo ese infierno parara−soltó y sin más salió de la habitación tras de un fuerte portazo−

Hermione se quedó anonadada mirado el espacio vació que él había dejado. Su corazón palpitaba con una fuerza descomunal y sin siquiera ser consiente se llevó las yemas de los dedos al lugar donde él antes había tocado. Recordó la noche que negó a identificarlos, con ello habían conseguido el tiempo suficiente para el chivatazo que mandó a Dobby a por ellos. Un sentimiento de calidez la abrazó.

Al salir de la habitación, Draco se recargó en la puerta y lentamente se dejó caer en el suelo. Colocó sus piernas en escuadra y los brazos laxos en las rodillas, hundió la cabeza entre ellas y lloró silenciosamente como un niño pequeño sin consuelo. Si bien la confesión le había proferido cierta paz, también acribillaba su memoria de tal manera que le era imposible contener el dolor, de algún modo supo, que esa sería la última vez que llorara por ello.

Como si decirlo en voz alta lo hubiera liberado de un peso.