Un aroma conocido inundó los sentidos de Terry, el olor a flores le hizo recordar a su bella pecosa. Suavemente sintió como unos dedos delineaban su rostro, su boca y por pin llegaban hasta su pelo acariciándolo.

La mejor de las caricias fue sentir sus labios besados por aquellos a cual su corazón correspondía; sabía que no podía moverse; también sabía que le fascinaba el saberse acariciado por ella, saber que ella lo amaba y que pronto sus vidas tendrían más sentido. Con dolor sintió como ella se alejaba, escuchaba como caminaba alrededor de la cama y luego sintió como ella se acostaba junto a él. El calor de su cuerpo llenó cada poro de el cuerpo Terry, su olor y la suavidad de su piel fue suficiente para que quedase dormido en un profundo sueño lleno de paz.

La puerta del estudio se abrió rápidamente y de forma muy abrupta, las mujeres allí reunidas sólo pudieron abrir los ojos ante aquella interrupción.

- Eleonor, ¿Dime que está aún con vida? Por favor…

- Richard… Si

Eleonor corrió hasta los brazos de su esposo y como si fuese el fin de un mal sueño ambos cayeron ante el más dolorosos de los llantos. Las demás mujeres abandonaron la habitación dejando sólo a la pareja de esposos, pues ellas entendían que no era el mejor momento para estar presente. Era la primera vez que hubo pasado algo similar en la familia. Para sus padres Terry era de hierro, más esta vez comprobaron que estaban equivocados, nunca pensaron en que el pudiese morir a manos de los enemigos. Era la primera vez que la duquesa veía lagrimas de desesperación en su esposo; era la primera ve que lo sentía tan invulnerable, era la primea vez que lo veía como lo que era un simple hombre y un padre que temía por la vida de su hijo.

- Él ha reaccionado, el doctor aún no explica cómo, pero está mejor y con nosotros aún

- No sabes como me he sentido. Terry es mi vida, Eleonor… Tú y él lo son todo para mí.

- Y tú para nosotros… Han pasado tantas cosas Richard, tanto que contarte

- En todo Londres se habla de Candy…

- Tan rápido…

- Los chismes corren más rápido que el río

- Candy salvó la vida de nuestro hijo.

- Es necesario que hable con ella… Lo que ha hecho está fuera de tordas las normas y de lo que una duquesa debía hacer.

- ¿Entonces hubieras preferido ver a nuestro hijo muerto? Candy tuvo las agallas que ninguna otra mujer ha tenido jamás. Ella puso su vida en juego para salvar a Terry. ¿Entiendes que en vez de molestarnos por su actitud debemos de estar agradecidos?

- Y lo estoy, pero… No sabes la frustración que he tenido al no poder estar, al saber que casi pierdo a nuestro hijo y yo no haber estado para ayudarlo…

- Candy merece todo nuestro amor y respeto... Ella puso la vida de su propio hijo para salvar la de nuestro hijo.

- ¿Qué estás diciendo?

- Que Candy, está en espera y aún así hizo todo lo posible por traer a Terry devuelta, otra en su lugar y en eso me apunto yo, no hubiese hecho nada más sin embargo ella sacrificó el todo por el todo y gracias a ello ganó.

- Disculpa lo que digo Eleonor, tienes razón, estoy tan angustiado, cansado y… No puedo creer las cosas que han pasado y yo lejos. No puedo creer que vamos a tener un nieto Eleonor

- Si vamos hacer abuelos…

- Creo que aún estamos un poco jóvenes para utilizar esa palabra… Existen otras que se escucharían mucho mejor

- Tonto, ven abrázame que te he necesitado como no te imaginas

- Y yo a ti, mi princesa…

- Vamos a ver a nuestro hijo…

La pareja se encamino hacia la habitación principal donde se encontraba Terry, al llegar el cuadro que vieron no podía ser más amoroso; Candy y Terry durmiendo juntos uno al lado del otro, Candy con sus manos y la de Terry sobre su vientre y con la otra mano en el corazón del mismo. Los padres al ver la escena se sintieron felices de que las cosas hayan transcurrido de la forma en que sucedieron los hechos, más sin embargo Richard conocía la naturaleza de Neil y de su forma de vengarse cuando alguien le hacia algo, le cobrara 15 veces lo mismo.

El duque sabía que ahora tenía más que nuca que cuidar a su nuera y al fruto del amor de ambos que en ella crecía, él estaba consiente que lo que ella hubo hecho traería repercusiones y que Neil no se quedaría tranquilo hasta lograrlo. Debía desde el día de hoy duplicar la seguridad de su hijo y de la nueva familia que poseía. Le preocupaba mucho el hecho de que ella estuviese embarazada y que al enterarse Neil quisiese hacer algo contra su nieto.

El duque los miraba y se prometía a sí mismo mientras lentamente se cerraban la habitación que esta vez el sería quien estuviese a cargo del cuidado de su familia y que no dejaría que nada ni nadie les hiciese daño.

Por más de seis horas la joven pareja estuvo dormida, siendo él quien por fin abriese los ojos, los rayos del sol aún penetraban por las cortinas y le permitían ver lo bella que su esposa se encontraba, el no entendía si era por que se encontraba de encargo o sí por el hecho de que ella siempre lo ha sido, simplemente se deleitó con cada rincón de la cara de Candy.

Utilizando todas sus fuerzas se movió para quedar frente a frente a ella, deseaba poder ver sus labios, labios que en un momento determinado pensó no volver a ver. El no sabía como hubo llegado hasta su hogar, como sucedieron las cosas más sin embargo estaba feliz de verse en su cama junto a ella.

Poco a poco la joven comenzó abrir los ojos, mucho fue su entusiasmo al darse cuenta que un par de ojos zafiro la miraban. Al verlo se movió de forma rápida y sin querer hizo que Terry también se moviera causándole dolor.

- Perdóname, no medí mis movimientos…

Terry sólo asintió, aún no tenía las suficientes fuerzas para hablar, más sin embargo su mano que permanecía sobre el vientre de Candy comenzó a acariciarla y a mirarla esa parte del cuerpo de la joven que se encontraba lleno de vida.

- ¡Me escuchaste!

La respuesta a esa afirmación hecha por la joven hizo que lagrimas comenzaran a salir de los esmeraldas ojos de Candy. Ver la cara de Terry le daba a entender que él estaba feliz ante la noticia de que pronto serían padres y que ahora estarían más unidos que antes. Ella quería abrazarlo pero tenía tanto miedo de lastimarlo que opto por sólo darle un beso en la mejilla.

- Estoy tan feliz Terry, por un momento pensé te había perdido, sin ti no hubiese querido seguir viviendo... He llorado tanto ante la posibilidad de perderte amor, yo sin tu vida ya no querría la mía... Mejor hablemos de otra cosas… ¿Tienes hambre?

El joven asintió y rápidamente s levantón, y tomo entre sus manos la pequeña y dorada campana que se encontraba sobre la mesa de comedor de sus aposentos. La joven duquesa se encontraba descalza y sabía que estaba mal visto por los ingleses, por ello corrió al baño a colocarse sus zapatos y esperar que el mayordomo subiese a traerles algo de comer. Sus padres entraron felices por la noticia de que el joven hubo despertado y especialmente con apetito. Corrieron a la habitación como si fuesen dos jóvenes en un campo; la noticia era la mejor que recibían en días y más aún luego de creerlo perdido.

- Terry hijo… No puedo creer que estás mejor, por un momento pensé te había perdido… Mi bebé.

- Maadre!

- No hables hijo, nosotros estaremos aquí contigo, quiero que sepas que eres lo más importante para nosotros y que te amo. Perdóname por nunca antes haberte dicho que te amo y que estoy muy orgulloso del hombre en que te has convertido.

- No hables hijo… Mejor tranquilízate para que recuperes tus fuerzas.

Terry no podía creer las palabras recién escuchadas de los labios de su padre, eran palabras de amor; su padre quien le enseñó a no demostrar amor, que el amor era debilidad, hoy demostraba un gesto de amor al confesarle a su hijo que le amaba.

- ¿Cómo llegué aquí?

- Hijo, no hables, ya tendrás mucho tiempo de enterarte de todo, por ahora come y descansa… Luego estoy seguro que tu esposa te contará como llegaste aquí. Ella es la más indicada.

- Buenas Eleonor, Duque…

- ¿Cómo estás Candy?

- Muy bien, gracias

- Necesito hablar contigo, ¿Qué tal si dejamos a Terry con Eleonor y me acompaña al estudio?

- Por supuesto…

- ¿Todo bien Padre?

- Si hijo… Sólo que tengo una conversación pendiente con tu esposa y debe ser lo antes posible.

- Richard…

- Eleonor, todo está bien , pero necesito hablar con Candy ahora. Es de suma importancia para mí.