La gran nube de polvo que se levantó por los aires dejando que una gran cortina de tierra se cerniera ante la mayor parte de combatientes hizo que sus respectivas visiones se nublaran desproporcionadamente, sobre todo de los guerreros inexpertos que el Imperio había reclutado los últimos días al no tener tropas suficientes para detener al gremio de Fairy Tail.
De todos modos el porcentaje de magos sin experiencia era mucho mayor en el bando de Alvarez, pues el Imperio aún no se había recuperado de la anterior Guerra que aconteció en Fiore. Así que, tal vez, sí era real que fueran mayores en número, pero aquello no significaba nada para los magos del gremio más fuerte del continente que con gran garra estaban defendiendo su hogar.
—¡No nos van a hacer ni un rasguño! ¡Vamos a por ellos!—Laxus alzaba su masculina y poderosa voz incrementando los ánimos de sus compatriotas.
—Qué estúpido...—August murmulló para sí mismo alzándose por los aires cual Dios rebosante de poder mientras observaba con superioridad cómo estaba aconteciendo aquella batalla. Aunque poco tardó en volver su atención a la que consideraba la persona más peligrosa de ese lugar, aquella que tenía la esperanza de ganar y defender a muerte a aquellos pares de cretinos y a esos dichosos huevos de dragón.
La mirada de Eileen no dejaba de clavarse en la silueta del poderoso mago de barba blanca. Era conocedora del peligro que caracterizaba a ese hombre, es más, sabía que si se despistaba lo más mínimo Fairy Tail estaría en estado crítico. Por eso dejó que su magia siguiera fluyendo por su cuerpo, preparada para todo.
—Eileen, es inútil que les defiendas—August descendió levemente para acortar cierta distancia con la maga—pero sabes que si estás pendiente de todos ellos no serás capaz nunca de derrotarme, aunque siéndote sincero dudo que ni tan siquiera tengas la oportunidad de hacerlo.
La malvada carcajada que dejó escapar provocó la ira de la Belserion una vez más, que sin atender a lo que Wendy le aconsejaba, se lanzó como una mala bestia contra el General volviendo a golpear con fuerza el báculo con su bastón a la vez que las explosiones estallaban de nuevo en el aire y a su alrededor.
—¡Eileen-sama!—la Dragon Slayer de pelo azulado se llevó una mano a la boca aterrorizada al no visualizar la silueta de la mujer de largas trenzas por culpa del espeso humo que aquellas bombas mágicas dejaron como resultado. Aunque gracias a su olfato Wendy supo que hacía falta mucho más para derrocar a la que en su día fue la Reina de los Dragones.
La mirada de Erza se achinó intentando encontrar un atisbo del pelo escarlata, ese color que en su día fue el detalle que la hizo creer en que, después de todo, aún había alguien que compartiera su misma sangre. Y, efectivamente, la encontró. Medio sonrió pensando para sus adentros que aquella mujer era realmente dura de pelar.
Los tacones de la mujer de largas trenzas se clavaron en la tierra al aterrizar de manera brusca a la vez que la base de su bastón fue dejando una marca lineal sobre el suelo ayudándola de ese modo a frenar mientras ese largo cabello escarlata se agitaba debido a la gran ventolera que desprendió el último contraataque de August.
—Maldito...—la Reina de los Dragones maldecía a todo lo que se le pasaba por su cabeza tras chasquear con su boca la mala suerte que estaba teniendo en esos momentos. Lo peor de todo era que sabía que había alguna manera de vencer sin dejar cadáveres regados en ese prado. Siempre había alguna manera, aunque no por gusto.
"Viejo, te vas a salvar por mi promesa a esa jovenzuela", se dijo para sí misma la Belserion pensando durante unos instantes en Brandish.
Las dos jóvenes magas de Fairy Tail la observaron sin imaginar que la maga más poderosa que existía estuviera impregnada de frustración y casi en un callejón sin salida. La Scarlet dudó en si hablar o callar, en sí animarla o en si optar por el silencio. Apretó con fuerza el mango de su espada convencida de que por mucho que quisiera, le era demasiado difícil demostrar un atisbo de relación filial con la persona que intentó acabar con su vida. Pero precisamente por eso Erza no iba a darse por vencida, porque realmente deseaba establecer una hermosa relación con su madre.
—¡Wendy, es nuestro turno!
Erza vociferó con ímpetu dando a entender a la joven Dragon Slayer que no podían dormirse. Eileen agradeció la ayuda prestando apoyo desde lo lejos.
Mientras, a unos metros de donde se encontraban Gray y compañía, Natsu golpeaba sin parar intentando acertar al Dragneel Blanco, que con gran habilidad era capaz de hacerle frente.
—¡Karyū no Hōkō !—fue tal la flameante e intensa llamarada que el pelirosa dejó a su paso que incluso las magas que se estaban enfrentando a August voltearan ligeramente sorprendidas del ímpetu de aquella magia—¡No nos ganaréis, joder! ¡Somos muchísimo más fuertes que vosotros y este es nuestro hogar, así que no dejaremos que lo destrocéis!
—¡Eso! ¡Esto es Fairy Tail, el gremio más fuerte de toda Fiore, en el que miles de personas confían y en el que nos ha enseñado todo para poder sobrevivir!—vociferó al rato Gray Fullbuster haciendo que los puntiagudos chuzos de hielo llovieran sobre el enemigo haciéndolo retroceder.
—¡Este lugar es nuestro hogar! ¡La familia que nos ha acogido a todos, y la que no nos ha abandonado nunca!¡Es nuestra identidad!—Gajeel siguió, convenciéndose de que aquella lucha tenía una razón más que justificada. Por nada del mundo dejaría que nadie hiciera daño a Levy.
—¡Vamos a proteger nuestro gremio con uñas y dientes! ¡Y aunque nos obliguéis a arrodillarnos nos levantaremos con más fuerza!—el Satan Soul de Mira estaba más vivo que nunca, y haría que nunca se apagara siempre que fuera para proteger a los suyos.
Todos los integrantes del gremio de Fairy Tail vociferaron con fuerza y emoción encendiendo así sus corazones y sus almas conectadas compartiendo un mismo sentimiento.
—Desde luego que me dan envidia...—DiMaria susurró por lo bajo al observar con sus orbes casi húmedos debido a la emoción del momento. Aunque sobresaltada apartó su mirada de la emotiva estampa para desviarla directamente hacia la persona que acababa de posar dulcemente su mano sobre su hombro.
—No debemos estarlo, amiga. Porque al fin y al cabo nosotros somos iguales que ellos—Brandish sonreía orgullosa de ser lo que era, de ser como era, de defender el mismo ideal que el gremio que tenía delante de sus ojos. Porque ella, aunque perteneciera a Alvarez, sabía que su salvaje corazón latía con el mismo propósito que aquellos magos.
A pesar de las palabras que transmitió, Brandish no se sentía completa del todo sabiendo que para poder alcanzar esa sensación, debía poder recuperar a la persona que cuidó de ella desde que era tan solo una niña, y casi se vio abandonada después de la muerte de su madre. La chica de cabello corto y hebras verdosas consideraba a August como su familia y solo pensar que la vida de aquel hombre corría peligro por culpa de su interés en destrozar al gremio de Fairy Tail, hacía que la angustia la carcomiera por dentro.
Los integrantes de Alvarez que siempre se mantuvieron a su lado junto con los que habían reflexionado y cambiado de opinión acerca del tema de los huevos de dragón, se mantuvieron en la posición clave de ataque de lo que un día fuu una de las mejores estrategias de los 12 Spriggans.
—No podemos dejar a Eileen-sama todo el trabajo, así que debemos seguir respaldando a Fairy Tail hasta que esto termine—Neinhart se envalentonó y comenzó a correr contra el enemigo dispuesto a llevarse por delante algunos guerreros del Imperio.
—¡Por lo que será Alvarez a partir de ahora!—Ajeel dejó que su amada arena envolviera su cuerpo mientras que la gran bestia que se cernía tras él le acompañara a ayudar a su compañero.
—Al fin y al cabo la lógica debe reinar ante todo...—Invel susurró para si mismo tras sentir la nostalgia de poder estar de nuevo con sus compañeros.
—¡Vamos a obligar a estos a que den una vuelta de tuerca a ese ideal erróneo !—DiMaria se unió a sus compatriotas dispuesta a hacer que los soldados de Alvarez recapacitaran, aunque fuera a base de hostias.
—Que esto no sea lo último que vean mis ojos—Bloodman dejó que sus partículas de la muerte se fusionaran con la arena de Ajeel para poder derrocar al estúpido de Jacob y Whal. Se juraba a sí mismo que les daría un buen escarmiento por hacerle perder el tiempo.
Brandish mientras tanto esquivó a un soldado tras otro dispuesta a llegar hasta donde se encontraba Lucy, que estaba batallando acaloradamente junto a Natsu contra el Dragneel Blanco.
—¡Larcade!
Y entonces la luz cegadora que desprendía la metálica y sagrada cruz que cargaba a sus espaldas cesó. La fría mirada del Mago Blanco se paseó hasta toparse con la voz que había requerido de su atención.
Las hebras de su claro cabello se movían con suavidad haciéndole parecer inofensivo, de no ser por la sed de venganza que ese chico tenía. Claro estaba que Larcade no iba a perdonar a aquellos infames que en su día osaron derrocar al Imperio más fuerte, a la ciudad que su padre había fundado, a los guerreros más fuertes que poseía el terreno, a los Spriggans rebosantes de poder y ambición.
—Brandish, me has decepcionado.
La chica se quedó atenta escuchando sus palabras. En parte podía ponerse en lugar de su compañero, pero era hora de recapacitar y reconocer que se equivocaron todos.
—Larcade, esto no esta bien. Tú sabes que ellos no se mer-
—¡Cállate! ¡Cállate, Brandish! ¡Ni tan siquiera se te ocurra mencionarlo porque no es verdad!—la luz volvió a brillar con fuerza, obligando a la maga a entrecerrar sus ojos para no cegarse.
—Sí es verdad...en su día nos equivocamos y ellos no merecían ese golpe...
—¡Te recuerdo que estos desgraciados mataron a Zeref, al que te dio la oportunidad de rehacer tu vida! ¡Maldita sea, se llevaron a lo que más me importaba!
—¿Y él a cuantos se llevó sin motivo, Larcade?
—Se llevó a los que fue necesarios—la media sonrisa que se dibujó en el rostro del Dragneel Blanco demostró lo orgulloso que se encontraba de las acciones del que en su día fue el líder de Alvarez.
—No atiende a razones—Lucy murmuró por lo bajo sin dejar de pensar en alguna opción para poder deshacerse de ese mago.
Brandish veía demasiado complicado hacer entrar en razón a su compañero, que no dejaba de atacar con furia al joven pelirosa. Pero no iba a dejar que la oscuridad se hiciera con el corazón de Larcade, y no era porque ella precisamente estuviera libre de pecado, pero estaba convencida de que aún había tiempo para poder rectificar y enmendar los errores del pasado.
—¡Larcade! ¡Deja ya de una vez que siempre haya alguien decidiendo por ti!¡Todos sabíamos desde un principio que la idea descabellada que tiene August es una completa estupidez!—Brandish dio un paso al frente decidida a detener a uno de sus compañeros de gremio—¡Así que deja de hacer el estúpido, y decide por ti mismo la vida que quieres vivir!
Larcade se detuvo, incluso apoyando sus pies en el suelo.
—Brandish, ese hombre de ahí es el hermano de Zeref...—el rubio cerró sus ojos durante unos instantes intentando contener su furia—¡Ese hombre dejó que nuestro líder, mi padre, muriera!
—Zeref...es cierto que él veló por nosotros, y por ti sobre todo. Pero debes ser consciente de que siendo un Ether-
—¡Ni se te ocurra decir esa palabra!
La luz cegadora que llenó el campo en esos instantes fue el reflejo de la reacción que el Dragneel Blanco tuvo al presentir que la palabra pronunciada por la Spriggan estaba totalmente vetada por su vocabulario. Y ella lo sabía.
—¡Tú te has vuelto como ellos, te han maldecido y la luz juzgará tus actos, Brandish!
Entonces un duro golpe de su metálica cruz hizo que la chica de pelo verdoso casi se doblara del dolor ante el impacto. Simplemente Brandish no deseaba combatir contra uno de los suyos.
—¡Brandish!—Lucy se acercó enseguida a su amiga asistiéndola mientras se ponía de nuevo en pie.
—Desgraciado...—Natsu apretó fuerte sus dientes, rabioso ante el violento gesto de Larcade mientras las llamas rodeaban su cuerpo.
—¡No, Natsu!—la chica dio de nuevo un paso al frente—Eso no funciona con Larcade...d-déjamelo a mi...—susurró la Spriggan mientras llenaba sus pulmones de oxígeno.
El Dragneel Blanco se mantuvo a la espera. Lo cierto era que la indecisión de atacar le puso nervioso y aquel sentimiento de inseguridad hacía tiempo que no lo tenía. Sintió cómo una gota de sudor resbaló por su frente.
—Larcade, aún no logro comprender el porqué de tu devoción por Zeref. Todos hemos pasado página...bueno, todos menos tú, August y unos cuantos más—Brandish miró a los ojos del chico intentando leer sus pensamientos sin demasiado éxito.
El rubio se alzó de nuevo levitando en el aire quedando sentado en posición de indio a la vez que devolvía la metálica y pesada cruz a su espalda. Se cruzó de brazos y cerró sus ojos.
—Sabes Brandish, hace tiempo que me enfrenté a mi realidad siendo totalmente consciente de que ni apenas soy humano, sabiendo que mi identidad corresponde a la de una identidad demoníaca—Larcade abrió sus ojos, y Brandish pudo jurar que la violencia con la que la había atacado estaba cesando, al menos por el momento— Pero aún casi asesinado por Zeref, le doy las gracias por haberme creado, y me hubiera gustado que me hubiera querido al menos la mitad de lo que quería a Natsu Dragneel.
—Pero no lo hizo.
Entonces tanto Natsu como Lucy y Brandish voltearon a ver el origen de aquellas palabras.
—DíMaria...—la joven de pelo verdoso solamente fue capaz de pronunciar el nombre de su amiga.
—Larcade, despierta ya de tu pesadilla y empieza a vivir tu vida libre de problemas. Alvarez ha hecho mucho por nosotros, pero ya es suficiente. August está corrompiendo tu alma más de lo que ya la tienes, haz el favor de poner los pies en la tierra y valorarte más como lo que eres.
Las palabras de la Spriggan hicieron que los orbes del joven se abrieran ligeramente.
—Aunque seas un Etherias, maldita sea, ¡déjate de estupideces y date cuenta de que ya no estás atado por las cadenas de nadie!—DiMaria terminó de dialogar, esperando que sus palabras surgieran efecto en el corazón del Dragneel Blanco.
Y vaya si lo hicieron. Larcade empezó a reír desproporcionadamente mientras su magia brotaba de su blanquecina piel.
—¿¡Precisamente tú eras la que tenía que ablandarme el corazón!? ¡Sois todos unos ilusos si pensáis que podéis vencerme!¡Si no queréis rendiros, voy a hacer que durmáis en el más profundo de los sueños y que nunca jamás volváis a despertar!
Y entonces el dardo dio en la diana justo cuando el joven mago iba a fulminar de una a varios de los enemigos. Entonces en ese instante Larcade supo que ya había perdido. Lo conoció en el preciso instante en que el chorro de magia se cortó en seco por culpa de lo que jamás habría imaginado.
—Suficiente, Larcade—la voz de Neinhart hizo acto de presencia mientras una de sus manos sujetaba lo que parecía ser el extremo de una cadena mágica.
Aquel ligero metal estaba anclado a la cruz que el Dragneel solía llevar encima. Así pues resultó que el objeto mágico que jamás soltaba fue en realidad su condena. Porque cuando Larcade quiso soltarse de aquella carga, no fue otro que el propio Natsu el que le propició el golpe de gracia dejando que el joven demonio viera su cuerpo impactado en el suelo.
Él, Larcade Dragneel, había sido derrotado una vez más por el hermano menor de su creador.
August volvió a elevarse por los aires con la intención de respirar aire limpio, y fue ahí cuando se percató de lo que estaba a punto de acontecer.
Los cientos de soldados que llevaban el emblema de la corona decorando su armadura fueron quitándose el casco protector dejando que el sudor topara con el aire fresco del lugar. Aunque aquel no fue el único gesto que aquellos hombres realizaron, sino que con lentitud sus rodillas se hincaron sobre la hierba de aquel prado. Estaban agotados, y su ideal perdía fuerza a cada segundo que pasaba. Y es que ¿realmente aquello estaba teniendo un propósito?
—Increíble...—Erza estaba atónita y no daba crédito a lo que sus sorprendidos ojos estaba viendo.
Aquellos soldados se desprendieron de las armas y observaron a los Spriggan con respeto, atemorizados, esperando que la Parca se llevara sus almas metidas en un gran saco.
—¡Haced el favor de levantaros, ahora no es momento de arrepentimientos!
Los hombres desviaron sus miradas mediante efecto domino hacia la voz que se manifestó con poderío, incluso los magos de Fairy Tail y los demás Spriggans repitieron lo mismo.
Y allí estaba Ajeel, de pie y esperando que el miedo de aquellos hombres desapareciera para poder vislumbrar la esperanza que les aguardaba.
Tras aquello él mismo volteó hacia August. Del mismo modo que DiMaria. Del mismo modo que Invel. Del mismo modo que todos los miembros de Fairy Tail y los que habían colaborado a parar aquella masacre.
—August, ríndete. Esto ha terminado—Eileen se mantenía en pie aún ofreciéndole la opción más sensata a su mayor enemigo.
Su mirada reflejaba la nada. Lo único que tenía en mente era acabar con la vida de la mujer que había tergiversado todo su calculador plan. Se prometió en su día que no volvería a dejar escapar a la mujer que le prometió su vida a Zeref, que prometió ser fiel a Alvarez. Y su sed de sangre se mantenía más viva que nunca al tener enfrente de sus ojos a dicha persona.
Ella se mantenía firme ante cualquier gesto de desprecio por parte del General. Incluso dio un atrevido paso al frente, que sorprendió a todos los presentes. Definitivamente ella no iba a dejar escapar la oportunidad de tomar la iniciativa.
Pero August interpretó que ese paso al frente había sido tan atrevido, que era necesario que debiera pagar por tal gesto. Entonces se juró a sí mismo que su murmuro sería el inicio de lo que más adoraba: la calamidad.
—Blast
No fue necesario ningún gesto, ni tan siquiera parpadear. Él ya no iba a perdonar más la traición, y hasta el momento era lo único que había estado recibiendo. Así que nadie que no le fuera fiel, como General, lo único que se merecía era buscar suerte en otra vida.
La rápida pero brutal explosión que Eileen fue incapaz de detener hizo volar por los aires a los múltiples hombres que conformaban las tropas del Imperio, haciendo que el resistente metal de sus armaduras se fundiera al igual que la cera de una vela, calcinando sus cuerpos y sus almas, aquellas que hacía cuestión de minutos se rindieron ante la cordura que intentaron transmitir los magos de Fairy Tail.
El suelo de ese prado crujió dejando que múltiples grietas se dibujaran sobre éste, aunque no fue hasta que la nube de polvo se disipó cuando por fin todos pudieron observar con terror el gran desastre que el General había ocasionado por culpa de la locura que en esos momentos se había apoderado de su persona.
—N-no...—Lucy se llevó las manos a la cabeza ante la devastadora escena sin creer lo que con sus húmedos ojos estaba observando.
Las lágrimas de Brandish empezaron a deslizarse por su rostro. Ya no podía soportarlo más. Cómo era posible que la persona que había considerado su familia se hubiera llevado por delante casi todas las vidas que habían estado protegiendo el Imperio, a sus ciudadanos, al continente entero de Alakitasia. Pero antes que todo aquello esos hombres eran personas que tenían familia, que luchaban con su vida para poder ganarse la vida.
Los magos no daban crédito a lo que acababa de ocurrir. Pero cuando la furiosa mirada de Natsu se clavó cual cuchillo sobre la silueta de August, un gran poder comenzó a emanar de lo que era el cuerpo de una mujer. Una maga que estaba al borde del colapso mental.
—¡No, Eileen!—el grito de Anna reflejó la importante gravedad de lo que estaba a punto de suceder.
Erza de inmediato dirigió su curiosa mirada hacia la maga de Alvarez. Entonces su piel se erizó.
Unos segundos después, la tierra que sostentaba a todos, comenzó a temblar con violencia obligando a algunos magos a clavar sus rodillas en el suelo para no caer de bruces. El mar se unió al terremoto haciendo que la espumosa agua de las olas chocaran con intensidad contra el acantilado y, para no ser menos, el fuerte viento que en esos instantes se levantó agitó de manera desbocada el frondoso bosque que les rodeaba llevándose por delante centenares de hojas.
Su capa ondeó con brusquedad a la par que sus largas y rojizas trenzas. Y en esos instantes se pudo presentir la ira que corría sin parar por las venas de la Belserion. Pero aquello no era lo que atemorizó más a Anna Heartfilia. Solo pudo sentir aquello una sola vez con anterioridad, y se juró a sí misma que jamás volvería a dejar que ocurriera lo mismo.
—Por favor, Eileen...
Si tan solo hubiera sido más rápida el alma de aquellos soldados aún se mantendría anclada a sus cuerpos. Pero no había sido así. Tal vez debería haber quitado las cadenas que mantenían su poder latente y acabar con August hacía rato. Tal vez no debería haber prometido a Brandish que su ser querido no saldría mal parado. Tal vez no debería haber suprimido el instinto que despertaba su sed de sangre. O, simplemente, tal vez debería hacer desaparecer a todos los obstáculos que la impedían hacer que aquellos huevos de dragón estuvieran a salvo.
—Anna...apartalas de aquí...—la respiración de la Belserión se agitó comenzando a pesarle como si fuera puro hierro. En ese momento comprendió lo que estaba a punto de despertar.
—Solamente debes control-
—¡Suficiente! ¡Apártate tú y a las dos niñas!—la imperante voz de la mujer más poderosa de Alvarez cortó en seco las palabras de la maga celestial.
—¡Eileen debes ser más fuerte que tu instinto!—Anna sabía que aunque la Belserion se hubiera apaciguado y durante los últimos meses se hubiera comportado de la manera más humana, el gen del dragón que llevaba dentro era aún muy poderoso. Y eso era muy peligroso.
El instinto de matar era más fuerte a cada segundo que pasaba, y August sabía que si aquello llegaba a despertar definitivamente habría ganado la partida por el descontrol que llevaría a la maga. Él bien sabía que Eileen hacía tiempo que estaba loca perdida.
—¡No me lo creo!—August se carcajeó con burla en sus gestos encendiendo aún más la mecha—¡por fin voy a poder probar el gran poder que se dice que tienen los dragones! ¡Esas asquerosas bestias que quisieron destruir todos los reinos en su día!
Ya no podía reprimirse más, así que con todas sus fuerzas la Belserion dejó salir el aterrador y ensordecedor rugido del animal que llevaba dentro. Quería matar y la poca cordura que le quedaba no era suficiente para suprimir la versión más asesina de su dragonificación, aquella que estaba a punto de manifestarse.
Las duras escamas empezaron a salir a la luz quebrando la blanquecina piel del cuerpo de la Reina de los Dragones. El imán que tumbaba la balanza hacia la locura era demasiado potente como para resistirse y el ansia por destrozar todo lo que la rodeaba era tentador.
—¡Recuerda quién eres, recuerda que eres mucho más que eso!
Otro rugido salió de su ser, aunque se abrazó a sí misma intentando contenerse. La voluntad que había intentado construir los últimos meses debía mantener a esa bestia encerrada en la jaula de su más profundo ser.
—¡Vamos Belserion, demuéstrame de lo que eres capaz!—August estaba deseoso por rematar aquella batalla con la muerte de la dragona.
—Y-yo...—era tan doloroso que sentía que su sien iba a estallar.
La magia que la estaba envolviendo era violenta y los finos cortes que las escamas dejaban en su piel demostraban que un cuerpo humano no era capaz de soportar el poder de los dragones. Aquella era la prueba de que no podía resistirse a la transformación, y Eileen sabía que si no lo terminaba haciendo su cuerpo humano acabaría destrozado.
—¡Eileen, suficiente! ¡No puedes dejar que tu vida acabe así!—la magia celestial de Anna empezó a cubrir a la Belserion con la intención de retrasar el desastre que estaba a punto de acontecer, aunque cuando las partículas mágicas chocaban contra el poder de la dragona salían chispas de rechazo como resultado. La Heartfilia maldijo con desesperación. No podía terminar así, sino su misión habría fracasado. Debía mantener a la Reina viva.
Entonces otro monstruoso grito salió de lo más profundo de la Belserion esta vez siendo aún más grave, y Anna temía que esa atrayente y terrorífica magia fuera superior a la lógica de su amiga encendiendo así el interruptor de su fuente de locura.
—¡P-pero qué...!—Anna no podía creer lo que sus ojos estaban viendo.
Inmediatamente su piel también se resquebrajó dejando que los finos caminitos de la rojiza sangre se derramaran por su cuerpo, pero aún así no pudo separarse del origen de ese dolor. Sus brazos se mantenían firmes y aún queriendo separarse por las molestias de esa comprometedora magia oscura, Erza Scarlet mantuvo con fuerza su cálido abrazo.
—Erza-san...—y tras vislumbrar lo que su compañera estaba haciendo, Wendy inmediatamente también actuó mientras todos los presentes estaban observando esa escena tan comprometedora.
La magia sanadora de la pequeña Dragon Slayer fluyó por el ambiente rodeando a las dos magas de cabello escarlata aún cuando la malignidad que las mantenía presas intentara repelerla. Anna incrementó el poder de la niña intentando que Erza ganara tiempo para poder iluminar el alma de su madre.
—Esta vez no voy a dejar que te vayas.
Erza mantuvo su agarre con la misma fuerza que al principio a pesar del sufrimiento que le ocasionaba el poder que seguía impregnándolas, pero simplemente no podía soltarla y permitir que la locura se la llevara de nuevo. No iba a permitirlo de ningún modo. La había recuperado, se había reencontrado con ella en unas circunstancias que, a pesar de no ser las mejores, al menos había podido verla y estar varios días a su lado.
La Scarlet sonrió sobre la espalda de la mujer de trenzas escarlatas. Erza al fin y al cabo consideraba que ya era inútil esconder el amor que le profanaba a la persona que la trajo al mundo y a la que, indistintamente de lo que hubiera ocurrido en el pasado, la admiraba por haber sobrellevado su duro pasado hasta el día de hoy.
—Q-qué haces...v-vete si no quieres morir—Eileen entreabrió sus orbes luchando a duras penas por mantenerse cuerda—a-aún tenéis tiempo d-de poneros a salvo...—no quería que su hija estuviera en peligro. Lo estuvo una vez por su culpa y no iba a permitir que se repitiera lo mismo.
—No voy a dejar que mueras, me digas lo que me digas—Erza se mantuvo en sus trece.
—M-mira que eres cabezota, niña...
—He esperado tanto tiempo para poder reencontrarme contigo, así que no pretendas que te abandone ahora—las palabras que salieron de su boca entrecortada hizo ver a la propia Titania lo mucho que había echado de menos a su madre. Como resultado apretó más su agarre—Por favor...no me abandones otra vez, porque no podría soportarlo.
Ya no fue solo el abrazo lo que fortaleció, sino que pudo comenzar a sentir cómo sus ojos a pesar de tenerlos cerrados se humedecieron dejando que una tímida lágrima recorriera su rostro enterrado en la oscura capa de la Belserion.
El sollozo que salió del interior de Erza fue el detonante que hizo estallar la bomba mágica que guardaba Eileen en su cuerpo. Y cuando de pronto pensó que las escamas de dragón la dejarían a la merced de su dragonificación más cruel, sintió cómo la balanza en la que su poder mágico se había estado batiendo quedó en un estado de equilibrio sin límites. Por fin pudo entender qué había sido lo que le había faltado para poder completar aquella sensación. Y no era otra cosa que el amor de su hija.
El aura oscura que las estaba envolviendo a ambas comenzó a retroceder hasta absorberse de nuevo por la piel de la Belserion mientras que el temblor del suelo cedió, dejando que el mar comenzara a tranquilizarse y el viento a entrar en harmonía.
La respiración de la Reina fue calmándose poco a poco y Erza pudo notar dicho cambio. Entonces quiso separarse de inmediato para estar a la espera de los acontecimientos, aunque pudo haberlo conseguido de no ser por la enguantada mano que se posó sobre las suyas impidiendo a la joven separarse de su cuerpo.
—Y pensar que tú podrías calmar la furia de la Reina...—Eileen sonrió acariciando las manos de la Scarlet, que aún se mantenía tras su espalda.
Anna sonrió con cariño al observar la bonita escena. Cuántas noches había deseado en que aquellas dos se reconciliaran. Cuántas noches había deseado que su mejor amiga dejara de sufrir. Cuántas noches ella, Anna Heartfilia, había deseado en que la mujer en la que confiaba se dejara querer por la persona más valiosa que tenía.
Erza sintió cómo la calidez que cubría sus manos la abandonaba y solo pensar que tenía que separarse de su madre hizo que su piel se erizara. Aunque de inmediato se irguió levemente para poder observar con gran estima el cariñoso gesto que recibió por parte de la Belserion una vez que volteó hacia ella.
—Y-yo...—Erza no supo qué decir en ese momento, pues tampoco tenía una explicación que darle. No había un porqué. Simplemente lo hizo sin pensar.
Pero aún sin encontrar las palabras, Erza supo que todo estaba bien.
—Gracias, Erza—Eileen le dedicó un sincero agradecimiento por haberla salvado de nuevo de su locura. Ya iban dos las veces que lo había hecho.
—Qué emotivo todo...aunque debo decir que esto no va a durar mucho más, ¡debes saber, Eileen, que voy a-
—¡Callate de una vez, August! Estoy harta de tu palabrería, y por eso voy a ponerle fin a esto—La Belserion sujetó con fuerza su bastón—Que los dragones te juzguen.
La Belserion podía afirmar que se sentía en pleno equilibrio, y el cosquilleó en el pecho que ansió tener desde hacía siglos por fin apareció. Entonces simplemente se dejó llevar por la agradable sensación que la magia que deseaba brotar de su interior le estaba a punto de brindar.
Su capa volvió a ondear esta vez de manera harmónica a la vez que su cabello danzaba al son de la agradable brisa que en ese momento se levantó. Su cuerpo captó la luz del día y la fina capa de brillo que impregnó su piel hizo que el reflejo de los rayos del sol salieran impulsados hacia todos los ángulos ocasionando que el cuerpo de la mujer se convirtiera en un punto de atención para todos los presentes.
Pero no tardó en aparecer lo que para Anna iba a ser lo que determinara si efectivamente Eileen iba a poder controlar aquel poder. De todos modos, enseguida deshechó la posibilidad de que aquello fracasara, porque simplemente nada podía ir mal. Eileen Belserion era la Reina de los Dragones, la mujer que firmó por la paz de esas criaturas majestuosas y humanos, y la maga que más poder tenía hasta el momento.
La piel de la Belserion seguía brillando con resplandor, pero esta vez se le sumó la forma y el ligero relieve de lo que parecían ser unas escamas, o más bien, las perladas escamas que caracterizaban su forma mágica, aunque su cuerpo seguía conservando la forma humana. Mientras tanto parecía ser que su cabello escarlata quisiera deshacerse de esas dichosas trenzas, aunque solo unos cuantos mechones consiguieron liberarse del agarre a la vez que las hebras que caían por su frente se alborotaron ligeramente.
Así pues, aunque para la mayoría aquel aspecto no significara demasiado, para unos pocos resultó ser la esperanza que eclipsaría al General.
Natsu sonrió de oreja a oreja. Y pensó que definitivamente tras aquella batalla se merecía combatir contra aquella mujer.
—-I-increíble...—Gajeel estaba atónito.
Y Anna volvió a sonreír.
—¿¡Acaso eso es...!?—Erza tuvo que pensarlo dos veces, pero no había duda de qué se trataba esa forma mágica.
La ola de poder que emanaba del cuerpo de aquella mujer hizo que las hebras de cabello de Wendy se agitaran suavemente. La joven maga no pudo dejar de apreciar la espectacular estampa que su sorprendida mirada estaba apreciando. Su pequeña boca no fue capaz de pronunciar apenas nada, pero aún sintiendo como su labio aún temblaba, solo fue capaz de hablar algo que apenas nadie pudo oír.
—D-dragon Force...
Continuará...
¡Bueno! Espero que os haya gustado. Cualquier detalle ponedlo en los comentarios ;)
No me cansaré de decir que Eileen es un pedazo dePEDAZO DE PERSONAJE.
