o0. Recomendación música: As you sleep - Something Corporate
Capítulo 3: En sueños (Editado)
Después de que Harry abandonara la cocina, el lugar se llenó de un incómodo silencio. Ron se levantó a los pocos segundos, asesinó con la mirada a Hermione y después se fue. Fred y George hicieron lo mismo, pero sin siquiera mirarla, de modo que se quedaron a solas la Señora Weasley, Tonks, Ginny y ella.
—Has hecho bien, cariño.
La señora Weasley sonrió a Hermione y le dio unas palmaditas cariñosas en la mano.
—Por lo visto ahora eres lo único que tiene.
Hermione se puso lívida al oír esas palabras. ¿No era una gran ironía del destino que precisamente la persona que le había amargado la existencia durante años, ahora dependiera de ella? Porque, por mucho que no quisiera pensarlo, sabía que si Malfoy estaba en Grimmauld Place era por ella. Ella lo había llevado allí y había insistido en que se quedara.
—Nunca pensé que conocería a mi primo en estas circunstancias —dijo Tonks jovialmente dando un sorbo a su taza que manchó la punta de su nariz de chocolate.
Hermione ni siquiera lo había pensado, pero en cierto modo, la casa de los Black le pertenecía por sangre más que a Harry. Frunciendo el ceño, se dijo que tal vez él lograría callar a la irritante Señora Black.
—¿No lo conocías aún? —preguntó Ginny.
—Bueno, lo he visto en un par de ocasiones cuando era más pequeño, pero Narcissa siempre se cambiaba de acera cuando mi madre y yo nos los encontrábamos, por ejemplo en el Callejón Diagon. Creo que temía que pudiera ser una mala influencia para el pequeño Draco —explicó e hizo un gesto teatral para acentuar sus palabras, con el que golpeó la taza de chocolate, salpicando gotas de su contenido por la mesa —Oh, demonios, siempre igual —farfulló arrugando el ceño y su nariz manchada aún de chocolate.
—Deja, querida, lo recogeré yo —terció cariñosamente la Señora Weasley mientras se sacaba la varita del bolsillo del delantal de cuadros rojos y blancos que llevaba. Ni a Hermione ni a Ginny les pasó por alto que la mano aún le temblaba y ambas intercambiaron una mirada de preocupación.
—Creo que voy a irme a dormir —dijo Ginny fingiendo un bostezo. La señora Weasley miró su reloj sorprendida y se puso en pie rápidamente.
—Tienes razón, cielo, es tarde y hoy ha sido un día muy largo. Mañana os llamaré temprano para seguir con la limpieza de la casa.
—Al final no compré nada de lo que había salido a buscar —dijo Hermione algo avergonzada.
—Lo haré yo, mañana a primera hora —intervino Tonks poniéndose pie y estirándose como un gato —Ahora me voy a la cama, chicas. Hasta mañana —dijo enérgicamente y desapareció bostezando por las puertas de la cocina. La señora Weasley la siguió, pero antes de salir se volvió hacia Hermione y Ginny y las señaló con el dedo índice de ese modo que dominan a la perfección las madres.
—Y vosotras dos, no tardéis mucho.
—No, mamá —respondió Ginny y Hermione puso la expresión más inocente de la que fue capaz.
La Señora Weasley las miró severamente unos instantes y después se alejó murmurando por lo bajo y cerrando la puerta tras ella.
—Buena la has armado esta vez, Hermione —dijo Ginny imitando la voz y el tono de su hermano Ron bastante acertadamente. Hermione sólo fue capaz de esbozar una frágil sonrisa —Vamos, has hecho lo correcto. No podías dejarlo ahí tirado —añadió la pelirroja—Ni siquiera los cabezotas de mis hermanos lo hubieran hecho por mucho que digan.
—Supongo que no. Pero, ¿qué pasará ahora, Ginny? ¿Qué vamos a hacer con él?
—No tenemos que preocuparnos por eso ahora, Harry dijo que le permitiría quedarse un tiempo.
—Si es que Malfoy quiere quedarse —replicó Hermione con amargura —De lo cual no estoy muy segura. Creo que no le gustará nada despertarse aquí rodeado de personas a las que odia.
—Por lo menos está vivo. A lo mejor debería sentirse agradecido que no le dejaras tirado en esa casa abandonada a su suerte.
Hermione soltó una risita irónica.
—Draco Malfoy no es de los que dan las gracias —dijo.
Hermione tomó el pomo de la puerta y cerró los ojos durante unos instantes reuniendo fuerzas para entrar. Se había despedido de Ginny en el segundo piso, donde hasta entonces dormían ambas, y había subido hasta el tercero, donde Malfoy reposaba. No estaba muy segura de por qué pero había querido subir a comprobar cómo estaba el chico y no tenía intención de dormir en el segundo piso. Posiblemente acondicionaría una de las habitaciones contiguas a la de Malfoy y se quedaría allí hasta que él mejorara, por si necesitaba algo. Pero, ¿por qué se estaba tomando tantas molestias? Sabía que él no lo valoraría ni agradecería, sin embargo, no podía evitar sentirse preocupada y responsable de él.
Suspirando, giró la perilla con suavidad y empujó la puerta sigilosamente, colándose en la habitación por la pequeña abertura. Después cerró la puerta a sus espaldas y caminó sigilosamente hasta la enorme cama de roble con los doseles verdes botella recogidos en sus postes. Malfoy seguía ahí, durmiendo, a la escasa luz de una lámpara de aceite mágico, adosada al cabecero labrado de la cama.
Hermione se acercó hasta uno de los postes de la cama y lo miró. Era extraño verle así. Ya no había expresión de dolor en su rostro, ni de asco, superioridad o burla. Lo cual era algo muy inusual en él.
Solamente dormía, parecía en paz. Tal vez más pequeño e inocente. Vulnerable.
Nadie diría que ese rostro pálido, de perfectas facciones y ese pelo platino, casi blanco, pertenecían a un mortífago. Pero así era.
Un mortífago que odiaba a los muggles, a los sangre sucia y en especial a ella.
—Qué has hecho, Hermione —susurró mientras se giraba para abandonar la habitación, pero entonces escuchó un gemido que la detuvo. Volvió el rostro lentamente, con los ojos muy abiertos y se quedó paralizada.
La paz que antes había inundado al mortífago se había esfumado. Su rostro tenía una expresión de terror, y lo giraba de un lado a otro, enterrándolo en la almohada con la boca entreabierta. Gemía, balbuceaba cosas sin sentido y gritaba ahogadamente, removiéndose con violencia bajo las mantas que la Señora Weasley había subido hasta su cuello y que con tanto movimiento estaban ahora en la línea de su cintura. Hermione le observó durante unos segundos sin saber qué hacer, y finalmente se acercó a la cama. No había duda de que estaba teniendo una pesadilla y por la expresión de puro pánico que lucía, debía de ser muy terrible.
Mordiéndose el labio inferior con angustia, Hermione resolvió despertarle. Apoyó una rodilla en la cama y alargó las manos hacia él para calmarle, pero Malfoy las apartó de él y siguió removiéndose histéricamente. Hermione intentó entonces coger sus manos para tranquilizarle, mas Malfoy se puso a forcejear con ella, como si le estuviera atacando mientras gritaba insistentemente con voz rota.
—¡No!¡No!¡No!
La chica trató de agitarle para sacarle de su pesadilla, pero Malfoy la sujetó por ambos codos y tiró de ella con tanta fuerza que Hermione cayó en la cama sobre él. Malfoy giró rápidamente de modo que en un segundo, la joven quedó de espaldas en la cama y con él encima, aprisionándola con su cuerpo y sujetándole las muñecas contra el colchón. Sólo entonces, Malfoy abrió los ojos.
En un primer instante pareció asustado de verla, pero después la observó con curiosidad, como si fuera una desconocida. Entrecerró los ojos, como si quisiera forzarlos a ver a pesar de la escasa luz. y se acercó aún más a su rostro.
Hermione cogió aire desesperadamente y se apretó todo lo que pudo al colchón. Estaba asustada, pero tal vez no todo lo que debería estarlo teniendo en cuenta que un mortífago la tenía a su merced. Sentía el peso de su cuerpo sobre ella y la respiración agitada de Malfoy caía directamente sobre su boca. Pero los ojos grises que la observaban tan de cerca, no eran los de un mortífago y parecían extrañamente velados, como si su dueño aún estuviera dormido. Y Hermione sospechaba que así era.
—Malfoy —susurró —Sólo era una pesadilla. Ya pasó. Ahora debes dormir.
Malfoy escrutó su rostro por unos largos segundos más, y después, lentamente, le soltó las muñecas y se apartó de ella, quedando tumbado al lado de la chica. Hermione respiró hondamente y salió de la cama a toda velocidad, antes de que Malfoy decidiera cambiar de opinión, pero no pudo alejarse más porque él le tomó la mano con firmeza, impidiéndole la retirada.
Maldiciendo interiormente la hora en que decidió intentar sacarle de su pesadilla, Hermione se volvió hacia él, comprobando que sus ojos grises relumbrando a la luz de la lámpara de aceite, estaban fijos en ella. Como si esperara algo de ella.
—Duerme —le susurró Hermione, tratando de contener su impaciencia. Quería largarse de la habitación de Malfoy y no pensaba volver a entrar. En cuanto él la soltara.
Malfoy la miró por unos instantes y finalmente, cerró los ojos. Hermione esperó sin moverse durante aproximadamente un par de minutos, hasta que estuvo segura de que Malfoy dormía por su respiración profunda y espaciada y la expresión tranquila de su rostro. Entonces intentó escurrir su mano entre la del chico, pero él no había aflojado ni un ápice la presión a pesar de estar dormido. Seguía sujetándola con la misma seguridad, con la misma fuerza, con la misma imposición. Hermione probó a tirar de su mano pero no consiguió liberarla de la de él por mucho que lo intentó.
Desesperada, intentó pensar en alguna manera de soltarse sin despertarle, pero la perspectiva de que la Señora Weasley les encontrara en esa situación la asustó tanto que decidió que le importaba poco si le despertaba o no. Quería su mano.
Agitó el brazo violentamente unas cuantas veces, pero Malfoy no la soltó ni se despertó, así que decidió ayudarse con su otra mano para retirar la de él.
Inútil. Parecía haberle puesto unos grilletes invisibles que la adherían a Malfoy y sólo él debía de tener la llave.
—Maldita sea —farfulló en voz baja. ¿Qué narices? No tenía ninguna razón por la que hablar en susurros, de hecho, todo lo contrario. Si no podía despertarle por las buenas, lo haría por las malas.
—Malfoy, ¡despierta! —le dijo al tono de voz más alto que se atrevió a usar para no despertar al resto de la casa —¡Malfoy! ¡He dicho que te despiertes! —insistió con un tono que no tenía nada que envidiar al que usaba la Señora Weasley para despertar a sus hijos —¡Despiértate de una vez y suéltame!
Como quien oye llover. Malfoy no se inmutó ni un poco, ni dio la más mínima muestra de haberla escuchado. O estaba muy profundamente dormido, o estaba burlándose de ella. La segunda opción era bastante posible, pero a pesar de todo, Hermione la descartó. De algún modo sabía que no se trataba de eso, además no creía que a Malfoy le interesara burlarse de ella hasta el punto de sostenerle la mano considerando el asco que debía producirle el tocar a una sangre sucia.
¿Y qué iba a hacer ahora?
No podía despertarle, no podía soltarse. Su única opción era quedarse. Sintió una oleada de angustia al imaginarse lo que podría pensar la Señora Weasley o cualquiera de sus amigos si la encontraban en esa situación, pero no tenía alternativa. Tendría que quedarse allí hasta que el estúpido de Malfoy se despertara.
—Esto me pasa por ayudarle —masculló enfadada, aunque sabía perfectamente que volvería a hacerlo si se viera en esa tesitura. Suspirando derrotada, Hermione decidió que ya que tendría que quedarse, lo haría lo más cómoda posible. Consiguió enganchar la pata de un sillón tapizado de chintz rojo con motivos persas con el pie y lo arrastró sobre la polvorienta alfombra de Aubusson hasta que quedó al pie de la cama. Entonces se dejó caer en él, con su mano firmemente atrapada por la del Slytherin, y trató de buscar una postura cómoda en la que poder dormirse.
Recogió sus piernas y se acurrucó con las rodillas flexionadas mientras apoyaba su cabeza en una de las orejeras del sillón. Se movió incómoda un par de veces durante los siguientes minutos y masculló unos cuantos apelativos poco cariñosos hacia el individuo que reposaba en la cama a su lado, pero finalmente se durmió, arropada por la sensación de una mano grande y fría que la sujetaba como si por nada del mundo fuera a permitir que se alejara de él.
Draco abrió los ojos muy despacio, sumido en un cómodo y cálido sopor. Se encontraba bien, estaba en un colchón cómodo y no le dolía nada. No recordaba por qué pero sabía que eso era extraño.
Y había algo más que también era extraño. Tenía algo en la mano.
Otra mano. Pequeña, cálida y que parecía adaptarse perfectamente a la suya. Y la mano pertenecía a una chica, que estaba dormitando acurrucada en un sillón pegado la cama, como si estuviera velando su sueño. Tenía la cabeza apoyada en una oreja del sillón y las piernas recogidas y abrazadas con su mano libre, la otra pendía sobre el apoyabrazos tendida y enlazada con la de él.
Como si le hubieran golpeado repentinamente, Draco recordó todo y soltó bruscamente la mano de la chica. ¿Qué hacía ella allí? O mejor aún, ¿Qué demonios hacía él allí? ¿Dónde coño estaba?
Lo último que recordaba era que la sabelotodo había descubierto su escondite y él había tratado en vano de echarla. Después, todo era borroso. Sabía que había escuchado el nombre de Potter en algún momento y que la sabelotodo le había hecho algo en el pecho.
Alargó instintivamente sus manos hacia su pecho, descubriendo que su camisa verde botella había desaparecido para ser reemplazada por una camisa de franela desgastada y remendada, a cuadrados verdes y blancos completamente ordinaria. Con una mueca de desprecio, soltó los primeros botones para comprobar el estado de sus heridas y contuvo un gemido de sorpresa al descubrir que estaban cerradas. Donde antes había habido tres profundos cortes, sólo quedaban las marcas en relieve, finas y más blancas que el resto de su piel.
Miró a la sangresucia y supo que le había curado. ¿Quién coño le había dado permiso para tocarle? ¿Quién le había mandado curarle? Él no había pedido su ayuda así que no tenía nada que agradecerle. La observó dormir y la miró con odio durante unos instantes. ¿A dónde demonios le había llevado? Estaba seguro que no era su casa. No tenía pinta de ser muggle.
De hecho, la robusta cama de roble en la que yacía no estaba nada mal. Los doseles eran de terciopelo y tenían borlas doradas, y la colcha tenía bordados en oro. Aunque estaban algo sucias y desgastadas, sus sábanas eran de seda. Y el sillón en que estaba la sangre sucia estaba tapizado en una tela muy cara.
Se incorporó muy despacio por miedo a hacerse daño, pero ya no le dolía el pecho. Echó un vistazo al resto de la habitación comprobando que las polvorientas alfombras eran de Aubusson, que todos los candelabros eran de oro y que las paredes de la habitación estaban forradas de paneles de madera de caoba. Había un pesado armario al fondo y una cómoda con espejo que debía de tener un par de siglos de antigüedad. Las pesadas cortinas que cubrían lo que suponía unos amplios ventanales, estaban roídas y arañadas pero eran de terciopelo verde botella.
La habitación poseía una decoración antigua y soberbia, que aunque decrépita, mantenía toda su majestuosidad. No estaba mal, después de todo no se diferenciaba tanto de su propia habitación en la mansión Malfoy.
Pensar en su hogar le hizo preguntarse de nuevo dónde se encontraba y en cómo largarse de allí. Con repentina alarma, cayó en la cuenta de que no tenía su varita con él. Buscó en los bolsillos de su camisa, bajo la almohada y removió las mantas pero no había rastro de ella.
Furioso, miró a la sangre sucia dormida a su lado. Seguro que ella sabía donde estaba su varita.
Diciendo adiós a su idea de largarse de allí con sigilo, agitó bruscamente a la muchacha que murmuró algo con los ojos aún cerrados, y se reacomodó en el sillón.
Draco soltó un taco y salió de la cama, para plantarse de pie frente a ella. Se inclinó sobre la chica y le sacudió violentamente un hombro, hundiendo con fuerza los dedos en su tierna carne. Esta vez, Hermione abrió los ojos bruscamente con una mueca de dolor y contuvo una exclamación al encontrarse a Malfoy inclinado sobre ella. La miraba fijamente con sus ojos grises pero de un modo muy diferente al de la noche, esta vez no cabía duda de que estaba despierto. Y bastante enfadado a juzgar por su expresión y el hielo de su mirada gris.
—Buenos días, bella durmiente —la saludó él con sarcasmo y desdén.
—Malfoy —murmuró ella bajando las piernas del sillón y tensándose por completo, presintiendo lo que se avecinaba.
—¿Dónde está mi varita y dónde cojones estoy? —preguntó Draco a bocajarro, apoyando ambas manos en los apoyabrazos de la butaca, impidiendo así cualquier tentativa de escapar de la chica.
—Tu varita está a buen recaudo y en cuanto a dónde te encuentras, no puedo responderte —respondió Hermione sin amilanarse por su tono.
Malfoy se inclinó aún más sobre ella con expresión amenazadora, y a su pesar, Hermione no pudo evitar hundirse en el sillón.
—Dame mi varita, sangre sucia —ordenó él con su tono más autoritario y peligroso. Hermione contuvo una mueca al escuchar su insulto, pero por lo demás permaneció impasible.
—No.
Un tic vibró en la mejilla derecha de Draco y apretó con tanta fuerza los apoyabrazos del sillón de Granger que sus dedos se blanquearon hasta los nudillos.
—No la necesito para hacerte daño, sabelotodo —siseó con odio.
—No te lo aconsejo, Malfoy —replicó ella con apariencia serena —Yo estoy armada —Draco bajó la mirada lentamente del rostro de Granger y descubrió que la chica sostenía su varita apuntándole al pecho. Cautelosamente, se retiró hasta quedar erguido frente a Hermione con una mueca de rabia mal disimulada.
—Y además— Hermione se levantó el sillón de modo que quedaron frente a frente—tampoco estoy sola.
—¿Qué quieres decir?
Ella sonrió de un modo que a Draco le heló la sangre, si eso era posible.
—¿No te lo había dicho? —preguntó con voz dulzona —Estás en la casa de Harry Potter.
Hola chicas :)! (nada de camioneras xD)
Pues aquí está el tercer capítulo :) Draco y Hermione ya han pasado su primera noche "juntos" aunque no de un modo muy amoroso xD, él la ha obligado y ni siquiera ha sido consciente de que ella ha estado a su lado mientras él dormía :)
Draco por fin despertó, bastante malhumorado, sin saber dónde está y sin varita. Aunque bueno, en realidad ya sabe donde está... mujajajaja.
De nuevo, daros millones de gracias por todo el apoyo recibido :) Estoy muuuuuy contenta . ¡Cómo echaba de menos la emoción de publicar y recibir reviews :)!
Gracias a todas las que habéis leído la historia, en especial a las que dejastéis r&r en el chapter anterior. Bienvenidas las nuevas incorporaciones y estoy contenta de ver "nicks" conocidos xD (vosotras me entendéis) :
Daphne Greengrass, Vero Felton mx..Amber Nixie (me reí mucho con lo de Dramiones S.A. xD), mariapotter2002, Yeire, o0esmeralda0oSweetangel-Mnataly-malfoyKlass2008harrymaniaticagata2242Klass2008YezzieELea-SLyTHeRiN, Ear tata, yanhiraBaddymarata1507, Sara, EveFai, Laila Potter M.DIliathHermiwgKmirielSoerag Malfoy, Yrena , pikita45, vanguChibi Naruky-Oliva, Sakura-GrangermicropuffDarkAngel-SweetDevilSheccid Malfoy, rOBerta Pardo , Vesper BondCourtney love, Swettie Tata, Pixie tinkerbellnadeshiko-uchihaConny-hpKarenzita.x, annkora , pansy936, gala zoel, tifanny , Naiala-ariesAyame89SandritaGranger, Adriana , Isabella RiddleprincesaartemisaFer CornamentaPamplinassMariale-26EladreawNietzsche Daughter, Cristal Jaganshi , waterflai
De verdad, mil gracias a todas...
Con mucho cariño, Dry!
