- - ¿Dónde está? ¿Dónde está mi hijo?
- - Señor él se encuentra en el estudio o– Dijo el mayordomo asustado
Fueron los gritos que se escucharon el todo el palacio, retumbando las paredes por la potencia de la brusca voz del padre de Terry.
- - Tranquilo Richard, vamos al estudio y hablemos con él
- - No entiendo a tu hijo Eleonor, mil y unas doncellas detrás….
- - Bienvenidos padres. Esperaba esta visita varios días atrás
- - ¿Y lo dices como si nada?
- - ¿Y cómo quieres que te diga padre? Sabía que en el momento que te enterarás saldrías corriendo a buscarme de la forma en que hoy lo haz hecho
- - ¿Y por qué si sabias lo que esto me iba a ocasionar decidiste hacerlo? Siempre te he creído un hombre maduro. Desde temprana edad mostraste que eras capas de hacer lo que muchos jovencitos no ha podido hacer y me sales con esto.
- - Richard deja que te explique. Por favor nuestro hijo es un joven muy sabio y estoy segura que detrás de esta unión hay alguna lógica.
- - Manda a buscarla Terrence
El tan esperado día por parte de Terry hubo llegado; ver a sus padres molestos ante su decisión de contraer nupcias con una mujer que no fuese como ellos era algo imperdonable para el Duque; quien siempre criticó a aquellos que lo hacían. Terry hubo enviado a buscar a Candy la cual al ver el sirviente y al haber sido testigo de los ruidos realizados por su suegro supo que las cosas no serían tan fáciles para ellos. Candy bajo y entro al estudio asustada ante sus futuros suegros.
Se acercó a su esposo quien le tendía una mano para acercarla a él y como forma de protección pues pudo ver en sus ojos lo asustada que ella estaba. Al llegar al lado de Terry este la agarro por la cintura para que de esta forma ella sintiera todo el apoyo que en ese momento necesitaba.
- - ¿Así que esta es tu esposa Terry?
- - Padre, Madre les presento a mi esposa Candy, Candy Granchester
- - Ahora entiendo hijo – Dijo el Duque mientras la miraba de arriba abajo – Pensé por un momento que se debió a alguna estrategia para aumentar nuestros bienes, pero veo que todo ha sido a un aumento de hormonas.
- - ¡Richard! Por favor mides tus palabras. ¿Qué pensará de nosotros nuestra nuera? Ven Candy déjame verte; eres hermosa estoy segura que nuestros nietos serán tan bellos como ustedes
- - Gracias Duquesa
- - Nada de Duquesa, llámame Eleonor. Eres ahora parte de la familia y perdona a mi marido sufre de un muy mal carácter; mismo heredado por Terry así que vamos a tomarnos un té y te contaré para que tengas paciencia en lo que te espera al vivir con un Granchester
- - Madre no comiences
- - Terry recuerda que soy tu madre y te conozco demasiado
Al salir del estudio Candy y Eleonor dejaron a Terry y su padre sin palabras ya que ella hubo dicho la verdad sobre ambos.
- - ¿Wiski?
- - Sí hijo. Justo ahora que estamos en tiempos de guerra te casas hijo. La verdad nunca me hubiese imaginado que volverías casado y al ver la muchacha entiendo el por qué.
- - Te entiendo yo menos me lo imaginé
- - Además de tu boda… Existe algo más que requiere de toda nuestra atención
- - ¿El conde Neils de Wales?
- - He hablado con la reina y será necesario la intervención de nuestros hombres para poder ponerle fin a los problemas fronterizos con él. Lo que me preocupa hijo es que a nuestras tierras estar más cerca tendremos que nosotros dar la cara por la reina.
- - No es la primera vez que lo hago padre. Es parte de mis obligaciones el defender la reina y nuestras tierras.
- - Lo sé hijo; pero siempre que vas tu vida está en juego y no dudo de tus capacidades para enfrentar al enemigo cuando este es digno. Pero estamos hablando de alguien que no tiene honor ni principios.
- - Padre es mi deber
- - ¿Y tu familia?
- - ¿Candy? Ella deberá entender que es el precio de ser mi esposa
En la sala de té Eleonor, Nana Pony y Candy participaban de una muy amena conversación. Con el poco rato que tenía junto a su suegra ya la sentía como si la conociera de toda la vida - ¿Cómo es posible que una mujer como ella tan dulce estuviese casada con el Duque y fuese madre de él? – pensaba mientras la conversación se convertía en un platica donde secretos de la infancia de su esposo eran puesto a la luz.
- - Era un bebe hermoso Eleonor y muy feliz
- - Si mi Terry fue la luz del hogar… Candy sé que te será difícil al principio convivir con él; yo pasé por mucho al principio con su padre, pero una vez lo conozcas, y veas lo que los demás no ven entenderás que te has casado con un gran hombre. Mi hijo está catalogado como un hombre rudo, de hierro, sin piedad… Y no es así, bueno con las personas que están a su alrededor.
- - Eleonor, ya le he dicho a Candy que tenga paciencia y que le conozca. Nadie como nosotras sabemos quién es el realmente
- - Ahora sólo me preocupa lo que se avecina para mi hijo. Temo tanto por él, por ustedes, por su futuro
- - ¿Qué se avecina?
- - Candy, no soy yo quien debería decirte, pero de mujer a mujer, yo que tanto sufrí en las tantas misiones a la que mi esposo asistía todo por el honor y el orgullo inglés. Lo que ya no vivo como mujer me toca vivirlo como madre
- - No entiendo a qué se refiere…
- - Tenemos serios problemas en la frontera con Wales, y por orden de la reina Terry tendrá que ir con sus hombres a enfrentarlos.
- - ¿Terry? Pero…. ¿Eso es muy peligroso?
- - Si lo es, la reputación de este conde es la peor existente y tengo tan mal presentimiento con esto. Le pedí a Richard que hablase con la Reina; ya Terry ha cumplido con tantas misiones suyas que ya no debería volver; pero ella quiere que sea él.
Candy bajó la mirada. Ella no entendía por qué se sentía angustiada por la noticia de que Terry pudiese estar en peligro. Debería estar tranquila ya que ella se había dispuesto a verlo como algo más. Ni siquiera como si fuese una persona. Pero se sentía mal; no le deseaba mal a nadie menos a el que desde el principio el trato tan mal, la separó de su familia, de sus amigos, su hogar, en fin, de su feliz vida. Por largo rato estuvo sumergida en sus pensamientos; llenando su cabeza de mil dudas sobre lo que sentía.
- - ¿Candy? ¿Candy?
- - Disculpa Eleonor…
- - Te decía que mañana deben de estar presente en el baile de la Reina. Es uno de los eventos más importantes de nuestra sociedad. Serás la atracción de la noche y la envía de muchas. Me muero por ver la cara de unas supuestas damas al ver que Terry llega contigo, su esposa.
- - Terry no me ha dicho nada.
- - No te preocupes mi niña. Tus trajes y accesorios llegan hoy por la tarde; ya Terry tenía pensado en esto y te encargo un nuevo ajuar.
Al despedirse Candy sintió que había encontrado una amiga en la madre de su esposo y aunque ya fue menos descortés el Duque a su salida aun sentía un poco de recelo en el trato que debía de ofrecerle.
- - Candy es encantadora ¿No crees Richard?
- - Si, pero veamos mañana como este jueguito de tu hijo afecta la relación con la reina
- - La reina es una mujer muy inteligente y sabe que en las cosas del amor no se manda
- - Esto no es una de las historias románticas que lees. Esto es la realidad.
- - ¿Estas enferma Candy?
- - No Terry, ¿Por qué de tu pregunta?
- - No bajaste a cenar
- - No tengo apetito
- - En el mes que tienes aquí es la primera vez que te escucho decir eso
- - ¿Estás diciendo que soy glotona?
- - Creo que además de pecosa eres una glotona
- - No es de caballeros ofender ni criticar a una dama
- - ¿Ya no estás molesta conmigo?
- - Sólo un poco… - Él le extendió su mano para acercarla y ella acepto sonrojándose de tal forma que fue imposible que él no viese
- - Me haces falta pecosa, hace más tres semanas que no te beso
- - y tú a mi engreído
Y sin más palabras comenzó una lluvia de besos que dio paso a una serie de caricias ardientes que duraron toda la noche. Candy se entregó a su esposo con todo su cuerpo y con toda el alma y de la misma forma Terry lo hizo. A pesar de no ser la primera vez que hacían el amor esta vez fue totalmente diferente ya que durante todo el tiempo estuvieron palabras y frases que le dejaban saber tanto a ella como a él que lo que estaban viviendo en ese momento no era sólo placer físico.
- - No sabes lo que tú me haces sentir, no creo que jamás pueda estar sin ti.
- - Terry… Yo no podría imaginar mis días sin ti
- - Pues no lo hagas, quiero que este momento sea por siempre. Cómo me gustaría que estuvieras dentro de mí y sintieras lo que siento ahora. No sé cómo actuar cuando se trata de ti. Te has convertido en mi debilidad, has derretido la coraza de hierro que siempre tuvo mi corazón
- - Bueno señor Duque de hierro… Al parecer lo he fundido
- - Eres una hechicera… Mi pecosa
La mañana llegó y otra vez Candy se despertó para ver su cama vacía; por un momento se sintió sola, se sentó abrazando sus piernas y lágrimas comenzaron a salir. – Otra vez me uso; sólo fueron palabras – Pensaba tristemente cuando de repente la puerta del baño se abrió.
- - Buenos días mi bella durmiente; pensé despertarte para tomar el baño juntos pero preferí dejarte dormir un poco más.
- - Ven y abrásame que te extraño
- - Es un placer mi Duquesa
Volviendo ambos a caer en aquella aura de pasión de la cual no querían salir. Terry volvió a amar a su Candy demostrándole una vez más el ferviente deseo y amor que ella le provocaba. Y Candy en sus manos lograba dejarse llevar por aquellos sentimientos hacía su esposo; los cuales ya no quería ocultar.
Pasaba el medio día y aun la joven pareja se encontraba en la habitación, no fueron molestados por nadie ni siquiera para llevarles el desayuno pues Pony se imaginaba que hubo reconciliación entre ellos así que ella misma se dispuso a llevarles el desayuno a la habitación para que no sintiesen la molestias de la servidumbre. Dejando el desayuno en el comedor de la lujosa habitación pudo darse cuenta de la alegría que los acompañaba y se sintió feliz de poder ver que su niño era feliz, pero por discreción al mismo tiempo no dijo ni una palabra mientras dejaba todo y se retiro de la misma forma.
- - ¿Hambre mi pecosa? – Mientras le besaba la espalda desnuda de Candy y la ayudaba a colocarse la bata para dirigirse al comedor
- - Me comería este castillo entero si pudiese
- - Mientras no me comas a mi estamos bien…
- - Creo que eso no podré asegurárselo mi Lord
- - jajajaja veo que tendré no solo que cuidarme de mis enemigos; sino que también de mi esposa
- - Al menos esta sabrá como comenzarle luego de cada fuerte batalla
- - De eso estoy muy seguro…
- - ¿Podría hacerle una pregunta?
- - Sólo si comienzas a tutearme, eres mi mujer y eso te da todo el derecho de hacerlo
- - Gracias, por que esto de llamarte m Lord ya me estaba cansando…
- - Candy eres muy especial… Pero ¿Qué quieres saber?
- - ¿Por qué te dicen el Duque de Hierro? Sé que a veces eres rudo, pero no creo que tanto para el que te llamen así
- - Hay cosas de mi que no sabes, desde joven aprendí el arte de la guerra, aprendí que si quieres ganar en cualquier batalla tienes que dejar los sentimientos a un lado y ser frío y calculador por eso es que siempre he sido triunfador en todo. No pongas esa cara que no lo digo por engreído pero es la verdad. Al enemigo se le gana usando sus propias armas. Por ende cuando se trata de ello es saber analizar la jugada que han hecho y hacerle lo mismo.
- - Es decir… Ojor por ojo…
- - Exacto, pero siempre tienes que tener ventaja sobre ellos, estudiar sus debilidades y fortalezas y sobre todo nunca demostrar miedo.
- - yo nunca podría hacer algo así…
- - Nunca sabemos de que somos capaz hasta que nuestra única salida es hacerlo o morir.
- - ¿Tienes que ir a luchar contra el Conde Wales?
- - Eso no se ha concretado aún, todo dependerá de lo que suceda en los próximos días
- - Terry me moriría si algo te sucediera – El besó los labios de su amada de forma sutil y muy suave y comenzó a acariciar sus larga y rebelde cabellera.
- - Me gusta como suena mi nombre en tus labios. Candy ya tengo un motivo para volver siempre a casa y eres tu. Además no pienso dejarte viuda tan rápido
- - Mejor ni lo pienses el color negro no me favorece mucho…
