El camino fue largo y en su estado agotador, miró a su lado izquierdo y aquel hombre le agarraba del brazo ayudándola a no caer. Ya varias veces lo había hecho; sus piernas no le funcionaban como ella quería, sabia que iba camino al final y el miedo y la angustia eran parte de cada paso que daba. Se sentía frágil, pero a la vez pesada. Sus piernas le pesaban, su cuerpo actuaba por inercia y su alma se encontraba en un pozo negro lleno de angustia y amarrada por cadenas tan fuertes que le impedían ver la luz.
Ya no salían lagrimas de sus ojos, estaban cansados de tanto llorar. Su voz hubo desaparecido, se encontraba ahora sin fuerzas y resignada al designio que la vida le otorgaba en estos momentos por su mal juicio.
Su mirada la mantuvo todo el trayecto en el piso, ¿Para que levantar la cara? Para que se rieran de ella aquellos que un día le envidiaban. "Fui la reina de mimando y hoy no soy nada" _ Pensaba mientras recordaba todo lo que hubo vivido en este palacio. A pesar de todo lo que le pasaba sabia que morir en la horca era el fin mas seguro y que debía de guardar fuerzas para cuando ese momento llegase poder resistir.
El cambio en el estilo de piso le dio a entender que ya no estaba en las mazmorras; ahora su sucio vestido y sus pies descalzo tocaban un elegante y bello piso. Nunca antes se hubo fijado en los detalles que ahora podía ver tan claramente. ¿Eran narcisos dibujados en el piso de la entrada a la corona? – Se preguntó mientras en sus interior reía de sí misma ya que en el ultimo momento de su vida se venia a fijar en detalles que antes siquiera miraba.
Siguieron el largo camino hasta llegar a un gran portón de madera tallada con flores y lasos al rededor del mismo. Este fue abierto por los dos guardias que se encontraban a cada lado de las puertas armados con largas lanzas que llevaban el escudo de la reina. Eran hombres fuertes y muy altos, tenían el uniforme de la corona y Ninguno le sonrió, ninguno la miró, ninguno se apiadaba de ella en estos momentos.
Al entrar en aquel salon los murmullos no se hicieron esperar y mas de uno comentario humillante pudo llegar hasta sus oídos. Siguió su caminar sin importar quién estuviese a su lado, sin importar quienes eran estas personas de las cuales una vez formó parte. Tantas veces vió con sus ojos un episodio como el que hoy ella era la protagonista. Tantas veces se echo a reír al ver entrar a la persona que próximamente iría a la horca por menos de lo que hoy ella era acusada. Ya no tenia ningún as bajó la manga. Ya no le esperaba nada, ni nadie. Su
Una lagrima cayó por su mejillas al sentir que los guardias que le acompañaban se detenían y que era hora de enfrentar su castigo. Apretó su vestido tanto que sus puños tomaron un color blanquecino y continuo hasta clavar sus uñas en sus palmas logrando que sangraran, pero no demostró el más mínimo dolor. Entonces una fuerte voz se escucho entre l multitud.
– Susana Marlow es acusada de alearse con el enemigo de la reina, lograr la muerte de varios de los soldados del la corona. Traicionar al pueblo inglés. Atentar contra la vida de un duque. Difamar la duquesa de Granchester y ser la mente maestra en las actividades en contra de la corona inglesa. – Gritó uno de los hombres de la reina, misma que la miraba desde su trono. Debía confesar que esta mujer que hoy tenia frente a ella nunca fue de su devoción. Nunca le inspiró confianza. Por eso cuando su sobrino el Duque de Granchester llegó casado con aquella pequeña escocesa se alegró pues sabía que esta mujer utilizaría hasta la más desagradables de las bajezas para engatusarlo y lograr ser su esposa. Pero jamás se imaginó que llegaría tan bajo en su afán de quedarse con su sobrino.
– La pena para... – Aquel hombre de voz áspera y fuerte intentó continuar leyendo la sentencia para la joven mujer cuando fue detenido dejando a más de uno sin habla. El protocolo dictaba unas reglas especificas y normas que en este momento se estaban rompiendo y justamente por la persona que cuidaba que siempre se llevasen a cabo.
– Un momento – Dijo la reina y todos voltearon a verla, incluyendo la misma Susana, quien jamas esperaba escuchar la voz de la reina. – Susana Marlow, has hecho cosas imposible de perdonar. – La miró mientras la joven rubia volvía a llorar sin parar – Tú titulo de Lady queda revocado en este momento tanto para ti como cualquiera de tu familia. – Como saben no suelo hacer concepciones de ningún tipo – Pausó para mirarla a los ojos encontrando dolor y ruego en los mismo. Debía decir que su estado actual era bien critico e infrahumano. Pero se lo había buscado ella misma actuando de la forma en que lo hizo. Había traicionado la corona, se había aliado con el enemigo y muchos de sus mejores hombres estaban muertos. Ella tenia que pagar.
El silencio era el protagonista de ese lugar mientras la reina la miraba, sin decir una sola palabra. Entones la reina levantó su mano pidiendo el papel donde estaba escrita la sentencia a muerte en la horca para la joven.
Esta miró detenidamente los gestos de la reina. Vio cómo leía aquellas lineas que dictaban su futuro. La reina agarró el papel con la sentencia, lo puso frente a ella y lo partió en dos pedazos. Los murmullos y asombros no se hicieron esperar y Susana simplemente cayó al piso colocando sus manos en su cara llorando ahora sin parar.
– Hagan pasar a mis invitadas – Dijo la reina y todo el mundo volteo para ver cómo se abrían aquellas enormes puertas y por ella entraban dos monjitas. Caminaron despacio hasta colocarse al frente de la reina y bajar levemente la cabeza como forma de respeto. Ninguna de las dos dijo palabra alguna, ninguna de las dos subió la cabeza simplemente estaban en la espera de que la reina le dijese lo que tenían que hacer.
– Susana Marlow – Exclamó la reina haciendo que todos incluyendo a la rubia le mirara – Has hecho daños irreparables, has defraudado a tu pueblo y has cometido traiciones que han dejado muerte y dolor a mi pueblo... – Hizo pausa para tomar aire, le pesaba lo que iba a hacer, pero había hecho una promesa y su palabra era ley
– Hicisteis todo para que la nueva duquesa de Granchester tuviese un mal fin. Hiciste hasta lo imperdonable para que ella sufriera en carne viva lo que hoy sufres tu. – Respiró profundamente y continuó – Sin embargo tu vida hoy se la debes a ella. – Todos comenzaron a susurrar sobre lo que acababa de decir la reina. Era imposible. ¿Acaso le dejaría vivir? Se preguntó más de uno. Ella sólo la miraba sin entender – La duquesa de Granchester ha pedido piedad por tu vida; esa que querías hundir y que sufriese lo peor de lo peor anoche vino en su estado a mi presencia a rogar que perdonara tu vida.
Susana no sabia cómo interpretar toda esta información. Se le estaba dando una nueva oportunidad para vivir y era gracias a la mujer que tanto odiaba y a la cual quizo hacer daño. Ella que era la mujer del hombre que pensaba amaba y por él que lucho contra todo, aún prefiriéndolo muerto que vivo junto a ella. Miró a la reina sin poder entender y sin poder reaccionar.
– La duquesa me ha pedido clemencia para ti. Y no he podido decirle que no a la mujer que demostró amar a su esposo, mi sobrino, más que incluso su vida misma. La mujer que sin ser inglesa ha demostrado respetar y cuidar a nuestra nación mucho más que otras. Le dí mi palabra de que no te llevaría la horca – Todos volvieron a murmurar, como era posible aquello. – Silencio – Gritó la reina y todos como por arte de magia callaron – Nunca había una concepción de este tipo; nunca nadie por menos de lo que tu has hecho ha salido libre e impune.
– Yo... – Quiso hablar la acusada, pero la reina la miró con ojos fuertes esta simplemente agachó la mirada.
– El hecho de que te deje viva no significa que tendrás libertad. A partir de este momento Susana Marlow serás enclaustrada junto a las mojas de clausura. – Ella levantó su mirada, querida dar gracias, querida llorar, querida poder entender mejor – Este Susana es el último día que veras la calle. Estarás en este convento hasta que mueras, se te prohibirá hablar o tener cualquier tipo de relación con personas de afuera. – Entonces levantó la mirada al público presente y continuó – Cualquiera que ayude a esta mujer, hable con ella o tenga cualquier tipo de relación será llevado a la horca por traición a la corona. – Los ojos de más de uno se abrieron entendiendo que la reina estaba cuidando que algún ex amante intentará sacarla de allí. – Y si por algún motivo Susana Marlow saliese de dicho lugar pagaré una excelente recompensa por su cabeza. – Los murmullos fueron bajos pero continuos. Ella respiró y entonces levantó la cabeza para mirar a la reina.
– Gracias – Fueron las únicas palabras que salieron de su boca
– No me la des a mi. Estas viva por que la duquesa ha rogado por tu vida, si hubiese sido por mí en estos momentos estarías en la horca pagando por lo que has hecho. Pero la mujer a la que le quisiste hacer daño ha tenido compasión por alguien como tú. – Desvió la mirada hacia las hojitas allí presente – Llévensela y que jamás mis ojos o los de algún otro de este reino vuela a ver su cara.
Susana respiró hondo y miró al cielo dandole gracias al todo poderoso. Estaba viva, viviría y aunque fuese de forma muy diferente a la que estaba acostumbrada tendría ahora tiempo para curar su alma, sacar sus demonios y vivir en paz.
Comenzó a seguir los lentos pasos de aquella monja mientras veía que más de uno miraba hacia otro lado para no verla. A pesar de todo no le importaba, estaba feliz. Viviría y aunque fuese por la caridad de aquella que tanto llegó a odiar; estaba viva.
Salió de aquel pasillo para subir a una carreta que era seguida por varios guardias de seguridad de la corona. Miró por última vez aquella que fue su ciudad y con paz en su alma volvió a dar gracias por la nueva oportunidad. Este no lo consideraba como un castigo, más bien era la oportunidad que tanto hubo pedido en la mazmorra y que hoy se le otorgaba.
Hola chicas.
Ya sé que esperaban la horca, pero creo que Susana a pesar de todo ya hubo sufrido bastante y en este capítulo quise traer una lección de vida: El perdón a aquellos que nos han hecho daño.
Y saber que cuando pedimos con fervor y con todo nuestro ser, si es su designio Él nos concederá lo que pedimos. Recuerda cuando el día está más oscuro es por que va a amanecer.
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CandyPecosa
