—Por cierto, hay un boggart en el cajón del escritorio del Salón —dijo Hermione llevándose un vaso de agua a los labios.
—¿Otra vez? —preguntó Ron mientras se peleaba, armado con cuchillo y tenedor, con un filete demasiado pasado que él mismo se había cocinado.
—Sí —dijo Hermione —Anteayer... —se detuvo con el tenedor a dos centímetros de la boca, recordando de golpe el misterio de Regulus Arcturus —¡R.A.B.!
—¿Qué? —preguntó Harry confundido.
—¡R.A.B.! ¡Creo que ya sé quien es, Harry! ¡El hermano de Sirius!
—¿Regulus Black?
—¡Regulus Arcturus Black! R.A.B...todo concuerda...
—Sirius dijo que se había arrepentido de unirse a los mortífagos... —recordó Harry.
—No sé —dijo Ron pensativo —por lo que Sirius dijo era muy joven y algo estúpido...no creo que él fuera capaz de conseguir el guardapelo...además, ¿cómo se enteró de la existencia de los Horrocruxes?
—Era un mortífago —señaló Harry.
—Pero no parece que fuera precisamente la mano derecha de el-que-no-debe-ser-nombrado.
—Tampoco creo que alguien que llegó a ser la mano derecha de Voldemort le traicionara —dijo Harry.
—Además —intervino Hermione —que sepamos, Regulus es el único mortífago que desertó (o lo intentó) de las líneas de Voldemort. Los demás murieron, fueron a la cárcel o fingieron estar bajo el efecto de maldiciones cuando Voldemort desapareció. Sé que no es una teoría muy sólida, pero es la única que tenemos...
Se hizo un silencio en el que los tres amigos pensaban en lo hablado y al cabo, Hermione apuró todo el contenido de su vaso y se puso en pie.
—¿A dónde vas? —preguntó Harry.
—A la biblioteca, quizás encuentre algo sobre Regulus, después de todo vivió aquí —dijo y se alejó.
—Igual que cuando estábamos en Hogwarts —comentó Ron con un suspiro de añoranza.
Hermione subió corriendo por las escaleras del primer piso, pegándose al lado de la pared en el que no había cabezas disecadas de elfos domésticos y tomó nota mental de pedirle a Harry que le permitiera retirarlas. Cuando llegó al tercer piso se detuvo para recuperar el resuello antes de subir el último tramo de escaleras, pero unos pasos al fondo del pasillo llamaron su atención. Levantó la vista para ver a Malfoy saliendo del baño que había al fondo con unos pantalones negros y una camisa de seda del mismo color con los primeros botones abiertos. Su pelo mojado, cayéndole sobre la cara, delataba que acaba de ducharse y todo él emanaba un olor que aún desde el fondo de pasillo llegó a la nariz de Hermione.
Su colonia. La reconoció en el acto, era el mismo aroma que dejaba a su paso cada vez que se lo cruzaba por los pasillos de Hogwarts o se sentaban cerca en alguna clase. Hermione detestaba a ese tipo de personas que se bañaban en colonia pero debía reconocer que la de Malfoy olía odiosamente bien.
No sabría describir su olor y estaba segura de que no lo había olido en ninguna otra parte, pero si tenía que definirlo con una palabra esa era elegante. Hermione estaba segura de que era un perfume mágico carísimo, y a juzgar por el modo en que Draco Malfoy empezaba a parecerse un miembro del sexo opuesto –y debía de reconocer que nada feo –se preguntó si tendría alguna propiedad especial. Unas gotas de Amortentia quizás.
—Sé que soy irresistible, pero vas a gastarme de tanto mirarme, Granger —dijo él con una medio sonrisa cargada de picardía. Hermione parpadeó y le miró ceñuda.
—Te encontraba más irresistible cuando parecías un leñador —mintió con tono remilgado.
—Eso es porque no tienes sentido del gusto.
—Ni tú de las cantidades. Te he olido antes que verte —replicó ella.
Draco pensó en darle alguna réplica cruel acerca de que usaba tanta colonia para no percibir su olor a impura, pero por alguna razón, el comentario se quedó atascado en su garganta. Las cosas habían cambiado entre ellos, al menos por su parte, después de que ella se hubiera encargado de que su madre supiera que estaba bien y además le hubiera conseguido algunas de sus pertenencias. Una diminutiva, nimia, casi inexistente y en voz alta negada parte de él, se sentía ligeramente, muy ligeramente, a... agradecida.
—¿Acaso no te gusta, Granger? —preguntó, cambiando de táctica. Si no era capaz de ser cruel, siempre podía tratar de torturarla por otros medios, por ejemplo, desconcertándola. Y ciertamente le encantaba turbar a la mojigata y recta Granger. Se acercó por el pasillo hacia ella y la chica se limitó a quedarse parada en el sitio, observándole con desconfianza.
—Empieza a dolerme la cabeza —respondió ella mordazmente. Draco soltó una carcajada y se detuvo a un par de pasos de ella.
—¿Quieres saber cómo se llama mi colonia? —preguntó él, inclinándose apenas sobre ella para dejar caer las palabras cerca de su oído. Hermione se tensó cuando sintió la caricia de su aliento en la oreja derecha y frunció el ceño.
—¿Prepotente Vanidoso? –sugirió.
Draco rió de nuevo. Debía de reconocer que esa sabelotodo era ingeniosa. Y no se echaba a temblar cuando él estaba cerca lo cual no sabía si le ofendía o le resultaba interesante. Ambas cosas posiblemente.
—Eso son mi nombre y apellidos.
—¿Petulante entonces?
—Mi segundo nombre —dijo él, sonriendo muy lentamente de lado y se acercó un poco más.
—¿Y bien? —le instó ella, claramente impaciente e incómoda. Ya se había pegado por completo a la pared y lanzaba miradas fugaces a ambos lados como si buscara una vía escapatoria.
—Seducción —dijo él con voz sugerente. Hermione le miró con incredulidad y después se apretó un poco más contra la pared, incómoda. No le gustaba el cariz que estaba tomado la conversación y no quería entrar en el trapo de las provocaciones. A ella no se le daban bien esas cosas.
Miró a Malfoy, cohibida, dispuesta a murmurar algo y largarse corriendo, pero la sonrisa de suficiencia y superioridad que vio en su rostro la enervó de tal modo, que se incorporó de la pared y le desafió con el rostro.
—¿Y para qué te echas tanta entonces? ¿Para seducir a Harry o a Ron? ¿O tal vez a mí? —le espetó, molesta. Draco se acercó un poco más de modo que sus labios quedaron unos centímetros por encima de la punta de la nariz de Granger, apuntando hacia el techo de tan alta que tenía la cabeza con gesto obstinado. La asesinó con la mirada, se acercó un poco más y entonces...se echó a reír.
Hermione sabía que insinuar, aunque fuera en el contexto de una conversación como una simple pulla más, que él podría querer seducirla era ridículo –y por cierto que ella no tenía ningún interés en que lo hiciera –pero esa diminuta y no obstante imborrable parte de ella que era su orgullo femenino se enfureció terriblemente porque la mera idea le resultara tan graciosa.
—No es que me interesen tus atenciones —comenzó volviendo a su tono remilgado —pero me limito a señalar a que soy una chica.
—No de mi especie —dijo él con su habitual desdén en la voz. Hermione cerró la boca, apartó los ojos de los de él e hizo un ademán con la cabeza que indicaba que había recibido el mensaje. Después, empujó a Malfoy con un hombro para poder pasar y se alejó de prisa, escaleras arriba.
Draco se quedó parado hasta que el eco de sus pasos se extinguió y una sensación angustiosa y desagradable se instauró en su pecho, como si se tuviera un nudo brumoso en él. Se pasó una mano por el pelo mojado, desordenándolo y soltó una maldición antes de encerrarse en su cuarto, dando un sonoro portazo.
Hermione se plantó en las escaleras que salían del hall, mirando las cabezas disecadas de los elfos de la familia Black con aire decidido. Necesitaba hacer algo para distraerse del curso que tomaban sus pensamientos desde lo sucedido con Malfoy el día anterior.
Desde el primer día en que Hermione pisó esa casa, esos macabros "adornos" la habían escandalizado y erizado el vello. Siempre que bajaba las escaleras, se pegaba a la pared opuesta e intentaba no mirarlos.
Hermione encontraba esa tradición familiar como salvaje y ofensiva, completamente denigrante para los elfos domésticos. Un signo más del dominio y maltrato de los magos frente a los elfos que les servían y cuidaban fielmente a cambio de nada.
Cuando la casa pertenecía a Sirius, Hermione no se había atrevido a hacer ningún comentario al respecto pero ahora que Harry era su propietario y que ella pensaba pasar una temporada indefinida en la mansión de los Black, decidió tomar cartas en el asunto.
Harry no mostró ninguna oposición cuando ella le habló de su intención de retirar las cabezas disecadas, así que ahí se encontraba, dispuesta a quitarlas de la pared y darles un entierro digno.
Decidió comenzar por la última de las cabezas, perteneciente al parecer al padre de Kreacher, un elfo doméstico en su día llamado Hogg con la cabeza redonda, calva y una prominente y retorcida nariz acabada en punta hacia abajo. Sus ojos redondos y oscuros aún brillaban de un modo tétrico y Hermione sintió un escalofrío recorriéndole la espalda al pensar que Hogg parecía observarla.
Desechó la idea con un suspiro despectivo y apuntó a la cabeza reducida con su varita, murmurando el encantamiento apropiado. De inmediato, los tornillos con los que el marco que rodeaba la cabeza estaba sujeto a la pared se aflojaron y cayeron sonoramente al suelo. Hermione los hizo desaparecer rápidamente y conjuró una gran caja de cartón, que quedó levitando a la altura de su cintura.
Armándose de valor, sacó la cabeza reducida de la pared y la dejó caer en la caja vacía con un estremecimiento de repulsión. Debía de reconocer que esa tarea le helaba la sangre, pero tenía que hacerlo. Los elfos domésticos se lo merecían.
—¡No! —chilló una voz estridente en lo alto de la escalera —¡No!
Hermione se volvió sorprendida a tiempo de ver como Kreacher bajaba por las escaleras, con los brazos extendidos y expresión horrorizada.
—¡No! —gritó —¡Mi pobre padre! ¡La señora Black le otorgó el honor de colgarle en la pared y ahora la apestosa sangre sucia lo retira! Inmundicia muggle se atreve a tocar con sus manos asquerosas a mi honrado padre. ¡No! —y se echó a llorar un par de escalones por encima de Hermione.
—Kreacher...yo... —murmuró ella abochornada. No había pensando en la reacción de Kreacher y era evidente que lo había disgustado terriblemente —Kreacher, lo siento, pero es lo mejor...
—¿Lo mejor? —espetó furiosamente, retirando sus pequeñas y delgadas manos de los ojos que antes se había cubierto —Mi padre sirvió durante años a la honorable y sangre limpia familia Black y ellos le pusieron en la pared. Kreacher quiere seguir los pasos de su padre. Kreacher sabe que la ama se retorcería en su tumba si viera quienes habitan ahora en su casa. Un amo apestoso que llena la ancestral y noble casa de los Black —Kreacher se sentó en un escalón, se abrazó las rodillas y comenzó a balancearse adelante y atrás como un niño en trance —de traidores a la sangre y asquerosas sangre sucia. Oh, sí, sangre sucia que se cree con derecho a ordenar la casa —murmuró con los ojos cargados de veneno, pero no miraba a Hermione, parecía ajeno a su presencia —Kreacher no quiere servir a su amo pero tiene que hacerlo. Kreacher quiere servir al chico Malfoy, no al chico apestoso amante de la sangre impura.
—Sólo voy a darles un sitio...más adecuado —dijo Hermione a la desesperada. Lo último que había querido era disgustar a Kreacher, pues siempre intentaba que su vida fuera lo más agradable posible dado lo desdichado que había sido y era.
—¡No hay! —gritó él incorporándose del escalón de un salto —¡Kreacher salvará a su padre! ¡Lo hará!
Y repentinamente, bajó los escalones restantes corriendo, empujó a Hermione y saltó sobre la caja que la chica había hecho levitar mágicamente. Se aferró desesperado, con un intermitente grito gutural, a una de las pestañas de la caja, pataleando con violencia en el aire para tratar de darse el impulso necesario y así meterse dentro.
—¡Kreacher, por favor! —exclamó Hermione compungida y trató de sujetar al elfo doméstico para que no se cayera, pero Kreacher se revolvió fieramente para librarse de las manos de la chica como si le quemaran. Parecía una pequeña bestia salvaje y enloquecida, aferrándose a la caja como si la vida le fuera en ello y murmurando frases por lo bajo que Hermione no lograba entender.
—¿Qué coño pasa aquí?
Hermione alzó el rostro hacia Malfoy, que se hallaba en el rellano de las escaleras, observando el alboroto sin expresión. No supo por qué pero le dolió verle y aún más que él fuera testigo de esa violenta situación que ella misma había provocado.
—Yo...he intentado retirar las cabezas disecadas —explicó Hermione evitando su mirada y mordiéndose el labio inferior con angustia cuando Kreacher logró entrar en la caja soltando un grito de júbilo —y Kreacher se ha puesto como loco...
Justo en ese momento, Kreacher asomó el rostro, lanzó una mirada furibunda a Hermione y salió de la caja de un salto, llevando consigo la cabeza disecada de su padre y corriendo como si temiera que ella fuera a intentar arrebatársela.
—¡Kreacher! —lo llamó Hermione, pero el elfo no la escuchaba. Había visto a Draco en lo alto de las escaleras y corría hacia él como si fuera un ángel bajado del cielo.
—¡Señorito Malfoy! ¡La sangre sucia está loca! ¡Ha retirado a mi padre de su legítimo lugar pero Kreacher ha impedido que se deshaga de él! ¡Deténgala, señorito Malfoy! —rogó esperanzado, arrodillándose a los pies del chico y bajando la cabeza en pleitesía — ¡Usted es el sobrino nieto de mi amada Señora, usted puede! ¡Deténgala, por favor, señor!
Hermione sintió que las lágrimas acudían a sus ojos de pura frustración. Había querido retirar las cabezas reducidas como un paso más hacia la liberación de los elfos, como un acto simbólico para mejorar sus vidas –la de Kreacher la primera –pero sólo había logrado el efecto contrario. Hacer aún más desdichado a Kreacher, deteriorar aún más su frágil tranquilidad. Volverlo todavía más infeliz.
Y para colmo, Malfoy tenía que ser testigo de su estrepitoso y humillante fracaso.
Draco miró al patético elfo arrodillado a sus pies y después a la chica, unos escalones más abajo, con los ojos llenos de lágrimas y sintió que algo se agitaba en su interior.
—Está bien, Kreacher —musitó ella con un leve temblor en la voz, rendida —Dejaré a los demás en su sitio y si me lo permites, devolveré a tu padre a su lugar.
—¿Ha oído, mi señor? —dijo Kreacher sin despegar la nariz del suelo —La sangre sucia le habla como si tuviera derecho a dirigirse a Kreacher, como si tuviera derecho a existir. Pero Kreacher finge no escucharla, eso hace. Ella no es digna de pisar esta casa, ni de que Kreacher la escuche. Oh, no, apestosa sangre sucia.
Hermione no pudo soportarlo más y después de hacer desaparecer por arte de magia la caja de cartón, bajó atropelladamente los escalones y se perdió por la puerta que daba a la cocina. Draco la observó marchar y tuvo el impulso de ir tras ella, pero se detuvo en cuanto se dio cuenta de lo que estaba a punto de hacer. ¿Qué demonios le importaba a él que la sangre sucia estuviera llorando en las cocinas? De hecho, debería regodearse en lo patética que era al permitir que un insignificante elfo doméstico la hiciera llorar. Pero por alguna extraña razón, no se alegraba lo más mínimo.
—La maloliente sangre sucia se ha ido por fin —murmuraba Kreacher —El joven Malfoy lo ha conseguido, así no llenará nuestras narices con su olor a impure...
—¡Cállate, Kreacher! —le espetó con rabia y lo apartó de sus pies con brusquedad –Piérdete por algún rincón y no vuelvas a molestarla.
Y dicho esto, bajó por las escaleras a zancadas, siguiendo los pasos de Hermione. Disminuyó el paso a medida que se aproximaba a la puerta de la cocina, caminando con sigilo, atento a cada sonido como si esperara escuchar un llanto. Pero al otro lado no se oía nada.
No obstante, abrió la puerta todo lo silenciosamente que pudo y miró dentro de las cocinas. Hermione estaba allí, sentada a la mesa, con la espalda rígida y la mirada pérdida. No lloraba pero tenía una expresión tan triste y desolada que Draco sintió la necesidad de reconfortarla.
—Disecar y colgar la cabeza de los elfos domésticos como trofeos es una costumbre muy antigua en las familias sangre pura —dijo, adentrándose en la estancia. Hermione lo miró y lanzó un resoplido despectivo, frotándose los ojos con rapidez por si se le había escapado alguna lagrima.
—Pues es una tradición brutal y salvaje —dijo con el ceño fruncido. Después miró al chico de reojo y añadió —¿En tu casa también...
—No. Mi madre lo encuentra desagradable.
Hermione asintió, deshaciendo el ceño y recuperando su aire triste en el acto. Y el modo en que miraba tercamente al frente, como si prefiriera fingir que él no estaba allí, hizo que Draco supiera que aún estaba dolida con él por lo que le había dicho el día anterior. Con fastidio, sintió como el nudo de su pecho se apretaba aún más y caminó hasta detenerse frente a ella, al otro lado de la mesa. Hermione desvió la mirada a otra dirección en el acto.
—¿Por qué te importa tanto? —preguntó él, sentía la necesidad de que ella le hablara.
—Porque está mal —replicó ella, enfadándose en el acto y mirándole peor de lo que la Señora Pince había hecho jamás cuando arrugaba o abría demasiado alguno de sus preciados libros —y porque no entiendo como la máxima aspiración de Kreacher puede ser que cuelguen su cabeza de la pared.
—Kreacher está chiflado —replicó él con desprecio. Hermione le miró sorprendida. Había esperando que Malfoy hiciera algún comentario sobre que Kreacher hacía bien en considerarlo un honor o algo por el estilo, y no supo por qué pero el hecho de que no lo hiciera la reconfortó extrañamente y se sintió un poco menos desdichada.
—Lo ha pasado muy mal —dijo ella al cabo.
—¿Por qué siempre lo defiendes? —preguntó Draco, exasperado —Te odia y no se molesta en disimularlo, y siempre te insulta.
—Él cree que no le escucho —señaló ella con suavidad —Kreacher está un poco...afectado por haber pasado tantos años solo en esta casa. No sabe lo que hace, así que debemos tener consideración con él.
—¿Eso crees? —Draco apoyó las manos en la mesa frente a la chica, exasperado —No seas ingenua, Granger, puede que esté chalado pero sabe perfectamente lo que hace.
—No es culpa suya que se comporte de ese modo. Ha estado durante años en esta casa con la única compañía del retrato de la Señora Black, maltratándole y dándole ordenes. Nunca ha conocido otra cosa que la sumisión y el desprecio. Tal vez si alguien le muestra un poco de afecto y confianza, él...
—¿Cambiará? —completó Draco con ironía —No te engañes. Es un elfo doméstico, le gusta que le ordenen y...
—¿Maltraten? —le atajó ella acalorada —Los elfos domésticos son seres vivos con raciocinio y sentimientos tratados como esclavos por la comunidad mágica. Es... —guardó silencio unos instantes, al parecer tratando de encontrar una palabra adecuada –vergonzoso y medieval.
—Oh —Draco se llevó una mano al pecho e hizo un teatral gesto de afectación –La defensora de las causas perdidas. Dime una cosa, Granger, ¿qué te importa más? ¿Tus elevados ideales o su felicidad?
—¡Su felicidad, por supuesto! —chilló ella ofendida.
—Pues entonces, déjalos en paz. Ellos son felices sirviendo y cuidando a las familias a las que pertenecen.
—¡Únicamente porquw les han lavado el cerebro para que vean las cosas así! Si se les enseña que hay algo más, que pueden llevar otro tipo de vida, libre y digna, eso puede cambiar.
—Muy bonito —replicó Draco con frialdad —Pero no encontrarás ni un elfo doméstico dispuesto a escucharte.
—¡Sí lo hay! —gritó ella alterada —¡Y tú lo conoces muy bien! ¡Dobby!
Draco se incorporó de la mesa y se encogió de hombros con un gesto muy elegante.
—Dobby es una excepción y únicamente porqué está realmente loco.
—¿Cómo puedes decir eso? —Hermione le miró con fuego en los ojos y se levantó abruptamente del taburete en el que estaba sentada —¡Tú no... —se interrumpió para lanzar un bufido y asesinarle con la mirada —Olvídalo, es inútil discutir contigo —dijo y se dirigió a la puerta de la cocina.
—Eso es, aprende a aceptar la derrota y olvida tu ridícula causa —remató él en voz alta para asegurarse de que Hermione le escuchara por encima de sus furiosos pasos.
Hermione se detuvo bajo el marco de la puerta, se volvió hacia Malfoy, le lanzó una mirada furibunda y después desapareció cerrando de un portazo.
Draco se quedó mirando el lugar por el que ella se había marchado durante unos segundos, después una lenta sonrisa se dibujó en sus labios.
Hola bonitas!
¿Qué tal el chapter? Hermione ya les ha contado a Harry y Ron quien es R.A.B. y Malfoy ya va por ahí vestido con su antigua ropa y oliendo a su antigua colonia, Sedución ¿le va bien, eh?(hmmm...suspiro). Malfoy se ha portado como el capullo que es con Hermione en la escena de su colonia y la pobre chica ha intentado quitar las cabezas disecadas pero ha salido escaldada. Ahora bien, Malfoy le ha ordenado a Kreacher que no vuelva a molestarla...y después ha ido detrás de Hermione...espero que se entienda porque sonrió al final...porque consiguió lo que quería...En cuanto a la duda del capítulo anterior, sobre dónde había olido antes Malfoy el aroma de Hermione, como la mayoría habéis adivinado lo hizo en la poción Amortentia que Slughorn les enseñó el primer día de clase...mujajaja.
Muchísimas gracias por los reviews recibidos en el chapter anterior :)! Esta vez sí, mis gracias especiales para vosotras:
gata2242, Isabella Riddle, harrymaniatica, lunita87, vangu, FairyMoka, NixAru, englandlove, cukyas, iniki, Ayame89, Kris Hart, Dubhesigrid, Alex Black Lupin, unkatahe, pansy936, Ekhi, maria, Pajaro-de-fuego, micropuff, Hermiwg, Lna, Fer Cornamenta, Yeire, gala zoel, Edoras, SombraGris, Tiffany, Sandrita Granger, Sheccid Malfoy, taniz, galletaa, Marceps, lxlgiselalxl, soll, Little Innocence, Soerag Malfoy, nataly-malfoy, Pixie Tinkerbell, Euridicee.e, Lyann Jade, Emily Dumbledore, yolithza w., Veroli, Cocco, Alella, catoto, antoo, Anne Rose Malfoy, ., millicentgranger, danymeriqui, princesaartemisa, Elea, yanhira, Ear :), Daphne Delacour, PauMalfoy, Conny-hp, Barbara Nakamura, Amber Nixie, consue, Vero-Malfoy, Sakurita555, Baddy, zephyrpotter, Becca, annkora, Paola Lissete, Klass 2008, pekelittrell y Amarissima.
Por cierto¿alguién me regala un portatil nuevo? El mio se ha muerto varias veces ya :( a este paso no se cuanto me durara! Iba a actualizar anoche pero decidió morirse y hoy lo ha vuelto a hacer T.T En fin.
MUCHISIMAS GRACIAS POR TODOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!
Con mucho cariño, Dry!
pd: Click a "Go" para que Draco (canjeable por cualquier otro personaje, yo hoy mi pido a Sanosuke Sagaraaaaaaaa) se cuele por tu ventana y te abrace mientras duermes (o no...mujajjaja).
