El horizonte se mantuvo despejado aún cuando el primer rayo anaranjado que emanó de la gran estrella bañó todo el mar. Las olas apenas galopaban con fuerza haciendo que fuera poca la espuma que chocara contra la resistente madera que conformaba el discreto barco en el que viajaban los magos.
Erza sentía la agradable brisa acariciar su rostro mientras que las hebras de su cabello escarlata se colaban con rebeldía por el hueco que habia entre sus brazos. Por fin estaba de regreso a su querido hogar, y rogó al cielo que sus compañeros estuvieran bien. Al fin y al cabo ellos poseían los tres huevos de dragón y la misión era llevarlos al gremio de inmediato. Seguro que habrían confiado en que la que se hacía llamar la maga más poderosa les habría protegido con todo lo que ella decía tener. Suspiró y echó su cabeza hacia atrás de ese modo permitiendo a su cuerpo recostarse en el grueso borde del navío. No era nada fácil entender el comportamiento de su progenitora, de hecho le estaba resultando ser inaceptable.
—Cuidado no vayas a caerte—la voz que se dirigió a la Scarlet la sacó de sus pensamientos de inmediato y la obligó a mirarle.
—Gray...
El mago de hielo finalmente llegó donde se encontraba su compañera y se sentó cerca suya.
—Has estado muy callada durante lo que llevamos de viaje, ¿estás segura que tus pensamientos están en orden? Hay que estar preparados para todo lo que venga, Erza—habló el chico mirandola fijamente a los ojos y buscando un atisbo de claridad en ellos.
—La verdad...es que mis pensamientos están absolutamente desordenados, Gray—la pelirroja volvió su mirada hacia el cielo—esta misión no está siendo nada fácil para mi.
—Puedo intentar entenderte...yo perdí a mi padre en la batalla contra Tartaros y el simple echo de pensar que lo tuve como enemigo también me aterró. Al principio quería negar que era él, pero finalmente lo tuve frente a mis ojos en sus últimos momentos y me explicó toda la verdad.
Erza escuchaba con detenimiento a su compañero, que esta vez cambió la expresión en su rostro por una más nostálgica al recordar a su querido padre y a aquel que le otorgó la magia de Devil Slayer.
—No tienes ni idea de lo que me gustaría tenerle a mi lado...de tener a la persona que no he podido disfrutar en todos estos años.
Erza se enderzó y se sentó.
—Eileen fue enemiga de Fairy Tail en el pasado, pero las cosas están cambiando Erza.
—Ella no es la persona en quien podamos confiar, se ha marchado y nos ha abandonado a nuestra suerte otra vez—el rencor que sonaba en esas palabras hizo que la maga apretara sus puños en señal de rabia.
—Creo que estás adelantándote a los acontecimientos, es más...mírales—el Fullbuster señaló la sala iluminada en la que se encontraban los demás—esos Spriggans han renunciado a sus puestos y van a ayudarnos a parar esta locura.
—También pueden traicionarnos, yo ya no sé qué pensar—Erza se vio inmersa en un lago de desmotivación y desesperación.
—Lo que yo pienso es que esto va a salir bien y que vamos a ganar. El enemigo está separado y ellos son nuestros aliados ahora. Creo que debemos darles un voto de confianza.
Gray se levantó de su asiento y se dispuso a caminar hacia la sala iluminada del barco, aunque no sin antes voltear hacia su amiga.
—Erza...puede ser que tu madre haya cometido muchos errores, pero...¿no crees que se merece una segunda oportunidad? Al fin y al cabo se la diste también a Jellal y Minerva, además somos humanos y todos nos equivocamos.
Dicho aquello, el mago de hielo se encaminó hacia el interior del barco uniéndose a los demás. Erza se mantuvo en su sitio dejando escapar un suspiro a la vez que volvía a dirigir su perdida mirada al horizonte. "Qué haría usted, Maestro Makarov..." se dijo, observando la marca de su gremio, de su familia. La silueta de Eileen Belserion volvió a aparecer en su mente. Nunca se marchaba de ella.
...
El constante ruido que salía de la chimenea de la locomotora evitaba que cualquier ser de la zona, o más bien, en el mar se percataran de la presencia de esa gran máquina dejando a su paso un camino de humo en el aire.
—Vamos Natsu, solo quedan un par de horas más y ya llegamos a la estación más cercana de Magnolia—Lucy mantenía su mano sobre la frente del joven Dragon Slayer, que juraba que estaba a punto de desmayarse.
—Lo siento Natsu-san, pero la magia antimareo solo puedo hacer que sea efectiva en mi, no tengo el poder suficiente como para usarla en dos personas—se excusó la joven maga lamentandose de su falta de poder.
—Me...muero..., me...muero...—el pelirosa sentía cómo el alma se le iba a salir de la boca. Lo único que deseaba era llegar a su amado gremio y no viajar en tren nunca más.
Natsu se preguntaba por qué el destino le había hecho tan vulnerable a los transportes. Y otra náusea atentó contra él.
—Creo que puedo ayudaros, chicos.
Cómo si de un milagro se tratara, la masculina y conocida voz que se hizo presente en aquel oportuno momento hizo que los tres magos dedicaran toda su atención a dicha persona, que sonrió con simpatía a sus compañeros.
—¡Mest!
Gritaron al unísono los otros tres magos soprendidos por la inesperada aparición de uno de ss amigo del gremio.
—¿Qué te trae por aquí, Mest?—preguntó Lucy interesada por su futura respuesta, ya que Natsu decayó enseguida tras percatarse que aún seguía subido en aquella condenada locomotora.
—Os lo explicaré por el camino pero, ¿qué os parece si tomamos un atajo?—musitó esta vez el mago guiñándoles un ojo para después depositar una mano en la espalda de Wendy y Lucy, que esta última tenía la suya sobre la frente de Salamander, que reposaba en el asiento.Y como si de un truco de magia se tratara, o eso al menos creyó Natsu, desaparecieron de ese lugar.
Lo que fue los asientos de la locomotora, esta vez fue el duro suelo en el que aterrizaron sus traseros. El quejido de las dos magas demostró el mal aterrizaje mientras que Mest logró hacerlo de pie. Natsu simplemente cayó sobre el cuerpo de la Heartfilia, o más bien, sobre sus voluptuosos pechos, aunque solamente tardó milesimas de segundo en atestarle una bofetada de ese modo despertándolo de su trance.
—D-dónde estamos...—Wendy pasó sus manos por su vestido con la intención de quitárse el polvo. Hizo lo mismo con el sombrero que cubría su cabello, aunque le bailaba por ser unas tallas más grande que el perímetro de su cabeza.
—Cerca de Magnolia. Gracias a mi magia de teletranportación hemos podido acortar el camino—argumentó el mago más mayor.
Natsu se levantó del suelo con energía y de inmediato prendió sus puños con ese incandescente y flameante fuego que tanto le caracterizaba.
—¡Por fin soy yo mismo!—vitoreó plasmando una ámplia e infantil sonrisa en su rostro.
—Pero Mest, qué hacías tú en Alvarez. Aquel tren partía directamente desde la estación más cercana de la ciudad—habló Lucy quitándose un mosquito del brazo. Aquel bosque seguro que estaría minado de bichos.
—Se trataba de una misión especial. Laxus me envió allí poco después de que la guerra terminara. No podíamos arriesgarnos a que Alvarez diera otro golpe, así que me he limitado a vigilarles desde entonces, aunque debo reconocer que no ha sido fácil—Mest explicó suspirando y sintiendo el cansancio en su cuerpo.
—Bueno, ahora que estamos cerca de Magnolia debemos apresurarnos y llevar los huevos de dragón al gremio.
—¿Huevos de dragón?—quiso saber el mago de la teletransportación sin entender ni una palabra.
—Te lo explicaremos cuando lleguemos a Fairy Tail, ahora no hay tiempo que perder. ¡Alvarez va a atacar de nuevo!—Wendy tiró de la muñeca del mago obligándole a reanudar la marcha.
—¿¡Cómo!?—el asombro y el miedo empezaron a nacer del interior de su cuerpo. No era posible que el horror que vivieron hace unos meses volviera a repetirse.
—¿Y tú has estado haciendo de espía...?—contestó Natsu algo decepcionado. Se ganó un coscorró por parte de Lucy.
—Tenemos que avisar a todo Fiore antes de que atraquen sus barcos—la Heartfilia habló mientras observaba a Natsu, que con cara seria volteó sobre su propio eje.
—No podemos permitir que vuelva a ocurrir. Esta vez estaremos preparados.
Dicho aquello, los integrantes del gremio más poderoso de Fiore apresuraron su marcha para no perder tiempo. Cada segundo resultaba ser crucial y el tiempo corría demasiado deprisa como para dar un paso en falso.
...
La inmensidad de las altas y empedradas murallas que rodeaban con protección la gran ciudad se alzaban ante las que iban a ser las próximas intrusas. Las dos magas esperaron a que cayera la oscura noche para poder infiltrarse en ni nada menos que la capital de Fiore, Crocus. Aquel lugar era donde anualmente se celebraban los Grandes Juegos Mágicos, un concurso al que Eileen Belserion no le hacía demasiada gracia. Al fin y al cabo aquella festivdad se celebraba para conmemorar la Gran Guerra de los Dragones hace 400 años, la epoca donde batalló para poder salvar a su pueblo y a la vez lo perdió todo.
El paso rítmico y constante de los soldados que protegían la entrada principal marcaba el límite entre el exterior y el interior de la ciudad, a lo que Anna observó a Eileen intentando buscar en su mirada una solución para poder adentrarse en el lugar.
—Seguro que les encantan los fuegos artificiales—pronunció la Belserion con sorna alzando ligeramente su mano con la intención de hacer volar la entrada principal de Crocus.
—Los fuegos artificiales seguro, no las explosiones, Eileen—Anna se alteró y enseguida bajó con su mano la de la otra maga conociendo sus intenciones con el gesto que realizó.
—Eres demasiado cautelosa.
—Y tú una rebelde, ¿acaso quieres que nos atrapen?—la Heartfilia suspiró sintiendo cómo su cuerpo pesaba menos tras frenar el posible estallido de aquellos soldados. Eileen le sonrió sacándole la lengua con inocencia.
Las dos magas corrieron con precaución hacia la parte trasera de la muralla, justo donde les pillaba más cerca Mercurius, el castillo donde se alojaba el Rey de Fiore y el destino al que querían llegar. Sin apenas cruzar palabra, la mujer de cabello rubio dirigió su mirada decidida hacia la Desesperación Escarlata, que asintió entendiendo sus intenciones. Así pues la Maga Celestial se hizo de la magia de Virgo para crear un gran hoyo y un largo túnel bajo tierra que les permitió colarse sin tener que preocuparse de que ningún soldado las interceptara.
—No tenemos que andar muy lejos del castillo, de echo el subterráneo debería estar justo sobre nuestras cabezas—habló Anna frenando sus pasos y frunciendo el ceño simulando ver a través del subsuelo.
—Pues si es así debemos subir, no podemos perder ni un segundo, Anna—la pelirroja animó a su compañera a realizar el agujero suficientemente grande como para que ellas pudieran ascender. Y así fue cómo la magia más pura de Virgo puso punto y final a aquel largo túnel.
Las dos mujeres se quitaron el polvo de la ropa una vez que se pusieron en pie y la sorpresa que las esperaba se hizo presente. La sádica sonrisa de Eileen se acrecentó cuando se percató dónde habían llegado a parar.
Solamente había un par de soldados vigilando la entrada de esa peculiar sala llena de banderas con el símbolo de Crocus e iluminadas por las grandes velas que decoraban las empedradas paredes.
Éstos, a causa del asombro y la amenaza que sintieron, apuntaron con violencia a las dos intrusas con la intención de proteger a la persona más importante del reino.
—Vaya vaya...cuanto tiempo, su majestad.
La estupefacción que se hizo con Hisui, la actual reina de Fiore, al ver a la que en su día atentó contra su vida la dejó boquiabierta. La recordaba demasiado bien como para olvidar su rostro, su presencia. La Spriggan a la que ninguno de sus soldados consiguió atacar y la mujer que sin pedir permiso se coló en su castillo y se sentó tan tranquilamente en su comodo y majestuoso sillón gubernamental.
—T-tú...—la Reina solo pudo titubear en respuesta.
—Eileen, no venimos a pelear...—Anna le susurró lo más bajo que pudo captando su atención. Sabía que a su compañera no le faltaban las ganas de jugar de nuevo con los presentes en la Sala Real, pero un golpe a Fiore estaba a punto de acontecer y ellas sólo debían obtener lo que habían venido a buscar.
La Belserion redirigió de nuevo su penetrante mirada hacia la joven que llevaba la corona sobre su cabeza y tras verificar que con su encantamiento había dejado a todo el mundo petrificado, se fue acercando con paso lento pero imponente hasta quedar a unos centímetros de Hisui, que no apartó sus orbes de la maga.
—Esta vez no vengo a convertirte en ratón, sino más bien he venido a avisar a la líder de este continente que Alvarez está dispuesto a atentar contra todos vosotros—la mujer de largas trenzas aseveró su expresión.
—¿¡C-cómo...!? No es posible, sólo hace unos meses que terminó aquella pesadilla—la chica de cabello verde no quería ni imaginar lo horrible que podría llegar a ser que aquella batalla volviera a repetirse de nuevo.
—De ti depende creerme o no, yo solo he venido a avisarte y...—esta vez cerró sus ojos y centró toda su concentración en averiguar dónde podría esconderse el objeto que la ayudaría a cumplir su promesa a Fairy Tail—te tengo.
Eileen reanudó su marcha, no sin antes voltear sobre sus pies.
—Anna, quédate aquí, tengo que ir yo sola a buscarla.
La Maga Celestial se limitó a escuchar y a obedecer la petición de su amiga, por lo que mantuvo el encantamiento de petrificación.
—¿L-Lucy...?—musitó por lo bajo Hisui fijandose en el gran parecido que compartía aquella mujer con una de sus mejores amigas. Anna se limitó a sonreir con calidez con la intención de imponerle algo de tranquilidad y demostrarle que no eran las malas de la película.
Fue bajando con rapidez las empedradas escaleras de caracol que conducían a un lugar desconocido por la Belserion, que se limitó a seguir el camino que su intuición mágica le estaba marcando. De hecho cada vez podía sentir más cerca aquel poder que tanto la llamaba, aquella energía que le atraía y debía tomar cuanto antes.
Tras respirar hondamente algo de aire una vez que sus pies llegaron a una sala con múltiples puertas, la pelirroja suspiró hastiada al tener que jugar a adivinar la puerta correcta. Por favor, ¿acaso creían que aquello iba a funcionar con ella? Solamente necesitó un golpe, un golpe seco de baston contra el suelo para que las viejas puertas de madera rechinaran por culpa de las viejas bisagras y se abrieran a la vez. Y entonces Eileen sonrió complacida por tener frente a sus ojos el motivo por el cual se habían infiltrado en aquel castillo.
Caminó lo más rápido que pudo, pero la onda de energía que recibió de regalo no fue de lo más agradable. Los recuerdos de aquella dichosa Guerra hace 400 años volvieron a aflorar en su mente. Fuego, dragones, armas, sangre, muertes. Pero todos aquellos amargos recuerdos no la frenaron de entrar en la pequeña sala en la que se encontraba la Escama Negra, el arma forjada por el mismo fuego de los ancianos dragones y que había heredado de sus antepasados. Su amada daga de hoja negra que la salvó más de una vez de una muerte segura. Y alli estaba, reencontrandose de nuevo con ella.
Por otra parte, Anna le explicó más detenidamente a la Reina el peligro al que Fiore se enfrentaba e intentó convencerla de mandar sus tropas para defender los diferentes lugares del continente, a lo que Hisui aceptó tras comprobar que no le estaba mintiendo delante de sus ojos.
—¿Hablar con la reina de Fiore es divertido, verdad?
Su imponente voz de nuevo sonó en la Sala Real causando en la mayoría de los que se encontraban ahí un ligero atisbo de miedo.
—¿Puedes dejar de ser tan irónica al menos por un momento?—Anna hizo una mueca de desagrado en la forma en que la Desesperación Escarlata hablaba. Aquel simplemente no era el momento.
—Eres una sosa.
—Y tú una indisciplinada, cualquiera diría que eres una Reina.
La carcajada que dejó escapar la Belserion sonó en toda la habitación para después limitarse a sonreir de manera socarrona, aunque hubo algo que a Hisui le llamó la atención. ¿Había oído bien?¿Por qué la antecesora de su amiga Lucy habría llamado "Reina" a la mujer de cabello escarlata?
—En fin princesa...quiero decir, reina Hisui, preparaos para un posible ataque. Nosotras ya nos vamos, ha sido un placer tratar con usted.
Dicho aquello y una vez que la maga se situó al lado de la Heartfilia, realizó de manera muy cortés una reverencia a la joven, que tragó saliva sintiendo la adrenalina correr por sus venas ante la presencia de aquella inusual mujer. El golpe del bastón con toques felinos chocó de nuevo contra el suelo del castillo y la misma magia que llevó a las dos poderosas magas a Crocus, las hizo trasladarse a otro lugar. No sin antes provocar que en las velas que solían iluminar la Sala Real se acrecentara la llama incandescente gracias al chasquido de dedos que dejó como firma la Belserion.
...
Durante las primeras horas de la madrugada el oleaje se había calmado y pareciera ser que el mar estuviera durmiendo. Los primeros y tímidos rayos de sol asomaban por el horizonte dando de nuevo color a las velas del barco en el que iban los dos integrantes de Fairy Tail junto con los cuatro magos que renegaron de su gremio original.
Brandish salió de la habitación y visionó la ciudad de Magnolia más cerca de lo que se había imaginado, de modo que sonrió al pensar que en poco tiempo podrían poner de nuevo los pies sobre tierra firme. Aunque enseguida su buen humor se apagó ante el mero hecho de pensar cómo los recibirían los magos del gremio más poderoso de Fiore. Al fin y al cabo Brandish pensaba que no todos los acogerían como podría hacerlo Lucy Heartfilia, la maga que en su día le cayó en simpatía.
A pocos metros oyó el bostezo que la sacó de sus pensamientos y volteó aún sabiendo de quién se trataba.
—Buenos días, Randi—habló una adormilada Dimaria rascándose uno de sus ojos intentando apartar las lagañas que le impedían ver con claridad.
—Ya estamos llegando a Magnolia, pensé que se haría interminable—respondió Brandish sonriendo al observar a su compañera, que se situó a su lado.
—¿Crees que intentaremos frenar todo esto?
La seriedad con la que Dimaria se le dirigió la sorprendió. La joven Spriggan de cabello corto no solía mostrarse acobardada por nada, pero enfrentarse a los que habían sido sus compaleros no le hacía especial gracia, y más después de tantos años juntos combatiendo codo con codo y salvándose el pellejo cada vez que la situación lo había requerido.
—No lo sé, Dimaria...a mi tampoco me gusta estar de esta manera con todos ellos, pero August ha llegado demasiado lejos y hay que hacerle entrar en razón de que enfrentarse de nuevo a Fiore es una sandez—argumentó Brandish posando una de sus manos sobre el hombro de Dimaria intentando consolarla.
—No me hace especial ilusión estar del lado de Eileen. Ella tampoco es que sea tan diferente a August en según qué aspectos—la rubia apartó su fría mirada intentando reprimir sus ganas de increpar a la Desesperación Escarlata.
—Lo sé y soy consciente de ello, pero esta vez Eileen tiene un propósito diferente. Esta vez tengo el presentimiento de que algo ha cambiado en ella, por eso he decidido ponerme de su parte y creo que debemos confiar en ella—habló la otra maga con la intención de convencer a su compañera, que finalmente asintió ligeramente aún recordando que la Belserion se marchó la vez en la que se encontraban en la cueva escondidos.
—¡Señoritas, en unos minutos atracaremos en el puerto de Magnolia!
El capitán del barco vociferó desde lo alto del barco mientras empezaba a realizar las maniobras necesarias para controlar el barco y atracarlo de ese modo de una manera magistral. Así pues, tras esperar su turno para entrar en el puerto, el navío quedó justo al borde de uno de los extremos del puerto permitiendo de ese modo que los magos pisaran tierra firme sin ninguna dificultad.
—¡Por fin en casa!—vitoreó un animado Gray mientras extendía sus brazos al aire sintiendo como el aire fresco entraba en su cuerpo.
—Pongámonos en marcha, los demás del gremio estarán felices de volver a vernos—respondió Erza recolocándose su armadura y sonriendo al pensar en todos su compañeros del gremio al que más amaba y protegería incluso con su vida.
Los cuatro Spriggans se mantuvieron callados y aunque quisieran negarlo para sus adentros, sintieron un atisbo de envidia al sentir lo unidos que seguro estaban los miembros del gremio de Fairy Tail. Ellos en su día pertenecieron al gremio de Alvarez y por muchas discusiones que mantuvieran entre ellos, también eran una familia.
Todos se pusieron en camino hacia la alta colina de Magnolia, lugar en el cual se hallaba la sede de Fairy Tail, aquella consturcción en la que ondeaba con orgullo la gran bandera con su logo plasmado en ella. Aún siendo Spriggans, Bandish, Dimaria, Bradman y Neinhart sintieron un ligero escalofrío recorrerles la espalda. Se podía sentir la energía positiva que reinaba en los alrededores de la gran construcción.
—¡Graaaay, Erzaaa!
Durante unos instantes los nombrados pensaron que el cansancio estaba haciendo estragos en su imaginación, pero al oír de nuevo que la más que voz familiar les llamaba de nuevo voltearon inmediatamente notando como la felicidad les brotaba de su interior.
—¡Natsu!
—¡Lucy, Wendy!
Gray y Erza volvieron a bajar la colina con rapidez para poder reencontrarse con sus compañeros de misión y al fin y al cabo con sus mejores amigos.
—¡Sabía que estaríais bien!—vociferó el Dragneel sonriendo de lado a lado.
—¡Estabamos preocupados por vosotros, pero confiamos en que volveríamos a vernos!—la chica rubia también se mostró alegre con el reencuentro.
—¡Mest, qué haces tú aquí!—inquirió el Fullbuster sorprendido de ver junto a sus compañeros al mago que poseía la capacidad de poder teletransportarse.
—Es una larga historia, al llegar a Fairy Tail os la cuen-, ¡cuidado!—fue tan radical el cambió en el tono de voz de Mest que enseguida alteró a todos los presentes.
—¿¡B-Brandish!?—Lucy dio un paso al frente mostrando su asombro ante la presencia de la maga que llegó a mostrar su simpatía con ella durante la guerra contra Alvarez.
—Hola, Lucy—respondió la Spriggan saludándo con su mano en alto.
—¡Tú!—Natsu estaba furioso al ver a una de las que le atacó en su día en la Guerra y en casa de la Belserion.
—Tranquilo Natsu, están con nosotros. Están del lado de Fairy Tail.
Las palabras de Gray al principio no le sonaron convincentes, pero tras explicarle cómo aquellos cuatro Spriggans habían cambiado su parecer sobre el asunto de la batalla que podría llevarse a cabo, hizo que el Dragneel y Mest entraran en razón. Incluso Erza medió para razonar el motivo por el cual estaba con ellos.
—Os perdimos la pista cuando nos separamos y al volver de la cueva ya no estabáis en casa de Eileen-san—explicó Wendy casi con las lagrimas a punto de salírsele de sus brillantes e infantiles orbes. La emoción de volver a ver a sus compañeros le estaba ganando la batalla para poder mantener la compostura.
—Lo importante es que estamos todos juntos de nuevo y en el gremio—habló Erza con calidez y sonriendo a la vez que posaba su mano cariñosamente sobre la cabeza de la niña de hebras azuladas, o más bien, sobre el sombrero que Wendy juró a la persona que les había abandonado proteger.
Haciendo el esfuerzo sobrehumano de esconder sus sentimientos y de borrar de nuevo y sin resultado la imagen de la Belserion de su subconsciente, Erza se encaminó de nuevo junto con sus compañeros hacia su hogar.
—¡Tachán!—la voz de Natsu se oyó en el gran salón una vez que abrió el portón de madera con ímpetu y animosidad.
—¡Ya hemos-
Lucy pensó que todo sería alegría, per esta vez el asombro también fue el protagonista. De todos modos su sonrisa no cedió, pues en verdad estaba alegre de poder ver de nuevo a su antecesora junto con la maga que les prometió protegerlos con su vida durante aquella misión.
—¡Eileen-san!
Wendy se dejó llevar por la emoción y corrió todo el pasillo que conformaban las mesas de madera del gremio para poder ir junto con la dueña del sombrero que llevaba puesto y que le tapaba la mitad de su visión si no se lo recolocaba en su cabeza.
La Belserion se levantó de su asiento para recibir a la pequeña maga junto con una leve, y aunque fuera extraño, con una cálida sonrisa. En parte estaba orgullosa de ella sin saber demasiado bien el motivo.
—He guardado su sombrero tal y como me pidió, pero ahora se lo devuelvo—la niña se lo tendió a la pelirroja de largas trenzas, que lo tomó con gusto para después colgarlo sobre el bastón de toques felinos que levitaba cerca suya.
Si el rostro de Lucy había sido de sorpresa, el de Erza Scarlet y los otros cuatro Spriggans estaba siendo un poema.
—Habéis llegado sin retraso, como era de esperar—comentó la maga tomando asiento de nuevo junto con Anna.
—¡Eileen-samaaaa!—Neinhart imitó a Wendy y sin más preámbulo corrió cual niño pequeño hasta llegar donde se encontraba la fuerte Spriggan, a lo que lo petrificó de inmediato justo cuando el hombre iba a dedicarle una exagerada reverencia.
—Neinhart, sabes que no me gusta este tipo de gestos—comentó ella ayudándole a ponerse de nuevo en pie una vez que deshizo el encantamiento.
—¡Estabamos preocupados por usted! ¡Desapareció y no sabíamos qué hacer!
—Creo que Brandish ha escogido la mejor elección y el mejor destino al que ir—habló la Desesperación Escarlata desviando su satisfecha mirada por el rabillo de su ojo hacia la maga, que se sonrojó ligermente al sentirse orgullosa de recibir un cumplido por parte de la poderosa mujer.
Inmediatamente Eileen clavó sus orbes sobre la joven de cabello escarlata, que aún se mantuvo quieta y observada por todos los presentes en aquella sala. Todos eran conocedores de la complicada relación que mantenian las dos mujeres y no era fácil calmar el ambiente entre ellas. La Belserion sin pensarlo dos veces se puso en pie y fue caminando hacia la posición que se encontraba su hija.
Erza mantuvo su dura mirada y no cedió ante la presencia de la mujer de largas trenzas. Debía reconocer que no esperaba haberla encontrado sentada en una de las mesas de su gremio, pero su aparición no justificaba el comportamiento que demostró tener en aquella cueva, la actitud de cobardía con la que desapareció sin decir palabra. La Scarlet deseaba abofetearla y abrazarla al mismo tiempo. Sin querer reconocerlo sintió la nostalgia apoderarse de ella, sintió la vulnerabilidad en su cuerpo que la quería obligar a abalanzarse cual niña pequeña sobre su madre. Pero no lo hizo. En esos momentos era Erza Scarlet, miembro de Fairy Tail, no la hija de la Spriggan renegada.
—No voy a pedirte nada, pero yo nunca rompo mis promesas. Dije que os voy a proteger con todo lo que tengo y eso haré.
La maga volteó sobre sus pies esta vez dirigiéndose a todo el gremio bajo la atenta y sorprendida mirada de Erza.
—Estamos aquí para defenderos del probable ataque que Alvarez piensa tener contra Fiore.
Anna Heartfilia se unió a la conversación y, junto con los enviados a la misión, explicaron con todo lujo de detalle lo que estaba por venir dentro de dos días.
—Si es así tal y como lo explicas voy a decirte una cosa, no vamos a amedrentarnos contra August. ¡No lo hicimos en su día y tampoco lo haremos ahora!—la masculina y decidida voz de Laxus se hizo oir animando de esa manera a sus compañeros, que chocaron entre ellos las jarras de cerveza.
—¡Fairy Tail estará para defender Fiore!
—¡No les tenemos miedo!
—¡Qué vengan y se enterarán qué es lo bueno!
Aquello era una de las muchas cosas que se podía oír entre los gritos de la gente. La valentía que poseían aquellos magos era digna de admirar.
—¡Qué no nos subestimen, porque nosotros somos magos de Fairy Tail!¡Me estoy encendiendo!—Natsu vociferó con todas sus fuerzas haciendo que sus ardientes puños de fuego chocaran entre sí provocando que las chispeantes llamas iluminaran su alrededor.
—¡Tienen agallas para enfrentarse de nuevo a nosotros!¡Pero es de hombres defendernos con todo!—Elfman abrazó a sus dos hermanas al dejarse llevar por la emoción del momento.
—¡Elf-nichan, me haces daño!—se quejó Lisanna sin esconder la sonrisa que la invadió al ver a su hermano tan contento.
Desde una esquina del gremio, cuatro magos asombrados observaban la pintoresca escena.
—¿Podéis explicarme cómo están tan contentos estos magos aún sabiendo que Alvarez va a atacar?—Bradman no entendía aquel peculiar comportamiento.
—Créeme que yo me pregunto lo mismo, pero así de estúpidos son—Dimaria se cruzó de brazos mientras apoyaba su espalda en la pared.
—No son estúpidos, chicos—Brandish los observaba con detenimiento pero con ganas de unírseles—a decir verdad, esa es la actitud que un buen mago debe mostrar. La valentía y la estupidez que les caracteriza es lo que les hace tan fuertes, y el vínculo que mantienen entre ellos es lo que les ha salvado de cualquier amenaza que hayan podido sufrir.
La Spriggan sonrió para sus adentros feliz de poder estar en aquel lugar. Eileen y Anna se mantuvieron de pie deleitandose con sus miradas al ver la actitud de los magos.
—Aún sabiendo la amenaza que está por llegar estoy algo más reconfortada al darme cuenta del coraje que tienen estos magos—habló Anna sentándose en uno de los bancos de madera para después apoyar el codo en la mesa y dejar descansar su cabeza sobre su mano.
—Por eso nos dieron tanto dolor de cabeza en la Guerra—contestó Eileen dibujando una sonrisa en su rostro. Dicho aquello medio volteó y se encaminó hacia la puerta principal.
—¿Dónde vas ahora?
—A cumplir mi promesa.
Bajo la atenta mirada de Mira, Laxus centró toda su atención en la mujer de largas trenzas que antes de salir por el gran portón le miró por el rabillo del ojo esperando la aceptación a sus intenciones. El mago del rayo y actualmente Maestro del gremio, tras pensárselo detenidamente, asintió ligermanete con su cabeza. Entonces como si de un truco de magia se tratara absolutamente todos los magos que se encontraban en el lugar callaron sus gritos de jolgorio al observar con detenimiento cómo la figura de piedra de Makarov Dreyar levitaba por sus cabezas hasta quedar junto a la Belserion.
—Si en veinticuatro horas no has aparecido iremos a buscarte—advirtió Laxus sin descruzar sus robustos y bien trabajados brazos.
Eileen simplemente sonrió de forma socarrona.
—¿A dónde se-
—Natsu, simplemente confía en ella—esta vez fue Lucy quien interrumpió al Dragneel, que se quedó mirando cómo su amado Maestro, o mejor dicho, su estátua de piedra se marchaba junto con la gran maga.
Así pues la Desesperación Escarlata volvió a desaparecer del lugar con el obetivo de devolverle el alma al antiguo Maestro de Fairy Tail, aquel al que todos amaban, aquel que había protegido siempre a su hija y aquel al que consideraba su padre adoptivo. Eileen estaba dispuesta a hacer lo posible por reparar uno de los grandes errores que cometió en el pasado y a intentar al menos ganarse la aceptación por parte de Erza. Por parte de su único presente.
Continuará...
Otro capítulo más ^^ Espero que estéis disfrutando la historia igual que yo lo hago.
Cualquier queja o sugerencia lo dejáis en los comentarios.
Tal vez le comportamiento de Neinhart sea un poco Out of Character pero desde mi punto de vista creo que queda mejor que en lugar de miedo, sea respeto lo que le tenga a Eileen.
En cuando al papel de Anna he querido que entre dentro de esta historia ya que creo que puede ser una buena compañera para Eileen (absteneos los que penséis que hay una relación "amorosa" y cosas así ;D).
Si pensáis que debería dar más protagonismo a Erza también comunicádmelo. A veces me da la sensación de que la dejo de lado, pero creo que tanto ella como Eileen (Eileen un poco más) tienen protagonismo).
Un saludo!
