Lecciones de amor
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Capítulo quinto
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Círculo vicioso
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La vida de Son Pan estaba siendo extremadamente bella. Al amanecer la chica se sentía como si nada ni nadie pudiese acabar con su inmensa felicidad y es que, a decir verdad, parecía como si el mundo riera con ella. ¿Acaso no era aquello que escuchaba el cantar de los pajarillos y el arrullo de la Madre Tierra lo que la saludaba? Quizás solamente se tratase de que se encontraba demasiado feliz como para que algo pudiera estropearle el día. Tal vez esa sensación era la inminente victoria que ahora se cernía sobre ella como una corona de laureles, una victoria sobre Trunks Briefs y toda su familia.
Oh, sí, nada podría salir mejor.
Esa mañana había decidido ir caminando hasta el instituto, regodearse sin tapujos por su gran actuación de la noche anterior. A pesar de que Mai le dijese lo contrario, a Pan no le interesaba la rectitud en esos momentos; aquellos parámetros morales no le iban bien a una chica como ella. Si la directora se quedaba con una mala imagen de su adorado hijo, ¿qué le importaba? El sujeto se había buscado ese desenlace y ahora que la directora la veía como la pobre víctima, nos sería ella quien le quitara la idea de la cabeza. Además, ya tenía bastante con que su madre le preguntara insistentemente si se encontraba bien, puesto que en todo el desayuno tuvo una gran sonrisa en el rostro. ¿O fue por el hecho de quedarse a compartir el desayuno con la mujer? Daba lo mismo.
De pronto, la caminata ya no le pareció tan agradable. ¿De qué servía el haber derrotado en su propio juego al chico Briefs si no podía compartirlo abiertamente con el mundo? A decir verdad, no era resultado de su propio esfuerzo; eso la frustró. Sacó su celular y tecleó el número de su amiga, deteniéndose al pensar en que estaba actuando de manera vergonzosa. Guardó el móvil con una mueca de fastidio y aceleró el paso. «Desgraciado nerd», se dijo al esperar a que un semáforo cambiase a verde. Si lo veía, lo golpearía hasta hartarse, pues tal vez esa fuese la única manera de sentirse satisfecha: hacerlo a su manera, sin trucos, sin engaños. Empero, eso equivaldría a aceptar una derrota, ¡y Son Pan jamás admitía una derrota!
Los ruidos de la ciudad se le antojaban lejanos. Sus pensamientos taladraban sus sienes y un sentimiento de desasosiego se impregnó en todo su ser, como si algo le faltara, como si todo lo hecho significara nada y como si se encontrara estancada en ese mismo instante en que la mujer de cabello azul entraba a su sala de estudios. Como si...
—¡Ah, demonios! —bramó en medio de su debate, una mujer le dirigió una mirada asustada y desapareció al dar vuelta en una esquina. Pan pateó el suelo de manera poco femenina y acomodó su bolso con rudeza sobre su hombro, al tiempo que empezaba a caminar más rápido, cada paso dado sintiéndose como un gran peso extra. Su respiración se convirtió en el resuello que logró acaparar la atención de los transeúntes. ¡Debía golpearlo, debía decirle que era un poco hombre y que se fuera al infierno! Estaba insatisfecha. Mai tenía razón: aquello no la haría feliz por siempre. Era duro darse cuenta que la falsa y efímera paz interior de minutos atrás era un espejismo. ¡Joder, qué problema! Y ella odiaba lidiar consigo misma.
Contempló a los estudiantes entrar con sus grandes y felices sonrisas al instituto —su percepción del mundo se había distorsionado. Apretó la correa de su bolso hasta sentir sus uñas clavarse en las palmas de sus manos, los nudillos doliéndole por la presión y los músculos tensándose involuntariamente. Entonces, algo cubrió su boca y su cuerpo fue tirado hacia atrás con violencia hasta chocar con algo duro. En un acto movido por la sorpresa, dio un giro para ver al causante de su exaprubto.
—¿Pero qué...? —apenas consiguió mascullar. Trunks Briefs volvió a tapar su boca y, rodeando la cintura con su brazo, volvió a tirar de ella hacía atrás. Pan se relajó lo suficiente como para que le costara más esfuerzo al chico arrastrarla hacia un automóvil negro aparcado cerca de la acera, con el vano pensamiento de que alguien sospecharía de aquella acción y le acarrearía muchos más problemas al jovenzuelo impertinente. No obstante, nada de eso sucedió. Entrecerrando los ojos, la chica maldijo en su mente a la humanidad y su estilo de vida tan ajetreado. Como ella no cooperaba, le fue un tanto complicado a Trunks acomodarla en el asiento trasero, pero al parecer no le interesaba a la joven que, en el afán de llevarla consigo, la falda se le hubiese subido un poco. Por supuesto, a él no le interesaba admirar sus piernas ni mucho menos, lo que debía tratar con ella eran asuntos más serios e importantes.
Con una señal de su mano, el chófer puso en marcha el vehículo. Son Pan apenas levantó la cabeza para echar un vistazo hacia la escuela y farfullar alguna imprecación, para luego mirarlo con el ceño fruncido. En lo que pareció un segundo, ya tenía encima a la chica, golpeándolo con todas sus fuerzas en cualquier punto sin defensa que encontrara. Fue laborioso poder lanzarla hacía el otro extremo del asiento, ambos resollando por el esfuerzo y ella aún con una mirada con la que pretendía asesinarlo.
Trunks pasó su mano por sus labios y la retiró; una línea de sangre manchó su piel. Pan soltó una risa cuasi demoníaca antes de tomarse el hombro y jadear.
—¿Adónde me llevas? —le cuestionó con genuina curiosidad. Incluso ella no podía reconocer el camino que habían tomado.
—No precisamente al lugar al que me gustaría —le respondió secamente.
Pan gruñó ante la respuesta tan escueta de su acompañante, no sabiendo descifrar el gesto en la cara del joven. Y Trunks simplemente necesitaba poner su mente en orden. Después de todo, tenía grandes ganas de asesinarla y contenerse no le era tan grato. Empero, quería intentar charlar con ella aun cuando presentía que las palabras no eran un medio de comunicación viable con una persona así. Ambos vieron al auto acercarse a un parque industrial (según lo que dijo Trunks), y la sola idea de estar tan lejos de la ciudad no le agradó a Pan.
—Está en construcción y a donde vamos la seguridad es poca; aun si alguien nos viera e hiciera preguntas, no hay problema alguno en que estemos aquí.
La manera en que el joven lo explicó estaba desprovisto de la nota sarcástica que le había escuchado antes, sino que se expresó con toda seguridad. Atando cabos rápidamente y para evitar cuestionarle a él, Pan dedujo que la Corporación Cápsula estaba ligada al proyecto. Así pues, la chica, sosteniendo todavía su hombro y preguntándose cómo pudo ser posible que el sujeto la golpeara, vio que el auto se abría paso en ese lugar, y tras unos minutos se detuvo cerca de lo que a primera vista era una bodega.
El chico salió del vehículo inmediatamente y sostuvo la portezuela; agachándose y soltando un bufido, ordenó de mala manera a la joven que saliera. Ésta, por llevarle la contraria, volteó el rostro y se encogió de hombros, gesto que a Trunks le pareció una prueba fehaciente de la poca madurez con que ella actuaba (ignoraba por completo que su propio actuar dejaba la misma sensación de infantilidad). Si en algún momento contempló la idea de golpearla, apartó el pensamiento al instante. Los asuntos que debía tratar con ella eran ya lo suficiente problemáticos como para añadirle otra escena igual de lamentable. Reunió la fuerza necesaria para refrenar sus deseos y permitirse respirar en busca de sosiego; luego, de manera amable —lo más que pudo dadas las circunstancias—, le pidió a Pan que hiciera el favor de salir. Ella, luego de unos segundos, lo miró con una sonrisilla repugnante; encontraba en demasía divertido que Trunks se comportara así, aun en contra de sí mismo. Además, que aparentara serenidad sumaba más una sensación de deleite en su pecho: él se estaba humillando. Sin duda alguna, no estaba ahí para intentar lastimarla; ella, en cambio, no tenía nada que perder.
Una vez hubo salido del auto, quejándose en su fuero interno del dolor, se plantó de frente al chico. Él, enfadado, le hizo un movimiento con la cabeza para que lo siguiera y ella, movida por el deseo de verle avergonzarse a sí mismo, le siguió con presteza. Se alejaron del vehículo, rodeando la bodega y caminando en ese lugar que, de momento, estaba en solitario. Trunks iba delante, con las manos en los bolsillos de su chaqueta, callado; Pan, detrás de él, aprovechó para dar un vistazo a su hombro, desatando antes el nudo de su corbata y desabotonando un poco la camisa blanca. Cuando vio que no solamente estaba enrojecida la piel, sino que también daba la impresión de estarse hinchando, se quedó parada en seco. El chico dejó de escuchar sus pasos detrás e igualmente se detuvo, mirando por encima de su hombro a la chica, cuyo rostro permanecía bajo e inescrutable. La vio dirigir una mano hacia su hombro y jadear apenas lo rozó, cubriéndolo en el acto y empezar a murmurar.
—Pensé que mi madre había dicho que eras una especie de delincuente —dijo con voz gélida. Pan ataba su corbata y pareció inmersa en la tarea, antes de dignarse a mirarlo.
—¿Eso qué significa?
—Que pareces consternada ante un golpe como ese —señaló con desdén. Pan hizo una mueca y movió el brazo. Sus ojos se iluminaron y resopló antes de elevar el tono de su voz, sorprendiendo al chico.
—¡Sucio tramposo! ¡Sucio tramposo! Sin duda alguna, eso es lo que eres. ¡Tenías un arma en las manos cuando me golpeaste! —Pese a su renuencia inicial de mostrar su dolor, era algo casi innato el intentar sacar de sus casillas a la gente, por lo que procuró ser lo más ruidosa posible.
Trunks le miró confundido, con el pasar de los segundos se hizo mayor su enfado, sin saber de qué rayos hablaba.
—Yo no uso trucos tan bajos. ¡Además, fuiste la única que atacó, yo sólo me defendía!
—¡Mentiroso! —increpó ella—. ¿Quién habría dicho que tu madre crió a un abusador de menores?
Aunque parecían palabras al azar, la verdad era que las respuestas de Pan habían sido planeadas adrede para sacar a colación el nombre de Bulma. Sin embargo, el ver la mueca momentánea de agitación en el rostro de Trunks, fue más que suficiente para hacerle soltar una carcajada de lo más cruel.
—¡Eres insoportable!
—¡Ven y comprueba por ti mismo si lo que digo es mentira! —exclamó Pan, casi rodando de la risa, mientras desabrochaba otro botón de su blanca camisa.
Él, por supuesto, enfureció al ver tal escena y le ordenó que acomodara su ropa de manera apropiada. Esto provocó que Pan quisiera acercársele aún más, con la clara intención de mostrarle la piel desnuda y enrojecida de su hombro en contra de su voluntad. El juego sucio continuó hasta que, harto de la situaciòn, Trunks comenzò a perseguir a la muchacha con la clara intención de arreglar su ropa, de una manera u otra. Pan tuvo que darse por vencida y mandar al muchacho a que mirara a otra parte mientras se arreglaba, murmurando un «Pervertido» que él claramente escuchó.
Trunks vaciló apenas antes de carraspear y frotarse los brazos. La mañana aparentemente cálida iba tornándose un tanto fría, una nube asomó a lo lejos y una bandada de pájaros, atraídos por la vegetación que se extendía unos cientos de metros más adelante, pasaron alto en el cielo, rompiendo el silencio matinal. Pan se acercó a él, con pasos silenciosos, aprovechando que el muchacho miraba hacia la dirección en que las aves desaparecieron, y lo observó largo rato. Entonces, como si fuera una revelación divina, exclamó:
—¡Quieres hablar de lo que pasó ayer!
Trunks se sobresaltó. Le hubiese perdonado que su voz sonara enfadada o hastiada, pero como al final la burla fue completamente evidente, él la observó con infinito odio, a lo que ella ni siquiera respondió. No obstante, la joven se cruzó de brazos y con la punta de su zapato comenzó un golpeteo en el suelo.
—¿Estás feliz, cierto? Desde la primera vez que te vi supe qué clase de chica eras, y no me agradó mucho la forma en que mi madre se expresaba de ti. ¡Ahora ella está en mi contra y piensa que soy una abominación que jamás debió nacer! ¿Acaso tienes una idea de cuánto la vi llorar ayer mientras yo trataba, en vano, de convencerla de que no estaba tratando de…?
—¿De violarme? —completó Pan con naturalidad. Cierto era que él había empezado a lanzar su discurso a una velocidad tal, que apenas y pudo seguirlo, pero al final no pudo evitar sentirse ofendida de verdad: él insinuaba que ella había planeado todo. Por mucho que le gustara fastidiar a los demás, arruinar la reputación de alguien a través de tales medios no era su manera de actuar. Lo vio pasar sus manos por su cabello de exótico color, en su faz pintada la angustia que pronto encubrió con un ceño fruncido. Pan puso las manos en sus caderas, echó la cabeza hacia atrás y gimió alto, frustrada. ¡Basta de dramas familiares! Le importaba muy poco si tenían problemas de confianza y demás, ¡quería largarse de ahí! ¡Su estómago empezaba a sentirse hambriento y hacía frío!
—¡Ya dime qué rayos quieres de mí! —le gritó abalanzándose sobre él, sorprendiéndolo. Trunks la tomó por las muñecas, sintiendo al instante el mismo impulso de golpearla de antes.
—¡Te exijo que arregles todo esto!
—¡¿Y por qué yo?! ¡Todo es tu culpa por salir desnudo a abrir la puerta, y también por tratar de echarme cuando estaba en mi derecho de exigir puntualidad de tu parte!
—¡Pero tú arruinaste el librero!
—¡Y tú fuiste el pervertido que me inmovilizó sobre la mesa!
—¡Pero fuiste tú quien contribuyó a que mi toalla se cayera! —Pan se tomó muy mal esa aseveración. Él había empezado todo y ella, como siempre lo hacía, lo terminó, ¡y ahora por eso ese estúpido sujeto le echaba la culpa! En su razonamiento, era Trunks quien debía ser culpado, no ella.
Por su parte, Trunks se dio cuenta de lo bajo que estaba cayendo al dejarse llevar por sus impulsos. Cubrió su rostro con las manos y soltó un gran grito, apartándose lo más que pudo de la joven. Era increíble la manera en que su poca paciencia se iba a volar cuando estaba en su presencia. Bueno, trató de dialogar y falló; ¿qué debería hacer, entonces? Repentinamente, sintió un golpe. Algo tibio bajó por su nariz y boca, escurriendo por su mandíbula: sangre. Volteó para ver a Pan frotarse los nudillos, la sonrisa en sus labios, persistente, mas su expresión era fiera.
—Tranquilízate un poco, idiota. ¡Hey!, si crees que iba a conformarme con lo de ayer, estás equivocado —le sonrió socarronamente. Alzó el puño luego—. ¡Prefiero esto!
Limpió con un paño el líquido rojo. Esas palabras fueron, de una manera extraña, bastante precisas. Su mente se aclaró un poco. Metió una mano en su chaqueta y extrajo un pequeño paquete que, luego de tomar el brazo de Pan y hacerle extenderlo, puso en la palma abierta de ella, alejándose un poco para ver su cara de sorpresa.
Pan no pensó mucho en posible contenido del paquete, ella era más práctica, así que en cuestión de segundos ya tenía en su poder el celular y la cartera que, supuestamente, el chico había destruido. Antes de que pudiese hablar y reclamar, él se puso justo a unos centímetros frente suyo y exhaló. Bajo el tono agresivo, había una ligera sensación de vergüenza.
—Los guardé. Sólo quería darte una pequeña lección y digamos que las cosas se me fueron de control.
Pan lo miró con una ceja enarcada.
—Una disculpa ahora no tiene valor, ¿sabes?
—¡No me estoy disculpando, idiota! —exclamó sumamente ofendido. Ella se rio entre dientes y encendió el celular; él tragó saliva, tratando de no perder los nervios—. Ambos tuvimos algo de culpa ayer, actuamos como tontos y hoy… yo quisiera que me ayudaras a entrar en razón a mi madre.
El sonido de la súplica, ¡qué sublime le pareció a Pan! Tratando de no reírse en su cara, fingió estar contestando un mensaje; echó su cabello hacia atrás con un movimiento rápido y luego, habiendo respirado hondo, lo observó.
—¿Qué puede importarme lo que suceda en tu familia? Es decir, no somos amigos ni nada, ¿por qué me pides ayuda?
Trunks quería arrancarse el cabello, ¡era tan molesta, desconsiderada e insensible! No es que fuera estrictamente necesario que ella le ayudara, sin embargo sí que sería más rápido que ella participara. Y le incumbía también.
—Mi madre, está mañana, trató de comunicarse con la señora Videl y no pudo. Anoche no lo hizo porque estaba demasiado alterada y no quería preocupar de más a tu madre.
—¿Qué quieres decir? —inquirió Pan, intuyendo la respuesta.
—Le contará todo esta tarde, después de clases. Planea llevarte a tu casa y explicarle todo a ella, y también en cómo quieren proceder… legalmente. —El semblante de Trunks se ensombreció notablemente. Pan apretó el puente su nariz, hastiada. Si su madre se enteraba de todo eso, significaría que no solamente se podría despedir de su independencia, sino que también trataría de conseguirle ayuda psicológica y, además, podría llegar al extremo de querer mudarse para mantenerla alejada del Briefs. No era que no lo quisiera, pero tenía suficiente con que la directora Bulma la compadeciera y que su hijo estuviera al borde del llanto frente a ella, ¡diablos, qué fastidio!
—Me parece bien. No veo en qué me afecte —mintió. La razón era simple: si él se humillaba más, eso la dejaría satisfecha, bastante a decir verdad. Le fascinaba saber que él no se rendiría tan fácilmente, pero poco sabía de lo bien preparado que estaba él.
—Si las cosas no van a mayores, tu madre te cambiará de colegio. Escuché a mamá decir que te transferirían a una escuela para señoritas, pues es donde trabaja ahora la profesora Launch que, cuando ibas en sexto grado, te daba tutorías. Aunque luego dejaste de asistir sin dar motivos. —Pan pudo haber gritado en ese mismo momento. La profesora Launch era una mujer de carácter voluble; un instante era la más dulce de todas, y al otro era una bruja con impulsos cuasi psicópatas. No, no, no, jamás permitiría que la enviaran de nuevo con esa mujer. No obstante, permaneció con el gesto inmutable.
Trunks frunció levemente los labios. A pesar de haber estudiado muy bien el pasado escolar de la chica frente a él, muy pocos resultados le daban. Consultando su reloj, se dio cuenta de que había pasado media hora sin haber resuelto nada aún. Se estaba fastidiando.
—La señorita Launch —musitó Pan, fingiendo nostalgia—. Era una mujer adorable, siempre tan atenta, dispuesta a gastar su valioso tiempo con una cabeza hueca como yo. Oh, Briefs, quizá no lo creas, pero hubo una época en que los demás me importaban, y me hubiese sentido muy desdichada si la señorita Launch gastara su tiempo inútilmente. Ya sabes, yo era bastante idiota.
Pan exhaló un gran suspiro, moviendo la cabeza a los lados en un gesto de dramatismo innecesario. Trunks apretó en un puño la mano izquierda, pues con la derecha hacía presión en la nariz para detener el sangrado.
—Deja de burlarte de mí, mocosa —el tono gélido de Trunks, amenazante, apenas interesó a Pan.
—Sí, sí, soy una mocosa. Pero me ruegas y tratas de chantajearme para ayudarte a recuperar el amor de tu querida madre. Así que, si yo fuera tú, cuidaría un poco más mi tono y mis palabras. Capicci?
Trunks guardò silencio y en su interior, Pan se felicitó. ¡El marcador se inclinaba a su favor!
—Es claro que no entiendes la gravedad de este asunto, Son —comentó él, mirando vagamente al frente.
¡Ja! Ella entendía, quizás mucho mejor que él. Una supuesta violación no era cosa de juego, era un asunto muy serio. Pero como nadie había sido abusado realmente, era el porqué ella se permitía estar tan serena. Al fin y al cabo, esta vez, la culpa no recaía en su cabeza. Sin embargo, las palabras que Mai había pronunciado la noche anterior, fueron más que ciertas. No importaba qué tan bueno era ver a Trunks en una situación incómoda, la sensación de regodeo se terminaría cuando la verdad saliera a la luz. Si se ofrecía de forma voluntaria para jugar el papel de damisela en apuros, asaltada por un malintencionado delincuente, le daría más disgustos que alegrías, y al final del día, no podría decir con orgullo que había recibido méritos por su falsa actuación.
Tsk, esa mujer era como su consciencia. Odiaba a esta consciencia, mucho, en este momento. Escondería revistas porno en su escritorio para burlarse de ella.
—Supongamos, Briefs, que acepto arreglar el malentendido. ¿Cuál es mi recompensa? Como te habrás percatado, no hago obras de caridad.
Él meditó en silencio por un breve periodo.
—No pareces del tipo de persona que busca recompensa monetaria —analizó—. Eres más del tipo malicioso. Si te ofrezco un chivo expiatorio para que te diviertas, ¿es eso suficiente para ti?
Sarcástico y agrio. Sus palabras no buscaron ser aduladoras en lo absoluto; dejó en claro en qué término su relación estaba. Ni remotamente amigable.
—Si te ofreces como sacrificio, supongo que puedo tomarte.
Trunks le dirigió una mirada llena de sospecha, y Pan no tardó en guiñarle un ojo. Trunks quedó en shock.
—¡Vamos, hombre, ahora no te puedes arrepentir! Tratos son tratos —exclamó la muchacha, acercándosele y palmeando su hombro con gran vigor. Aparentaba buen humor—. A partir de ahora, eres mi maldito esclavo. Y como única orden, te diré: deja a esta joven maestra mostrarte el delicado y fino arte de las mentiras, para salvar tu pequeño sucio trasero. ¡Veremos si después de esto eres capaz de llamarme mocosa con ese tono desdeñoso!
¿Acaso ese era el llamado de los ángeles, los cielos manifestándose a través de un milagro? Sería lo que Trunks pensaría, su corazón sintiendo el alivio momentáneo. No obstante, quien pronunciaba las palabras de absolución a su pena de muerte no era más que un diablillo de cara bonita, su sonrisa tan amplia que dos pequeños hoyuelos adornaban sus mejillas. El destello en su mirada estaba llena de malicia y Trunks no pudo evitar el cuestionarse en qué demonios se había metido. Si no fuese porque estaba desesperado a un nivel tan grande, en su vida habría recurrido a esta maldita moc-... joven señorita. ¿Esclavo? ¿Única orden? Qué turbios pensamientos rondaban en la joven mente de esta chica, no quiso saberlo. Así, sólo quedaba la opción de resignarse, agachar la cabeza y dejar que la mocosa (no podía evitar insultarla, la muchacha llenaba su pecho de enfado), hiciera de las suyas.
—¿Ayudarás?
—Ayudaré.
—¿Solamente quieres que te siga el juego?
—Así es. Cierra el pico, escúchame y obedéceme por esta vez. Lo que pase después, no es mi asunto.
Trunks aún dudaba. ¡Por Kami, era Son Pan de quien hablaban! ¡Su historial académico tenía manchas por doquier! ¡Sus intenciones eran retorcidas! ¡Eso era casi sadismo! ¡No podía estar tranquilo! Sin embargo, no tenía manera de echarse para atrás. De mala gana, apretó esa mano delgada, pálida y fría que la pequeña Son extendió hacia él. Como suponía, Pan ejerció más fuerza de la necesaria en ese apretón; Trunks devolvió el gesto. Al final, ambos quedaron adoloridos y enfurruñados. Ninguno lo dejó ver en su rostro mientras se dirigían al auto.
Pelearon con sólo palabras durante el trayecto de regreso al colegio, burlándose de manera infantil el uno al otro. El chófer trató de mantenerse en sus asuntos, pero la imagen que se formó de Trunks en todos sus años de servicio para la familia Briefs, se rompió en un millón de pedazos. Y todo por una chica bonita que salió del auto con una expresión feliz.
Trunks estaba no menos feliz. Si uno mirara la escena sin saber nada al respecto, podría decirse que se trataba de dos jóvenes con una buena relación que habían tenido una reunión agradable y satisfactoria. Mas, en verdad, la sonrisa de Trunks era causada a un motivo bastante curioso. Como las puertas de la escuela estaban actualmente cerradas, para Pan no había más opción que trepar un muro en específico que evitara ser detectada por cualquier docente: el que estaba en la parte trasera del colegio, justo donde había una barrera de altos rosales, con espinas punzantes que podían dejar a cualquiera con unos bonitos rasguños. Pese a saber de antemano que la preparación física de Pan era suficiente para saltar ese muro y otros más, en ese momento la chica tenía un hombro lesionado, así que las posibilidades de que saliera intacta se reducían.
Su celular vibró. En la pantalla, aparecía la llamada entrante de un número desconocido. Él sabía quién era. Sonrió cuando contestó con un «¿Hola?»
—¡Perro bastardo! ¡Haré que tragues mierda! ¡Maldita sea! ¿A quién demonios se lo ocurre poner estas plantas? ¡Las rosas deberían ser ilegales! ¡Desgraciado! ¡Cuando tenga oportunidad, te romperé los brazos!...
Poco impresionado por el lenguaje florido de la joven, colgó y rio con suavidad. No entendía a Pan pero podía estar seguro de una cosa: a partir de ahora, las rosas eran sus flores favoritas.
Fin del capítulo quinto
N/A: ¡Hola! Hace tanto tiempo que esta historia quedó abandonada, que me siento muy avergonzada. No quiero dar excusas, ¡fue muy difícil concentrarme y encontrar las palabras correctas! Nunca antes tuve que rehacer un capítulo tantas veces, ni modificarlo porque no me convencía en lo absoluto. Originalmente, en este capítulo se habría resuelto este asunto con Bulma, sin embargo, consideré que sería demasiado largo y... quiero dar una sensación de suspenso. (¡Asesínenme, esta historia está en riesgo de quedar en hiatus de nuevo!)
Agradezco la paciencia de quien haya leído este capítulo, esperando que haya sido de su agrado (aunque no haya sucedido nada muy emocionante).
¡Hasta el próximo capítulo!
