Los personajes de Candy, Candy no me pertenecen, son propiedad de sus creadoras Kioko Misuki y Yumiko Igarashi
Un Inesperado Encuentro
By Rossy Castaneda
Capítulo Diecisiete
Dias después...
Tres días habían pasado desde la fiesta de compromiso entre Lady Candice Ardley y Lord Terruce Grantchester .
Tres días en donde el tema de conversación tanto en los clubes de White como en las tertulias de muchos grupos de amigas que tomaban el té por las tardes, fue la manera como pillaron a Lady Susana y Lord Daniel Leagan en uno de los balcones de la casa de los Duques de York y a quienes no se les había visto en público desde entonces.
—Milord —Alfred ingresó a la biblioteca luego de recibir por parte de Terry la autorización para hacerlo.
—¿Que sucede Alfred? —Terry quitó la mirada de la pila de papeles que revisaba.
—Afuera se encuentra el señor Jeremy Cartwright.
—Acompañelo hasta aquí.
Por aquello de "conoce las debilidades de tus oponentes" —, Terry contrató los servicios de Jeremy Cartwright, un investigador privado, para que buscara hasta por debajo de las piedras de ser necesario todo lo relacionado a la situación de los Condes Leagan y que tan cierto era que se encontraban en la vil miseria como se rumoreaba.
—Buenos días milord —Jimmy saludó con una reverencia en cuanto ingresó a la biblioteca.
—Buenos días Jimmy —Terry devolvió el saludo —Se le apetece tomar algo?
—No, gracias, Tomé mi desayuno antes de venir aquí.
—Tome asiento.
—Gracias.
—¿Me tiene algo? —preguntó Terry.
—Si —respondió el joven frente a él.
—Bien, escuchó —Terry acomodó su espalda en la silla detrás del escritorio.
—En efecto, milord, los rumores sobre la situación económica de los Condes Leagan son ciertos, Lord Niel y su vicio en las mesas de apuestas los ha puesto en esta situación.
—Era de esperarse.
—Pero eso no es todo milord —Jimmy hizo una pausa.
—Prosiga
—Hace una semana Lord Niel apostó la Mansion Leagan y la perdió en una partida de cartas en el club de Garcia.
—Hace cuatro días, Garcia le advirtió a Lord Niel que si no le pagaba lo que le debía en dos días, enviaría a sus hombres a hacer efectivo el desalojo.
—¿Cumplió Garcia con su amenaza?
—Si —respondió Jimmy —y también recogió personalmente la otra parte de la apuesta.
—¿La otra parte de la apuesta? —Terry frunció el ceño —¿A que se refiere exactamente con eso? —inquirió.
Jimmy se aclaró la garganta.
—Vera milord, la peor parte del vicio de Lord Niel se la llevó su hermana, Lady Elisa.
—¿Por que lo dice?
—Lord Niel la apostó en un juego de cartas y perdió la partida.
Los ojos de Terry estuvieron a punto de salir de sus cuencas ante la sorpresa que le causó aquella noticia.
—Al parecer la muchacha estaba al tanto de todo e intentó huir, al amanecer, pero no contaba con que los hombres de Garcia vigilaban la casa e impidieron su huida —Jimmy apretó los labios —dicen que al poco tiempo, Garcia llegó y se llevó consigo a Lady Elisa quien daba gritos desesperados pidiendo ayuda.
—Y de Niel, ¿se sabe algo?
Jimmy tomó una bocanada de aire, pues lo que iba a decir no era nada bueno.
—Milord, John mi asistente asegura que vio a Lord Leagan en un taberna de mala reputación y que escuchó que le decía a un hombre que se vengaría de su merced y que le daría donde ma le duele.
—¡Candy! —musitó Terry poniéndose de pie
Tan pronto como Jimmy salió de la casa Grantchester, Terry se dirigió a las caballerizas, ensilló a su fiel Teodora y salió a todo galope a la casa de los Duques de York, necesitaba hablar con Albert y ponerlo al tanto de todo.
—Milord —Jacob el mozo de cuadra de la casa White lo saludó con una reverencia.
—¿Lord Albert se encuentra en casa?
—Si Milord.
Mientras Terry se dirigía al interior de la casa, voces provenientes del patio trasero llamaron su atención.
—¿Que haces?
Por indicaciones de Albert, Michael tomó la muñeca de Lady Candice, él también estaba tomando sus precauciones y entrenaba a su hermana para que pudiera defenderse en caso de un ataque sorpresa.
—Vamos Candy intenta liberarte —la animaba Albert.
Lady Candice trató de levantar el brazo, pero Michael mantenía la presión en su muñeca impidiendo que ella se liberara aún cuando giró el brazo.
—Suéltala Michael —ordenó Albert —Te das cuenta cuan vulnerable eres, no tuviste tiempo siquiera de golpear a Michael.
Lady Candice miró su enrojecida muñeca.
—Pero me ha lastimado —respondió
Albert negó con la cabeza y se acercó a ella.
Michael no te ha hecho nada, has sido tu quien te has lastimado en tu intento por liberarte, pequeña —Albert le habló con suavidad —imagina si Michael hubiese sido alguien que quiere hacerte daño, lo hubiera conseguido con facilidad.
—Le hubiera mordido la mano y luego hubiera gritado
Terry quien estaba justo detrás de ella, le hizo una señal a Albert, este asintió y en un movimiento rápido, sujetó a su prometida de la muñeca, tiró de ella y la atrajo a él, con la mano suelta le tapó la boca para impedir que ella gritara.
—Vamos, intenta libertarte —la animó su hermano.
Lady Candice intentó liberarse, al no conseguirlo prosiguió con su intento de morder la mano de quien la sujetaba para posteriormente gritar, pero no lo consiguió .
Terry acercó sus labios a la oreja de ella y antes de decir una sola palabra, aspiró el delicioso aroma a rosa, ¡demonios! los deliciosos labios de Lady Candice eran tan suaves, un calor recorrió su cuerpo al sentir el de ella tan pegado al suyo.
De pronto pensó que sería delicioso tener sus labios sobre los de ella y silenciarla a su manera, pero el grito de Archie le hizo volver en si y se obligó a auto controlarse.
—Vamos Candy, liberate —la animó Archie
—Lección numero uno y la mas importante porque de eso depende tu vida o tu muerte —Un hombre puede saber de antemano que vas a gritar pidiendo ayuda y evitarlo como yo lo estoy haciendo ahora —le susurró Terry al oído
Al escuchar su voz, Lady Candice dejó de luchar.
Albert se acercó a ella.
—No te confíes nunca, ni subestimes a tu oponente —le dijo Albert en tono bajo y tranquilo.
Lady Candice asintió.
—Tienes que estar alerta, mantente en zonas bien iluminadas y siempre con gente cerca, y si te encuentras sola en algún momento, mira a tu alrededor y busca donde puedes ponerte a salvo y corre hacia allí —concluyó.
—Si un hombre consigue agarrarte, actúa de inmediato, no dudes ni un segundo. Golpéale con el codo y con todas tus fuerzas en el estómago; patea, muerde, grita, Michael te sigue, así que, si haces ruido, él te oirá. ¿Podrás hacer eso?
Lady Candice asintió y Terry hizo las caderas hacia atrás al prevenir su movimiento luego de las instrucciones de Albert.
Stair y Archie rieron entre dientes
—Excelente movimiento —dijo Terry liberando su boca —pero debes actuar con mayor rapidez y precisión.
—Puedo intentarlo nuevamente —dijo ella girando levemente su rostro mostrando una sonrisa pícara.
—No, gracias —respondió él sonriendo —quiero llegar completo a nuestra noche de bodas —le susurró muy pegadito al oido para que solo ella escuchara.
Las mejillas de Lady Candice se enrojecieron de tal manera que su sonrojo llegó hasta sus orejas.
—Que tanto se secretean ustedes —Albert los interrumpió —Terry sujétala de un solo brazo —ordenó Albert
Terry obedeció.
—Si te agarran solo de un brazo —dijo Albert, —golpéale en la cara o en el mentón con el puño o con la base de la otra mano, de modo que quien te ataque tenga que echar la cabeza hacia atrás
Candy asintió.
—Vamos, intenta libertarte ahora —ordenó Albert.
Terry miró como Lady Candice se concentro y aplicó toda su fuerza, pero cuando lo hizo su aroma embriagador a rosas le llego hasta una parte de su anatomía que comenzó a reaccionar cuando ella en un intento por liberarse comenzó a contonear las caderas, Terry se vio obligado a mover sus caderas hacia atrás para que ella no notara su creciente erección, concentrándose en la enseñanza que Albert le estaba dando, pero su traicionero cuerpo le pedía que le enseñara otra cosa.
Terry agradeció al cielo que Albert habló en ese momento..
—Si te atrapa de esta manera —dijo Albert — tienes que gritar y darle con la rodilla entre las piernas todo lo fuerte que puedas. Cuando se doble de dolor, golpéale con los codos o con los puños en la nuca para que caiga al suelo; después corre lo más deprisa que puedas hacia donde haya gente ¿de acuerdo?
Candy asintió y Albert prosiguió..
—La clave es actuar deprisa, no dudes y no mires hacia atrás ¿lo entiendes? —preguntó su hermano.
—Sí, —respondió ella —. ¿Quieres que te lo demuestre? —preguntó, sonriendo mientras miraba a Terry.
Terry la soltó y se alejó a una distancia prudencial, no por temor sino por precaución.
—No, no creo que sea necesario, gracias —dijo devolviéndole la sonrisa —ya te lo dije, quiero llegar completo a mi noche de bodas.
Lady Candice se mordió los labios.
Terry se acercó a ella y depositó un beso en su frente.
—Eres una excelente alumna —le guiñó un ojo y se dirigió a Albert —necesito hablar contigo en privado.
Albert asintió y se dirigió a Candy
—Hemos terminado por hoy.
—Dime Terry —Albert lo animó a que comenzara a hablar.
—Albert, el,investigador que contraté para investigar la situación de los Leagan, estuvo hace unos minutos en Grantchester house y me puso al tanto la todo en relación a ellos.
Terry comenzó a relatarle a Albert todo cuanto Jimmy le informó, Albert escuchaba atentamente todo cuanto decía, para cuando Terry terminó, Albert estaba en silencio.
—No vas a decir nada?
—Ya lo sabia —respondió el rubio estirando sus largas piernas.
—Como te enteraste?
—Hace dos días, Lady Sara y Lady Elisa vinieron a suplicarle a Tia Elroy que las ayudara pero tia Elroy se negó hacerlo, Lady Elisa entonces comenzó gritar un sin numero de improperios y amenazas
Cuando se marcharon, Michael se ofreció a vigilar a todos los miembros de la familia Leagan en especial a Niel, fue así como lo encontró en una taberna de mala muerte, estaba totalmente ebrio y le dijo que se vengaría de ti y que te daría donde mas te doliera.
—Te das cuenta, Candy puede estar en peligro.
—Ya lo sé —respondió Albert —por esa razón me he propuesto estos últimos días a enseñarle a Candy como defenderse en caso de cualquier ataque sorpresa.
—¿Ella lo sabe?
—No —respondió Albert —no se lo he dicho aún —Albert tocó su mentón con el dedo índice y el pulgar —tenemos que proteger a Candy, llevarla a un lugar seguro, no podemos arriesgarnos, ese loco anda suelto por ahí y no sabemos como ni cuando atacará y si lo hará solo o con algún cómplice.
—Albert hay un lugar seguro en Gretna Green donde puedo llevar a Candy y protegerla mientras atrapan a ese bastardo.
—Pero como le harás para convencerla para que te acompañe sin que sospeche nada? —preguntó el rubio.
—Te aseguro que en cuanto le diga el lugar, no será capaz de hacer una sola pregunta.
—Por que estas tan seguro? —quiso saber el rubio.
—Estuvimos en ese lugar durante nuestra estancia en Gretna Green —respondió Terry —es una casa hogar que te comenté que patrocinaba ¿lo recuerdas? —preguntó.
—Recuerdo también que me dijiste que está en medio del bosque y que es atendida por dos amables damas —Albert se quedó pensando —la señora Pony y una monja llamada Maria ¿verdad?
—Ese mismo —respondió Terry.
—Si crees que ese lugar es el mas seguro, pues adelante —dijo Albert —tienes mi autorización para llevarte a Candy ahora mismo si así lo deseas, sé que cuidaras de ella con tu propia vida si es necesario.
—Gracias por la confianza Albert, sabes que si lo haré.
Unos toques a la puerta hicieron que ambos amigos guardaran silencio.
—Adelante
—¿Por que demoran tanto? —una curiosa Lady Candice les preguntó.
—Terry me estaba pidiendo autorización para llevarte a pasar unos días fuera de Londres.
Candy frunció el ceño y miró a uno y luego al otro.
—Le decía a Albert que me gustaría llevarte a Gretna Green, a la casa hogar Pony para ser mas exacto.
Los ojos de Lady Candice se iluminaron y una deslumbrante sonrisa se dibujó en sus labios.
—La casa Pony —Lady Candice miró a su hermano con ojos de cachorrillo —¿me dejaras ir? —preguntó.
—No lo sé —Albert fingió que lo estaba pensando.
—Por favor Albert —suplicó ella.
—No me convences aún —el Rubio miró hacía el techo.
—Terry ayúdame a convencerlo —dijo haciendo un puchero.
—Oh vamos Albert, te prometo que cuidare de ella con mi vida si es necesario.
—De acuerdo, me convencieron —Albert sonrió.
—Gracias, gracias —Candy se colgó del cuello de su hermano.
Ver a su pequeña hermana feliz, lleno de alegría y satisfacción el corazón de Albert, hacia mucho que no la veía así.
Candy salió de la biblioteca a toda prisa, necesitaba hacer su maleta.
—Cuídala Terry, Candy es el mas grande tesoro que tenemos.
—Descuida cuidaré de ella.
Con aquello como única meta, Terry salió de Londres junto a Lady Candice rumbo a Gretna Green, sin advertir que a la distancia un carruaje los seguía.
Continuará...
