Era la mañana de un nuevo día, para muchos, hermoso para otros. Pero en aquel lugar una solitaria alma luchaba por encontrar salida a su futuro; pesar de la oscuridad por la falta de sol que poseía, ahora esta su nueva habitación, podía desde afuera escuchar cómo la ciudad continuaba su rumbo. Mientras moría por dentro ante su esperado fin, pues sabía que nada bueno resultaría de los hechos antes surgidos.
Los pasos que escuchaba de aquellos hombres que le tomaron fuertemente la noche anterior llevándola presa y posterior encerrándola en esta mazmorra, sin importar que ella fuese mujer o que una vez hubo sido una dama era lo único que le recordaba que aún estaba viva. Viva, sí pues sentía cada latido de su corazón expectante ante lo que se avecinaba.
Sin decir palabra alguna la joven rubia tocaba su desgastado y sucio vestido, se sentía asqueada, su olor de rosas y jasmines había desaparecido en su totalidad para dar curso a uno que ni en sus peores pesadillas pudo imaginar. Verse en aquel lugar lleno de basura, ratas y mal oliente sólo era la entrada a lo que seria su precaria existencia desde el momento en que piso aquel lugar y vio a más de uno reír ante su mirada de temor y sufrimiento.
Miraba a su alrededor, tanta oscuridad, tan sola y vacía como su propia vida. Las luces de un pequeño quinqué en manos de que guardia que lentamente caminada de sur a norte era la única luz que recibía y sólo podía ver aquel camastro en el que le había tocado dormir las pasadas horas.
Con sus pies descalzos tocó aquel piso de arena el cual estaba completamente enlodado y lo peor era que fuera de su prisión se encontraba aquel horrendo pasillo lleno de lodo, excrementos humanos y orina; en el cual recordaba había caído y llenado de toda aquellas inmundicia, su rostro palidecido ante aquel recuerdo y su estomago quizo devolver lo poco que tenia.
Si reconocía que había sido su culpa todo lo que pasó, pero jamas pensó que terminaría en este lugar. Por instantes recordaba la voz de su madre suplicándole que no cometiese dicha imprudencia y hoy lamentaba el nunca haberla escuchado. Desde aquella visita al conde Neil, aquella asquerosa violación y la forma en que a pesar de ella siguió siendo su aleada. Su madre le había dicho lo peligroso que seria todo aquello que se proponía, pero su sed de venganza y deseos de hacerle daño a la duquesa fue más grande que su razonamiento.
Razonamiento que ahora salía a la luz para decirle que lo que le esperaba no seria aquel final feliz que tanto soñó en brazos de Terry. Aquel hombre que desde la primera vez que le vio quedó prendada de él, aquel que la ignoró y que nunca acepto ni la más minima insinuación de parte de ella.
Sus manos subieron hasta sus mejillas y sintió como su cara, aquella cara que tanto hubo cuidado, la cual diariamente bañaba con agua perfumada y los mejores aceites traídos de los mas lejanos y remotos lugares, ahora esta cubierta por excremento humano. Sentía como sus manos arrancaban aquello de su cara y lagrimas de dolor y desesperanza bajaron por su rostro, mientras sus dedos continuaban aquella horrenda labor.
Con su mano derecha subió hasta su cabello, aquella que brillaba más que el sol y que fue motivación de poemas y caricias para más de uno; ahora se encontraba sucio, hecha un nudo y sin brillo. Ya no era la mujer hermosa que por tanto tiempo fue. Ya no sería vista con ojos de deseos, sino que seria repudiada y alejada de cualquiera que desease cuidar su dignidad. El peor de los castigo era que se sabia humillada y que muchos llegarían hasta sentir lastima por ella; pero ahora mismo si fuese sincera consigo mismo, era lo que menos le importaba.
Deseaba terminar con todo esto, deseaba ya no existir ¿Pero cómo? Era demasiado cobarde para ellos, y no tenia ni las formas, ni las agallas de hacerlo. "Si su fin era el esperado, entonces por que hacerlo ella misma" - fue su pensamiento, mientras una triste sonrisa salía a relucir en aquellos labios que una vez fueron la fuente de amor de muchos nobles y caballeros de la corte. Mismos que hoy no movían ni un dedo para ayudarla.
Sólo deseaba paz, Con sus manos tocó su vacío vientre, aquel que le aseguraron que jamas daría frutos y una oleada fría corrió todo su ser. Sí, había pagado por todo lo que hizo y de la forma más dura, perdiendo al único ser capaz de amarla sin buscar ventaja de ella, su hijo. - Se dijo así misma mientras continuaba perdida en aquellos pensamientos que ahora eran los únicos que le acompañaban. Deseaba poder siquiera levantar la mirada, pero se dejó caer en sus rodillas aún ensangrentadas y doloridas por la caída en aquel asqueroso pasillo, colocó sus manos en el piso y comenzó a llorar como nunca en su vida lo hubo hecho, como si quisiera que su alma saliese de su cuerpo y fuera libre, libre de todo lo que le esperaba y de lo cual no sabría como librarse.
Por primera vez en su vida sus labios se abrieron para pedir desde lo más profundo de su corazón al todo poderos una oportunidad; ya no tenia nada, ni a nadie. Rogó con todo el dolor que una alma puede rogar para que le concediera la oportunidad de reivindicarse, de cambiar y de ser alguien mejor de lo que hubo sido.
Ya no tenia siquiera a su madre, pues esta decidió partir a las tierras altas para evitar las habladurías y todo lo que conllevaría la horca de su única hija. Su orgullo y vanidad fue mas fuerte que el amor que sentía por su hija.
Entonces se arrojo al suelo, sin importarle aquel horrible olor, sin importarle que su cara, vestido y cabello quedase aún peor de los que estaba y pidió aquella clemencia que sabia no encontraría en las manos humanas. Miró arriba buscando respuesta en aquella oscuridad, sin encontrar nada más que eso... Oscuridad.
Sus convulsiones por el llanto fueron demasiado para ella, su cuerpo ya no aguantó más y se dejó caer completamente en el asqueroso piso de ese lugar, ríos de orina llegaban hasta ella mojándola y ensuciándola aún más, pero ya no le importaba nada, sólo quería paz. Lloró por horas, lloró sin parar hasta que se quedó completamente dormida rodeada de ratas y excrementos humanos en aquel frío piso de la mazmorra.
La luz de un quinqué sobre su cara y el toque de un pie sobre su muslos le hicieron despertar, por momento deseó haber tenido el peor de las pesadillas, pero no, aún se encontraba en este lugar. Levantó la cara y se encontró rodeada de 4 fuertes hombres armados los cuales cubrían su nariz por el odioso olor que allí se encontraba. Uno de ellos le tomó del codo y le ayudó a levantarse.
Su vista aún no se habitaba a la claridad a la que era expuesta después de tantas horas de oscuridad, intentó cerrar sus ojos para tomar fuerzas ante lo que sabia ocurriría, pero una fuerte y brusca Mano agarró de ella por el codo y comenzó a dirigirla hacia la salida de aquella mazmorra.
Caminó sin mirar, caminó sin siquiera percatarse de a donde se dirigía, pues su instinto le decía que su larga espera llegaba a su final.
Hola... ¿Qué creen se merece Susana?
