ENCUENTROS
Por Coqui Andrew
Estoy en la oficina revisando unos documentos, pero no puedo concentrar la necesito ahora, tomo el teléfono, marco a mi secretaria- Señorita White, venga enseguida a mi oficina- le ordene –Sí, señor Andrew, voy enseguida- dijo ella. Colgamos un minuto después se escuchó que tocaron la puerta –Pase- dije
Se abrió la puerta y ella estaba ahí, tan hermosa como siempre, la miré descaradamente, no me importo que ella se sonrojara y pusiera la pluma en su boca, la cual se me antojo besarla, seguí recorriéndola con la mirada, llevaba un traje sastre color negro y una blusa blanca, sin medias, que dejaban ver una piel hermosamente blanca, llevaba su libreta en mano.
-Tome, asiento, señorita White- le dije, me la devoraba con la mirada, más sin embargo ella ni se inmuto, me sonrió coquetamente y se sentó, al cruzar sus piernas quede maravillado al verlas son hermosas, largas y bien torneadas. Trague en seco – Señor Andrew ¿para qué me llamo?- pregunto sacándome de las imágenes que tenía en mente, su voz sensual me llamo la atención, voltee a verla, lo que vi, me dejo sin habla, otra vez, ella se reclino hacia a mi mostrándome su escote donde se apreciaban unos voluptuosos senos, firmes, no soporte más y le di la vuelta a mi escritorio, me puse frente a ella, pero hizo algo que no me esperaba, toco mi miembro atreves de la tela, solté un jadeo, lo que hizo después fue quitarme el cinturón, desbrochar mis pantalones, metió su cálida mano, tomo mi pene, lo saco, lo acaricio y se lo llevo a la boca, no creí tal atrevimiento, pero no importa si eso es lo que quería, estoy disfrutando mucho esa lengua que saborea mi miembro. Estoy a punto de eyacular, ello lo sintió, acelerando su movimiento, lo hice, dentro de su boca, se tragó todo, continuando masajeándolo, se levantó y empezó a desabrochar su blusa dejando libres esos senos, no llevaba sostén, me acerque y los tome con mi boca, succione esos pezones hasta endurecerlos, mordí, dejando pequeñas manchas rojas en su piel, ella se aferraba a mis hombros, subiendo y bajando por mis brazos y regresando, me tomo de mi cabello al quedar a la altura de su rostro, me beso, apasionadamente, dejándome sin aliento, nunca creí que mi secretaria fuera tan ardiente , correspondí a cada uno de sus besos y caricias termine desnudándome y ella igual.
La cargue y la lleve al sofá que está ahí en mi oficina la recosté y acaricie cada parte de su bello cuerpo, marcándola, quede entre sus piernas, empecé un ritual tormentoso en su vagina, su clítoris y solo escuchaba sus jadeos, suspiros y señor Andrew, era como música en mis oídos, tome toda la miel que me ofrecía ese manantial, fue exquisito, después me puse arriba de ella y la penetre, hicimos la danza del amor, bese nuevamente esa boca, cuello y senos, ella me recorría mi espalda, hombros y cuello con sus manos cuando llegamos al clímax, me araño mi espalda, no me importo, me recosté sobre ella hasta que se calmaron las pulsaciones de una entrega total. La bese hasta quedarnos sin aliento, la levante, la ayude a vestirse yo hice lo mismo después de ella, se acercó y me dio un dulce beso en los labios -¿Nos vamos, jefe? – pregunto con picardía, yo solo sonreír y asentí con la cabeza.
-¿Segura que no quedaba nadie? – pregunte
-Me asegure de eso, señor Andrew- contesto -¿Vamos a casa?
-Si- conteste, acercándome a ella y le dije- Vamos a continuar, señorita White-
Nos besamos y salimos de ahí entrelazando nuestras manos.
Con sus caricias, hasta las más sutiles siempre son mi perdición, esos labios carnosos que deseo probar, su sensualidad al caminar, al decir mi nombre con su bella voz, la señorita White me tiene embobado, ¿Qué estoy diciendo? ¡Me tiene loco como un colibrí por el néctar de una flor! Sin duda alguna, con tan solo tenerla cerca y en mis fantasías es sin dudar alguna estar en el paraíso.
