Los personajes de Candy, Candy no me pertenecen, son propiedad de sus creadoras Kioko Misuki y Yumiko Igarashi
Un Inesperado Encuentro
By Rossy Castaneda
Capítulo Nueve
—Lamento interrumpirlos.
—Que demonios quieres Carson, espero que lo que tengas que decir valga la pena como para interrumpirnos en estos momentos —masculló Niel separándose de su acompañante.
—Vaya, Dios los creó y ustedes se juntan —Carson se burló tras ver la identidad de la acompañante de Niel.
—No estoy para tus bromas idiota —Siseó Niel —que es tan importante para entres sin llamar siquiera —increpó.
—Están aquí —respondió Carson con una perversa sonrisa —los dos pajaritos están en el campo.
Niel se puso de pie inmediatamente.
—¿Estas seguro? —le preguntó.
—Absolutamente, tanto que he hablado con él y le he dicho que has regresado a Londres —rió —hubieras visto la cara de tu palomita.
—Eres un completo idiota, Carson —espetó Niel furioso —no pudiste permanecer con el bocota cerrada, no te das cuenta idiota, que los has puesto sobre aviso.
—Lo lamento Niel, no pensé en eso —se disculpó.
—Por culpa de tu maldita indiscreción será mas difícil acercarme a ella, para esta hora estoy seguro que el imbécil de Terry ya lo descifró todo y lo mas seguro que se la ha llevado a Londres.
—Terry —intervino Lady Susana acomodando su cabello —que tiene que ver él con lo que ustedes se traen entre manos.
—Tu querido Terry tiene algo que me pertenece.
—¿A que te refieres?
—A la maldita Escocesa que se atrevió a humillarme.
—¿Te refieres a tu supuesta prometida?
—Si, igual como Terry es "tu supuesto prometido" —le respondió Niel empleando las mismas palabras de ella.
Lady Susana lo fulminó con la mirada.
—Mi querida Susie —Niel dulcificó su tono de voz —tu y yo necesitamos unir fuerzas para cumplir nuestros objetivos.
—¿Que propones? —preguntó Lady Susana.
—Debemos separar a ese par, cueste lo que nos cueste.
—Pero yo jamás le haría daño a Terry —dijo con inocencia.
—Oh vamos Susana, no tienes que fingir inocencia conmigo, a caso crees que no me he dado cuenta que Elisa y tu han sido las propulsoras de esparcir el rumor sobre tu compromiso con Terry, cuando se suponía que el asunto se llevaría a acabo en total discreción —Niel arqueó una ceja —tal vez tu querido marquesito se dio cuenta de todo y por eso se marchó la noche que se suponía debía viajar contigo a Escocia.
Lady Susana se puso rígida, pues aquella posibilidad no se le había cruzado por la cabeza, pero aquello era casi imposible de imaginar, pues su cabeza estaba mas hueca que un coco seco.
—Se perfectamente bien que mi hermana y tu son un par de pécoras —concluyó Niel.
—Me ofendes —dijo ella escandalizada.
—Eres tu quien trata ofender mi inteligencia —replicó Niel.
—Está bien, está bien, tu ganas, ¿que es lo que debo hacer?
Niel comenzó a explicarle lo que tendría que hacer y si todo salía como lo planeaban, Lady Susana terminaría casada con Lord Terruce Grantchester y él con Lady Candice Ardley.
—Pero necesitaré que alguien mas me ayude.
—Descuida, le diré a Elisa que lo haga.
—De acuerdo.
Que le pasaba, por que ese cambio de actitud tan repentino, su semblante era sereno pero Lady Candice sabía que aquello era una máscara de frialdad muy bien montada, algo que los aristócratas estaban acostumbrados a mostrar cada vez que estaban realmente enfadados por algo.
El terror se apodero de la joven, se negaba a pensar siquiera en que Terry hubiera descubierto su secreto, pero aquella era la única explicación lógica que encontraba para su cambio repentino de actitud y el que hubiese decidido viajar esa misma tarde a Londres en vez de permanecer unos días en el campo como lo había planeado, luego de hablar con el desgraciado de Carson.
¿Y si había descubierto su secreto? ¿Que haría?.
La cabeza le daba vueltas, se sentía acorralada.
Terry por su parte prefirió guardar silencio y aguardar estar en un lugar privado, lejos de los ojos y oídos de cualquier cotilla, necesitaba que ella le aclarara muchas cosas.
La luces de la gran ciudad les dieron la bienvenida y con ellas, el ruido de los cascos de los caballos yendo de un lado a otro.
Cuando llegaron a la Mansion Grantchester, Mark les dio la bienvenida.
—Terry, hermano que bueno que estas de regreso.
—Hola Mark, ¿hay alguien en casa?
—No, todos han ido a casa de los Hamilton.
—Necesito que envies a Jake por ellos ahora mismo, que les digan que he vuelto y que hay algo de interés que deseo comunicarles.
El tono de Terry le indicó a Mark que no estaba bromeando, razon por la cual despareció al instante.
Lady Candice comenzaba a bajar cuando la mano de Lord Terruce se lo impidió
—Aguarde un momento Lady Candice, usted y yo tenemos muchas cosas que aclarar —Dijo tomándola de la muñeca y viéndola directo a los ojos.
El corazón de Lady Candice subió hasta su garganta o al menos eso fue lo que ella sintió..
La había descubierto, Lord Terruce Grantchester había descubierto su secreto, ¿que iba hacer ahora? , ¿como le haría para salir bien librada de lo que se le venia? él había sido bien claro al decirle que no toleraba las mentiras..
Lo desafiaría, de hecho, era capaz de defenderse por sí misma, ya lo había demostrado otras veces...pero.. de momento, esta vez le parecía que las piernas le flaqueaban.
No abusaría de ella, de eso estaba segura, pero ..¿y si lo hacía? —¡Oh no! No podía permitir eso —. Podía aprovechar un segundo de distracción de él para escapa, podía subir de un brinco al carruaje, tomar las riendas y salir a todo galope, pero aquello seria imposible, ella podia manejar una calesa guiada por un solo caballo, pero este era un carruaje dirigido por dos hermosos caballos y aunque hubiese podido hacerlo, Lord Terruce la alcanzaría con facilidad, era un excelente jinete y aún si no la alcanzase, ¿a donde iría? No conocía a nadie en aquella ciudad excepto a él y eso la convertía en presa fácil para sus cazadores.
Estaba atrapada, por lo que de momento, no le quedaría más remedio que cooperar. No tenía ninguna intención de avivar todavía más la llama de su enfado.
Él se puso a su lado y extendió la mano, con una máscara de educación moldeándole la cara. Cualquiera que les observara a cierta distancia no sospecharía en absoluto de la escena, salvo por el hecho de que lord Terruce estuviera ayudando galantemente a un chico a descender de su carruaje. Pero si pudieran ver los ojos del hombre...Esos ojos prometían una buena reprimenda durante una conversación de lo más incómoda.
En el mismo momento en el que sus pies tocaron el suelo, la soltó y se dirigió hacia la casa.
A su espalda, ella frunció el ceño, no tenía motivos para que mostrara tal aversión, aunque pensándolo bien si los tenía, lo había embaucado, pero también a los Cambell, a la señora Pony, a la hermana Maria y a muchos otros.
Pero él era un hombre y los hombres odiaban que les engañaran, probablemente estaba enfadado consigo mismo por no haber sido capaz de darse cuenta de la farsa, en lugar de reconocer que ella era la que lo había hecho bien haciéndose pasar por un chico. Y es que de esa forma su orgullo masculino quedaría por los suelos. Se disculparía de todas las formas posibles, hasta se humillaría si fuera necesario.
"Buen Dios, no me dejes sola ahora" —dijo mentalmente.
En cuanto ingresaron a la casa, la mandíbula de Lady Candice se desencajó, aquel lugar era un enorme palacio en comparación a la Villa Ardley de Escocia.
—Buenas noches milord —el mayordomo lo saludó con una reverencia —que agradable tenerlo de regreso en casa.
—Buenas noches Alfred —Terry mostró una deslumbrante sonrisa que hizo que Lady Candice sintiera un espasmo —es maravilloso estar en casa nuevamente.
—Pudo resolver los pendientes que lo hicieron partir tan repentinamente la noche de la fiesta —Alfred sonrió de manera cómplice, conocía a Terry desde pequeño y sabía de sobra que todo aquello era una excusa para escaparse de las garras de Lady Susana.
—Completamente —Terry le devolvió la sonrisa.
—Sabe de sobra que su excelencia no descansará hasta que termine con su soltería.
Terry giró ligeramente el rostro en dirección a Lady Candice.
—Lo sé —respondió.
—Veo que no ha venido solo milord.
—Lamento mi descortesía Alfred —Terry sonrió —Ella es Lady Candice Ardley
Alfred abrió los ojos como platos tras ver la vestimenta de la muchacha.
Terry suspiró —Alfred, puedes ayudar a Lady Candice a instalarse en una de las habitaciones de huéspedes y de paso avisarle a la señora Mary que le ayude en todo lo que necesite, dile también que busque entre los vestidos de Karen y encuentre uno apropiado para ella.
—Enseguida milord —respondió el fiel mayordomo —acompáñeme milady —Alfred hizo una reverencia antes de retirarse.
En cuanto se quedó solo en la biblioteca, Terry se sirvió una copa de Whisky, la verdad era que estaba aterrado de solo pensar en que Lady Candice estuvo apunto de ser una víctima mas del gusano de Niel Leagan.
Él mejor que nadie conocía a aquella rata de la nobleza Inglesa y por nada del mundo permitiría que Lady Candice fuera obligada a unir su vida con aquel desgraciado.
Le hubiese deseado hacer las cosas bien y aguardar hasta que Albert regresara de su viaje, ponerlo al tanto de la situación y pedirle la mano de Lady Candice en matrimonio, pero ahora todo se estaba saliendo de control y tendría que actuar con rapidez.
La puerta se abrió dando paso a sus padre y a su hermana Karen.
—Terry, que bueno que has regresado —Lady Karen se le echó encima —no tines idea lo aburrida que han resultado las fiestas sin tu compañía.
—Tan aburridas que no has parado de bailar una sola pieza —El duque se burló.
—Bienvenido cariño, es bueno tenerte de regreso —Lady Eleonor se acercó a él para envolverlo en sus brazos —Cual es el asunto tan urgente del que quieres hablarnos.
Luego de responder a los afectuosos saludos, Terry puso al tanto a sus padres y hermana la situación en la que estaba.
Los ojos de Lady Eleonor adquirieron un brillo especial al ver la chispa del amor irradiando en los hermosos ojos de su hijo.
—¿Y donde esta la muchacha ahora?
—Ahora mismo pediré que la traigan.
Terry se puso de pie y salió a la sala de estar en busca de Alfred.
Cinco minutos mas tarde...
Los ojos de Lord Terruce estuvieron a punto de salirse de sus cuencas, frente a él se encontraba Lady Candice Ardley enfundada un hermoso vestido color durazno que enmarcaba muy bien su hermoso cuerpo, su cabello caía libremente formando hermosas cuencas doradas, sus ojos verdes lucían mas hermosos que antes, el poco maquillaje aplicado en su precioso rostro, ocultaba perfectamente sus adorables y casi invisibles pecas.
Lady Candice se sintió intimidada al ver a tantas personas en aquel espacio.
—Buenas noches —su voz sonó temblorosa.
Los Duques de Grantchester y Lady Karen estaban complacidos con la joven frente a ellos, podían comprender las temores de Terry y ahora mas que nunca lo apoyarían en lo que él había decidido hacer
Ante tanta belleza frente a él, Terry no pudo evitar acercarse hasta donde Lady Candice se encontraba con su mirada hacía abajo.
Si con la ropa de chico en su disfraz de Carl, Lady Candice se via hermosa, verla ahora vestida de aquella manera no tenía comparación alguna.
Las imágenes de ella completamente desnuda, se hicieron presente en la memoria de Terry, quien apretando la mandíbula espantó aquellos recuerdos al sentir que la parte mas sensible de su anatomía comenzaba a reaccionar.
Sin poder evitarlo y sintiéndose atraído ante tanta belleza, Lord Terruce Grantchester tomó el mentón de la joven rubia.
Sus miradas se conectaron y Lady Candice pudo ver dentro de aquellas pupilas que no le haría daño.
—Padre, Madre, Karen, les presento a Lady Candice Ardley, Lady Candice ellos son mis padres Richard y Eleonor Duques de Grantchester y ella es mi pequeña hermana Lady Karen Grantchester.
Escuchar el titulo nobiliario de las personas frente a ella, provocaron que las piernas de Lady Candice temblaran, pero se las arregló para saludar con una perfecta reverencia.
—Es un honor y un placer conocerles, su excelencia, Lady Eleonor, Lady Karen.
—El honor es nuestro Milady —Lord Richard tomó su mano y depositó un beso en el dorso enguantado.
Lady Eleonor y Lady Karen se acercaron a ella y para sorpresa de Lady Candice, la envolvieron en un abrazo.
—Es un placer conocerla Milady.
Terry se aclaró la garganta para llamar la atención de los presentes.
Los hice venir porque hay algo de suma importancia que deseo informales, y ustedes como mi familia son sin duda las personas con las que quiero compartir este momento.
—Excuse milord —Lady Candice se puso de pie — en vista que el asunto a tratar es familiar me veo en la necesidad de retirarme —hizo una reverencia y comenzaba a avanzar.
—Un momento Lady Candice, esto es algo que le compete —la voz de Terry se escucho fría y sin lugar a réplica.
Olvidándose que no estaban solos, Lady Candice respondió
—Si cree que el haber compartido la habitación en las últimas noches le da el derecho de hablarme así, está muy equivocado milord, usted y yo sabemos que a pesar de su reputación nada pasó.
Los Duques de Grantchester y Lady Karen se lanzaron miradas cómplices, esta reunión iba ser de lo mas entretenida, finalmente Terry había encontrado a alguien que lo enfrentaba sin ningún miedo.
—Ah, claro, mi reputación —respondió él con una sonrisa sarcástica —olvidaba que soy
un vividor, un calavera, un granuja, un libertino, el hijo de un duque, quien además es insensato, malcriado, egoísta y peligroso —. Soy bien conocido en los peores ambientes de la región, por tanto, es evidente que ni se me ocurriría pasar cinco minutos en la cama con una mujer sin aprovechar el tiempo ¿verdad?.
¡Cáspita! —Lady Candice sintió que sus entrañas se revolvían
¿Por qué si estaba marcado en su destino que compartiera la cama con un hombre, Pony no le había proporcionado las ropas de un vicario viejo, panzón y barbudo?
Ahora que la charla se había dirigido a esos terrenos se mantendría firme en su postura, no le diría que ahora que Carson sabia su identidad corría un gran peligro que Niel le hiciera algún daño, porque eso la haría sentir como un animalito acorralado por un depredador y él sabia de sobra que muchas personas optaban por tomar el camino equivocado para salir de la situación sin detenerse a pensar el riesgo que corrían y Lady Candice era tenía un enorme potencial de ser ese tipo de personas.
Lord Terruce continuó...
—Pero la dura realidad es que nadie creerá que un hombre haya podido pasar la noche en la cama con una mujer sin que pase nada, más allá de un sueño realmente reparador para ambos implicados, Milady —insistió él—. El hecho de que yo sea Lord Terruce Grantchester solo implica que la historia se extenderá como una hoguera en el bosque en cuanto se sepa.
—Pero no pasó nada —insistió también ella al instante, pero su cuerpo traicionero se estremeció de... ¿interés, deseo? ¡No! Bajo ningún concepto quería tener nada que ver con Lord Terruce, ¡Por Dios! El soñaba con alguien más y ella no estaba dispuesta a ser la tercera en discordia.
—Eso es indiferente Milady, lo que verdaderamente importa es lo que se piense que pasó —refutó Terry .
—Pero... —empezó Lady Candice a balbucear.
—No puede creer que no vaya a ocurrir eso en cualquier rincón al que llegue la historia, ya sabe, piensa mal y acertarás —la interrumpió él
—Eh... —acertó a balbucear Lady Candice, sabiendo perfectamente que todo cuanto Lord Terruce le decía era cierto
—¿Se da cuenta? Su reputación está absolutamente perdida, a no ser que exista la posibilidad de que tenga diez años —dijo Terry, el sarcasmo en cada palabra se pudo sentir, Lady Eleonor y Lady Karen cubrieron sus labios escondiendo la sonrisa que afloraba en sus labios, mientras que Lord Richard apretó los labios para no reír.
—No —volvió a balbucear ella —pero..
De pronto la idea de decir una mentira sobre su edad, rondó su cabeza, pero la descartó al instante ya que sería ridículo hacerlo, él sabía su identidad y sería fácil para él investigar todo sobre ella con tan solo tronar sus dedos.
—¿Pero? —Terry hizo una señal con una de sus manos para que continuase.
—Nada —respondió ella en un susurro sintiéndose acorralada.
—Se da cuenta de la gravedad ahora milady, jamás hubiese osado tratarla con tanta familiaridad si hubiese sabido que era una mujer —dijo mirándola intensamente con aquellos bellos ojos azules con destellos verdes.
—Vamos a dejarnos de ceremonias a estas alturas, milord —dijo ella con firmeza en su voz aunque por dentro estaba aterrada —que es lo que propone.
Viendo lo tozuda que Lady Candice le estaba resultando, decidió arriesgarse a poner las cartas sobre la mesa.
—Antes que nada quiero que me responda si usted es o no la jovencita que Carson dice huyó de Escocia para no comprometerse con el bastardo de Niel Leagan.
Lady Candice apretó los labios.
—Es evidente que usted sabe ya la respuesta a esa interrogante milord.
—Maldita sea —exclamó él poniéndose de pie y golpeando el escritorio con sus manos, provocando que Lady Candice diera un brinco —. Dándose cuenta que su vocabulario no era el adecuado se disculpó —Excúseme —tomó una bocanada de aire y volvió a preguntar mas calmado —¿Es o no es la misma chica?
—Sí —respondió ella en un susurro.
—Entonces me temo que no hay otra salida —dijo fingiendo resignación —tendremos que casarnos.
—¿Queeee? —Chilló ella sintiendo como su estómago se contraía —.No quiero casarme con usted —dijo con firmeza, ¡por Dios! Él ya tenia una novia con quien soñaba y la confundía con una almohada.
Las palabras de ella hirieron el orgullo de Lord Terruce y no estaba dispuesto a permitírselo, razón por la cual arremetió de la misma manera
—Ni yo con usted pero, ¿acaso tenemos otra alternativa? Nadie querrá tomarla por esposa ahora que he destruido su reputación.
—Usted no ha destruido nada, es evidente. Estoy bien, y sigo siendo ...—Lady Candice cubrió sus labios, finalmente recordó que no estaban solos.
—Milady acaba de reconocer que todavía es virgen —la entrepierna de Terry dio un salto, pero sus siguientes palabras detuvieron en seco su festín —y doy por hecho que lo es —dijo levantando irónicamente una ceja—, aunque ese asunto no es un hecho que implique una diferencia sustancial en el caso que nos afecta.
—Por supuesto que soy virgen —respondió ella muy molesta—, aunque eso no es en absoluto de su incumbencia —increpó incrédula que lo dudara.
Lord Richard Grantchester se vio obligada a intervenir, ya que de no hacerlo, aquellos dos terminarían sacándose los ojos.
Tras aclararse la garganta para llamar la atención de ambos dijo:
—Lady Candice, su indudable virginidad no afecta en absoluto a la situación creada —explicó pacientemente—. Usted, y también mi hijo, pueden afirmarlo de todas las formas y en todos los lugares posibles, hasta quedarse si voz, pero la sociedad va a pensar que parece otra cosa y va a llegar a conclusiones, y cuando la sociedad llega a una conclusión, ningún desmentido, de ninguna clase, será capaz de convencerla de lo contrario.
Lady Candice sintió un te,blor en todo su cuerpo y sin poder evitarlo sus ojos se cristalizaron.
—Su excelencia, si tan solo me facilitara una calesa y un caballo, yo podría regresar a Escocia y haremos como si nada de esto ha pasado, después de todo han visto a Lord Terruce con Carl White y no con Lady Candice Ardley.
Y ahí estaba a lo que Lord Terruce temía que hiciera.
—Hasta donde he escuchado —comenzó a decir El Duque de Grantchester pausadamente al ver el rostro aterrado de su hijo —el señor August Carson sabe que usted y Carl White son la misma persona.
La piel de Lady Candice se erizó por completo, de pronto sintió como el piso daba vueltas, deseó tener a aquel asqueroso hombre frente a ella y caerle a golpes.
—Milady —el Duque continuó —la situación no es tan sencilla como usted cree, si el señor Carson sabe que mi hijo y usted compartieron la habitación en la posada de Gretna Green, no dude que si usted no hace lo que le pida, usará esa información durante todo el tiempo que resta de la temporada para divulgar que mi hijo y usted son amantes y de esta manera tanto su reputación como la de mi hijo quedaría reducida a nada.
—Su excelencia, yo no puedo aceptar casarme con su hijo —dijo Lady Candice alzando la falda de su vestido y saliendo a toda prisa de aquel lugar, necesitaba estar sola y pensar con claridad, su reputación era lo que menos le importaba en ese momento, ella no quería casarse por cumplir con un estúpido deber, ella quería casarse por amor y aunque ella sintiera algo por Lord Terruce Grantchester, él pensaba en otra, su corazón pertenecía a otra, otra de quien ahora sabía su nombre "Lady Susana"
Continuará...
—Ay, ay, ay, se nos complica la cosa.
