El sol brillaba con intensidad iluminando el espeso bosque que se extendía por el territorio aunque sin ser capaz de atravesar por completo las densas y frondosas ramas de los centenarios y frutales árboles. No obstante en el claro en el que se encontraba la caseta de dicha maga la luz chocaba con fuerza haciendo que el sudor recorriera el cuerpo de la joven de cabello escarlata bajo su armadura y dándole la sensación de que el metal le pesaba aún más a pesar de estar acostumbrada a ir equipada con éste.

—Erza, no podemos rendirnos ahora. Si lo hacemos se acabó—Gray también comenzaba a sentirse agotado tras lanzar múltiples lanzas de hielo a sus contrincantes.

Erza no podía concentrarse al cien por cien siendo consciente de la presencia del cuerpo que se encontraba tendido en el suelo. La posición era exactamente la misma que hace un año, cuando su espada cruzó su vientre. Las trenzas rojizas descansaban recorriendo el suelo y tapando el rostro de la maga. Ella se situó delante protegiéndola y esperando a que se pusiera en pie, con la esperanza de que así fuera pero el tiempo pasaba y no se había movido ni un ápice. ¿Estaría muerta?...imposible. Aún sentía demasiado bien su poder mágico.

—¡Erza!

De nuevo la gruesa espada de DiMaria chocó contra el acero de la suya, y a duras penas pudo esquivar el ataque. Debía aceptarlo, estaba totalmente aturdida. No se esperaba la repentina reacción de Eileen para poder evitar que el mortal ataque de la Spriggan de cabello rubio acabara con ella.

—¡Me parece que a esto le queda muy poco para terminar, Larcade! ¡A por ellos! —DiMaria vociferó con motivación. Ambos magos se lanzaron a atacar a la vez dispuestos a acabar con la misión de una buena vez.

—¡Tenemos que contraatacar, Erza! ¡Sino estamos perdidos!

—¡Sí!

—Como bien debe ser…esto tiene que terminar ya—Brandish susurró por lo bajo antes de clavar su dura mirada sobre los dos magos de Fairy Tail.

La afilada lanza de hielo del Fulllbuster y la brillante espada de la Scarlet se volvieron diminutas pillándolos a ambos por sorpresa.

—¡Maldición! —exclamaron ambos al unísono siendo conscientes de la magia de Brandish. No podrían esquivar aquel ataque combinado si no pensaban en algo, pero el tiempo para ello era tan reducido que sus mentes estaban totalmente bloqueadas.

Gray fue a dar un paso, pero lo frenó la mano que le agarró uno de sus zapatos. El pelinegro volteó y quedó asombrado.

—U-universe…one…

Y entonces el vórtice que lo absorbió solamente le permitió ver durante escasos segundos la imagen de cómo la maga más fuerte de Alvarez y su compañera se veían envueltas por unas cadenas mágicas. A continuación todo se volvió oscuro, Gray desapareció del lugar y lo último que la maga de trenzas pudo escuchar fue la sonora carcajada de Larcade animándose a sí mismo y a DiMaria por el apoyo. Finalmente cayó rendida.

...

La cueva de cada vez se hacía más oscura, al igual que la primera vez que estuvieron ahí dentro. De todos modos a medida que iban caminando apresuradamente podían discernir la negrura de su alrededor con la tenue luz de las velas que iluminaban el final de ésta. Y efectivamente cuando llegaron la calidez que los envolvió fue tranquilizadora. Los resplandecientes huevos de dragón estaban en el mullido nido de paja descansando plácidamente.

—¡Natsu, no podemos perder tiempo! —instó Lucy haciéndose con uno de los huevos.

—Cada uno llevaremos uno, así no habrá problema. Tenemos que trasladarlos inmediatamente a Fairy Tail tal y como dijo Eileen-san—Wendy copió a su compañera y también cogió uno de los huevos.

—¡No podemos permitir que les pase nada malo a esto dragones, maldita sea! —Natsu tomó entre sus manos el último huevo que quedaba sintiendo la textura escamosa de éste haciendo que inmediatamente un escalofrío recorriera su espalda. Le parecía imposible e increíble estar tomando un huevo de dragón.

Natsu se dispuso a dar un paso para reanudar la marcha y salir de esa cueva cuando de repente se detuvo.

—¿Natsu? No te pares que tenemos prisa—Lucy de seguida le reprendió sin entender el porqué de su reacción.

—Ya no los huelo.

Ante aquella afirmación, Wendy Y Lucy se miraron apenadas con algo de miedo en sus miradas temiéndose lo peor.

—¡Debemos volver cuanto antes!

—¡No Natsu-san! Debemos ir a Fairy Tail y proteger los huevos—Wendy intentó hacerlo entrar en razón.

—Wendy tiene razón. Debemos llevarlos al gremio cuanto antes. Además tampoco sabemos qué ha pasado, así que no adelantemos acontecimientos.

Dicho aquello los tres magos se apresuraron en salir de la cueva y por fin pudieron sentir la luz del sol chocar sobre sus rostros.

—¿Y ahora qué? —Natsu tomó un trago de su cantimplora esperando a que alguna de las dos magas dijera algo. Era consciente de que si por su parte fuera, él iría enseguida a la casa de la Belserion para saber qué diantres podría haber pasado, pero de seguro que sus compañeras lo llamarían temerario así que prefirió esperar a escuchar su opinión. De todos modos también sabía que lo más importante eran aquellos huevos, y que por petición de la maga más fuerte de Alvarez aquel era el propósito principal. Chasqueó la lengua hastiado de la situación.

—Eileen-san me dijo que debíamos dirigirnos a las puertas de Alvarez pasando desapercibidos y luego tomar unos cavallos. Después al llegar a la costa deberíamos coger el tren que sobrepasa por encima del mar.

—¿Tren…?—ante aquella desagradable imagen Natsu simuló tener nauseas. Lucy simplemente le atestó un golpe en la cabeza.

—Sí, esta es la manera más rápida de volver a casa. Aunque tardaremos algo más que yendo en dragón—Añadió la peliazul sonriendo al observar a su amigo.

—No me agrada mucho la idea de ir a Alvarez…—Lucy sintió cómo las piernas le temblaban ligeramente ante la simple mención del nombre de ese reino.

—¡Vamos Lucy, a lo mejor tenemos suerte y los encontramos!

—¡Ni hablar de meterse en problemas, Natsu!

—Chicos…—Wendy intentó poner paz entre aquellos dos magos tan peculiares y que, muy en el fondo, se complementaban demasiado bien.

Reanudaron la marcha y, tras esconder las esferas imperfectas en sus respectivas bolsas de viaje, se encaminaron sin más preámbulo hacia el imponente reino de Alvarez, aquel que les intentó invadir hace apenas un año y con el que tuvieron que pelear con todas sus fuerzas para poder sobrevivir.

….

La gruesa puerta de madera rechinó al abrirse por culpa de las bisagras oxidadas que la mantenían unida a la rocosa pared mientras que la humedad del ambiente se podía notar gracias a las gotas que recorrían la mazmorra. A los guardias reales no les costó demasiado trabajo encadenar a la pared los débiles cuerpos de las dos magas de cabello escarlata, ambas con los ojos vendados y apenas con conciencia.

—El General mandó que las dejáramos aquí, él luego ya bajará y hará lo que encuentre oportuno—comentó el capitán de los caballeros dando a entender que era hora de marcharse.

La joven maga sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, además de sentir cómo el frío calaba hondo por su piel. La habían despojado de su armadura mágica y se sentía algo vulnerable sin ésta. Se preguntó dónde diablos estaría aunque tras rumiar con algo de más tiempo no tardó en entender que estaba presa por aquellos que habían osado atacarla a ella y a sus compañeros.

La imagen de la persona que ayudó a su compañero a escapar de la pelea se plasmó en su mente. Erza sacudió con brusquedad su cabeza con la clara intención de deshacerse de aquello que cubría sus ojos. Y así fue como, tras maldecir a la vez que poner algo de empeño, la Titania logró que el sucio trapo que le impedía ver cayera en el suelo.

Algunas velas colgadas de los candelabros que se encontraban en la húmeda pared iluminaban la pequeña sala en la que estaba. Sus manos estaban presas por los grilletes que había en los extremos de las gruesas cadenas que había ancladas a la pared de la mazmorra y apenas en un instante Erza pudo darse cuenta de la débil cantidad de magia que había en su cuerpo. Exploró la mazmorra en un abrir y cerrar de ojos, sorprendiéndose de que no estaba sola en aquel lugar.

Ella también estaba encadenada y con los ojos tapados, solo que su espalda estaba recostada en la pared. Estaba inconsciente y, por un momento, Erza la vio indefensa. De todos modos desechó ese pensamiento en el preciso instante en el que se percató del leve movimiento de cabeza de la mujer que tenía a su lado.

—Malditos…—su voz no tardó en salir de su garganta, aunque apenas pudo oírse.

La maga de Alvarez no necesitó quitarse la venda de sus ojos para saber que no se encontraba sola en el lugar. Lentamente y con algo de dificultad por culpa de las heridas se puso en pie, haciendo resonar las cadenas que la tenían presa.

—¡Vaya vaya, pero qué tenemos aquí! Si es ni nada menos la que se hace llamar Reina—la voz burlona de Ajeel se hizo notar tras los barrotes de la mazmorra provocando que Erza se sobresaltara ligeramente.

—Los dos pajarillos escarlata ahora están en la jaula—Jacob dejó escapar otro comentario con la total intención de humillar a las dos magas.

Las risas burlonas de aquellos dos se acallaron de inmediato al darse cuenta de la presencia helada que se estaba acercando a ellos. Invel observó tras el cristal de sus lentes a las susodichas, una de las cuales clavó su dura mirada sobre el mago. No cabía duda que ella era una Hada de los pies a la cabeza, pero menos podía negar que su imponente estampa era casi idéntica a la maga que se encontraba aún con los ojos bendados.

—Erza Scarlett y Eileen-sama, os encontráis en una de las mazmorras del reino de Alvarez. Creo que no es necesario explicar el motivo por el cual estáis aquí—el peliblanco informó sin dejar de descruzar sus manos de la espalda.

—No os saldréis con la vuestra—Erza no tardó en hacerse oír.

—Será mejor que habléis, porque sino el señor August no tendrá pied-

Entonces la risilla que se escuchó inundar el lugar cortó en seco al Secretario del hombre que reinaba en esas tierras. Los tres Spriggans que se mantuvieron tras los barrotes de aquella mazmorra se molestaron al saber de dónde provenía aquella risa.

—Sois tan graciosos que hasta hacéis divertido estar aquí—dicho aquello la maga que se había mantenido sin hablar sacudió su cabeza deshaciéndose del vendaje que cubría su vista.

Aún estando atada a aquellas cadenas mágicas, se pudo sentir su poder mágico. Era imposible y a la vez sorprendente que aquella maga aún no se hubiera escapado. Invel era plenamente consciente de que Eileen podría sorprenderlos en cualquier momento, y aún confiando en aquellas cadenas, tuvo que tragar saliva por un momento al notar cómo la fría mirada de la mujer de largas trenzas se clavó en él.

—Estoy ansiosa por ver a August, de hecho me parece deplorable que no haya sido él mismo el que haya bajado a hacernos la visita.

—Está ocupado en estos momentos, pero no tardará.

—Qué lástima, tal vez para entonces ya no estemos aquí.

Jacob y Ajeel cruzaron miradas, y no fueron precisamente de felicidad. Ellos dos también tenían algo de respeto a la Belserion.

—Esas cadenas retienen vuestro poder mágico y-

—¿Crees que no sé que es esta mierda? Recuerdo que las usé en su día para reteneros a todos vosotros por no obedecer las órdenes de Zeref—confesó Eileen haciendo callar a los tres Spriggans.

—Invel…—Jacob quiso detener aquella conversación. De repente no se vio con las ganas de querer encarar a aquella mujer.

El mago de hielo giró sobre su mismo eje y, dando la espalda a las encarceladas, se marchó seguido de Ajeel y Jacob, que no pudieron reprimir las ganas de volver a mirar aquellos ojos de la persona que, de no estar encadenada, los habría matado sin pensárselo.

Volviendo a estar solas otra vez, la Belserion dejó escapar un suspiro demostrando ahora sí el cansancio que tenía.

—Tenemos que encontrar una forma de deshacernos de estas cadenas y salir de aquí—propuso Erza sacudiendo el metal de sus muñecas.

—Con el poco poder mágico que tenemos dudo que haya alguna posibilidad…

Eileen se sentó en el frío suelo sin mostrar apenas ninguna intención de querer irse de ahí, cosa que cabreó a la Titania.

—¡Desde luego con ese comportamiento estaremos aún aquí para cuando llegue August! ¡Muévete!

Eileen observó a la maga de cabello escarlata algo sorprendida por la manera en la que le estaba hablando. No es que le importara demasiado las maneras, pero en esos instantes lo único que quería era descansar. Si cabía la remota posibilidad de escapar de allí, antes debían recuperar algo de magia, pero con su Universe One se había agotado.

—Cómo puedes estar sentada sin apenas intentar deshacerte de tus cadenas—Erza le volvió a reprender golpeando la pared con uno de sus puños.

La Scarlet estaba muy molesta con su madre, ¿qué se creía? No por ser poderosa ya era invencible. De hecho estaban ambas encerradas en aquel antro del cual no sabrían si escaparían. Erza tiró de una de aquellas cadenas de nuevo, pero era imposible hacer que el anclaje se moviera de la pared. Las sacudió de nuevo con desesperación, ¿acaso el trauma que tenía desde la última vez que estuvo encerrada en un lugar como aquel había hecho yaga en ella?

—Deberías calmarte y descansar un poco, Erza.

—¡No me digas que me calme! ¡Si tan solo no te hubieras interpuesto en el ataque de DiMaria ahora mismo tendríamos los huevos y estaríamos en Fairy Tail!

—Te equivocas. Yo estaría en Fairy Tail, tú estarías muerta. Así que tal vez sea mejor que estemos las dos encerradas pero vivas, querida Erza—la Belserion habló sin despegar su mirada de la otra mujer, que chasqueó su lengua fastidiada por sus palabras.

—Si de ese modo se tenía que completar la misión con mis compañeros vivos, entonces no me importa morir por ellos—la joven maga de Fairy Tail se sentó también en el suelo, recogiendo sus rodillas en sus brazos y cubriendo su rostro.

Eileen era conocedora de las hazañas de su hija como maga y no podía negar que era extremadamente fuerte y osada, tanto como para enfrentarse a ella en su forma de dragón. Y lo mejor de todo era que consiguió dañar sus duras y relucientes escamas, además de tener el coraje de enfrentarse a Acnologia. Pero desde luego había algo que la atemorizaba.

—Qué es lo que te aterra.

Erza levantó su mirada y la clavó sorprendida en su progenitora, que se mantuvo ahí observándola y esperando una respuesta. La Hada dudó en si era mejor mantenerse al margen, pero al final llegó a la conclusión de que tal vez no sería tan malo conversar con su acompañante mientras llegaba la hora de que August las interrogara a su manera.

—En su día Fairy Tail se enfrentó a los monstruos de Tartaros, y…

Le dolía tanto recordar aquello que con la simple mención del reino oscuro de Zeref se estremecía de pies a cabeza.

—Yo acabé presa por uno de ellos y me interrogó a base de torturarme. Yo no dije nada pero…—de nuevo escondió su cabeza entre sus brazos intentando disimular el terror que había en su mirada.

—¿Temes que te ocurra lo mismo?

La Scarlet sintió cómo su orgullo quedaba hecho trizas por la pregunta de la Belserion. No podría haber dado mejor en la diana.

—No es fácil estar encadenada en una mazmorra—la maga de trenzas cerró durante unos instantes sus ojos apoyando su cabeza en la pared recordando con gran dolor los tres años que tuvo que pasar ella en la mazmorra más fría de Dragnof, con apenas algunos ropajes, herida y embarazada.

Eileen se acarició con la yema de sus dedos la gran cicatriz que había en su vientre con un deje de nostalgia y como si fuera automático miró de nuevo a la chica que la acompañaba. Allí estaba su única hija, aterrada pero muy en el fondo esperanzada de encontrar una salida.

—Descansa un poco, Erza. Estoy segura que saldremos de aquí, pero antes debemos recuperarnos un poco.

—Cómo estás tan segura.

La Reina de Dragnof sonrió mientras se tumbaba en el incómodo suelo de piedra. Cerró sus ojos recordando la amable e inolvidable sonrisa que la hizo renacer de sus cenizas, que apagó aquel fuego que la había consumido hasta perder la cordura, que había partido en mil pedazos aquel intenso poder que destrozó su vida humana haciéndola convertirse en el monstruo que casi mata a su propia e única hija.

—No voy a permitir que ningún Spriggan te ponga una mano encima.

Aquello fue lo último que pudo oír Erza de los labios de su madre. No entendió muy bien el porqué, pero reconoció que aquellas palabras la tranquilizaron. La Scarlet se tumbó también en el suelo e inconscientemente agradeció no estar sola en una mazmorra.

Y la calma volvió a ella.

….

Llevaba horas caminando y por fin pudo divisar a lo lejos los altos torreones del reino de Alvarez. Sacudiendo su ropa y deshaciéndose de los pocos restos de paja que quedaban aún en su despeinado cabello color negro, Gray se mantuvo alerta de no topar con ningún caballero que portara el emblema de la ciudad.

—Ya me podría haber enviado a Fairy Tail en lugar de terminar en el establo de una granja—habló para sí mismo el Fullbuster adentrándose en el camino principal que conducía a la ciudad—Aunque parece ser que ese Universe One no tenía la potencia suficiente como para alejarme de Alvarez.

—¡Muchacho! ¡Sube al carro y llegarás antes!

La voz del anciano que le ofreció transporte lo sacó de sus pensamientos.

—No tengo dinero para pagarle, buen señor.

—¡No importa, chico! Me sobra espacio, y a mis cabras seguro que no les importa que las acompañes un ratito—bromeó el anciano señalando la parte trasera del carro en el que iba subido.

Gray estuvo a punto de quejarse por la mala suerte que tenía, pero al rato lo vio como una oportunidad perfecta para poder colarse en el reino y burlar a los posibles guardias que seguramente guardaban la entrada. Entonces sin más preámbulo, el mago de hielo subió de un salto al carro de madera y rezó para que ningún animal que había subido le dejara ningún regalo apestoso en sus zapatos.

Al cabo de unas horas por fin llegó al interior de la ciudad y, tras agradecerle al anciano, Gray se adentró por las calles de Alvarez.

—Lo último que vi antes de desaparecer no me dio buena espina…—se dijo para sí mismo recordando las cadenas mágicas que atraparon a su compañera y a la otra maga—Las debieron capturar, maldita sea—habló molesto dirigiendo su dura mirada a las altas torres del alto castillo que se veía al fondo de la ciudad—si tan solo pudiera...pero son demasiados…

Gray se sentía totalmente frustrado por no ocurrírsele ningún plan efectivo para poder rescatar a las dos retenidas por las fuerzas del imperio. El pelinegro dio una vuelta lentamente sobre su mismo eje quedándose con cualquier detalle que su atenta mirada pudiera alcanzar a grabar. Sabía que debía volver cuanto antes al gremio e informar sobre lo ocurrido, pero se sentiría fatal si no hacía algo al respecto por su propia cuenta. Al fin y al cabo aquello era lo que su mejor amigo haría en esa situación. No se perdonaría que le ocurriera nada a Erza ni a su madre, no ahora que se habían reencontrado. Él no había sido capaz de vivir junto a su padre, pero no era un final que quisiera para la relación que podrían llegar a tener la Titania y su progenitora.

El mago de hielo se hizo paso entre el montón de gente que recorría las calles de Alvarez y, sintiendo todo el valor recorrer su cuerpo, se encaminó hacia el origen de los altos torreones que se llegaban a divisar al final de las murallas que encerraban la ciudad. No podía fallar en esa misión, se lo debía a Eileen por salvarle la vida.

….

Había intentado dormir un poco, pero la tensión que llevaba encima no se lo había permitido. Erza despegó su espalda del frío suelo empedrado y se sentó mirando seguidamente hacia el lado que se encontraba tumbada su acompañante, que seguía durmiendo, o al menos eso es lo que aparentaba. Dirigió su mirada hacia el pequeño ventanal que decoraba la mazmorra e intentó pensar cualquier manera de salir de allí.

La Scarlet se puso en pie y forcejeó sus muñecas intentando zafarse de esos pesados grilletes de hierro sin lograr ningún resultado. Se maldijo a sí misma por haber dependido durante la pelea de aquella mujer de largas trenzas de cabello escarlata, y es que se sentía tan culpable por sentirse vulnerable cuando se encontraba cerca de ella que creyó por unos momentos que sus habilidades como maga habían disminuido. De todos modos no podía negar que se sentía más segura estando a su lado, definitivamente más protegida al lado de la maga más poderosa de Alvarez. Erza se preguntó qué habría sido de ellas dos si hubieran permanecido juntas desde el inicio, tal vez incluso se habrían llevado bien.

El ruido de las cadenas que mantenían presa a la Belserion sacó a la Titania de sus pensamientos y no pudo hacer otra cosa más que observar como la imponente mujer se levantaba del suelo cual depredador acechando el peligro que se avecinaba.

—Prepárate Erza, ya viene—el susurro que dejó escapar la voz de Eileen caló por los oídos de la Scarlet, que se mantuvo en pie y quieta a la espera de que llegaran los caballeros que se encontraban bajando las escaleras de las mazmorras.

—Es él, ¿verdad? —inquirió la maga de Fairy Tail tragando algo de saliva. Aquella situación la tenía totalmente nerviosa.

—Pase lo que pase no pierdas la serenidad. Lo que quiere es hacerme daño de cualquier manera y…—Eileen frenó su diálogo. Tal vez ese no era el mejor momento para confesarle a su única hija que el mayor daño que le podrían hacer es herirle a ella frente a sus ojos, lo cual cabía la posibilidad en caso de querer que la Belserion confesara.

—No es la primera vez que paso por esta situación así que voy a poder soportarlo, además de que hace falta mucho más que eso para poder tumbarme—contestó la Scarlet decidida a defender la misión. La Desesperación Escarlata no pudo más que dar fe y sonreír orgullosa de haber escuchado esas palabras.

Lar armaduras de hierro se escuchaban cada vez más cerca y la presencia de una intensa magia estaba invadiendo de cada vez más el húmedo ambiente que reinaba en las mazmorras. Ambas magas sabían de quien se trataba tal poder y aún así estaban dispuestas a enfrentarlo a pesar de estar atadas con las cadenas mágicas. Las antorchas del pasillo principal se avivaron ligeramente mostrando la silueta del sujeto que se mantenía a la espera tras los barrotes del calabozo con una expresión de victoria al observar que verdaderamente tenía a la Belserion bajo su custodia. August no podía estar más satisfecho.

—Como siempre digo, el héroe o el traidor siempre vuelven a casa. Y en tu caso me parece que es lo segundo—la voz del anciano mago se escuchó más cerca una vez que uno de los caballeros que lo acompañaba abrió la celda permitiéndole el paso.

—Pues yo creo que no. Tu deficiencia para gobernar Alvarez está causando estragos en ti, ya no sabes diferenciar quién es el héroe o el traidor—la Belserion no se mantuvo bajo silencio, detalle que molestó al poderoso mago.

—¿Acaso sugieres que tú gobernarías mejor, Desesperación? —retó el hombre acercándose a la veterana maga, la cual no pudo por más que sonreír y dar un paso al frente.

—No lo sugiero, lo afirmo.

La sola presencia de esa mujer lo crispaba, siempre quería tener la razón.

—Dónde están los huevos de dragón, Eileen.

—Me sorprende que aún me lo preguntes. A estas alturas deberías conocerme y saber que no soy de las que confiesan—la de trenzas aseveró su expresión y esta vez su mirada era prácticamente retadora.

—No quiero verme obligado a tomar medidas que no serían necesarias en el caso de que me dijeras donde están escondidos—August se sorprendía de su propia capacidad de mantener la paciencia cuando en su subconsciente reinaban las ganas de matar a esa condenada maga.

—Olvídate August, preferiría morir antes que revelarte el secreto—la Belserion fue tan radical con su respuesta que Erza se sorprendió de la sangre fría con la que le respondió al Governador.

El anciano cerró durante unos segundos sus ojos meditando lo que debía hacer con aquella maga, cómo podía hacer que la irrompible coraza que la mantenía impasible ante cualquier pregunta la hiciera flojear y debilitarla hasta ser capaz de tener a la mismísima Eileen Belserion a sus pies.

August desvió su seria mirada hacia la otra maga que los acompañaba, también encadenada. Desde luego no pudo negar que el parecido que compartía con la Desesperación Escarlata era digno de apreciar, su cabello, su rostro, su presencia y su poder mágico. De no ser porque era una enemiga de Alvarez, a August no le habría importado ofrecerle un puesto honorable dentro de sus consejeros del reino, pero aquella situación era imposible y él no podía arriesgarse a proponérselo sabiendo que esa maga era completamente fiel a su gremio.

Erza no despegó sus furiosos ojos del mago, lo detestaba y solo pensar que su deseo era ser el más poderoso a costa de los dragones supervivientes hacía que su sangre hirviera. Entonces al igual que su progenitora dio un paso al frente demostrándole que no le tenía miedo ni a él ni a ningún mago de ese imperio.

—Eres poderosa e igual de impertinente que tu madre, chiquilla. Pero te lo voy a preguntar a ti también, así luego no podréis decir que no os he dado una oportunidad a ambas—August se acercó a la maga de Fairy Tail y sin preámbulos se limitó a preguntarle—dónde están los huevos de dragón, joven maga.

—Olvídate de los dragones, olvídate de nosotras y olvídate de tomar el control del territorio. Los gremios de Fiore ganamos la guerra a Alvarez y a Acnologia y la paz ha vuelto al continente donde vivo, la gente está feliz ahora así que no tiene el porqué haber otro enfrentamiento por culpa de tus caprichos—la imponente voz de Erza tocó el orgullo del mago, que tras oír aquellas palabras agarró de un rápido movimiento el cuello de la Titania.

—Un rey es aquel que más poder tiene, que puede gobernar sin miedo y aquel que tiene el dominio total de todos los seres que viven en su territorio. Si crees que voy a permitir que un gremio de poca monta me arrebate lo que quiero estás bien equivocada, Erza Scarlet. Si ninguna de vosotras me dice donde encontrar esos huevos voy a armar a toda mi flota y no va a quedar ningún mago en Fiore para poder contar mi hazaña—la furia de August era notoria e, incluso los caballeros que lo acompañaban dieron un paso hacia atrás temerosos de ser víctimas del enfado del anciano.

—Discrepo.

Entonces el mago se echó a reír burlándose de la contestación que le dio la chica de cabellos escarlata.

—¡Ya lo creo que discrepas! ¡Qué vas a saber tú, una pequeña e insignificante maga, como se debe gobernar el territorio! ¡Qué vas a saber tú, una huérfana e irónicamente hija de la que fue en su día la reina más influyente del continente, cómo se debe dominar sobre el cielo y la tierra!

La carcajada proveniente de la Belserion interrumpió el discurso de August, que simplemente se limitó a observarla.

—¡Cuánta razón tienes, August! Es completamente normal que la pequeña Erza no tenga ni idea de lo que está diciendo, ella no es reina como tú, es simplemente una vulgar maga que proviene de un vulgar gremio—la Desesperación Escarlata se ganó una mirada de odio por parte de su hija, aunque la aceptó—pero te diré algo más August, Erza está debajo de la pirámide de jerarquías y tú estás en lo más alto. Quién posee la cima sólo puede caer, y quien se encuentra abajo solo puede elevarse, así que mejor que tengas cuidado y guardes tus espaldas porque cuanto menos te lo esperes podrías llevarte un fiasco.

August soltó a la Scarlet, que tosió bruscamente por culpa de la falta de aire en sus pulmones. Tras oír aquello ni se limitó a volver a hacer ninguna pregunta más, solamente salió de la mazmorra después de dar unas órdenes claras a los caballeros que lo habían acompañado. No se quería manchar las manos con la sangre de las dos mujeres de cabello escarlata.

Ellos asintieron y eligieron el primer turno que se quedaría dentro de la celda. Despojaron a la Belserion de su capa y, tras iniciar la quema del tejido de terciopelo, la arrojaron al suelo mientras la maga observaba cómo ardía con bravura a pesar de la humedad que recorría las paredes de la celda.

Las pupilas de Erza reflejaron la cálida luz que desprendía del fuego, pero en parte agradeció que la vida de esa capa llegara a su fin. La Scarlet no soportaba tener que ver las puntadas del gran cosido que decoraba dicho tejido, siendo el origen de éste el corte que le hizo su espada después de teñirse con la sangre del cuerpo de la Belserion. Sacudió enseguida su cabeza intentando olvidarse de ese amargo recuerdo que le quitaba el sueño por las noches.

—Nadie diría que una vulgar maga derrotó a un dragón.

Las palabras de Erza llamaron la atención de Eileen, que simplemente se limitó a sacarle la lengua con humor, detalle que sorprendió a la Scarlet para bien.

—Eileen-sama, sentimos tener que hacer esto, pero son órdenes del General—uno de los dos caballeros se disculpó antes de ponerse los guantes metálicos en sus manos. Aquello definitivamente iba a doler, se lamentaron ambas magas.

—No lo sientas, no vais a ser vosotros quienes lo hagáis.

Aquella voz que irrumpió en el lugar resultó ser tan familiar que costaba dar crédito. Los dos caballeros voltearon enseguida hasta encontrar el origen de esas palabras, que se mantenía aún tras los barrotes de la celda.

—Brandish-sama.

La maga de cabello corto y de tonalidad verdosa entró en la mazmorra con tranquilidad mientras se limaba una de sus uñas. Aunque sabía que aquel gesto no era propio mostrarlo ante la presencia de la Desesperación Escarlata, que al igual que Erza, quedó atónita ante su aparición. Aquello gustó a Brandish y se sintió orgullosa, no era fácil sorprender a la maga más poderosa del reino.

—Podéis abandonar la celda, el señor August me ha mandado a mí la tarea—la voz de la Spriggan sonó lo suficientemente clara como para que los caballeros no se atrevieran a cuestionar su autoridad.

Acto seguido los dos hombres, tras mirarse algo dubitativos, abandonaron la estancia bajo la atenta mirada de Brandish y una vez que apenas se pudo escuchar el ruido de las armaduras al andar, la maga volteó de nuevo hacia las dos mujeres que se encontraban presas.

—Bien. Nunca imaginé que diría esto pero…que empiece la fiesta.

CONTINUARÁ….

¡Bueno, cuánto tiempo sin actualizar! Jaja! Espero que os haya gustado el capítulo. Me disculpo por la super tardanza, pero también tengo otras historias pendientes y otros quehaceres que me impiden centrarme del todo en esta historia.

Ahora que la he retomado espero actualizar más seguido Me sabe mal si estoy haciendo algo de Out of character de los personajes, pero es la primera historia que escribo de Fairy Tail y estoy intentando adecuarme lo máximo a los comportamientos de los personajes.

¡Un saludo a tod s los que leéis y seguís la historia! Cualquier queja estaré encantada de poder leerla.