Los personajes de Candy, Candy no me pertenecen, son propiedad de sus creadoras Kioko Misuki y Yumiko Igarashi
Un Inesperado Encuentro
By Rossy Castaneda
Capítulo Dos
Tras ser informado que debía viajar a Escocia para pedir formalmente la mano de quien se suponía era su prometida, Terruce Grantchester con la ayuda de sus amigos planeó la manera como escaparía de aquel maldito suicidio a su soltería.
Ni loco haría lo que sus padre pretendían, prefería mil veces lanzarse de un despeñadero antes de hacer tal cosa.
Bajó las escaleras de la enorme mansión en las afueras de Londres, tomó una bocanada de aire al tomar el pomo de la puerta del salon de baile donde se llevaba a cabo la primera fiesta de la temporada donde las jovencitas en edad casadera asistían en busca de un buen prospecto para un matrimonio provechoso.
Rodó los ojos al ver como las jovencitas en el salon de baile abanicaban sus pestañas mientras él pasaba a un lado de ellas.
Arqueó una de sus cejas al ver la sonrisa de quien se suponía seria su prometida a partir del día siguiente algo que obviamente no sucedería.
"Sonríe mientras puedas mocosa mimada, porque te aseguro que mañana llorarás y yo reiré" —dijo internamente.
—Al fin apareces Grantchester —Stair se acercó a él junto a su hermano Archie.
—¿Está todo preparado para mi huida?
—Aun no entiendo porque quieres huir, no te has dado cuenta que te estás volviendo viejo y necesitas una buena chica para formar una familia, además las jóvenes Escocesas son bastante hermosas —Dijo Archie suspirando
—Eso es cierto Terry —secundó Stair imitando a su hermano menor.
—Ustedes lo dicen por que tienen a dos bellas Escocesas como prometidas —respondió el castaño —yo en cambio —arrugó la nariz —a esa frívola mocosa engreída —Terry miró de reojo a la joven rubia quien no le quitaba la mirada de encima mientras conversaba con la odiosa Elisa Leagan.
—Terry no me parece que Lady Susana sea lo que dices.
Terry bufó —te quiero ver conversando con ella por cinco minutos —Terry mostró su fastidio.
Stair arqueó una ceja —Terry nadie puede obligarte a asumir ese compromiso si no lo deseas.
—Lo sé —respondió el castaño —es por esa razón que esta misma noche desapareceré de la mirada de todos por unos cuantos días —dijo mirando la manera como Lady Susana abanicaba sus pestañas —. Terry no podía negar que la chica era hermosa pero igual de molesta que un estorboso grano en su trasero, realmente la belleza física de Lady Susana se veía apocada por lo hueco de su cabeza, algo que al joven marqués le resultaba fastidiosamente exasperante, pues la joven no paraba de parlotear idioteces, en conclusión no había un punto de conexión entre ellos para mantener una charla que se pudiera decir interesante, algo que Terry buscaba en una jovencita en edad casadera.
—Ve a bailar con ella Archie —dijo Terry al ver como Lady Susana se acercaba peligrosamente hasta donde se encontraban —entrentenla en tanto yo me marcho.
—¿Del baile? —preguntó Archie.
—Si —respondió Terry —y entre mas pronto lo haga mejor.
—¿Te has vuelto loco? —dijo un sorprendido Stair —apenas a cabas de entrar al salon de baile, no puedes marcharte ahora mismo y dejar plantada a tu hermana, este es su primer baile y estoy seguro que querrá bailar con su hermano mayor.
—No, no lo he echo, es solo que no pienso acceder a un tonto compromiso con esa jovencita cabeza hueca —respondió —me iré a la villa de Escocia, tengo algunos asuntos que resolver y no precisamente formalizar el tonto compromiso en el que mis padres pretenden amarrarme.
—Terry no puedes marcharte ahora, ha llovido durante largas horas y la carretera estará echa un desastre para que viajes en un carruaje —intervino Stair.
—En ese caso, tomaré solo a Teodora y cabalgaré hasta allá, si veo que el camino es peligroso me detendré en la posada de Gretna Green, esta es la segunda semana del mes, y los propietarios de aquel lugar resguardan una habitación para mi, aguardaré ahí hasta que el clima sea favorable.
—Y si tu hermana nos pregunta por ti, ¿que le diremos?
—Le dirán que se me presentó una emergencia y que tuve que ir a resolverla.
—Con lo perspicaz que es, sabes perfectamente que no nos creerá una sola palabra.
Terry suspiró reconociendo que sus amigos tenían razón, Karen no se creería esa tonta explicación —díganle la verdad, de todos modos a Karen le desagrada Lady Susana y creo que será una buena aliada, además no es mentira que tengo algo que resolver en Escocia y ustedes mejor que nadie lo saben.
—¿Sigues con ese asunto?
—Si —respondió Terry —no puedo simplemente hacerme el desentendido sabiéndolo.
La aniñada voz de Lady Susana hizo que los amigos dieran fin a su charla
—Milord.
—Buenas noches milady —Terry fingió una sonrisa —justo ahora Archie me decía que le pediría un baile.
—¿De verdad? —preguntó una sorprendida Lady Susana dejando su boca abierta.
—¿Yo? —musitó Archie arqueando ambas cejas e imitando la acción sorprendida de Lady Susana.
Stair se mordió los labios para no reír y Archie le dirigió una mirada asesina a Terry, pero no quedándole de otra tuvo que seguir el juego de su amigo.
—Claro, claro —corrigió Archie mostrando sus blancos dientes en una sonrisa forzada, ya le cobraría a su amigo tremendo suplicio —recién le decía a Terry que me encantaría bailar con usted —Archie hizo una reverencia —¿milady, sería tan amable de concederme la siguiente pieza de baile?
—Si claro —respondió Lady Susana con una tonta sonrisa.
Archie se las arregló como pudo para ofrecer su brazo al de Lady Susana y dirigirla a la pista de baile, agradeciendo internamente que su prometida no estuviera presente; mientras caminaba, Archie miró hacia atrás para taladrar a Terry con la mirada pero el muy desgraciado ya se había esfumado del salon de baile.
Terry no podía perder tiempo, como el escurridizo y cotizado soltero que era hasta el momento, se deslizó fuera a toda prisa, evitando a su madre, a su padre y a su pequeña hermana, y se dirigió corriendo a su habitación. Metió algunas cosas en una maleta, agarró la billetera, la capa que lo resguardaría de la lluvia y bajó sigilosamente por las escaleras de servicio —. Salió al exterior, y vio el amplio jardín de su casa encharcado.
Amaba Londres, pero le encantaba pasar tiempo en la villa de Escocia ubicada en el campo, unos cuantos kilómetros antes de llegar a Edimburgo, en donde podia descansar del ruido de la ciudad y hacer lo que tanto amaba, no obstante su tranquilidad emocional estaba a punto de irse al diablo si accedía al compromiso con Lady Susana, ante tan horrible perspectiva, Terry apresuró el paso y se dirigió a los establos a grandes zancadas.
Luego de ensillar a Teodora, de un salto se montó sobre ella y salió a todo galope a lo que era su libertad.
Con sus ropas empapadas, los pies al punto de ampollas y castañeando los dientes , Lady Candice llegó a la posada de Gretna Green.
Las risas de los borrachos en el interior del lugar le recordó que debía actuar como un chico, razón por la cual haciendo uso de todas sus fuerzas controló sus temblores.
Respiró profundamente al escuchar las fanfarronerías que aquellos despreciables hombres decían, en el estado de embriaguez en el que se encontraban serían presas fáciles de cualquiera y a ella se le apetecía que uno de ellos se le pusiera al frente para poner en práctica los certeros golpes que su hermano Albert le hubo enseñado.
Lady Candice, apretó los labios al ver el aspecto de aquel lugar, arrugó la nariz al percibir el olor a cerveza derramada en el piso, el lugar sin duda lucía deplorable, haciendo de tripas corazón, Lady Candice se abrió paso, pues no tenia otra opción, debía hospedarse en aquel lugar y aguardar a que el mal tiempo le permitiera seguir su camino.
—Necesito una habitación para pasar la noche —gritó Candy imitando una voz masculina de acuerdo a su atuendo para ser escuchada.
—Lamento informarle que estamos llenos —respondió la mujer detrás del aparador
Escuchar aquello provocó que a Candy se le encogiera el estómago, pero no lo demostró, necesitaba mantener la calma, de no haber habitación disponible estaba dispuesta a dormir en cualquier rincón que le ofrecieran e incluso en el establo, aquello era preferible que volver a tras y aceptar aquel absurdo compromiso.
—¿Puedo hablar con el dueño?
—Claro —respondió la chica mostrándole con su mano el lugar donde se encontraba un hombre entrado en años junto a una mujer de similar aspecto.
Candy cruzó la estancia en pasos rápidos.
—Esta noche es el comienzo de la temporada Frank, he escuchado que finalmente la soltería del marqués Terruce Grantchester ha llegado a su fin —decía la mujer
—Dudo mucho que eso sea cierto Gloria, conociendo lo escurridizo que es Lord Terruce es poco probable que eso suceda.
—Eso es cierto —respondió Gloria.
—Buenas noches —saludó Candy tras carraspear su garganta para hacerse notar —disculpen que interrumpa, pero me preguntaba si hay alguna habitación disponible.
—Estamos llenos —respondió el hombre mirando a Candy con el ceño fruncido.
—Lo comprendo —respondió Candy al tiempo que apretaba los labios para evitar que maldiciones salieran de sus labios.
—Oh vamos Frank, seguro podemos encontrar un rinconcito para este pobre muchacho que se ve tan cansado.
—Lo estoy, bella dama —dijo Candy con galantería masculina —mi caballo se ha lesionado y mi ayudante de cámara ha tenido que volver a casa para que el animal reciba la atención debida y he caminado bajo la lluvia hasta llegar a este lugar.
—Gloria, la única habitación disponible es la que Lord Terruce reserva cada dos semanas.
—En ese caso el chico puede ocuparla.
—No —respondió el hombre —esta es la semana que...
—Dudo mucho que la necesite —Gloria lo interrumpió —recuerda que es el comienzo de la temporada y la primera fiesta será precisamente en la casa de los Duques de Grantchester en las afueras de Londres, en donde aprovecharán la ocasión para presentar en sociedad a Lady Karen, ademas en caso que se le ocurriera venir, sabes que Lord Terruce es un buen chico y no le molestará en lo absoluto compartir su habitación con este apuesto jovencito.
—Lord Terruce, es todo menos buen chico —intervino uno de los borrachos —es el claro ejemplo de todos los vicios propios de la gran ciudad, es un calavera de primer orden y puede que también un proxeneta, si te descuidas chico hasta tu puedes caer bajo sus encantos.
Candy apretó los labios para ahogar un chillido que amenazó en salir de su garganta.
—Cállate Sam —dijo Gloria frunciendo el ceño —sabes que esos son solo cotilleos.
El hombre rió e ignorando las palabras de Gloria prosiguió
—Yo que tu muchacho me alejaría de él, no creo que sea una buena influencia para un chico de tu edad, se dice que conoce y muy afondo todos y cada uno de los burdeles de la región —Completó alejándose mientras reía.
Candy se puso rígida ante tal descripción, definitivamente el tal Lord Terruce era todo menos buena persona como la señora Gloria pretendía hacerle creer.
—No hagas caso de lo que Sam a dicho —dijo Gloria —son solo cotilleos.
—Tienes razón —intervino Frank volviendo a la charla original —el chico puede ocupar esa habitación —¿Cual es tu nombre muchacho y cual es tu destino?
—Ca... —Candy se mordió los labios y se dio un golpe mental por la metida de pata que estuvo a punto de dar, no podía utilizar su nombre ¿verdad? —Carl White —respondió utilizando el nombre de su tío materno —y me dirijo a Londres.
—¿A Londres? —preguntó un extrañado Frank mirando al chico frente a el con total detenimiento —¿Cuantos años tienes?, no serás un chico malcriado que se ha escapado de casa ¿verdad?.
—No señor, —respondió Candy —le aseguro que soy mayor de lo que aparento,
—Seguro tienes entre doce a trece años —intervino Gloria —No intentes embaucarnos, caballerete. Hemos criado tres hijos. Ya se está acabando el día y no tienes la más mínima sombra de barba —dijo Gloria riendo.
Candy ahogó un suspiro, eso de fingir ser un hombre era mucho más difícil de lo que había pensado.
—¿En qué estará pensando tu madre para dejarte viajar solo de esta manera? —preguntó Gloria chasqueando la lengua.
—Mi madre murió hace unos años, señora. Vivo con mi anciana tía. —respondió Candy tragando con dificultad su propia saliva.
—De todas maneras, no puedo entender que nadie, ni siquiera una tía, por muy anciana que sea, deje que un jovencito como tú viaje solo a Londres —dijo Frank mirando al chico con ojos entrecerrados.
—Le aseguro señor que a mi tía esto no le ha gustado nada. Pero yo quería irme por encima de todo, verá, voy a visitar a mi hermano y no me habría detenido en Gretna Green de no haber sido por el inconveniente con mi carruaje y mi caballo, a esta hora ya estaría llegando a Londres.
—Un muchacho de tu edad no debería viajar solo. Hay hombres..., y también mujeres, claro, perversos en cada recodo, ávidos de aprovecharse de un mozalbete como tú, recién salido del cascarón. Apuesto lo que sea a que tu hermano no tiene la más mínima idea acerca de cómo hacerse cargo de ti. ¿Qué edad tienes?.
—Diecinueve —respondió Candy.
Frank achicó sus ojos, había algo en aquel chico que le inquietaba.
—Oh vamos Frank deja de ver al chico de esa manera, lo estás asustando, mejor accede a darle la habitación que queda.
—De acuerdo Gloria, tu ganas —dijo Frank después de pensarlo por un tiempo considerable —No creo que Lord Terruce venga esta noche, ayuda al chico a acomodarse, préstale una pijama seca y limpia o pescará un resfriado si permanece con esas húmedas prendas.
Gloria sonrió —acompáñame jovencito —dijo Gloria poniéndose de pie y emprendiendo la marcha —no logro comprender como es que tu tia te ha permitido viajar solo con este mal tiempo —le dijo mientras le entregaba ropa limpia y seca.
—No viajaba solo señora, lo hacia con mi ayuda de cámara, pero a raíz del accidente se vió obligado a regresar a casa —respondió Candy aceptando las prendas.
—Si claro, lo había olvidado —dijo Gloria deteniéndose de pronto —esta es la habitación, cámbiate de ropa y descansa —Gloria se despidió.
Candy ingresó a la habitación sorprendiéndose de la belleza de todo a su alrededor, desde las cortinas, la silla frente a la chimenea y la ropa de la enorme cama eran de un azul oscuro.
Cuando su verde mirada se posó en la enorme cama imaginando que ahí reposaba Lord Terruce Grantchester, arrugó la nariz al recordar las palabras de Sam imaginando la cantidad de mujeres que habrían retozado con aquel calavera sobre aquella enorme cama.
Dejando de lado sus escrúpulos, luego de deshacerse de las ropas mojadas y vestirse con la ropa limpia y seca, luego de pensarlo decidió dejarse la peluca que cubría su cabello, aunque era tarde y probablemente nadie mas llegar a esa hora, no quiso correr riesgo de ser descubierta.
Removió finalmente la colcha y se metió bajo de ellas con el único propósito de descansar.
Cuatro horas mas tarde, Terry maldecía el hecho de no haberle hecho caso a sus amigos de no salir en ese momento, había perdido la cuenta de las veces que estuvo a punto de de caer y Teodora con él.
En lugar de huir debió hablar con sus padres y decirles que no aceptaría aquel absurdo compromiso, pero ahora debía hacerle frente a su pésima decisión ya que estaba en medio de la nada y expuesto a caer en cualquier despeñadero.
¿Y acaso no era eso lo que había dicho? —¡infierno! Una cosa era decirlo y otra muy distinta era vivirlo ya que estuvo a punto de romperse el cuello en aquella maldita carretera —con aquel mal tiempo le sería imposible llegar a la Villa, tendría que detenerse en la posada de Gretna Green, donde estaba seguro le reservaban la mejor habitación durante esas fechas, aguardaría ahí hasta que el mal tiempo cediera y le permitiera seguir su camino.
Terry se detuvo frente a las caballerizas de aquel lugar, bajó de Teodora y pudo advertir la cara de sorpresa Cookie, el mozo de cuadra de la posada, al verlo llegar a esas horas de la madrugada.
—Milord no lo esperábamos hoy —dijo el joven con una sonrisa —la posada esta a reventar, muchas personas se han detenido para resguardarse de esta tormenta.
—Ya me he dado cuenta —dijo Terry mirando a su alrededor.
—Vamos a adentro, estoy seguro que la señora Gloria estará encantada de recibirlo.
Terry sonrió, realmente la señora Gloria le daba la mejor de las bienvenidas cada vez que él arribaba a aquel lugar.
—Miren quien a llegado —Cookie anunció ingresando a la taberna.
Continuará...
—Con este capítulo queda claro que Candy no es la supuesta prometida de Terry, por ende Terry tampoco es el prometido de Candy ;)
—Por el momento seguiremos comiéndonos las uñas jajajaja
