o0o. Recomendación Músical: I'm afraid to be alone - Staind


Capítulo 11: Guerra de orgullos y pasiones (Editado)

Hermione se quedó parada en el vestíbulo, aproximadamente durante cinco minutos después de que Malfoy se hubiera ido.

No podía parar de darle vueltas a la Promesa Inquebrantable que Snape le había hecho a Narcissa Black, por la cual, se vería obligado a matar a Dumbledore si Malfoy no era capaz. Y exactamente así habían sido las cosas.

Si no hubiera cumplido la promesa, posiblemente Malfoy estaría muerto, lo indudable es que Snape sí lo estaría. Romper la promesa conllevaba la muerte, de ahí el nombre.

Eso podría ser otro argumento a favor de la supuesta "inocencia" –por llamarlo de algún modo –de Snape, pero Hermione decidió no decírselo todavía a sus amigos. Podía prever a la perfección lo que sus amigos iban a decirle (¡PUES QUE NO HUBIERA HECHO ESA PUÑETERA PROMESA! ¡NADIE LE OBLIGÓ!) y ella no encontraba ningún modo de rebatir eso.

De cualquier modo, resolvió volver junto a sus amigos y en cuanto abrió la puerta de la cocina, la voz de una mujer llegó hasta sus oídos. Era la Señora Weasley.

Hermione se había olvidado por completo que el Señor Weasley les había avisado que su esposa trataría de ponerse en contacto con ellos por la chimenea.

—... lo sé —decía la Señora Weasley, su cabeza flotando en las llamas de la chimenea —el pobre Kingsley, iré a verle esta misma tarde. Sin duda ha de estar conmocionado por lo ocurrido... y con todas esas cosas que le dijo Snape, lo de Azkaban y lo de Rumania...

—¿Qué de Rumania? —inquirió Ron.

Hermione, colocándose al lado de sus amigos, pudo ver la expresión de la Señora Weasley. La expresión de alguien que acababa de hablar demasiado sin quererlo.

—No es nada... —musitó la mujer.

—Papá no nos dijo nada de Rumania —dijo Ron contrariado —¿Tiene que ver con Charlie?

—No, no, por Merlín... —se apresuró a negar la Señora Weasley —o al menos no lo creemos...

—¿Qué dijo exactamente ese cobarde de Snape? —inquirió Harry secamente.

—Arthur tenía una buena razón para no contártelo, Harry, tememos que sólo sea una trampa...

—¿El qué?

—Bueno —la señora Weasley titubeó unos instantes —Snape le pidió a Kingsley que le diera un mensaje para ti, Harry.

—¿Qué mensaje?

—"Dile a Potter que está en Rumanía. Allí hay uno".

—¿Un qué? —preguntó Ron confuso.

—No lo sé —dijo la Señora Weasley apesadumbrada —Snape no dijo nada más.


—Podría ser un horrocrux —dijo Hermione, media hora más tarde, sentada a la mesa de la cocina con sus dos amigos.

—Pero Snape no sabía de su existencia ¿no? —recordó Ron.

—Tal vez sí, no sería tan descabellado pensarlo —reflexionó Hermione, pensativa —es amante de las Artes Oscuras, y del mismo modo que Voldemort descubrió su existencia, él podría haberlo hecho también.

—Aún así, aunque supiera de la existencia de los Horrocruxes, ¿sabría también que Voldemort creó seis?

—Quizás sí.

—No creo que Voldemort se lo confiara —repuso Harry con rencor.

—Pero...¿y si fue Dumbledore quién se lo contó? Recuerda que fue Snape quien le atendió después de que entrara en la casa de los Gaunt para coger el horrocrux del anillo de Slytherin —señaló Hermione —pudo contárselo entonces.

—¿Y de ser así, qué? ¿Por qué iba a Snape a querer "ayudarme" en la búsqueda de los Horrocruxes? —preguntó Harry secamente.

—Bueno...

—Si vas a decirme que lo hace porqué en realidad sigue estando de nuestro lado, ahórratelo, Hermione —la atajó Harry con aspereza.

—¿Por qué no dejamos el tema de una vez? —intervino Ron —Creo que ya hemos tenido bastante por hoy, ¿no?

Hermione asintió y miró a Harry, pero éste tenía la vista fija en la chimenea y la chica sospechaba que rehuía su mirada. Sabía que estaba molesto con ella por haber sugerido si quiera la posibilidad de que Snape no fuera tan traidor como habían pensando y no pudo evitar sentirse algo dolida por ello. En silencio, dejó la mesa y salió de las cocinas.


Draco no podía dormir, el dolor de la Marca era demasiado fuerte en su antebrazo. La calavera y la serpiente se habían ennegrecido por completo hasta ser prácticamente tan sólo una mancha oscura, como si le hubieran quemado la piel. Y así se sentía.

La marca ardía, royendo su piel, horadando sus músculos y colándose hasta en sus huesos. Era un dolor constante, lacerante y no importaba lo que hiciera, no podía librarse de él. El dolor sólo se iba cuando se acudía a la llamada hecha por su Señor.

Pero él ya no lo haría. Prefería ese dolor a la muerte, y no olvidaba por qué poco –o por quién –se había librado de ella.

Se incorporó en la cama y apoyó la espalda contra el cabecero de madera tallada mientras se sujetaba el antebrazo de la Marca con su otra mano, hundiendo la piel en la muñeca como si así pudiera detener el dolor.

Apoyó la cabeza contra el cabecero, mirando hacia el techo y apretó los dientes hasta que sus mandíbulas se tensaron por completo. No pudo evitar que de sus labios se escapara un gemido lastimero, pero no era capaz de soportar más la sensación. Se iba a volver loco como continuara por demasiado tiempo.

Cuando creyó que iba a reventar de dolor, la puerta de su habitación se abrió y Granger se asomó por ella con un exiguo camisón azul pálido. Entró en la habitación, con sus piernas desnudas y visibles hasta un poco más allá de las rodillas por delante y Draco pensó que nunca se había imaginado que la sabelotodo usara ese tipo de camisones, que le quedaran así o que tuviera...un cuerpo humano y normal.

Y a juzgar por el modo en el que camisón se ondulaba en torno a sus muslos, los finos tirantes dejaban a la luz sus hombros y el escote revelaba hasta más allá de las clavículas, Draco podía apreciar que se trataba de un cuerpo...bonito.

La chica avanzó, con los ojos castaños fijos en él y se sentó en el borde de su cama. Draco se tensó aún más si cabe.

—¿Qué quieres? —preguntó ásperamente y su voz sonó parecida al ladrido de un perro.

—¿Estás bien? —le cuestionó ella con suavidad, mirándole atenta y piadosamente.

—Veamos... —Draco simuló meditar profundamente —la jodida Marca me está destrozando el brazo, no puedo dormir y tengo a una sangre sucia en mi cama...Sí, creo que estoy de maravilla.

Draco esperó que el insulto y su tono desdeñoso bastaran para ahuyentar a la chica, pero ella permaneció en el sitio y le miró con algo parecido a ternura. Como si atribuyera su comportamiento al dolor que estaba sintiendo, y en su inmensa generosidad se lo perdonara.

—¿A qué has venido, Granger? —preguntó irritado —¿A charlar un poco antes de domirte? —se burló —recuerda que tú y yo no hablamos.

—Eso no tendría por qué ser así —susurró ella.

—¿Vas a proponerme que seamos amiguitos? —ironizó él —yo no tengo amigos impuros. Están por debajo de mí.

Ella alzó el rostro orgullosamente hacia él y por el movimiento uno de los tirantes de su camisón resbaló por su hombro derecho. Draco se apretó más al cabecero de la cama automáticamente.

—¿Y quién no lo está, Malfoy? —preguntó ella ásperamente —te crees el Rey del Mundo, caminando con tus aires de grandeza y esa expresión de que el resto están vivos sólo para servirte, y en realidad no eres más que... —la chica se detuvo y le miró con decepción, como si se hubiera dado cuenta de que no merecía la pena perder el tiempo con él. Se giró e hizo ademán de ponerse en pie, pero Draco la sujetó por el brazo y la obligó a girarse hacia él con tanta fuerza que sus rostros quedaron a unos centímetros.

—¿No soy más qué...? —preguntó él con voz amenazadora, aumentando aún más la presión sobre el brazo de la chica. Obtenía un indigno placer de hundir los dedos en su piel, placer que se multiplicó cuando vio como ella se esforzaba en reprimir una mueca de dolor y le miraba como una leona orgullosa.

—No eres más que un naufrago —dijo ella —no fuiste lo suficiente valiente para tomar la decisión correcta en su momento y unirte a nosotros, pero tampoco fuiste capaz de seguir en el otro bando. Eres un cobarde, Malfoy, no eres uno de ellos pero tampoco uno de nosotros. Estás en tierra de nadie.

Draco arrugó los labios, furioso, y titubeó unos instantes buscando algo que decirle. Como no lo encontró, quiso hacerle daño y antes de darse cuenta, tiró de ella bruscamente hacia él, y aferrándola por el pelo con la mano del brazo marcado, apretó sus labios contra los de ella.

Al principio, no fue más que un choque de bocas, labio aplastándose contra labio, pero Draco mantuvo la presión únicamente para castigarla –no tenía nada que ver con que los labios de la chica fueran tan suaves y blandos y con que le despertaran una sensación placentera –sin embargo cuando ella dejó de revolverse para intentar liberarse, no fue capaz de apartarse.

Entreabrió los labios y acarició los de ella, humedeciéndolos con los suyos y con la punta de su lengua, hasta que la chica finalmente se rindió y con un escalofrío que recorrió todo su cuerpo, abrió su boca para él.

Entonces Draco hundió su lengua profundamente en la boca cálida de ella y la buscó. Se encontró con la lengua de ella, aún reacia y la aguijoneó y provocó, hasta que la chica le respondió furiosamente. El beso se tornó violento, rápido, delirante. Una guerra de orgullos y de pasiones.

Él la aferró con más fuerza por el pelo y el hombro, atrayéndola aún más hacía sí y ella le pasó una pierna por encima de la cintura, quedando sentada sobre él. Draco la besó con fuerza mientras deslizaba la mano desde su hombro por la espalda, acariciando su piel sobre la fina tela del camisón. Bajó y siguió bajando y entonces...se despertó.

—Coño —exclamó en cuanto abrió los ojos. Se quedó unos instantes tumbado, aturdido, con la piel humedecida por la transpiración mientras las imágenes de lo sucedido se pasaban una y otra vez por su mente, endureciendo su cuerpo.

Granger y él...no. Sacudió la cabeza y se incorporó, tratando de apartar rabiosamente de su mente los recuerdos de ese sueño.

Joder.

¿Qué demonios había sido eso? ¿Él besando a Granger? O mejor dicho, ¿él soñando con besar a Granger? ¿De ese modo?

Se llevó una mano a los labios de forma automática, como si quisiera encontrar en ellos alguna prueba de que no había sido sólo un sueño. A mitad de camino, se miró las yemas de los dedos y se preguntó qué diantres estaba haciendo.

Por Merlín, estaba desconcertado y aún tenía en su boca la sensación de estar besándola. La mera idea debía producirle asco pero no había sentido nada ni parecido al soñarlo, tampoco al recordarlo.

Se dijo que eso se debía a que había sido un sueño. En los sueños pasaban cosas ridículas y extrañas y nadie sabía por qué. Lo sueños no significaban nada, eran simplemente sueños.

Él y Granger...ridículo. Ella era una sangre sucia, Merlín, una criatura impura e inferior. Una sabelotodo repelente, comelibros y fea. Además de Gryffindor y la amiga del alma de su odiado San Potter. Eran miles de cosas las que hacían indeseable para él, y jamás había reparado en ella como miembro del sexo opuesto. Era simplemente Granger, un ser asexuado y molesto. Una empollona.

Y él jamás se fijaría en una sangre sucia.

Se obligó a recostarse de nuevo en la cama y le dio un puñetazo furioso a la almohada antes de apoyar la cabeza en ella.

Dormido, se dijo. Estaba dormido, sólo una había sido un sueño.

Y menudo jodido sueño.


Crookshanks saltó sobre la mesa y se acercó al cuenco de leche que la chica se había preparado para desayunar, olisqueando su contenido. Hermione dejó el libro de Magia Oscura que estaba ojeando sobre la cama y miró a su gato, que la observaba junto al boll pidiéndole mudo permiso para meter su hocico en él.

—Adelante —dijo la chica —olvidé subirte un poco de leche. Iré a por más.

Se levantó de la cama y salió de la habitación, masajeándose el pelo aún mojado después de la ducha que se había dado media hora atrás para librarlo de la humedad. Se quedó unos segundos distraída, bajo el dintel, tocándose el pelo hasta que un sonoro portazo la sobresaltó.

Malfoy acababa de salir de su cuarto y por lo visto se había levantado con el pie izquierdo, porque la expresión de su rostro denotaba enfado. La observó unos instantes, repasándola de arriba abajo con sus ojos grises, y después frunció los labios con desagrado.

Hermione se sintió molesta al ver la mueca del chico y arrugó el ceño.

—¿Qué mosca te ha picado? —le preguntó.

—Tú —respondió él con sequedad.

—¿Y se puede saber que he hecho ahora?

—Existir.

—Pues si eso te supone un problema, Malfoy, peor para ti —le espetó ella ofendida, y se alejó por el pasillo a zancadas. Draco la observó hasta que desapareció, fijándose en cierta zona de su anatomía en la que hasta entonces no había reparado, sorprendiéndose al comprobar que Hermione Grager tenía un culo precioso.

En el mismo instante en que el pensamiento se manifestó en su mente, agitó la cabeza como si quisiera desentenderse de él. Las cosas se estaban descontrolando. Sus jodidas hormonas se estaban volviendo locas.

Se apartó el flequillo de los ojos con rabia y trató de justificarse. El sueño... –mejor dicho, pesadilla –había sido una simple casualidad. Había soñado con la sabelotodo igual que podía haberlo hecho con Umbrigde y el hecho de que sus ojos se hubieran deslizado hasta territorios desconocidos era sólo consecuencia de eso; el que lo hubiera encontrado interesante se debía únicamente a esos ajustados vaqueros muggles –Merlin sabía que eran un buen invento –.

Sí, eso era todo.


Hermione subía por la oscura escalera, franqueada por las cabezas disecadas de elfos domésticos en una de sus paredes, sumida en sus pensamientos. Como acto reflejo, pasaba pegada a la pared opuesta a los macabros adornos de los elfos domésticos, aunque estaba demasiado abstraída para sentir el familiar escalofrío que la asolaba cada vez que los veía.

Se detuvo al llegar al rellano del primer piso y echó un vistazo al vacío pasillo más por costumbre que por otra cosa, antes de continuar descendiendo las escaleras. Pero un sonido extraño, como una especie de llanto amortiguado, la hizo detenerse en el segundo escalón.

Retrocedió y asomó la cabeza al pasillo del primer piso con cautela. Se mantuvo alerta durante unos segundos, esperando escuchar algún sonido y no fue hasta que empezó a relajarse, que oyó de nuevo un gemido estrangulado.

Asustada e intrigada, desanduvo sus pasos y se adentró en el pasillo, caminando con cautela mientras sacaba su varita del bolsillo trasero de sus vaqueros.

Inconscientemente, su respiración se había vuelto tan agitada y sus latidos tan acelerados que apenas podía oír nada más, pero el sonido se repitió, con más fuerza a medida que ella se aproximaba al salón.

Con sigilo, alargó una mano hasta el pomo en forma de serpiente de la puerta del salón y lo giró. Muy despacio, empujó la puerta lo suficiente para poder ver el interior del salón.

En un primer momento no vio nada que explicara los extraños sonidos, así que abrió un poco más la puerta y ahogó un gemido.

Malfoy estaba en el salón, encogido contra las cortinas de terciopelo verde musgo, pálido y con una mueca de horror en el rostro. Frente a él, arrojados sobre la polvorienta alfombra, había dos cuerpos inertes.

Hermione reconoció a Lucius y Narcisa Malfoy, pálidos, con el cabello extendido de cualquier manera por la alfombra, una mueca de pánico en el rostro y los ojos vacíos y fijos. Estaban muertos.

Y entonces comprendió lo que estaba pasando.

—Un Boggart —susurró. Acababa de comprender qué era lo que se había agitado en el cajón del escritorio un par de días atrás.

Draco se retorció y pareció querer fusionarse con las cortinas de tanto que se apretujó contra ellas. Tenía el rostro húmedo por las lágrimas, deformado en una mueca de absoluto terror, el pelo revuelto, los ojos rojos y un temblor en todo el cuerpo. Hermione se quedó tan sorprendida al verle así que por unos segundos no pudo reaccionar. Jamás había visto a Malfoy llorar y el descubrimiento la dejó completamente turbada. No es que lo considerara un ser insensible –bueno, no del todo –pero una parte de ella siempre había creído que nada podría afectarle hasta tal punto. Parecía siempre tan arrogante y seguro de sí mismo, con palabras hirientes y venenosas a punto de salir por la boca y su imperturbable gesto de superioridad pintado en el rostro que era realmente impactante descubrir que era un ser humano más.

Antes de que Hermione lograra sobreponerse a la impresión y actuar, el Boggart cambio de forma con un chasquido y ella ahogó un grito de horror.

Aunque nunca había tenido la ocasión de verle, Hermione lo reconoció en el acto. Era tal como Harry lo había descrito y su mera visión la llenó de tal miedo que la paralizó.

Ahí estaba, ante ellos, Lord Voldemort con su capa oscura ondeando en torno a él caprichosamente –a pesar de que no hubiera corriente –, la varita en alto y la muerte en los ojos rojos de serpiente.

—¡No! —gimoteó Draco ocultando el rostro tras sus rodillas y cubriéndose la cabeza con las manos al ver que el Señor Oscuro se aproximaba a él —Por favor...por favor...yo lo intenté...

Sólo el ver a Malfoy en ese estado, saco a Hermione de su propio pánico y apuntó rápidamente al supuesto Lord Oscuro con su varita.

—¡Riddikulo! —gritó.

De inmediato, el imponente Señor de las Tinieblas quedó reducido al tamaño de un lapicero, como una especie de muñeco en miniatura, y comenzó a agitar sus puños y a gritar con una voz estridente y chillona que curiosamente apenas era audible, antes de desaparecer con un chasquido.

Hermione dirigió entonces su atención al chico, que continuaba encogido sobre sí mismo, temblando y con los ojos húmedos, y sintió una profunda compasión por él. Mientras se acercaba, Hermione pensó por primera vez que él debía de estar pasándolo horriblemente mal, mucho más de lo que imaginaba. El Señor Oscuro y sus seguidores lo perseguían por traición, su padre estaba encerrado en Azkaban y su madre sola, y sobre todos pesaba la amenaza de la muerte y la sombra del Señor Oscuro. Hermione recordaba que Malfoy le había confesado a Dumbledore que Voldemort había amenazado con matarle a él y a su familia si no cumplía la misión que le habían encomendado. Y todos sabían que no lo había hecho.

Cuando lo encontró en aquel edificio ruinoso, Hermione estableció vagamente una conexión entre eso y el hecho de que él estuviera a las puertas de la muerte. Suponía que Voldemort le había castigado por fallar en su misión pero hasta ese momento nunca se había preguntando hasta donde se extendería su castigo. Y a juzgar por lo que acababa de ver, Hermione supo que Malfoy temía por la suerte de sus padres.

Él ni siquiera parecía haberse percatado de que el boggart había desaparecido y que estaban solos en el salón. Continuaba inmóvil y abrazado a sus rodillas, estremeciéndose de vez en cuando. Hermione se arrodilló frente a él con expresión compasiva y despacio, alargó una mano para tocarle un hombro. Draco se estremeció en cuanto sintió el contacto de los dedos de la chica y trató de zafarse de su mano desesperadamente con una mueca de horror en el rostro y los ojos cerrados, como si peleara a ciegas contra un fantasma.

Hermione apartó la mano, sintiendo como se le partía el corazón.

—Malfoy —susurró con suavidad como si estuviera hablándole a un animalillo herido —todo está bien. Él se ha ido, estamos sólo tú y yo. No puede hacerte daño.

Draco respiró ahogadamente un par de veces y después se quedó quieto, muy quieto. Despacio, alzó el rostro y pudo ver a Granger, arrodillada frente a él y mirándole con lastima.

Entonces, poco a poco, regresó en sí y se sintió furioso, humillado y a la vez aterrado. Aterrado por lo que acaba de suceder, furioso porque ella le hubiera visto en semejantes condiciones y humillado por la compasión que veía en sus ojos.

Con rabia, se limpió las lágrimas del rostro y se puso en pie, recomponiéndose como pudo. Hermione se levantó también del suelo y lo miró atentamente, como si temiera que fuera derrumbarse, lo que sólo logró enervar más a Draco.

Se sentía tan avergonzado y ridículo, tan vulnerable y aterrado aún, que se puso en pie rápidamente y apartó a la chica con brusquedad para salir corriendo de la estancia.

Hermione apenas tuvo tiempo de seguirle con la mirada antes de que la puerta del salón se cerrara de un portazo.


Hola lindas ;)
Aquí está el once y como prometí, ha habido más Dramione, de hecho casi todo ha sido de eso Incluso ha habido un beso (aunque sólo en los sueños de Draco) pero ya empieza a tener sueños eróticos festivos con Hermione y a fijarse en su culo xD mujajajaja. Pero a parte de eso, han pasado dos cosas importantes: Ya sabemos cual era el mensaje de Snape para Harry: "Dile a Potter que está en Rumanía. Allí hay uno". Se aceptan teorías aunque creo que es muy fácil (no se me da mucho eso de ser misteriosa xp). Y por último, ya habéis visto el peor miedo de Draco (pobrecín) que maten a sus padres y que Voldemort vaya por él (normal). Con todas las preocupaciones y miedos que tiene encima, cualquiera le culpa por ser tan cabrón

Espero que la canción os haya gustado porque es de mis favoritas de Staind (amo a ese grupo ;).

Por cierto, siento no haberos sobornado en el chapter anterior, os juro que se me olvidó xddd La aclaración sobre el soborno iba por Rosarito, no por ninguna de vosotras. No quería decir su nombre por no darle importancia pero es que ha dado lugar a varias confusiones, así que así queda zanjado :)

Como siempre muchísimas gracias por vuestro apoyo :) más de 500 reviews :Dry con ojitos brillantes: me hacéis muy feliz :)

Gracias en especial para las que me dejaron review en el anterior (a pesar de no haberos sobornado jajaja):

Annkora, Ear :), Dubhesigrid, Amber Nixie, Sweetangel-M, princesaartemisa, millicentgranger, damari, , Conny-hp, Yeire, Veroli, Soerag Malfoy, Almendra, Tfy, rOBerto Pardo, Emily Dumbledore, SandritaGranger, PauMalfoy, yanhira, selegna, mariapotter2002, Lyann Jade, galletaa, Vero Felton mx, Hermi - SsS, oromalfoy, Elea, waterflai, Tifanny, Fer Cornamenta, alella, micropuff, Edoras, soll, Euridicee.e, Paola Lissete, estefi, Kirara-Chan69, sybilla, FairyMoka, pansy936, antoo, vangu, Pajaro-de-fuego, Sakura-Granger (gracias xd lo había echado de menos!), .Vegeta, Ailed, Ekhi!

Muchísimas gracias!

Con cariño, Dry!

pd: Dadle al "Go" para que Draco/Harry/Ron/Sirius (el que sea que os vuelva locas) aparezca con una manta y mucho chocolate para mimaros y malcriaros en vuestros días :)