Los ojos verdes de la joven duquesa miraban a su marido tratando de encontrar respuesta sobre si debía o no atender a la sorpresiva visita. El mayordomo esperaba de pie con sus enguantadas manos detrás de su espalda y con la vista fija en la bella mujer de dorada cabellera; que se hubo ganado el corazón de su patrono, quien antes de ella era casi imposible verle sonreír.
- ¿Qué desea esa mujer. - Dijo Richard sin muchos miramientos en sus palabras y menos en el tono molesto en el que se refirió a ella.
- Tranquilo amor, dejemos que Candy decida, ella es una mujer de mucho carácter y sabrá cómo tratarla - Fue la opinión de Eleonora mientras trataba de bajar un poco el ánimo de su esposo, pues esta conocía que Richard no tenía pelos en la lengua cuando alguien no le gustaba. Tocó suavemente el hombro de su esposo como siempre hacía cuando quería expresarle que se tranquilizará sin que nadie más que ellos entendieran. Sin embargo, su hijo quién era muy detallista lo notó desde que era apenas un jovencito y era castigado por su padre por cualquier travesura.
- Sabes Candy que lo que decidas hacer siempre tendrás mi apoyo - Dijo Terry tomando la mano de su esposa y besando la parte superior de la misma. Candy respiró profundamente, pues cada vez que sentía los labios de su esposo en su piel, una lluvia de corriente recorría todo su cuerpo y aunque estuviese quien fuera su sonrojadas mejillas siempre aparecían para darle placer a aquel duque que adoraba verla sonrojarse.
- Hágala pasar al estudio por favor. - Dijo la pecosa mirando con su ya conocida sonrisa a su mayordomo
- Disculpe su gracia, pero Lady Marlowe ha pedido que el Duque también esté presente
- ¿Yo¿ ¿Y que tengo yo que ver con ella? - Dijo Terry poniéndose de pie apresuradamente y mirando a su esposa
- Sea lo que sea, Terry, vamos y salimos de ella. No me gusta nada que me traiga intranquilidad - Exclamó la joven rubia en un tono muy molesto
El joven acercó su mano a su joven esposa para ayudarla a caminar y siguiendo con toda la caballerosidad que siempre esté poseía, en especial para ella, que se hubo convertido en el centro de su todo.
Los ojos azul celeste de la rubia miraban y analizaron cada detalle de aquel lugar, sus enguantados dedos tocaban de forma suave cada objeto que pudiese llegar hasta ellos, sin ningún reparo se acercó hasta la silla, que se imaginaba era de él, ya la acaricio como hubiese querido acariciarlo a él.
Debía confesar que de todos los hombre que hubo conocido, este, era sin lugar a duda él único que le había despertados sentimientos de amor. Al principio creyó que todo era por el poder y dinero que este poseía, más sin embargo, poco a poco puda darse cuenta que lo querría para ella y que muy a pesar de que éste nunca le hizo caso, ella tenia guardada la esperanza de que sí, el algún día la llegaría a amar.
Sé sabía lo suficientemente bella como para atraer la mirada y los deseos de muchos nobles, algunos de los cuales hasta llegaron a ofrecerle un título, pero muy por debajo del que ella anhelaba, el de la Duquesa de Granchester.
En su mente pensamientos de envidia y deseo cruzaron. Cuanto deseaba ser aquella que ahora le podía tocar, besar y amar de la forma en que ella jamás lo haría; pero fueron rotos al escuchar como la puerta se abría, dando paso a aquellos que necesitaba con urgencia hablarles.
- Lady Marlowe - Dijo Terry dejando una de las manos que traía sobre la de su esposa y tomando la de la joven ojo azul para besarla, como se acostumbraba al tener que saludar a una dama. Sin embargo este solo pudo hacerle una breve reverencia ya que un pequeño dolor en su otra mano le hizo detenerse. Y no fue para menos ya que al ver que su esposo pensaba besar aquella mano, Candy, pellizco la otra mano que aún sostenía la suya para evitar que esto pasara. Haciendo que el duque soltará de inmediato la mano de Susana y volviendo a su, lugar, el lugar junto a su esposa.
Terry la miró y una chispa de alegría brilló en sus ojos, realmente ella, su esposa podría estar celándolo, no es que durará de su amor, es que el saber que era tan obvio le llenó de alegría. Saber que ella era capaz no sólo de dar su vía por él en algo como lo que hizo, sino, que sin importar cual fuera la situación, ella estaría ahí para él, su mujer ahora su cómplice, era la perfecta combinación que siempre hubo soñado y si tuviese que volver el tiempo a aquel poblado escoces donde la conoció, lo haría sin dudar repitiendo cada uno de sus movimientos con tal de tenerla como hoy, su esposa.
- Lady Marlowe- Dijo Candy mientras la joven hacía una reverencia a la joven duquesa. - no voy a ir con cortesía - Dijo Candy, mientras se sentaba junto a su esposo - ¿Qué desea?
La joven rubia guardo silencio por unos segundos, no tenía ni idea de cómo comenzaría aquel relato de su vida durante las pasadas semanas. Cómo explicar todo lo vivido y saber que en las manos de ellos se encontraría, pues fácilmente podría ir a la cárcel por haber sido cómplice del enemigo de la reina. Pero su dolor fue tan grande y su deseo de venganza por igual que sabía debía hacerlo, él tenia que pagar y sólo Terrence podía hacerlo.
- Tampoco está es una visita de cortesía duquesa, créame que si la estoy haciendo es por qué no deseo que le suceda a usted lo que recientemente me ha sucedido - Dijo la rubia ojos azules, mientras se sentaba y sostenía ambas manos de forma nerviosa
- ¡Explíquese! - Dijo el duque al mirar los nervios en aquella joven y su cara de dolor. Una punzada atravesó su corazón y entendió que algo andaba mal y que tenía que ver con su esposa. Desde siempre se mantuvo alejado de ella, pues sabía el tipo de mujer que era y de las tantas camas que noche tras noche anduvo, todos los caballeros admiraban su belleza, pero también sabían de lo fácil que era llevársela a la cama y luego dejarla en el olvido. Sin embargo, esta vez frente a sus ojos estaba una mujer muy distinta. Su altanería y orgullo habían desaparecido, dando paso a esta que moría de los nervios en su presencia.
Recordó por segundos las tantas insinuaciones que le hizo para compartir su lecho, las veces que se le hubo aparecido en su castillo con la estúpida excusa de una visita casual. Y aquella vez estando solos en el estudio, donde hoy mismo se encontraban, ella se acercó a él, le besó y luego le dijo que le amaba.
Su asombro fue tal que por segundos quedo inmóvil y sin poder siquiera decir una sola palabra por sus labios, pero, en cuanto reaccionó le tuvo que aclarar que él nunca había estado interesado en ella, de ninguna forma que no fuese basada en la cordialidad que debe brindarle un caballero a una dama.
La rubia mujer se molestó ya que nunca antes hubo sido rechazada por nadie, ningún hombre sin importar el titulo, dinero o posición social hubo rechazado a la joven y este se convirtió en el primero y el obsesión más grande de la joven mujer.
- Yo, yo…. Yo perdí a mi hijo… - Dijo la joven mientras lágrimas salían por sus ojos haciendo que toda su vista se empañara. Ni Candy, ni Terry supieron qué hacer. Nadie le informó del matrimonio de la joven rubia y menos de su embarazo. ¿Entonces el corazón de Candy brinco al ver cómo ella lloraba ante la pérdida de su hijo? Tocó su vientre y sintió un escalofrío en todo el cuerpo
- Yo estaba embarazada – Volvió a decir al notar la cara de asombro de ambos duques.
Lo sé cortito, pero ya he vuelto y quise subir este por lo menos para animarme a continuar… Gracias por sus comentarios..
