La madera de la vieja puerta crujió sonoramente mientras que las oxidadas bisagras que la mantenían unida a la pared chirriaron ante el sutil movimiento. Dio un paso adelante traspasando así el marco de la puerta y no encontró nada diferente a las últimas dos semanas.
Erza se acercó lentamente y sin intentar hacer excesivo ruido hacia una de las camas que se encontraba cerca del gran ventanal que había al final de la habitación. Aquella sala era medianamente amplia, pues era el lugar donde solían dejar a los heridos del gremio cuando salían mal parados de alguna misión.
La joven maga tomó asiento cerca del colchón donde yacía el cuerpo dormido de la Belserion. Erza pudo comprender que tras realizar el esfuerzo de usar el Dragon Force su progenitora necesitara descansar, pero ¡por Dios! Dos semanas eran muchos días.
La tranquila mirada de la Titania se posó sobre el apaciguado rostro de su progenitora, que respiraba profundamente demostrando que el sueño que tenía era profundo. Cualquiera diría que jamás rompió un plato. Medio sonrió convencida de que aquello no era así, pues tenía delante de sus narices a la persona que les ayudó a salvar el gremio de las garras de Alvarez. Y como si de un gesto inconsciente acercó casi a cámara lenta la yema de sus dedos hacia una de las manos de la Belserion, que yacían sobre la blanca sábana. Aunque de inmediato la Scarlet se detuvo sintiendo sus mejillas algo sonrosadas. ¿Acaso aquello estaba bien?
Qué estúpida era. Por supuesto que estaba bien. Erza era consciente del daño que aquella mujer les ocasionó en su día, pero no podía borrar de un plumazo el hecho de que compartía su misma sangre, y que aunque no lo pareciera tenían más cosas en común de las que ambas pensaban. Así pues sin reprimirse, Erza esta vez sí dejó suavemente su mano sobre la de su madre deseando que despertara pronto de aquel largo sueño.
Los pasos que sintió acercarse hacia la puerta de la habitación donde ella se encontraba le resultó tan lejanos que ignoró separar el contacto que mantenía con la mujer que yacía sobre la impoluta cama.
—Erza-san...
—Shht...creo que es mejor dejarla sola esta vez—Mira le guiñó uno de sus vivarachos orbes a la joven Dragon Slayer haciéndole comprender que Erza se merecía estar a solas con aquella mujer.
—Mira-san, estoy muy feliz que Erza-san y Eileen-san estén juntas de nuevo—finalizó Wendy alejándose de puntillas con gran sigilo.
"Yo también, Wendy", pensó Mira para sus adentros reflejando sus sentimientos mientras una sonrisa se dibujaba sobre su hermoso rostro. Y es que al fin y al cabo Erza era su mejor amiga y si aquello la hacía feliz era todo lo que Mira podía pedir. Entonces también se alejó de aquella puerta cerrándola tras de sí y sin hacer ruido dejando a las dos magas de cabello escarlata a solas.
Las finas cortinas que cubrían parte de la luz que se colaba por el ventanal bailaron con suavidad y harmonía removiendo algunas hebras de la frente de la Scarlet. Hacía un día precioso. Un día que merecía la pena aprovechar, aunque esta vez Erza iba a estar a su lado. No iba a dejar que ella se fuera de nuevo.
El tic-tac del reloj era constante peroa la vez tan repetitivo que resultaba casi hipnótico. La Scarlet seguía sentada en aquella silla de madera con los ojos completamente cerrados y la cabeza caída ligeramente hacia un lado. Y de hecho hubiera dormido aún más de no ser por el sobresalto repentino que su cuerpo pegó en la silla al oír la suave carcajada que dejó escapar la persona que yacía sobre aquella cama.
Erza abrió bien los ojos analizando cada detalle y percatándose de lo clara que se encontraba la Belserion.
—Por fin despiertas—habló la maga más mayor sin dejar de observar con cierta gracia a la joven.
—Creo que eso debería decirlo yo—le reprochó Erza recomponiendo su postura en la silla.
—Estabas tan dormida que casi se te estaba cayendo la baba, hija—comentó la Belserion sin dejar de reír.
—¡Eso solo lo dices para fastidiarme!—Erza cortó el contacto directo de su mirada con la de la maga a la vez que sus las mejillas no podían estar más coloradas al despertar cierto ápice de vergüenza en ella. Pero dejando de lado ese detalle, la Scarlet volvió a observar a la otra mujer hasta que no pudo aguantar las ganas de sonreír también.
El lugar estaba en calma y hubiera sido perfecto de no ser por la dificultad que aún existía entre las dos mujeres para poder mantener una conversación. Al fin y al cabo había ocurrido demasiado entre ellas.
—Hicisteis todos un buen trabajo, de no ser por eso yo no podría haber cumplido mi propósito—agradeció la Belserion con total sinceridad.
—De no ser por tu ayuda y por la de los demás Spriggans, nosotros tampoco podríamos haber derrotado a August, así que supongo que estamos en paz—puntualizó la Titania de igual modo.
—Con la derrota de Alvarez, los asuntos en Alakitasia se verán mermados si alguien no sustituye el cargo que August sostentaba—comentó Eileen sintiendo como el aire limpio entraba en sus pulmones.
Erza dudó en si preguntar lo que se le estaba pasando por la cabeza, aunque si la idea era normalizar la relación con su madre no podía haber desconfianza entre ellas.
—¿Vas a ser tú la nueva General del Imperio?
Eileen la miró sorprendida, pero inmediatamente negó con la cabeza.
—Para nada. Yo soy un alma libre y lo último que querría sería estar al mando de Alvarez—argumentó la Belserion con aire tranquilizador.
Erza suspiró aliviada.
—¿Madre, cuales son tus planes a partir de ahora?—la Scarlet al principio se sintió algo extraña al dirigirse a la persona que tenía delante con ese nombre, pero en parte se sintió aliviada y feliz de poder hacerlo.
Aquella palabra conmovió tremendamente a la Belserion. Jamás Erza la había podido llamar de aquella manera, y el hecho de poder escucharla hacerlo hizo que sus ojos brillaran de felicidad.
—Pienso tener una vida tranquila y alejada de problemas. Supongo...que mis acciones del pasado no se pueden redimir de una manera tan fácil, pero vivir sin hacer daño a nadie es una de mis prioridades—confesó la poderosa maga esta vez desviando su arrepentida mirada hacia el gran ventanal dejando que los rayos del sol chocaran contra ella.
Por un instante, la idea de invitarla a Fairy Tail se cruzó por la mente de Erza. De todos modos desechó dicho pensamiento de inmediato siendo consciente de que Eileen era una loba solitaria que disfrutaba vagando por los mundos.
—Me alegra que tomes esa decisión—finalizó Erza sonriendo amablemente. Gesto que le devolvió de igual manera la que en su día fue la Reina de los Dragones.
Así pues, las dos mujeres siguieron conversando con mayor fluidez dejando que el tiempo pasara, porque cuando quisieron darse cuenta la luz del atardecer bañó las hebras color escarlata que tanto las caracterizaba dándoles así una tonalidad aún más colorada.
—Creo que ya he descansado bastante, así que va siendo hora de levantarse—comentó la Belserion intentando incorporarse de la cama con cierta dificultad.
Pero entonces la complejidad del gesto fue facilitada por la ayuda que la Scarlet le brindó. Aún se notaba la debilidad en el cuerpo de la Belserion. Así pues con tranquilidad la ayudó a vestirse, pues en esas dos semanas a Mira le había dado tiempo de sobra para demostrar sus dotes en costura al remendar la ropa desquebrajada de la maga más poderosa de Alvarez. Eileen pensó en agradecerle más adelante el detalle.
Despacio se encaminaron hacia el vestíbulo y, como no podía ser de otra manera, el alboroto que reinaba en Fairy Tail era ya usual. Y todo estaría dentro de lo normal de no ser por el detalle que llamó la atención de la maga de largas trenzas.
—¡Eso es, pequeñajo!¡Enséñale que se tiene que poner ropa siempre!—Natsu hablaba con su tono de voz a unos decibelios altamente elevados mientras se regocijaba ante la persecución del pequeño dragón que estaba torturando a Gray.
—¡Maldito seas, Natsu!¡Le voy a congelar el hocico a él y a ti!—replicó el Fullbuster dando fin a la carrerita cumpliendo sus palabras. Aunque la pequeña criatura se deshizo del hielo de su boca y se abalanzó juguetón contra el mago de hielo, que le siguió completamente la corriente.
—No tenéis ni idea de cómo criar a un dragón, tenéis que ser más cuidadosos—habló Levy desde una de las mesas acompañada de Wendy y Lucy que observaban con asombro a la pequeña dragona, que dormía plácidamente sobre ellas.
—Exactamente. A ver si aprendéis de unas profesionales como nosotras—añadió la Heartfilia sin cesar sus caricias sobre las suaves escamas de la bestia mágica.
—Lo único que me faltaba es que el gremio se convirtiera en una guardería de dragones—Laxus suspiró con hastío dejando reposar su cabeza sobre su mano mientras observaba desde la barra la pintoresca escena, hasta que atendió a dirigir la vista hacia las dos mujeres que se disponían a bajar por la escalera del segundo piso—Eso sí es una sorpresa—añadió medio sonriendo al percatarse de nuevo del gran parecido que compartían aquellas dos.
—¡Erza!¡Eileen!—Anna Heartfilia alzó su birra de cerveza junto con Cana feliz de volver a ver a su compañera.
Los demás magos voltearon enseguida centrando sus miradas en el foco de atención común. Y la fiesta hubiera seguido de no ser por la peculiar escena que se vino.
Las dos pequeñas criaturas mágicas levantaron su mirada de inmediato como si hubieran visto una presa, y no tardaron apenas ningún segundo en levantar el vuelo hasta posarse sobre el grueso tablón de madera que conformaba la escalera del gremio que conducía a la segunda planta.
Erza dio un paso atrás, pues juraría que esos dragones por muy pequeños que fuesen tenían pinta de querer devorarlas cual trozo de carne jugoso. Pero tal fue el asombro de todos al percatarse de que la Belserion ni se inmutó manteniendo su seria expresión. Aunque finalmente aflojó ese deje de inexpresividad para sustituirlo por una media sonrisa mientras daba un paso hacia delante dejando que ambas manos se posaran con suavidad y respeto sobre las uniformes escamas del hocico de ambos dragones, que hicieron el amago de incrementar el contacto estirando ligeramente sus largos cuellos.
—¿Me puede explicar alguien qué es lo que esa mujer no sepa hacer?—susurró por lo bajo Freed asombrado.
—Es simplemente fabulosa—respondió Bickslow dando unas palmaditas al hombro de su amigo.
Los orbes de Lucy brillaban de emoción. Si no hubiera visto aquello, le hubiera costado pensar lo cariñosos que podían resultar los dragones.
Levy apretó con fuerza el libro que tenía entre sus brazos, aquel que explicaba la historia de la que en su día debería ser la futura Reina de los Dragones. Levy sonrió y por fin comprendió que aquel misterioso dibujo que había ilustrado en una de las antiguas páginas no era un hombre, sino que se trataba nada más ni nada menos que una mujer. La joven maga desvió su ilusionada mirada hacia los pequeños y sonrió.
Los dos dragones dejaron el contacto que tenían con Eileen con la intención de, esta vez, prestar atención a la individua que se mantenía cerca de la maga. Desplazaron levemente su agarre de la barandilla y de nuevo estiraron su cuello queriendo alcanzar a Erza.
—Si no lo veo no lo creo—habló Mira cubriendo con su mano la suave carcajada que se le estaba a punto de escapar.
La Scarlet dudó por unos instantes a cerca de qué diantres hacer. No quería que su mano fuera el aperitivo de esos dos, pues la última vez que se enfrentó a un dragón, más bien a una dragona, su cuerpo quedó roto.
—Vamos Erza, no seas tímida—la instó la Belserion sonriendo.
—¿Te han dicho si ya han comido?
Eileen rompió a reír ante la ocurrencia de la joven maga.
—No me harás creer que la Titania tiene miedo de estas dos pequeñas criaturas—añadió la mujer de largas trenzas cruzándose de brazos.
—¡P-por supuesto que no!—exclamó la Scarlet sacando pecho y mostrando su orgullo. Así que dicho aquello no podía volver atrás, por lo que tras tragar saliva, dio un paso al frente quedando cerca de los dos dragones.
Al principio su mano tembló, pero la fue acercando de cada vez más con la intención de palpar aquellas escamas con un deje de brillo. Aunque no tuvo que ser ella la que terminara de iniciar el contacto, sino que fueron los propios dragones que sin querer asustarla tocaron con calma la palma de la mano de Erza.
—Eso es—Eileen susurró por lo bajo dándole a entender que no pasaría nada.
Erza quedó asombrada y sin saber qué decir. Pero aquello se sintió bien.
—Esas dos no han necesitado apenas tiempo para poder tocar a los dragones, en cambio nosotros tardamos una semana—comentó Romeo cruzándose de brazos con cierta frustración en su voz.
—Bueno a Erza solo la perseguían, solo que ella no se dejaba tocar por esos dos pequeñines—añadió Lisanna recordando con cierta gracia cómo la Scarlet había estado evitando cualquier tipo de contacto con los dragones.
—¿Por cierto, dónde está el otro bicho?—Evergreen se mantuvo tras de Elfman. Aquellas criaturas le daban algo de grima por muy elegantes que fuesen.
—Allí lo tienes—respondió Laxus desviando su mirada hacia una de las ventanas de la gran sala.
En el marco de madera se mantenía de manera majestuosa pero sin moverse ni un ápice el que iba a ser el tercero de los pequeños dragones. Eileen lo observó de reojo y sonrió entendiendo que la personalidad de éste era solitaria y, además, arisca. Así que ni se molestó en hacerlo cambiar de opinión y que se uniera a su hermano y a su hermana.
Tras pronunciar contadas palabras en un idioma que nadie entendió, las dos criaturas volvieron al lugar en el que se encontraban anteriormente. Entonces las dos mujeres de cabello escarlata descendieron por la larga escalera de madera hasta que sus pies entraron en contacto con el suelo del vestíbulo del edificio.
—¡Tomad una birra!—Cana ofreció inmediatamente bebida a las dos magas, que apenas sin cerciorarse ya estaban sujetando la jarra de espumeante cerveza.
—¡Erza! ¡Vamos a combatir!—Natsu se abalanzó hacia la Scarlet, que sin gran esfuerzo dejó sobre la cabeza del Dragneel un doloroso chichón.
—¡Pero mira que eres impaciente, déjala respirar!—exclamó Gray.
—¡Eres un envidioso, Gray!¡Pero al menos antes de decirme nada podrías vestirte!—respondió enseguida el joven mago de fuego sonriendo de medio lado sabiendo que aquello enfurecería al Fullbuster, que ya se encontraba realizando uno de sus sellos mágicos.
—¡Vosotros dos!¡Deteneos!—y entonces la voz más firme de esa sala se hizo oír.
Makarov se mantuvo sentando en indio sobre la barra de vestíbulo, y ni tan siguiera tuvo que mover ni un solo dedo para que todos se portaran decentemente.
—Vamos vamos, que la cena ya está lista—dejó caer Mira con simpatía.
Así pues todo el mundo tomó asiento esperando a que la cena se sirviera.
—¿Los demás?—inquirió Eileen refiriéndose a los Spriggans apartando el plato y dejando reposar sus codos sobre la mesa. Total, ella no comía.
—Justo un día después de la batalla volvieron a Alakitasia. Allí juzgarán a August y a los Spriggans que no han rectificado de aquí unos días por el daño causado a Fiore, mientras que Ajeel ha sido elegido como nuevo General, con la ayuda de Invel y Bloodman, que serán sus dos manos derechas—resumió Anna Heartfilia llevándose a la boca una cucharada de sopa.
—Me parece bien—respondió la maga dejando que un suspiro saliera por sus labios.
—¿Y tú que harás con esos tres?—quiso saber la maga celestial refiriéndose a los tres pequeños dragones.
—Los dejaré en manos de alguien que sepa cuidarlos—respondió la Belserion observando rápidamente a las tres criaturas.
—¿Acaso tú no sabes?
Eileen sonrió ante la pregunta.
—Anna, lo que yo quiero a partir de ahora es estar tranquila. Me voy a retirar de la mag-
Entonces antes de que pudiera terminar de hablar, la rubia rió a carcajada limpia.
—¿Tú retirarte de la magia? Estás de broma, Eileen. No te imagino a ti alejarte de tus encantamientos y tus libros—respondió Anna tomando otra cucharada de caldo.
—Vamos a dejarlo en que estarán perfectamente bien sin mi—añadió la Belserion guiñando uno de sus ojos.
Y hubiera seguido conversando con su compañera, de no ser por la inesperada pero grata compañía que su unió a su mesa.
—Wendy, ¿qué se te ofrece, pequeña?—Anna le habló de una manera tan dulce que Eileen era consciente de lo bien que le iría a la mujer siendo profesora.
—Ahora que ha terminado la batalla, me preguntaba si podremos retomar las clases de magia que dejamos a la mitad—se interesó la pequeña Dragon Slayer.
—¡Por supuesto, mi niña!¡Mañana mismo empezamos con el nuevo temario!
—¡Me alegro, Anna-san!—agradeció la joven maga de hebras azuladas sonriendo dulcemente.
Eileen bufó hastiada.
—¿De veras la soportas como profesora? Yo no podría—echó en cara de manera juguetona la Belserion.
—¡Oye!
Wendy no pudo por más que sonreír ante la cómica escena. Al final iba a resultar que aquella mujer no era tan seria como había querido aparentar con anterioridad.
La fiesta siguió después de la cena y la alegría en el gremio más fuerte de Fiore continuó. Pero Eileen sabía que era el momento de dejar de festejar, pues tenía un último asunto pendiente por finiquitar. Y supo que había llegado el momento en el preciso instante en el que aún estando en la lejanía sintió la presencia que había estado esperando hacía horas.
Así pues se levantó del banco de madera en el que había estado sentada durante la velada para proceder a encaminarse hacia el gran portón que mantenía el gremio cerrado. Su capa se removió ligeramente ante el movimiento, pero ondeó aún más fuerte en el preciso instante en el que los tres dragones aterrizaron a su lado.
Los magos del gremio observaron durante unos instantes, y Erza quiso acompañarla allá donde fuera, pero si aquellas criaturas la estaban siguiendo entendía que mejor mantener las distancias. Así que volvió a sentarse en la mesa bajo la atenta mirada de Makarov, que observaba desde lejos entre trago y trago de cerveza todo el panorama.
El aire fresco chocó contra el rostro de la Belserion al salir del edificio y, como si de tres niños se trataran, los tres dragones enseguida comenzaron a corretear y a brincar por el prado. Aquel paisaje que aún seguía destrozado por la batalla que había acontecido hacía tan solo dos semanas.
No le fue necesario fijar su vista para saber hacia donde debía dirigirse, pues su receptor ya se encontraba esperándola cerca del acantilado que separaba aquel trozo de tierra del mar de Magnolia.
Y mientras los dragones seguían de cerca a la Belserion, ella fue dando paso tras paso hasta llegar hasta su destino.
Eileen se mantuvo con su mirada fija en la silueta que seguía recostada sobre uno de los troncos de la gran arboleda que daba inicio a la amplia expansión que conformaba el bosque. Las tres bestias mágicas esta vez se mantuvieron tras la maga a la espera, pues como se iban a separar de su protectora si ahí afuera podían acechar grandes peligros.
—No supuse que llegarías tan pronto—la voz de la mujer rompió el silencio que se había estado manteniendo en el ambiente.
—Soy viejo, pero afortunadamente no he tenido ningún inconveniente para poder llegar hasta aquí. Al fin y al cabo han pasado dos semanas desde que vuestra batalla contra Alvarez terminó.
Entonces el viejo bastón que había hincado en la hierba se despegó de ella para después quedar apoyado en otro punto. El sombrero del señor apenas se agitó por la brisa, pues la piel que lo conformaba era de tejido duro. Pero tras el ala de aquel sombrero se podía vislumbrar los ojos y la mirada de orgullo que le estaba transmitiendo a la mujer más poderosa de Alvarez.
—Buen trabajo, Eileen Belserion.
Añadió esta vez sonriendo ampliamente para después observar a los tres dragones.
—No ha sido fácil, pero aquí los tienes. No deberían causarte muchos problemas, son buenos chicos—comentó ella dejando sobre su rostro una media sonrisa a la vez que acariciaba a uno de ellos.
—Eso espero, ¡ya solo faltaba que mi guarida pareciera una guardería!—exclamó el hombre carcajeándose imaginando tal escena.
Eileen pronunció algunas palabras en una antigua lengua y los tres pequeños dragones no rechistaron. Sus pasos al principio fueron cautos, pero tranquilamente fueron acercándose al hombre de barba blanca olfateando sus viejos ropajes.
—¿Y cuál va a ser tu plan ahora?—inquirió el mago de gran edad sin dejar de pasar su mano por las suaves escamas de uno de ellos.
—La idea es empezar a vivir tranquila, siempre y cuando no me fastidies—se atrevió a decir la Belserion chasqueando sus dedos haciendo que su amado bastón apareciera al momento.
Aquellas palabras ocasionaron que de nuevo el hombre riera desproporcionadamente.
—¡Vamos!¡No pensarás que tengo algo pensado!—dejó caer camuflando sus verdaderas intenciones.
Eileen alzó una de sus cejas esperando una respuesta sincera.
—¿Qué te hace pensar que tengo intención alguna de enviarte más trabajo?
—Porque, si no me falla la memoria, creo que hace más de un siglo que nos conocemos—puntualizó la mujer apoyándose en largo bastón.
—Bueno, tal vez solo tenga "algo" pensado—enfatizó el viejo mago simulando las comillas con sus dedos.
—¿Por qué siempre que quiero pensar que todas tus peticiones dan por finalizadas siempre hay una última que queda en la retaguardia?
—¡No seas pesimista!
El hombre sonrió de oreja a oreja.
—Tengo más de cuatrocientos años y merezco estar tranquila, ¿no crees, Elefseria?—dejó caer la Belserion recordando su edad original.
—Por supuesto, y lo estarás siempre y cuando veles por la seguridad de Ishgar—habló el mago acariciando su larga barba blanca.
—¿Cómo dices?—de verdad que aquel hombre la sorprendía cada vez más.
—Eso mismo. Necesito que veles por la seguridad de este continente porque algunos integrantes de ese gremio van a estar ausentes durante algún tiempo—añadió el del sombrero señalando con su dedo el gremio de Fairy Tail.
Entonces la mente de Eileen cortocircuitó en cuanto observó la brillantez reflejada en los pequeños pero profundos orbes del hombre.
—¿¡Te has vuelto loco!? ¿¡Acaso crees que voy a premit-
—Por supuesto. Al final van a ser ellos los que decidan, y por lo jóvenes que son te aseguro que lo harán. Al fin y al cabo en su pandilla está aquel que consiguió doblegar a Acnologia.
—Tu sabes bien que en su pandilla está mi hija—puntualizó la Belserion a la defensiva intentando controlar su alto tono de voz.
—Que también es capaz de matar dragones—eso sí fue un golpe bajo para la maga, que bufó con pesadez sabiendo que le estaba restregando por la cara el hecho de que Erza derrotara su forma dragón unos meses atrás.
Eileen desvió su vista hacia el horizonte clavando su profunda mirada en la línea que separaba el mar del cielo nocturno. Por más que le diera vueltas aquello era una completa locura.
—Fueron capaces de derrotar a Acnologia, eso los vuelve legítimos para poder cumplir la misión—comentó el viejo mago sabiendo que por mucho que ella se cerrara en banda le sería imposible detener a esa panda de jóvenes.
—Esa misión es una insensatez—ella se mantenía en sus trece.
—Sí, lo es. Pero hasta las imprudencias más peligrosas llegan a sobrepasarse, ¡sino que se lo pregunten a la joven que inventó la magia Dragon Slayer!
El hombre rió a carcajada limpia suavizando el ambiente. Y Eileen no tuvo más remedio que sonreír también sabiendo que en eso Elefseria tenía toda la razón del mundo.
—Ya he dejado la petición sobre el tablón del gremio.
—Como no podía ser de otra manera, ¡para qué avisarme antes si se puede hacer a mis espaldas mientras estoy moribunda y postrada en una cama!—le echó en cara la mujer con cierta molestia en su rostro.
—¡Vamos vamos, cálmate mujer! Además Makarov ya está al corriente de todo esto—añadió dejando esta vez a la maga boquiabierta.
—Ah perfecto. Pues nada, vamos a enviar a la muerte a un grupo de jóvenes magos ingénuos ansiosos por vivir una aventura idílica—replicó la Belserion ya aceptando a regañadientes que aquella misión iba a hacerse. Pero lo que más le desencajaba de aquello era que el propio Maestro del gremio estaba de acuerdo.
—En fin, va siendo hora de irme no vaya a ser que esos jovenes me alcancen antes de yo haber llegado a Magia Dragon. Ha sido un placer volver a verte, Eileen—el viejo mago dio media vuelta dando la espalda a la Reina seguido de los tres pequeños dragones—Y por cierto, ¡te sigues conservando de manera fabulosa!
Antes de que el certero y mortal rayo de magia cayera sobre Elefseria por haber clavado directamente su lasciva mirada sobre los pechos de la Belserion, el cuerpo del viejo hombre junto con los tres dragones desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos mediante una técnica de teletransportación.
—Maldito pervertido...
La maga se llevó una mano a la cabeza aún dándole vueltas a lo que acaba de transmitirle Elefseria, el creador de Magia Dragon. El que fue y seguía siendo el primero de los gremios mágicos.
Ella ya conocía y sabía en qué consistía aquella dichosa misión. Y no era cualquier tipo de encomienda, sino que se trataba ni más ni menos que una de las pocas que se hacían llamar "Misión de 100 años".
Y entonces otro problema apareció en sus narices. Volvió a llevarse su mano a la cabeza queriendo detener todas las responsabilidades que se le estaban acumulando en la mente. Pero al fin y al cabo debería hacerlo...o más que tratarse de un deber era más bien un favor.
—En qué estás pensando, Eileen. ¡Diantres, no es un favor, es lo que se tiene que hacer, hostia!—entonces agitó su cabeza desprendiéndose del mareo que le había pegado al pensar más rápido de lo que su mente podía procesar.
Así pues la Belserion se encaminó de nuevo hacia el gremio, donde la fiesta aún seguía. Aquella iba a ser una noche larga, pensó mientras una ligera sonrisa se dibujaba en su rostro.
...
Un nuevo día amanecía en Magnolia, y del mismo modo que los rayos del sol matinal brillaron sobre el continente de Fiore, los ojos de Natsu hicieron lo mismo sobre el viejo pero claro papel que Makarov estaba sujetando con su mano en esos momentos.
—¿¡De verdad!?—el Dragneel casi se desmayó ante el súbito vuelco de emociones en su corazón. Aquello no podía ir mejor, ¡era excelente!
—¡Esto es una gran oportunidad para nosotros!¡Tal vez después de esto podamos convertirnos en magos de rango S!—exclamó Gray sin poder borrar la sonrisa de su rostro.
—Chicos...¿estáis seguros de esto?—Lucy se mantuvo con sus brazos cruzados sin estar convencida de la idea.
—¡Vamos Lucy, con esto terminarás de pagar el alquiler!—la voz de Happy sonó alegre, aunque siempre sabiendo buscar el límite de la paciencia de la Heartfilia, que lo observó con odio sano.
El pequeño y gracioso gato azul ya volvió con sus otros dos compañeros, Carla y Lilly, de su viaje. Y por suerte no presenciaron la batalla, porque de ser así podrían haber sido un blanco fácil, pensó Makarov.
—Me pregunto si en ese continente conocerán qué es la tarta de fresa—Erza pensó que sería fantástico pisar las pastelerías de la zona.
—Erza-san...—Wendy optó por no agregar ningún comentario ante la ocurrencia de su amiga.
Pero la niña de coletas azuladas no pudo esconder la emoción que había reflejada en sus ojos. Wendy se convenció a si misma que aquella era una oportunidad de oro para demostrar a todos los del gremio que ella era una maga con valor y que era capaz de cumplir esa difícil misión.
—¡Carla, va a ser fantástico!—exclamó la joven sin poder contenerse tomando las patitas de la gata blanca.
—No sé si deberías ir, Wendy. Puede ser muy peligroso, ¡y a saber qué criaturas hay sueltas por ahí!
—Carla podemos hacerlo—contestó la niña animando a su compañera de viaje.
Makarov dejó el papel de nuevo sobre el tablón y se dirigió hacia la famosa pandilla.
—Pero antes de aceptarla, estaréis un tiempo preparándoos.
—¡Bah, eso no hace falta!
Y lo que no hizo más falta fue escuchar a Natsu, pues el puño gigantesco que cayó sobre él lo hizo callar. El Maestro del gremio se desempolvó las manos una vez vuelta su extremidad superior a su tamaño normal.
—No aprende, pobrecito—se burló el Fullbuster.
—Tú tampoco a ponerte unos pantalones—añadió Erza medio sonriendo pillándolo desprevenido ante la costumbre del mago de hielo a ir casi sin ropa por el mundo. Aquel comentario obligó a Gray a taparse mientras intentaba disimular el sonrojo de sus mejillas.
Makarov dio un sorbo a la cerveza que lo acompañaba, para después dirigirse a cierta personita. Aquello tal vez fuera lo más importante después de haber anunciado lo de la misión.
—¡Wendy!
La susodicha prestó atención a las palabras del Maestro.
—Soy consciente del peligro que puede entramar esta misión, y por eso no quiero que ninguno de vosotros sufra ningún daño. Pero yo no voy a estar ahí para protegeros si ocurre algo, algo que vuestra magia sí podrá hacer—puntualizó Makarov cruzando sus brazos y cerrando sus ojos durante unos segundos acabando de meditar lo que había estado pensando durante toda la mañana después de haber mantenido unas palabras con la maga más fuerte de Alvarez.
Wendy frunció el ceño esperando la continuación de aquella dialéctica.
—Por eso vas a estar un tiempo bajo la supervisión de Eileen Belserion.
Todo el gremio quedó en silencio, aunque solo fuera por un segundo.
—¿¡Qué!?—exclamaron todos sorprendidos al unísono.
—C-cómo que yo...—Wendy no era capaz ni de articular palabra. Carla menos.
—Eso. Pasaras unos meses con Eileen-san para entrenar y así ir más preparada a esa misión. ¡Y no quiero a nadie oír rechistar!
Dicho aquello Makarov volvió a darle un sorbo a la cerveza dando por finalizada la conversación.
—Ah, y ya puedes ir haciendo las maletas que te marchas hoy mismo—añadió Laxus desde una esquina. Él había sido el único que también sabía todo.
El corazón de Wendy iba a mil por hora. ¿¡Con Eileen-san!? El simple hecho de pensarlo hizo que se le erizara la piel, ¿acaso iba a estar segura cerca de aquella mujer? Bueno...no es que tuviera ninguna duda, pero aún así Wendy tragó saliva del nerviosismo. De todos modos enseguida tomó a Carla por la mano y salió corriendo a toda velocidad hacia Fairy Hills para poder preparar su maleta de viaje ¡No podía perder tiempo!
—¡Tengo que decírselo a Anna-san!—exclamó Wendy recordando a la que había sido su profesora de toda la vida antes de salir por el gran portón del gremio al que consideraba su familia.
—Vaya Wendy...Anna-san se marchó esta mañana temprano. Dijo que tenía asuntos pendientes y dejó el gremio al amanecer—explicó Lucy algo angustiada por tener que dar la noticia.
—Qué lástima...me hubiera gustado despedirme de Anna-san...—respondió la niña dibujando una mueca en su infantil rostro.
Lucy rió ante el gracioso gesto de la joven Dragon Slayer, pero haciendo más memoria en esos precisos instantes la maga celestial ató cabos entendiendo las palabras de su antecesora antes de marcharse del gremio "Vaya dos, espero que no causen demasiado alboroto", fue lo que recordó Lucy que dijo la mujer.
Los demás magos de la pandilla quedaron atónitos ante la noticia. Y Erza enseguida buscó con su mirada a su progenitora. Aunque efectivamente no se encontraba allí.
La Scarlet, por mucho que le hubiera sorprendido la noticia, en el fondo pensaba que sería una buena idea. Wendy podía aprender bastante acerca de la magia de encantamiento, por no hablar del Dragon Force. Así que sonrió alegrándose por su compañera de gremio y por su madre que, al fin y al cabo, no le iría mal un poco de compañía para poder aprender a vivir de una manera que no fuera en solitario.
...
Por mucho que hubieran pasado un par de horas, el sol seguía brillando de la misma manera que lo había estado haciendo durante toda la mañana. Y los magos del gremio de Fairy Tail que no estaban de misión, se encontraban reagrupados afuera del edificio con la intención de despedirse de una de sus más jóvenes y queridas integrantes.
—Wendy, ten mucho cuidado—Lucy abrazó a la pequeña maga con gran calidez.
—¡Wendy, pórtate bien con Eileen-san y no la hagas enfurecer!—Gray le sonrió causando que Wendy riera.
—¡No pierdas oportunidad para poder pelear contra Eileen-san!¡Por esta vez dejaré que tú seas la primera en retarla—exclamó Natsu chocando su mano contra la de la niña.
La Belserion observaba desde unos metros más distanciada, pues entendía que aquella pequeñaja quisiera despedirse de su gente. Aunque ella misma aún se preguntaba cuando había sido el maldito momento en el que se le ocurrió ofrecerse para entrenar a aquella pequeña Dragon Slayer.
—Wendy, no te olvides de escribirnos de vez en cuando. Y aunque se haga insoportable, esúchale—aquello último Erza se lo susurró al oído haciendo que la niña riera por lo bajo. Tras aquello abrazó a la joven niña y le deseó toda la suerte que pudiera tener.
Eileen desvió su mirada queriendo ignorar las palabras de su hija. Si se creía que no lo había escuchado es que estaba equivocada. Entonces se quedó pensativa, pero cayó en el detalle. Y es que Erza sabía que Eileen por su condición de dragón tenía el sentido del oído más desarrollado de lo normal, así que cualquier cosa que dijera iba a oírla sí o sí. La Reina chasqueó su lengua percatándose que había caído en su trampa.
"Esta hija mía...", pensó mientras bufaba frustrada.
—Bueno, no tengo todo el día. Alakitasia está lejos y si nos estorbamos con tonterías no llegaremos en la vida—dejó caer la Belserion dando a entender que esa despedida era excesivamente innecesaria. A ella personalmente no le gustaban las despedidas.
Wendy tomó con decisión el asa de su maleta con la mano y cargó su otra mochila a sus espaldas.
—¡Gracias a todos!¡Prometo escribiros cada semana y aprender mucho!—exclamó la joven maga dispuesta a llevar a cabo sus dos promesas, sobretodo la segunda. Y es que su maestro tenía razón. Su magia y sus compañeros serían sus únicos salvavidas en aquella misión. Y si su vida dependía de la magia que ella sabía, entonces Wendy tenía en mente sobrepasar su propio límite.
Eileen inició sus pasos hacia el bosque mientras se recolocaba el ala de su usual sombrero evitando que los brillantes rayos del sol chocaran contra su rostro, para después sujetar su largo bastón dejando que éste chocara fuertemente sobre el suelo.
Y entonces de la arenosa tierra del gran prado comenzaron a nacer múltiples brotes de hierba a la vez que los pétalos de las flores que la acompañaron volaban gracias a la brisa que corría en esos momentos dejando a la vista de todos un hermoso espectáculo de naturaleza. Al menos aquel terreno ya no se vería tan mal después de haber crujido por culpa de la magia en la batalla que aconteció hace dos semanas atrás.
Los magos del gremio vitorearon la última acción que tuvo la Belserion y ella sonrió satisfecha, pero no sin antes dar un último vistazo a alguien en especial.
La mirada de Erza se mantuvo sobre la suya, y no pudo por más que recibir aprobación. Por fin todo estaba bien y la nueva relación con su hija iba a dar inicio a partir de esos momentos. En verdad Wendy, que se mantuvo al lado de la Belserion y Carla, fue la primera vez que vio la sonrisa más maternal dibujarse sobre el hermoso rostro de Eileen.
La niña se alegró de que todo empezara a ser como debería haber sido desde hace tiempo. Miró al horizonte y dejó que su corazón latiera desbocado al estar a punto de vivir una nueva aventura al lado de la que fue en su día la Reina de los Dragones y seguía siendo la maga más poderosa que había conocido.
Pero sobretodo, por ser la persona que veló por la seguridad de los humanos y los dragones, por ser la que no retrocedió ante la muerte, por hacer frente a su misma locura, y por seguir redimiendo sus pecados para poder terminar de recuperar a la persona que en su día iluminó su corazón y la sacó de la pesadilla permanente que la había tenido presa durante casi cuatrocientos años.
Wendy siguió caminando manteniendo su sonrisa y estando completamente ilusionada por pasar un tiempo con Eileen Belserion, la maga más poderosa de Alvarez y mal nombrada Desesperación Escarlata, aunque para ellos estos últimos días había sido la Esperanza Escarlata de Fairy Tail.
—¿Entonces vamos a ir a Alakitasia? ¡Seguro que es un continente precioso!—exclamó Wendy recolocando la mochila en su espalda.
—Al final vamos a cambiar la ruta y nos quedaremos en Ishgar—comentó la mujer de largas trenzas sin cesar sus tranquilos pasos.
—Oh, pensé que nos alejaríamos de Fiore—se interesó la niña sin borrar la sonrisa de su rostro.
Cualquier lugar al que se dirigieran era perfecto para poder vivir una aventura, pero jamás pensó que su destino fuera el que se paseaba por la mente de la maga más mayor.
—No nos quedaremos en Fiore, sino que atravesaremos las montañas del norte de la península, pasaremos por los lagos del oeste y cruzaremos algunos países, el Reino de Pergrande inclusive—explicó la maga más poderosa demostrando sus conocimientos de geografía del continente de Ishgar.
—¿Pero el Reino de Pergrande no es el límite del continente de Ishgar con el de Alakitasia?—preguntó Wendy queriendo saber todos los detalles. En verdad la emoción no podía ser mayor.
Eileen se preguntó si aquella niña era tan preguntona como lo había sido en el pequeño tramo de su camino.
—Efectivamente, pero antes de pasar las fronteras de Alakitasia, más hacia el sur hay un territorio que nadie se ha interesado por invadir. Es un trozo de país que a simple vista no posee absolutamente nada para poder explotar, solo es bosque hasta finalizar en el mar—esta vez Eileen se detuvo y observó atentamente a la joven niña, que hizo lo propio dejando que sus vivarachos orbes se posaran sobre los profundos de la mujer.
Eileen medio sonrió dejando que solo los recuerdos bonitos cubrieran su mente.
—Pero lo que la gente desconoce es que ese trozo de país abandonado en su día fue el reino más rico donde la paz y la convivencia entre humanos y dragones dio inicio—comentó la Reina reanudando la marcha dejando en el rostro de Wendy la sorpresa plasmada.
—¿¡Vamos a ir al que fue tu hogar!?—la joven Dragon Slayer dio algo de velocidad a sus pasos ante el súbito parón de estos ante el asombro de las palabras de su acompañante.
Carla siguió a la niña y pensó que hubiera sido mejor quedarse en Magnolia. Pero entendió que aquel viaje le hacía mucha ilusión a Wendy, y tal vez Makarov tuviera razón en eso de volverse más fuerte. Tal vez incluso ella entrenara para poder mejorar sus habilidades en la lucha cuerpo a cuerpo.
—Eso es, chiquilla. Vamos a ir al que fue en su día el Reino de Dragnof, pues las ruinas que quedaron fueron y siguen siendo una de las fuentes más potentes de magia para los Dragon Slayers—Eileen siguió hablando sin borrar la sonrisa de su rostro—te voy a llevar al lugar que va a suponer el antes y el después de tu magia.
Wendy no supo cómo retener el gozo que la llenó en esos instantes. A su vuelta iba a poder sentirse una maga fuerte de verdad, una hechicera digna de pertenecer al gremio de Fairy Tail.
Así pues, las dos Dragon Slayers y la pequeña gatita blanca se embarcaron en un viaje que seguro que no las iba a dejar indiferentes. Aquella misión iba a salir bien, o al menos harían todo lo posible para que así fuera.
Y es que ya lo decían los antiguos hombres, "la magia más poderosa solo es aquella que se alberga en el corazón que ilumina el camino del destino de cada mago".
¡FIN!
¡Por fin puedo decir que he terminado una historia haha! Y la verdad, me hace mucha ilusión.
Espero de corazón que os haya gustado a todos los que habéis llegado hasta aquí. Para mí ha sido un placer poder escribirla.
Quería que estuviera bastante enfocada en Eileen Belserion, pues pienso que es un gran personaje. Además también quería incluir algunos personajes más e intentar que quedaran bien en algunos tramos. Estoy segura de que hay errores y que tal vez se podría haber escrito de otra manera, pero en fin, esto es lo que hay. Y soy consciente de que tal vez haya cometido el tan famoso Out of Character, pero al ser casi mi primera de Fairy Tail he intentado respetar en base a lo posible sus personalidades.
Además he tardado mucho en terminarla porque tengo otras responsabilidades, pero ha sido bonito escribirla.
¡Un saludo a todos y cualquier cosa no olvidéis dejarla en comentarios!
