Los personajes de Candy, Candy no me pertenecen, son propiedad de sus creadoras Kioko Misuki y Yumiko Igarashi
Un Inesperado Encuentro
By Rossy Castaneda
Capítulo Trece
Con un beso en los labios, Terry le mostró a Lady Candice que todo estaría bien, ella por su parte acarició su rostro y tomados de la mano llamaron a la puerta de la Mansion de los antiguos Duques de York.
En cuanto el mayordomo los anunció, Lady Janet White y Lord Mathew White antiguos Duques de York se giraron.
Terry podía sentir las muestras de cariño de los antiguos Duques, mientras que Lady Candice Ardley se pegó mas a él, sintiéndose de pronto intimidada ante aquella pequeña multitud de desconocidos para ella.
Lord Mathew se acercó a Terry y lo abrazó, mientras que Lady Janet enfundada en un vestido celeste se abalanzó sobre la joven rubia.
—Candy, mi pequeña Candy
Lady Candice aspiró el aroma a rosas de la mujer que la envolvía en un cálido abrazo.
Sus brazos adquirieron vida propia, y se vio a si misma rodeando a la mujer que sollozaba en su hombro.
Lady Candice cerró los ojos y recordó los cálidos brazos de su madre, algo que había echado de menos durante tantos años.
Luego de la muerte de sus padres, su Tia Elroy solía abrazarla —¿En que momento las cosas cambiaron tan de repente entre ellas? —¿En que momento su Tia Elroy se había convertido en la mujer autoritaria que le quiso imponer un matrimonio que ella no deseaba?
Seguro algo había sucedido para que hiciera tal cosa...pero ¿que?
—Deja que te mire bien —dijo lady Janet, dando un paso atrás y apoyando las manos en los hombros de Candy.
Lady Candice hizo un escaneo visual, el rostro de lady Janet era suave y con muestras que los años no habían pasado en vano, su cabello aunque canoso era rizado, sus ojos eran verdes como los de su madre, Rosemary y los suyos
—Oh Mathew, mírala se parece tanto a Caroline cuando tenía su edad.
Lady Candice vio como un hombre alto, de hombros anchos y de cabellera blanca muy parecido a Albert se puso delante de ella.
—Si, es muy parecida —respondió el hombre mayor extendiendo su mano y acariciando el rostro de Lady Candice con dulzura infinita —Albert y Carl nos lo habían dicho, pero necesitábamos verlo con nuestros propios ojos —concluyó con la voz temblorosa y los ojos húmedos.
Los ojos de Lady Janet se humedecieron —¿Rosemary se te parece?
Lady Candice asintió —Si, solo que el color de su cabello es un poco mas oscuro que el mío.
—Y el pequeño Anthony, ¿Con quien se parece?
—A ambos padres —respondió Candy.
Sin previo aviso Lady Janet se abalanzó nuevamente sobre ella.
—Oh Candy, no tienes idea de cuanto tiempo hemos esperado para que se llegara este momento —Lady Janet sacó su pañuelo y sacudió su nariz —estamos tan felices que estes bien, hace unos días Albert nos puso al tanto de tu desaparición, tuvimos tanto miedo que te hubiese pasado algo —sollozó —pero gracias a Dios y a Terry que estas bien aquí frente a nosotros, sin un solo rasguño.
—Yo también estoy feliz de poder conocerlos y saber que soy bien recibida.
—Tantos años de espera han valido la pena —dijo Lord Mathew tomando su mano y besándola —esta es tu casa y siempre serás Bienvenida —la abrazó —Ven, te presentaré con el resto de la familia.
—Gracias, milord.
Lord Mathew palmeó su mano de manera suave.
—Nada me haría mas feliz que dejaras de llamarme de esa manera y en su lugar me dijeras abuelo o abuelito, si así lo deseas.
A Lady Candice le causó gracia ver el puchero que el hombre mayor le mostraba.
—De acuerdo, abuelo —suspiró —¡que bien se sentía!
—Así está mucho mejor.
Lady Candice tomó la mano de Terry y se dejó guiar por Lord Mathew, notando que todos dentro del lugar conversaban, reían y bromeaban, de pronto se sintió como si los conocía de siempre, el hambiente dentro de aquella casa era cálido, se respiraba una paz y armonía que a ella le hicieron falta durante los últimos días en Escocia.
Notó la enorme alegría en el rostro de sus dos abuelos, y fue imposible para ella no imaginar la cantidad de reuniones familiares que se había perdido durante toda su vida alejada de ellos, pero no se quejaba, sus padres habían hecho un excelente trabajo para que sus hermanos y ella jamás se sintieran solos.
Agradecía en gran manera el haberse sincerado con Terry ya que de no haberlo hecho no estaría en ese momento disfrutando del amor de sus abuelos maternos.
Lady Candice giró su rostro y le dedicó una dulce sonrisa a Terry en señal de agradecimiento.
Terry le devolvió la sonrisa y le dirigió un "Te Amo" con un movimiento de sus labios.
El corazón de la joven palpitó desenfrenadamente y tras morderse los labios le devolvió el gesto.
Terry sintió que su corazón se derretiría al leer aquellas dos palabras en los labios de ella.
—Ella es Janice, nuestra hija menor y él es su esposo Lord Nicolas, Conde de Oxford — Lord Mathew la presentó.
Terry se hizo a un lado en cuanto vio que Lady Janice se acercaba y al igual que Lady Janet lo hizo, se abalanzó sobre Lady Candice.
—Candy, que bueno tenerte entré nosotros después de tantos años.
—Gracias Ti...Tia Janice —sonrió
Lord Nicolas tomó su mano enguantada y depositó un beso en su dorso.
—Bienvenida a casa, milady
—Gracias, milord —musitó Lady Candice.
Las presentaciones continuaron y Lady Candice se preguntaba si sería capaz de retener tantos nombres y títulos nobiliarios.
—Aun faltan tus hijos, Janice —¿por cierto, en donde están?
Terry sonrió al imaginar los rostros de sorpresa de sus amigos en cuanto conocieran a Candy y se enteraran que era su prometida.
—Aquí —Gritaron ambos chicos al unísono.
—Terry que bueno tenerte de regreso en Londres.
—Tienes tantas cosas que contarnos, pillín —ambos sonrieron moviendo sus cejas mientras miraban a Lady Candice
—Hola Stair, Archie —Me da gusto verlos nuevamente
El carraspeo de la garganta de Lord Mathew hizo que ambos chicos erguieran su postura como un par de soldados al llamado de su comandante.
—Lo siento —musitaron ambos al unísono.
Terry tuvo que morderse los labios para no reír, siempre le parecía divertido ver como con un solo carraspeo, Lord Mathew era capaz de controlar a aquel par.
—Candy ellos son Stair y Archie, mis hijos —Lady Janice los presentó.
—Encantado de conocer finalmente a quien le puso fin a la soltería de nuestro escurridizo amigo —Dijo Archie ganándose una mirada reprobatoria de su madre la cual ignoró y prosiguió a depositar un beso en el dorso de la mano de Lady Candice de manera galante.
Candy se sonrojó.
—Archibald, compórtate —lo retó Lord Mathew.
—Pero si lo que he dicho es la verdad, abuelo.
—Aunque así sea, debes mostrar un poco mas de respeto por tu prima.
—Mi...prima —Archie presentó un ataque de tos.
—Así es, primito —musitó Terry entre dientes de manera burlona.
—Encantado de conocerla, milady —Stair sonrió de manera amigable.
—¿En donde están sus prometidas? —preguntó Lady Janet.
—Aquí están —Lady Karen se acercó junto a..
—Annie, Patty —los ojos de Lady Candice casi se salen de sus cuencas ante tan agradable sorpresa.
—Candy —respondieron ambas chicas al unísono lanzándose sobre ella.
—¡Oh Candy! —fuimos a buscarte a tu casa para invitarte a que nos acompañaras a Londres, y tu tía nos dijo que habías desaparecido, sentimos tanto miedo que te hubiese pasado algo —Annie comenzó a sollozar —se nos ocurrió ir a casa de Rosemary y cuando nos dijo que te habías venido a Londres, adelantamos nuestro viaje, pero una fuerte tormenta nos hizo detenernos en la posada de Gretna Green, le preguntamos a la dueña de la posada si la señorita Candice Ardley se había hospedado la noche anterior y cuando nos dijo que no, sentimos mucho temor que te hubiese ocurrido algo, fue entonces cuando un asqueroso hombre se acercó a nosotras y nos dijo que la persona que buscábamos estaba en muy buena compañía.
Las mejillas de Lady Candice se encendieron furiosamente al recordar lo bien acompañada que estaba ella aquellos días.
El nerviosismo de Terry no pasó desapercibido para Stair y Archie
—Así que nuestra prima estuvo en muy buena compañía ¡eh! —Stair le dio un codazo a Terry.
—¡Por todos los cielos! —dijo Archie de pronto, estallando en carcajadas —no me digas que tu eras el chico con el que vieron a Terry paseándose por Gretna Green.
¡Oh mi Dios! Las mejillas de Lady Candice estaban a punto de explotar
—Archibald —Lord Mathew lo reprendió nuevamente.
—Lord Mathew, Lady Janet —Terry llamó su atención —me gustaría hablar con ustedes en privado.
—Pasemos a la biblioteca —sugirió el hombre mayor.
Terry entrelazó su mano a la de Candy y juntos se encaminaron a la biblioteca.
—Creo que mis padres los han puesto al tanto de la manera como su nieta y yo nos conocimos —dijo Terry una vez se acomodaron en donde les indicaron lo hicieran.
—Si lo han hecho Terry y no sabes lo agradecidos que estamos que hayas sido precisamente tu quien cuidara de ella durante el resto del viaje —respondió el hombre mayor.
Terry se aclaró la garganta
—Su excelencia, durante nuestra primera noche en la posada de Gretna Green, sin tener la menor idea que se tratase de una dama, compartí la habitación con su nieta..
Lady Candice espero ver una mirada de reproche, pero no la hubo, en su lugar encontró un par de miradas comprensivas.
—Pero como comprenderán, cuando descubrí que la persona con la que había compartido la habitación por varios días se trataba en realidad de una joven, no podía quedarme como si nada había pasado, por esa razón le he propuesto matrimonio a vuestra nieta, por ningún motivo puedo permitirme que su nombre se vea envuelto en cualquier cotilleo puesto que como lo mencionó Archie, se me vio junto a ella en su compañía en Gretna Green.
Lord y Lady White recordaron la razón por la que su hija Caroline se había apartado de ellos.
—Candy, pequeña, ¿que piensas al respecto? , no queremos que te veas obligada a hacer algo que no deseas —Lord Mathew le dijo.
Candy entre lazó su enguantada mano a la de Terry, gesto que no pasó desapercibido por los antiguos Duques.
—Al principio me negué categóricamente a unir mi vida por deber y no por amor —respondió.
—¿Y que ha cambiado ahora? —preguntó el hombre mayor comprendiendo que algo había cambiado.
—Bueno ahora que sé que Terry me quiere de la misma manera como yo lo hago, he aceptado su propuesta.
Una enorme sonrisa de satisfacción se dibujó en los labios de Lady Janet, si su hija Caroline estuviera presente, estaría tan feliz como lo estaba ella de saber que su hija había encontrado a un buen muchacho que cuidaría de su hija menor y quien a demás la quería y era correspondido por ella.
—En ese caso, debemos hacer los preparativos para anunciar vuestro compromiso de manera oficial mañana mismo durante la fiesta que daremos aquí —propuso un feliz Lord Mathew.
—Agradezco el ofrecimiento, pero me gustaría aguardar hasta que Albert esté presente.
—En ese caso no debes esperar mas pequeña —dijo una voz conocida por Lady Candice ingresando a la estancia.
—¡Albert! —Lady Candice se puso en pie y como una pequeña niña se lanzó a los brazos abiertos de su hermano mayor.
—No he venido solo, afuera se encuentran Rosemary y su familia y además he traído a Tia Elroy con nosotros.
—¿Rosemary se encuentra aquí? —a Lady Janet se le cristalizaron los ojos.
Luego de las efusivas presentaciones, Lady Elroy se disculpó públicamente con Lady Candice por su proceder en el pasado, el rostro de la mujer realmente se veía compungido al imaginar que le hubiese sucedido algo malo a su sobrina por su causa.
—Candy, perdóname por haber provocado con mi testarudez que huyeras de casa.
Terry sintió de pronto que la ira inundó su ser al tener delante de sus ojos a la mujer que se había expresado tan mal de quien ahora era su prometida según las palabras de Carson y sin poder evitarlo, de manera protectora abrazó a Lady Candice y arremetió contra Lady Elroy.
—Como pudo expresarse tan mal de su sobrina —la enfrentó ante la mirada atónita de los presentes.
—No comprendo de que está hablando —se defendió Lady Elroy.
—Usted —dijo Terry con un dedo acusador —le dijo al asqueroso de Niel Leagan que su sobrina era una arpía.
La sorpresa de Lady Elroy ante aquella acusación fue notable.
—Yo jamás dije tal cosa —se defendió —¿de donde ha sacado semejante tontería?
—Carson dijo que usted se los había dicho a Niel y a él —espetó Terry.
—¿Quien es ese tal Carson? —en mi vida lo he visto.
—Es el mejor amigo de la persona con quien usted pretendía casar a su sobrina.
Lady Elroy cubrió su avergonzado rostro, Niel no solo la había engañado a ella sino que encima había inventado historias para manchar la reputación de su sobrina —¡Por Dios! ¿Como pudo estar tan ciega con respecto a Niel y a toda su familia? De no haber sido por Albert, ella seguiría engañada no solo por Niel, sino también por Sara quien le había metido tantas ideas en la cabeza convenciéndola que el compromiso entre Candy y Niel era la mejor opción para ambas familias y así lo aclaró poniendo fin a una montaña de mentiras.
Lady Candice había olvidado un pequeño detalle, el cual recordó de golpe.
—¿Sucede algo, pequeña? —¿Hay alguna cosa más que quieras comentar? —le preguntó solícito su abuelo.
Era mejor decírselo a su comprensivo abuelo ahora mismo para que no la forzaran a hacer algo que no podía.
—Bueno, la verdad es que yo... —dijo Lady Candice entre vergonzosos balbuceos.
—¿Tu que, Candy? —la animó Lord Mathew
—Yo no se bailar —respondió Lady Candice completamente avergonzada.
—¿Que no bailas? ¿Y por qué? —preguntó Lord Mathew sorprendido dirigiendo una mirada inquisitiva a Albert y éste asintió como única respuesta.
—Porque nunca me interesó aprender —musitó.
Todos a excepción de sus hermanos alzaron la cejas asombrados, pero luego dirigieron sus miradas en dirección a Terry.
—En ese caso, Terry te enseñará, es un excelente bailarín.
—¡Yo! —Exclamó un sorprendido Terry.
—Claro que eres un excelente bailarín —replicó Archie recordando que se las debía y que justo ahora iba a cobrárselas.
—No lo soy —respondió Terry.
—Oh vamos Terry, no seas modesto —sabes lo suficiente para enseñarle a Candy —Lady Karen dijo con burla, sabía que Terry no le gustaba bailar.
Terry los fulminó con la mirada.
—Vamos todos ahora mismo al salon de baile, pondremos música ahora mismo y no nos moveremos de aquel lugar hasta que Candy haya aprendido a bailar —dijo Lady Janet para sorpresa de Terry.
¡Diablos! Parecía como si todos se hubiesen confabulado en su contra.
Los primeros acordes de un vals se escucharon en todo el salón y sin quedarle mas remedio, pues Lady Janet lo observaba dejándole claro que cumpliría su amenaza, Terry hizo una reverencia y extendió su mano para invitar a Candy a bailar, estaba mas que claro que no era un excelente bailarín como todos aseguraban, pero al menos sabia todos los pasos y no quedaría avergonzado frente a todos y de paso le enseñaría a su prometida como moverse en la pista de baile.
—Muy bien —dijo lady Janet —comenzaremos con los pasos básicos.
Terry condujo a Candy hasta la pista de baile en donde eran observados por todos.
Lady Candice se sentía nerviosa, ser objeto de tantas miradas la estaban entorpeciendo, los pasos que se suponían eran los mas sencillos le estaban resultando tan difíciles, pues como no serlo, sintiendo la fuerza de los dedos de Terry sobre su cuerpo, la cercanía en la que se encontraban, la manera tan penetrante como la miraba mientras daban vueltas, su endiablada y encantadora sonrisa, aquellos dos bien marcados hoyuelos, ¡por Dios! Su traicionera mente trajo recuerdos de lo vivido horas atrás en el interior del carruaje, provocando que recordar los pasos de baile le resultaran mas difícil de lo que en realidad eran.
—Stair, Archie, acompáñenlos junto a sus prometidas, eso ayudará a Candy a sentirse menos observada —Ordenó Lord Mathew.
—Abuelo, pero es mejor que tengan todo el espacio para ellos —dijo Archie aguantando la risa, pues Lady Candice había pisoteado a Terry tres veces y él estaba disfrutando la cara de dolor de su amigo.
—¡Aush! —se quejó de pronto Archie al recibir un pisotón por parte de Annie.
—Está bien, está bien los acompañaremos.
—Candy, no olvides mover tus pies en sentido opuesto de las manecillas del reloj —le decía Lady Karen divertida al ver como su hermano mayor ahogaba un grito al ser pisoteado nuevamente.
—Lo siento —se disculpó —creo que la mejor posición es no bailar.
—Claro que no, Candy, aunque termine molido de tanto pisotón, usted aprenderá a bailar, por ningún motivo permitiré que mi prometida no disfrute de su gran noche —. Esta usted demasiado tensa, relájese, escuche la música, déjese guiar por ella y recordará los pasos fácilmente.
—Vamos Candy tu puedes —la animó Patty mientras daba vueltas junto a Stair.
Lady Candice inhaló profundamente e hizo todo cuanto Terry le decía y el resultado no se hizo esperar, finalmente y después de tres piezas de baile,consiguió moverse en sincronía con la música y se dejó guiar por Terry.
Cuando los últimos acordes del vals sonaron, Lady Candice estaba tan agotada que no pudo mantenerse erguida, aflojó su cuerpo y chocó en el firme pecho de Terry.
—Lo siento —se disculpó.
—Tranquila, no han habido daños colaterales —respondió él con una sonrisa en sus labios y un brillo en sus ojos, provocando que Lady Candice se sonrojara furiosamente al recordar una vez mas lo sucedido entre ellos horas atrás.
Todos en el salon de baile comenzaron a aplaudir al ver que finalmente había conseguido moverse al ritmo de la música.
—Bravo Candy, Lady Janet sonreía complacida —ya estas preparada para el baile de mañana en donde te presentaremos ante la sociedad Londinense como nuestra legítima nieta y futura esposa de Lord Terruce Grantchester.
Ver los rostros alegres de sus hermanos, su Tía Elroy e incluso la enorme sonrisa en los labios de su sobrino Anthony, llenó a Lady Candice de una paz inexplicable.
Gracias Pony, gracias por haberte aparecido en mi camino aquella tarde —se dijo para si.
Continuará...
