La fiesta siguió hasa que amaneció, aunque muchos de los magos cayeron rendidos antes de que saliera el sol por la línea del mar que delimitaba el agua con el horizonte. Al fin y al cabo debían disfrutar un poco antes que el conflicto ocasionado por el Reino de Alvarez llegara a Fairy Tail. Todos tenían demasiado miedo por tener que lidiar con el desastre que se volviera a repetir al igual que unos meses atrás, pero por nada del mundo permitirían que la desesperación reinara en sus corazones. Lucharían con todo lo que tenían y seguirían venciendo gracias a los irrompibles lazos que tanto les unían.

—Laxus me ha explicado el conflicto que se avecina.

El Maestro Makarov tomó asiento enfrente de la Belserion, que como otras tantas noches, por su condición le era imposible dormir. En esos momentos se encontraba leyendo a la luz de una pequeña vela un grueso libro de lo que parecía ser temática en historia mediaval. Aún habiendo vivido durante más de cuatrocientos años y viendo cómo las cosas cambiaban en la sociedad, sus antiguas costumbres seguían manteniéndose vivas en ella. Y leer era uno de sus hobbies preferidos.

—Pensé que más apropiado que se lo explicara su nieto en lugar de yo misma, al fin y al cabo yo soy de Alvarez y en parte entiendo que esté molesto por alojarnos en su propio gremio después de lo que hicimos—contestó la maga sin apartar sus ojos del texto.

—Sóis bienvenidos a Fairy Tail.

Eileen interrumpió su lectura aun sin apartar su mirada de la hoja en la que había pausado su atención.

—¿Hay alguna posibilidad de ganar?—sin titubeos el anciano le preguntó queriendo saber la opinión de la maga, que tras suspirar ligeramente paseó sus ojos por encima de las hojas hasta llegarla a levantar y así encontrarse con la duda y a la vez el miedo apresando sin compasión al Maestro.

—Todo dependerá de lo que quiera escuchar August. Está claro que no va a rendirse, pero...tal vez exista algún modo de intentar que recapacite.

—Esos huevos de dragón...

—Son responsabilidad mía y no voy a dejar que nadie les haga daño. Además...debo terminar lo que en su día empecé—comentó recordando a Belserion y sus días en Dragnof.

—¿A qué te refieres?—Makarov estaba interesado en escuchar lo que se estaba reservando la mujer, y quería comprobar si aquello que tenía en mente era una amenaza para su gremio.

Eileen se levantó de su asiento mientras dejaba el libro sobre la mesa cuidadosamente y sin hacer ruido.

—Cuando le busquemos solución al conflicto que nos espera mañana le revelaré mi propósito con esos huevos. Y ahora si no tiene niguna otra pregunta, voy a tomar el aire.

Así pues se marchó sin pedir permiso, intentando esquivar los cuerpos dormidos de los otros magos que había regados por el suelo. Makarov miró hacia el techo deseando con todas sus fuerzas que aquello no terminara en tragedia. No se perdonaría perder a ninguno de sus hijos de nuevo contra Alvarez.

El sol fue el que sustituyó a la preciosa luna que se había alzado la noche anterior con majestuosidad sobre el cielo para dar paso a calentar aquel hermoso día con los rayos de luz pegando directamente en Fiore y todo el territorio de Ishgar.

—No puedo levantarme...—Natsu era incapaz de abrir sus ojos, aquella era damasiada la claridad que entraba por los grandes ventanales de la sala principal del gremio.

—Me duele la cabeza...—Gray se quejó aún notando cómo le daba vueltas todo. Demasiadas peleas con sus compañeros se dio la noche anterior.

—¡He dormido de maravilla!—Lucy se desperezó bostezando y estirando sus brazos hacia arriba sintiendo como su espalda crujía. Maldita sea, aún no era una vieja.

—Al final Wendy es la primera que se ha levantado, ¡panda de vagos!—Laxus dio un golpe fuerte con su puño cargado de rayos eléctricos en la barra ocasionando que todos los presentes se sobresaltaran ante el ruido. En menos de dos segundos todos estaban con los ojos como platos.

—¿Wend-

—¡Tenryū no Hokou!

Aquella voz infantil pero cargada de poder fue lo que se oyó desde dentro del gremio, a lo que Natsu no dudó en correr hacia el gran portón buscando el origen de ese ataque. Y cuando sus sorprendidos ojos se encontraron con la escena no pudo por más que chocar sus puños dejando que sus características y ardientes flamas lo envolvieran.

—¡Vamos chiquilla!

La Belserion fácilmente desvió el ataque con su bastón.

—¡Así no vas a alcanzarme!—Eileen le vociferó casi intimidando a la peliazul, pero lo único que hizo ésta fue secarse el sudor de su frente. La Dragon Slayer del Cielo tenía demasiado claro que no podía desaprovechar el hecho de estar entrenando con la creadora de esa magia tan especial.

—¡Tenryū no Yokugeki!

El gran tornado de viento rodeó violentamente a la Belserion, aunque de nuevo de nada sirvió. Las ráfagas de aire se desvanecieron inmediatamente. Sin ella notarlo había sido muy lenta en atacarla, por lo que como contraataque Wendy se llevó un buen golpe que la despidió por los aires haciendola chocar contra el suelo.

—Te recordaba más resistente.

Eileen se cruzó de brazos esperando a que la joven niña se levantara. Y lo hizo, solo que con dificultad y dolor.

—No lo entiendo...estoy yendo lo más rápido que puedo...

—Te estyo repitiendo incontables veces lo mismo: no te estás anticipando.

—¡Karyū no Tekken!—y Natsu irrumpió golpeando con gran fuerza con la intención de lanzar despedida a la Belserion, aunque los papeles se intercambiaron y fue él el que terminó por los suelos con gran agresividad.

—Uno, dos, tres, cuatro...me da igual cuantos seáis, no vais a poder conmigo si seguís peleando así de mal—la maga lo dejó bien claro tapando su rostro con sus sombrero, aunque en verdad afilaba su mirada intentando penetrar en los pensamientos de los jovenes Dragon Slayers.

Natsu volvió con el mismo ataque pero la escena se repitió.

—Maldita sea...

—¡Tetsuryū no Hōkō! —y entonces Gajeel también se unió a la peculiar pelea lanzando un gran tornado de metal. Esta vez y tomando desprevenida a la poderosa maga sí que había dado en la diana, por lo que sonrió complacido por haber acertado a diferencia de sus dos compañeros.

—Pero qué feliz estampa...

La femenina voz plagada de ironía se burló de los tres Dragon Slayers haciendo que estos voltearan de inmediato. Gajeel chasqueó con su lengua fastidiado por no haber ni rozado a la Desesperación Escarlata, que se mantuvo impasible con ellos. La Belserion se sacó su sombrero y lo colgó sobre su bastón dejando que la luz del sol acentuara su cabello rojizo.

—Me cuesta creer que Acnologia fuera derrotado por unos magos como "vosotros".

La chanza era notoria en su voz mientras se llevaba sus manos a la cintura.

—Esto va a ser divertido—rio entre dientes Laxus observando la escena junto con sus demás compañeros desde lo lejos.

Erza de igual modo no dejaba que se le escapara ningún detalle y suspiró hastiada queriendo pelear ella también, aunque entendía que aquel combate de tres contra uno era totalmente competencia de los Dragon Slayers.

Un set de ataques fueron lanzados a la vez hacia la mujer de largas trenzas levantando una nube de polvo debido a la gran potencia de la combinación de las tres magias, pero la explosión que provocó Eileen dispersó enseguida el humo, permitiéndole contraatacar y llevándose por enmedio a los tres jovenes magos de Fairy Tail.

—¡Maldita sea, qué no entendéis de la palabra "anticipación"!

Eileen agarró por el cuello a Natsu y lo lanzó a volar antes de que le diera tiempo a defenderse mientras dejaba que otra de sus explosiosiones estallara en él.

—Joder, es fuerte...—Gajeel se puso en posición defensiva junto a Wendy, que respiraba agitada debido al cansancio.

—Nos está intentando decir algo, pero no consigo descifrarlo—le susurró la niña secando las gotas de sudor que le caían por la frente.

A medida que iban pasando los minutos, los integrantes del gremio se fueron asomando e incluso tomaron asiento sobre la mullida hierba. Observar la fiereza con la que atacaban los tres Dragon Slayers era increíblemente emocionante y entretenida, aunque ninguno de sus ataques apenas rozara a la maga de largas trenzas.

—Parece como si adivinara cada uno de nuestros movimientos—susurró por lo bajo Gajeel mirando fijamente a la Belserion intentando leer sin resultado sus pensamientos, pero lo único que atisbó fue a la mujer dejando reposar el extremo de su bastón sobre el suelo.

Natsu respiraba cansado pero emocionado a la vez. Era impresionante el poder mágico de aquella maga, y el hecho de que fuera familiar directo de una de sus mejores amigas le alegraba. Tener en su bando a una hechicera tan poderosa como lo era Eileen les daría gran ventaja en la batalla.

El fuego del Dragneel se encendió con gran incandescencia y el calor que emanaba de aquellas agresivas flamas se notaba en todo su alrededor.

—¡Igneel no me dio este poder por nada!—habló orgulloso al recordar a su padre. Era cierto que parte de los hechizos con los que atacó en su día a su hermano Zeref no podría repetirlos nunca más, pues al fin y al cabo era magia prestada por Igneel, pero era su deber como Dragon Slayer mejorar para poder luchar mejor y proteger a sus compañeros.

—Se lo agradecemos todo a los dragones que cuidaron de nosotros—Wendy se situó cerca del joven mago sintiendo cómo las ligeras pero amenazantes ráfagas de viento empezaban a levantar algunos de los pétalos que había esparcidos por la hierba.

—Vamos a defender el gremio cueste lo que cueste—Gajeel fue el tercer mago que se unió al grupito expresando auténtico valor mediante la expresión de su duro rostro.

La Belserion medio sonrió al observar a aquellos tres acumulando gran cantidad de magia para poder al menos arañarle la piel. En parte se sentía orgullosa, al fin y al cabo la magia que inventó ella era solo para valientes y nadie podría dominarla si la sangre no era purificada por parte de los dragones.

—Esto ya es otra cosa...—afiló con sus orbes medio sonriendo.

El fuego, el viento y el metal se unieron todos en uno formando un poderoso tornado de magia que con gran voracidad fue lanzado directamente hacia la mujer de cabello escarlata, que en un rápido movimiento hizo que su bastón y su sombrero desapareciera. La chispa que se iluminó en sus ojos reflejó la gran destreza y habilidad con la que se disponía a contraatacarles.

Esa vez Eileen esperó hasta tener a escasos segundos el gran ataque cerca suya, y cuando su instintó se lo reveló consiguió encantar su bastón logrando crear una barrera lo suficientemente resistente como para que aquel tornado chocara contra ella sin hacerle nada. La magia patinó por la defensa que la Belserion invocó obligando que ésta se desviara por completo.

—¡Bajaste la guardia!—Natsu se encontraba tras ella con sus puños encendidos con la intención de atestarle ardientes golpes.

—¡Aquí!—Wendy sobrevoló hasta quedar casi sobre la maga de ese modo atacándole desde arriba.

—¡Te olvidaste de los ángulos muertos!—Gajeel cubrió el otro lado libre evitando de ese modo que su contrincante no tuviera escapatoria alguna.

Mentiría si dijera que no se sorprendió de la posición que tomaron aquellos tres jóvenes magos y su coordinada manera de pelear. Pero su orgullo estaba en juego, por lo que ella también demostró que aún siendo una mujer poseía una fuerza increíblemente fuerte. Al fin y al cabo ella también era una Dragon Slayer y sus habilidades estaban aumentadas.

Así pues y aunque todo transcurrió en milésimas de segundo, los jovenes de Fairy Tail volvieron a salir volando por los aires.

—¡Cómo puede ser que te esté pateando el culo de esta manera tan ridícula, Natsu!—Gray se carcajeaba divertido desde lejos junto con otros magos del gremio, que observaban entretenidos la pelea.

—¡Ven y me lo dices a la cara, cubito de hielo!—el Dragneel se picó con el mago de hielo, que al escuchar aquel mote corrió enseguida hacia donde se encontraba el pelirosa. Entonces sus discusión empezó al igual que muchas otras veces.

—Chicos...—Wendy se llevó una mano a la cabeza sin creer que de nuevo estaban peleando como dos niños pequeños.

—Vaya par de tontos—Gajeel chasqueó su lengua fastidiado ante la interrupción de su combate contra aquella misteriosa mujer. El Dragon Slayer de metal comprobó que su enfrentamiento había terminado así que inció sus pasos hacia donde se encontraban los demás integrantes de Fairy Tail.

Eileen observó inexpresiva unos segundos a Natsu y a Gray y su manera tan patética de pelear, pero entendió que aquello era ya una mala costumbre de ellos dos por lo que les, tras un suspiro cargado de paciencia, les dio la espalda dispuesta a volver al interior del gremio junto sus compañeros Spriggans.

—Podrías haberte quedado con ellos—le recriminó Anna a la mujer de trenzas una vez que bajó la colina, que tras un bufido le dirigió una mirada llena de hastío.

—No me apetece hacer de niñera, Anna.

—Pues deberías practicar por si algún día te toca hacer ese papel—bromeó la Heartfilia llamando por completo la atención de la mujer de largas trenzas.

—¿A qué te refieres?—la Belserion frunció el ceño buscando respuesta a la insinuación que la otra mujer había lanzado al aire.

—Me refiero a que deberías practicar por si algún día Erza tiene hijos.

—¿¡Cómo!? ¿Acaso hay algo que deba saber? No he notado ningún tipo de magia ajena a la de Erza, así que es imposible que esté emb- —comenzó a recitar la mujer de largas trenzas tomando por un brazo a su compañera mientras la apartaba ligeramente de la muchedumbre.

Anna comenzó a reír con humor ante el repentino nerviosismo de la Reina de los Dragones. La sola mención de algo relacionado con ese tema era cuanto menos peculiar.

—Ay Eileen...te adelantas demasiado, y no hace falta te pongas así—la poderosa maga celestial le sacó la lengua burlándose en su cara.

—No tiene gracia—el gesto de disconformidad de la Belserion aún acrecentó más las carcajadas de la otra, que tuvo que llevarse una mano a la boca intentando camuflar su risa a la vez que Eileen se mordió la lengua desesperada para poder evitar decír algo con el tono de voz más alto de lo normal. Definitivamente no quería que nadie se entrometiera en esa humillante situación en la que ella claramente estaba en desventaja.

La mujer de cabellera rubia iba a repetirle que se tranquilizara, pero se detuvo de inmediato al observar cómo la silueta de la joven con armadura se acercaba por la espalda de la Belserion.

—¡Erza!—nombró la maga celestial con exceso de emoción en su tono de voz.

Eileen se sobresaltó y volteó de inmediato ante la sorpresa chocando casi con la Scarlet, que tras evitar el pequeño golpe las miró algo desconfiada.

—¿Podemos ayudarte en algo, Erza?—Anna preguntó interesándose por ella e intentando calmar a la Belserion cambiando de tema de conversación.

—Eso...¿hay algo que necesites?—carraspeó Eileen deseando recuperar la compostura cuanto antes mientras se recolocaba su sombrero ante la atenta mirada de su hija.

—Yo...—no sabía como proponer lo que se le estaba pasando por la cabeza, pero se armó de valor y con decisión se lo dijo—...quisiera que entrenaramos las dos.

Pasados unos minutos, Makarov observaba la escena aún encontrándose a unos metros de distancia y supo perfectamente que la tromenta de emociones encontradas entre las dos mujeres de cabello escarlata empezaba a cesar con lentitud. Y también se preparó para presenciar los intensos golpes de las magas.

Así pues la colina pasó de ser un bello prado a ser un campo cargado de magos regados por el terreno mejorando sus hechizos, motivados por una sola cosa que todos compartían en común: la supervivencia de los vínculos que los mantenían unidos como familia.

...

Mira observaba con especial atención los movimientos de las dos mujeres de cabello escarlata. La afilada hoja de la espada de su compañera chocaba con gran habilidad contra el largo bastón de la otra maga, que con destreza bloqueaba cada uno de todos los espadazos que le eran lanzados.

La tonalidad de las hebras de sus cabellos y la fuerte mirada que ambas mantenían daba gran credibilidad a lo que hacía unos días la Scarlet le explicó. Mira era consciente de lo mal que lo habría pasado Erza al no explicar nada a nadie acerca de lo ocurrido en la batalla contra su propia madre en la guerra. Aunque también comprendía que no era nada fácil asimilar que uno de los enemigos más fuertes y letales resultaba ser la madre en la que siempre creyó.

La Mirajane sonrió con suavidad al comprobar con sus propios ojos que Erza estaba comenzando a aceptar a la otra mujer, aquella que se despojó de su orgullo y se atrevió a pedir ayuda a Fairy Tail.

Si bien era cierto que Eileen Belserion había tenido la intención de matarla durante la guerra, Mira estaba convencida de que aquella maga no era la misma que percibían sus ojos en esos momentos. De hecho estaba pasando gusto en verlas entrenar, e incluso estaba segura que al compartir sangre alguna magia increible entre aquellas dos poderosas magas podia manifestarse en cualquier instante.

—Tu piensas lo mismo que yo, ¿verdad?

Aquella familiar y masculina voz la sacó de sus casillas obligandola a buscar con sus sorprendidos orbes el origen de aquellas palabras.Y ahi se mantuvo Laxus, firme y fuerte sin apartar su mirada del entrenamiento de las dos mujeres.

—No sé a qué te refieres...—la joven hizo ver como si no hubiera entendido al hombre de hebras rubias.

—¿Acaso no te has dado cuenta aún?—Laxus no creía que Mira no se hubiera percatado del grandioso detalle.

—Y según tú me tengo que dar cuenta de...

—¡Obviamente de lo que tienes delante de tus ojos, Mira!—el mago señalo a las dos mujeres de cabello escarlata.

La poseedora del Satan Soul frunció el ceño haciendo creer que no sabía absolutamente nada de lo que se refería el nieto del Maestro.

—Maldita sea Mira...es obvio que aquella mujer es la madre de Erza—musitó por lo bajo intentando que nadie nada más que ella lo oyera.

Mira rio entre dientes mientras tapaba coquetamente su boca. Laxus frunció el ceño ante el gesto.

—No me digas que...¿¡ya lo sabías!?

Mira terminó de soltar una carcajada y se levantó de la mullida hierba. Dio unas palmaditas en el hombro al joven Dreyar y siguió su camino hacia el interior del gremio, no sin antes dirigirse a él.

—Pensé que serías más astuto, no hay que ser un genio para darse cuenta de eso, Laxus—dijo con un toque de burla para después guiñarle un ojo y sacarle la lengua.

Laxus no pudo por más que voltear y volver a dirigir su mirada hacia las dos mujeres de cabello escarlata, que seguian entrenando duramente. De todos modos el mago dio gracias a que ningún mago andara cerca de él, al menos nadie habría notado el ligero rubor en sus mejillas por culpa del adorable gesto de la Straus. Rio para sus adentros como un tonto sabiendo que ni su magia de rayos podía protegerlo de aquella mujer.

—Intenta leer mi flujo de magia y contraataca con rapidez—habló la Belserion bloqueando el espadazo de Erza de ese modo posicionandose practicamente enfrente de ella, que chasqueo su lengua fastidiada.

Se alejó, soltó la espada y apoyó sus manos en sus rodillas. Estaba realmente cansada y a la vez frustrada por mostrarse sin fuerzas.

—Está bien, descansemos un rato—Eileen también notaba algo de cansancio, por lo que decidió pausar aquel entrenamiento.

Se mantuvo a unos metros alejada de su hija queriendo darle algo de respiro. La mirada de Erza lentamente fue levantandose hasta dejarla fija sobre la de su madre. Se miraron durante unos segundos y aún reinando el silencio disfrutaron de aquel instante.

—Nunca imaginé que podría estar así con alguien que fue mi enemigo—habló la Scarlet haciendo desaparecer su arma junto con su armadura. Esa vez simplemente iría con su usual blusa blanca y su falda azulada.

—Supongo que así es como debería ser—le contestó Eileen deseando que la joven maga aceptara la expresión maternal que le dedicó.

Erza se acercó a ella incluso sorprendiéndola ante la decisión con la que lo hizo.

—Hay un sitio que quiero mostrarte, Eileen—dijo la chica pasando por su lado. La Belserion disfrutó la alegre expresión con la que Erza se le dirigió. Por lo que sin dudarlo un instante siguió los animados pasos de su hija.

El barullo de Magnolia era tan característico que cualquiera que hubiera visitado aquel lugar no podía negar la vida que reinaba en esa característica ciudad.

La Spriggan no se perdía detalle. Los tenderetes expuestos en la calle principal captaban la atención de la multitud de visitantes, que amontonados buscaban la atención del tendero. La variedad de tiendas era digna de admirar y además estaban decoradas con gran alegría, mientras que el murmullo de los ciudadanos era como una melodía que fluía con ritmo por las calles.

—Aquí es—comentó la Scarlet entrando en el lugar, aunque Eileen aún observaba el cartel con el nombre de la tienda esculpido en madera.

—¡Hola, Erza-san! ¡Cuánto tiempo¡ ¿Lo mismo de siempre?—el hombre ya mayor aún mostraba la misma alegría con la que empezó aquel negocio.

—¡Eso es!—Erza cruzó sus manos tras su espalda esperando a que le ofreciera su mejor producto.

Eileen observó a través del cristal la emoción con la que su hija estaba conversando con aquel hombre de baja estatura, pero de alma pura. Entonces la maga se apoyó levemente en su bastón y dejó guardado en su memoria aquella expresión tan agradable de su hija.

—¡Muy bien, podemos marcharnos ya!

Entonces las dos mujeres fueron paseando tranquilamente hasta lo que parecía ser un parque y tomaron asiento en uno de los bancos vacíos que se encontraban a unos metros de la gran fuente que se alzaba en el centro.

—Toma, este es para ti. Está muy rico así que creo que te va a gustar.

Erza abrió la caja de cartón que tenia entre sus manos y le tendió un trozo de pastel de fresa a su progenitora, que lo tomó en sus manos. Aquel era su favorito y seguro que acertaba.

Eileen era totalmente consciente de que el sabor de los alimentos era imperceptible para su paladar por culpa del proceso de dragonificació que sufrió hace cuatrocientos años, pero aquel trozo de pastel se lo había comprado expresamente a ella. Su hija le había regalado aquel trozo de dulce, aquello que le había dicho que estaría tan bueno, aquello que Erza estaba devorando con ganas y rapidez, invlusive la fresa que descansaba encima de la nata que cubría la parte superior del dulce.

La Belserion observó durante unos segundos la pequeña pero rebelde gota de espuma de nata que se había acomodado sin permiso sobre la nariz de la Scarlet. Detalle que hizo que Eileen se viera obligada a tapar levemente sus labios para disimular la sonrisa que se le dibujó al ver la graciosa imagen.

—Son los mejores dulces de Magnolia—recalcó Erza con la boca llena de comida.

Si bien Eileen no disfrutaba al tomar alimentos ni bebidas, se propuso a sí misma deleitarse con aquel manjar que tenía entre sus manos, por lo que tomó el pastel y apreció cada bocado que se fue llevando lentamente a su boca, aunque antes de terminarse el último trozo oyó la risa de la chica que se encontraba a su lado sentada. Buscó el motivo de tal chanza y entonces también tuvo que reir al percatarse de que su nariz también había sido invadida por un poco de la espuma que decoraba el dulce.

—Cosas que pasan.

—Y que lo digas...

Ante aquello las dos mujeres no pudieron reprimir la graciosa carcajada que apenas se resistió en salir de sus interiores. Quién le iba a decir a Erza que un día antes de un gran conflicto se lo iba a pasar bien en compañía de la que en su día fue su enemiga.

...

Las olas chocaban fuertemente contra la proa de los barcos, que con gran maestría, eran dirigidos por el capitán correspondiente de cada navío. Cada uno estaba governado por un Spriggan, aunque por mucho que quisieran demostrar todo su poder, debían reconocer que en un par de meses no habían conseguido ni por asomo reclutar a todo el ejército que en su día atacó Fiore.

—Cada vez que veo este despropósito me entran ganas de dar la vuelta y marcharme—comentó fastidiado Ajeel haciendo levitar un diminuto barco de arena con su mano.

—¡Deja de quejarte, Ajeel! ¡Ya queda menos para bombardear ese maldito gremio!—Whal respondió animado desde otro de los navíos llevándose sus dos manos a la cintura de ese modo demostrando el exceso de poder que tenía.

—Estás loco Whal, maldita sea...

La arrogancia con la que siempre había vivido Ajeel, el Rey del Desierto, se vio en su día minvada por la paliza que Fairy Tail les pegó en la guerra. Él sabía bien que no sebían subestimar a esos magos, y para colmo el Imperio de Alvarez había sufrido recientemente la pura traición de casi la mitad de los Spriggans, entre las cuales se encontraba Eileen Belserion. Aquella mujer daba miedo, y Ajeel sabía perfectamente que el único capaz de enfrentar a aquella loca era August.

—¡Yahau!

—Y ahí está ese estúpido—Jacob observó avergonzado de tener a alguien en su equipo como God Serena, haciendo sus poses extrañas.

En los tres navíos de la hilera de detrás iban August, Invel y Larcade, cada uno en uno. Se mantenían callados y pensativos, pues eran conocedores que aquello que iba a ocurrir en cuestión de horas podía ser crucial para su superviviencia y la de Alvarez.

August se encontraba en el despacho del cual estaba proveído el barco en el que navegaba. Estaba sentando tranquilamente en la gran silla de madera, que llevaba esculpida con gran arte y detalle el símbolo del escudo del Imperio. El mago meditaba, o más bien, no había dejado de pensar acerca de cómo se haría con aquellos huevos de dragón.

—Así que tendré que pelear contra ti—se dijo para sí mismo con seriedad pensando en la Desesperación Escarlata.

August había meditado acerca de aquellos huevos de dragón, que en un principio deseaba hacerse con ellos para reforzar el poder de alvarez, aunque tras haber pasado algún tiempo se decidió en acabar con aquellas criaturas, que aún siendo mágicas eran muy peligrosas. Al fin y al cabo los planes de su padre Zeref era derrotar a Acnologia, un dragón. Y aquellos bichos eran la misma escoria que el monstruo al que se le conoció en su día como el Rey Dragón.

—Esto se va a terminar, Desesperación—musitó por lo bajo sin poder borrar de su mente la imagen de la Belserion.

Bebió un trago del vino que se encontraba en el interior de la copa que reposaba sobre el escritorio. Y August echó su cabeza ligeramente hacia atrás. Ya casi había terminado, solamente sería llegar, destruir a todos los magos, y recuperar los dichosos huevos de dragón. Sí, solo sería eso.

...

Las dos magas caminaban tranquilamente sin apenas hablar, aunque precisamente aquello tampoco era tan necesario. La sola presencia de ambas era suficiente como para saciar el sentimiento de añoranza que por mucho que se resistieran no podían negar haber tenido. La Scarlet le mencionó que quería mostrarle un lugar algo especial para ella, a lo que su progenitora no opuso queja alguna en seguirla. Eileen deseaba pasar el tiempo con su única hija, y si Erza quería mostrarle algo importante para ella no podía por más que acompañarla.

—Este es lugar en el que se mantiene vivo el recuerdo de Hilda-obaasan, y aquí es donde vivo yo junto con algunas de mis compañeras—Erza abrió de par en par las puertas de Fairy Hills y se adentró en el vestibulo.

Erza se refirió a la mujer anciana que siempre cuidó de ella y de sus compañeras cuando tan solo eran unas niñas. Entonces ante el simple hecho de recordar a la casera hizo que la nostalgia se apoderara de ella, detalle que no pasó por alto la Belserion, que se quedó esperando afuera del edificio pues pensaba que la confianza que le estaba brindando su hija permitiéndole entrar en su hogar era algo excesivo para ser quien había sido y el daño que le había causado a Erza.

—¿No quieres entrar?—la Scarlet desvió su mirada de nuevo hacia la otra mujer al comprobar que aún no se había adentrado en el edificio. Entonces pudo entender la incomodidad de su progenitora, aunque ella de verdad que deseaba pasar tiempo con ella—¡Vamos, nadie va a decirte nada!—sin pensarlo tomó una de las manos enguantadas de Eileen y tiró suavemente de ella obligándola a que sus pies traspasaran el gran portón de Fairy Hills.

Cuando la Spriggan quiso darse cuenta, sus orbes se encontraban brillosos sintiendo casi que la emoción se apoderaba de ella. Su corazón palpitaba con fuerza y casi se dibujó en ella una gran sonrisa en sus labios, que tuvo que reprimir a duras penas. Cómo iba ella, la Reina de los Dragones, a ponerse a llorar de alegría al vivir ese gesto de amabilidad por parte de su única hija.

—Este es le vestíbulo, pero lo más interesante está en el piso de arriba.

Erza guiñó un ojo a la Belserion, que se encogió de hombros y siguió los pasos de la joven por las ámplias escaleras.

—Aquí es donde guardo las armaduras cuando no me queda espacio en mi Re-equipar, ¡y esta es mi favorita!—Erza señaló abriendo sus brazos ante el disfraz de gato que había en una vidriera cuidadosamente limpia. Eileen analizó algo confundida aquel extraño ropaje.

—¿Y exactamente qué poder te permite tener esta armadura?—la Belserion acarició su barbilla interesada en saber la respuesta.

Entonces alguien apareció por el umbral de la puerta del largo pasillo, siendo ni más ni menos que Levy, la maga intelectual del Gremio. Observó con detenimiento a las dos mujeres de cabello escarlata, que contemplaban con gran interés el insignificante disfraz de la Titania, y se llevó una de sus manos a la cabeza sin creer que la mayor de ellas le siguiera el juego a Erza.

—Viéndola así cuesta creer que sea la mujer más poderosa de Alvarez...

Entonces Erza se percató de la presencia de su amiga, a la que saludó amistosamente con la mano.

—¡Levy! No pensé que estuvieras en Fairy Hills.

—¡Hola Erza! La verdad es que he venido a descansar un poco, estos últimos días han sido algo aparatosos—comentó la chica cruzando sus manos tras su espalda—veo que estás en buena compañía—añadió cerrando sus vivarachos ojos alegrándose ante la familiar estampa. Al fin y al cabo no había que ser un genio para saber que aquella mujer era ni más ni menos que la madre de su amiga.Y no era para menos, pues la semejanza que las dos mujeres compartían era digna de admirar.

—Quería mostrarle el lugar en el que estamos nosotras—comentó Erza dando por sentado que Levy sí se había percatado de quién era la Belserion de verdad. Era imposible que su amiga no se hubiera dado cuenta del obvio detalle.

Eileen se mantuvo tras la Scarlet a la espera de que su excursión por aquella gran mansión continuara, pero enseguida la chica de cabello alborotado captó su atención al obervar cómo se situaba justo enfrente suya. Notó algo de nerviosismo en su cuerpo, pero esperó a que fuera ella quien se decidiera a hablarle.

—D-disculpe...yo...—Levy no sabía la manera de dirigirse a la imperiosa mujer, pues se alzaba con majestuosidad sobre ella, aunque al alzar su mirada atisbó en los orbes de la Belserion la chispa de amabilidad que la empujó a seguir—quisiera darle las gracias por haber traido de vuelta al Maestro—terminó la joven maga inclinando ligeramente su tronco como muestra de agradecimiento.

Eileen se quedó algo pensativa, y a la vez avergonzada por ese gesto de amabilidad por parte de aquella chica, pues realmente quién debía estar en deuda con los magos de Fairy Tail era ella.

—No las des, al fin y al cabo es mi pago por haberme ayudado en mi misión—respondió la mujer de largas trenzas agitando su mano queriendo restarle importancia al asunto.

Levy rio y asintió con su cabeza, para después dirigir de nuevo su vivaracha mirada hacia Erza. Diantres, no se podía negar el gran parecido de aquellas dos.

—¡Bueno, os dejo continuar con el tour!

Así pues Levy se despidió con la mano abandonando el luagr.

—Ella vive aquí en Fairy Hills al igual que la mayor parte de todas nosotras, menos Lucy.

—¿Y por qué ella no?—se interesó la Reina de los Dragones siguiendo los pasos de la Scarlet, que se encaminó hacia su habitación.

—Lucy no se crió en Fairy Tail desde pequeña, pero cuando llegó al Gremio ya no había suficientes habitaciones y se independizó en un apartamento. Aunque cuando tenemos que festejar algo siempre vamos a su casa—se carcajeó la joven recordando todos los eventos que habían celebrado en el pequeño hogar de la joven Heartfilia.

El pasillo aparentó no ser nada largo, pero les tomó unos segundos llegar al dormitorio de la Titania, que familiarizada ya con el ambiente abrió la puerta como muchas otras veces.

—Este es mi dormitorio, pero como no me caben todas mis armaduras pues aquí solo tengo un par de cosas.

La Belserion analizó todos y cada uno de los detalles que había en la pequeña sala: una cama individual pegada a la pared, al igual que el armario de madera, aunque el escritorio que se encontraba al otro lado de la esquina de enfrente tenía muchos papeles apilados.

—E-esto...vaya desastre, eh...solo son papeles—Erza desconoció cuando su boca empezó a titubear, pero debía reconocer que tener a su madre en su cuarto con tal desorden la agitó. ¿Acaso las madres no querían que sus hijos tuvieran el cuarto ordenado?

Eileen tomó uno de los pepeles y leyó, "Re-Equipar: Nivel Avanzado".

Erza la contempló y enseguida quiso explicarse:

—¡No es de gran importancia! S-solo que...bueno, después de la guerra contra Alvarez y Acnologia me di cuenta que tengo que mejorar mucho más mis habilidades, así que decidí empezar a estudiar de nuevo—la Scarlet mantuvo sus manos tras su espalda sin dejar de sentir la poderosa presencia de la otra mujer, que siguió leyendo escasos segundos más los apuntes de su hija.

Caminó directa a otro lugar de la habitación, pues algo había captado toda su atención. El reflejo de su rostro quedó reflejado en el cristal que mantenía aquella fotografía encerrada en su respectivo marco. Y entonces volvió a ver aquel detalle que hizo desaparecer su locura antes de que decidiera intentar suicidarse con la katana de la Titania.

Los cinco jovenes tenían marcada la sonrisa más alegre y bella que había visto jamas. Su hija sonreía ampliamente y la felicidad que se plasmaba en su rostro hizo que Eileen comprendiera lo feliz y protegida que se había mantenido Erza todo aquel tiempo junto con sus compañeros haciendo que aquello la reconfortara, pues estaba convencida de que si su hija se hubiera quedado con ella habría terminado siendo una desgraciada.

—Esa foto la tomamos una vez que fuimos de picnic, y pasaron tantas cosas...—habló Erza llevándose una mano a su cabeza intentando olvidar el repentino recuerdo de aquellos tres magos que usaban sus gases como poder mágico. Juró que casi le entró una náusea.

La Belserion dejó la fotografía sobre la pequeña estantería que había colgada en la pared y enseguida tomó la que se encontraba justo al lado. En ella estaban posando Erza, dos mujeres más y un mago de cabellos azulados con una extraña marca en su ojo derecho, pero aquello no fue lo que escamó a la maga, sinó el ligero pero notorio rubor que había escampado por las mejillas del joven.

—¿Erza, podria ser-

—¡Sigamos!—la Scarlet desapareció de la habitación con rapidez con la intención de obligar a la mujer a que dejara de mirar aquella fotografía en especial. Ella misma siempre que la obserbava quedaba como tonta con la cara de Jellal.

—...el estúpido al que golpeaste?

Eileen dejó de nuevo la fotografía que tenía entre sus manos con la intención de salir también del cuarto de la Titania. "Seguro que era ese inútil al que golpeó", se dijo carcajeandose ligeramente.

Finalmente y tras haberle mostrado todo Fairy Hills, las dos magas salieron afuera del edificio sintiendo cómo la agradable brisa les acariciaba la blanquecina piel y alborotaba con algo de rebeldía las hebras de tonalidad escarlata que tanto las caracterizaba.

—Erza.

La susodicha volteó a ver el origen de aquella voz, que por extraño que pareciese tenía una agradable sonrisa plasmada en su rostro.

—Solo quería decirte que estoy enormemente feliz de que encontraras a este Gremio.

Eileen cerró sus chispeantes orbes dejándose llevar por la emoción y acrecentó su sonrisa dejando incluso que se pudieran ver sus blanquecinos dientes, lo que provocó en Erza un ligero rubor en sus mejillas. Ella ignoró el porqué, pero ver el rostro de su madre con aquella emoción en parte la estaba abrumado por dentro. Entonce sdecidieron permanecerun rato más en aquel lugar contemplando en especial silencio el ámplio mar de la costa antes de volver al gremio y seguir con su entrenamiento.

Cayó la noche y todos los integrantes del gremio de Fairy Tail estaban reunidos en el gran salón, aunque a diferencia de la noche anterior, aquella no estaba siendo especialmente una fiesta. Al contrario, se mantenían con un semblante serio y sin ganas de festejar nada, pues esperaban un conflicto del cual jamás habrían previsto que se repetiría.

Rechinó la puerta de madera del despacho del Maestro Makarov y se vio a la Belserion salir con imperiosidad y con pasos contundentes ddejando a su paso el sonido de sus tacones, un paso tan majestuoso y tan característico en ella que intimidiarían al mismísimo diablo. Inconscientemente los magos que se encontraban taponando el pasillo que había entre las mesas de madera se hicieron a un lado dejando pasar a la Spriggan.

—Seguidme.

Su voz sonó imponente y no recibió nignuna réplica por parte de los demás Spriggans, que se levantaron sin rechistar y tranquilamente la siguieron. Era hora de elaborar el esquema para reventar el máximo de soldados posibles.

—¡Muy bien chicos! ¡Acercáos todos!—Makarov se subió encima de la barra del bar y esperó a que todos a los que él llamaba "hijos" atendieran a sus palabras.

La mirada de ellos era tan decidida que parecía que fueran capaces de detener la peor de las desgracias, aunque en verdad él creía que eran capaces de cualquier cosa. Makarov se sentía realmente orgulloso de ellos.

—Muy bien, si estáis ya todos escuchad atentamente. Este es el plan—sonrió de medio lado dando la mayor confianza a todos y cada uno de ellos.

Mientras afuera del gremio permanecieron en círculo casi la mitad del poder del Imperio de Alvarez.

—Este es el plan—habló la Belserion dirigiendo su mirada a todos y cada uno de los Spriggans que se encontraban con ella.

En un primer momento se quedaron boquiabiertos al haber escuchado aquellas palabras, ¿acaso estaba loca?

—Esto no va a ser nada fácil—hablo DiMaria cruzando sus brazos sin estar muy segura de aquello.

—Eileen-sama, no creo que...vaya a funcionar, pero haré lo que usted mande—Neinhart se llevó una mano a su cabeza intentando asimilar la información. De todos modos iba a acatar las ordenes de la Desesperación Escarlata siéndole fiel hasta el final.

La Belserion observó a los dos magos que aún no habían opinado al respecto y deseaba escuchar sus respectivas respuestas.

—Mmm...es una maldita locura, pero hace tiempo que no tengo algo de acción así que me parece bien—Bradman habló descruzando sus manos y manteniendo su rostro en la sombra. DiMaria y Neinhart lo miraron extrañados, aquel no era el Bradman al que conocían. Fairy Tail lo estaba transformando, pensó la mujer de cabello rubio.

—¿Brandish?—DiMaria dejó de prestar atención al Spriggan dirigiendo su confusa mirada hacia su compañera, que mantenía sujetando su barbilla con una de sus manos rumiando sobre el asunto.

—Odio pelear contra los nuestros...—la joven de cabello verdoso se lamentó.

—Lo entiendo, Brandish. Pero esto requiere la participación de todos, sinó no lograremos parar a August—la Belserion insistió queriendo convencer a la Spriggan.

Brandish observó unos segundos a la Belserion, que decidida tenía sus manos sobre sus hombros intentando transferirle toda la confianza que podía. La joven se extrañó ante el comportamiento de aquella mujer porque nunca se mostró de aquella manera cuando estaba en Alvarez, es más, nunca imaginó que supiera pelear en equipo. Claramente Fairy Tail la había cambiado, pensó Brandish mientras asentía levemente con su cabeza dando su aprobación al plan trazado por la Desesperación Escarlata. Al fin y al cabo ella buscó a una auténtica reina para dirigir el desastre que se avecinaba.

—Bien, entonces ese será el plan—sentenció la mujer de largas trenzas usando su poder de convicción en sus compañeros.

Y allí se mantuvieron juntos unos minutos despejando las dudas acerca de la estrategia trazada.

—¿Lo notáis, verdad?—habló Brandish dirigiendo su mirada hacia el horizonte quedando dibujado en el mar la gran luna blanca.

—Imposible no hacerlo—Bradman mantuvo sus brazos cruzados aún sin restarle importancia a la flota que se acercaba a toda velocidad.

—Lo conseguiremos—Neinhart sabía que aunque los barcos aún no se divisaban a lo lejos, la presencia del poder mágico de sus compañeros de Alvarez era más que notoria.

Eileen siguió con su mirada la misma trayectoria que la de Brandish. La maga era consciente que aquello no iba a ser nada fácil, y si a ese hecho se le sumaba las pocas ganas que tenía ella de tratar con August la cosa se complicaba. Pero no iba a permitir que la disputa que mantenía desde hacía tiempo con el mago más poderoso de Alvarez afectara a los demás. Y ella bien sabía que debería tomar precauciones ante el hecho de que su mayor debilidad se encontraría en el campo de batalla. Por nada del mundo permitiría que algo malo le ocurriera a Erza, ella era su mayor tesoro y la protegería como madre y como dragón.

Continuará...

Otro más ^^

Me pienso si volver a subirlo algo más editado, porque no sé si me da la sensación de haberlo escrito muy rápido, aunque me lo he reeleido un par de veces.

En fin, espero que lo disfrutéis. ¡Esto no está mucho para terminar!

Gracias y un saludo ;)