Lentamente Candy bajaba las escaleras que la conducían hacia el estudio. Llena de mil preguntas sobre esta conversación que se llevaría a cabo con el Duque de Granchester. Sabía del carácter del mismo, pues este desde su llegada como nueva Duquesa este le mostró una bienvenida nada amigable y a pesar del tiempo transcurrido, nunca demostró ningún afecto a ella.

Escalón por escalón fue contado por la joven mientras llegaba al final de las escaleras y detrás de ella la figura imponente de aquel hombre quien le inspiraba respeto y se podría decir miedo. Al llegar frente al estudio el Duque le abrió la puerta, le pidió se sentará en una de las dos sillas que se encontraban frente al majestuoso escritorio de Terry. Este caminó con pasos suaves pero firmes, sin embargo ella pudo notar que parecía llevar zapatos de cemento, ya que cada pisada era como si la tierra temblase para ella.

- Candice, lo que hiciste fue algo que jamás en mi vida imaginé siquiera ver o escuchar.

- Señor yo…

- Un momento Candice, quiero que me escuches primero y luego hablas tú

- Si señor

- Desde el principio tuve mis dudas sobre si serías la mujer adecuada para mi hijo, desde su nacimiento, vi en Terry algo diferente, un guerrero, un noble y sobre todo un hombre de acero.

Su nacimiento fue, es y ha sido el evento más importante de mi vida; mucho más que mi matrimonio con la única mujer que he amado, Eleonor. Terry fue entrenado para ser todo un guerrero, un hombre que en el campo de acción fuese el mejor y que siempre ganara.

Ustedes los escoces no entienden el honor y la palabra con lo que los Ingleses vivimos. Nuestra palabra es ley… Cuando llegaste sentí que hubo sido la peor de las decisiones que mi hubo hecho en toda su vida, una mujer escocesa, una jovencita sin ninguna experiencia en nuestra nobleza, con una cultura tan diferente y con una forma de ser que desde el principio si hubieses sido mi esposa te aseguro que más de una nalgada tendrías de recuerdo.

El problema empeoró para mi cuando la reina se enteró de ti y de tu procedencia, ella, mi prima, y no sólo tía de Terry, sino que, su madrina tenía en sus manos el futuro de la relación de ustedes. Y aunque no lo creas, me alegre cuando ella les dio el visto bueno y no por ti, sino por él. El que jamás se hubo fijado en ninguna mujer, a pesar de que muchas trataran de llamar su atención, y para decir verdad ya era hora de que pensara en formar familia.

Cuando salió al campo, y luego de enterarme que hubo sido una emboscada, temí por su vida, temí no volverle a ver y decirle cuanto le amaba y lo que él significa para mí. La ida a Londres fue tan dura, especialmente llegar a palacio y no encontrar ninguna noticia, ninguna respuesta a mis preguntas y peor aún imaginándome que mi hijo para ese momento hubo estado muerto.

Lo que hiciste no es lógico, no es propio de una dama y mucho menos de una escocesa. Lo que hiciste fue la locura más grande que alguien jamás hubo hecho en este siglo y quizás en el siguiente… Robarte el hijo del Conde, Vestirte de pordiosera, ir a tierras enemigas, enfrentarlo de la forma en que lo hiciste y volver con mi hijo en vida… Ha sido la locura más grande que jamás se ha escuchado en Granchester.

Candy estaba muy asustada, el hecho de ver que en la cara del duque no existía la más mínima expresión mientras le hablaba. Sostenía los pliegues de su bello vestido y su miraba estuvo siempre en sus manos.

- Candice, jamás imaginé conocer una mujer que rompiese todas las reglas como tú. Una mujer que pudiera cautiva a mi hijo como lo has hecho y sobre todo una mujer a la cual le debo mi vida en estos momentos.

Candice, no tengo palabras para agradecerte lo que hiciste, agradecerte el amar a mi hijo de la forma en que lo haces y sobre todo el riesgo que tomaste al salvarle la vida. Hoy no sólo has demostrado que eres digna de llevar el apellido Granchester, de ser la mujer de mi hijo, de llevar el título de duquesa y sobre todo de tener mi eterno agradecimiento.

- ¿Duque?

El duque tomó a Candy de las manos, la puso de pie y el procedió a ponerse de rodillas frente a ella como una demostración de que poseía la mayor de las gratitudes hacía ella y que le era un honor el tenerla en su familia.

- Para mí es un honor tenerte como nuera y sobre todo como la futura madre de mis nietos, tu tienes la mayor admiración que jamás pude llegarle a tener a ser viviente. Y desde hoy eres parte importante de esta familia. Espero que puedas perdonar la forma en que te traté al principio y que me permitas conocerte y que me conozcas.

- La honra es mía señor, pero por favor levántese… Todo lo que hice lo hice por el amor que siento hacia Terry y para serle sincera lo volvería hace por él.

- Lo sé hija, ustedes son tal para cual…

La hostilidad que hubo en la relación al principio llegó a su fin, sellada por un fuerte abrazo entre ambos. El duque tomó a Candy por las manos y se dirigieron a las habitaciones de Terry, ahora con una sonrisa en los labios.

- Espero que mi nieto sea tan valiente como lo son ustedes dos

- Mi mayor deseo es que sea igual a su padre, pero con mejor carácter…

- Jajajaj… Eso mi Lady es imposible, todos los Granchester lo tenemos de herencia…

- Entonces será un gran problema al lidiar con padre, hijo y abuelo a la vez

- Espero que la paciencia sea una de sus virtudes

- No creo se me ha otorgado esa…

- Entonces prepárese desde ya…

- Veo que están muy amigable los dos…. – Dijo Eleonor al verlos entrar a la habitación en la forma en que llegaron

- ¿Cómo no estarlo? Si mi nuera es una mujer admirable y quien desde ya tiene ha compensado a pedir paciencia como virtud ante la posibilidad de otro Granchester en su vientre

- Candy no tienes por que preocuparte, yo he podido dominarlos a los dos, créeme que te ayudaré si llegara a ser necesario

- Madre, no sabía que tenías esas artes – Dijo Terry mientras despertaba gustoso escuchando la platica entre sus padre y Cany – Esposa mía, ven que deseo desde ya tocar tu vientre y sentir a mi hijo.

- Amor, sabes que tus deseos son ordenes.

- Al parecer es Terry quién la ha dominado…

- No cantes victoria Richard, que nosotras tenemos nuestras armas secretas

- Jajajaja

- Pero hay algo que no entiendo…

- Dime hijo

- ¿Cómo llegué aquí? Es decir lo último que recuerdo es el calabozo del Conde…

Unos pasos de mujer se escuchaban en el largo pasillo del castillo, el trayecto fue largo pero debía hacerlo, era algo que se había jurado hacer y no escatimaría en recursos para hacerlo. Sabía que esta persona le sería de gran ayuda y que juntos podrían llevar a cabo aquello que era su mayor anhelo, vengarse.

La puerta de sombrío estudio se abrió, dando paso a un lugar el cual le ponía la carne de gallina, no sólo la decoración le pareció demasiada difícil de aceptar, por sus tonos tan tétricos, las cabezas de animales colgados en las paredes y por aquellas espadas sobre la silla principal del escritorio que aún poseían sangre seca de alguien.

- Buenas noches mi Lady… Veo que le ha impresionado mi espada

- Sin duda Conde, aun conservan manchas de sangre

- Son para recordar no sólo que siempre gano, sino que también puedo vencer a quien decido

- En eso Conde difiero de usted.

El conde se acercó a besarle la mano y con una mirada fría, como el cazador que va tras su presa le miró ocasionándole una series de sensaciones molestas nunca antes sentidas. Pero aún así decidió continuar con aquella que era su misión.

- ¿En que siempre gano o que puedo vencer a quien decido?

- En ambos… Es bien sabido por estas tierras y todas las aledañas que la Duquesa de Granchester pudo vencerle sin siquiera mover un dedo…

- Fue sólo un golpe de suerte, el cual no ha de durar mucho mi Lady

- Eso espero…

- ¿A qué se debe su visita? ¿O es que acaso vino a cerciorarse que lo que se dice es verdad?

- Vine por que creo que ambos tenemos el mismo deseo

El conde se acercó mucho más a ella, se acercó a su cuello donde pudo oler su perfume, tocó con sus dedos la piel de su cuello y poco a poco la fue bajando hasta su seno.

- Entonces usted sabe cual es mi deseo en este momento mi Lady

- Creo que usted no ha entendido aún mi visita –

Le dijo Susana Marlow sin siquiera moverse, mientras que el Conde Neil disfrutaba al acariciarle sus senos sobre el vestido. Entonces comenzó a besarle el cuello y a desabotonarla mientras ella intentaba hablarle sobre el porqué de su visita. Pero le fue imposible terminar ya que el Conde la tomó bruscamente, levantó su falda, bajo su ropa interior y se introdujo en ella sin importarle en lo más mínimo lo que está estuviese sintiendo o deseando. Bajó la parte superior de su vestido y con brusquedad tomó de sus senos, hasta hacerlos sangrar. El acto para Susana fue uno de los peores momentos de su vida, pero no podía decir o reclamarle nada pues ella misma se había puesto en la boca del lobo. Sólo deseaba que terminase pronto y que de ello no quedará ninguna consecuencia.

Así como comenzó, así mismo terminó, bruscamente la separó de él limpiándose como cuando te ensucias con lodo o con basura. Ya que para él todas las mujeres eran exclusivamente eso basuras que se usaban para poseerlas y luego tirarlas al lado.

- Por un instante pensé que usted podría ser doncella mi Lady… Pero veo que no he sido el primero y según mis investigaciones han sido muchos los que ya han tenido el placer de poseerla.

- Es usted un…

- Usted es la que ha venido a mi… Recuerde

- Entonces que con este acto haya quedado pactado nuestra venganza hacia la Duquesa de Granchester

- Por mí está más que pactado…

- El no ha muerto…

- ¿Qué desea de mi?

- Que la humille, la maltrate, le haga sentir el infierno en la tierra, deseo que le desfigure su cara y que luego la tire a los pozos de excrementos.

- Mmm… Veo que estamos en la misma página mi Lady… Pero hacerle eso es de por sí difícil.. Ya he investigado todas las formas de llegar hacia ella y está bien dificil

- Entonces aquí es donde entro yo mi Lord…