Candy se sonrojo por el simple comentario de su esposo y este al ver la reacción se acercó a ella, tomó su cara entre sus manos y le dijo:

- - Espérame para que cenemos juntos… Me tomará unos minutos pero es necesario que hablemos

- - Está bien- Fue la simple contestación que le dio la joven al Duque mientras se movía para salir de sus manos.

Terry se dirigió al baño y ella se quedó embelesada mirándolo mientras este se alejaba - Si las cosas fuesen diferente, no mejor dicho sí el fuese diferente quizás yo…- Un fuerte golpe en la puerta la hizo salir de su burbuja de pensamientos sobre Terry. La mucama luego de la aceptación de Candy se introdujo a la habitación con una elegante charola la cual ella instruyo era la cena de los dos. Dejando la cena servida en el comedor privado de los señores esta se dispuso a salir volviendo a dejar a Candy en sus pensamientos y en lo maravillada de todas las nuevas cosas que desde ya comenzaba a vivir en este su nuevo hogar.

Al salir el Duque del baño vio a su esposa que parecía un maniquí mirando fijamente hacia el infinito en la ventana que daba al elegante jardín principal de aquel enorme castillo.

- - Gracias por esperarme ya estoy listo

- - No es nada, permíteme servirte

- - No me imaginé que supieras como servir una mesa – Dijo esto mirándola y esperando que ella se enojará ante este nuevo comentario

- - Si, desde pequeña se nos enseño a mis hermanas y a mi como servir; bordar y hasta organizar eventos. Mi madre siempre nos decía que una dama debía saber los más mínimos detalles de cómo atender su hogar

- - Ya veo… ¿Pero tú no aparentas ser la típica mujer hogareña?

- - Nunca me imaginé casada; siempre pensé que viviría toda mi vida juntos a mis padres y como ves fui la primera en salir.

La cena fue totalmente diferente a lo que ella esperaba, en la misma se encontró con un hombre muy humano, que a pesar de su gran porte y su elegancia en sus movimientos se mostró como si realmente quisiese conocerla. A pesar de la tan amena platica Terry pudo notar el nerviosismo de la joven cada vez que miraba hacia la cama y como se sonrojaba al mismo tiempo; cosa que a el le causo gran agrado y excitación pues aún en su memoria estaba el acontecimiento de la posada como algo fresco y que se moría por repetir.

De repente el se levantó de sofá que estuvo compartiendo con Candy durante su larga platica y lentamente le acercó su mano como una forma de invitación. Ella se sonrojo pero entendió que aquel momento que tanto temía ya había llegado y que tenía que cumplir con los derechos que su esposo tenía sobre ella. De forma temerosa y lenta acercó su mano y comenzó a levantarse al momento que el la acercaba agarrándola con la otra mano por la cintura.

- - No temas; sé que antes no actué como correspondía; pero esta noche ten por seguro que me esmeraré para que sea inolvidable para ti y que tengas el menor dolor posible.

- - Gracias – Dijo ella mientras veía que el se acercaba a besarla

Terry la besó primero despacio, lento y suavemente haciendo que ella se envolviera en la pasión que él estaba sintiendo en ese momento. Luego con desesperación y con unas ansias locas comenzó a besarla, de sus boca pasó a sus mejillas, luego a su cuello donde los gemidos de Candy hicieron que este desease poseerla como nunca antes deseó mujer alguna cosa que hizo que la joven se olvidase de todo y simplemente sucumbiera a la ola de sentimientos y éxtasis que los besos y caricias que su esposo le hacia.

Suavemente comenzó de soltar cada piesa, cada lazo, cada botón hasta lograr tenerla totalmente desnuda bajo de si mismo. Temploroso por la pasión que le embriagaba y conciente de que debía de ser gentil, prosiguió suavemente besando canda pequeño espacio del cuerpo de su mujer. Terry comenzó a desplazarse hacia sus montes, mismos que recordaba y anhelaba locamente desde ese día en que ella le visitó a la posada. Aún recordaba lo delicioso de su piel, su olor, su textura y como saboreó los vírgenes pechos que ahora podría tomar sin remordimiento alguno. Poco a poco, beso a beso fue dejando un rastro que llevo la boca del joven hacia la zona sur donde ella al sentir sus labios no pudo más que arquear su espalda y dejarse llevar por aquel sentimiento ya antes experimentado que borraba de su mente cualquier pensamiento, duda o temor que pudiese tener.

Terry volvió a besar su boca y con frases entre cordata le hablaba y le susurraba frases que aunque ella quiso no pudo entender o simplemente no podía.

- - Eres mía, sólo mía… Te he deseado desde siempre…

- - Ahhhhh

- - Necesito estar en ti, que me sientas como yo te siento a ti…¡ Te necesito Candy!

Y diciendo estas últimas palabras poco a poco abrió las suaves y blancas piernas de la joven y posicionándose sobre ella muy despacio y gentilmente hizo mujer a aquella diosa de cabellos dorados que le obsesionó desde la primera vez que la conoció. Los ojos esmeralda de Candy oscurecido por la pasión le mostraban destellos de dolor mientras poco a poco el lograba su entrada triunfal.

- Perdón... mmmmm... ¿Estás bien Candy?

- Estoy bien...

No hubo tiempo, no hubo pensamiento; ni mucho menos pudor en aquella entrega que a pesar de lo dolorosa por un instante le causo los más grandes sensaciones que ella hubo jamás experimentado en su vida. El dejar de ser niña para convertirse en la mujer de su duque fue un hecho eminente y que selló para ambos el comienzo de su matrimonio. Candy sintió el cuerpo de Terry sobre ella tomando posesión de cada poro de su piel; llenando de éxtasis su alma con cada caricia, con cada beso...

Luego de la larga entrega de amor y de pasión ambos se quedaron profundamente dormidos uno al lado del otro totalmente desnudo.

La mañana llegó como siempre pero con la diferencia de que era la mañana en la que sentía que ya era otra mujer, la mancha roja sobre el edredón de su cama confirmaba que no hubo vivido un sueño, que lo que hubo ocurrido la noche anterior fue realidad. Despertó buscando el aroma de su esposo pero para su sorpresa estaba la cama vacía. Se encontraba sola y no supo por que le dieron unas inmensas ganas de llorar. Sin embargo un toque en la puerta hizo que se volviera a estabilizar.

- - ¿Quién es?

- - Soy yo Dorothy Candy… - Candy corrió a colocarse su bata de dormir y a cubrir el edredón de su cama, la vergüenza de que su leal amiga viese lo que para ella era un recuerdo de que ya hubo dejado la inocencia detrás y no quería compartir eso con nadie, por lo menos por ahora.

- - Pasa… Buenos días

- - ¡Buenos días niña! Veo que está radiante este día

- - No se a que te refieres…

- - Le voy a preparar su baño, el Duque le espera para desayunar

Candy se preparó y quiso ese día mostrarse lo más bella posible, cosa que logró con facilidad, así mismo por primera vez se miraba al espejo mientras era arreglada por su mucama y reconoció que algo en ella hubo cambiado y que ahora era una verdadera mujer. AL bajar las escaleras y llegar al comedor pudo ver a su esposo sentado hablando con su nana.

- - Buenos días Candy

- - Buenos días nana Pony

- - Al parecer me ha tocado una esposa dormilona, ya casi es medio día y si no fuese por que Dorothy te despertó hubieses seguido dormida mi Lady.

¿Qué pasaba con este hombre? Anoche fue tan diferente y ya hoy es como si volviese a ser el ogro de antes – Pensaba Candy mientras se sentaba en el asiento que le correspondía por ser la esposa del Duque.

- - Al parecer también le comieron la lengua los ratones anoche – Algo que ella si sabía cómo hacer era responder a aquellas conversaciones que al parecer nunca acabarían y que a pesar de lo que ella pensó hace unos momentos ese sería su diario vivir con Terry

- - Eso nunca mi Lord, simplemente me adapto a mi nueva realidad, realidad que estoy más que segura que pronto terminará.

- - ¿Y como pretende terminarla si se puede saber?

- - Existen muchas formas; pero no se preocupe en el momento oportuno le informaré de ellas; por ahora mejor disgustemos este aromático desayuno que me imagino que nana Pony preparó para nosotros.

Terry quería explotar pero ante la mirada de su nana prefirió mantenerse tranquilo y de la forma más callada degustar aquel primer desayuno de la pareja. Más sin embargo Candy a pesar de mostrarse fuerte y esquiva quería desfallecer, se imaginó que al encontrarlo compartirían el mejor de los desayunos como recién casados; más sin embargo fue un desastre total.

- - Nana, muéstrale a Candy el manejo del Castillo, quiero que ella te ayude y se encargue como duquesa que es de las labores de la misma. Además de que verifiques que el pedido hecho al Señor Lafont llegue ante que nuestras visitas.

- - Por supuesto; ¿Algo más?

- - No; con permiso me retiro

Nana Pony sabía que Terry estaba hirviendo por dentro, pero al mismo tiempo moría de la risa al ver que por fin hubo encontrado la horma de su zapato. Al parecer Candy no sería la sumisa esposa que es pensó y mucho menos aguantaría sus majaderías y niñerías. Pero al mismo tiempo pudo contemplar la tristeza ahora existente en las grandes esmeralda de la joven. Sin tener que decir palabra alguna pudo entender la desilusión que Terry con sus acciones y palabras hubo causado en ella; nana Pony se levantó de su silla y fue a abrazarla, no necesitó decirle nada, y con ese abrazo Candy comenzó a llorar como niña pequeña.

- - Sé que estás dolida, pero no lo juzgues tan mal… Cuando lo conozcas bien entenderás el porque de su actitud, el por que trata de mostrarse frio ante los demás como si tuviese un corazón de hierro, como si nada ni nadie le importase.

- - No quiero conocerlo; lo que quiero es irme a mi casa… Quiero volver a ser feliz.

- - Y lo vas hacer mi niña, sólo ten paciencia y verás como serás la mujer más feliz del mundo.

- - No creo que eso nunca suceda, y la verdad no me interesa tampoco

- - No digas cosas que no sientes; en este momento estas dolida

Se sentía dolida, devastada y sobre todo humillada – Fingió lo que no era para poder tomarme y hacer de mi lo que quiso – Fue su pensamiento que a pesar de ser una hermosa primavera ella sentía el más frio de los inviernos en su corazón. Estuvo con Nana Pony toda la mañana mientras le explicaban como era el manejo del Castillo, sin embargo su mente estuvo todo el tiempo en otro lugar. – No sé lo que haré pero no quiero estar más aquí; necesito mi hogar, mi familia, mis niños… -

- - Nana voy a caminar por el jardín.

- - Le diré a Dorothy que te acompañe

- - No quiero estar sola

- - Eso no le va a gustar a tu esposo

- - La verdad no me interesa que le guste o que no.

- - Candy ten paciencia, sólo llevan un día de casados y verás que con el tiempo las cosas mejorarán

- - Necesito caminar

- - Esta bien pero deja que aunque sea de lejos Dorothy te acompañe…

- - Está bien dígale que estaré en la parte posterior del castillo

El tiempo pasó y la mucama se cansó de esperar por su señora en la parte posterior del castillo, en el llamado jardín de los lirios. Esta decidió salir a buscar a nana Pony pues quizás ella le dio mal la ubicación de donde se debió encontrar con Candy. Al llegar a la sala la nana que a pesar de ser una mujer muy mayor contaba con una audacia e inteligencia que muchas jovencitas deseaban, al ver los ojos de Dorothy entendió que algo no estaba bien.

- - Dorothy… ¿Y Candy?

- - Nunca llego a la parte posterior del castillo, estuve todo este tiempo esperando pero nunca apareció

- - Me imaginaba que algo así pasaría pero no tan rápido

- - ¿Qué sucede nana? ¿Por qué de esas caras?

- - Terry es que… Candy no sabemos donde está

- - Niña tonta; avisa a los guardias y a todo el personal para que salgan a buscarla y que alisten mi caballo.

- - Terry por favor no seas duro con ella

- - Nana no te metas. Ella esta llevando mi paciencia al límite

- - ¡Por favor hijo…!