o0o Recomendación musical: Only when I sleep - The Corrs
Capítulo 14: R.A.B. (Editado)
—¿Qué es eso? —preguntó Ron dejándose caer en la mesa de la cocina, junto a Harry.
—Es una carta para Hermione —explicó Harry observando el sobre sellado y abultado que reposaba en la repisa de la cocina —llegó hace un rato. ¿Sabes si Hermione se ha levantado ya?
—Creo que sí —dijo Ron, levantándose para examinar el sobre. Su único remite era una V en la esquina inferior derecha, escrita con tinta azul marino y una caligrafía algo burda —¿De quién será?
—No lo sé —Harry se encogió de hombros después de beber un sorbo de leche de su taza humeante —¿por qué no llamas a Hermione? Así saldremos de dudas.
—Vale —dijo Ron encogiéndose de hombros, subió las escaleras de las cocinas que daban al vestíbulo, abrió la puerta, lanzó un Muffliato a las cortinas que ocultaban el retrato de la Señora Black y chilló a grito pelado —¡HERMIONE! ¿ESTÁS DESPIERTA?
Harry meneó la cabeza con expresión de "no tiene remedio" y soltó una risilla. Apenas un par de minutos después, una somnolienta Hermione apareció en pijama, bostezando mientras bajaba las escaleras.
—No, no estaba despierta —dijo lanzando una mirada seca a Ron —y si Malfoy dormía también le habrás despertado.
—¿Y qué? —preguntó Ron encogiéndose de hombros mientras mordía una tostada rebosante de mantequilla.
—Me extraña que no hayas despertado también a la Señora Black —rezongó Hermione sirviéndose un poco de leche en un vaso —¿Y bien? ¿Dónde está el fuego?
—Hace un rato te llegó a esa carta —dijo Harry señalando con el cuchillo de untar el sobre abultado. Hermione le lanzó un vistazo desconcertada pero de repente su rostro se iluminó y se abalanzó sobre la carta antes de que Ron la cogiera para acercársela.
—Tranquila —murmuró el pelirrojo asombrado —¿De quién es?
—De Viktor —dijo Hermione con una sonrisa estúpida en el rostro. Ron puso los ojos en blanco y Harry sonrió. La chica la estrechó entre sus manos, emocionada y después se dio media vuelta y regresó por donde había venido.
—Pero, ¿a dónde vas? —inquirió el pelirrojo.
—¡A leerla! —exclamó Hermione con voz extrañamente chillona y desapareció por la puerta. Subió las escaleras a toda velocidad rumbo a la biblioteca. Quería intimidad y un lugar tranquilo donde leer, y le encantaba el olor a pergamino viejo de la biblioteca de los Black.
Subió como un rayo los dos primeros pisos, y el tramo entre el segundo y el tercero comenzó a disminuir el ritmo. Para cuando llegó al descansillo del primero, se detuvo un instante para recuperar el aliento, a tiempo de ver a Malfoy saliendo por la puerta de la habitación con una camisa de leñador arrugada puesta –Hermione dedujo que las usaba para dormir –, el pelo revuelto y aplastado y expresión somnolienta.
—¿Se puede saber qué demonios pasa hoy? —preguntó él de mal humor —¿Qué coño quería Weasel? ¿Y por qué corres escaleras arriba como una chiflada?
Draco frunció el ceño al ver la sonrisa radiante que le dedicó la chica, por alguna extraña razón estaba muy contenta y sostenía en su mano derecha un sobre grueso. Era evidente que había recibido carta, ¿pero de quién era que le hacía tanta ilusión?
—Buenos días a ti también, Malfoy —respondió risueña.
—¿Por qué estás tan feliz? —preguntó con desconfianza.
—Porque hace un día maravilloso —replicó y después de deslumbrarle con otra sonrisa radiante, siguió subiendo las escaleras, descalza y con el amplio pijama levitando a su paso. Draco tuvo una fugaz visión del sueño en que la había visto con ese camisón e inmediatamente una serie de imágenes de la muchacha pasaron por su mente. Su trasero a buen recaudo por los ajustados vaqueros que solía llevar, el modo en que se recogía el pelo, cómo se frotaba los ojos cuando tenía sueño o la manera en que fruncía el ceño cada vez que algo la desagradaba u ofendía.
Y ahora su sonrisa. Draco no recordaba la última vez que la había visto sonreír así, y desde luego no a él. Volvió a preguntarse quién coño le había escrito una carta, y sintió un extraño ataque de desagrado al plantearse la posibilidad de que fuera un chico. Mandando todo al demonio, subió tras la chica con sigilo.
Hermione se arrojó sobre la butaca tapizada de cuero negro en la que solía sentarse y rompió rápidamente el lacre de cera azul marina que sellaba la carta. Inmediatamente, sacó del interior del sobre una gran extensión de pergamino pulcramente doblado lleno de una escritura desgarbada y desigual, con trazos irregulares en tinta azul marina. La letra de Viktor Krum.
Comenzó a leer la carta, tan ilusionada y concentrada, que no se dio cuenta de que la puerta de la biblioteca se abría silenciosamente y dos ojos grises asomaban por la abertura y la observaban.
La observaban mientras ella movía rápidamente sus ojos, línea tras línea y su sonrisa se hacía más amplía, y más estúpida también. La observaban sintiendo un peso mudo en el estomago, deprimente, opresivo. La observaban sintiendo que mientras ella se llenaba paulatinamente de alegría, a él se le llenaba la boca de un sabor amargo y desagradable.
Cuando ella lanzó un suspiro anhelante, no pudo soportarlo más y abrió la puerta bruscamente, llamando su atención.
—Malfoy, ¿qué...
—¿Por qué sonríes como una estúpida, Granger? —preguntó con rencor, adentrándose en la biblioteca con gesto adusto.
—Eso no es asunto tuyo —respondió ella, sorprendida y dolida por su tono.
—¿Es que te ha escrito un admirador secreto desde San Mungo? ¿O Longbottom? ¿McMillian, quizás?
Hermione le miró con dignidad y dijo.
—Aunque no sea asunto tuyo y no veo por qué puede importarte, te diré que la carta es de Viktor Krum.
—¿Pero ese troll de las cavernas sabe escribir? —preguntó con la rabia impregnando su voz.
—¡No le llames así! —replicó ella, enfurecida.
Draco se encolerizó aún más al comprobar como Granger le defendía apasionadamente y el saber que esos dos aún tenían algún tipo de relación –por la sonrisa de imbécil de Granger, sospechaba que amorosa –después de tanto tiempo tampoco le ayudó a mejorar su humor.
—¿Por qué no? Eso lo que es.
—Eres tan... —Hermione boqueó, buscando un insulto lo suficientemente fuerte para describirle.
—¿Sincero? —sugirió él en tono teatralmente solícito.
—Iba a decir imbécil —espetó ella, poniéndose rígida en el sillón.
—Oh —Draco fingió una mueca de dolor —me has ofendido, Granger, realmente eres muy dura cuando te lo propones...
—¿Por qué no te buscas algo que hacer y desapareces?
—Encuentro más divertido molestarte. Entiendo que siendo una sangre sucia tienes unas posibilidades muy reducidas pero pensé que buscarías a alguien con más neuronas que...
—¿Crabbe y Goyle? —le atajó ella con intención de ofenderle.
—Por ejemplo —dijo él encogiéndose de hombros —no sabía que te atraían los trolles retardados...
—¡Pues para ser un troll retardado, como tú dices, bien que te pavoneabas cuando estuvo en Hogwarts y se sentó a la mesa de Slytherin! —le gritó ella a pleno pulmón, había enrojecido de pura furia.
—Me convenía que me vieran con él, eso no significa que pensara que era un troglodita anormal —dijo y obtuvo un sádico y retorcido placer al ver como las aletas de la nariz de la chica se hinchaba y dilataban y su respiración se agitaba de pura rabia.
—¿Sabes lo que creo? Que lo que te ocurre es que estás celoso —le espetó. Draco se quedó lívido y abrió la boca un par de veces, incapaz de pensar en una réplica. Los latidos acelerados de su corazón parecían habérsele subido a la cabeza, entorpeciendo sus pensamientos —porque él sabe hacer el amago de Roski, cosa que tú no conseguirías hacer sin comerte el suelo del campo de quiddtich —prosiguió ella, cruzándose de brazos.
Draco respiró hondo, aliviado y mucho más relajado, pero un tic de exasperación vibró en su mejilla.
—Es Wronski, Granger —dijo irritado—Wronski. Me sorprende que ese inepto se haya fijado en ti considerando que no sabes ni decir bien el nombre de lo único en lo que es bueno.
—A lo mejor te sorprendería menos si supieras que el amago de Wonki no es lo único que hace bien.
Él abrió la boca y tardó unos segundos en contestar, no sabiendo si le irritaba más que ella hubiera digo "amago de Wonki" o su insinuación acerca de Krum.
—¿Qué quieres decir? —preguntó al fin.
—Lo que he dicho, Malfoy —replicó ella, tozuda.
Crispado, Draco dio un paso hacia ella, tratando de intimidarla.
—Respóndeme —ordenó, categórico.
—No te importa lo que he querido decir o no. O al menos, no debería.
—Me trae sin cuidado —replicó él con desdeñosa indiferencia —es mera curiosidad.
—Estoy empezando a gustar que te gusta Krum —apuntó ella mirándole con desconfianza.
—Oh, sí, pero le llamo Wonki en la intimidad —replicó Malfoy con ironía.
—¿Wonki? —repitió ella hirviendo de furia, apretó la carta en su mano derecha y recogió el sobre del sillón con la otra, antes de acercarse a Malfoy hasta que entre ellos sólo quedaron unos centímetros —En cambio yo le llamo fiera —espetó, y con aire digno, salió de la biblioteca, dejando a Malfoy momentáneamente paralizado y atónito.
—¡Granger! —la llamó, en cuanto fue capaz de reaccionar, y salió a zancadas de la biblioteca, siguiendo a la chica. Quería alcanzarla, romper la jodida carta de Krum en pedazos y zarandearla hasta que reconociera que todo lo que había dicho era mentira –especialmente lo de que le llamaba fiera en la intimidad –y de paso que admitiera que Krum era subnormal con avaricia, y que en realidad estaba profundamente enamorada de él.
Joder.
Se detuvo un instante al ser consciente del curso final que habían tomado sus pensamientos, y al cabo de unos segundos, renovó la marcha con renovada furia. Todo era culpa de esa sabelotodo repelente y orgullosa.
—¡Granger! —la llamó viendo su pijama desaparecer al final de ese tramo de escaleras. Escuchó los pasos de la chica detenerse y retroceder, deshaciendo lo andando para asomarse de nuevo a las escaleras. Ella le miró furibunda y dijo:
—¡Vete a la mierda! —y después desapareció de nuevo, y desde donde estaba, Draco escuchó el estruendo de su puerta al cerrarse.
—¿Qué pasa? —preguntó Harry apareciendo por las escaleras que subían del segundo piso seguido de Ron, ambos le observaban con censura y reproche, bajando hacia ellos.
—Y yo que sé coño sé —respondió Draco de malas maneras y acto seguido se encerró en su cuarto con un gran portazo. Harry y Ron se miraron y el pelirrojo se encogió de hombros antes de empezar a descender de nuevo las escaleras.
Cuando Hermione acabó de leer el resto de la carta de Viktor se sentía a partes iguales alegre y desganada. Viktor le decía en la carta que pensaba regresar a Inglaterra a finales del verano para verla –palabras textuales –y que entonces le preguntaría algo muy importante.
Hermione prefería no hacer conjeturas acerca de ese algo que quería preguntarle en persona, sobre todo porque si era alguna de las cosas que sospechaba, no sabría cual sería su respuesta.
De cualquier modo debería estar feliz porque él le había dicho que la extrañaba y que volverían a verse pronto, pero la discusión con Malfoy le había robado gran parte de la alegría, volviendo la carta de Viktor extrañamente agridulce.
—Maldito Malfoy —farfulló y se recostó sobre las almohadas con un largo suspiro. Crookshanks maulló y saltó a la cama para acurrucarse sobre la barriga de Hermione. Ella alargó una mano para acariciar su suave pelaje y cerró los ojos tratando de encontrar paz.
Odiaba a Malfoy.
—¿Podemos dejarlo ya? Yo no encuentro nada y esto es muy aburrido.
Hermione cerró secamente un libro que soltó una nube de polvo. Tosió un par de veces y fulminó a Ron con la mirada como si él hubiera tenido la culpa.
—No llevamos ni media hora buscando y...
—Pero ni siquiera sabemos qué estamos buscando exactamente —se quejó Ron apoyándose contra una pesada y abarrotada estantería de la biblioteca de los Black.
—Ya te lo he dicho, algo relacionado con Regulus. Un diario, unas notas escondidas dentro de algún libro, lo que sea...algo que nos dé una pista.
—No sé por qué eso es tan importante —continuó Ron —después de todo, destruyó el horrocrux, ¿no? ¿Qué importa quién lo hiciera?
—Importa porque no sabemos si lo destruyó realmente, Ron, todo lo que sabemos es que lo cogió, reemplazó por otro y que tenía la intención de acabar con él, pero es más que posible que esté muerto y no sabemos si murió antes de hacerlo o no.
—Además, podría haber destruido más —dijo Harry apareciendo entre unos estantes con un puñado de libros que posó sobre una mesita de madera en la zona de sillones.
Ron suspiró con resignación y se acercó al montón de libros que había traído su amigo para examinarlos, mientras Hermione continuaba examinando uno de los estantes. Crookshanks pasó a su lado y se enredó en su pierna para llamar su atención.
—Ahora no, Crookshanks, estamos ocupados —le explicó ella, distraída, mientras intentaba bajar un tomo del estante más alto.
Crookshanks maulló y se alejó un par de metros de Hermione, siempre en paralelo al estante. Al fin se detuvo y se quedó parado mirando fijamente un pequeño libro, semioculto y estrujado entre dos más grandes. Lo tocó con las almohadillas de una pata y maulló de nuevo.
—Crookshanks, ¿qué hay ahí? —preguntó Hermione acercándose a su mascota y arrodillándose junto a ella. El gato maulló de nuevo y arañó con suavidad un pequeño librito encuadernado en cuero. Hermione logró sacarlo con dificultad de entre los libros que lo flanqueaban, entre los cuales parecía haberse metido a presión. Observó la portada, vacía a excepción de unas pequeñas letras doradas en el margen inferior derecho que rezaba R.A.B., y su corazón se detuvo.
—¡Chicos! —chilló para llamar su atención —¡Venid, rápido!
Hermione escuchó el frenesí de los pasos de Harry y Ron acercándose. Cuando los tuvo a su lado, los tres intercambiaron una mirada de expectación y con manos temblorosas, Hermione abrió el libro, que tenía toda la pinta de ser un diario. En la primera página, amarillenta por el paso del tiempo, no había nada escrito, pero en la siguiente había unas pequeñas anotaciones con tinta negra.
"Guardapelo (tachado).
C. de Bran (?)".
—¡Guardapelo! —exclamó Hermione —Eso significa que...
—Regulus es verdaderamente R.A.B. —dijo Harry.
—¿Veis? Lo destruyó —dijo Ron con aire de entendido señalando con el índice la palabra tachada —de lo contrario no lo habría tachado. Así que un horrocrux menos por el que preocuparnos.
—Bueno, esto no prueba que esté realmente destruido... —discrepo Hermione mordiéndose el labio inferior, pensativa.
—¿Qué más necesitas? ¿Por qué sino iba a tachar la palabra guardapelo? —preguntó Ron con una mueca de incomprensión.
—A lo mejor simplemente lo tachó porque consiguió el guardapelo —insistió Hermione tercamente —no hay ninguna anotación que diga que lo ha destruido...
—¿Es que necesitas que ponga en paréntesis: "Sí, Hermione, he destruido el horrocrux" para creértelo? —se burló el pelirrojo.
—Yo sólo digo... —comenzó Hermione ofendida.
—¿Queréis dejarlo ya? —terció Harry —Esté o no destruido, lo que más me preocupa ahora es lo que pone debajo: "C. de Bran", ¿qué querrá decir eso?
Hermione y Ron reemplazaron sus muecas defensivas por una expresión pensativa.
—¿Puede ser...un nombre? —sugirió Ron —Charles de Bran por ejemplo...
—O un lugar —apuntó Harry.
—Me suena mucho... —murmuró Hermione.
—Sea lo que sea, es posible que esté relacionado con otro de los horrocruxes —expuso el moreno.
Sus amigos asintieron en silencio.
Por mucho que los tres ojearon el diario de Regulus –como habían decidido llamarlo –no encontraron ni una palabra más escrita en ninguna de sus hojas. En vista de ello, los tres dedicaron los días siguientes a buscar cualquier información referente a la extraña anotación de Regulus en la extensa biblioteca de los Black.
Hermione sugirió que buscaran en los libros de Magia Negra primero, pues suponía que era más probable encontrar alguna referencia allí, si es que "C. de Bran" estaba relacionado con un horrocrux. Después de todo, tratándose del Señor Oscuro, era lo más lógico.
El trabajo era tedioso y aburrido a pesar del tema de los libros que estaban leyendo –de vez en cuando se detenían para comentar algún hechizo o maleficio especialmente horrible –y Ron "amenizaba" el ambiente a menudo quejándose de que pasaba más horas en la biblioteca que cuando estaban en Hogwarts.
Por el día, salían de la biblioteca lo justo para ir al servicio y prepararse algo de comer, y por las noches, después de que Harry y Ron se hubieran ido a dormir, Hermione se quedaba un rato más, buscando incansablemente a la luz de las lámparas de gas mágicas.
Esa noche en concreto, la falta de horas de sueño le pesaba sobre los párpados que parecían bajársele por mucho que ella se esforzará por mantener los ojos bien abiertos. Pasó otra página del pesado libro enfundado en cuero negro que estaba leyendo y se apoyó la cabeza con la orejera del sillón con la intención de cerrar los ojos y descansar la vista un momento. Normalmente eso la ayudaba a estar más despierta después, pero ese día estaba tan cansada que sin darse cuenta, cayó en el reino de los sueños.
Draco entró en la biblioteca con la intención de leer algún libro para conciliar el sueño. No había vuelto a ver a la sabelotodo desde su discusión por el anormal de Krum, y extrañamente desde entonces no era capaz de dormir bien –aún teniendo en cuenta a que se había reducido esa expresión desde que había huido de Voldemort –.
Pero en cuanto entornó la puerta, pudo ver a la chica acurrucada en un sillón, con la cabeza apoyada contra una de las orejeras y un gran libro de cuero negro abierto por la mitad, entre sus manos laxas.
Estaba dormida.
Draco se quedó inmóvil bajo el dintel y entreabrió un poco más la puerta, para poder verla mejor, observándola en silencio con un brillo de avidez en los ojos grises.
Había algo en la expresión del rostro de ella, tan serena e inocente, en el modo en que su recogido se había desecho liberando mechones de cabello indómito, en la curva de sus pies descalzos y encogidos en una esquina del sillón, que la hacía parecer vulnerable e indefensa. Las llamas que ardían en la chimenea arrojaban sombras y luces doradas que titilaban sobre su rostro, ora alumbrándolo, ora oscureciéndolo.
Como si sintiera el peso de su mirada aún en sueños, Hermione se removió buscando una postura más cómoda y el pesado libro se cayó de sus manos flojas sobre la alfombra que ahogó el sonido. Suspirando, Hermione se abrazó a sí misma como si una repentina brisa la hubiera estremecido y Draco sintió algo revoloteando en su pecho. Su piel cosquilleaba, más sensible, y tenía una sensación extraña, incómoda. No sabía identificarla, pues nunca lo había sentido, pero fuera lo que fuera, no le gustaba. Se sentía...débil, expuesto. Como si esa sensación tuviera control sobre él y no al revés.
Trago saliva con dificultad pues su garganta parecía haberse vuelto de lija y se adentró en la biblioteca con pasos medidos y suaves. Cuando se dio cuenta de que prácticamente estaba conteniendo la respiración para no despertarla se preguntó qué demonios se suponía que estaba haciendo. Lanzó una mirada inculpatoria a la chica y se sentó con rabia en el sillón más alejado. Cogió el libro caído que Granger había leído con anterioridad y leyó un par de párrafos antes de que sus ojos se desviaran involuntariamente hacia ella.
Observó cada detalle de su rostro y su cuerpo durante un par de minutos más antes de maldecirla interiormente y tratar de retomar la lectura pero aunque sus ojos estuvieran fijos en el papel, era tan consciente de ella, de cada una de sus respiraciones, que era incapaz de concentrarse en una jodida palabra.
Rezongó más por lo bajo antes de resolver que tendría que irse a su cuarto o despertar a Granger y echarla de allí para poder leer. Dudó unos instantes pero realmente no le apetecía hacer ninguna de las dos cosas.
Había una tercera opción: llevar a Granger hasta su cuarto, dormida. Pero eso implicaría tocarla.
Bueno, podría resistirlo aunque luego tuviera que ducharse y purgarse. Se puso en pie y se acercó al sillón en el que Hermione descansaba, observándola por unos momentos con indecisión. Definitivamente estar encerrado en esa casa le estaba volviendo loco, de otro modo no estaría planteándose se siquiera la idea de bajar a una sangre sucia en brazos hasta su cuarto.
Con el ceño fruncido, como si estuviera haciéndolo contra su voluntad, alargó sus manos hacia ella y le pasó un brazo por la espalda y el otro bajo las rodillas. Contuvo la respiración cuando ella se agitó, incómoda, y soltó un suspiro que hizo que algo se revolviera al final de la espalda de Draco y subiera por su columna, estremeciéndolo. Entrecerró los ojos, mirándola con hostilidad, molesto tanto con ella como consigo mismo, y conteniendo la respiración, la alzó en brazos. Esperó inmóvil unos segundos, tenso ante la perspectiva de que ella se despertara y se viera entre sus brazos, pero Hermione simplemente se reacomodó y apoyó la cabeza en su pecho, concretamente sobre él corazón de Draco, que empezó a latir tan fuerte y deprisa que pensó que forzosamente la sacaría de sus sueños. Lanzando un suspiro de prudente alivio al comprobar que ella seguía profundamente dormida, la alzó un poco más para poder sujetarla con comodidad y se sorprendió de lo ligera que resultaba su carga. Justo en ese momento, una suave fragancia a caramelo inundó los sentidos de Draco que apretó los dientes y tensó la mandíbula, tratando de mantener la calma y de cortar en seco una serie de pensamientos que comenzaban a formarse en su mente y que sabía que no debía tener.
Dio un paso hacia la puerta impelido por la necesidad de alejarla de él cuanto antes –por el bien de ambos –pero entonces ella alargó una mano hasta su pecho y la cerró en torno a la tela de la camisa negra que llevaba para dormir. Fue un gesto inocente, como el de una niña que en sueños se aferra a su peluche, pero envió una corriente cálida al sur de la cintura de Draco con tanta intensidad que por un instante sintió el impulso de soltarla y dejar que cayera al suelo.
—Maldita Granger —masculló, enfadado. ¿Quién demonios le había mandando cogerla en brazos? ¿Por qué no simplemente se había largado de allí o había pateado el sillón en el que ella descansa para despertarla y echarla del lugar? Podría haber hecho cualquier cosa: desde aprovechar que dormía para pintarle la cara con hollín o meterle el dedo en un vaso de agua, a quemar su jodida manta de tela escocesa con olor a caramelo en la chimenea.
Cualquier cosa.
Pero no, claro que no. Tenía que haberle tocado y aunque lo más práctico sería arrojarla al sillón y salir corriendo antes de que despertara, no quería soltarla. Rezongando y soltando una ingente cantidad de palabras malsonantes, salió de la biblioteca con la muchacha dormida en sus brazos y bajó las escaleras, pisando con prudencia en cada escalón. Ella apenas se movió y continuó respirando profunda y lentamente con una mano aferrada a su camisa. Su calor se le había contagiado y Draco pensó con fastidio que posiblemente su aroma también. Ahora olía a Granger.
—Genial —gruñó.
Cuando al fin llegó frente a la puerta de la habitación de Hermione, se detuvo unos instantes para lanzarle un último vistazo de soslayo a la luz de las lámparas de aceite mágico que se habían encendido a su paso. Ahora sólo debía entrar y soltarla sobre su cama como si de una patata caliente se tratara. Regresaría a la biblioteca, leería un rato y después podría dormir al fin.
Pero cuando entró en la habitación, la depositó en la cama con suavidad y cierta secreta reticencia, y en cuanto la soltó se sintió vacío y extraño. Como si le faltara algo.
Hermione se reacomodó de inmediato sobre su colchón con un suspiro de satisfacción y él pensó que era el momento de irse. Pero no se movió.
—Joder —murmuró, ¿qué le pasaba?
Tenía que irse. Podía irse.
Suspiró y con impulso, se acercó hasta la puerta, pero no pudo evitar detenerse bajo el marco para lanzarle otra rápida mirada a Granger que en ese instante se encogió en sueños. Antes de ser consciente de ello ya estaba junto a su cama, tapándola con la manta. Soltó la tela en el acto como si le hubiera quemado y decidiendo que ya había hecho el gilipollas bastante por esa noche, salió de la habitación como una exhalación, cerrando con la puerta con silenciosa brusquedad.
Hola chicas,
hoy no tengo muchas ganas de comentar el capítulo así que simplemente espero que os haya gustado. Ha habido una escena de celos por la carta que Hermione recibió de Krum y han encontrado unas anotaciones en el diario de Regulus. ¿A alguien se le ocurre que significa "C. de Bran"? Con lo que se ha dicho ya en la historia, lo podéis deducir.
En fin, espero que os haya gustado la canción y el capítulo. La acción será en el siguiente. Gracias por todo.
Lo siento por no poner los agradecimientos especiales, pero no estoy de humor.
Muchísimas gracias por todo.
Con cariño, Dry.
pd: "Go" para que Draco (o el que queráis) os lleve en brazos hasta la cama y os arrope.
