Los personajes de Candy, Candy no me pertenecen, son propiedad de sus creadoras Kioko Misuki y Yumiko Igarashi

Un Inesperado Encuentro

By Rossy Castaneda

Capítulo Dieciséis

Luego del escándalo que protagonizaron Lady Susana y Lord Niel, cuando por fin las aguas comenzaban a retomar su caudal la llegada de un inesperado invitado las alborotó nuevamente.

Todas las jóvenes en edad casadera se arremolinaron alrededor de él.

Lady Annie y Lady Patricia abrieron sus ojos como platos, al reconocer al alto hombre de cabellos negros, ojos azules de expresión dulce y una sonrisa amable.

—¡Michael! —dijeron al unísono —¿que hacía él aquí?

El Marqués Michael Braxton hijo mayor de los Duques de Edimburgo y primo de Lady Annabella Britter, era uno de los muchos jóvenes de la nobleza Escocesa que estaban enamorados de Lady Candice Ardley y quien aguardaba pacientemente a que ella se dignara a mirarlo con otros ojos, muy diferentes a los que la joven le mostraba.

Él no estaba interesado en su amistad, ni mucho menos en el cariño de hermanos que ella le mostraba, el quería más que eso, él quería su corazón.

Durante años guardó celosamente sus sentimientos y se conformaba con la amistad de la muchacha, pero no daba por perdido el poder conquistar su corazón con el pasar de los años y la convivencia.

Durante los fines de semana y con la excusa de compartir tiempo con su familia materna, Lord Michael solía instalarse en la mansión Britter sabiendo de sobra que la dulce Lady Candice Ardley llegaría a visitar a su prima Annie en compañía de su otra amiga Lady Patricia O'brian.

A él no le importaba tener que soportar las largas horas yendo de tienda en tienda y cargar la gran cantidad de paquetes que Lady Annie, abusando de su amabilidad y sabiendo de sobra la razón por la cual él las acompañaba, acumulaba en sus brazos.

Finalmente se armó de valor y declaró su amor a Lady Candice, pero ella lo rechazó, y le dejó claro que el único sentimiento que ella sentía por él era amor de hermanos, aquello hirió profundamente su corazón y provocó que se alejara.

Con el pasar del tiempo aceptó su rechazo comprendiendo que el amor es un sentimiento que nace y no se impone; fue así como meses mas tarde, retomó sus visitas a casa de sus tíos y se encontró con la noticia que Lady Candice había huido de su casa en dirección a Londres para ir en busca de su hermano mayor, tras los intentos de su tia de comprometerla con un sin vergüenza calavera de la nobleza Inglesa y que su prima junto a su amiga Patty habían adelantado su viaje a Londres para ir en su búsqueda.

Mientras salía de la casa de sus tíos, Lord Michael se encontró con Dorothy, una joven mucama que trabajaba en casa de Lady Rosemary, hermana mayor de Lady Candice, y tras preguntarle mas detalles con respecto a la situación de Lady Candice, Dorothy quien conocía al joven marqués lo puso al tanto de todo y ahora un día mas tarde se encontraba ahí en la mansión de los Duques de York para felicitar a Lady Candice por su compromiso.

—¿Michael que haces Aquí? Una nerviosa Lady Annie se acercó a él

—Hola prima también me da gusto verte después de tanto tiempo —ironizó

—Mike guarda tus ironías para otro momento y mejor dime de una vez que estas haciendo aquí

—Vine para felicitar a Candy

—¿Felicitarla? —La expresión de Lady Annie era de incredulidad ante las palabras pronunciadas por su primo ya que ella sabía de sobra los sentimientos que el marqués de Edimburgo albergaba por su amiga.

—Quita esa cara —Michael esbozó una sonrisa —finalmente he comprendido que no puedo obligar a Candy a sentir algo que no sea cariño de hermanos.

Los hombros de Lady Annie se relajaron al escuchar esas últimas palabras.

—¿Donde se encuentra ella ahora? —pregunto el pelinegro mientras barria con su mirada el salón de baile

—Debe estar con su prometido —respondió Lady Annie más relajada

—¡Michael! —La voz de Albert hizo que el joven marqués se girará —que bueno tenerte aquí

—Hola Albert —saludo el joven a su amigo —vine en cuanto me enteré —le informó.

—Me da gusto que lo hayas hecho, Candy estará feliz de verte.

—Ya lo creo —respondió con una cálida sonrisa

Lady Candice ingresaba al salón de baile del brazo de Terry, su alegría fue tan grande cuando vio a Michael junto a Albert, dejándose llevar por la emoción de ver a si amigo de la infancia después de tanto tiempo de mo verlo, se soltó del brazo de Terry y con pasos apresurados llegó hasta ellos.

—¡Mike!, que alegría tenerte aquí

¿Mike? —¿Que demonios? —Terry frunció el ceño ante tanta muestra de cariño.

¿Quién demonios era ese zoquete, de donde había salido y por qué su prometida se mostraba tan feliz?

—Hola Candy —respondió el recién llegado besando el dorso de la mano enguantada de ella.

¿Candy? ¿La había llamado Candy?sus ojos azules destrellaron fuego

—Que alegría verte después de tanto tiempo.

Los ojos de Terry se abrieron como platos.

¿Su prometida estaba feliz de verlo?

Sin medir una palabra Terry se dio media vuelta, no le apetecía ver la cara de felicidad de su prometida por alguien que no fuera él.

—Terry, te presento a...—Lady Candice enmudeció al ver como Terry se alejaba.

—Me temo que te he causado un disgusto con tu prometido.

—Hablaré con él luego —respondió la joven en un susurro.

Terry dirigió sus pasos hasta el area de las bebidas, necesita algo fuerte que le ayudara a controlar la furia que corría por sus venas.

—Hola Terry

Terry se giró al escuchar que lo llamaban para encontrarse con su hermana Karen y la mejor amiga de esta.

—Déjame felicitarte por tu compromiso, quien lo diría ¡eh! —Lady Nicole le sonrió.

Lady Nicole Hathaway era la única hija de Lord Robert y Lady Elaine Hathaway, Condes de Devonshire, una chica voluntarioso y decidida quien se negaba a seguir las reglas que la sociedad imponía y disfrutaba de su vida campestre.

—Hola Nickie no sabía que estabas en Londres.

—Pues ya ves, he venido.

—No imagino lo que Lord Robert tuvo hacer para que aceptaras venir.

—La verdad no hizo nada, fui yo quien decidió venir en cuanto los cotilleos llegaron a nuestra casa de campo y quise comprobar con mis propios ojos que tan ciertos eran —sonrió de manera cálida —y no sabes la alegría que me dio cuando Karen me confirmo esta mañana que todo era cierto.

Los acordes de un vals sonaron

—Me permites está pieza de baile —Terry extendió su mano.

Lady Nicole y Lady Karen lo miraron con sorpresa

—Y tú prometida ¿no se molestará si nos ve bailando? —preguntó la joven castaña.

—No tiene porque hacerlo, ella está haciendo lo mismo con ese zoquete —respondió señalando la pista de baile en donde Lady Candice bailaba con Lord Michael.

Lady Nicole y Lady Karen se mordieron los labios para evitar reírse, Lady Patricia ya le había dicho quien era el joven que acababa de llegar y era más que evidente para ellas que Terry está celoso.

—Pero es un zoquete muy apuesto —respondió Lady Karen mirando al joven pelinegro.

Terry rodó los ojos.

—No sé que le ves de apuesto —dijo torciendo el gesto.

Lady Nicole rió entre dientes.

Terry sabia que cuando aquel par de chicas se juntaban tenía la partida perdida.

—¿Bailaras conmigo o no?

—Si claro, yo seré tu chivo expiatorio.

—¿A que te refieres? —preguntó él con ceño fruncido.

—Oh vamos hermano, no hace falta que finjas demencia con nosotras, es más que evidente que quieres demostrarle a Candy que si ella baila con alguien más, tu puedes hacer lo mismo .

¡Infiernos! Por que demonios su hermana tenía que ser tan perspicaz.

—Está bien, está bien lo aceptó, estoy cabreado.

—Dime algo que no sepa —respondió Lady Nicole con sorna provocando que Lady Karen se carcajeara —pero acepto bailar contigo, sería un pecado no hacerlo —le guiñó un ojo cómplice.

El último acorde del vals sonó y Lady Candice se disculpó con Lord Michael.

—Iré por Terry ahora y os presentare —Lady Candice sonrió —se que se llevaran muy bien.

Lady Candice comenzó a moverse entre la multitud hasta llegar en donde se encontraban sus amigas, sus primos y Lady Karen quien se le había unido.

—¿Han visto a Terry, tengo ratos buscándolo por todo el salon de baile?.

Todos negaron con la cabeza.

—A quien si hemos visto es tu hermano, quien al parecer ha encontrado pareja.

Lady Candice se giró para comprobar lo que sus amigos decían y cuando lo hizo sus ojos no solo vieron a su hermano sino a Terry quien bailaba amenamente con una joven castaña.

—¿Quien es ella? —preguntó la joven rubia sin parpadear siquiera.

—¿A quien te refieres? ¿A la que baila con Albert o la que lo hace con Terry? —Preguntó Patty al darse cuenta que su amiga había encontrado a quien buscaba y no lo había encontrado solo precisamente.

—A la que joven que baila con mi hermano, naturalmente —respondió Lady Candice sin apartar la mirada de Terry y su acompañante.

—Es Lady Bárbara Kelly, hermana mayor de Arthur —respondió Lady Karen y tras notar la mirada furiosa de su cuñada se acercó a ella —No te preocupes Candy —le dijo Lady Karen dándole un golpecito en el hombro —. Lady Nicole es mi amiga.

—¿Quién es lady Nicole? —preguntó la rubia fingiendo demencia.

—La chica que está con Terry —respondió Lady Annie señalando al grupo que estaba bailando, a la que taladraste con la mirada hace un momento como si fuera a robarte a tu prometido.

Todos comenzaron a reír al ver como las mejillas de Lady Candice se tornaban mas rojas que de costumbre al punto que eran capaces de encender una hoguera.

—Ha venido a Londres solo para felicitarlos por su compromiso —Lady Karen explicó

—Entiendo —musitó Lady Candice avergonzada.

—Candy creo que el zoquete de Terry está celoso de tu amigo —dijo Stair.

—De Michael —Lady Candice sonrió y miró hacia la pista de baile en donde la mirada de Terry se cruzó con la de ella y al notar que la mirada de él era desafiante, se puso seria de pronto.

—Ah si —respondió ella sin apartar la mirada de él —y deduzco que quiso pagarme con la misma moneda al llevar a la amiga de Karen a la pista de baile.

Stair guardó silencio al darse cuenta de su indiscreción.

Lady Nicole y Terry se acercaron a ellos en cuanto la música se detuvo.

—Tenemos que hablar, ahora —sentenció Lady Candice con frialdad.

Terry abrió los ojos con sorpresa ante el tono autoritario de ella.

—Prepárate Grantchester, porque seguro mi prima te arrancará las pelotas —le susurró Archie muy cerca de su oido para que solo él escuchara.

Terry abrió la puerta de la biblioteca y permitió que Lady Candice ingresará primero.

—¿Que fue todo eso? —reclamó la joven rubia poniendo sus manos en jarra.

—¿Que cosa? —preguntó él ladeando el rostro.

—Me abandonas en mitad del salon de baile y luego bailas tan amenamente con otra chica como si eso fuera lo mas normal del mundo.

—Usted hizo lo mismo —se defendió él.

—Ah si claro! Y su orgullo de macho se vio afectado.

—Que quería que hiciera, que me quedara como un completo imbécil siendo testigo como mi prometida le sonreía a otro que no era yo.

—Como un imbécil se comportó al marcharse de la manera que lo hizo, Milord —arremetió ella.

—Ahora resulta que yo soy un imbécil —dijo incrédulo

—Solo repito sus propias palabras, Milord.

—Deje de llamarme de esa manera —alzó la voz un poco mas de lo debido

—Cuide la manera como me habla, no voy a permitir que...

—El que no va a permitir ser señalado como un cornudo en su noche de compromiso soy yo, Milady —la interrumpió él.

—¡Cornudo! —bufó ella —y que le hace pensar tal estupidez porque yo no le dado motivo alguno

—¡Ah no! Y que me dice de la manera tan confianzuda como ese zoquete se dirige a usted?

—Si no me hubiese dejado plantada a mitad del salon de baile se habría enterado que ese zoquete como usted lo llama es Lord Michael Boxton, marques de Edimburgo, primo de Lady Annie y mi amigo de la infancia.

Terry tuvo dificultad para tragar su propia saliva, sus malditos celos lo habían orillado a hacer el papel mas espantoso de su vida.

—Candy yoooo...

Lady Candice alzó la mano para hacerlo callar.

—Una relación que carece de confianza es destinada al fracaso y yo no quiero eso en mi vida.

—¿Esta...rompiendo nuestro compromiso? —preguntó aterrado de escuchar la respuesta.

—¿Tengo otra opción?

—Candy no puede hacer eso.

—Por supuesto que puedo —respondió ella con enfado.

—Soy un idiota lo sé, no debí dejarme llevar por los celos.

—Menos mal que lo reconoce —dijo ella con frialdad.

—Dígame que debo hacer para que me perdone.

Una voz dentro de ella comenzó a taladrar su cabeza —. " TU TAMBIÉN PENSASTE LO MISMO CUANDO LO VISTE BAILANDO CON AQUELLA JOVEN, ASÍ QUE NO TE HAGAS LA MUY DIGNA" —Lady Candice sacudió la cabeza.

Era verdad, ella también se sintió furiosa cuando lo vio bailando y sonriéndole a otra chica que no era ella.

—Tendrá que hacer tres cosas —dijo —la primera —enumeró con uno de sus dedos —debes comenzar a tutearme a partir de este momento porque yo comenzaré hacer lo mismo —la segunda debemos tenernos confianza para que esta situación no se repita

Terry asintió —¿y la tercera? —preguntó

—Esa es la más principal de las tres —respondió ella haciendo un ademán con su dedo índice para que él se acercara a ella —debes besarme ahora mismo como lo hiciste ayer en la plaza pública.

La sonrisa de Terry llegó hasta sus orejas.

—Será un placer, milady, sus deseos son ordenes para mi.

Los labios de Terry se posaron suavemente sobre los de ella, el beso les resultó tan agradable como el compartido en la plaza la mañana anterior.

Cuando los labios de él se apartaron de los suyos Lady Candice se apretó a él en señal de protesta

Sin hacerse del rogar, Terry unió su boca a la de ella una vez mas, incrementando el fuego que había desatado dentro de ella con aquel primer beso y lo sucedido dentro del carruaje.

La lengua de Terry tocó sus labios en la espera a que ella abriera la boca y le permitiera explorarla y lo hizo.

Terry comenzó acariciar el interior de su boca, sobre todo su lengua.

Lady Candice se pegó aún más contra él, quería tenerlo mas cerca de lo que estaba —;deslizó sus dedos bajo el chaleco tocándole la camisa.

Terry levantó la cabeza agarrando sus manos y colocándoselas sobre el pecho; respiraba entrecortadamente

—Tenemos que volver al salón de baile, Candy, hemos estado demasiado tiempo fuera —acertó a decir Terry.

Lady Candice no respondió, pues sus ojos verdes estaban contemplando el pecho masculino y recordando lo sucedido entre ellos dentro del carruaje.

Terry tomó su mentón y la obligó a que lo viera

—No debes pensar en eso ahora Candy

—¿Sabes que estoy pensando? —Preguntó ella sintiendo una oleada de calor recorrer todo su cuerpo.

—Si —respondió él —porque yo estoy pensando exactamente lo mismo —sonrió de medio lado —aunque te aseguro que yo lo hago con mas detalles.

—Dime, dime, que estoy pensando —lo animó ella.

—Creo que lo mejor es que no lo sepas —respondió él riendo entre dientes.

—Pero mi curiosidad aumenta en tanto tu te niegas a decírmelo —respondió ella pegándose mas a él, sintiendo el delicioso bulto que se había formado dentro de sus pantalones —y no me moveré de aquí hasta que sacie mi curiosidad.

—Te aseguro que cuando estemos casados saciaré todas y cada una de tus curiosidades entre otras cosas —su tono fue ronco —entonces tu te mostraras a mi tal y cual eres, me mostraras tu pasión, inteligencia y sobre todo tu valentía —le guiñó un ojo —eres una excelente alumna, has aprendido a besar y lo haces deliciosamente bien —tocó su nariz.

—Tengo el mejor de los maestros —respondió ella mordiéndose el labio inferior.

Terry sonrió

—Ahora regresa al salón de baile Candy, yo me quedaré aquí unos minutos más para refrescarme la...cabeza que está algo recalentada —le dijo riendo entre dientes.

Lady Candice miró hacia abajo. Sí, perecía que todavía tenía la ...cabeza..algo recalentada.

—Vete, Candy, por favor, o me avergonzaré de mí mismo —sus palabras fueron un ruego que ella atendió.

Con un brillo travieso en sus ojos, Lady Candice regresó al salon de baile.

—¿Todo bien? —le preguntó Annie en cuanto se les unió.

—De maravilla —respondió ella con una amplia sonrisa —veo que no solo Albert ha encontrado una pareja de baile —dijo mirando hacia donde Michael bailaba junto a una sonriente Lady Nicole.

—Creo que cupido ha hecho de las suyas esta noche —dijo Lady Karen quien estaba muy pegada a Lord Arthur.

—Ya lo creo —Lady Candice sonrió —aunque no debemos olvidar que nosotros le dimos una buena ayudadita con aquel par de sin vergüenzas.

Todos comenzaron a reír al recordar la escena que estaban seguros ocuparía un buen espacio en la sección de cotilleos de los periódicos Londinenses.

—¿Niel que haremos ahora?

—Vengarnos Susana, esto no se quedará así, le daremos a Terry donde mas le duele.

Continuará...