Segunda parte de "El día de San Valentín"
"El día de San Valentín"
Parte II
...
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- ¿Seguro que no quieres?
Naruto negó con su cabeza y Sasuke suspiró.
- Es mucho para mí, dobe -suplicó el chico, dando de mala gana una nueva mordida a la barra de chocolate que llevaba en sus manos. Naruto apartó su mirada, intentando ignorar el sonido que hacían los dientes al partir las tabletas y el intenso aroma que parecía acompañarlo en dónde fuera que estuviera-. Creí que te gustaba el chocolate.
- Comí mucho ayer -mintió, llevando con disimulo su mano a la mejilla en dónde residía la carie.
- Supongo que vivir en una casa de jengibre no es tan genial como parece.
Naruto abrió la boca para decirle lo estúpida que era la broma sobre la casa de jengibre, sin embargo, se contuvo. Era una tontería desquitarse con su mejor amigo.
Sasuke no tenía la culpa de nada. Era solo que, tras toda una semana sin poder probar un solo dulce, su paciencia estaba agotándose.
Su hora para el dentista sería mañana por la mañana. Y su madre ya le había prometido cocinar ramen si él podía actuar con valentía.
Así que Naruto intentaba mantener los dulces alejados de su cabeza, pero ver a Sasuke comer chocolates no ayudaba en nada a la misión, especialmente si le ofrecía uno cada cinco minutos. Pero claro, él solo intentaba ser amable, después de todo no sabía que tenía una carie.
El pequeño Namikaze había sido muy cuidadoso al respecto, y es que no quería que se burlaran de él. Si todos se enteraban de su carie de seguro creerían que él se la pasaba comiendo dulces día y noche solo por vivir en una pastelería.
Y Naruto no quería eso.
Solo quería que las cosas volvieran a ser las de siempre.
- Na… Naruto-kun…
No le costó nada reconocer la voz de su compañera de clase, Hinata.
Giró de inmediato, recordando que sus padres le habían explicado incansablemente lo atento y amable que él debía ser con la pequeña Hyuga, presa constante de su timidez y tartamudeo. Siendo honesto, él aún no terminaba de entender la razón por la cual Hinata se asustaba con tanta facilidad, pero en vista de que se trataba de la única niña que siempre había sido amable con él, sentía el sincero deseo de ser igual de amable con ella. Así que, como cada vez que hablaban, sonrió y se plantó frente a ella, firme.
- ¿Sí, Hinata?
Y, como siempre, ella dio un salto al verlo girar tan de pronto. Retrocedió, probablemente asustada de su proximidad repentina.
Tras ella, Sakura Haruno, quién casualmente era la mejor amiga de Hinata, la empujó de vuelta hasta su lugar inicial.
Naruto giró medio segundo, solo para comprobar si Sasuke también se había detenido a ver lo que sucedía. Después de todo, ¡aquella era una muy buena oportunidad para conversar!
Ya es que Sasuke y Sakura, por alguna razón que él no comprendía, tendían a buscar distancia el uno del otro en vez de pasar más tiempo juntos. Naruto comenzaba a pensar que a ese ritmo jamás conseguirían ser novios. Así que, había decidido, cada pequeño momento era una buena oportunidad. ¡Incluso había pensado que sería buena idea hablar con Hinata para que ambos ayudasen a sus mejores amigos!
Preguntándose si aquella sería una buena oportunidad para plantear su idea, volvió su atención a la pequeña Hyuga.
Como siempre, sus ojos eran lo que más le llamaba la atención a Naruto. Él jamás había visto una chica con ojos como los suyos y, consideraba, que el color era realmente bonito. Sin embargo, Hinata no lo estaba mirando. De hecho, parecía rehuir su mirada mucho más de lo normal.
En vez de eso, ella estaba viendo directamente a sus manos, y fue entonces cuando él notó lo que ella sostenía.
Un paquete envuelto, muy bonito.
- Esto… esto es para ti -afirmó la pequeña, para luego inclinarse y entregarle lo que llevaba.
Aquello lo sorprendió.
¿Un regalo?, ¿para él?, pero si no era su cumpleaños.
- ¿Qué es? -quiso saber. Ella negó con su cabeza, simplemente se inclinó más, esperando que él lo tomase entre sus manos.
Y, de pronto, un aroma dulzón y conocido llegó a su nariz, proveniente directamente del regalo.
¿Eso era chocolate?
Con solo saberlo, el dolor agudo del cual había sido presa la semana anterior en su diente regresó por un leve segundo. Pero fue suficiente para desear no volver a comer un dulce en su vida.
¿Por qué Hinata Hyuga le regalaba chocolate justo cuando él tenía una carie?
¿Acaso ella lo sabría? Pudo haberlo visto durante la semana, sosteniendo su mejilla con dolor, y adivinado el motivo.
Aquello no era justo. Con lo cuidadoso que había sido intentando escondiendo su carie, para que sus amigos no se burlaran, había sido descubierto por la chica. Seguramente ella estaba intentando jugarle una broma o algo parecido. Sin embargo, ¡aquello no tenía ningún sentido!
Porque Hinata era una chica amable.
¡Ella jamás intentaría jugarle una broma como esa!
- ¿Por qué me regalas eso? -ella dio un salto al escuchar su pregunta. Apartó su vista, sin atreverse a enfrentarlo.
Y aquello solo fue más sospechoso para Naruto.
Vamos, ¿qué era lo que estaba escondiendo de él?
- Por… por favor -tartamudeó la pequeña, una vez más. Él aroma dulce llegó nuevamente y, sin poder evitarlo, él se sintió tentado.
Realmente… ¡realmente olía delicioso!
"Si sigues comiendo dulces, tendrás más caries-ttebane" -el recordatorio de su madre resonó en su cabeza. Él sintió un escalofrío.
Su carie ya le dolía. Y muchas más caries solo se escuchaban mucho más doloroso.
¡Él no quería eso! Pero de verdad aquel chocolate lucía muy tentador. Él quería aceptarlo.
¿Por qué Hinata Hyuga tenía que estar jugándole una broma? Ella no era ese tipo de chicas, ella era tal vez la única amiga que tenía. ¿Acaso encontraba gracioso regalarle un chocolate teniendo él una carie? ¿O habría sido idea de alguien más?
¿Sasuke también estaría involucrado en eso?
¡Ah, odiaba aquel sentimiento que ahora inundaba su pecho! ¡Odiaba sentirse tan inseguro e indeciso!
- No lo quiero -decidió finalmente, orgulloso.
Era mentira, claro que lo quería, pero él no caería en ninguna tonta humillación.
Hinata abrió sus ojos con sorpresa al oírlo, y él se negó a mirarla.
- Pe-pe… pero…
- Te dije que no lo quiero -repitió, obstinado-. Dáselo a alguien más.
Ella asintió, o al menos eso supuso él. Porque de pronto solo se movió, nerviosa. Dio media vuelta y casi de inmediato se marchó, cabizbaja y temblorosa.
Naruto la observó hacer aquello, desaparecer por el pasillo sin mirar atrás, y no pudo evitar sentir que algo había estado mal.
- ¡Hinata! -la llamó Sakura, preocupada. La joven no volvió sobre sus pasos.
Aquello solo sirvió para incrementar la sensación de preocupación en su pecho.
- ¿Ella está bien? -en cuanto habló, fue como si Sakura recordara que se encontraba allí. De un segundo a otro la chica de cabello rosa giró a él frunciendo su ceño.
- ¡Naruto, eres un idiota! -exclamó, evidentemente molesta, antes de dar media vuelta y marcharse corriendo tras Hinata.
Él solo quedó allí, sin entender nada.
- ¿Ahora que hice-dattebayo? -replicó en un murmuro. Giró a ver a Sasuke, que le observaba en silencio.
Su mejor amigo simplemente resopló, un segundo antes de llevar otro pedazo de chocolate a su boca.
- Hasta yo lo noté, dobe.
Él suspiró. Odiaba jamás entender las cosas. Lo hacían sentir… más lento que el resto.
- ¿De qué hablas, teme? -todo lo que obtuvo fue un encogimiento de hombros.
- De que eres el idiota más grande del mundo -y no añadió nada más. Solo dio media vuelta y se marchó pronto.
Naruto se quedó allí, pensativo.
Ah, ¿y ahora en que se había metido?
…
Hinata no le habló en el resto del día, incluso si él buscó llamar su atención.
Todo fue inútil, ella lo ignoró con decisión. Así que, por la noche, Naruto se atrevió por fin a contarle a sus padres lo sucedido.
- Y entonces Sakura-chan me gritó que era un idiota y el teme de Sasuke me respondió lo mismo -terminó su relato, con sus mejillas infladas-. Yo solo le dije que no quería el chocolate, no sé qué hice mal.
Alzó su mirada, esperando que sus padres le explicaran aquello que se había perdido. Su padre le sonrió con nerviosismo, el mismo gesto que siempre le dirigía cada vez que lo veía meterse en líos.
Solo así Naruto supo que estaba en un serio problema. Y que, de hecho, no quería ver la reacción de su madre. Para su sorpresa, ella simplemente se dedicó a arrojar un suspiro cansado.
- Naruto, ¿qué día es hoy? -preguntó entonces.
- ¿Hoy? -él dudó. Y es que… ¿qué día era? -. Jueves, ¿cierto? ¿Jueves… 14?
Kushina volvió a suspirar.
- ¿Y qué se celebra el 14 de febrero? -preguntó su padre entonces, ante el gesto confundido de su hijo.
A Naruto le tomó un par de segundos procesar la pregunta de su padre. De pronto notó sobre la mesa una caja abierta en la que no había reparado al tomar asiento, llena de pequeños bombones idénticos a los que su madre había preparado una semana atrás.
"Un regalo muy especial… es para tu padre" -había dicho ella, mientras revolvía el chocolate frente al fuego.
Un regalo muy especial para papá, el 14 de febrero…
- Ah -musitó, en cuanto cayó en la cuenta. Sus ojos de pronto se abrieron, desmesuradamente-. ¡Ahhhhh! ¡Por eso Sasuke estaba comiendo tantos chocolates hoy!
¡Ah, por supuesto, que idiota se sentía! ¡Había estado tan concentrado en ignorar los dulces a su alrededor que había pasado por alto el día completo! ¡Y, en resumen, la celebración dedicada a ese día!
¡Había pasado por alto San Valentín!
En cuanto gritó, su padre suspiró finalmente, apoyando una mano sobre su mejilla y viéndolo con ternura. Su madre, por el contrario, frunció su ceño.
- Minato, ¿cómo es posible que nuestro hijo sea tan torpe?
El muchacho la observó, replicando su gesto a la perfección.
- ¡Pero dijiste que no podía comer más dulces-dattebayo! -Kushina abrió la boca para responder, justo antes de ser interrumpida.
- Eso es cierto, querida -Minato habló, saliendo a la defensa de su único hijo-. Y también le dijiste que tenía estrictamente prohibido recibir cualquier clase de dulce hasta ir al dentista.
Tras recordar la que había sido su propia orden, la mujer se llevó las manos a la boca, ahogando un grito. Un gesto dramático, sin duda alguna.
- ¡Minato, ¿qué he hecho?! -de un segundo a otro, pequeñas lágrimas en sus ojos parecían resaltar-. ¡Soy la responsable de todo! ¿Acaso he arruinado la vida amorosa de nuestro hijo?
- Kushina, no exageres, solo fue un malentendido -el adulto sonrió, tomando otro de los bombones y llevándolos a su boca-. De seguro se puede solucionar.
Su esposa asintió, justo antes de llevar las manos a su corazón.
- La pobre Hinata-chan debe estar tan desolada -murmuró finalmente, angustiada-. Rechazada en San Valentín, pobrecita. ¡Me siento terrible!
- No quise hacerle nada a Hinata -Naruto habló nuevamente. Una sombra de preocupación cruzaba su rostro ahora-. ¿Estará furiosa conmigo ahora? ¿Qué hago si ya no quiere ser mi amiga? ¿O si comienza a odiarme?
Su padre negó con la cabeza.
- No sucederá eso -aseguró, con su sonrisa tranquila-. Estoy seguro de que significas mucho para la pequeña Hinata-chan, por eso mismo ella te ofreció ese chocolate hoy, ¿entiendes?
Él asintió, aunque en verdad solo tenía nuevas preguntas en su cabeza.
¿Él era especial para Hinata? ¿Por eso ella le había preparado chocolate?
¡Y él simplemente lo había rechazado!
- ¿Qué puedo hacer? ¡No quiero que Hinata este triste-dattebayo!
El hombre sonrió al notar lo angustiado que su hijo lucía. Para ser tan joven, sus sentimientos eran muy nobles.
- Es cierto -murmuró, frunciendo su ceño como si la situación fuese más grave de lo que realmente era, fingiendo que había un serio problema-. La pequeña Hinata de seguro debe estar muy triste en este segundo, tal vez incluso esté llorando ahora -el rostro de Naruto solo parecía entristecerse con cada palabra que salía de su boca-. ¿Qué podemos hacer para solucionar todo?
- ¡Piensa en algo, por favor! -suplicó Naruto-. ¡Haré lo que sea para que Hinata se sienta mejor!
Minato sonrió. Giró a ver a su esposa que, tal y como su hijo, lo observaba atenta a la respuesta. Aprovechó que el menor no podía ver para guiñarle un ojo. Pronto, su esposa captó su idea.
- ¿Lo que sea? -preguntó Kushina. Naruto asintió, decidido como siempre.
- ¡Lo que sea-ttebayo!
- Muy bien, hijo -sonrieron ambos. Su padre revolvió su cabello con cariño, Kushina en cambio le observó con seriedad-. Déjame hacerte una pregunta. ¿Recuerdas lo que se celebra el 14 de marzo?
En esa ocasión, a Naruto solo le tomó solo un instante recordarlo. Muy pronto, la celebración en que los chicos devolvían el triple del chocolate recibido en San Valentín regresó por fin a su mente.
- ¡El Día Blanco! -su madre sonrió con la respuesta.
- Así es, ¿qué te parece entonces si tú le obsequias chocolate a la pequeña Hinata?
Naruto dudó, solo instante, claro. Y es que él jamás había preparado chocolate por su cuenta, solo había visto a su madre prepararlo. Sin embargo, el honesto deseo de reparar el daño causado fue más grande.
Él deseaba, a toda cosa, arreglar las cosas y que todo volviera a ser como antes.
Preparar un poco de chocolate no podía ser tan difícil, ¿verdad?
¡Él podía hacerlo!
- Sí quiero -respondió, tras decidirse-. ¡Si es una forma de hacer feliz a Hinata de nuevo, claro que quiero!
Ah, pero que día más dulce podía ser San Valentín, ¿no creen?
CONTINUARÁ…
