- - ¿Me va a tomar por el pago de la deuda de mi familia?

- - Si…

- - ¿Cómo estoy segura que luego de eso usted no cambiará de parecer?

- - Mi Lady soy un caballero ingles, siempre que damos nuestra palabra la cumplimos aunque nos cueste la vida

Y acercando su mano la atrajo a él. Volviéndola a mirar con un apasionado fuego en los ojos se acercó a ella y volvió a besarla. Esta vez ella copió sus movimientos cosa que el notó y abrió un poco su boca de inmediato; Terry comenzó a introducir su lengua en aquella virginal boca que poseía el sabor más delicioso jamás antes probado. Sin darse cuenta Candy comenzó a responder a estos besos que a pesar de la razón que eran otorgado le hacían vibrar y sentir lo que nunca jamás hubo sentido ni imaginado sentir. La suavidad de los labios de Terry, la astucia de sus manos y las emociones que estaba sintiendo hicieron que perdiera la claridad de sus pensamientos y se sumergiera en esta ola de pasiones que descontrolaban todo su ser.

Terry poco a poco con sus manos comenzó a desvestirla logrando dejar fuera de escena su bello corcel y su corpiño. De sus dulces labios pasó al cuello lo que hizo que Candy comenzará a gemir volviendo más loco de pasión a Terry quién moría por descubrirla y besarla por completo. Debido a su basta experiencia logro llevarla a la cama sin separarse un momento de ella, colocándose sobre ella presionando esa parte que ardía en el interior de la joven con la dureza de la pasión que él estaba sintiendo por ella.

Desatando poco a poco los lazos de su corcel Terry pudo dejar al aire el majestuoso par de senos que poseía Candy, sin más ni más comenzó a besarlo uno mientras que con una de sus manos acariciaba el otro. Esto para Candy causo el desborde de un volcán de pasión y arqueando su espalda pegándose a él dejo salir un gemido ronco desde los más profundo de su ser; de inmediato Terry entendió que ella tuvo su primer orgasmo y que estaba lista para hacerla suya; para poseerla y cambiar a la niña por una nueva mujer. Más sin embargo de la forma más abrupta posible este se despegó de ella…

- - Levántate y colócate tu ropa. Organízate y te espero afuera.

- - ¿Qué hice mal?

- - Te veo espero afuera no tardes.

Candy no entendía lo que había sucedió, si bien las caricias que hubo recibido eran increíbles y todo lo que sintió fue inimaginable, no podía entender la reacción de este tan extraño hombre que luego de ella haberse dejado tocar por el simplemente se paraba y la sacaba de su vida. ¿Acaso no cumpliría con su palabra? ¿O sí sólo la uso para humillarla y humillar su familia?

La joven no tardó mucho en arreglase y salir de la recamara. Cuando estuvo cerca de él se dio cuenta que todos en la posada la miraban y murmuraban muy bajito sobre su presencia en ese lugar. Ella sabía que era el precio que debía de pagar por lo que hubo hecho. Pero el no saber si realmente el cumpliría con su promesa la estaba volviendo loca.

- - Mi Lady, ¿Lista?

- - Si

Con la cara baja ella salía de aquel lugar acompañada de Terry, Tom y Stear. Quienes nos entendían que hacía Lady White con él y por qué el la llevaba de regreso a la propiedad de los White. Siempre que una mujer visitaba a Terry se quedaba hasta tardes hora de la noche y este no movía ni un dedo para acompañarlas.

- - ¿Dónde está su coche y tu doncella?

- - No traje, vine caminando, Dorothy ni nadie sabe que estoy aquí

- - ¿Tom podrías por favor decirle al cochero que venga?

- - Una dama no anda sólo y sin coche mi Lady… Levanta la cabeza cuando estés conmigo. – Fue la orden que recibió del Duque.

Candy no entendía nada de lo que estaba pasando. Hace poco minutos era una mercancía barata para este engreído Duque y ahora le pedía que se portara con arrogancia, como si nada hubo pasado. Al llegar al Coche el tomo su mano y le ayudo a subir para luego el entrar y sentarse frente a ella. Ella no dejaba de mirar hacia fuera con pequeñas lagrimas acercándose a sus ojos. Mientras que el la miraba con adoración; nunca había conocido una mujer tan decidida, una mujer que con sus ojos fuera capaz de despertar tantos deseos en él y sobre todo una que tuviese tanta pasión.

Dorothy buscaba a Candy por toda la casa. Ella la había dejado sola en el pueblo y no volvió. Al ver esto sus padres se asustaron y aunque Candy era bien conocida y todos la cuidaban y respetaban no podían olvidar los vientos de guerra que se aproximaban. Ya desesperado el padre hubo decidido salir a buscarla cuando escucharon la voz de Dorothy diciéndole que ya había llegado.

- - Me va a escucha Candy, esta será la última vez que haga una de sus travesuras.

- - Padre

- - ¿Dónde estabas? Te hemos buscado por todas partes y dime ¿Dónde estabas?

- - Estaba conmigo Mi Lord – Diciendo esto apareció el Terry con su aire de nobleza y colocándose al lado de Candy de forma protectora impidiendo que su padre hiciera lo que el tanto temía; pegarle.

- - ¿Qué está diciendo? Mi hija es una dama, jamás andaría con usted sola

Candy bajó la mirada y las lagrimas comenzaron a salirse haciendo que su padre dejase caer el cinturón con el cual pensaba pegarle. Su madre se cubría la boca asustada ante la reacción de Candy quien siempre hacia hasta lo imposible por no llorar. En ese momento ella quiso correr al lado de su hija a consolarla pero el Duque estaba a su lado. Las palabras comenzaron a salir de la boca de Candy como un susurro en el viento.

- - Los escuché cuando hablaban de la deuda y de lo que el Duque pedía; yo tenía que salvar a la familia…

- - ¡Candy no! – Dijo su padre con voz entre cortada

- - ¿Qué hiciste? – Grito su madre

- - Señores Conde… Vine por que quiero hacerme responsable de mis actos. Lo sucedido en la posada pone a Candy en un mal escenario ante todos.

El padre corrió hacia Candy y abrazándola comenzó a llorar, era la primera vez que este hombre lloraba frente a ella y su esposa sin más ni más se dejo caer sobre la silla del lujoso escritorio de su esposo. Su pequeña se había deshonrado por ayudarlos. No sólo era un sacrificio noble pero doloroso para ellos quienes veían a su Candy como la luz de su hogar.

- - Mi pequeña, siempre tan impulsiva; yo hubiese arreglado esto de cualquier forma con tal de que tu fueses feliz. No sabes como lamento el haberte ocasionado que pasaras por este momento.

- - Hija yo sufro si tu sufres, no sabes cuanto he hecho para que ustedes tengan la mejor de las niñez.

- - Lo sé por eso lo hice. Ustedes siempre están para nosotras sin pensarlo.

- - Duque de Granchester, ¿Sabe muy bien lo que ha hecho?

- - Sí señor por eso estoy aquí. Luego de lo sucedido en mi habitación, es necesario que yo responda por ello.

- - ¿Qué quiere hacer? – El padre de Candy temía la respuesta de Terry, si este deseaba a Candy como amante sería la peor de las humillaciones para su pequeña.

- - Lo que es debido, casarme con ella. Me marcho a final de la semana a Granchester y para entonces ella se viene conmigo como mi esposa.

- - Es muy pronto – Corto la madre

- - Estamos en tiempos inseguros, debo volver a mis tierras a cuidar de mi gente. Si no lo hacemos ahora. Ya no habrá forma. Con esto evitaremos que Candice sea deshonrada por todos y que la juzguen por lo que ha pasado.

- - Williams el tiene razón, si la vieron entrar y salir con él…

- - Entonces en tres días en la mañana nos casamos y ese mismo día en la tarde partiremos a Granchester.

- - No tenemos dote, lamentablemente ya se la dimos a los futuros esposos de nuestras hijas mayores.

- - Ni Candy ni yo necesitamos dote. Para mí la mayor de las dotes es Candy.

A pesar de las lagrimas Candy levantó la vista para mirarlo tratando de poder entender lo que este hombre acababa de hacer. Le había ofrecido matrimonio y no exigía dote. Además de la forma en que la miraba pudo ver como intentó protegerla ante la posibilidad de que su padre la golpeara. Estaba dolida, asustada pero fascinada por saber que él pensaba que ella erala mejor de las dotes.

- - Si me disculpan creo que ya hemos concertado todo lo que concierne a la boda. Mañana mis hombre vendrán a traerle a Candy dinero para su ajuar de bodas y todo lo que ella necesite; estaré fuera hasta el día de la boda debido a unos negocios que tengo que concluir ante de mi regreso. Además de que necesitaré contratar una dama de compañía para Candy.

- - No. Yo… Yo tengo a Dorothy, no me sentiría bien con ninguna otra persona.

- - Está bien pero a partir de hoy no saldrás a ningún lado sin ella. A partir de hoy Candy es mi deber cuidarte y el tuyo portarte como una dama.

- - Está bien

- - Me retiro; buenas noches

- - Buenas noches…

A pesar de lo molestos que están los padres de Candy ante la situación pudieron detonar lo protector que era esté para con ella, cómo la miraba y sobre todo el lugar que le daba y le iba a dar a su hija. Candy subió de inmediato a su habitación, estaba cansada, se sentía feliz pero a la misma vez no entendía por qué… Intentó dormir pero se le hacía imposible debido a que cada vez que cerraba los ojos recordaba las sensaciones que horas antes Terry había hecho sentir en su cuerpo. No dejaba de pensar en aquel volcán que salió de su ser; eran mil y unas sensaciones juntas.

La noche transcurría de la misma manera en la posada donde horas antes el fuego de la pasión sucumbía el cuerpo de Candy. Terry no dejaba de pensar en ella, en sus labios, sus bellas y graciosas pecas y sus pechos… Más sin embargo sabía que lo que había hecho era una treta muy baja, llegar al extremo de llevar a Candy al éxtasis sólo para después separarse de ella; dejándola con miles de preguntas, cuando el sólo quería hacerla suya. Pero también sabía el precio de sus actos y aunque hubo querido hacerle el amor hasta el amanecer, el sabía que ella no merecía que su primera vez fuese en una simple posada.

El sabía desde mucho antes de preguntarle lo inocente de la joven pero al verla en su habitación no dudo ni un minuto en sacarle provecho a la situación. Al entrar ella se comprometía ante todos, pero el quería que ella se sintiera comprometido con él. No la iba a dejar por nada.