Los personajes de Candy, Candy no me pertenecen, son propiedad de sus creadoras Kioko Misuki y Yumiko Igarashi
Un Inesperado Encuentro
By Rossy Castaneda
Capítulo Tres
Todos en la taberna se giraron para ver al recién llegado
—Pero si es Lord Grantchester, el soltero mas cotizado de todo Londres —comentó un embriagado Augusto Carson .
Terry detestaba a aquel hombre, reprimió el deseo de callarle la boca de un puñetazo.
—Carson, que haces aquí, te hacía en Londres —dijo una mueca que pretendía ser una media sonrisa.
—Bromeas —rió ruidosamente —y perder mi preciada soltería así por así —negó con la cabeza —he venido acompañando a un buen amigo, su familia ha caído en desgracia, el pobre tuvo que huir de Londres cuando lo acreedores estuvieron a punto de cortarle las pelotas, el muy idiota pensó que la mejor solución a todos sus problemas era contraer nupcias con una millonaria joven Escocesa —rió ruidosamente —contaba con el apoyo y aprobación de la tia de la joven, pero al parecer la joven huyó antes de concretar el compromiso, —bebió un trago de cerveza —no conozco a la muchacha, pero con lo que la tia mencionó, me dejó claro que es una chica rebelde, indomable y una arpia de lo peor.
Terry sintió que su sangre hervía en su interior y sus puños estuvieron a punto de estrellarse en el rostro de aquel idiota por referirse a una dama de aquella manera, pero haciendo uso de todo su auto control, contuvo su deseo y en su lugar fingió una carcajada, ya que debía que mantener el perfil de indecente y libertino que le tachaban en aquella region para que nadie se enterara que era lo que realmente hacía mientras permanecía en Escocia.
—Así que iba ponerse la soga al cuello para resolver los problemas financieros de su familia temporalmente, porque si se trata de quien creo que es, seguro volverá a las mesas de apuestas de los salones de Londres antes de que cante un gallo.
—Así parece —respondió Carson tomando un trago de cerveza — Yo no lo haría —negó con la cabeza —por nada del mundo pondría en peligro mi soltería, pero Niel se desesperó, creo que su madre y la tía de la joven están relacionadas de alguna manera, y esta última se ofreció a ayudarlos a salir de aquella situación, pero para ello tenía que comprometerse y luego casarse con su sobrina, así que imagino que Niel dio por echo que todo estaba resuelto, ademas tu mejor que nadie sabes que todas las mujeres son iguales una vez estan en el lecho.
Terry se tensó al escuchar aquellas palabras, deseando tener al idiota de Niel frente a él y partirle la cara junto a su amigo Carson, pero una vez más reprimió su deseo, estaba demasiado cansado como para iniciar una trifulca en defensa de los mas débiles, cuando lo único que quería era subir a su habitación y descansar plácidamente.
El joven marqués se vio obligado a seguir escuchando la sarta de idioteses que Carson decía referente a aquella situación.
—Niel creía que domar a la chica seria algo sencillo, ya sabes montarla, cabalgarla hasta quedar saciado —Carson se relamió los labios —pero con esto terminará poniendo los pies en la tierra y se dará cuenta que aquella jovencita no era la indicada, y al final solo lo llenaría de vergüenza.
Terry apretó los puños bajo la mesa, la indignación corrió por su venas, al punto que iba su bilis terminaría explotando de tanto coraje, a él le importaba un pimiento lo que pasara con Niel Leagan, quien le resultaba un desecho inútil de la nobleza, pero la chica era harina de otro costal.
Sintiendo de pronto un instinto protector, Terry preguntó:
—¿Y sabes hacía donde ha huido la muchacha?
—No tengo ni la menor idea —respondió Carson encogiéndose de hombros y bebiendo otro trago de cerveza.
—¿Y que hay de sus padres?
—Ambos murieron hace algunos año.
—Habra ido a casa de algún hermano o algún pariente —Terry esperaba que la joven fuera tan sensata para hacer tal cosa y no exponerse a andar sola por ahí, él mejor que nadie sabía los peligros a los que se exponía si decidía hacerlo, lo había visto muchas veces en tantas jovencitas que él haciendo uso de posición social, había ayudado desinteresadamente.
—Su hermana mayor esta casada y si la chica es realmente una arpia, dudo mucho que la reciba y su hermano viaja mucho, así que dudo mucho que le importe que se case con Niel —. Las mujeres solo, sirven para una sola cosa y tu lo sabes muy bien —dijo Carson mostrando una lasciva mirada.
Terry agarró la cerveza con fuerza y se obligó a poner también cara de lujuria.
—¿Cuándo ha ocurrido todo esto? —inquirió — ¿Y cómo se llama la chica?
Carson abrió los ojos como platos, sorprendido por su evidente interés.
—Me interesa para mi propio uso —dijo Terry rápidamente con un bien entrenado tono lascivo—, sobre todo si es virgen —relamió sus labios.
—Te gustan más sin estrenar, ¿verdad?
Terry hizo un esfuerzo por sonreír y dejar que Carson pensara lo que quisiera. Odiaba tener que ocultar sus intenciones reales detrás de una máscara de libertino sin entrañas, pero esa fama le permitía moverse por las peores zonas de la region sin que nadie sospechara sus verdaderos intereses.
—Lo lamento, pero me temo que lo mejor es mantener mi boca cerrada. A Niel no le gustaría que corriera el rumor de que una jovencita ha salido huyendo de él para retozar contigo precisamente . No sería una buena propaganda para sus cualidades amatorias, ¿no te parece? Y estoy seguro de que la chica no está a la altura de tu nivel de exigencia. La tía la describió como una joven baja y flacuchenta, así que es mejor que sigas de lejos.
Sin quedarle mas remedio Terry se resignó a que no podría ayudar a aquella pobre chica por mas que quisiera, no podia seguir insistiendo a que el idiota de Carson le diera mas información.
—Ah, aquí viene Dan —dijo Carson de repente.
Dan Juskin saludó a Terry con un movimiento de cabeza.
—¿Terry que haces aqui? —No se supone que era la fiesta en casa de tus padres.
Terry se puso de pie, no se le apetecía volver ha hablar sobre aquel asunto pero respondió por cortesía.
—Como ves, me he ido pronto, hizo una mueca que pretendía ser una sonrisa —ahora si me disculpan debo hablar con Frank, necesito una habitación para poder descansar.
—No se si no te has dado cuenta que el lugar está a reventar y dudo mucho que haya una habitación disponible a no ser que tus recursos como marques logren hacer magia y que frente a ti se aparezca una cálida habitación —Se burló Carson con un tono de voz acerada —te resguardaré una silla para que nos hagas compañía durante el resto de la madrugada.
—Espléndido —respondió Terry de la misma manera, prefiriendo mejor dormir en los establos junto a los caballos que hacer junto a aquel par de idiotas.
—Hola Frank —saludó Terry al dueño de la posada.
—En un momento lo atien...—la voz de Franklin Cambell se perdió en el aire cuando alzo el rostro y vio frente a él al dueño de la reservación del cuarto que horas atrás había cedido a un muchacho que buscaba un sitio donde pasar la noche.
El rostro del hombre perdió todo color, ¿que demonios haría ahora? ¿Como le diría a Lord Terruce que su habitación estaba ocupada por alguien mas y que bien podía compartirla si así lo deseaba?
—Milord, no lo esperábamos —atinó a balbucear Frank con una sonrisa nerviosa.
—Cariño, ¿sucede algo? —preguntó la señora Gloria al escuchar como su marido balbuceaba —Lord Terruce —dijo la mujer con las mejillas sonrojadas y sintiendo que se tambaleaba —No lo esperábamos.
Ante la nerviosa actitud de los propietarios de la posada y el saber que esta se encontraba llena, Terry comenzó a sospechar que tendría que dormir sobre la paja de los establos.
Giró su rostro y vio la sonrisa burlona de Carson quien le mostraba una silla en donde podría pasar la noche en compañía de ellos.
Infiernos —pensó —prefería mejor la compañía de los caballos que la de aquel par de idiotas.
—Lamento llegar sin avisar, imagino que no hay espacio en la posada.
—Te dije que no lo hiciéramos —le musitó Frank a su esposa.
—¿Como iba yo a saber que vendría? —respondió la mujer en un susurro.
—¡Disculpen! —Terry interrumpió la pequeña discusión que tenían aquel par.
Armándose de valor Gloria, se dirigió a Terry, asumiendo de esta manera su garrafal error.
—Milord —Gloria se aclaró la garganta —como creíamos que no vendría, convencí a mi esposo para que le cediéramos su habitación a un joven que llegó a media noche, el pobre venía todo empapado y no tuve corazón para dejarlo en algún rincón de la taberna a merced de todos esos borrachos.
—Comprendo —respondió Lord Terruce —me acomodaré en los establos.
—De ninguna manera milord, en todo caso será ese chico quien debe hacerlo, enviaré a Bety ahora mismo para que lo saque.
Imaginar al pobre chico siendo arrastrado escaleras a bajo en plena madrugada, no le pareció un buen espectáculo a Terry.
—No es necesario que haga tal cosa, me acomodaré en los establos.
—No, no, no, de ninguna manera permitiré que haga tal cosa —se apresuró Gloria a decir —usted puede ocupar de igual manera la habitación, claro si no le importa compartirla con el chico.
—Agradezco su ofrecimiento, pero el chico pagó por esa habitación.
—No milord —respondió Gloria —no le hemos cobrado puesto que usted ha pagado por adelantado, de haberlo hecho nos volveríamos usureros por rentar la habitación a dos personas en la misma noche —Gloria sonrió de manera nerviosa —el chico está al tanto que esa habitación es suya, así que puede ocuparla.
—¿Que edad tiene el chico?
—Diecinueve —se apresuró a responder Frank
—De acuerdo —dijo Terry, estaba tan cansado que no le estorbaría en lo absoluto que alguien mas estuviera en la cama.
—Gracias por su comprensión milord —Gloria le sonrió.
Luego de comer un poco de estofado de cordero con patatas y una rebanada de tarta de fresa, Terry se despidió de Frank y Gloria y subió las escaleras que lo llevaba hasta su habitación.
Sabiendo que el muchacho dormía, Terry ingresó cuidadosamente, sonrió al ver que el chico tenía su dedo pulgar en su boca, sobre la cara le caían unos mechones rojizos, y algunas pecas le salpicaban la nariz.
—Echó un vistazo alrededor de la habitación y vio la ropa húmeda del muchacho esparcida en el piso, la recoció y la extendió sobre la silla junto al fuego de la chimenea, se dirigió luego al cuarto de baño, lavó sus rostro y sus dientes, caminó de regreso a la habitación, se deshizo una a una de sus prenda de vestir, completamente desnudo, tomó las prendas húmedas y las extendió en el piso, cerca de la chimenea, flexionó su cuello y dejó salir el aire de sus pulmones, sintiendo como aquel simple movimiento relajaba sus tensados músculos, camino al lado opuesto de la cama, removió la colcha y se recostó en la cama quedando completamente dormido casi al instante.
Un rayo de luz se colaba por una pequeña ranura de la cortina, Lady Candice se removió perezosamente negándose a abrir los ojos, sentía una deliciosa calidez y un exquisito y embriagante aroma que se negaba a dejar.
De pronto sintió algo duro que presionaba sus nalgas, abrió los ojos abruptamente y cuando lo hizo su corazón se detuvo al verse atrapada por un fuerte brazo y una fuerte pierna.
Removió la colcha de golpe y deseó no haberlo hecho ya que el hombre que yacía dormido estaba completamente desnudo.
De un brinco, Lady Candice salió de la cama, aquella acción tan abrupta provocó que el extraño pervertido abriera los ojos de golpe.
—¿Quien es usted y que cree que hace así? —dijo señalando su desnudez y ocultando la mirada —es usted un pervertido.
Terry arqueó una ceja ante la afeminada reacción del chico frente a él.
Candy se dio cuenta de ello y llenándose de valor alzó el rostro para mirar al extraño frente a ella.
—Le he hecho una pregunta, ¿es que no piensa responder?
—Tranquilo muchacho —dijo Terry al tiempo que salía de la cama dejando a la vista toda su desnudez.
¡Infiernos!, Lady Candice abrió los ojos tan enormemente al punto que sus hermosos ojos verdes estuvieron en peligro de salir de sus cuencas.
Durante las clases con el doctor Michael, había visto unos cuantos cuerpos masculinos, pero ninguno se asemejaba al que estaba frente a ella, aquellos eran unos pobres gatos de callejones, este en cambio era un tigre en peligro de extinción, ¡demonios! su aparato reproductivo era...¡ay no! Lady Candice no pudo con todo aquello y terminó girándose.
Terry observó cada uno de los movimientos del joven y terminó curvando sus labios en una sonrisa descarada.
—Que pasa muchacho, por que tanto escándalo, ¿es que acaso no tenemos lo mismo?
—Claro que no —respondió Lady Candice
—Ah claro, imagino que te refieres a la proporción —Lord Terruce se estaba divirtiendo de lo lindo con aquel caballerete —Descuida muchacho aún eres joven y por lo que veo te falta un poco mas de desarrollo.
"NO olvides que para todos eres un joven, así que deja de escandalizarte y actúa como tal o te descubrirán y terminaras de regreso junto a tu tía, ¿es eso lo que que quieres?" —el yo interno de Lady Candice le recordó —no —le respondió Lady Candice a su yo interno.
—¿No que? —preguntó Lord Terruce.
Piensa Candy, piensa
—No ha respondido mis preguntas —dijo alzando el rostro.
Error, aquel hombre se había girado para tomar su ropa, dejándole ver unas hermosas, largas y musculosas piernas y una nalgas, —¡madre mia! Que nalgas —Lady Candice se mordió el labio inferior.
—Mi nombre es Terruce Grantchester —se presentó el joven girándose nuevamente —y tu eres?
Lady Candice deseó con el corazón y el alma que no lo hubiese hecho, si el cuerpo de aquel hombre era hermoso, hombros anchos, torso perfectamente esculpido, una linea de vellos que se perdía bajo su... —¡Madre de Dios! , que tamaño —sus mejillas se tornaron mas rojas que una cereza —alzó la mirada nuevamente y se encontró con un rostro de ensueño, esculpido por las mismas manos de los dioses de la mitología Griega, cabello castaño, ojos azules con hermosos destellos verdes, nariz recta, labios deliciosamente bien formados —Lady Candice tragó con dificultad su saliva, pero con determinación se recompuso.
—Carl White milord —se presentó adoptando un tono frío en su voz al recordar las palabras de Sam la noche anterior y reconocer que aquel hermoso hombre frente a ella era nada mas y nada menos que Lord Terruce Grantchester el hombre mas libertino y conocedor de todos los burdeles de la región, todo un personaje que posiblemente estaba acostumbrado a seducir a cualquier mujer con solo una sonrisa, como,esa que le estaba mostrando a ella en esos precisos momentos, pero no lo haría con ella, ¡demonios! Aquello no era cierto ella sentía que sus piernas y toda ella temblaba ante tanta belleza frente a ella —Resiste Candy, resiste —no permitas que este libertino te descoloque o terminará por descubrirte.
Sacudiendo la cabeza para alejar aquellos pensamientos, Lady Candice miró con recelo la mano extendida de aquel calavera pero hermoso libertino.
—Es solo una mano chico, no voy hacerte daño —dijo Terry utilizando un tono suave y dulce, un tono que hizo que Candy se derritiera por dentro—. Estréchala. No voy a hacerte daño, te lo prometo.
Candy estrechó la mano con firmeza, y el apretón fue cálido, al punto que logró relajarla.
Sintió un cosquilleo en la palma de su mano y una corriente eléctrica recorrerle por la espina dorsal, esa era la primera vez que tocaba la mano sin guantes de un hombre.
Continuará...
—pobre Lady Candice jajajaja pero buen taco de ojo que se aventó, yo quiero un libertino como ese.
—Condenada Tia Elroy.
—Gracias por leer ;)
