Los personajes de Candy, Candy no me pertenecen, son propiedad de sus creadoras Kioko Misuki y Yumiko Igarashi
Un Inesperado Encuentro
By Rossy Castaneda
Capítulo Dieciocho
—De modo que fue Pony la anciana que te salió al paso aquella tarde —Terry comenzó a reír a boca de jarra y de pronto su rostro se puso serio al recordar a los peligros a los que estuvo expuesta su prometida.
¿Que habría sido de ella si él no hubiese llegado aquella noche a la posada de Gretna Green?
Imaginar el sin número de escenarios le causó escalofríos y si previo aviso estrechó a Lady Candice entre sus brazos de manera protectora.
—¿Que pasa? —preguntó ella con preocupación por su cambio tan repentino.
Terry se apartó de ella, tomó sus manos y depósitos un beso en ellas.
—Agradezco a Dios el haberme puesto en tu camino aquella noche, la sola idea de que te hubiese ocurrido algo en tu camino a Londres, me da escalofríos.
—Así debía suceder, Pony fue muy clara al decir que no podía escapar de mi destino y que esa era la razón por la cual ella estaba ahí conmigo, porque debía asegurarse que yo cumpliera con él y que viniera a su encuentro —Lady Candice cerró los ojos al recordar aquellas palabras —dijo ademas que yo debía venir a su encuentro y que debía hacerlo sola —esbozó una sonrisa —me entregó un desgastado costal y dijo que debía usar lo que estaba dentro para poder escapar sin ser descubierta, y que no me preocupara que todo estaba preparado para que como estaba escrito, esa misma noche me encontraría con mi destino y mi destino eres tú, estoy segura de ello.
Terry volvió a abrazarla y cuando lo hizo, notó que el carruaje comenzaba a disminuir la velocidad y todos sus sentidos se pusieron alerta.
—Que hacemos ahora, el carruaje se está deteniendo
—Pasaremos de lejos.
Terry bajó del carruaje y se dirigió hasta Jake, su cochero.
—¿Que sucede Jake por que te has detenido tan abruptamente?
—Milord me pareció que ese carruaje nos ha estado siguiendo desde que salimos de Londres —respondió el hombre señalando el carruaje que pasaba a toda velocidad a un lado de ellos.
Terry miró el carruaje, buscando algo que le ayudara a identificarlo, pero y a pesar de velocidad de este no vio ningún escudo.
—Fue una excelente idea de tu parte quitarle el escudo de la casa Marlowe —le decía Lady Susana a Lord Niel quien iba manejando el carruaje.
Lady Candice y Lord Terruce llegaron a la pequeña casa hogar ubicada en el interior del bosque.
En cuanto los vio descender del coche, Pony esbozó una sonrisa y salió a recibirlos
—Bienvenidos —les dijo —puedo ver que finalmente están en el camino correcto.
Terry se acercó a ella y envolvió a la sonriente mujer entre sus brazos.
—Gracias Miss Pony.
—No es a mi a quien debe agradecer, sino al creador que los puso en el camino correcto.
—Pero usted fue el instrumento que Él utilizó para que eso fuera posible —respondió Terry.
Pony sonrió, definitivamente así había sucedido aunque al final ella tuvo que intervenir un poco al ver la confusión del muchacho.
—¿Quien ha llegado? —preguntó la hermana Maria ingresando a la estancia seguida por un pequeño ejército de niños quienes al ver a Terry se abalanzaron a él.
—Lord Terruce y su prometida —Pony le guiñó un ojo a Lady Candice.
—¿Su prometida? —la pequeña Daisy rodeó a Lady Candice.
—Hola Daisy —Lady Candice la saludó fingiendo la voz de chico.
—¿Carl? —sus perspicaces ojos se abrieron con asombro.
—En realidad soy Lady Candice Ardley —se presentó.
—Lo sabía —chilló la pequeña —no podías ser un chico y ver a mi principe de aquella manera.
Terry se giró con cara de curiosidad.
—Dime Daisy, ¿de que manera me veía?.
Lady Candice negó con la cabeza en un suplica para que la pequeña no dijera nada, pero la sonrisa encantadora de Terry fue mas convincente.
—Así —respondió la niña poniendo ojitos ensoñadores y mordiéndose el labio inferior.
Todos comenzaron a reír.
—¿Y que los trae por aquí? —preguntó la religiosa a los recién llegados.
—Así debía ser —respondió Pony adelantándose —tenían que volver al lugar donde todo dio inicio y culminar aquí los que quedó inconcluso —les guiñó un ojo.
Pasaron dos días y todo iba muy bien hasta que una tarde, Lady Candice salió a dar un paseo a la pequeña colina.
—Hola Slim, ¿que haces? —le preguntó.
—Pinto el hogar desde esta distancia —respondió el chico.
—¿Puedo verlo?
Slim asintió.
—¡Wow! Es hermosa —Lady Candice alzó el rostro y observó cuidadosamente la pintura y luego el hogar —tienes mucho talento.
—La señorita Pony dice que puedo llegar a ser un gran pintor.
—Y no se equivoca —respondió Lady Candice —realmente tienes un talento innato.
—¿Que es eso? —preguntó el niño ladeando el rostro.
—¿Que cosa? —preguntó Lady Candice.
—Imato —respondió el niño.
Lady Candice sonrió
—Innato —lo corrigió —es una persona que posee un talento no aprendido, sino algo natural que viene desde su nacimiento, tal vez alguno de tus padres o incluso los dos fueron pintores.
—¡Ah ya! —respondió el niño —¿puedes cuidar de mi pintura mientras voy al hogar por algo de beber?
—Claro —respondió Lady Candice con una sonrisa.
Lady Candice esbozó una sonrisa al ver como el pequeño Slim corría colina abajo.
—¡Aush! Se quejó en tanto una nuez golpeaba su cabeza —eres un pequeño mal criado, ¿lo sabes verdad? —preguntó alzando la cabeza y observando al culpable de aquella pequeña diablura —baja de ahi y te ensañare unos cuantos modales —dijo sonriendo.
—Vaya, vaya, así que ahora hablas con los animales.
Lady Candice se giró rápidamente.
—Usted —sus ojos se abrieron ampliamente —¿Que hace aquí?
—¿Y tu que crees? —dijo acercándose a ella —¿de verdad creíste que me quedaría de brazos cruzados después de lo que me hiciste, maldita Escocesa.
—Yo jamás le di motivos para que se hiciera ilusiones conmigo —respondió ella —como podría haberlo hecho si ni siquiera lo conocía personalmente —dio un paso atrás.
—Y lo del balcón, negaras que lo planeaste junto al maldito de Terry.
—Nosotros no hicimos nada, Lady Susana y usted labraron su propio camino, si mas recuerdo, ustedes planeaban hacerme quedar como una casquivana ante toda la sociedad Londinense —respondió ella alzando la barbilla para no mostrarle temor.
Lord Niel dio un paso al frente y ella uno hacía atrás.
—Como sea —dijo él de manera gélida —te enseñaré lo que le pasa a las mujeres como tú.
El pequeño Coati saltó sobre Lord Niel Leagan, enterrándole las pequeñas garras en su rostro.
El susodicho, agarró al pequeño animal por el cuello y lo lanzó por los aires.
—Corre Klint, busca ayuda —Lady Candice gritó en el momento en que Lord Niel la sujetó del brazo cuando ella intentaba huir.
Terry se encontraba en el patio trasero ayudando a Tom a bajar de su carreta unos cuantos costales de enseres que el joven solía llevar cada fin de semana, cuando la pequeña Daisy ingresó al hogar.
—Milord, he visto un carruaje cerca del rió
—Seguro es Jake.
Daisy negó movió su cabecita de un lado a otro.
—No es Jake —dijo —vi un joven de cabellos rojos junto a una joven rubia bajando de él, la chica se escondió entre los arbustos y el chico se dirigía hacia la colina.
En ese preciso momento el pequeño Coati llegó y comenzó a hacer ruidos extraños para llamar la atención de Terry y todos los presentes, para luego correr en dirección a la colina.
—¡Candy!
Terry lanzó el costal que sostenía y salió a todo prisa hacia la colonia.
Con palos, escobas, sartenes y todo cuanto les fue posible en mano, niños y adultos salieron para ayudar a Terry en lo que les fuera posible.
—Dime, ya te has revolcado con Terry.
—Lo que yo haga o deje de hacer con Terry no es asunto suyo.
Lord Niel rió entre dientes.
—Eres una casquivana al igual que tu madre que se deleitan calentado la ropa de cama de los caballeros, pero me aseguraré que ninguna ramera de la Familia White vuelva a burlarse de ningún miembro de la familia Leagan.
—¿De que demonios está hablando?
—Tu madre humilló a un miembro de la familia Leagan, exponiéndolo al escarnio público cuando huyó con tu maldito padre, al igual que lo hiciste tu al huir de mi —respondió —pero eso no se volverá a repetir y yo me aseguraré que así sea —Lord Niel sacó una navaja.
Los ojos de Lady Candice estuvieron a punto de salir de cuencas por lo que acaba de escuchar y por ver como aquel despreciable hombre estaba decidido a acabar con su vida.
—Guarde eso, alguien puede salir lastimado —dijo controlando sus emociones aunque por dentro estaba aterrada.
—Te aseguro que no seré yo —le respondió con la voz cargada de odio —Pagaras muy caro todas y cada una de las humillaciones que los miembros de tu familia le hicieron a la mía en el pasado —amenazó —que te creías, que te librarías tan fácilmente de mi —Apretó el amarre —Yo no tengo el corazón del Tío Raymond que perdonó a tu madre y eso causó una gran pugna entre mi padre y él y terminaron distanciados el uno del otro —apretó la mandíbula —Mi padre a pesar de no ser el primogénito merecía ser el Duque de Cambridge y no un simple Conde, mi Tío fue un completo cobarde al no buscar a tu padre y retarlo a un duelo por la humillación que le hizo al llevarse a su prometida —la miró con todo el odio acumulado por años —pero eso se acabará hoy —empuñó el puñal —yo te ensañaré que nadie se mete con ningún miembro de la familia Leagan y sale ileso o se va como si nada
A pesar de estar petrificada por lo que se acaba de enterar, Lady Candice comenzó a recordar todas y cada unas de las instrucciones de su hermano Albert.
Armándose de valor, en el momento en que Lord Niel tiró de ella para acercarla a él, Lady Candice concentró toda su energía, golpeó la parte baja de la mandíbula de Lord Niel con su mano empuñada.
El puñal cayó de las manos de Lord Niel quien se retrocedió y gruñó de dolor, aflojó la sujeción del brazo de la joven, pero no la soltó.
Lady Candice alzó la rodilla y le propinó un certero rodillazo en la entrepierna, provocando que Lord Niel gritará con mayor fuerza y cayera de rodillas, Lady Candice juntó sus manos y golpeó la cabeza del maldito vividor, este cayó boca a bajo y antes que intentara levantarse, Lady Candice comenzó a lanzar patadas por todas partes del cuerpo del hombre en el suelo.
—¡Candy!
La voz desesperada de Terry hizo que Lady Candice dejara al hombre y corriera a él quien venia detrás del pequeño Coati, seguido por niños armados con todo cuanto pudieron tomar.
Al otro lado de la casa hogar un pequeño grupo de niños en compañía de Tom acorralaban a Lady Susana.
La joven retrocedió e hizo el intento de escapar .
—Puppet —Ataca ahora —la voz de la pequeña Daisy resonó a lo largo del río
El pequeño animal salió de entre los arbustos, alzó la cola y atacó como solo él lo sabia hacerlo, orinó todo el rostro de Lady Susana quien comenzó a gritar a todo pulmón.
Horas mas tarde, tanto Lady Susana como Lord Niel yacían boca abajo en el suelo, atados de pies y manos como un par de reptiles mientras eran vigilados por todos los niños del Hogar que aun sostenían palos y sartenes y estaban dispuestos a usarlos si era requerido.
Tom se ofreció como voluntario para ir a Londres e informar a Albert lo que había sucedido.
Albert viajó junto a Tom y aprovechando que aquel par de sabandijas estaban en territorio Escocés, hizo llegar a las autoridades Escocesas para que se hicieran cargo de ellos y él, personalmente se encargaría que jamás salieran de prisión.
La preocupación hizo mella en ambos hombre ya que Lady Candice presentó una crisis nerviosa que requirió que el doctor Marti se hiciera presente.
—Estará bien —Pony los animó —descansa ahora y ustedes deben hacer lo mismo —palmeó el hombro de ambos.
Terry y Albert asintieron y antes que se retiraran Pony detuvo a Lord Albert.
—Milord, usted y yo necesitamos hablar.
Albert asintió y Terry se retiró a la habitación que le asignaron.
Terry daba vueltas en su cama, le era imposible conciliar el sueño, sabia de sobra que el láudano podia provocar alucinaciones y luego de lo vivido Lady Candice era lo que menos necesitaba, suficiente era el haber enfrentado sola a aquel bastardo como para encima exponerla a un mayor sufrimiento.
Decidido a cuidar de ella y vigilar sus sueños, Terry salió de la cama y tras asegurarse que todos dormían, salió de su habitación a hurtadillas y se deslizó a la habitación de ella.
—Candy —dijo en un susurro—. Soy yo, Terry.
—Terry, ¿ que haces aquí?— preguntó ella removiéndose un poco.
—Necesitaba saber cómo estabas —dijo acercándose—. Quería estar seguro de que te encuentras bien.
—Estoy bi... bien —respondió ella con voz temblorosa.
Su cabello estaba revuelto y su rostro totalmente pálido.
—¿Quieres que me quede un rato para vigilar tu sueño ? —preguntó él con dulzura.
Ella asintió y se removió en la cama para hacerle un espacio.
—Te importaría abrazarme.
Terry negó con la cabeza y pasó su brazo por detrás de ella y cuando la estrecho en sus brazos, sintió como ella temblaba.
—No temas, yo estoy aquí y velaré tus sueños.
—Gracias por haber acudido en mi ayuda
—Yo no hice nada, tu lo hiciste sola —respondió él besando la coronilla de su cabeza.
—No lo habría logrado de no haber sido por las enseñanza de Albert y tus instrucciones.
Lady Candice se pegó al pecho de él.
—Klint fue muy valiente, se le echó encima y rasguñó su horrible rostro.
—Lo sé, vi sus marcas.
Lady Candice alzó el rostro.
—Lo lanzó por los aires, ¿como se encuentra él ahora?
—Está siendo tratado como el gran héroe que es —Terry esbozó una sonrisa —los chicos lo han consentido junto a Puppet, ambos fueron muy valientes.
Permanecieron en silencio por un largo tiempo.
Candy sentía una calor embriagador y Terry sentía que moriría esa noche.
—Terry te gustaría tener hijos pronto.
—Por supuesto —Respondió él mientras acicalaba sus rebeldes rizos —me gustarían tres o cuatro hijos.
Lady Candice apoyó su mentón en el pecho de Terry para verlo a los ojos.
—¿En verdad?
—Si —respondió él con una traviesa sonrisa de medio lado.
El silencio reinó entre ellos una vez más.
—¡Terry! —lo llamó ella.
—Dime —respondió él con voz suave.
—¿Te gustaría enseñarme en el campo de la práctica como se hacen lo niños? —preguntó ella totalmente sonrojada hasta la raíz del cabello.
La entrepierna de Terry estaba dispuesta a comenzar con la labor en ese mismo instante, pero debía controlarse, ella acababa de pasar por algo muy fuerte.
—Me encantaría hacerlo, pero puedo esperar a estar casados.
Lady Candice notó que él al igual que ella deseaba dar ese paso, pero estaba siendo caballeroso y prudente.
Ella en cambio a pesar de estar echa un manojo de nervios, estaba dispuesta a dar ese paso, siendo consciente que no habría marcha atrás.
Armándose de valor, Lady Candice se sentó sobre la cama y sin decir una sola palabra comenzó a abrir la camisa de la pijama de él.
—Candy vas a cruzar una linea en donde no hay opción a retroceder —él intentó detenerla.
—Lo sé —respondió ella sin amedrentarse.
—¿Estas segura que quieres hacerlo? —preguntó él dándole la oportunidad para que se arrepintiera.
—Deseo hacerlo Terry —respondió ella.
El poco auto control con el que contaba Terry, se esfumó por completo, barridos por el intenso deseo que se había encendido dentro de él ante la respuesta de ella.
Con dedos temblorosos, Candy comenzó a desnudar a Terry —; cuando la última prenda cayó al suelo, alzó la mirada y sus verdes ojos se oscurecieron al ver la majestuosidad delante de ella.
El miembro viril de Terry se levantó, exigiendo un poco de atención.
—¿Te dolerá si lo toco? —preguntó ella con voz entre cortada.
—Si, pero no de la manera que piensas —respondió él con voz ronca.
Lady Candice tocó la punta del miembro masculino con total suavidad utilizando las yemas de sus delicados dedos.
Terry gruñó ante aquel suave y tímido toque.
—¿Te he hecho daño?
—No —respondió él apretando la mandíbula —sigue —la animó —con una sonrisa tensa.
Con manos curiosas, Lady Candice tomó el miembro entre sus manos y comenzó a acariciarlo de arriba a abajo y se aventuró a tocar las dos bolas que colgaban en el nacimiento del miembro masculino.
Candy notó como aquel hermoso pene daba un saltito cuando la yema de su dedo indice formó círculos alrededor de la punta —Sonrío al ver lo que un solo toque de sus dedos provocaba en aquel hombre.
—¿Has...ter...minado ...con...tu...explo...ración ? —le preguntó arrastrando las palabras.
—Me dijiste que no te haría daño, debiste avisarme de que te... —comenzó ella a decir pero él la interrumpió.
—No me estabas haciendo daño, me estabas torturando —respondió él apretando los dientes —otro día disfrutaré lo que has estado haciendo cómo se merece, pero esta noche no, hoy no quiero terminar antes de empezar, ni de que tú empieces —dijo con voz ronca —Ahora yo tomaré el control de todo.
Terry comenzó hacer lo mismo que ella hizo.
Una a una las prendas que cubrían la desnudez de ella terminaron en el suelo.
Muy despacio, Terry deslizó las manos por todo su cuerpo, tocó con suavidad los muslos, las caderas, la cintura y los pechos, dejando tras cada caricia un rastro de calor y deseo en ella; aquello borró por completo cualquier rastro de vergüenza.
Sus manos y sus labios volvieron a posarse sobre sus pechos, sus pezones se irguieron, convirtiéndose en puntos de placer y también de cierto dolor.
Lady Candice se dejó caer sobre las almohadas, curvando un poco el cuerpo para animarle a que emprendiera nuevas exploraciones...—Necesitaba que le tocara...
Como si leyera sus pensamientos, él tocó esa parte de ella que pedía a gritos un poco de atención.
—Eres hermosa —dijo él con voz ronca antes de bajar sus labios y empezar chupar los pechos, provocando que Lady Candice no pudiera pensar en otra cosa que no fueran sus besos y caricias.
La mano de él bajó por todo su cuerpo.
Cada toque, cada beso, la acercaba a lo mismo que había sentido dentro del carruaje.
Sus caderas se contrajeron en el momento en que Terry rozó con la yema de su dedo aquella zona sensible de su cuerpo y oleadas de placer la invadieron.
Terry se posicionó sobre ella y lentamente comenzó a entrar en su interior.
Lady Candice contuvo el aliento al sentir una fuerte punzada de dolor, la cual después de unos segundos se convirtió en algo placentero.
Terry se quedó inmóvil, aguardando a que el cuerpo de ella se acostumbrara a él.
—¿Estas bien?
—Maravillosamente —respondió ella subiendo sus manos desde la estrecha cintura de Terry hasta sus anchos hombros, y después las bajó hasta sus nalgas, que seguían presionando su vientre.
—Te amo Terry
—Y yo te amo a ti, Candy —besó sus labios —. Pronto serás mi esposa y la madre de nuestro primer hijo o hija.
Sus caderas se movieron rítmicamente, entrando y saliendo una y otra vez, hasta que finalmente llegó muy dentro, lo más dentro que podía, hasta alcanzar su corazón.
Terry se detuvo, gimió cuando derramó su semilla en el interior de ella.
Candy sintió en su interior la calidez de su semilla, tal vez el comienzo de una nueva vida, un hijo o hija que sería querido, educado y cuidado por ambos.
Terry comenzó a retirarse del interior de ella, pero ella lo retuvo.
—No te vayas —le dijo.
—Te estoy aplastando —respondió acariciando sus mejillas —no te preocupes, no me iré muy lejos —le dijo sonriendo al tiempo que besaba su nariz —Eres maravillosa —la envolvió entre sus brazos —ahora debes descansar —beso su frente.
—¿Te quedaras conmigo?
—Si —respondió él —aunque eso implique que Albert me corte las pelotas —sonrió —mañana hablaré con él e ire luego por una licencia especial.
—No lo hará —respondió ella —el quiere mi felicidad por sobre todas las cosas y sabes que lo eres —sonrió —y no es necesario que vayas por una licencia especial, podemos seguir con la fecha que planeamos.
—Claro que lo es, aun cuando tu hermano sea tan comprensivo, necesitamos adelantar todo, es posible que su pequeño o una pequeña sobrina venga en camino —alzó una ceja traviesa.
Lady Candice tocó su vientre.
—¿Crees que hayamos procreado una nueva vida?
Terry sonrió pícaramente —es probable, pero de no ser así, estaré encantado de seguir intentándolo todas las noches hasta lograrlo,
Ella hizo un sonido de sorpresa.
—¿Entiendes ahora por que necesitamos la licencia especial? —Acarició su rostro.
—Si —musitó pegando su cabeza al pecho de él escuchando el latir desenfrenado de su corazón.
—Durmamos ahora, mañana nos espera un largo día.
—De acuerdo —respondió ella besando el pecho de él antes de cerrar los ojos y dormir plácidamente rodeada por sus cálidos y fuertes brazos.
Continuará...
—No olviden dejar su comentario dejándome saber que les pareció el capítulo.
—Fue interesante saber la razón de tanto odio en contra de Candy por parte de Niel, ¿no les parece?
