Los personajes de Candy, Candy no me pertenecen, son propiedad de sus creadoras Kioko Misuki y Yumiko Igarashi

Un Inesperado Encuentro

By Rossy Castaneda

Capítulo Doce

El silencio reinó entre ambos cada uno sumido en sus propios pensamientos.

Terry recordaba el delicioso beso compartido, ese que hizo que sus pantalones casi se rompieran por la rigidez de su bien erecto miembro ante la respuesta vehemente de ella.

Lady Candice además de pensar en el maravilloso beso que la transportó a un mundo de ensueño, meditaba también en el asunto de su familia materna y la forma como habían sido interrumpidos por aquella insípida joven en el momento justo cuando ella iba a sincerarse con Terry sobre ello, ya que consideraba que no merecía la pena seguir ocultando lo que era mas que evidente y lo que tarde o temprano se sabría y prefería ser ella quien lo dijera a que él lo confirmase por segundas o terceras personas.

Decidida a enfrentar de una vez su pasado y sabiendo que el odiaba las mentiras, Lady Candice decidió romper el silencio.

—Terry —lo llamó luego de aclararse la garganta.

—Si —respondió él clavando sus penetrantes ojos en los de ella.

—Me gustaría hablar con usted antes que regresemos a casa.

Terry asintió —le pediré al cochero que se dirija a Hyde Park.

Cuando el carruaje se detuvo, Terry salió de este y extendió su mano para ayudar a Lady Candice a hacer lo mismo.

Cuando llegaron a una área apartada y discreta, Terry invitó a Lady Candice a tomar asiento y él se sentó junto a ella.

—Antes que fuéramos interrumpidos, yo iba a responder a su pregunta sobre si soy o no la hija de Lady Caroline White —Lady Candice habló.

Terry asintió, aún cuándo él sospechaba que lo era realmente, escuchar la confirmación de labios de ella sería un segundo punto a su favor.

—La escucho.

—Bueno, yo...—comenzó ella a balbucear —antes que nada quiero que sepa que jamás fue mi intención mentirle sobre este asunto —musitó nerviosamente.

—Lo comprendo —respondió él tomando sus temblorosas manos —no debe temer, no de mi, le prometo que escucharé todo cuanto tenga que decirme sin reproche alguno.

—Se lo agradezco —musitó ella con un poco mas de confianza —Yo si soy en realidad la hija de Lady Caroline White, pero no tenía conocimiento sobre la familia de mi madre, ella fue una persona muy reservada y jamás nos habló sobre ese asunto, lo poco que sabíamos era algo que escuchamos decir a Tia Elroy en una ocasión que nuestros padres no se encontraban en casa —Candy cerró los ojos —ella le decía a alguien que mi madre había sido repudiada por el solo hecho de haberse casado con mi padre —suspiró —durante años admiré la valentía de mi madre por luchar por el amor de mi padre a pesar que los suyos no aceptaron su relación, vi como el amor entre ellos se mantenía intacto a pesar de los años, ellos jamás mencionaron una sola palabra con respecto a los parientes de mi madre, nos enteramos de ello el día que murieron en un aparatoso accidente, fue ahí donde un hombre rubio, alto, de cabellos dorados muy parecido a nuestra madre, se presentó en nuestra casa y dijo que era su hermano gemelo, desde entonces el Tio Carl se mudó a Escocia para pasar al pendiente de nosotros —Lady Candice miró hacia el follaje del parque —Una mañana, desperté mas temprano de lo común, me dirigí como era costumbre a la biblioteca para ir en busca de mi hermano Albert para que saliéramos juntos a montar por los alrededores como solíamos hacerlo, me detuve al escuchar voces en el interior, la puerta estaba entre abierta y pude escuchar parte de lo que decían, el Tio Carl le decía a Albert que lo mejor era que tanto mi hermana Rosemary y yo no supiéramos nada por el momento, ya que él debía viajar a Londres para arreglar un encuentro con nuestros abuelos y el resto de la familia de mi madre.

—Me retiré, con miles de preguntas en mi cabeza, tan pronto escuché pasos aproximándose a la estancia, una de ellas, era si mi madre había sido repudiada por sus padres como le escuchamos decir a Tía Elroy, por que ahora el interés tan repentino de ellos para con nosotros.

Ver la confusión en los ojos de ella, provocó que Terry la interrumpiera, si ella estaba siendo valiente al sincerarse con él, lo mínimo que él podía hacer era devolverle el gesto.

—Candy, desconozco cuales fueron las razones que tuvo su tia para decir aquellas palabras, pero hay algo que si puedo asegurarle, sus abuelos se dieron cuenta de su error y le pidieron perdón a su madre.

—¿Como lo sabe? —preguntó ella confundida.

—Verá...en vista que usted está abriéndose conmigo, me veo en la obligación de hacer lo mismo —suspiró —esta mañana mientras mi madre, Karen y usted estaban con Madam Charlotte, mi padre y yo fuimos a la oficina del señor Johnson, necesitábamos una pista que nos llevara al paradero de su hermano, a quien conocí por casualidad en uno de los Pubs de la ciudad, no entraré en detalles sobre la forma como nos conocimos ya que es algo que carece de importancia en estos momentos —sonrió —al llegar a la oficina del señor Johnson, Ben su asistente muy amablemente nos proporcionó ciertos datos que nosotros desconocíamos como es el hecho que uno de los criados de ustedes fue enviado por Lady Elroy para llevarle el mensaje a Albert que usted había desaparecido.

—¿Mi tia hizo eso?

—Si —respondió Terry —pero nuestra sorpresa fue mayúscula cuando Ben nos reveló que su hermano había salido inmediatamente rumbo a Escocia en medio del mal tiempo pero que lo hizo en compañía del señor Johnson y Lord White su Tio materno —Terry hizo una pequeña pausa para ver el semblante de ella y prosiguió —Mi padre le preguntó a Ben si se refería a Carl White Duque de York y este asintió.

—Ben estaba muy nervioso cuando le dijimos que usted estaba en Londres, mi padre se ofreció a enviar a Mark a Escocia para dar aviso a su hermano que usted está sana y salva bajo nuestro cuidado y creo que para esta hora su hermano vendrá en camino de regreso a Londres para reunirse con usted.

—¿Entonces ustedes sabían de mi parentesco con los White?

—Digamos que si —respondió Terry dispuesto a no ocultarle nada —Cuando salimos de aquel lugar mi padre me contó que efectivamente, al principio sus abuelos se enfadaron con Lady Caroline por haberse primero fugado y luego casado con su padre en Gretna Green, cuando su madre ya estaba comprometida con un noble Inglés, pero que al poco tiempo los antiguos Duques de York se dieron cuenta que habían cometido un error contra su madre y que la buscaron y le pidieron perdón y que incluso les ofrecieron que se mudaran a Londres pero su madre a pesar de haberlos perdonado decidió romper todo vínculo con la nobleza Inglesa para impedir que sus futuros hijos fueran obligados a unirse en matrimonios arreglados —Terry la miró a los ojos —Candy ahora soy yo quien le ofrece una disculpa por lo sucedido en la librería.

—¿A que se refiere?

—Verá... —Terry apretó los labios —yo le pedí a Arthur que hiciera mención sobre su familia materna para estudiar su reacción y saber si usted sabía o no sobre la existencia de ellos, ya que mi padre y yo creíamos que no estaba enterada porque de haberlo estado nos lo hubiese dicho cuando le preguntamos si tenía parientes en Londres.

Terry se detuvo para ver los ojos de ella y buscar un indicio de reproche en ellos, pero no lo encontró.

—Prosiga —Lady Candice lo animó.

—Bueno, esta tarde en la biblioteca, por su reacción cuando Arthur mencionó a los Duques de York, me di cuenta que efectivamente usted estaba al tanto con respecto a su parentesco con ellos, pero quería escucharlo de sus labios.

—¿Por qué? —preguntó ella.

—Por la simple razón que no quiero que hayan secretos entre nosotros —respondió él.

—Se lo agradezco —respondió ella separando sus manos de las de él —aunque debo aclararle que a pesar de estar enterada de mi relación con los Duques de York, jamás fue mi intensión ir con ellos, ¿pues como podría hacerlo? Lo único que sabía de ellos era su título, pero no tenía la mínima idea por donde comenzar a buscar —Candy suspiró —ya sabe, Londres es una ciudad muy grande y no me veía en la plaza pública preguntando a cada transeúnte sobre ellos, sé el peligro en el que esa acción me hubiese puesto.

—Hizo lo correcto —respondió Terry tomando sus manos nuevamente —Londres además de ser una ciudad grande es peligrosa para que una joven como usted se exponga de esa manera y menos sabiendo que ciertas aves de rapiña andan sueltas al asecho de una presa fácil.

—Ya me di cuenta de ello —Lady Candice esbozó una genuina sonrisa —creo que ya es hora de volver a casa —dijo ella.

—Tiene razón —respondió él —pero antes que lo hagamos quiero que sepa que conozco muy bien a sus abuelos y los miembros de la familia de su madre y he de decirle que son unas personas bastante agradables y doy por hecho que estarán encantados de conocerla, de hecho la fiesta de mañana será en su casa —Terry miró su rigidez —si lo desea, podemos reunirnos ahora con mis padres y Karen ellos se encuentran en casa de los antiguos Duques de York.

Lady Candice sintió escalofríos.

—No quiero forzarla a hacer algo que no desea, pero creo que sería bueno que los conozca esta misma noche, además podrá conocer a sus primos y a las novias de estos que por ciertos son Escocesas al igual que usted y sé que se llevarán muy bien cuando se conozcan.

—De acuerdo —musitó —si usted dice que todo ira bien, no tengo razón para desconfiar.

—Agradezco su voto de confianza —respondió él besando el dorso de su mano.

Ingresaron al carruaje y una vez más el silencio los rodeó.

Los pensamientos de Lady Candice estaban divididos en dos, por una parte estaba la expectación con relación al encuentro con su familia materna y por otra aquel maravilloso beso que había compartido con Lord Terruce.

Aquel beso había despertado en ella un sin número de sensaciones jamás antes experimentadas.

Sumida en sus pensamientos, tocó el contorno de sus labios con uno de sus dedos mientras veía a travez de la ventana del carruaje hacia un punto fijo.

Por su parte y a pesar de que aquel delicioso beso lo había dejado totalmente atontado, por la manera como ella había respondido, Terry observaba cada uno de sus movimientos.

Sonrió de manera engreída al ver como ella tocaba la comisura de sus labios mientras mantenía su mirada perdida en algún punto del camino que recorrían.

—Candy —la llamó sacándola de sus pensamientos.

—Si —respondió ella en un hilo de voz.

—Lo que le dijo a Lady Susana en la plaza, ¿significa que ha aceptado mi propuesta de matrimonio?.

—Bueno eso es lo que debemos aparentar ante los demás ¿no es así?

—Me temo que después de ese beso, nuestro compromiso no será solo de apariencia.

Candy permaneció en silencio por unos segundos.

—¿Por que razón quiere casarse conmigo? —le preguntó mirándolo a los ojos —de ante mano le digo que si es por cumplir con un deber por el hecho que hemos compartido la cama por varias noches, no tiene porque hacerlo —concluyó.

—¿Y quien le ha dicho que esa es la razón por la cual deseo desposarla? —le respondió él con otra pregunta.

—¿Que otra razón puede haber?

—Esta —respondió él tomando su mentón, provocando que las verdes pupilas de ella se vieran reflejadas en los azules profundos suyos, los cuales mostraban la respuesta que ella tanto anhelaba, tomó una de sus manos y la colocó a la altura de su pecho para que sintiera el latir desenfrenado de su corazón, Lady Candice cerró sus ojos y se dejó envolver en aquella maravillosa sensación que los rodeo de pronto —.La respuesta de Lord Terruce no se hizo esperar, con suavidad y sin decir una sola palabra, acercó su rostro al de ella, alzó su barbilla y de manera lenta, acercó sus labios a los de ella.

Lady Candice entre abrió sus labios como una clara invitación a que él explorara su interior.

Lord Terruce no se hizo del rogar, de manera lenta comenzó a explorar con su lengua el interior de la boca de ella, deseando hundirse mas profundamente y conocer cada uno de sus deseos los cuales estaba dispuesto a cumplir si ella se lo permitía.

Lady Candice gimió al sentir la lengua de él moviéndose en el interior de su boca y de manera instintiva la suya adquirió vida propia y comenzó a explorar la boca masculina.

Como respuesta a la sensaciones vívidas, en un movimiento rápido y sin apartar sus labios de los de ella, Terry la subió en su regazo en donde Lady Candice pudo sentir lo duro de la entrepierna de él, sin acobardarse, rodeo su cuello con ambas manos dejándose llevar y permitiendo que él hiciera con ella lo que desease.

Terry apartó sus labios de los de ella y comenzó a besar su cuello, Lady Candice, echó la cabeza hacia atrás permitiéndole libre acceso, Terry deslizó su lengua hasta el nacimiento de sus senos, se detuvo, abrió sus ojos y miró el rostro de ella que se encontraba completamente sonrojado, sus ojos azules tan ardientes como el mismo fuego se posaron en los de ella en busca de que le dijera que se detuviese, pero lo que encontró fueron dos destellantes esmeraldas que ardían de deseo, de la misma manera que lo hacían sus azules ojos.

Ante la respuesta silencioso de ella, Terry sacó de manera delicada y lenta uno de sus senos y comenzó a formar círculos al rededor de este, provocando que el pezon se endureciera de manera deliciosamente dolorosa.

Lady Candice agradecía internamente que el sonido de los cascos del caballo ocultaran sus jadeos los cuales incrementaban con cada movimiento de la lengua de él.

Los labios de Terry se abrieron y tomó entre ellos el seno expuesto, chupándolo y lamiéndolo a su gusto.

Lady Candice se retorcía de placer en su regazo provocando con sus movimientos que la entrepierna de él se hinchara mas de lo que ya se encontraba.

Candy, no sé en que momento, pero pasó —decía él con la voz entrecortada —usted se incrustó en lo mas profundo de mi corazón aún cuando la creía un chico, pensé que me estaba volviendo loco y que ardería en el infierno, por sentir todo aquello que sentía por otro chico, pero cuando descubrí que usted era una hermosa joven y no un chico, agradecí a Dios que así fuera porque me había enamorado perdidamente de usted.

—¿Usted está enamorado de mi? —preguntó ella con la respiración agitada

—Como nunca antes lo he estado de nadie —respondió él con voz ronca y volviendo a tomar entre sus labios el seno de ella.

Una lágrima de alegría corrió por las mejillas de Lady Candice, Pony la había enviado en busca de su destino y ahora estaba segura que estaba en el lugar correcto.

Las traviesas y ávidas manos de Lord Terruce, subieron por debajo de la tela de la falda, un gemido ronco salió de su garganta al sentir la humedad de ella, dejándose llevar por el mar de pasión que los rodeaba, Terry comenzó a estimular la feminidad de ella con movimientos circulares de su dedo, provocando con aquellos tortuosos pero deliciosos movimientos que Lady Candice se partiera en mil pedazos y se convulsionara en su regazo.

El sonido de los cascos de los caballos bajando la velocidad, hizo que ambos regresaran del maravilloso mundo donde se habían perdido.

Terry ayudó a Lady Candice a acomodar su vestido mientras ella hacía lo propio con su cabellera dorada.

—Candy nada me complacería más que aceptara mi propuesta de matrimonio.

Candy sonrió de manera dulce.

—Me parece que después de lo que a pasado entre nosotros dentro de este carruaje no tengo otra opción, Milord —respondió ella mordiéndose el labio inferior.

Continuará...

—Yeiiii, por fin, por fin por fin, ambos se sinceraron

—Y vaya manera tan deliciosa la que utilizó Terry para convencer a Lady Candice

—Las estaré leyendo ;)