La puerta del gran despacho se abrió con ímpetu y violencia. La respiración del hombre de largas canas y barba espesa se encontraba agitada por culpa de los recientes acontecimientos que se estaban dando en su palacio durante los últimos días. Aquella mujer de largas trenzas lo sacaba de quicio y lo peor de todo era que se creía legítima de esos huevos de dragón. August la maldijo en voz alta haciendo que el fuego que se encontraba descansando sobre la cera de las velas que iluminaba la habitación se agitara, le estaba resultando tentador desplegar su poder mágico y destrozar todo lo que se encontraba a su alcance, aunque se dijo que no estaría bien destrozar Alvarez.

No imaginó nunca que Zeref reclutara a esa Spriggan de pacotilla, estaba loca. Suerte que él confiaba en sí mismo y no se dejaba amedrentar por la maga, porque sinó desde hace tiempo que se habría visto obligado a abandonar el continente. Se sirvió una pequeña copa de licor, aquel brebaje al menos calmaría sus ansias de matar. Al menos ese sentieminto no lo diferenciaba mucho de su archienemiga, a lo que August medio sonrió al percatarse del detalle.

Fue dando un pequeño paseo por el despacho hasta terminar en su ubicación favorita del lugar, el gran ventanal que daba claridad a la sala fuera de día o de noche. Esa gran ventana lo dejaba fascinado, habían pasado los años pero aún quedaba maravillado de las vistas que le ofrecía. Aún con su mirada perdida en el oscuro firmamento pensaba en esos huevos de dragón y lo mucho que le facilitaría tener unas cuantas bestias mágicas para poder terminar de una vez por todas con el reino de Fiore. Esos dragones le darían el pase gratis a que él apareciera en los libros de historia en un futuro y sería el primer Emperador de Alvarez en poder dominar esos seres cubiertos de escamas y que escupían fuego.

Pasados unos minutos por fin se decidió. Se acercó de nuevo a la pieza de antigua madera tallada en un hermoso escitorio, y de uno de sus cajones sacó un par de pergaminos. Terminó de escribir lo que tenía en mente mediante su característica y elegante letra, para después marcar con ganas el sello del reino en una esquina del papel. Ahora esas órdenes habían pasado de ser puras ideas desorganizadas en su mente a una orden estricta e irrefutable. Esta vez Fairy Tail estaba perdido.

...

El día amaneció con una brillante claridad, y el calor que prendía de ese radiante sol hacía que sus espaldas empezaran a sudar. La caminata que se estaban pegando no era corta precisamente.

̶

—Ánimo Wendy, ya falta poco para llegar a Alvarez—la animaba una cansada Lucy tras beber finalmente la úlitma gota de agua que quedaba en su cantimplora.

—Gracias Lucy-san...la verdad es que pensé que la casa de la señora Eileen quedaría más cerca de la ciudad, pero me equivocaba.

—Está claro que quería cubrirse bien las espaldas. Sería un engorro tener que lidiar cada día con los soldados de este sitio—se pudo oír la voz del chico de pelo rosa. Lucy lo miró extrañada, y es que de verdad que Natsu se había tomado aquella misión como algo personal. No le extrañaba cuando dentro del contexto se encontraban tres huevos de dragón prácticamente vulnerables.

Los jovenes magos fueron apartando cuidadosamente con sus manos los altos hierbajos del bosque que cubrían su vista sin querer hacer ruido y tomando las precauciones necesarias para que nadie les viera, aunque no pasaron más de dos minutos y por fin sus pies pudieron tocar el suelo duro y terroso de lo que parecía ser un camino principal hacia la ciudad. La ligera brisa chocó contra sus rostros demoviendo algunas hebras de sus cabellos, a lo que Wendy agradeció con una grata sonrisa mientras dirigía su mirada hacia el cielo azul libre de ninguna nube. Pero inmediatamente sus agudizados sentidos la obligaron a dirigir bruscamente su mirada hacia el suelo percatándose del ligero movimiento de la gravilla que lo adornaba.

—¡A cubierto!—Natsu enseguida empujó a las dos magas de nuevo hacia la arboleda de ese modo escondiéndose de lo que se estaba aproximando.

Efectivamente la vibración del suelo fue incrementándose siendo ésta la manifestación del intenso galope del grupo de soldados que se estaban acercando a su posición. La bandera con el símbolo del Imperio ondeaba a lo lejos y el ruido metálico de las armaduras estaba causando un gran estruendo haciendo que los pájaros de los árboles se juntaran en grupo para volver a reubicarse en el bosque.

—¡Mi capitán!—se pudo oír a pocos metros.

Uno de los soldados pareció señalar en el aire lo que parecía ser un halcón. El ave reposó sobre el brazo del hombre mientras que otro le desataba el mensaje que llevaba en una de sus patas. Enseguida emprendió de nuevo el vuelo.

—Soldado, lee el mensaje.

Los tres magos que se encontraba escondidos se miraron con cara de desconcierto esperando con gran impaciencia lo que tenía ese soldado que comunicar.

—Es un mensaje del señor August, y dice así: "A todas las tropas del Imperio de Alvarez, os quiero reunidos en el patio del castillo para prepararse. La guerra ha venido a nosotros y el Imperio debe atacar".

Los soldados se miraron los unos a los otros buscando alguna respuesta a aquella nota, pero lo único que había dibujado en sus orbes era un atisbo de duda. Aunque si eran órdenes del General debían obedecer, por lo que sin más preámbulo reanudadon el trote con sus caballos hacia el reino.

—Decidme que no es verdad...—Lucy no podía estar más asombrada. Sus piernas temblaban y el sudor frío recorría su frente. No podía haber otra guerra, Fiore no estaba preparada para otro ataque como el que sufrió hace unos meses.

—Fairy Tail...—Natsu masculló entre dientes—¡vienen a por nostros!

—¡Debemos ir de inmediato al Gremio y comunicárselo a todo el equipo y a todos los demás magos de Fiore!—Wendy tampoco daba crédito a lo que sus oídos habían percibido.

—Pero Gray, Erza...

—Lucy-san, estarán bien. Nosotros debemos apresurarnos a llegar a Fiore, ¡el Gremio no sabe nada y deben estar preparados para cualquier cosa!—la madurez con la que Wendy hablaba era increíble, incluso Natsu se sorprendió de la pequeña.

—Confío en Gray y Erza, no es la primera vez que nos separamos en una misión y al final terminamos por encontrarnos—animó Natsu sonriendo a la chica rubia con la intención de darle ánimos y restarle miedo.

—¡De acuerdo! Apresuremonos a conseguir unos caballos para llegar al tren del puente y volvamos a Fiore.

—Tren...—solamente pensar en aquella palabra Natsu sentía ese característico mareo que lo dejaba K.O

Dicho y hecho, los tres magos de Fairy Tail se apresuraron a encaminarse hacia la ciudad. No podían perder tiempo, tanto por el posible ataque que se avecinaba como la probable eclosión de aquellos tres huevos de dragón que se encontraban en sus bolsas escondidos.

...

El metal de las cadenas mágicas se descolgó de sus muñecas chocando inmediatamente en el suelo. Y como si de una inyección de adrenalina se tratara el poder mágico de ambas magas resurgió de nuevo. La más mayor dirigió su dudosa mirada hacia la mujer de cabellos cortos buscando una explicación por esa acción tan repentina.

—No tengo mucho tiempo para explicaciones, Eileen.

—Pero yo sí.

La voz de la mujer sonó tan imponente que hizo tragar saliva a la otra Spriggan. Le costaba admitirlo, pero sentía el miedo recorrer por sus venas.

—Por favor, haz lo que te pido y no me preguntes ahor-

—Habla, Brandish—Eileen estaba empezando a molestarse por tanto secretismo, y Erza sabía de sobra que su progenitora no era de las que cursaban con gran paciencia.

Otros pasos se aproximaron a lo largo de esa pequeña cueva.

—Díselo todo, Randi. Total, si quiere matarnos lo hará.

Esta vez fue otra voz la que se pudo oír, y Erza la conocía bien. Al fin y al cabo había tenido las intenciones de matarla hacía apenas unas horas.

—Vaya...hola Erza Scarlet.

Dimaria sin quitar su atención de la Titania se colocó cerca de su compañera, que dio un paso atrás ante la intimidante mirada de Eileen.

—Fiore está en peligro, August tiene la intención de mandar toda la flota y dar otro golpe. Quiere esos huevos de dragón le cueste lo que le cueste—confesó Brandish con un deje de decepción y desesperación. Nunca podría haber imaginado que el Spriggan al que más afecto tenía terminaría decidiendo tal sandez.

—¡Imposible! Alvarez no tiene la misma fuerza que hace unos meses, cómo...

—No subestimes al Imperio, niñata.—Dimaria cortó en seco a la pelirroja, que la retó colocándose enfrente suya.

—Erza Scarlet, debes marcharte enseguida a Fairy Tail, te necesitan—comentó Brandish dejando salir un suspiro de sus labios—sinceramente, desde la última guerra, no le deseo ningún mal a ningún gremio, y por eso es que quiero hablar contigo, Eileen-sama.

Esta vez la joven Spriggan dirigió su decidida mirada hacia la Desesperación Escarlata, que bajo ningún gesto en concreto esperó que continuara el diálogo.

—¿Randi, estás segura que-

—Sí, Dimaria. Desde hace tiempo que estoy segura de querer dar este paso. Alvarez está sufriendo con la tiranía de August, y yo ya no puedo seguir aceptando sus viles órdenes. Mi deseo es abandonar mi puesto como Spriggan y marcharme lejos de aquí.

Erza y Eileen cruzaron miradas entendiendo y respetando las palabras de la chica.

—Por favor Eileen-sama, te ruego que frenes a August y detengas la locura que está apunto de acontecer. Te hemos sacado de esa mazmorra para que pongas punto y final a este reino, para que la gente pueda vivir en paz y-

—¿Te crees que soy la salvadora del pueblo, Brandish?

—¡No, pero-

—¡Señorita Eileen, suerte que está viva!—la emocionada voz que se unió a aquella reunión hizo voltear inmediatamente a las cuatro mujeres.

La luz que entraba por la boca de la cueva hizo que la armadura del hombre brillara. Su cabello de tonalidad lila estaba atado cuidadosamente en una cola de caballo y la alegría en su rostro era más que notoria. Se apresuró a colocarse al lado de la mujer de trenzas que, impresionada, dio medio paso atrás.

—¿N-Neinhart?

—¡Oh, señorita Eileen, temí que no volvería a verla!¡Apenas pude llegar a recuperar su cuerpo y...Oh por el Dios Ankhseram, me alegro mucho de verla!—las lágrimas no tardaron en aflorar de sus ojos, mientras le hacía una reverencia a la maga.

—Neinhart, levántate, odio este tipo de gestos—el mago obedeció enseguida y se secó las lágrimas con sus manos—Yo también me alegro de verte—esta vez Eileen sonrió gratamente al ver uno de sus fieles compañeros brindarle tanta devoción.

Aunque el asombro del mago no terminó en ese punto, enseguida analizó la figura que se encontraba a unos metros de su posición.

—Vaya, vaya...mentiría si dijera que no me sorprendo de verla, señorita Erza.

La joven de Fairy Tail inicialmente no contestó a las palabras pronunciadas por el mago que se atrevió a despertar a sus más profundos temores en aquel barco en plena guerra. Suerte que en aquel momentollegaron su amiga Kagura y Jellal, sinó dudaría que siguiera viva.

—No comparto el gusto, pero ahora toda ayuda es bienvenida.

Los Spriggans se sorprendieron ante la actitud de la Scarlet, aunque ese mal humor con el enemigo era pura genética.

—¡Por cierto! ¡Eileen-sama, estamos en serios problemas! ¡La flota, August, Fiore...eh...la flota!

—¡Dejalo ya, Neinhart! Lo saben todo!—Vociferó Dimaria intentando apaciguar al pelilila.

—Eileen-sama...por favor...

Brandish estaba rezando para que sus palabras hicieran mella en el corazón de la pelirroja, pero por más que quisiera ella tampoco tenía el poder suficiente como para obligar a la Desesperación a que obedeciera. Al fin y al cabo desde que la conocío, Brandish sabía que Eileen era un alma libre por el mundo. Iba y hacía lo que le daba la gana cuando quería.

—Lo que deseaba era que esos huevos de dragón estuvieran a salvo, y ahora lo están. Lo demás no me concierne. Y te repito que no soy la salvadora del pueblo.

—No lo eres porque no eres capaz ni de salvarte a ti misma.

Eso sí que no se lo esperaba. Eileen sintió aquellas palabras clavarse en su cuerpo como si fuera una lluvia de puñales. Inmediatamente volteó y encaró a la mujer que se había atrevido a contestar aquello.

Erza sentía muy cerca suya la agitada respiración de la Desesperación, tanto que incluso algunas hebras de su flequillo bailaban ligeramente. Podía palpar el enfado de aquella mujer, e incluso dudó de si estaba pensando en atacarla, pero tal vez aquel era el momento de poner las cartas sobre la mesa.

—Nos pediste que guardáramos esos huevos de dragón, pero esa decisión es la cerilla que ha prendido la llama de todo esto.

—August iba a atacar Fiore con o sin dragones, Erza. Así que deja de decir estupideces—Eileen se separó de nuevo de su hija dando unos pasos a una posición sin concretar.

—No lo hará si nos mantenemos juntos, yo no voy a permitir que-

—¿¡Qué Fairy Tail caiga!? ¡Por favor! No seréis capaces de vencer a August porque-

—¡Te equivocas, Eileen!

De nuevo Brandish se interpuso. Parecía ser que aquellos magos estaban empezando a subestimarla.

—Neinhart, Dimaria y Bradman hemos decidido que dejamos Alvarez, y en este golpe de August nos unimos a Fiore, a Fairy Tail. Les causamos mucho daño en el pasado y no hay noche que no me arrepienta de ello, y quiero limpiar mi conciencia de alguna manera. Voy a luchar con ellos porque se lo debemos.

—Vamos a luchar—rectificó Dimaria enviando una sonrisa motivadora a su compañera.

—Necesitamos su ayuda Eileen-sama...usted es la única que puede hacer frente a August—añadió Neinhart juntando sus manos y entrelazando sus dedos como gesto de ruego.

Eileen se llevó una de sus manos a la cabeza. Desde luego tampoco había previsto que aquel golpe fuera a acontecer tan temprano. Sintió el desconcierto crecer en su interior y recuerdos muy antiguos afloraron en su mente de nuevo. La muerte y la sangre que regó el campo de batalla, el cuerpo destruido de los dragones, Belserion...su locura había desaparecido y en esos momentos sentía su alma más humana que nunca.

—Eileen, te necesitamos...por favor...

—Además, sabemos quién eres en verdad—añadió Dimaria algo titubeante mientras buscaba cobijo en la mirada de su compañera. Neinhart se limitó a suspirar y tragar algo de saliva por la posible reacción de la que él consideraba la líder.

—Quién...soy...—Eileen dirigió su perdida mirada hacia el suelo de la cueva. Erza estaba alucinando con la reacción de la Belserion ante las palabras se los otros Spriggans. Por primera vez se daba cuenta cómo la mente de su progenitora estaba siendo un verdadero caos.

Brandish dio un paso al frente posicionándose detrás de la poderosa maga, y tras pensarlo dos veces, acercó su temblorosa mano a la mujer, dejándola reposar suavemente sobre uno de sus hombros. La oleada de poder mágico la recorrió de arriba a abajo, pero la confusión que inundaba a Eileen fue lo que más le llamó la atención. Finalmente Brandish se vio prepara para dar el paso, para sacar el último ás de su manga, para hacer reaccionar a la persona que tenía delante.

—Necesitamos a alguien que pueda dirigir todo esto. Necesitamos que se ponga de nuestro lado y nos proteja una verdadera reina.

Eileen se agarró fuerte a su bastón teniendo la sensación de que iba a perder el equilibrio, aunque solo fue eso, una sensación. Siempre eran sensaciones. La sensación de que acechaba el peligro, de que la muerte la venía a buscar, de que no podía proteger a nadie, de que iba a volver a perder a su hija, de que la desgracia y las maldades que había cometido en el pasado la harían presa. Y nunca había podido redimir sus pecados de ninguna manera recibiendo así odio por parte de todos. Pero lo único que se merecía era eso, odio.

—Sin ti no podemos estar tranquilos de poder ganar, Eileen. Aparte de nosotros, los demás Spriggans están de su lado—habló Dimaria intentando convencer a la maga de largas trenzas.

—Sin usted estamos perdidos, señorita Eileen—Neinhart se unió al club de los que le estaban rogando a la Desesperación. Aunque este último añadió una reverencia a sus palabras, aún sabiendo que la maga detestaba ese tipo de gestos.

Sin decir nada, Eileen se encaminó hacia la boca de la cueva con la intención de salir.

—Maldita sea...

Brandish tuvo la intención de voltear para buscar el origen de esas palabras, pero enseguida el cuerpo de la chica pasó por su lado alborotando su cabello y haciendo ondear su capa debido a la velocidad con la que realizó el movimiento de caminar.

—¡Qué crees que estás haciendo!

La agarró fuerte por una muñeza obligándola a dar media vuelta para poder encontrarse con su mirada. Inmediatamente la encontró postrada sobre la suya.

—¡No puedes marcharte así como así! ¡Son tus compañeros y te están pidiendo que les ayudes!

—He dicho que no puedo hacerlo. Y ahora suelt-

—¡No lo haces porque eres una cobarde!¡Dices ser la maga más poderosa pero no eres más que una cobarde!

—Erza, no sigas...

—¿¡Qué no siga!?¡Tengo todo el derecho de decir lo que pienso! ¡Tengo todo el derecho de decirte todo lo que no te he dicho en todos estos años!

Eso último sí que la había reventado. Ese preciso instante fue cuando Eileen Belserion sintió miedo por primera vez en mucho tiempo. El miedo de escuchar las palabras de su propia hija, el miedo de sentirse acusada por todo el daño que le había causado.

—Pensaba que esta vez sería diferente, que demostrarías ser la persona que creí que eras de verdad. ¿Sabes qué? Siempre quise creer que mis padres seguían vivos, que eran muy fuertes y que fue un error dejarme en un orfanato, que seguían quiriéndome. Pero no eres nada más que la cobarde que me abandonó a mi suerte.

Dicho aquello Erza salió de la cueva con pasos apresurados y con las lágrimas al borde de salir de sus húmedos ojos. Odiaba sentir la rabia que en esos momentos la estaba inundando, deseaba zarandear a la otra mujer para abrirle los ojos, pero fue decepción lo que sintió. No esperaba que ella, la maga más poderosa de Alvarez, se hubiera dejado amedrentar por August. No podía creer que tras haberles entregado esos huevos de dragón a sus compañeros ella desaparecería igual que lo hizo cuando la dejó en aquel orfanato.

Por fin salió de la cueva, y una vez que sintió la luz del sol chocar contra su rostro, la lágrima que se resistía a salir finalmente resbaló pos su mejilla y le hizo ver cuánto había hechado de menos la presencia de su progenitora. Había deseado tanto abrazarla, contarle todo lo que pasaba por su cabeza, pero todo eso era inútil. Al fin y al cabo ella no era una humana por mucho que quisiera aparentarlo.

—¡Eileen no!

La voz de Brandish se escuchó desde dentro de la cueva y Erza inmediatamente volteó, y cuando lo hizo solo puedo observar tres siluetas. La mencionada se había marchado.

—¡Joder! ¡Malta niñata!—Dimaria fue en busca de la Scarlet queriendo encararla y echarle en cara que por su culpa, la Desesperación se había marchado, pero enseguida la frenó su compañera.

—Dimaria, sabíamos de sobra que esto podía ocurrir, pero con o sin Eileen dememos apresurarnos, además...

—Bueno, pues creo que estamos todos.

De repente el ambiente se cargó de malignidad, y el vórtice que nació de la nada dejó entrever a dos cuerpos, uno de ellos atado y levitando en el aire.

—Por fin apareces, Bradman.

—¡Gray!

La voz de Erza se hizo presente, y solamente tardó unas milésimas de segundo en cortar las ataduras que retenían a su compañero gracias al filo de sus espadas.

—¡Te juro que me lo cargo, Erza!—el Fullbuster se hizo con un arco de hielo sobre sus manos, pero la Titania lo frenó.

—Gray, Fairy Tail está en peligro, debemos marcharnos ya. Te lo explicaré todo por el camino.

—¡Pero Erza, ellos-

—Ellos están de nuestra parte...o eso quiero pensar...

Bradman se situó cerca de Neinhart esperando para partir.

—Encontré a esta rata escondida en el castillo de Alvarez, puede dar gracias que lo capturé yo y no August.

Gray observó de mala gana a Bradman, pero decidió prestar su atención a su compañera. La cosa se estaba poniendo muy seria, y aquella peliaguda situación olía demasiado mal para el mago de hielo.

—Erza, te seguimos.

Brandish se situó cerca de la pelirroja al igual que Dimaria, aunque ésta última lo tuvo que hacer a regañadientes.

—La señorita Erza no es una Reina, pero creo que podrá llevarnos a buen puerto—comentó Neinhart recolocándose sus ropajes.

—Que la furia de Ankhseram esté de nuestra parte—musitó por lo bajo el Spriggan que se encontraba levitando en el aire.

Sin más preámbulo el grupo de magos salió de la cueva y se encaminó al barco que se encontraba atracado en un recóndito lugar de las costas de Alvarez. La flota de August aún no había partido, por lo que el plan seguía funcionando.

—Erza, ¿y Eileen?—Gray se interesó por la gran maga mientras caminaba cerca de su compañera.

—Se ha marchado.

El mago de hielo intentó interpretar aquellas palabras pero por el tono con que fueron pronunciadas llegó a la conclusión que tal vez aquel no era el mejor momento para preguntar sobre el tema. Paseó su mirada por los demás Spriggans que les acompañaban y pudo sentir un potente poder mágico, dándole de ese modo un poco de respiro por el golpe que pronto tendrían que combatir.

...

A cada paso que daba, la tierra bajo sus pies crujía y su tacón se hundía ligeramente en ella. El viento a su alrededor estaba parado dando la impresión como si tuviera miedo de soplarle en la cara.

La mujer empezó a dar vueltas de un lado hacia otro en uno de los lugares más recónditos del continente. No había prácticamente nada, sólamente unas ruinas que pronto dejaron de ser meras rocas enterradas, pasando a convertirse en puro polvo.

—¡Maldición!

Y otra explosión se detonó enfrente suya haciendo volar por los aires todo lo que se había cruzado en su camino. La maga batió una sola vez su bastón en el aire provocando que la inmensa flama que se había creado chocara de nuevo contra el suelo esparciendo el fuego en éste. De nuevo otra bomba de llamas explotó. La mujer ya no sabía cómo calmar el dolor que la azotaba. Cómo apaciguar su ira contra su propio ser, aquel que no se merecía vivir mucho más.

Se sentía tan vulnerable que sus energías estaban decayendo en picado. Eileen caminó un poco más, pero de un momento a otro soltó con brusquedad su bastón obligándolo a chocar contra el suelo para después ser ella la que se desplomara sobre sus rodillas. Su dolor pesaba tanto que la estaba venciendo. Se cubrió su rostro con las manos deseando desaparecer en ese momento, pero lo único que estaba haciendo era esconderse de su propio destino.

Dirigió lentamente su mirada hacia el cielo sintiendo el calor del sol sobre su blanquecina piel y sabiendo cómo se reflejaban los rayos de luz sobre las lágrimas que recorrían sus mejillas. Se sentía una miserable, una cobarde. No era más que una vulgar maga que buscaba la manera de desaparecer de la faz de la tierra. Cuatrocientos años eran demasiados para permanecer sola, lejos de la sociedad. Su locura la había hecho una infeliz, se sentía en la soledad y más lejos del amor que quería sentir por parte de su hija.

Eileen desvió de nuevo su mirada hacia el suelo apoyando sus manos y encerrando la pobre arena en sus puños a la vez que ésta se humedecía por culpa de sus lágrimas. Los sollozos la hacían sentir tan débil y vulnerable que hasta una mosca podría acabar con ella. El miedo de perder a lo que más quería en ese golpe de Alvarez la hizo rehusarse de pelear contra August. Era conocedora de que aquellos huevos de dragón estarían a salvo, pero ella no era la persona para defender a todo el continente de Fiore y el pueblo de Alvarez, ella no era la Reina que querían que fuera, ella fue la que no pudo proteger a su propio pueblo de la Guerra de los Dragones, la que no pudo salvar la vida de su amigo Belserion.

La pelirroja no deseaba que nada de aquello se repitiera, que nadie a quien apreciaba muriera. No quería ver la sangre correr. Por eso en esos precisos instantes tenía la intención de desaparecer gracias al sello magico que se dibujó bajo su presencia, aunque el sol que ilumanaba la magia brotar de la tierra inmediatamente se vio eclipsada por la sombra que se postró tras la Belserion.

—No es momento de esto, Eileen.

La poderosa maga conocía tan bien esa voz que no fue capaz de levantar su triste mirada del suelo. Con ella al lado sus emociones afloraban a flor de piel.

—No lo tires todo por la borda...te necesitan...nos necesitan—la voz de la otra mujer sonó tan cálida y amable que calmó el fuego interno de la Belserion durante unos instantes.

La otra maga se arrodilló cerca la mujer de largas tranzas y pasó uno de sus brazos por la espalda con la intención de consolarla a la vez que observaba con algo de asombro cómo había dejado el terreno que las rodeaba. Todo estaba destrozado por culpa de sus explosiones cargadas de culpa.

—S-soy...una miserable...

Logró musitar por lo bajo la Spriggan golpeando con su mano el suelo.

—¡Erza no va a perdonarme jamás!

Y entonces fue cuando Anna Heartfilia pudo notar el dolor desgarrador que atormentaba a Eileen. También se fijó cómo las pequeñas y arrejuntadas escamas querían nacer de su piel, aunque aquello debía evitarse a toda costa, al menos en la situación en la que se encontraba en esos momentos su amiga.

—Eileen, me prometiste que no volverías a ponerte así, que intentarías tratar este asunto...

—No es fácil, Anna.

—Lo sé...pero tu hija debe saber que darías todo por ella.

La mujer de cabellera rubia apartó unas hebras rojizas que estaban alborotadas por el rostro de la maga para después disponerse a pasear la yema de sus dedos con la intención de apartar las lágrimas que decoraban muy a su pesar su rostro.

—He podido seguir tu pista por el golpe de poder que has ocasionado. Te conozco demasiado bien, Eileen...pero no debes dejar que ese descontrol aflore de nuevo. Podrías...haber...salido malparada...

La Belserion apartó su triste mirada de los ojos de su amiga, sabiendo que tenía razón por mucho que no quisiera reconocerlo. El mismo descontrol de su magia podría hacer que enloqueciera de nuevo.

—Muestra a todos de lo que eres capaz de hacer, y sálvanos de la desgracia que está a punto de acontecer. Tú bien sabes que todo esto es una locura, y que esos huevos de dragón no están a salvo, por mucho que te quieras hacer creer.

Anna tenía razon. Fiore estaba perdida si esos dragones cayeran en manos del Governador de Alvarez, aunque hubiera Dragon Slayers para combatirlos. La pelirroja se puso en pie de nuevo.

—No soy la Reina que ellos esperan que sea en este golpe.

—No, por eso no debes actuar como tal. Eres una maga muy poderosa que va a defender a su ideal, simplemente eso Eileen. Deja de presionarte con tus recuerdos de Dragnof, eso es pasado y el único pensamiento en el que debes divagar es en el presente.

Anna transmitió seguridad a su compañera, que afirmó finalmente tras entender sus palabras.

—Mi presente es Erza.

—Estoy segura que terminará entendiendo tu comportamiento. Sólo dale tiempo, Eileen...no le pidas más, y menos después de haber acabado con la vida de su Maestro.

La Desesperación suspiró sintiendo que se había quitado un peso de encima tras hablar con Anna. La observó detenidamente y finalmente le agradeció que estuviera acompañándola en ese díficil momento, al igual que hizo hace años atrás con su embarazo.

—Antes de ir a Fairy Tail debemos pasar por otro lado.

Anna prefirió no preguntarle, sabía que Eileen tenía la situación controlada y fuera lo que fuese tenía motivos suficientes como para atrasar su reaparición en el gremio de su predecesora. Las dos magas se agarraron del bastón que usualmente acompañaba a la Spriggan y en cuestrión de milésimas de segundo desaparecieron de aquel paisaje azotado violentamente por el dolor y la desesperación de la maga más poderosa del continente de Alakitasia.

Continuará...

¡Bien! Otro capítulo terminado. Siento la supermegahiper demora XD

En principio tengo pensado terminar esta historia, tampoco queda mucho para que termine, de todos modos disfruto esribiéndola y no la terminare antes por el simple hecho de no escirbir más!

De cada vez más me gusta el personaje de Eileen. Desde mi punto de vista tiene un enorme potencial y es una lástima que terminara como terminó, pero weeeeeenooooo...

Si hay alguna falta ortográfica comunicadmelo pls.

Cualquier apunte sobre la historia o el capítulo en sí lo dejáis en los comentarios ^^

Un saludo!