Parte 5
El príncipe heredero de Kripton conocía de intrigas tanto como de batallas, era hijo de Luthor y había heredado algo de su naturaleza, aunque para la mayoría fuese más parecido al soberano de Kripton, Kon El tenía la inteligencia de Luthor y su peligrosa visión para los juegos políticos de palacio.
Era un príncipe al fin y al cabo.
De ahí que al momento de inclinarse a besar los labios fríos del príncipe de Gotham, su mente voló un poco más lejos a las conversaciones que tuviera con Alexander Luthor, recordó la belleza de su mirada y el helado viento que había soplado contra él, congelándole el alma.
Entendía, por supuesto, que si los movimientos de su padre daban fruto serían Lois Lane y su hijo los que perecerían antes de su partida y que el firmaba dicho trato, y se mostraba de acuerdo, al besar al frio heredero que un día, si sus planes iban como deseaban, soberano completo de Tenebra.
Sería una nueva era, evidentemente, si ambos lo lograban.
Paz.
No la paz tensa y siempre al borde de la muerte que era la paz en esos momentos, sino una verdadera, una sin guerras, sin naves listas para zarpar a la guerra a la mínima provocación.
Pero no era tonto, había que recordar que Bruce Wayne y Kal El lo habían intentado también, y como Kon y Damian habían llegado a ser amantes, al final la negativa de Wayne a someter la tez y unir los dos reinos había sido causa de enfrentamiento y posteriormente su muerte, cuando la intriga de los otros aspirantes a la corona se habían unido a aquellos que odiaban a Wayne por ser amante de Kal El.
Ser, por tanto, amante de Damian, los pondría a ambos, tal y como dijera el más joven, en una situación desagradable, Damian deseaba la corona de Tenebra, y deseaba gobernar solo, cerró los ojos un poco más sintiendo los labios contrarios tensos bajo los suyos, quietos como estatua, se preguntó si lo mejor era dejarlo en paz... sentía una frialdad hiriente en los helados labios del príncipe de Gotham.
Tras largos segundos, y ya creyendo que todo era inútil, estuvo a punto de alejarse, en el momento exacto en que Damian movió, muy levemente, los labios correspondiendo su beso.
Era un gesto lánguido, dado sin gran fe ni voluntad, parecía estar preguntando si lo que hacían estaba bien, y no era del todo cosa extraña pues ambos sabían que si continuaban se arriesgaban y no poco... y por otro lado Damian era joven aun, ambos lo eran, pero aquello que hicieran aquella noche se cobraría caro si en un futuro el amor y el deseo se tornaban en desdén, odio y rencor.
Era una apuesta arriesgada y aun así la hizo, bajo ambas manos hasta envolver el pecho contrario entre sus brazos y su amante elevo los brazos hasta su cuello, el pensamiento, adivino la fría caricia de sus heladas manos contra el calor de la piel de su cuello desnudo, estremeciéndose enseguida a causa de la sensación, volviéndose el beso más profundo y adivinando al último de los Wayne cerrando sus ojos.
Se separaron unos minutos más tarde, un brillo casi demoniaco habitando los ojos del príncipe de Gotham.
No era un niño, obligado a asumir deberes que ni aun los más viejos estaban listos para asumir, en sus ojos habitaban la sabiduría y pasiones menos honradas.
Su boca brillaba en sangre y también el ansia se le delataba en la mirada, la silla donde estaba sentado asemejaba un trono y Kon El no era ignorante de que había tratado de insinuar con el ambiente el más joven, el escenario había hecho ver a Damián como alguien inalcanzable, pero no había resultado más que un reto para él, príncipe heredero al fin y al cabo, acostumbrado a obtener la mayoría de las veces.
-Os arrepentiréis algún día –anuncio, removiéndose en el sillón para levantarse, Kon retrocedió para verlo elevarse cuan alto era y retrocedió algunos pasos para poder verlo aún, se permitió una sonrisa cuando susurro.
-Nunca, y , si algún día lo hago, me arrancare del pecho el corazón–juro.
El joven se permitió una sonrisa extraña, casi irónica, al avanzar hacia él, era de noche y nadie, ni en la corte de Gotham, ni en la del heredero de Kripton, los esperaban despiertos.
-Acompáñame entonces–ofreció, saltándose la separación que la etiqueta les había exigido hasta entonces –no hay nadie en mi recamara ahora –la invitación de sus ojos era diferente a las que él acostumbraba, había dominio en sus ojos y Kon pocas veces había admirado tal cosa en sus amantes, aun así asintió acercándose una segunda vez a él, sintiendo en sus labios un amor diferente de cuantos acostumbraba.
Cada beso suyo era tocar el cielo y el infierno en un solo instante... que duraba una vida.
Fin
(historia finalizada en febrero del 2018)
