No sabia sí aquel fue el mejor lugar para hablarle sobre la decisión que acababa de tomar junto a la corona. Aquella reunion en Londres le tomó más tiempo de lo que esperaba, pero era necesaria para lograr su propósito: defender su familia.
La información obtenida de Lady Susana, no sólo le hubo enseñado lo frágil de aquella estrategia que habían diseñado para ponerle fin al Conde Leagan, sino que el previo batallón que le había sido asignado crecía de el entrenamiento necesario para dicha misión, le mostró también lo vulnerable que había sido ante aquel conde, quien sin piedad alguna casi lo mata y que ahora pretendía hacerle daño a lo más sagrado que existía en todo su mundo, su esposa e hijo no nato.
La reunión junto a la reina, altos militares y nobles había traído como resultado una emboscada al conde donde él seria la cabeza de dicho acto junto al mejor equipo de soldados existente en toda Inglaterra. Hombres escogidos y entrenados únicamente para situaciones especiales y esta lo es.
Sus verdes ojos reflejaban no sólo el dolor inmenso que llevaba dentro, sino que también la angustia y lo molesta que se encontraba en este momento. No, no iba a dar su brazo a torcer y aunque le costará más de una pelea, lucharía hasta ganar aquella batalla que desde ya sabia casi perdida.
Por primera vez deseó ser hombre para que la escucharan y tomaran en cuenta como tal. Se le hacía inconcebible la decisión que hubo tomado su esposo. Y aunque le amaba más que a nada, no estaba de acuerdo con ocultar sus sentimientos.
Miedo, fue el horrible sentimiento que apareció ante sus ojos al recordar lo vivido, al revivir lo que era casi perderlo. Tenia que buscar la forma, necesitaba fuerzas que le ayudaran en este momento donde sentía que volvía a perderlo.
– Debes de entender que es mi deber –le dijo Terrence suavemente tratando de aminorar aquellos sentimientos que sabía ocupaban el cuerpo de su esposa
– No, no acepto lo que vas a hacer. –le gritó con lagrimas asomándose a sus verdes lagunas
– Es mi obligación y debo hacerlo –comenzaba a enfurecerse ante la terquedad de ella – Es hora que entiendas cual es tu posición
– ¿Mi posición? –le gritó sin dejar de mirarlo a los ojos – ¿Me hablas de mi posición? –preguntó sarcásticamente mientras se limpiaba las lagrimas que bajaban por los mejillas– ¿Y la tuya? Dime –le volvió a gritar agarrándose de aquel mueble del cual parecía depender su vida.
– Debes relajarte Candy, no es bueno para el bebé –le susurró acercándose a ella y tratando de relajarla sin ningún resultado
– Ahora piensas en nuestro hijo. ¿Dime que le digo cuando no estes? ¿Qué le digo cuando me pregunte por ti? Crees que debo responderle que tu deber hacia la corona fue mayor que tu deber hacia tu familia
– Por un... –respiró profundo y se le acercó tomando su cara entre sus manos y acercándose tanto que ella podía respirar su mismo aire –Candy lo hago por ti y por mi hijo; no quiero que un día le hagan algo y que sea muy tarde para ustedes. –respiró profundo sin dejar de mirar aquellos ojos que le habían hipnotizado– Entiéndeme amor, si no lo hago ustedes estarían en peligro y perderlos sería lo peor que me podría pasar. Esto no lo hago por la corona o por mi deber con mi pueblo. –besó su frente y le abrazó para luego acercarse a su oido– Candy te amo, te amo tanto que sólo saber que te pudieran hacer algún daño me angustia. Amor entiéndeme debo hacerlo.
– Me muero si te pierdo Terry, ya una vez por poco te pierdo. –le susurró la joven mientras colocaba sus brazos en el cuello del joven– Te amo demasiado –su lagrimad caían sin parar ¿Cómo explicarle que él era su todo y sin él su vida no tenia sentido?– No quiero que vallas, por favor
– Debo hacerlo. Es hora de dar por terminado aquello que por culpa de Lady Susana no se pudo. Ahora ustedes, tu y mi hijo son su blanco y si no lo hago yo primero, entonces el lo hará y no sólo tú correría peligro, sino que nuestro hijo.
– Debe de existir otra forma, alguna manera de que no seas tú quien arriesgue su vida.
– Candy esta vez no hay forma que se entere de nuestra presencia. Cuento con lo mejores y mas serios hombres, capaces de dar su vida con tal de acabar con el Conde y traer paz y unidad a nuestro pueblo –Candy le miró, se apartó y se dirigió a la ventana. Miró fijamente a un punto inexistente mientras Terry se colocaba detrás suyo y le abrasaba por la cintura.
– Entre ellos tu... ¿O me equivoco? –le pregunto sin dejar de ver aquello que no existía
– Sí, pero por ustedes –fue la respuesta del joven duque mientras acariciaba el abultado abdomen de su esposa. No pensaba mentirle, no era su forma de ser y aunque amara a Candy más que a nada en todo el mundo, su deber para con ella y su bebé era superior al deseo de ella de que se quedará. No era un cobarde, nunca había perdido o se había retirado y esta no era la excepción – Candice –le Dijon tono serio, estaba ya cansado de que ella no entendiera – Voy a ir, voy a defender a mi familia y mi país y tu te quedarás aquí
– No puedes pedirme que me quede de brazos cruzados mientras pones en juego tu vida –le grito mientras se alejaba de sus brazos
– Esta vez no jugaras ni pondrás en juego tu vida y la de mi hijo, te quedaras en palacio –le dijo en tono autoritario, mirándola fijamente alejando toda emoción de su cara – Te queda totalmente prohibido salir de palacio. Tendrás escoltas 24 horas al día, mis padres estarán todo el tiempo pendiente de ti y tus padres deben estar de camino.
– ¿Mis padres? –le preguntó sabiendo lo que significaba tener a su madre cerca, no sólo los regaños de sus regaños, sino que sobreprotección de su padre
– Lamentablemente no confío en ti y he tomado medidas extremas esta vez para evitar que pongas tu vida y la de mi hijo en peligro –la joven lo miró por largo rato y se dejó caer en aquel mueble color escarlata que por momentos fue su gran apoyo. – Entiende amor que tengo que cuidarte. –le dijo colocándose de rodillas entres sus piernas y agarrando sus manos con una mientras que con la otra le levantaba la barbilla para que le mirase. – Te amo Candy, como nunca imaginé amar a nadie.
– Si te pierdo me muero –le dijo entre lagrimas y en un tono que daba a entender que había perdido aquella batalla con su esposo.
– Yo también te amo pecosa. Y te prometo volver intacto para estar el día del nacimiento de nuestro hijo.
– ¿Y si no vuelves? ¿Y si hay otra trampa?
– Confía en mí, por favor Candy confía en mi esta vez –Terry se levantó para luego levantar a su esposa y darle un suave beso en los labios.
– Prométeme por nuestro hijo que te cuidaras y volverás a nosotros –le rogó mientras los labios de él se hacían dueño de los suyos
– ¿Por qué la sonrisa? –le preguntó Richard a su esposa que se encontraba sentada con todos aquellos hilos de bordar que utilizaba para lo que seria el ajuar de su futuro nieto.
– Pienso en que Candy es admirable –le respondió a su esposo
– ¿Y eso a que viene ahora?
– Admiro que le diga a Terry lo que tantas veces quise decirte –le dijo colocando todo sobre la mesa para caminar hacia la ventana. Desde donde se encontraban habían escuchado toda la discusión de su hijo y nuera. –Nunca te imaginaste en la angustia que me dejabas cada vez que ibas a cumplir tu deber con la corona. Me quedaba de principio sola sin nadie más que mi difunta nana y luego cuando Terry llegó fue aún peor. –volteó a mirarlo y continuo sacando de su pecho aquello que llevaba años guardando –Cada guerra, cada batalla, cada encomienda era una posibilidad de que no volvieras. De que simplemente nos dejaras solos. –suspiró ahora bien hondo- y a pesar de que lo sabía nunca nos habíamos dicho que nos amábamos.
– Sabes que nunca he sido bueno con las palabras, pero mi amor por ti es y siempre ha estado aquí. –le dijo tocando su corazón y acercándose a ella
– Ahora nuestro hijo hace lo mismo y temo perderlo, es por ello que admiro la mujer que en estos momento no sólo le reprocha que valla y la deje, sino que también es capaz de hacer que nuestro hijo la ame tanto que no le importe ni su vida misma.
– Sabes lo bueno que es nuestro hijo y que debe hacerlo por el bien de su hijo y esposa. El conde no se quedará de brazos cruzados como sabes y en estos momentos la seguridad de mi nuera y nieto peligran.
– Entiendo todo eso, pero el temor existe –le dijo pasando los dedos por aquel pelo canoso que una vez fue tan oscuro como el de su hijo
– Debemos cuidar de su mujer e hijo. No nos queda nada más que hacer que brindarle la seguridad que ellos estarán bien mientras él está fuera y que Candy no hará ninguna locura.
– Temo. Sabes que este conde no es bueno
– Esta vez Terry va preparado
– ¿Cuándo parte? –preguntó Eleonor
– En dos días. Sólo espera la llegada de los padres de Candice para marchar en paz sabiendo que su esposa y mi nieto estarán bien.
Hola chic s bellas. No me odien por la tardanza.
Como muchas saben mis musas son divas y bueno si no me gusta no lo publico. Me gusta brindarle lo mejor de mí y publicar sólo por salir del paso no es mi gusto, ni lo merecen.
Si nos acercamos al final y deseo publicar más a menudo para terminarla. Es el único fic incompleto que tengo y me prometí a mi misma no publicar nuevo hasta terminar este...
Ahora... ¿Qué les pareció?
¿Y si Terry no cumpliera su promesa de volver?
Gracias por los comentarios y likes...
Estoy publicando mis trabajos de dibujos en Youtube, por si quieres ver más sobre lo que hago...
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