Las verdes praderas y jardines del castillos lucían sus mejores colores durante la época, las flores estaban en su etapa d. En aquel pueblo un aire de tranquilidad y seguridad reinaba ante la noticias y los resultados de los sucesos anteriores. Los días pasaron sin ninguna novedad para la pareja de duques que todo el tiempo estuvieron juntos cuidándose el uno al otro. La servidumbre, nana y sus padres estaban maravillados ante el amor que se proclamaban y demostraban los jóvenes.

Terry se repuso de una forma increíble, sus heridas estaban casi curadas y sanadas, para él saber que pronto sería padre le daba las fuerzas necesarias para lograr estar de pie lo antes posible. Si antes tenía razones por quien vivir y luchar, ahora estas eran aún mayores. Un hijo representaba todo lo que hubo siempre soñado y más aún, un hijo del amor, el amor que florecía cada día más. La idea de ver un pequeño en su casa corriendo y travieso le llenaba de felicidad.

Sin darse cuenta comenzó a entender los actos de su padre y a acercarse mucho más a él. Si bien su padre fue bien estricto y duro, también es verdad que le hubo dado la mejor educación existente en aquella época y para él era esencial poder hacer lo mismo con su hijo. Durante todo el tiempo que estuvo convaleciente sus padres estuvieron presente y la relación entre padre e hijo logra afianzarse al punto que parecían grandes amigos. Su madre disfrutaba largas horas de tejido junto a Candy y nana Pony, quienes desde ya estaban preparando todo para la llegada del futuro heredero de los Granchester.

El pequeño vientre de la joven rubia se comenzaba a notar y sus hábitos hubo cambiado de la noche a la mañana. Ya no era la jovencita imprudente que intentaba hacer las cosas corriendo, vez se sentía tranquila, en paz y con una felicidad difícil de explicar, en pocas palabras se sentía plena.

Por primera vez en varios días el joven duque se encontraba en el amplio comedor disfrutando de un almuerzo que según él era verdadero, carne asada de pollo, res y cabrío; pastas, verduras y licor eran parte del menú que el joven con disfrutaba ya que durante todo el tiempo que estuvo en cama la comida para él fue lo más desabrida que pudo existir.

- Este ha sido el mejor festín que he probado todo mi vida, Pony

- Gracias hijo.

- Es verdad nana te empeñaste en cocinar mejor que nunca, mmm esto está delicioso – decía una Candy que comía como que era lo último que la vida le permitía hacer

- Y si mi glotona esposa lo dice, entonces es verdad… jajajaj

- Eres un odioso Terry… Ya se me ha quitado el hambre

- ¡!Hijo! déjala en paz, una mujer embarazada necesita comer por dos, y ella comerá todo lo que necesite para que mi nieto nazca saludable

- Madre es sólo una broma

- Terry hijo, yo que pasé por esto, créeme con una embarazada y su comida no se relaja a menos que quieras dormir en el estudio por todo el mes… ¿Te acuerdas Eleonor?

- Por supuesto que sí… Aprendiste a no meterte con mis antojos…

- Creo que ya entendí, pero dudo que mi bella esposa me tire fuera de la habitación, pues necesita poner su pie sobre mi para dormirse…

- ¡Terry! Esas cosas no se dicen… - Dijo una Candy toda sonrojada ante aquel comentario

- Jajajaja… A todo esto y ya que por fin estamos todos reunidos… ¿Comiencen a contarme como es que termine en mi cama y como fui rescatado de las manos del conde? Y nada de cambio de conversación… Tu nana, te quedas ahí, y nada de que se te olvidó algo madre…

Todos se miraron, sabían que al contarle la reacción del joven duque no sería buena, pues lo hecho por Candy no sólo rayaba en lo peligroso, sino que en lo absurdo, si se pensaba de una forma racional, cosa que el duque sabía su esposa no lo era. El silencio era muy pesado en aquel lugar, Terry miraba de forma insistente a cada uno, él sabia que le escondían algo y era necesario que le dijeran.

- Hijo creo que la más indicada para hablarte de lo sucedido es tu esposa.

- Padre… No entiendo el misterio. ¿Por qué las caras y el temor?

Candy se levantó de la silla, caminó hacia la ventana, por unos minutos se mente viajó a todo aquello que hubo vivido, el dolor de perderlo, de creerlo muerto, viajar hasta unas tierras desconocidas sola, el presentarse frente al Conde, robar un niño, etc., tanto que no sabía por donde comenzar, pero sabía que tenía que hacerlo. Conocía demasiado a su esposo y sabía que no se detendría hasta lograr obtener toda la información, además sabía que la historia andaba de boca en boca por toda Inglaterra y era cuestión de poco tiempo para que se enterase.

- Terry, es una larga historia…

- Entonces comienza Candy, tengo toda una eternidad para escucharte…

- … Cuando… Cuando no llegaste junto con los demás, a mi corazón llevó un velo negro ante la posibilidad de que estuvieses muerto y que te perdiera para siempre

- Continua… - Dijo el joven inclinándose hacia delante y colocando sus codos sobre la mesa y a su vez el mentón sobre sus puños.

Poco a poco entre lagrimas y con una voz entrecortada la joven comenzó a contar su historia, todos los allí presente se limitaron a escucharla y mirarla con admiración, dolor y mucho amor. Candy caminó de un lado a otro mientras sostenía su barriga y contaba aquel episodio de su vida como si fuese la historia de un libro. Con cada relato Terry apretaba más sus puños y más su cara daba a entender que no estaba a gusto ante lo contado.

Durante todo el relato la cara del joven duque cambió de una forma que ella misma tuvo miedo al notar que no existía ninguna expresión en ella. Si bien ella sabía que él la amaba, estaba el hecho del fuerte temperamento del mismo, cosa que ella conocía muy bien al igual que sus padres y nana.

Candy terminó todo el relato entre lagrimas y nervios. Trató de calmarse a sabiendo que no era bueno para su hijo y entonces le miró esperando la peor de los castigos por parte de su esposo. Una mano tocó la del joven duque y al sentir miró y entonces se encontró con unos ojos azules zafiros que le decían tanto, que le pedían tanto y que él entendía sin necesidad de hablar, más sin embargo la dueña de los mismo tuvo la necesidad de confirmar que el entendía aquello que sus ojos le revelaban.

- Hijo recuerda su estado – Fue la voz de su madre

El joven luego de mirar a su madre se levanto de la mesa y se dirigió a su esposa, esta temblaba ante lo que su esposo podría hacerle. Miró sus ojos y por primera vez en mucho tiempo no pudo entender y ver lo que existía en el alma del joven. Al llegar se colocó frente a ella, la miró sin siquiera abrir sus labios. Fueron solo unos segundos, pero para la joven fue una eternidad, quien de forma protectora cuidaba sus barriga con sus manos.

Terry vio el miedo y nerviosismo de su esposa, en otra oportunidad estaba seguro que le castigaría como nunca en su vida lo habían hecho. Lo que ella hubo hecho era algo irracional, peligros no sólo para ella, pero para su futuro heredero. Con sus manos levantó la barbilla de la joven, con la otra limpió sus lagrimas y entonces sus ojos volvieron a retomar aquel azul zafiro que ella tanto amaba.

- ¿Sabes que lo que has hecho estuvo mal verdad?

- Yo.. Si

- ¿Y sabes que no volverás hacerlo o cualquier cosas que ponga tu vida y la de mi hijo en peligro?

- Anja…

- Candy, no sé si molestarme contigo por tus atrevidas y locas acciones o simplemente besarte y agradecerte todo el amor que me tienes. Tu sabes lo que significas para mi y si algo te pasa a ti o a nuestro hijo yo sería el más afectado. Quiero pedirte que cualquier cosa que suceda tu cuides de nuestro hijo y de ti como lo que son: mis mas grandes tesoros…

Candy yo te amo, y te entiendo pues yo hubiese hecho lo mismo y más en tu lugar, pero ahora no se trata sólo de nosotros, tenemos que cuidarnos ambos para que nuestro hijo esté bien. .. Te amo mi duquesa de hierro.

- Yo también te amo, mi duque de hierro

Diciendo esto último Terry se apoderó de sus labios sin importar la presencia de sus padres y los demás allí presentes. Eleonor estaba alegre ante como su hijo hubo reaccionado y esperaba que estos cambios en su carácter se quedaran por mucho tiempo. Richard al verlo se acordó tanto de sí mismo ante el hecho de ser padre y como su vida cambio cuando supo de que su amada Eleonor le brindaba el regalo más preciado que un hombre puede tener: su hijo.

- ¿Saben que me hubiese gustado?… - Dijo Terry volviéndose a su padre y quien tenia aún a su esposa abrazada

- ¿Qué?... Hijo pregunto Richard

- Verle la cara al Conde cuando Candy salió triunfante de aquel lugar. jajajaja

- El problema hijo es que tu sabes que el no se quedará de manos cruzadas

- Y yo le esperaré para demostrarle por que con los Granchester no se juega

Luego de aquella larga confección de la joven la familia disfrutaba de una agradable tarde en el estudio planeando los futuros eventos y revisando las cuentas de las ultimas transacciones que hubo ocurrido en los negocios. Por su parte y aunque se encontraban en el estudio, las mujeres seguían inmersas en los preparativos del nacimiento del futuro heredero Granchester.

- Disculpe duquesa tiene una visita

- ¿Una visita? ¿Quién? No estoy esperando a nadie en estos días

- Es Lady Marlowe… ¿Le hago pasar?