Las velas que había en la habitación se apagaron y por fin, tras un largo día, pudieron darse el lujo de tumbarse en los colchones que la maga de Alvarez les había proporcionado, aunque Natsu y Gray tuvieron que trasladarlos al comedor porque que la estancia donde se encontraban las chicas no era lo suficientemente espaciosa.

—¿Estará bien quedándose sola en aquel lugar? —se interesó Wendy tapándose con la sábana.

—Ella es la mujer más poderosa de Alvarez, es reina, es un dragón, es una segunda Erza…creo que hay razones suficientes como para no tener que preocuparse por ella, Wendy—intentó calmar la Haertfilia después de enumerar con los dedos los numerosos logros de la adulta pelirroja. Aunque la Scarlet no pareció sentirse demasiado alagada por lo último que mencionó Lucy ya que el hecho de parecerse a la Belserion no le resultaba demasiado enorgullecedor…¿o sí?

—Lo sé, pero aun así…no hay que olvidar que los de Alvarez la están buscando—la peliazul se sentía realmente angustiada por la maga que apenas conocía, pero había algo en ella que la hacía sentir valiente y con coraje para enfrentarse a cualquier cosa. Simplemente Wendy no quería que algo malo le ocurriera a la que en su día fue Reina de Dragnof.

—Ella va a estar bien.

Aquello fue suficiente como para hacer que Wendy y Lucy dieran media vuelta en sus colchones y dirigieran su sorprendida mirada hacia la Titania, que les daba la espalda a pesar de saber con certeza que los ojos de sus amigas estaban clavados en ella. Ciertamente no supo porqué dijo aquello, esas palabras simplemente salieron de su boca casi automáticamente y retumbaron con fuerza dentro de ella. Erza era conocedora del gran poder mágico de la mujer en la que estaban confiando sus compañeros y en la que ella hacía el esfuerzo también. Lo único que deseó en ese instante fue agarrarse a las convincentes palabras de la Belserion y creer fervientemente en ella.

La maga de la armadura recordó la breve conversa que tuvo con su progenitora al salir de las aguas termales y, por una razón totalmente desconocida, sintió un sabor amargo cuando ella le transmitió que no significaba nada a pesar de ser su única hija. Erza sabía que ella había cambiado, ya no mostraba con tanta frecuencia aquella mirada cargada de ansia y locura además de haberse atrevido a pedir la ayuda de su familia, pero en lo referente a su relación materno filial la pelirroja de largas trenzas no había cambiado su forma de pensar. Tal vez tuviera razón y fue el delirio el que la tomó presa en el momento de su suicidio hasta tal punto de susurrar algo tan irreal como era el amor que le profesó durante más de cuatrocientos años.

Erza prefirió no adentrarse más en esos pensamientos y decidió intentar descansar y reponer las energías tan necesarias para poder defender a sus mejores amigos y a aquellos que la hacían sentir completamente viva.

….

La luna aun no había pasado a la siguiente fase y por lo tanto seguía tan llena como hacía unos días atrás siendo lo suficientemente brillante como para ser capaz de alumbrar el oscuro territorio de Alvarez que predominaba en la noche.

August aún no había cambiado sus ropajes, no se sentía con ganas de irse al dormitorio. El mago se mantuvo observando al horizonte a través del gran ventanal de su inmenso despacho pensando en los acontecimientos pasados y en cierta Spriggan. Apretó su mandíbula al recordar su último enfrentamiento con ella y cómo casi cayó derrotado ante la poderosa magia de la Belserion. Definitivamente había mejorado sus aptitudes desde la última guerra contra Acnologia y las tierras de Ishgar.

El ligero golpeteo contra la madera de la alta puerta de la estancia en la que él se encontraba lo sacó de sus pensamientos, y no fue demasiado complicado adivinar de quién se trataba.

—¿Me permite el paso, General? —la neutra y educada voz de Invel resonó desde el fondo de la sala.

—Adelante Invel, ¿me traes noticias? —tal vez su intención fue algo desesperada, pero sus expectativas por encontrar a la Desesperación Escarlata eran demasiado altas.

—No señor, siento comunicarle que respecto a Eileen-sama aún no tengo información, pero enseguida que la consiga se lo transmitiré de inmediato—respondió el mago de hielo intentando no enfadar al líder de los Spriggans.

—Me pesa decirlo, pero ahora es una amenaza para nuestro imperio. Se atrevió a robarnos esos huevos de dragón y eso es algo que no puedo consentir—comentó August apartando su mirada de la ventana y profundizándola sobre los orbes del chico, que no mentó palabra alguna al respecto—Y bien, qué es lo que ocurre.

—Verá…se trata del tema de los huevos de dragón. Me gustaría saber si usted confía en el gremio que nos los entregó—a medida que fue avanzando en su pregunta fue disminuyendo el tono de voz. Invel no quería poner en duda el criterio del viejo Spriggan, pero desde hacía días que aquella cuestión le había estado rondando por la mente.

—Invel, los que me los entregaron eran fieles a nuestro fallecido Emperador. No veo el motivo por el cual dudar de ese gremio—respondió el sabio anciano cruzando sus manos tras su espalda.

—Muchos de los gremios oscuros que eran fieles al señor Zeref han tomado la ley por su mano sin importarles la ética de actuación que caracterizaba a nuestro Emperador—comentó Invel metiendo sus manos en los bolsillos de su pantalón—tal vez no nos aporte ningún beneficio tener en nuestro poder a semejantes monstruos.

August endureció su mirada, a lo que el cónsul intentó sostener fallando en el intento. Ahora se encontraba cabizbajo y dominado ante la intimidante presencia del amo y señor del imperio de Alvarez.

—Criar a esos dragones nos da la posibilidad de fortalecer nuestras líneas de combate y mejorar la defensa y el ataque de nuestro ejército. No veo el porqué no intentarlo—se atrevió a decir el hombre mayor volviendo a darle la espalda al otro mago, que tras pasados unos segundos por fin se decidió a hacer una leve reverencia.

—Sus palabras son órdenes para mí. Encontraremos a Eileen y la traeremos de vuelta.

El mago de hielo volvió a inclinarse ante la presencia de August antes de abandonar la estancia. El otro mago dirigió otra vez sus caídos ojos hacia la luna llena y, bajo su reflejo en el cristal, vio un atisbo de su propia sonrisa motivada por la gran confianza que tenía en sí mismo.

—Te vas a hundir tú sola, Eileen.

….

Aquella mañana madrugó…o mejor dicho, madrugaron. La brisa matinal que recorría sus torsos desnudos ayudó a secar ligeramente las gotas de sudor que caían por sus pieles. Hacía tiempo que no entrenaban con tanta emoción, y el hecho de no haber realizado ningún trabajo complicado desde que acabó la guerra los había hecho perder algo de agilidad. Al fin y al cabo aquellos dos magos disfrutaron junto con sus amigos unas merecidas vacaciones.

—¿Se te está apagando la llama, Natsu? —comentó el mago de hielo con sorna en su voz.

—¡Ya quisieras tú!—las flameantes llamas volvieron a rodear los puños de Salamander para después volver a atacar de nuevo.

Los golpes no cesaron, pero aquello les divertía. Natsu y Gray disfrutaban combatiendo y midiendo las nuevas fuerzas que habían conseguido al enfrentarse a Acnologia y a Zeref.

—Sí que han empezado temprano a entrenar.

Wendy se asomó por la pequeña ventana que daba a la explanada de la casa y mediante la cual pudo ver los rápidos movimientos de sus dos compañeros.

—No paran quietos, con lo bien que se está en la cama…cualquiera entiende a los hombres—Lucy por su parte se acurrucó a si misma disfrutando de los últimos minutos de sueño.

Y de hecho le hubiera encantado alargar más el momento de no ser por el tremendo ruido que hizo que tanto la maga celestial como sus otras dos compañeras brincaran de los colchones.

—¡Qué es eso! —Erza de inmediato observó a través de la ventana en la que estaba Wendy.

De pronto el blanquecino y espeso humo que se formó en el lugar borró cualquier oportunidad de poder ver a través de éste qué había causado la explosión. Natsu y Gray adoptaron enseguida la posición de defensa esperando cualquier iniciativa de ataque por parte del causante de aquello.

—Esto sí que es una sorpresa.

Aquella voz ya la habían escuchado antes.

—Hace demasiado tiempo que no nos vemos y no has cambiado nada la manera tan patética que tienes de pelear, tío Natsu—la luz incandescente que se hacía paso entre la humareda y la voz del individuo que soltó el atrevido y provocador comentario despertó les sentidos del Dragneel.

Allí estaban. Ellos, los tres elegidos por August para entablar una negociación con la Desesperación Escarlata se llevaron una grata sorpresa al encontrarse con sus antiguos enemigos y aquellos que se atrevieron a enfrentarlos.

—Vaya, el escupe fuego y su otro amigo. Qué raro que-

—¡Natsu! —Lucy acompañada de sus otras dos compañeras ya vestidas con sus usuales atuendos se posicionaron al lado de los que recibieron el ataque.

—Ya decía yo que no era normal que la rubia tonta se hubiera quedado en casita—Dimaria comentó con sorna clavando su mirada sobre la maga celestial.

—¡T-tú! —la Heartfilia se limitó a exclamar señalando a la Spriggan con su dedo índice.

—Dimaria, no olvides que ella te venció—la conocida voz de la que en su día fue aliada de Fairy Tail por fin hizo presencia captando toda la atención de Lucy.

—¡Brandish!

—¡Lucy! —exclamó de forma burlona la otra Spriggan imitando de mala manera a la integrante de Fairy Tail—aún sigues igual.

No fue necesario ser adivino para suponer de quién era el cabello rojizo que se mecía suavemente debido a la brisa de la mañana, y tampoco fue necesario ser adivino para saber a quién pertenecía la intensa mirada que estaba postrada sobre los tres Spriggans. Era la misma que la suya y simplemente el hecho de recordarla hizo que su piel se erizara.

—Mentiría si dijera que tampoco me sorprende que esa esté aquí—comentó Dimaria paseando sus orbes por la figura de la Scarlet una vez que recuperó el control de sus emociones.

—No es posible que Eileen se aburra tanto como para necesitar la compañía de estos magos de poca monda—habló Larcade torciendo su angelical sonrisa.

—Hablando de Eileen…me parece de muy mala educación que no reciba a sus adorados compañeros—dijo Dimaria cambiando su panorámica intentando buscar a la desaparecida Desesperación Escarlata.

—Qué demonios queréis—exigió Gray dando un paso hacia delante.

El rayo de luz que fue lanzado a toda velocidad hacia el mago de hielo fue bloqueado por los pelos gracias a la invocación de un gran escudo helado de ese modo protegiendo al resto de sus compañeros.

—¡Maldición! —se quejó Natsu repeliendo con sus llamas la metálica cruz que solía llevar colgada el Dragneel Blanco a sus espaldas y que le lanzó a modo de boomerang.

—Veréis, no tenemos demasiado tiempo así que o nos decís donde está escondida Eileen o nos veremos obligados a tomar represalias—advirtió Brandish descruzando sus brazos queriendo aparentar que ella también se uniría a la pelea si los magos de Fairy Tail no obedecían.

—Para que la queréis—Wendy no fue menos y también se atrevió a encarar a aquellos poderosos magos.

—No te metas en asuntos de mayores, niñita.

De nuevo otro rayo de luz, origen del cual era la magia del sobrino de Salamander, fue directo a su blanco y de nuevo fue repelido por el rápido movimiento de la espada de Erza.

—Oh, además de hacerle una visita a mamá también es tan simpática que hasta se atreve a pelear contra nosotros—Dimaria realmente estaba provocando a los magos del gremio más fuerte de Fiore gracias a su ironía, pero esa vez fue la pelirroja con quién se enzarzó la Spriggan.

—No lo repetiré magos de Fairy Tail ¡Dónde está Eileen!—Brandish alzó su voz queriendo que ellos les dieran una respuesta de inmediato. Ni al final de la guerra quiso hacer daño a ese gremio ni en ese preciso instante tampoco era ese su deseo, pero no le quedaba más remedio que poner algo de presión al sus palabras.

—No insistas más, Randi. ¡Están pidiendo a gritos que este sea su cementerio!—vociferando aquello la rubia Spriggan desenvainó inmediatamente su vasta espada y se dirigió a toda velocidad hacia Erza, que hizo lo propio.

El choque del metal se oyó y las chispas que saltaron ante el brusco roce de las espadas se reflejaron en los brillantes y encendidos orbes de ambas magas.

—¡Erza! —la voz de Natsu se oyó con fuerza y con algo de espanto ante la osadía de atacar a un Spriggan sola. Por ser la hija de la Belserion tal vez los Spriggans la consideraran un blanco vulnerable y aquello los podía hacer más vulnerables.

—¡Eh, tú conmigo! —el Dragneel Blanco no dudó en encarar a su familiar, que masculló entre dientes maldiciendo al otro mago.

—¡Natsu, te cubro! —Gray enseguida le dio forma a su magia de hielo transformándola en varias lanzas que fueron directamente hacia el hijo de Zeref.

—¡No es justo que mi padre te quisiera más a ti! ¡He estado esperando desde esa maldita guerra para poder volver a pelear y hacerte pagar por lo que nos hiciste tú y tu condenado gremio! —la sádica mirada que en esos momentos se reflejaba en los orbes de Larcade demostró la ferviente necesidad de enfrentarse al hijo del Dragón de Fuego y vengarse.

—¿Ah sí? ¡Pues toma leña de la buena! —los puños de Natsu se encendieron golpeando al mago obligándolo de ese modo a retroceder.

—Te va a salir caro, tío Natsu—susurró por lo bajo el rubio apartando la ligera sangre que le empezó a correr por la comisura de su boca por culpa del ardiente puñetazo que le había atestado el Dragon Slayer de fuego.

Los espadazos que Dimaria enviaba a la Titania eran demoledores, aunque la pelirroja lograba bloquearlos junto con la ayuda de Wendy y Lucy. Erza era consciente de que aquella mujer había combatido contra su amiga Kagura y que no debía subestimarla.

—Eileen os ha abandonado a vuestra suerte, rendíos ya de una buena vez—habló con desprecio la maga de Alvarez relajando esta vez el brazo que empuñaba su arma queriendo disfrutar de las expresiones de rabia de los de Fairy Tail.

—¡Brandish, detén esto! ¡No tiene sentido pelear y lo sabes! —Lucy vociferó desde lejos posicionándose en otro ángulo estratégico para poder respaldar a su compañera.

—Por mi parte no voy a luchar, pero mis amigos pueden hacer lo que les plazca—la Spriggan recostó su espalda en uno de los árboles que rodeaba la casa mientras cerraba sus ojos queriendo volverse ajena al tema.

—Si no quieres morir...más te vale saber defenderte bien, Titania.

—¡Erza, ten cuidado con su magia! ¡Ella sabe parar el tiempo! —Wendy se apresuró a notificarle antes de que el ataque la pillara desprevenida. La peliazul tembló durante unos segundos por culpa del recuerdo de su amiga Sherria, que sacrificó su propia magia para protegerla.

—Maldita niña...¡muere! —esta vez el blanco cambió y Dimaria se juró a si misma que su ataque cerraría la boca de aquella chivata.

—¡Wendy! —esta vez no iba a llegar a tiempo, esta vez no estaba ni Lucy ni ella misma a su lado para evitar el golpe. No era cuestión de subestimar a la Dragon Slayer del Cielo pero erza vio pasar por delante de sus ojos la muerte de la pequeña niña si ella misma no lograba evitarlo.

Como último recurso la Scarlet lanzó su espada hacia la Spriggan intentando por todos los medios ser capaz de despistarla y que Wendy pudiera evadir el ataque pero no lo logró, o al menos no su espada.

La ola de magia que invadió el lugar fue suficiente para captar la atención de los tres Spriggans a la vez y obligarlos a tomar una distancia prudencial con los magos de Fairy Tail deteniendo cualquier intención de ataque. Los dilatados ojos de Dimaria, Larcade y Brandish, que esta vez se irguió completamente preparándose seriamente por si esta vez tenía que intervenir, observaron con estupefacción cómo empezó a descender lentamente de entre los rayos del sol el bastón de detalles felinos que sostenía el cuerpo humano que se atrevió a interrumpir los combates.

Sus piernas cruzadas dejaron mostrar gran parte, o mejor dicho, completamente sus muslos mientras su capa ondeaba ante el viento, al igual que la falda que llevaba bordado el escudo del Imperio de Alvarez. Y bajo el peculiar sombrero que ensombrecía su rostro destacaba el color de sus labios mientras que a su vez se mantenían encendidos los luceros que podían matar de una sola mirada.

—Habría preparado un té si hubiera sabido que vendría visita—ironizó con voz despreocupada desde lo alto la mujer más poderosa de Alakitasia.

Larcade relajó su postura sin dejar de cambiar su expresión de fastidio, Simaria dio otro paso atrás intimidada por su mera presencia y Brandish tragó saliva rezando internamente para que la Desesperación Escarlata estuviera calmada.

—Eileen-san…—Wendy musitó por lo bajo agradeciendo la oportuna llegada de la madre de su compañera.

La Belserion se encontraba levitando unos metros más arriba de las cabezas de los integrantes del gremio de Fairy Tail, que se habían propuesto ayudarla, y lentamente fue descendiendo hasta posicionarse delante de la Dragon Slayer más joven aún sin tocar con sus pies en el suelo.

Erza sentía como las gotas de sudor corrían por dentro de su armadura debido al esfuerzo que había hecho combatiendo con Dimaria, pero pudo suspirar con disimulo. Sería una hipócrita si negaba que no se sentía más tranquila ahora que había llegado su madre.

—Por norma general mi casa suele estar limpia y ordenada, pero…—paseó su mirada con lentitud de lado a lado inspeccionando el desastre que habían ocasionado los ataques de magia, haciendo destrozos a los árboles que rodeaban su hogar y al terreno previamente cubierto de hierba y que en ese instante era de consistencia completamente terrosa—…lo que habéis hecho simplemente es una mierda—finalizó la pelirroja con una de las sonrisas más sádicas que sabía hacer.

En el momento en que sus tacones se posaron sobre el suelo la vibración a través del subsuelo se notó hasta tal punto de que algunas rendijas crujieron en la tierra. Su magia era asombrosa y la frecuencia cardíaca de los demás Spriggans aumentó considerablemente, estaban nerviosos y durante unos segundos se preguntaron a sí mismos si habían hecho bien en ir a negociar con la Reina de los Dragones. Los de Fairy Tail sintieron un escalofrío recorrer sus espaldas cuando sintieron tal poder.

—Definitivamente tengo que luchar contra ella cuando esto termine—dijo Natsu sonriendo de medio lado abrumado por la motivación interna que lo recorría.

—Mejor ayúdame a pagar mi alquiler—bromeó Lucy sacándole la lengua.

—¿Gente, por qué no nos dejamos de tantas risitas y atendemos? Creo que esto se está poniendo serio—advirtió Gray volviendo a fijarse en los movimientos de sus enemigos.

—¿A qué se debe el placer de esta visita? —inquirió Eileen aparentando desconocer el verdadero motivo que había llevado a esos Spriggans a viajar hasta su hogar.

—No sabía que la edad habría pasado factura a tu memoria, pero aún así te lo recordaré—se atrevió a decir Larcade, aunque la fría y asesina mirada de la Belserion se clavó cómo miles de ajugas en los del mago.

—Te voy a dar un consejo Larcade…si quieres vivir más segundos de los que pienso concederte será mejor que midas tus palabras—estaba claro que la pelirroja no se andaba con chiquitas.

Erza miró de reojo a la mujer que intervino por ellos y llegó a la conclusión de que había hábitos que no había cambiado desde su combate con ella hacía unos meses atrás, como lo eran sus amenazantes respuestas. Aunque sonrió internamente ante el comentario último de la mujer.

—Dónde están los huevos de dragón, Eileen—esta vez fue la voz de Brandish la que captó la atención de la otra maga, que observó atentamente a la discípula de August antes de contestar.

—¡Ah, eso! Mmm…creo que la memoria me falla—bromeó Eileen primero sobándose su barbilla simulando pensar acerca del tema para después reír inmediatamente al ver los rostros de frustración de los demás Spriggans. Los magos de Fairy Tail casi se contagiaron por el peculiar humor de la Belserion. —¿Por qué no me ayudáis a recordar? —su voz retadora vino acompañada del suave gesto de su mano, que se elevó hasta la altura de su mirada apuntando a los magos de Alvarez. Y entonces la explosión que siguió al movimiento fue más que tremenda.

La gran humareda que se formó en el lugar se dispersó un rato después permitiendo dejar que se oyera la tos seca de los Spriggans que habían allanado su hogar. Inmediatamente recuperaron la compostura.

—Espero que con esto quede claro que no quiero ni hablar del tema ni que estéis aquí, así que sed buenos, obedientes y hacedme caso. Volved a Alvarez y decidle a August que no tengo intención ni de negociar con él ni de volver a la Élite. —habló con autoridad la pelirroja de largas trenzas sin titubear ante la mención del nombre del General del Imperio.

—Por favor, no queremos pelear….sólo vuelve a Alvarez y habla con August. Estoy segura que puedes llegar a una acuerdo que beneficie a todos—Brandish se dispuso a transmitirle sus verdaderas intenciones dejando de lado lo que el mago más poderoso del Imperio le ordenó e intentando que la mujer diera su brazo a torcer ante sus sinceras palabras.

—¿¡No queremos pelear!? Brandish, seamos realistas. Esa mujer se torció desde hace tiempo del camino que conduce a la verdadera luz por culpa de esa maldita niñata—acusó Larcade faltando el respeto y apuntando descaradamente a la Scarlet, que endureció su mirada hacia el Dragneel Blanco. La sola presencia de la señalada lo ponía nervioso.

—Randi, no me seas cría y acepta órdenes. Ya te las saltaste una vez y nos costó bien caro pagar el precio—la rubia Spriggan encaró a su amiga. Aquel no era momento para dudar a pesar de que muy en su interior sentía que nada de aquello tenía ni pies ni cabeza. El viejo de August era un egoísta.

—Nos va a hacer papilla…—musitó por lo bajo la Spriggan siendo lo dicho inaudible para los demás.

La Reina de los Dragones dio la espalda a los Spriggans que querían atentar contra ella y dirigió su decidida mirada hacia los miembros del gremio al que había pedido ayuda.

—Magos de Fairy Tail, no os enzarcéis en peleas innecesarias y recordad cuál es vuestro verdadero objetivo. Cuando nazcan lleváoslos al gremio y protegedlos sin dejar que nadie se haga con ellos—habló la Belserion recibiendo una leve aprobación por parte de sus receptores—Vosotros junto con vuestro compañero del elemento Metal y los de Sabertooth sois los últimos Dragon Slayer que quedáis y mi única esperanza. Confío en vosotros—Eileen les transmitió tanta energía y valentía con su voz que no tuvieron oportunidad de poner ninguna objeción.

Los orbes de Lucy se iluminaron intensamente al percibir las palabras de aquella mujer. Tal vez, y sólo tal vez, ella al igual que miles de caballeros de hace más cuatrocientos años atrás, sintieran la adrenalina correr al escuchar las palabras de su Reina minutos antes de lanzarse a la batalla. Era justo como en las historias que leía antes de irse a dormir.

—¿Y tú? —Natsu quiso saber cuál era el plan de la mujer, que no tardó mucho en conocer.

—Hasta entonces yo os defenderé con todo lo que tengo—añadió la poderosa maga volviendo a encarar con su mirada a los tres Spriggans, que se estaban preparando para atacar sin miramientos. Aquellas palabras pillaron desprevenidas a Erza que tuvo la intención de encararla y hacerla entrar en razón, pero alguien se le adelantó.

—¡No puedes ir contra ellos tú sola! Son demasiados y…y además nosotros somos más, tenemos ventaja—Lucy quería influenciar en la decisión de la pelirroja.

No sólo su aspecto sino que también su voz se parecían al de Anna Heartfilia. Eileen sonrió con nostalgia ante el recuerdo de la mujer que la ayudó a calmar sus demonios internos durante los meses previos al momento de dar a luz. Ella fue capaz de encadenar y dejar latente su instinto dragón durante el tiempo necesario como para que no cometiera ninguna locura y para que de ese modo no hiciera daño a su futuro bebé. Sin casi pensarlo y como de un reflejo se tratase, la pelirroja de trenzas deslizó lentamente su mano enguantada siguiendo la línea de la gran cicatriz de su vientre recordándole la sonrisa que cada día le daba fuerzas para poder continuar. El gesto no pasó desapercibido por Erza.

—Lucy, cálmalos si llegan a descontrolarse—tuvo que hacer oídos sordos y no pensar en su propia integridad física. Que el plan saliera bien era lo que más le importaba.

—¡Eileen-san, yo le cubro! —Wendy inmediatamente se posicionó al lado de la maga adoptando una posición de ataque mientras el Dragon Force crecía en su interior.

La Reina de los Dragones inmediatamente volvió a su posición después de haber empujado suavemente los hombros de la pequeña Dragon Slayer obligándola a retroceder levemente y haberla llevado cerca de la Heartfilia.

La peliazul enseguida quiso protestar ante la insensata osadía de la Belserion pero de inmediato se percató de cómo su visión quedaba tapada debido al cierre automático de sus ojos. A continuación sintió la calidez ajena sobre su cabeza.

—Será mejor que me lo guardes, no quisiera que esta vez me lo cortaran en dos.

Con ambas manos Wendy elevó el amplio borde del ancho sombrero que le impedía ver en esos momentos la sonrisa reflejada en el amable rostro de la Desesperación Escarlata. Juró que esa imagen quedaría grabada en su mente durante el resto de su vida. Nunca hubiera pensado que la maga que en su día intentó acabar con su vida actuara de esa manera y por ello se sintió feliz. Ante el gesto de la Spriggan los demás miembros de Fairy Tail sonrieron, incluso Erza se ablandó ligeramente.

—¡Te vas a arrepentir, Eileen!

Los rayos de luz se dirigieron hábilmente hacia la Belserion cual balas de fuego, pero como si de una insignificante hormiga se tratara las desvió con un golpe de bastón. Larcade maldijo a la que había sido compañera suya, realmente era muy hábil peleando.

Esta vez fue una sonriente Dimaria quien volvió a desenvainar su espada con la intención clara de atacar a la Belserion, y así fue. Sin titubear corrió a toda velocidad hacia la maga esperando a que su filo chocara contra el largo y duro bastón de madera, pero fue incapaz de parpadear al encontrarse inesperadamente otro objeto de metal bloqueando su ataque.

—Si crees que voy a dejar nuestro combate a medias te equivocas, Spriggan.

No solo Dimaria estaba alucinando por la rápida reacción de la Titania, sino que otros pares de ojos estaban en proceso de intentar asimilar a su vez la situación. Aquello no era lo que la Reina de los Dragones quería, de hecho no debía estar pasando. La misión de aquellos magos era proteger los huevos de dragón mientras ella los cubría, pero una vez más Erza se saltó las órdenes. Eileen se preguntó si August se habría sentido igual cuando ella no solía obedecer tampoco. Sonrió.

—¡Erza, no creas que solo tú te vas a divertir! —Gray también se posicionó al lado de la maga de Alvarez para encarar a la que en su día fue aliada de Fairy Tail. Brandish suspiró fastidiada.

—¿Acaso osáis saltaros mis órdenes? —la Belserion seguía con su mirada clavada en Larcade sin dejar de atender a los dos magos que estaban cada uno a su lado.

—Yo no soy ninguna Dragon Slayer así que no voy a moverme de aquí—habló Erza pendiente de los movimientos de su contrincante, que retrocedió. Eileen apretó su mandíbula ante la rebelde contestación de su hija. Agradecía la ayuda pero no quería a nadie más que a ella misma en ese combate a tres.

—A mi no me hables de Dragon Slayer, lo mío son los demonios como ellos—el Fullbuster empezó a crear su magia y la lanzó rápidamente hacia Brandish, que encogió las lanzas heladas que iban directas hacia ella para después esquivarlas. Estaba claro que no quería enfrentarse a Fairy Tail.

—¡Oye Gray, te estás llevando toda la gloria! —Natsu se molestó por lo injusto que le resultaba que él no pudiera combatir y su compañero y a la vez rival sí. Gray simplemente se burló del mago de fuego sonriendo de lado a lado.

—¿¡Demonios!? ¡Aunque fue mi padre quien lo hizo no te voy a perdonar que nos hayas comparado con las sucias alimañas de Tartaros, estúpido mago! —Larcade tomó en su mano la cruz que llevaba a sus espaldas y en un abrir y cerrar de ojos ya se encontraba saltando directamente hacia el Demon Slayer.

—¡Enchantment! —la voz de Eileen se alzó y antes de que Larcade consiguiera golpear al Fullbuster con su cruz, el alto bastón con manchas negras adoptó tal resistencia que bloqueó el ataque y, por ende, la maga pudo contraatacar golpeando al mago en su vientre con la punta del objeto que siempre llevaba consigo.

El campo de magia cada vez podía notarse más. La Belserion estaba molesta y esa sensación se traducía en las ligeras pero notorias vibraciones que movían el suelo.

—Lo hubiera bloqueado, Eileen—se defendió el pelinegro secándose las gotas de sudor que corrían por su frente.

—Lucy, Natsu-san, vámonos ahora que nos están cubriendo. Debemos hacerle caso—Wendy susurró por lo bajo tirando de los ropajes de sus compañeros, que tras asentir y sin decir nada para no llamar aún más la atención, desaparecieron por detrás de la casa.

—¡Maldita Titania, ya es suficiente! ¡Vete al infierno! —Dimaria tomó algo de distancia con la Scarlet y entonces su magia empezó a brotar de su cuerpo. Con ese as bajo la manga seguro que la joven pelirroja acabaría derrotada, pensó la Yesta—¡Age Scratch!

El dolor que había sentido durante toda su vida se vería reflejado en ese ataque y gracias a ese sufrimiento la maga caería rendida. Era perfecto para hacer que la Scarlet se retirara del combate y ya de paso también se la llevarían a Alvarez como rehén haciéndole pagar todo el daño que hizo a la reputación y dignidad de todos los Spriggans durante la guerra. Dimaria sonrió complacida por su gran plan, podría matar dos pájaros de un tiro.

Erza pudo percatarse en milésimas de segundo de la casi letal ola de magia que desprendió la Spriggan de gruesa espada y entonces sintió el corazón irle a mil al no saber cuál de sus armaduras usar para evadir el peligroso ataque. Pero de repente los latidos que bombeaban rápidamente su sangre pararon y sólo su estupefacta mirada pudo presenciar cómo la oscura capa, cuyo recuerdo del cosido en el centro la había llevado a sus más angustiantes recuerdos cada noche, se interponía entre ella y su oponente.

—¡No! —fue lo último que pudo vociferar desesperadamente Erza milésimas de segundos antes de escuchar el desgarrador grito cargado de sufrimiento por parte de la persona que la trajo al mundo.

Continuará…

¡Hola! Espero que os haya gustado el capítulo.

En primer lugar me gustaría agradecer los reviews recibidos, de verdad que no sabría la acogida de esta historia pero visto lo visto parece ser que al menos entretiene y eso es muy bueno ^^ Estoy disfrutando de escribirla y espero terminarla para antes de verano, puesto que de aquí poco calculo que tendré que hacer un parón largo debido a otras obligaciones. Calculo que la historia no tendrá demasiados capítulos, pero aun no está acabada así que…

En segundo lugar quiero justificar la mención de Anna Heartfilia. En verdad seré sincera, no sabía cómo introducir la mención de dicho personaje pero me apetecía, por lo que me inventé lo que sale en este capítulo, es decir, por si no se ha entendido he venido a transmitir que debido a su magia era capaz de apaciguar a Eileen para que no recayera en un estado de locura en pleno embarazo. Yo he llegado a la conclusión de que Eileen y Anna pudieron haberse conocido debido a que ambas son de cuatrocientos años atrás así que eso es todo. Por eso también he mencionado que Lucy puede apaciguar a los futuros dragones en caso de descontrol.

En fin, un saludo y ya de paso animo a todas aquellas personas que quieran escribir que se inicien con la simple escritura de una historia ^^