Karen salió corriendo a encontrarse con su hijo, para ella ellos era todo lo que le importaba, vivía en una jaula de oro, con un hombre despiadado y que sólo la utilizaba y maltrataba. Su corazón le pertenecía a un amor imposible y sabía que jamás mientras Neal viviera ella sería feliz. Durante el viaje recordó como fue enterarse de su compromiso con este hombre que desde el primer día sólo le produjo asquerosidad.
- Mi Lady…
- Conde no quiero hacerle sentir mal, pero debe saber que no deseo desposarme con usted
- Mi bella dama le aseguro que en el momento en que esté en mis brazos será la mujer más feliz del mundo. Sabré saciar cada deseo, cada pensamiento le aseguro que será sólo para mi luego de hacerla mía.
- ¿Cómo se atreve hablarme de esa manera? Soy una Dama…
- Karen, ¿A caso no cree usted que yo sé sobre ese amorío que tenia? Y que a esta altura de juegos su doncellez ya no existe. Me imagino que muchos han podido probar de su cuerpo y sus labios.
- Es usted un patán
- Un patán que está asegurando su titulo al desposarla y a usted la seguridad económica que su familia no le puede brindar.
Sus ojos comenzaron a cristalizarse y una cascada de lagrimas comenzaron a salir por ellos ante los recuerdos de su vida junto a Neal. El peo de todos; su noche de boda, donde el la forzó y sin ningún cuidado la hizo su mujer para luego darse cuenta de que era su primera vez. El dolor fue inmenso, el dolor único y la posibilidad de una entrega de amor fue borrada por los sucios besos que este le ofreció de forma desesperada.
- Hoy sabrás lo que es realmente un hombre
- Por favor no, espere, por favor
- Voy hacer que olvides a cada uno de los que han pasado por tu cuerpo
- Por favor. No…
El sonido de una fuerte cachetada y los sollozos de la joven fue el único ruido que se escucho por mucho tiempo. Neal la tomó a la fuerza y para ella no sólo fue la peor de las experiencias, sino que también el inicio a una vida sin amor y vacía. Al darse cuenta el joven de que era la primera vez de Karen simplemente sonrió y le dijo:
- Veo que supiste esperar, soy tu único y siempre seré el único en tu vida
- Lo odio…
- Es lo que menos me importa, tu obligación es satisfacerme y darme herederos…
- Lo odio… Lo odio
- Cada día Karen te haré mía hasta que me des un hijo, cada noche serás mi mujer hasta que me llenes de herederos, así que acostúmbrate a mi por que eres mi propiedad; bastante tuve que pagarles a tu ridícula familia para poder obtenerte.
AL finalizar entró al baño y pudo darse cuenta de que su cuerpo estaba todo marcado por los golpes, su cara roja por las bofetadas que recibió y entre sus piernas sangre y un dolor que le hacía casi imposible caminar. Se juró así misma que algún día ella misma tomaría la justicia por sus manos. Y que no le importaría si luego la mataban pero que algún día ella lo haría.
Lloraba ante la imposibilidad de ser feliz, sentirse sucia todas las noches que era tocada por él y recordar los golpes de los cuales era victima. Sólo una vez amó, sólo una vez sintió que la vida era color de rosas y hoy era negra, totalmente oscura. Sus únicos consuelos eran sus hijos, que a pesar de tener como padre a un ser como Neal; ellos eran el retrato de su madre en cuanto a bondad, cariño y humildad.
AL detenerse el carruaje pudo ver como Candy bajaba del mismo y se dirigía hacia el hombre que traía consigo su hijo. Vio como este recibía ordenes de la Duquesa y se dirigía a ella. Desesperada bajó del carruaje y pudo ver como su hijo se le era entregado a su doncella; el sentirlo en sus brazos volvió a respirar, a vivir. Sabía que lo que hubo hecho Candy quizás ella también lo hubiese hecho por amor a aquel hombre que jamás hubo vuelto a mencionar ya que él hubo hecho su vida y ella vivía muerta en vida, pero el dolor no tener a su hijo fue demasiado para ella.
Antes de que el jinete se alejara le paso una carta y le pidió de favor que se la entregará a Candy. Miró a la Duquesa de lejos y con su bebé en los brazos sonrió y subió al carruaje para su regreso a su cárcel. Candy entendió la mirada de la condesa, pues en ella vio gratitud y aunque sabía que haber tomado al niño fue algo muy bajo, sabía que sin él su esposo estaría muerto en estos momentos.
El jinete se acercó a la duquesa y le extendió la carta, está la tomó y la colocó en su abrigó; sabía que este era el momento de ocuparse de Terry y de llevarlo al castillo con el doctor; quien ya esperaba por ellos. Candy subió y volvió a colocar la cabeza de Terry en su regazo y con su pañuelo comenzó a limpiar su cara, la cual estaba llena de sucio y de sangre.
- Candy mira….
Era la voz de Dorothy que al darse cuenta de cómo todo en el pueblo estaban ubicados en el camino como una especie de reverencia al carruaje que llevaba consigo a los duques. Al mirar esto entendió que está gente amaba a Terry y que estaban felices de que él volviera.
El carruaje se detuvo frente a la entrada del castillo y los hombres de Candy ayudaron a llevar a Terry hacia sus habitaciones, Eleonor y Pony estaban pasmada al ver como se encontraba su niño. EL corazón de las mujeres estaba latiendo a mil por horas, no sabían si alegrarse por tenerlo o llorar al ver la condición en que se encontraba. Lo colocaron en la cama y el doctor le pidió a todos incluyendo Candy salieran del mismo. Por unos momentos quiso refutar el salir de la habitación pero los Eleonor le tocó y con su mirada le dijo que era lo mejor.
- Candy no se si como agradecerte lo que has hecho. A pesar de no estar de acuerdo con lo que hiciste. Mi hijo está aquí con nosotros. Pusiste tu vida y la del bebé en riesgo por él. Eres una gran mujer y esto que haz hecho por mi hijo nunca lo olvidaré.
- Disculpe… - Dijo el doctor - Hay un problema con el Duque.. Lo siento…
Hola, disculpen la tardanza pero he estado muy ocupada. Gracias por sus comentarios...
