Los personajes de Candy, Candy no me pertenecen, son propiedad de sus creadoras Kioko Misuki y Yumiko Igarashi
Un Inesperado Encuentro
By Rossy Castaneda
Capítulo Ocho
—Terry
—Hola Charlie —Terry saludó a su amigo.
—¿Que haces aquí?, ¿no deberías estar en Escocia haciendo la petición formal de Lady Susana?
Lady Candice se tensó al escuchar aquellas palabras, su estómago se retorció, ahora sabia el nombre de la chica con quien Lord Terruce soñaba, una punzada de dolor atravesó su corazón cual lanza puntiaguda.
Aprovechando la distracción de Terry, Lady Candice bajó de la calesa para ir por su cuenta en busca de la oficina del administrador de su hermano, que para su buena suerte se encontraba según su hermana Rosemary en un pequeño pueblo entrando a Londres.
—Creo amigo que estas muy mal informado, yo jamas he cortejado ni tengo intenciones de cortejar a Lady Susana, por lo tanto es absurdo pensar siquiera que podría pedir formalmente su mano, ahora si me disculpas, tengo un poco de prisa, debo ayudar a este joven a...
Las palabras de Terry se quedaron en el aire al ver que su acompañante había desaparecido.
¡Infiernos! Había escapado
—¿Te refieres a aquel joven que ha bajado de la calesa hace unos minutos y va en aquella dirección? —preguntó Charlie señalando con su dedo índice el lugar exacto hacia donde Lady Candice se dirigía a pasos apresurados.
Terry siguió la dirección que el dedo de Charlie mostraba y vio como Lady Candice ingresaba a un establecimiento.
—Gracias Charlie —le dijo —ahora si me disculpas debo marcharme, me dio gusto hablar contigo.
Tomando las riendas, Terry se dirigió hasta el lugar hacia donde Lady Candice se dirigió.
—Buenas tardes —saludo Candy a quien salió a atenderla.
—Buenas tardes jovencito —saludo un muchacho alto de entre veinte a veintidós años, quien observaba a al joven frente a él con total detenimiento —¿Como puedo ayudarte? —le preguntó luego de un riguroso escrutinio.
—Me gustaría hablar con el señor Johnson.
—¿Y tu eres?
Lady Candice omitió presentarse en su lugar respondió
—Verá señor, el señor Johnson es el administrador de mi hermano y me urge que me ayude a localizarlo.
—¿Y cual es el nombre de tu hermano?
—William Albert Ardley, señor.
—Me temo que has llegado muy tarde jovencito, el señor Ardley ha salido de emergencia.
Las palabras de aquel hombre taladraron el cerebro de Lady Candice...—¿Que haría ahora? ¿Dónde se alojaría?
De pronto las palabras de su hermana Rosemary vinieron a su mente y con ellas, recordó la misiva.
—¿Podría hablar con el señor Johnson?
—Me temo que eso no será posible.
—Por favor señor, me urge entregarle en sus manos una misiva que mi hermana le envía.
—Pues tendrás que esperar hasta que regrese chico, el señor Johnson viajó junto al señor Ardley y regresaran hasta dentro de dos semanas.
Aquella información calló como un balde de agua fría sobre Lady Candice quien se obligo a sonreír y tras despedirse de quien amablemente la había atendido, salió de aquel lugar con un semblante de derrota.
Terry llegó en el momento justo que ella se dejaba caer en la banqueta.
La tomó del brazo y la ayudo a ponerse en pie.
—¿Qué pretendías... —Se detuvo al ver el rostro desolado de Lady Candice, sintió un fuerte deseo de cobijarla en sus brazos y decirle que todo estaría bien, pero se contuvo, no quería ser el centro de cotilleos de aquel pequeño pueblo.
—¿Qué es lo que pasa? —le preguntó— ¿acaso a han sido mal educado contigo? ¿Te han hecho algún daño? Dímelo ahora y tiraré de una patada esa maldita puerta y le haré pagar lo que quiera que te hayan hecho, y no dudes que lo haré
—No, no importa —contestó Lady Candice.
—¿Qué quieres decir con que no importa? —preguntó Terry totalmente desconcertado— ¿Que te dijeron ahi dentro?
—Esa es la oficina del administrador de mi hermano y acaban de informarme que ha viajado por asuntos de negocio y no regresará hasta dentro de dos semanas —respondió Lady Candice con su rostro apesadumbrado y completamente cansado.
Terry apretó la mandíbula, él había temido que algo así sucediera.
—No te preocupes, todo estará bien —Terry intentó animarla.
—Nada esta bien, todo es un desastre, mi vida se ha convertido en total y absoluto desastre entre tan solo unos días —respondió ella cubriendo su rostro con ambas manos —debió escribirle a mi hermana o a mi para ponernos al tanto de su repentino viaje.
—Si claro —se limitó a responder Terry sintiendo una profunda pena por la situación de la joven frente a él, ya que había hecho un viaje tan largo, exponiéndose a tantos peligros para ver a su hermano y el muy ingrato se había marchado de viaje de negocios sin avisarles siquiera que lo haría.
—Tal vez no haya tenido tiempo de escribir una misiva o puede que la haya escrito y se haya perdido en el camino, esas cosas pasan con regularidad, o cabe la posibilidad que le haya escrito a tu tía y ella estuviera esperando a decírtelo en persona —dijo buscando desesperadamente una forma de consolarla.
—Claro, seguro me escribió y mi tía interceptó la carta y por esa razón intentaba venderme.
—Venderte —rugió Terry mal interpretando las palabras de Lady Candice, buscaría a aquella despreciable mujer y le haría pagar caro por el delito de trafico de blancas —ahora, Terry podía entender la razón por la cual Lady Candice había huido de su casa y él temor que mostró cuando despertó la primera noche en la posada de Gretna Green junto a él completamente desnudo.
—Escúchame bien Carl, si tu tía tenía la intención de venderte, me encargaré de que sea castigada —le dijo Terry con el tono más tranquilizador que pudo.
Lady Candice se quedó mirándolo boquiabierta
—¡Oh, no! Yo no quería decir..., o sea... —acertó a balbucear comprendiendo las palabras de Terry.
Terry se le quedó viendo por un largo tiempo tratando de encontrar algún indicio que Lady Candice había sido maltratada física y psicológicamente o tal vez amedrentada para que no dijera del abuso que sufría, por lo general eso solía suceder en a menudo en los casos de abuso infantil, si lo sabría él que había rescatado del bajo mundo a tantos jóvenes; pero él estaba dispuesto a llegar a la verdad y si mas recordaba la tia de Lady Candice y su hermano no eran sus únicos parientes.
—Carl, hace un momento mencionaste a tú hermana, ¿donde se encuentra ahora?
—En Escocia
—Y por que no fuiste a ella para que te ayudara?
—Lo hice, pero cuando me dirigía a su casa me detuve en un manantial y me entretuve un poco, cuando llegué a su casa, me encontré con la novedad que mi Tía había enviado a uno de los criados para que me llevara de regreso a casa, mi hermana me ofreció quedarme en su casa pero ambas conocemos lo intransigente que es nuestra Tía y al final terminaría llevándome arrastras de regreso a casa de ser necesario.
—Comprendo —musitó Terry —Y como se llama el administrador de tu hermano, tal puedo mover algunos de mis contactos para que podamos dar con su paradero y por ende el de tu hermano.
—Su nombre es George Johnson.
Los ojos de Terry se abrieron como platos.
—¿Estas seguro que ese es su nombre ? —le preguntó.
—Absolutamente —respondió ella — de hecho mi hermana escribió una misiva para que se la entregase en sus manos en caso que Albert se hubiese desplazado a otra ciudad.
—¿Albert? —Creí que dijiste que se llamaba William.
Al darse cuenta de su metida de pata, Lady Candice respiró profundamente para tomar el control de sus emociones.
—Su nombre es William Albert —respondió.
—Ya veo —respondió Terry estrechando los ojos ya que él conocía a un William Albert pero no de apellido White sino Ardley.
Diablos! Como había podido olvidarlo y mas luego que Pony le revelara el verdadero nombre de Lady Candice.
—Que voy hacer ahora, no conozco a nadie aquí.
—Me conoces a mi y eso es mas que suficiente —respondió Terry con una sonrisa mientras palmeaba con suavidad su hombro —Anda, levanta ese ánimo, te quedaras conmigo en tanto tu hermano regrese.
—No puedo acertar milord —respondió ella temerosa que descubriera su farsa con la convivencia sin imaginar que él sabía al menos que era una chica y no un chico como pretendía hacer creer.
—Claro que lo harás —respondió él invitándola a subir nuevamente a la calesa, cuidaría de ella hasta que su amigo Albert regresara y entonces solo entonces hablaría con él y haría lo que un caballero debía hacer, después de todo lo vivido junto a ella los últimos días.
—Susana, debes mostrarte comprensiva, recuerda que tu compromiso con Lord Terruce es nuestra garantía a seguir disfrutando de la vida que nos merecemos.
—Como puede pedirme eso padre, no se de cuenta la humillación que me hizo al retirarse de la fiesta de sus padres cuando sabía que debía viajar el día siguiente a Escocia junto a sus padres para hacer la petición formal de mi mano.
—Sussie, el duque de Grantchester se disculpó con nosotros y nos explicó que al muchacho se le presentó una emergencia la cual no podía esperar —intervino su madre
—Madre, nosotros sabemos que eso es una vil mentira.
—Aunque así haya sido, debemos fingir comprensión y aguardar hasta su regreso, no nos devolveremos a Escocia sin la seguridad y garantía que ese compromiso se solidase, y para que eso suceda, tienes que hacer uso de todos encantos, comprometerlo y asegurarte que un grupo de las damas mas chismosas de Londres los encuentren en pleno acto.
—Como ordene padre —Respondió Lady Susana con una sonrisa, seducir a Lord Terruce si que sería algo con que había soñado.
—Terry —grito Carson quien venía sobre su caballo.
Lady Candice se puso rígida y aspiró profundamente. —Cualquier transeúnte que no se hubiera fijado en ellos lo haría ahora, y con sumo interés. ¡Genial!
Carson puso su caballo a la altura de la calesa de Terry para que avanzaran juntos.
—¿Todavía no has encontrado al hermano del chico? —preguntó Carson arrugando la frente y mirando a Lady Candice quien había palidecido de pronto
—Al parecer su hermano ha hecho un viaje de emergencia junto a su administrador.
—Con que ha salido de viaje ¡eh! —Carson observaba a Lady Candice con detenimiento para no perderse ninguna de sus reacciones —y hablando de viajes, mi pobre amigo Niel, luego de ser humillado tras la huida de la arpía que te conté...
Lady Candice se dobló hacía delante con la cara más blanca que una hoja de papel.
Terry advirtió su palidez y por temor a que la joven se desmayara, la tomó del brazo, pero ella se apartó de él.
Carson siguió...
—Ha venido a la ciudad a ver qué puede encontrar en el mercado matrimonial —dijo intentando ser gracioso.
Escuchar que Carson estaba de lengua suelta, le ofreció a Terry la oportunidad de indagar sobre aquella pobre chica, y tal vez, solo tal vez, él sería capaz de encontrarla y ayudarla en lo que pudiera necesitar, y en caso que la chica no quisiera regresar con su familia la llevaría a la casa hogar de Gretna Green.
—¿Sabe alguien si la chica está a salvo? —preguntó.
Carson se rió entre dientes con absoluto descaro.
Que tipo tan asqueroso! —pensó Terry —no tenía la más mínima conciencia.
—No —respondió Carson —pero estoy seguro que está a punto de caer, y no precisamente de pie —completó el muy idiota con una sonrisa lasciva mirando a Lady Candice.
—¡Oh! —chilló Lady Candice en su disfraz de chico.
El grito ahogado de Lady Candice, hizo que Terry girara su rostro y la viera con una mano en su boca y otra en el estómago.
—Creo que tenemos que irnos —debía llevar a Lady Candice a la casa de campo de los Grantchester tan pronto le fuera posible.
—Sí, claro, y cuida bien del... chico —dijo Carson, arrugando de nuevo la maldita frente con esa expresión tan suya para luego alejarse cabalgando.
Terry azuzó a Teodora para que fuera mas rápido, necesitaba alejarse de aquel lugar, no estaba dispuesto a dar un espectáculo a los chismosos del pequeño pueblo mientras Lady Candice vomitaba dentro de la calesa.
—Te has mareado de repente, ¿verdad? ¿Ya estás mejor? —le preguntó solícito.
Lady Candice asintió en tanto cubría su rostro con ambas manos.
—Tal vez sea por el viaje, aguanta un poco, enseguida llegaremos a casa —le dijo con tranquilidad.
—Sí —musitó Lady Candice.
Era raro que se hubiera puesto mal de manera tan repentina. No se había mareado en el viaje desde la posada, ni tampoco al ir o al volver de la casa hogar. De hecho, y salvo su actitud adusta, había estado bien hasta que se encontraron a Carson y este mencionó a Niel, a la chica que lo plantó, la huida... el comportamiento tan extraño de Carson, sus últimas palabras.
—¡Oh Dios!
Terry se sintió mareado de pronto, su cabeza estuvo a punto de salir disparada de su cuello, aquello era una maldita pesadilla.
¡Diablos!
¿Cómo había podido estar tan ciego y ser tan estúpido? En la posada de Gretna Green, Lady Candice se sintió repentinamente mal cuando Carson mencionó a William Ardley, un hombre con el que Lady Candice tenía cierto parecido y cuyas únicas parientes eran sus dos hermanas y una estricta Tía.
Tras su reciente descubrimiento, Lord Terruce decidió hacer un cambió de planes, iría a la casa de campo, pero solo a cambiar de medio de transporte, daría instrucciones a su mozo de cuadra para que devolviera la calesa a la será Cambell, mientras él tomaba un carruaje con el escudo de los Grantchester y se iría directo a casa señorial de su familia en Londres, por ningún motivo pensaba pasar un día más en el campo ya que si Carson estaba ahí, seguro sería cuestión de tiempo para que el idiota de su amigo llegara en cuanto Carson lo pusiera al tanto y él no estaba dispuesto a quedarse de brazos cruzados y esperar a que eso sucediera.
Lady Candice Ardley, tendría que dar algunas explicaciones y él se encargaría que así fuera.
Continuará...
—Ay, ay, ay —¿ y ahora que va a suceder? ¡Diablos! Lady Candice y Lord Terruce están rodeados no por una, sino por un nido de víboras 😓😓
