o0o. Recomendación musical: No sé quien soy - Pignoise


Capítulo 5: El inodoro encantado (Editado)

Hermione subía las escaleras con Ginny, ambas con algunas manchas de polvo por el rostro y ropa y expresión cansada.

—Cuando mamá se pone a limpiar y dar órdenes es implacable —suspiró Ginny pasándose el dorso de la mano por la frente.

—Y ni siquiera hemos llegado al segundo piso —dijo Hermione desanimada.

—Fred y George se van mañana. Dicen que ya han ayudado bastante y que su tienda los necesita, aunque sospecho que sólo es una excusa para no estar bajo el mismo techo que Malfoy.

—¿Cuánto tiempo os quedaréis vosotras? —preguntó Hermione con cierta angustia en la voz. No quería pensar en el momento en que Harry, Ron y ella se quedarían solos en Grimmauld Palace con Malfoy. La estancia de los Weasley y Tonks en la mansión Black sólo era temporal, mientras les ayudaban a volver a hacerla habitable después del tiempo que había pasado desocupada.

—No estoy segura —dijo Ginny, mirando a Hermione con compasión, como si leyera sus pensamientos —Pero mamá ha dicho que no mucho más. Papá ya lleva solo en casa unos días, y además... —el rostro de Ginny se ensombreció y bajó imperceptiblemente los hombros —a Harry no le gusta demasiado que esté aquí.

—No digas eso —dijo Hermione pasando un brazo sobre los hombros de Ginny para reconfortarla —Sabes que lo hace para protegerte.

—Lo sé, y lo entiendo —suspiró ella cuadrando los hombros con expresión dura.

Ninguna de las dos volvió a decir palabra, y en silencio entraron en su cuarto y se cambiaron para comer. Salieron de nuevo al pasillo pero al llegar hasta las escaleras, Hermione se detuvo.

—¿No vienes? —preguntó Ginny.

—Creo que iré un momento arriba a ver cómo está Malfoy —dijo Hermione con tono resignado. Ginny asintió y desapareció por las escaleras, con su melena pelirroja agitándose tras ella, y Hermione emprendió su camino en dirección contraria con aire de dirigirse a la horca.

Se detuvo frente a la puerta de la habitación de Malfoy, murmuró un alohomora y abrió suavemente. Malfoy estaba frente a la ventana, de espaldas a ella, con las piernas separadas y las manos enlazadas tras él. Aunque Hermione no podía verle el rostro, por su postura parecía pensativo.

Después de titubear unos instantes, Hermione entró en la habitación con sigilo y echó un vistazo a la bandeja del desayuno, intacta, sobre la mesita de noche.

—¿No tienes hambre? —preguntó. Draco se volvió lentamente hacia ella y le lanzó una mirada acerada.

—No quiero vuestra limosna —dijo con sequedad.

—¿Sabes? Te consideraba más práctico —replicó la chica acercándose hacia la bandeja —pasar hambre no va a ayudarte en nada y menos ahora que estás convaleciente.

—¿Acaso te importa? —preguntó él ácidamente.

—Después de que te hayamos acogido y curado, no me gustaría que te murieras de hambre —Hermione frunció el ceño, recogiendo la bandeja y encaminándose de nuevo a la puerta —Te traeré algo de comer —y después, se marchó.


Pero cuando la puerta de la habitación de Draco se abrió, no fue Hermione quien apareció, sino una bruja joven, con el pelo rosa chicle y el rostro en forma de corazón que al chico le resultó familiar.

—¿Qué hay? —preguntó jovialmente dejando la bandeja de plata cargada con un par de platos, uno de ellos humeante, en la mesilla de noche.

—¿Quién eres tú? —la cuestionó Draco bruscamente.

—¿No me reconoces?

—¿Debería? —replicó él a la defensiva.

—Supongo que no, ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos —explicó la bruja haciendo un gesto con la mano como si quisiera espantar a algún mosquito —soy tu Tonks, tu prima —y al ver la cara de desconcierto del muchacho, añadió —Nymphadora Tonks, pero llámame Tonks.

Draco tardó unos segundos en reconocer el nombre y entonces todo encajó. Su madre no tenía ninguna relación con su hermana Andrómeda desde que ésta se había fugado para casarse con un muggle. El nombre del muggle en cuestión nunca le había sido dicho –su madre siempre se había comportado como si su hermana Andrómeda nunca hubiese existido, al menos desde que él podía recordar –pero sí había escuchado alguna vez que tenía una hija llamada Nymphadora.

—¿Dices que nos hemos visto antes? —preguntó, midiendo a la bruja con la mirada. No parecía mucho mayor que él y dado el llamativo color de su pelo, Draco pensó que la hubiera recordado.

—Sí, pero entonces tú eras muy pequeño. Mi madre y yo nos topamos contigo y tus padres en un par de ocasiones.

—¿Qué haces en casa de Potter? —la cuestionó el chico, mirándola con desconfianza.

—Le estoy ayudando a hacer la casa habitable —explicó la bruja jovialmente.

—¿Quién más hay aquí?

—Harry, Ronald, Hermione, Ginny —enumeró la chica con los dedos —los gemelos, la Señora Weasley, tú y yo. Pero casi todos nos iremos pronto, en cuanto acabemos de adecentar esto.

¿Eso significaba que se quedaría solo en la casa con Potter? ¿Granger también se iría? Sintió el impulso de preguntárselo a Tonks, pero decidió no hacerlo. Si Granger se quedaba o no, a él le importaba un pimiento.

—¿Y bien?¿Cómo te encuentras? —le preguntó Tonks examinándolo con una mirada —Hermione me ha dicho que no tocaste el desayuno. Te aconsejo que comas, ya estás bastante delgaducho.

Draco no contestó, pero miró a Tonks con otros ojos. Tal vez ella pudiera ayudarle...

—Sácame de aquí —dijo, y a decir verdad, era más una exigencia que una petición.

—Lo siento, primo, pero no puedo —dijo la bruja encogiéndose de hombros —además, por lo que sé, en ningún otro sitio estarías más seguro que aquí. A Él nunca se le ocurriría buscarte en la casa de Harry Potter, ¿no crees?

Tonks le guiñó un ojo alegremente y después se marchó, dejándole solo para meditar sus palabras.


En algún momento de la noche, Draco decidió que Tonks y Granger tenían razón. La casa de Potter era el último lugar donde hubiera pensado esconderse y precisamente por eso era el más seguro. Ni el Señor Oscuro ni los mortífagos le buscarían jamás allí, además de que hasta donde él sabía, todos ellos desconocían el hogar del cuatrojos.

No tenía ningún otro lugar a donde ir y nadie a quien acudir. No podía acercarse a su casa ni pedirle ayuda a su madre porque temía que estuvieran vigilándola y pudieran hacerle daño. Mientras menos supiera ella, mejor estaría.

Se había llegado a plantear la posibilidad huir a las montañas como Karkarov había hecho, pero no había durado más de un año. Y eso ya había sido todo un record.

Además, tampoco podía acceder a su dinero ni tenía otros medios que la magia para subsistir.

Granger tenía razón en una cosa: era práctico. Era orgulloso pero no idiota y sabía aprovechar una buena oportunidad cuando ésta aparecía. Tenía la posibilidad –casi impuesta –de quedarse en casa de Potter, a salvo, caliente y con comida. No le permitían salir, pero eso tampoco le inquietaba. No pensaba arriesgar su cuello haciéndolo cuando no tenía necesidad.

Era un Slytherin, y como tal astuto, y eso incluía saber acercarse al sol que más le calentara. En ese caso, Potter y compañía. Aceptaría su "hospitalidad" pero ante ellos lo negaría, ocultándose bajo el pretexto de que le tenían retenido.

Una vez tomada su decisión, Draco se sintió ciertamente aliviado. No tener que preocuparse de lo que sería de él al día siguiente era un gran peso de menos en sus hombros. Podría dormir tranquilo, sin estar alerta a cada sonido sabiendo que la muerte podría llegarle en cualquier momento.

No tenía que convivir con ratas y tenía comida a su disposición.

Sus tripas rugieron ante ese pensamiento e incorporándose en la cama, cogió la bandeja con la cena que había en la mesilla de noche, y empezó a comer con avidez.


Hermione, Ginny y Tonks se dejaron caer con aire cansado en el sofá tapizado de cuero negro del Salón de los Black.

—Chicas —las reclamó la señora Weasley entrando en la estancia con un enorme plumero en la mano— aún no hemos acabado con el segundo piso.

—Mamá, por favor, danos un respiro —pidió Ginny con expresión lastimosa —estamos agotadas.

—Sé que estáis cansadas pero ahora que Fred y George se han ido, tenemos más trabajo que hacer —respondió Molly ceñuda.

—¿Por qué no le decimos a mi querido primo que baje a ayudarnos? —sugirió Tonks despreocupadamente, como si su idea fuera de lo más natural.

—No sé —Molly parecía contrariada—aún está algo débil y no quiero fatigarlo...

—¡Pero a nosotras no tienes problema en explotarnos! —replicó Ginny con enfado.

—Oh, está bien —cedió Molly— Hermione, querida, ¿por qué no vas a buscar a Malfoy y le pides que venga a ayudarnos?

—No creo que quiera —respondió Hermione rápidamente.

—Eso no importa, ahora que está en casa de Harry deberá arrimar el hombro como todos.

—Creo que Harry preferiría que se quedara en su cuarto sin molestar.

—Tonterías —la señora Weasley desechó la opinión de Hermione con un ademán de mano y la chica lució una expresión resignada —Y vosotras dos, venid a ayudarme con el baño de la segunda planta.

—¿No estaban encargándose de él Harry y Ron? —preguntó Ginny arrastrando los pies con desgana.

—Sí, pero el inodoro les ha atacado. Parece ser que Kreacher hizo de las suyas después de que Sirius... —Molly se interrumpió, claramente incómoda —Vamos.

La Señora Weasley salió de la habitación y Ginny y Tonks la siguieron, resignadas. Hermione las observó salir pensando que hubiera dado lo que fuera por enfrentarse al inodoro asesino en lugar de a Malfoy.

Ya llevaba cuatro días en casa de Harry, encerrando en la habitación que le habían asignado y claramente de un humor de perros. El único avance que había hecho era que ya comía y tenía mejor aspecto, pero su carácter permanecía intocable.

Harry y Ron se habían negado en rotundo a subirle la comida, así que las chicas se turnaban para hacerlo -Tonks no tenía inconveniente, a Ginny le era indiferente y Hermione trataba de evitarlo por todos los medios –. La Señora Weasley se había ausentado una tarde y había regresado con toda la ropa vieja de Fred y George que los gemelos habían desechado ahora que podían permitirse prendas nuevas y caras. Las había remendado amorosamente y después le había pedido a Hermione que se las llevara al mortífago.

Hermione recordaba la escena que había montado Malfoy cuando la vio aparecer con un montón de vaqueros desgastados, camisas de cuadros y jerseys de punto dos días atrás.

—¿Qué demonios es eso? —había preguntando Draco con desdén. Aunque después de curarle la Señora Weasley le había puesto la camisa de uno de sus hijos, Draco la desechó y se puso la suya en cuanto Molly se la devolvió limpia y seca.

—Es la ropa vieja de los gemelos, la señora Weasley la ha arreglado y cree que te irá bien. Tenéis más o menos la misma altura aunque tú tengas una complexión un poco más fuerte —repuso Hermione a toda velocidad, deseosa de largarse de la habitación.

Draco había cogido con la punta de los dedos –como si temiera contraer alguna enfermedad contagiosa si aumentaba el contacto –una camisa de franela, estampada con cuadros rojos y blancos y la había mirado con tal expresión de asco, que a Hermione casi se le había escapado una risotada.

—¿Piensas que yo voy a ponerme una de estas... de estas camisas de leñador?

Hermione no había sido capaz de ocultar su sonrisa, logrando únicamente enardecer al chico.

—Quién sabe, quizás te favorezca —se burló la chica.

Malfoy le lanzó una mirada asesina mientras revolvía el montón de ropa, posiblemente buscando algo minimamente decente según sus criterios.

—Esto es basura —había sentenciado después de su infructuosa búsqueda —No pienso ponerme la ropa vieja y remendada de dos pobretones traidores a la sangre.

—Entonces puedes llevar la misma ropa todos los días, o tal vez podrías ir desnudo —respondió Hermione mordazmente. Sabía que él no se sentiría agradecido por el favor que le había hecho la señora Weasley, pero le indignaba su desdén después de que Molly se hubiera tomado el trabajo de recoger la ropa y arreglarla para él.

—Estoy seguro de que eso te gustaría —había respondido él con una chispa de picardía en la mirada.

Hermione puso los ojos en blanco y se encaminó hacia la puerta.

—Haz lo que quieras, Malfoy —dijo, y después se había marchado.

Mno sabía si finalmente Malfoy había claudicado y se había puesto la ropa de los gemelos, pero no tenía ninguna gana de descubrirlo. Quizás en eso habría cedido porque no tenía otra opción, pero la chica estaba segura de que no bajaría a ayudarles en la limpieza ni por todo el oro del mundo. Sabía que era una perdida de tiempo si quiera proponérselo, pero la señora Weasley se lo había ordenado y no veía como escabullirse.

Así que ahí estaba, frente a la habitación de Malfoy, con las mismas ganas de entrar que de sacarse un ojo. Lanzó un hondo suspiro y después abrió la puerta.

Malfoy estaba sentado en el sillón tapizado de chintz, con las piernas estiradas y apoyadas en la cama y los brazos cruzados. Miraba por la ventana franqueada de pesadas cortinas con expresión de aburrimiento y desagrado y el flequillo platino le caía desordenadamente sobre los ojos, ocultándole parcialmente el rostro. Hermione comprobó con sorpresa que llevaba unos vaqueros descoloridos y con un roto en la rodilla derecha y una camisa de franela azul marina. La chica pensó que su expresión de desagrado, se debía muy probablemente a la ropa que llevaba.

—Malfoy.

Él volvió los ojos hacia ella, sin girar el rostro, ni moverse.

—¿Qué quieres? —preguntó con desgana.

—Bueno... —Hermione titubeó unos instantes buscando el mejor modo de abordar la cuestión —nosotros... estamos limpiando la casa y ahora que Fred y George se han ido, no nos vendría mal otro par de manos así que...

—Si estás pidiéndome que baje a ayudaros es que eres más inepta de lo que pensaba. No pienso mover un dedo para limpiar la casa de Potter. ¿Es que no tiene elfos domésticos? —preguntó con fastidio.

—Hay uno, pero no es un esclavo —replicó Hermione tensándose en el acto —Kreacher hace lo que puede y nosotros colaboramos. Tiene los mismos derechos y obligaciones que todos.

—Que enternecedor —respondió Draco con ironía —Pero yo tampoco soy vuestro esclavo. Jamás en mi vida he limpiado ni una mota de polvo y no pienso hacerlo ahora, menos aún para ayudar a Potty, a la comadreja o a ti.

—Harry te ha acogido en su casa y lo menos que puedes hacer...

—No me ha acogido, me está reteniendo contra mi voluntad —la acortó él exasperado —y si crees que voy a mover un sólo dedo pierdes el tiempo, sabelotodo.

Hermione lanzó un bufido crispado poco elegante y apretó los puños. Malfoy conseguía sulfurarla por completo.

—Muy bien —espetó antes de salir y cerrar de un portazo.


—¿Y Malfoy? —preguntó la señora Weasley al ver a Hermione adentrándose en el baño sola.

—No ha querido bajar —explicó la chica con voz neutra.

En ese momento, el inodoro que Ron estaba limpiando con expresión de asco empezó a temblar violentamente y el pelirrojo se hizo a un lado, salvándose por los pelos de un chorro de algo parecido a pus que golpeó en el techo y salpicó todos los alrededores. Hermione se parapeto tras el lavabo y cuando se incorporó comprobó que tanto Ron, como Harry, Ginny y Tonks tenían manchas de pus grisáceo por su ropa. La Señora Weasley tenía el delantal manchado por completo.

—¡Maldito inodoro! —farfulló Ron, sacudiéndose con asco un pegote de pus de su camiseta desteñida.

—Mamá, ¿no podemos simplemente cerrar y aislar el baño? —sugirió Ginny usando un paño para limpiarse las salpicaduras de un brazo —Ya lo hemos intentado todo y parece imposible quitar el encantamiento que Kreacher le puso.

—Sí, sí, luego —replicó la Señora Weasley con aire distraído encaminándose hacia la salida del baño.

—¿Dónde vas, mamá? —preguntó Ron extrañado.

—A buscar a Malfoy —respondió la Señora Weasley con el ceño fruncido. Ginny y Ron intercambiaron una rápida mirada cuando su madre salió.

—Tres galeones a que hace que baje —dijo Ginny alegremente.

—¿Creéis que lo conseguirá? —preguntó Tonks con curiosidad.

—Desde luego, cuando mi madre frunce el ceño de ese modo no hay nada que se interponga en su camino —dijo Ron —aunque yo preferiría que lo dejara en paz.

—Bueno —dijo Harry —a mí no me importaría ver a Malfoy perdido de pus.

Todos se echaron a reír, pero sus risas quedaron ahogadas por una nueva explosión del dichoso inodoro.

—¡Dichoso inodoro! —masculló Ron, esta vez cubierto de pus de pies a cabeza.

Y encabezados por Ginny, todos volvieron a reír. Menos Ron, claro está.


Hola bonitas :) !

Bueno, aquí está el quinto capítulo! No ha pasado gran cosa, pero a mi me ha gustado escribirlo ;) Para empezar, Fred y George se han ido (pero volverán, tranquilas ;), Draco ha conocido a Tonks y finalmente se ha rendido y ha comido algo el pobre. Además ha "modernizado" su vestuario xD con la ropa vieja de los gemelos o "ropa de leñador" como él la llama xD, Kreacher ha encantado un inodoro (lo cual originará un momento tenso entre nuestros protas en el próximo capítulo. Y no, no tiene nada que ver con las funciones habituales de un inodoro xD) y la Señora Weasley se ha ido a por Malfoy para que baje a trabajar como todos. ¿Apostáis tres galeones a que consigue bajarlo?

Yo sólo digo que creo que Molly es todo dulzura cuando quiere (pienso que es una mujer muy compasiva y protectora, por eso creo que acogería a Draco y más en los tiempos que corren) pero también puede ser una mujer armas tomar cuando se lo propone... ya veremos si puede dominar también a Draco ;)

Eso es todo, sólo agradeceros mil veces de nuevo todo el apoyo que me estáis dando. Escribir y compartirlo con vosotras es una parte de mi vida que me llena muchísimo, gracias por aportarme tanto con vuestro apoyo :)

Gracias a todas las que me leéis, en especial a las que dejaron review en el anterior (perdón si me cuelo a alguna : ):

tiffany, Vesper Bond, gala zoel, Sara, Iliath (uso tu antiguo nick que es más sencillo ;), Sve ;), marata1507, Dubhesigrid, SweetAngel-M, Fer Cornamente, CukyAs, Pixie Tinkerbell, Conny-hp, Klass2008, veroli, PaolaDunkelheit, Yezzie, yanhira, galleta, annkora18, soll, PauMalfoy, SandritaGranger, Esmeralda ;), Chibi-Oliva ;), unkatahe, Itsa (qué tal todo, cariño?), Elea :), Sakura-Granger ;), micropuff, ., princesaartemisa, CristalJaganshi, oromalfoy, fairyMoka, Amber Nixie ;), nataly-malfoy, Yeire,Little Pandora (gracias por tu apoyo en ese foro), Hairame, Ear tata :), waterflai, maki-1988, consue, Karinita (me alegro de saber de ti, linda!) y Vero Malfoy (lo mismo digo).

Como siempre, os agradezco vuestras opiniones :). Mil gracias por todo!

Con mucho cariño, Dry!