La fuerza y la magia con la que iluminaba la luna aquella noche en Magnolia era simplemente espectacular, parecía como si esta vez el satélite tuviera que tragarse la ciudad entera. Y del mismo modo que sus pasos acompañaban la oscuridad de ese precioso anochecer, la soledad que la invadía en esos instantes era tan profunda como la herida que sangraba en su corazón. La maga de largas trenzas de tonalidad escarlata aún se preguntaba si sería capaz de hacer lo que durante meses había tenido en mente.
La esperanza que aún aguardaba la mujer tras haber leído por casualidad hacía, ni más ni menos, que cuatrocientos años aquel pequeño fragmento del antiguo pergamino que se encontró cuando solo era una niña sobre la gran mesa de piedra que se encontraba postrada firmemente en lo más profundo del palacio de Dragnof. Recordó lo mucho que aquel texto caló en ella, y esta vez iba a lanzar la moneda al aire y arriesgarse a comprobar si aquellas palabras eran verdad o simplemente pura palabrería antigua.
"Cuando el calor más sincero bañe el alma, la oscuridad que se cernía en ésta arderá dejando que la luz renazca de nuevo", se repetía constantemente en su mente. Suspiró.
A cada paso que daba parecía ser como si la espesa arboleda de aquel acogedor y a la vez misterioso bosque se abriera paso para dejarla pasar solamente a ella. Tan estrecho era el sendero por el que sus pies la llevaban que en algún momento juraría que alguna de sus largas trenzas se enredaría en las enrevesadas ramas, pero no fue así. Eileen mantuvo su rumbo y nada la estorbó.
La luz de la luna la acompañaba en ese paseo, así al menos no se sentiría tan sola cuando se dispusiera a intentar devolverle la vida a la pieza de piedra inerte que levitaba tras ella, y de ese modo cumplir su promesa a los magos que la ayudaron a salvar aquellos huevos de dragón. Eileen era consciente que aquel trozo de piedra lo era todo para el grupo de magos, y se sentía culpable y la responsable de aquello.
La Belserion apartó con una de sus enguantadas manos las tímidas hojas que tapaban parcialmente su visión del pequeño y acogedor claro al que sus pasos la condujeron. Entonces dio unos pasos más hasta llegar al centro de éste, donde la brillante y agradable luz del satélite dejaba ver todo lo que la rodeaba. La ligera brisa que soplaba agitó con algo de rebeldía su cabello dandole la sensación de que incluso su sombrero saldría volando de su cabeza, aunque se dio el placer de cerrar durante unos instantes sus ojos queriendo sentir la caricia que el viento le brindaba a su piel.
La estatua del Maestro Makarov dejó de estar envuelta en su magia ocasionando que sus pies rocosos tocaran suavemente la mullida superficie que proporcionaba la hierba. Eileen observó el objeto con un deje de decepción hacia ella misma, y dejó que los recuerdos la absorbieran de nuevo.
—Esos errores puedes cambiarlos.
Su voz sonó dentro de su cabeza. Eileen sonrió al recordar a la majestuosa bestia que la crió siendo solo una niña justo cuando su progenitor falleció. Pareciera ser como si estuviera en esos instantes junto a ella, observando con detenimiento cada acto que hacía. De hecho, Eileen siempre pensó que fue así, y supuso que la sensación de protección que a veces había sentido era cosa de ese familiar dragón.
—Belserion...
—Debes intentarlo, Eileen. Siempre te he observado y has hecho que me sienta el dragón más orgulloso, pero debes redimirte de alguno de tus actos.
—Hace tiempo que lo tengo decidido, Belserion. Pero no sé si esto funcionará, de hecho puede ser que sea la mayor estupidez que se me haya pasado por la cabeza...
—Antes cometías muchas estupideces, pequeña.
—Ese texto no tiene veracidad alguna...
—No lo sabrás si no lo intentas.
Eileen se llevó una de sus manos a la cabeza intentando evitar que el dolor de cabeza que tenía fuera en aumento.
—Aunque sea la mayor mierda que haga, sé que debo hacerlo...todo debe ser por ella.
La imagen de su única hija apareció en su cabeza ocasionando que la más maternal de las sonrisas adornara el rostro de Eileen.
—Por ella y por ti. Recuerda de dónde vienes y demuestra al mundo quién eres.
Pareciera como si el dragón se encontrara a su lado, y aunque Eileen sabía que podía volverse loca de nuevo, juró que lo vio una vez más y se prometió a si misma que agotaría cada una de las opciones para poder devolverle la vida a aquella estatua.
La magia fluyó en ella y entonces la mujer lo hizo una vez más. Dejó que las perladas escamas se apoderaran de su cuerpo, y que el ardiente fuego la envolviera hasta transformar de nuevo su apariencia humana en la de la criatura más poderosa que existía. A continuación se tumbó lentamente cerca de la estatua de piedra y dejó que su rostro la rozara. Su mirada triste y arrepentida se adentró en lo más profundo de la rocosa imagen y fue entonces cuando todas sus emociones chocaron entre sí, ocasionando que dentro de su corazón estallara la explosión más violenta que jamás habría imaginado crear.
Culpabilidad, arrepentimiento, sufrimiento, tristeza, dolor y amor se mezclaron creando la pócima perfecta para que la lágrima más sincera bañara sus orbes caracterizados por su peculiar pupila dejando de ese modo que se deslizara lentamente por sus escamas. Las emociones de Eileen bañaron todo el bosque aun cuando la luz de la luna brillaba con más fuerza, siendo el nivel de magia era increíblemente fuerte.
Su vida entera pasó como una cinta a toda velocidad por su mente y el amor que sentía por su hija y la añoranza que siempre permaneció en su corazón hacía que aún se arrepintiera más del mayor error que cometió al dejar abandonada a su bebé en un orfanato. Cada día se preguntaba si pudo lograr protegerla de su locura o si hubiera sido mejor tenerla con ella. La Belserion sabía de sobra que aún siendo la maga más fuerte de los continentes se sentía el ser más insignificante, débil y sin vida.
La locura que la dominó desapareció en el preciso instante en el que vio por primera vez aquel característico color escarlata en su cabello. Además del ansia por estar con ella, que se apoderó de ella cuando le sonrió en el campo de batalla. Y ahora tenía delante al padre que la había protegido siempre, aun cuando ella, su propia madre, no estuvo a su lado.
Eileen ya no podía reprimir más las ganas de estar con su hija Erza, aquella que le había devuelto las ganas de vivir. Quería explicarle todo lo que sabía, sus viajes, sus experiencias y, como no podía ser de otra manera, que estuviera en esos momentos consolándola pues estaba siendo un momento demasiado duro para ella, un dragón, abrir de par en par el corazón que quedó cubierto del hielo más gélido justo en el momento en que dejó el canasto en la puerta de aquel orfanato en Rosemary.
—Er-za...
Fue lo único que pudo articular a decir, pues las lagrimas que brotaban sin desconsuelo de sus mágicos orbes no paraban de bañar las escamas de su rostro, dejando que las palabras quedaran aprisionadas en su garganta.
—Lo siento...
Susurró aún manteniendo sus ojos cerrados debido al tornado de emociones que constantemente la azotaba.
—Erza tiene suerte de tener a alguien que la quiera así.
El instinto de defensa del cual estaba proveída por sus dragonificadas células hizo que la bestia abriera enseguida sus ojos y se levantara inmediatamente permitiéndole de ese modo dar unos pasos hacia atrás. Pero al mismo tiempo que retrocedió, sus fauces se llenaron de ardientes llamas.
—¡Espera, por favor! No quisiera terminar chamuscado después de haber estado petrificado—los cortos brazos del hombrecillo se pusieron en alto intentando buscar desesperadamente una tregua.
La violencia en la mirada de la dragona cesó inmediatamente al percatarse quién era la persona que se encontraba enfrente de ella pidiendo a gritos clemencia, y la sorpresa que la inundó al percatarse de que su plan había funcionado. Ignoró cuando lo pensó, pero dio gracias al cielo por la veracidad de aquellas antiguas palabras del pergamino.
—Es difícil controlarse en según qué situaciones—se excusó tragándose de nuevo el fuego que, si se hubiera descuidado, hubiera abrasado al poderoso mago que tenía a su lado. Eileen respiró ya más tranquila intentando aparentar tranquilidad, aunque por dentro saltaba de alegría al haber conseguido romper en pedazos la roca que cubría a aquel mago.
—Entiendo...—sonó desde la voz del Maestro Makarov, que aún no se creía que estuviera intercambiando palabras con un maldito dragón.
Makarov Dreyar no sabía exactamente qué decir, ni acerca de donde estaba, ni de con quién estaba, ni de lo que acababa de ocurrir.
—No sé si preguntarte cómo diantres has conseguido revertir el hechizo más fuerte que he realizado en toda mi vida—la dragona dio media vuelta dando la espalda a la persona que era tan amada por el Gremio. A ella incluso le iba grande exponer lo que acababa de pasar.
—Aunque sí puedo decir que en muy poco rato he conocido casi todo sobre ti—habló Makarov volviendose a poner enfrente de la mágica bestia.
—Así que después de todo...
—He visto toda tu vida, Eileen Belserion.
Macarov miraba fijamente a la bestia aún sin dar crédito de que realmente tenía enfrente a la Reina de los Dragones y a su asesina a la vez.
Fueron escasos segundos los que necesitó la maga para poder recuperar su apariencia humana, sintiendo como de nuevo sus trenzas caían sobre sus hombros.
—Y tampoco imaginé que te parecerías tanto a ella...en fin, la genética habla por sí sola—comentó el hombre apreciando la gran similitud que tenía aquella mujer con la que era la más fuerte de sus magos en Fairy Tail—y ahora que te tengo enfrente tampoco me sorprende que la persona que emanaba en la guerra ese gran poder de magia fueras a ser tú.
Eileen se mantuvo en silencio sintiendo aún sus ojos escocer ligeramente debido a las lagrimas que previamente habían salido sin desconsuelo de sus orbes.
—Bueno, creo que será mejor que vuelva a su Gremio, hay gente que le estará esperando—se limitó a decir la mujer de cabello escarlata.
—¡Cierto! Mi familia me espera—pronunció el anciano casi emocionado al ansiar poder ver de nuevo a todos los magos de Fairy Tail. Eileen asintió ligeramente al entender que era hora que el gran Maestro del Gremio volviera a su hogar.
Makarov la observó durante unos segundos con un deje de seriedad y tras girar sobre sus propios pies quedó de espaldas a la maga para poder reanudar su tranquila marcha hacia el Gremio. Aunque paró de nuevo, pues no podía marcharse de ese lugar sin decirle una última cosa a la mujer que, del mismo modo que le arrebató su vida, se la devolvió como si de un Dios se tratara.
—La guerra nos hizo mucho daño y fuisteis todos demoledores con nosotros aún sin conocernos. Tú y alguno de vosotros especialmente fuisteis violentos, nos pusisteis en grave peligro y el motivo por el que lo hicisteis apenas se sostentaba en argumentos—Makarov volteó de nuevo hasta dirigir su dura mirada hacia la Belserion, que escuchaba con gran atención—y en cuanto a tu hija...cuando la conocí pensé que lo que había vivido era la peor infancia que un niño pueda tener, pero se mantuvo demasiado fuerte y ahora es una de las magas poderosas que hay en Ishgar. Su convicción y su valentía la ha salvado incontables veces de la muerte, y el amor que siente por sus compañeros es la coraza que la ha protegido durante estos años.
—Lo sé—se limitó a decir la Belserion recordando la pelea contra la Scarlet y Wendy.
—Erza siempre pensó que su familia, aún fallecida, la habría querido hasta el infinito, y por eso yo me propuse que no le faltaría de nada. Ella, al igual que todos los magos de Fairy Tail, es una hija para mi y no voy a permitir que le pase nada malo.
Ante aquello Eileen no pudo por más que asentir con su cabeza agradeciendo enormemente todo lo que ese hombre había hecho por su hija.
—He visto casi toda tu vida a través de esas lágrimas, y he podido percibir en cierta manera como te has podido sentir. A mi parecer no fue la debilidad ni la vulnerabilidad lo que te hizo perder, sino el amor que sentías por tu hija, que siempre se ha mantenido vivo en tu interior queriendo protegerla de ti misma.
Las pupilas de la maga se agrandaron ligeramente al escuchar al mago.
—Es cierto que apenas os conocéis y, a decir verdad y por extraño que parezca, tal vez os conocéis más de lo que creéis. Al fin y al cabo creo firmemente en que podéis forjar un vinculo que se vuelva irrompible ante todo.
Makarov volvió a darse la vuelta con la intención de abandonar el claro del bosque en el que se encontraba junto con la maga.
—Estoy seguro de que son muy claras tus intenciones por recuperar a Erza. Al fin y al cabo eres su madre, así que no desaproveches la oportunidad que estoy seguro te va a dar.
Dicho aquello, el anciano se perdió entre la arboleda dejando a la Belserion sola.
La mujer suspiró hondamente, sintió cómo su corazón se liberaba de miles de toneladas de dolor y por fin fue capaz de observar la grandeza con la que se posaba la luna sobre ella. Aquella que brillaba sin cesar, y aquella misma que fue testigo en su día del suave y al mismo tiempo cariñoso gesto que la mano de la Scarlet tuvo con sus suaves escamas la noche en que partieron de Fairy Tail.
Eileen no sabía el motivo, pero por primera vez en mucho tiempo, la sonrisa que se dibujó en sus labios la hizo sentir la mujer más afortunada de todas. Esa vez no iba a desperdiciar la última oportunidad que tenía para recuperar a su hija.
Así pues de nuevo florecieron las tímidas flores a su alrededor y la brisa la envolvió de nuevo, aplacando todo el miedo que la había hecho presa todo ese tiempo.
...
Magnolia, la ciudad donde la felicidad reinaba durante el día. Pero la noche hacía rato que había caído, y solamente algunas casas se mantenían con la luz encendida, incluida la del gran Gremio de magos que se alzaba en la colina más alta del territorio.
—Maldita sea...sé que le he concedido veinticuatro horas, pero no puedo evitar ponerme nervioso.
—Laxus, tranquilo...
—¡Maldita sea, Mira!Esa mujer tiene al abuelo, y me cuesta no pensar que lo haya roto en mil pedazos.
La mujer de cabello blanquecino pasó una de sus manos por el hombro del mago, que se encontraba sentado en una de las sillas de la barra. Mira le tendió una bebida intentando aplacar la preocupación del actual Maestro. Éste la miró de soslayo con algo de duda, pero aceptó el gesto y bebió.
La maga desvió su mirada y analizó con detenimiento la escena, que apenas había cambiado en comparación a unas horas atrás.
Sus compañeros estaban todos sentados en las mesas de madera, o bien en solitario o bien en pequeños grupos. Todos hablando bajo por si alguien ya dormía, como los más pequeños, aunque era difícil no oír la voz del Dragneel que no paraba de sonar en la sala.
—Cuando vuelva le preguntaré con qué magia lo ha conseguido—se dijo entusiasmado el joven mago de fuego. En verdad tenía grandes esperanzas en la Reina de los Dragones.
—No sabes aun si va a lograrlo—Erza se mantenía prudente aún deseando con todas sus fuerzas que el Maestro Makarov volviera hecho de carne y hueso.
—Ha sido muy osada al prometernos que nos lo devolverá—pensó Gray sin querer perder la fe que tenía en la Belserion. Maldita sea, él también añoraba al Maestro.
—Ella sabe lo que hace...—la creencia que tenía Wendy en la Belserion era demasiado fuerte. Cualquiera diría que en un pasado fueron enemigas.
Por otra parte, en el otro extremo del gremio se encontraban los magos que en su día atentaron contra el gremio que en esos momentos les estaba dando cobijo.
—No puedo creer que les prometiera eso...—DiMaria se llevó las manos a la cabeza sin creer lo que Brandish le había contado.
—Fairy Law fue el último hechizo que realizó el Maestro antes de...—Anna suspiró por lo bajo aún sin creer en la locura que se le había ocurrido a su compañera.
—No lo conseguirá, esa magia es demasiado poderosa como para interrumpir las consecuencias que tiene el hecho de usarla—habló Bradman cruzando sus brazos.
De nuevo en otro extremo del gremio se oyó a una de las magas de Fairy Tail decir algo que obligó a la Scarlet a voltear su cuerpo.
—¡Esa mujer ha perdido el juicio! ¡Nos prometió algo que no puede cumplir solo para traer esos huevos de dragón aquí!—Evergreen puso en duda la palabra que dio la Belserion antes de marchar de nuevo a Alakitasia e infiltrarse junto con sus compañeros de gremio.
—Vamos Ever, relájate...
—¡No me digas que me relaje, Bickslow!Esa maga nos ha traicionado y ha infiltrado a esos de ahí para que nos destruyan desde dentro—añadió apuntando de manera acusadora con su dedo índice a los Spriggans que se encontraban sentados en una de las mesas de madera.
—¡Repítelo y te hago volar por los aires!—DiMaria se levantó inmediatamente de la mesa encarando desde lejos a la otra maga.
—Tranquila...—Brandish enseguida posó su mano en le hombro de su alterada compañera con la intención de obligarla a sentarse de nuevo. Ese no era momento para pelear.
—Ever, para—esta vez fue Lucy quien habló. La joven maga celestial alzó su voz queriendo que la desesperación de sus compañeros se detuviera.
—¿Tú también Lucy? ¿¡Acaso no ves que esa malvada mujer se ha llevado al Maestro!?
—¡Ever!
Todo el mundo conocía perfectamente de donde provenía aquella intimidante voz. Los presentes en el lugar prestaron toda su atención en la figura que se alzó en una de las mesas del centro de la gran sala. Su cabello escarlata quedaba iluminado por las llamas que decoraban el salón y la mirada de la Titania obligó a su compañera a aplacar su nerviosismo. Incluso los Spriggans se sorprendieron, de hecho, la presencia de aquella joven les recordaba tanto a alguien en especial, que rieron para sus adentros al sentir cómo el poderío con el que se alzó les intimidó a todos.
—Creo que debemos calmarnos, tal vez-
—¡Espera!—cortó en seco Laxus.
Todos callaron y, antes de que la incontrolable ansia tomara posesión de todos ellos, simplemente echaron a correr en grupo hacia el gran portón, que se abrió inmediatamente. La colina se les hizo interminable pero no les hizo falta subirla toda entera, pues aquel poder mágico era tan familiar que las lagrimas de los más sensibles brotaron antes de que sus ojos llegaran a alcanzar la pequeña figura que se abrió paso entre la última hilera de árboles que separaba el bosque del claro de aquella colina.
—¡Maestro!
El joven mago de fuego se lanzó enseguida a los brazos del anciano, que apenas pudo reprimir las lágrimas de emoción que casi brotaron de sus orbes.
Solo milésimas de segundo fueron las que transcurrieron antes de que todo el gremio de magos rodeara a Makarov Dreyar queriendo abrazarle como si no hubiera un mañana.
—Maestro...—Erza se arrodilló ante él y lo rodeó con sus brazos dando gracias al cielo a que estuviera vivo.
Makarov no pudo evitar recordar a la persona que lo liberó.
—Lo habéis hecho todos muy bien—el anciano correspondió el gesto de la Scarlet mientras acariciaba suavemente su cabeza, para después apartarla y secar aquellas lágrimas que caían por su rostro—me siento muy orgulloso de vosotros, hacéis que haya merecido la pena habernos mantenido firmes con todo. Erza sonrió ampliamente y se levantó de nuevo dejando que la alegría la dominara.
Todos vitorearon el nombre del Maestro, aún acercándose a él para mostrarle gestos de cariño y añoranza.
—No me lo creo...no creo lo que estoy viendo...—la voz de Bradman se oyó entre los demás Spriggans, que voltearon hacia donde el mago de Alvarez estaba mirando con asombro.
Y ahí estaba. Aun cuando la oscuridad de la noche se cernía sobre ella, la figura de la maga más poderosa se hizo presente ante los que se encontraban en la colina que, sorprendidos, no dijeron ni una palabra. Simplemente se mantuvieron deleitándose con la majestuosidad con la que la Reina de los Dragones se mantenía en casi lo alto del terreno, haciéndola ver increíblemente inalcanzable.
—Es una maldita diosa...—a DiMaria le costaba creer lo que estaba presenciando. Simplemente era imposible lo que la Belserion había hecho.
—No...—Brandish observando con detenimiento a la maga más poderosa de Alvarez—ella simplemente es Eileen Belserion—finalizó sonriendo y encaminándose hacia donde se encontraba la mujer. Los demás Spriggans la siguieron, pues no podían sentirse más orgullosos de ella.
Anna quedó abajo de la colina observando con alegría el emotivo momento, pero mentiría si no dijera que se alegraba de que las cosas hubieran salido tras lo planeado.
—¡Eileen-sama!—Neinhart quedó enfrente de la Spriggan, pero esta vez no realizó ninguna reverencia, pues era conocedor que ese tipo de detalles no agradaban a la Belserion.
—Espero que os hayáis comportado en mi ausencia.
—¡Por supuesto! Nosotros somos buenas personas, Eileen-sama.
—Ha habido ganas de reventar cabezas pero nos hemos controlado—esta vez fue DiMaria quien habló, a lo que la Belserion medio sonrió.
—Todo está en orden, Eileen.
Era curioso que siendo ella la que había tomado la iniciativa de ir hacia donde se encontraba la maga de largas trenzas fuera la última en llegar. Brandish suspiró ligeramente recuperando el aire, para después mantenerse bien ante la presencia de la mujer de largas trenzas.
—Gracias por controlarlos, Bradish—agradeció la Belserion para después desviar por encima del hombro de la joven su mirada hacia el gran grupo de magos que aún se encontraban vitoreando el regreso del antiguo Maestro de Fairy Tail.
—Cómo es que el poderoso hechizo ha-
—Mejor no preguntes, Bradman—le interrumpió la mujer apoyándose ligeramente sobre su largo bastón. Debía reconocerlo, aquello de variar de apariencia la cansaba.
—Creo que podemos volver al interior del Gremio, aquí no pintamos nada—comentó Bradman dando media vuelta.
—Id. Yo me quedaré aquí un rato más.
Tras aquellas palabras los demás Spriggans siguieron al mago. Entendían y respetaban que la Belserion quería estar sola.
—¡Vamos a beber, abuelo!—Natsu vociferó sacando algunas llamas por su boca.
—¡Eso! ¡Hay que celebrar su regreso, Maestro!—Gray fue quién le siguió levantando sobre sus hombros al anciano, que se sorprendió ante la gran velocidad con la que el joven hizo el gesto.
—¡Esta noche va a ser una fiesta!—Lucy dio unas cuantas palmadas sin poder contener su alegría.
—¡Cerveza para todos, Mira!¡Vamos a beber todos como hombres!—Elfman vociferó abrazando a sus dos hermanas.
Todos los magos se encaminaron de nuevo hacia el gremio, incluidos la mayoría de Spriggans. Wendy se mantuvo al lado de sus compañeros, feliz de poder estar viviendo aquel momento, aunque cuando quiso darse cuenta su pequeño cuerpo volteó hacia atrás. Entonces pudo ver perfectamente que la joven maga de cabello escarlata subía la colina dirigiéndose hacia, posiblemente, la ubicación de la Belserion. Wendy ignoró el momento en el que lo hizo, pero en ese instante su rostro dibujó una sonrisa cargada de alegría y esperanza deseando que el nudo de los lazos que las unían fuera de cada vez más fuerte.
Subir aquel tramo de colina no debería suponer nada para ella, pero Erza notaba como su cansado cuerpo sufría a cada paso que daba. Levantó su mirada del suelo y la clavó sobre la mujer que se encontraba a unos metros y de espaldas a ella, topándose con la negra capa que ondeaba ligeramente. Se la veía calmada y aquello transmitió a la Scarlet algo de paz, aunque dudó de si seguir dando pasos o parar, aún deseando poder estar al lado de la mujer de largas trenzas.
El silencio reinó durante unos minutos hasta que la más joven se decidió. Por favor...ella era Titania.
—G-gracias por traerlo de vuelta—musitó titubeando al principio.
La Belserion volteó encontrándose con la silueta de su hija.
—Gracias a vosotros por haberme ayudado en la misión, yo sola no habría podido—agradeció la maga de Alvarez asintiendo levemente su cabeza en señal de agradecimiento.
Erza dio unos pasos más y se colocó al lado de la mujer, aún separándolas una distancia de algunos centímetros. Estaba claro para ambas que las palabras no saldrían con facilidad, y en el fondo de sus interiores lamentaban esa sensación. Aunque el deber de romper en pedazos el hielo que petrificaba sus lazos era necesario, por lo que la más mayor decidió romper el silencio.
—Este es un buen lugar para vivir—comentó aleatoriamente la Belserion sintiendo la brisa acariciar su rostro.
—N-no está mal...—Erza se sorprendió del comentario, pero respondió. Sí, respondió. Y deseaba que le siguiera preguntando. Y deseaba preguntarle a ella también.
—¿Siempre viviste aquí?—esta vez Eileen la miró a los ojos interesada en querer saber aquello.
—Casi siempre.
—Entiendo.
Las dos mujeres observaron el horizonte. El mar estaba en calma y la noche bañaba todo el cielo.
—¿Tú vivías en el palacio de Alvarez?
—No me gusta estar en un sitio fijo, así que voy yendo de aquí para allá.
—Eres viajera entonces...
—Más bien...no soporto las tonterías que dice August—comentó por lo bajo la mujer dirigiendo esta vez su burlona pero achispada mirada por el rabillo del ojo bajo su sombrero.
Ante la mueca que hizo la Belserion las dos rieron imaginando al viejo August dar órdenes sin descanso.
—Ese hombre...es peligroso—habló Erza aseverando su rostro sin querer imaginar lo que se les avecinaba.
—Mmm...sabes Erza...quiero pensar que aún hay posibilidades de hacer cambiar de parecer a ese viejo cascarrabias.
La Scarlet se sorprendió ante aquellas palabras, aunque aún no imaginaba cómo podrían llevar a cabo aquello.
—Aunque yo no soporte a August, no es un mal hombre. Es más, casi todos le prefieren a él antes que a mí.
—Es extraño...casi la mitad de Spriggans te han seguido a ti.
—Me han seguido porque ellos creen que en esta situación August ha perdido los papeles, y en parte me han seguido porque alguno de los Spriggans no quieren dañar a vuestro Gremio—reveló la mujer.
—Pensé que tú les caías más en gracia...
—Eso de ser la Reina de los Dragones puede sonar como una amenaza para algunos Spriggans, además no quiero ser la líder de nadie hasta que cumpla condena por todo lo malo que he hecho, no sería justo.
El silencio reinó de nuevo, y esta vez la Belserion no pudo seguir con su mirada fija en la joven Scarlet, que en parte sintió de nuevo aquella pequeña punzada de venganza por lo que pasó en la guerra.
Eileen era consciente del dolor que había causado a mucha gente, inclusive a su propia y única hija, y sabía que nadie la aceptaría hasta que demostrara que ya no era la maga que existió años atrás. Que la Desesperación Escarlata ya no era quién fue en su día. Y no deseaba otra cosa que poder limpiar su corazón de toda la escoria que había sido.
—Yo...
—No digas que mereces morir.
Erza clavó con seriedad pero con decisión sus vivos e intensos orbes sobre los de la mujer, que agrandó sus pupilas sorprendida ante las palabras de la Titania. Lo último que la Scarlet quería escuchar era lo que en su día su mejor amigo y, para que negarlo, el mago del cual estaba profundamente enamorada le dijo en el atardecer más bonito que jamás había visto.
—Qué estupidez es esa, Erza.
Eileen sonrió llevándose una mano a la cabeza.
—Simplemente no quiero volver a escuchar eso.
—Qué idiota ha tenido el valor de decir semejante sandez—la Belserion medio sonrió ante su pregunta.
—Alguien que necesitaba dos guantazos en la cara—contesto Erza cruzándose de brazos y suspirando recordando los hechos que la llevaron a decir aquello.
—Entiendo...¿hay algo más que deba saber?—inquirió Eileen entrecerrando sus ojos y queriendo disimular la media sonrisa que se dibujó en sus labios. Desconocía la razón, pero quería saber más acerca del idiota del que estaban hablando.
—¡N-no, claro que no! No hay más—fue notorio el nerviosismo de la Scarlet, aunque la otra mujer se carcajeó ante el comportamiento infantil de su hija. Que hinchó sus mejillas queriendo disimular el sonrojo que las cubrió.
—¡Erza! ¡Eileen-san!
Aquello sí que fue una voz infantil, aunque la dueña fuera una Dragon Slayer más que fuerte. Wendy vociferó desde lo lejos queriendo llamar la atención de las dos mujeres de cabello escarlata.
—¡Venid con nosotros!¡No os perdáis la fiesta!
—Tiene razón, no tiene caso obsesionarse con este conflicto. Ahora mismo lo importante es que estamos todos los del gremio.
Tras aquellas palabras Erza se encaminó colina abajo dispuesta a disfrutar de la compañía de todos los que se encontraban en el lugar.
—¿Vienes?
Eileen se la quedó mirando y tras un ligero suspiro se decidió.
—Creo que no pasará nada por descansar un poco.
Así pues las dos magas se dirigieron hacia el gremio de Fairy Tail, donde el jolgorio caracterizaba el ambiente.
—¡Vamos Erza, disfruta de estos barriles de cerveza!—Kana gritó alzando su birra en alto con gran énfasis ocasionando que parte de la espuma de la bebida volcara por los lados.
Eileen se quedó parada unos instantes en el gran portón analizando la pintoresca escena y viendo como su hija desaparecía entre la muchedumbre. Todos estaban bebiendo y comiendo a pesar de que fueran las tantas de la madrugada, y las sonrisas y carcajadas de alegría culminaban por todos los rincones del gran salón. La Belserion aún se preguntaba qué diantres hacía ella en ese lugar.
—¿No te recuerda a algo?
La suave voz que pudo oír a su lado la sacó totalmente de sus pensamientos. Anna sonrió de oreja a oreja contagiándole su humor a Eileen, que restó importancia con su mano.
—En Dragnof no hacíamos tanta fiesta...
—Qué mentirosa eres cuando quieres, amiga.
Las dos se taparon la boca con sus respectivas manos intentando camuflar sus risas. En efecto la nostalgia de aquellos felices días invadieron durante unos instantes a las dos magas, que se encaminaron hacia la mesa donde se encontraban sus compañeros de Alvarez.
—Bueno, no se está tan mal estar aquí—DiMaria dio un trago a la cerveza que anteriormente le había servido Kana, mientras Brandish daba un sorbo al refresco de sabor afrutado que tenia entre sus manos.
—Estos de Fairy Tail sí que saben divertirse—Bradman seguía con sus brazos cruzados, pero no se perdía ningún detalle.
—¡Beba algo, Eileen-sama!—Neinhart le tendió una gran jarra llena de cerveza y se la puso enfrente.
Eileen la tomó entre sus manos y la miró algo dubitativa. Al fin y al cabo ella no sentía ninguno de los sabores.
—¡Vamos, Eileen-sama! ¡Bebe y come!
El cuerpo de la Belserion casi se descompuso debido al agarre que el joven Dragneel le hizo por el cuello, ocasionando que su característico sombrero cayera rápidamente al suelo. Entonces su cabello escarlata llamó de nuevo la atención de algunos magos.
—¡Natsu, no la agobies!—Gray repitió el mismo gesto que anteriormente el mago de fuego le hizo, de ese modo volviendo a zarandear a la Spriggan.
Las cabezas de ambos magos no tardaron en estamparse la una contra la otra cayendo así hacia atrás.
Lucy y compañía rieron ante el familiar gesto que les provocó la Belserion. Incluso Erza sonrió para sus adentros al percatarse de la similitud de esa escena con la que ella había tenido que lidiar incontables veces con sus compañeros para poner paz en el ambiente.
—Muchachos, calmaos—muy comedida, Eileen dio un trago a la bebida que le ofreció el pelirosa, que aún se sobaba el chichón que creció en su cabeza.
—Eso ha dolido...—Gray también se quejó mientras intentaba ponerse en pie de nuevo.
—¡Oye, Eileen! ¡Lucha contra mi mañana!
Aquello que dijo Natsu cayó en gracia a la mujer, que se carcajeó sin poder aguantarse mientras observaba al chico subirse a la mesa de madera y encender sus puños en llamas.
—¡No te rías de mí! Soy muy fuerte, ni Acnologia se pudo resistir. Así que tú no deberías ser un gran problema—habló el mago de fuego riendo al visualizar ya su victoria contra la maga más fuerte de Alvarez.
—Yo no soy Acnologia, jovencito—la mujer frunció el ceño sintiendo casi esas palabras como una ofensa.
—Voy a derrotarte y me convertiré en el mago más fuerte de todos los tiempos—el joven sonó con gran convicción, a lo que Eileen se levantó de su asiento y tomó al chico por la solapa de su chaqueta.
—Reza para que no te haga morder el polvo en cuestión de segundos.
Las miradas de los dos magos desprendían rivalidad y a la vez respeto, a lo que Anna suspiró sabiendo que finalmente la Belserion no se pudo resistir ante la oferta. Durante unos instantes la gran maga celestial pudo reconocer en la mujer de largas trenzas aquella adolescente rebelde que en su día reinó el reino más imponente de Ishgar.
—Vamos a sumar otra estupidez a la lista—dijo Lucy llevándose las manos a la cabeza. Desde luego que Natsu nunca aprendería a controlar sus emociones.
La risa de los magos inundaron el acogedor lugar, y la calidez que desprendían los vínculos de aquella gran familia hizo que una vez más reinara la esencia que siempre había caracterizado aquel Gremio. Fairy Tail finalmente logró recuperar a su amado maestro, y la esperanza de volver a salir vencedores del conflicto que se les avecinaba renació dentro de ellos. Y entonces volvieron a brindar.
Continurará...
Y hasta aquí el capítulo ^^ No ha sido un capitulo con demasiada acción, pero creo que era necesario empezar a unir los lazos entre Eileen y Erza, además de devolver al Maestro Makarov el protagonismo que se merece.
Tal vez penséis que me he pasado en darle tanto poder a Eileen pero al fin y al cabo creo que es la fucking queen y la maga más fuerte, así que creo que se merece eso y más ;)
Y aquí es cuando explico porqué escogí porner como título "Dragon Cry" a la historia.
Cuando decidí empezar esta historia fue porque en mi cabeza me imaginé la escena de que Eileen en su forma de dragón se arrepintiera de todo lo que había hecho, y así las lágrimas sinceras de ella además del amor que verdaderamente sentía por Erza fueran la clave para poder fundir la mismisima piedra que dejó el Fairy Law de Makarov. Así Eileen también podía devolverle a su hija una persona importante para ella como lo es Makarov, que lo considera como un padre.
Entonces Eileen al ser un dragón y pertenecer a la raza del ser más fuerte y mágico de la tierra creo que podría ser capaz de hacer eso. Y a partir de ahí empece a desarrollar la historia ^^
Por otra parte no sé si queda demasiado claro cómo he escrito para que Eileen le de la vida a Makarov. En tal caso está la opción de comentar el capítulo, por lo que si no está claro reflejadlo ahí y yo lo editaré. Sino entenderé que está todo OK ^^.
¡Un saludo y espero subir el próximo capítulo pronto!
