Capítulo 15: De olores y un biombo (Editado)
Hermione despertó bien entrada la mañana. Abrió los ojos lentamente y pestañeó un par de veces para adaptarse a la luz que se colaba por el hueco entre las cortinas azul cobalto de su habitación. Bostezó y se estiró como un gato debajo de las mantas.
Y entonces un pensamiento la golpeó con fuerza. No recordaba haberse metido en su cama, de hecho no recordaba ni siquiera haber bajado de la biblioteca. Su último recuerdo era haber cerrado los ojos unos segundos para descansarlos después de haber leído durante un buen rato un libro de Magia Negra.
Apartó las mantas, mientras se decía que Harry o Ron debían de haberla llevado hasta su cama y no le dio más importancia.
Cuando entró en la biblioteca un rato después, aún en pijama y bostezando, Harry y Ron ya estaban en ella, el primero echado sobre la alfombra y el segundo manteniendo el equilibrio precariamente sobre un puff.
—Buenos días —les saludó recogiéndose el pelo mientras se dirigía a su sillón.
—Hola.
—Por cierto, gracias por bajarme ayer hasta mi cuarto. Me debí de quedar dormida leyendo —comentó, tomando asiento.
—Yo no te bajé —dijo Ron. Hermione miró entonces a Harry y éste negó con la cabeza con gesto extrañado. Pálida, se percató de que el extraño aroma impregnado en su pijama –que había decidido inusualmente no quitarse tan temprano – le resultaba muy familiar.
Seducción.
¿Había sido Malfoy? ¿Malfoy la había bajado hasta su cama, dormida?
No. Era imposible. Sin embargo, si no habían sido ni Harry, ni Ron...no quedaba otra opción. Kreacher estaba descartado sin duda.
—¿Hermione? —la llamó Ron viendo la expresión de su rostro.
—Creo que...voy a bajar a darme una ducha, ¿de acuerdo? —dijo levantándose, pensativa y salió de la biblioteca sin esperar que sus amigos le respondieran.
Hubiera sido Malfoy o no, no quería oler a él.
Draco no salió de su cuarto hasta que estimó que Granger, Potter y Weasley estarían en la biblioteca haciendo Merlín sabe qué –como era su costumbre en los últimos días —. No había logrado dormir demasiado, ni siquiera después de leer durante un par de horas en la biblioteca. Sentía el cuello y la espalda rígida, y estaba de un humor de perros desde lo de la noche anterior.
Había pasado varias horas en la cama, boca arriba, con los ojos grises abiertos en la penumbra de la habitación, fijos en el techo sin dejar de pensar en Granger. Jodidamente consciente de su olor a caramelo, que parecía entrelazado con cada fibra de su camisa de dormir.
Le estaba pasando algo, y fuera lo que fuera, no le gustaba una mierda.
Se sentía extraño, como si su cuerpo y su mente no le pertenecieran y fuera un simplemente espectador de sus movimientos y pensamientos. No controlaba la situación y no podía soportar esa idea. Para empezar, debía deshacerse de esa maldita camisa que olía a sangre sucia, aunque fuera de un modo tan sutil que apenas era perceptible –o eso, o ya se había acostumbrado demasiado a esa aroma y apenas lo percibía -. El siguiente paso era darse un buen baño para eliminar cualquier huella de su delito.
Mientras caminaba por el pasillo hacia el baño del fondo, se maldijo por milésima vez por haber obrado como lo hizo la noche anterior. Un par de meses atrás, si hubiera encontrado a la sangre sucia dormida hubiera aprovechado la ocasión para gastarle alguna broma pesada en lugar de llevarla en brazos hasta su cama como si fuera una princesa y él su cursi príncipe azul.
Puso una mueca de furia al pensar en ello, mientras se desabrochaba los primeros botones de su camisa.
—Kreacher —llamó —Prepárame un baño —ordenó suponiendo que el elfo doméstico le escuchaba. Después de todo, parecía estar al tanto de todo aunque rara vez se dejara ver, así que Draco confiaba en que la escasa cordura que le restaba le permitiría llevar a cabo la tarea. Recordó con anhelo a Deggens, el elfo doméstico que en la mansión de los Malfoy tenía por completo a su disposición.
Apartó esa imagen de su mente y entró en su habitación para escoger algo de ropa que ponerse después del baño. Abrió el enorme armario y sintió otro ataque de nostalgia y frustración al comparar su interior, prácticamente vacío, con él de su habitación en la Mansión Malfoy. Apartó con furia un par de perchas de las que colgaban unas tristes camisas de leñador y unos vaqueros desgastados. Por supuesto de segunda mano y pertenecientes a los pobretones.
Cogió con un par de prendas propias y se las echó al hombro mientras se quitaba los zapatos ayudándose con los pies. Después se soltó el cinturón y se desabotonó por completo su camisa, pero decidió no desnudarse más por si acaso se topaba con Granger. Podría morirse de la impresión si veía un cuerpo de verdad acostumbrada al larguirucho de Weasel y el canijo de San Potter.
Esbozó el amago de una sonrisa de lado al imaginarse la escena, salió de nuevo al pasillo y caminó con los pies descalzos sobre las raídas alfombras con aire de ser el dueño de lugar. Llegó hasta la puerta al fondo del pasillo, giró la manilla con forma de serpiente de plata y entró en el baño. Se sorprendió gratamente al comprobar que la bañera estaba llena de agua caliente que despedía visibles hélices de vapor. Kreacher había hecho bien su trabajo, y rápido.
Con una mueca de satisfacción, posó la ropa sobre una silla y se quitó la camisa dándole la espalda al biombo que había en una esquina. Después deslizó el cinturón por las hebillas hasta quitárselo y se volvió hacia la bañera desabrochando el primer botón de su pantalón negro. Fue entonces cuando la vio.
Hermione acababa de salir de detrás del biombo, completamente desnuda.
—¡Coño, Granger! —exclamó sorprendido repasándola con la mirada de arriba abajo. En su exhaustivo examen, comprobó –como había sospechado –que la chica no tenía un cuerpo desagradable y insulso precisamente...
Hermione se giró hacia él y lanzó un grito que podría haber hecho estallar todas las lámparas y ventanas de la casa. Después intentó tapar su desnudez con sus brazos, pero no sabiendo qué parte de su cuerpo ocultar, gritó de nuevo, y en cuestión de segundos, se arrojó tras el biombo de cabeza.
Quizás en otra ocasión, Draco se hubiera reído y burlado de ella, pero no fue capaz de moverse un pelo. Estaba conmocionado.
Había visto desnuda a la sabelotodo y no le había desagradado. Ni un poco. Más bien al contrario.
Y fue ella misma la que le sacó de su trance asomando la cabeza completamente colorada y enfurecida por encima del biombo.
—¿CÓMO TE ATREVES A ENTRAR AQUÍ? ¿ES QUÉ NO SABES LLAMAR, IMBÉCIL?—gritó a pleno pulmón mientras forcejeaba con los pantalones de su pijama, tratando de embutirse en ellos a toda velocidad. Se sentía avergonzada, furiosa, ultrajada y humillada a partes iguales. También quería asesinar a Malfoy, aunque no sabía si le apetecía hacerlo porque la había visto desnuda o porque él casi lo estaba. A pesar de la conmoción había visto perfectamente su pecho desnudo, atravesado por las finas cicatrices de las heridas que una vez ella había curado. Estaba delgado pero tenía los hombros anchos y el pecho moldeado sutilmente. Y lo peor, al bajar la mirada, a través del pantalón desabrochado, había vislumbrado una tenue sombra de vello que ascendía hasta su ombligo.
Quería morirse.
—No sabía que estabas aquí, sabelotodo —dijo él arrastrando las palabras con indiferencia. Indiferencia que no sentía en absoluto, por cierto —Ordené a Kreacher que me preparara un baño y si tú te colaste, es tu culpa que esto haya sucedido.
Hermione, que en esos momentos se estaba pasándose la parte de arriba por su pijama, no pudo evitar responder aunque su voz sonó amortiguada por la tela.
—¡Kreacher no ha preparado el baño, lo hice yo! ¡Él ni siquiera se ha pasado por aquí! —logró bajarse el pijama y lanzó un bufido de exasperación —¡Es tu culpa que... —enronqueció de una mezcla entre enojo y pudor —... grandísimo estúpido!
—Oh —Draco fingió una mueca de afectación y se llevó una mano al pecho con gesto teatral —Me ofendes, Granger —dijo con frialdad —No creas que para mi ha sido muy agradable.
—Para mí tampoco —aseveró ella, intentando nerviosamente recogerse el pelo con una goma.
Draco soltó una carcajada despectiva y altiva.
—Se me ocurren una docenas de chicas que pagarían por ver lo que tú has visto—aseguró con petulancia.
Esta vez fue Hermione la que soltó una risotada desdeñosa.
—No creo que en San Mungo haya tantas internas con afectación cerebral —dijo Después, completamente colorada, salió de la seguridad del biombo para comprobar que Draco no se había movido ni vestido, así que se llevó rápidamente una mano a los ojos mientras enrojecía aún más.
—¿Quieres vestirte de una vez? —le espetó evitando mirarle.
—¿Por qué, Granger?¿Es que te pongo nerviosa? —susurró él con voz suave y provocativa. Hermione dio un respingo al sentir la voz tan cerca de ella y alarmada, apartó la mano sólo para ver como Malfoy se aproximaba con una mirada perversa y felina en los ojos grises.
—¿Qué haces? —graznó ella, con voz más áspera de lo que pretendía, intentando retroceder hasta que se topó con el obstáculo del biombo.
—Darle sentido a tu patética existencia —siseó él, sujetándola por la cintura para impedir su retirada. Así que ella se creía indiferente a sus encantos. Ya lo comprobaría.
Y entonces, sin más preámbulos, sin más que una mirada fugaz a sus labios, la atrajo hacía él y la besó en la boca. La sujetó por la cabeza, apretando sus labios contra los de ella mientras con la otra mano la empujaba para juntar sus caderas.
Hermione se quedó tensa y paralizada por la sorpresa durante unos segundos, con los ojos muy abiertos, viendo y sintiendo los labios de él deslizándose y frotándose con los suyos, con cadencia y calma, como si tuviera todo el tiempo del mundo. Humedeciéndolos con cada caricia, hipnotizándola.
No podía pensar, ni tampoco reaccionar, era como una muñeca de trapo entre sus brazos, resistiendo sus caricias como si su cuerpo no le perteneciera. Pero cuando él le pasó la lengua entre los labios apretados, Hermione reaccionó.
Se revolvió y le empujó, tratando en vano de apartarlo, pero él la sujetaba con tanta fuerza que apenas le movió. Furiosa y sintiéndose ultrajada, le golpeó en el hombro y abrió la boca para insultarle.
Pero nunca debió hacerlo.
Porque Malfoy aprovechó la ocasión para deslizar la lengua entre sus labios y entonces supo que estaba perdida. Peleó y forcejeó sin demasiado ahínco durante unos diez segundos, pero poco a poco sus protestas fueron perdiendo fuerza hasta que se limitó a aferrarse a sus hombros, cerrando los ojos con fuerza mientras la lengua de Malfoy acariciaba la suya, incitándola a enfrentársele, arrasándola con oleadas de placer cada vez que la rozaba. Concentró sus esfuerzos en resistirse, en no responderle, pero cuando él presionó con fuerza en su espalda y hundió aún más la boca en la suya, no pudo soportarlo más.
En el mismo instante en que Draco percibió con triunfo que ella le respondía, un escalofrío lamió sinuosamente su espalda, ascendiendo hasta su cuello. Volviéndole loco.
Su intención al besarla había sido simplemente herirla, castigar, provocarla. Demostrarle que nadie en su sano juicio podía resistirse a él, pero cuando comprendió que estaba perdiendo el control, su sensación de triunfo se apagó.
En realidad, todo lo hizo, hasta que sólo quedó ella.
—Kreacher prepa... —la voz de elfo doméstico se cortó en seco cuando sus verdes y sangrientos ojos se posaron en las dos figuras entrelazadas. Una en pijama, la otra a media vestir.
La asquerosa sangre sucia y su adorable Malfoy sangre limpia.
Conscientes de la interrupción, ambos se separaron, como imanes repeliéndose, y volvieron sus rostros agitados hacia el pequeño elfo, aferrando con rabia el pomo de la puerta que acababa de abrir.
—Kreacher —murmuró Hermione en voz muy baja. Ahora que ya no tenía las manos de Malfoy sobre ella podía pensar con claridad. Pensar en qué demonios acababa de hacer.
Avergonzada, incómoda, confusa y deseando que la tierra la tragara, salió a toda velocidad del baño, casi arrollando al elfo doméstico en su huída. Sin mirar a Malfoy.
Hermione no dejó de correr hasta que entró en su cuarto y cerró la puerta con magia. Se llevó una mano a la cabeza, respirando profundamente, tratando de asimilar y racionalizar lo que había ocurrido.
Malfoy la había besado. A Ella. A la que rara vez llamaba por su nombre, sino que prefería usar múltiples insultos: sangre sucia (su favorito), sabelotodo, comelibros, empollona, dientes largos...
Y lo peor es que ella había empezado a responderle. Técnicamente se podría decir que se habían besado.
Por Merlín, ¿ella y Malfoy? Era descabellado, sin embargo, aún podía sentir que sus labios cosquilleaban, húmedos. Se llevó una mano a la boca, como si quisiera encontrar una explicación palpando sus labios con los dedos. Cuando se dio cuenta de que se estaba comportando como una estúpida enamorada, se frotó la boca con desesperación, como si así pudiera borrar lo que había sucedido.
Ojala que pudiera.
Se arrepentía de lo que había hecho. Primero Malfoy la había visto completamente desnuda y después habían acabado besándose contra el biombo. Él semidesnudo.
Sólo de pensarlo le ardían las mejillas y deseaba morirse o desaparecerse por completo. Pero sin aparecer en ninguna parte. Simplemente dejar de existir.
¿Cómo iba a poder mirarle a la cara? ¿Y a Harry o a Ron? Tenía la sensación de que cuando la miraran verían escrito en su frente algo así como "Culpable".
Dios, ¿qué habían hecho?
Necesitaba pensar, analizar y racionalizar todo, encontrar alguna explicación satisfactoria y dejarlo aparte, pero allí no podía. No con Malfoy, el testigo de lo que habían hecho, y sus dos mejores amigos cerca. Necesitaba salir de ahí para aclarar sus ideas.
Rápidamente, abrió su armario y cogió lo primero que encontró –se había dejado la ropa que pensaba ponerse ese día en el baño –se vistió y quitó el hechizo de la puerta.
Nerviosa, giró el pomo y la abrió lo justo para comprobar que el pasillo estaba desierto. Entonces, con sigilo, se deslizó fuera y corrió como si Voldemort la persiguiera por todo el pasillo. Bajó las escaleras a toda velocidad, saltando varios escalones de cada vez, con una mano apoyada en la pared para no perder el equilibrio en ningún momento hasta que llegó al vestíbulo, donde aterrizo de un salto seco.
A zancadas, cruzó sobre la alfombra raída que cubría al suelo hacia la salida, pero en ese instante una puerta se abrió a su izquierda y de ella salieron Harry y Ron. De las cocinas.
—¿A dónde vas tan deprisa? —preguntó Ron sorprendido.
Hermione les miró lívida, y con el corazón latiendo a toda velocidad. Debía irse de allí, cuanto antes, aún no se sentía capaz de comportarse como una persona normal y cuerda.
—¿Qué pasa? —preguntó Harry preocupado —¿Es que Malfoy te ha hecho algo?
—¡No! —chilló Hermione, y cuando se dio cuenta de que se había comportado como una histérica, respiró hondo y trató de aparentar normalidad —No —repitió más calmada —sólo voy a dar una vuelta.
—¿Para qué? —preguntó Ron con extrañeza —Hace tres días que no nos dejas movernos de la biblioteca y ahora tú...
—Voy a buscar información —respondió ella con rapidez—por métodos muggles. Ya que parece que la magia falla, tal vez la tecnología muggle pueda ayudarnos —añadió con tanta credibilidad que se asombró a si misma. Con gesto eficiente, se dirigió a la puerta, y antes de que Harry y Ron pudiera comentar nada, ya estaba fuera de Grimmauld Place número 12.
Hermione paseó sin rumbo durante un par de minutos. Pasear siempre la había ayudado a pensar, a poner su mente en orden y en ese momento lo necesitaba más que nunca. A faltar de los tranquilos terrenos de Hogwarts, Hermione decidió buscar un parque cercano.
Era justo mediodía cuando llegó a St. Lurleen Park, que estaba lleno de jóvenes y familias comiendo sobre el césped, aprovechando el buen tiempo de ese día de Agosto. Buscó un banco apartado a la sombra de una haya, y se dejó hacer en él, hundida.
Su plan era comprarse un bocadillo en algún puesto del parque, comer y después visitar un cybercafé. Después de todo, buscar información era la excusa que le sabía dicho a sus amigos, así que no podía regresar a Grimauld Place con las manos vacías.
Pero eso sería luego, en ese momento todo lo que le preocupaba era ese beso y Malfoy. ¿Por qué la había besado? Bueno, eso no era demasiado difícil de imaginar conociéndole como lo conocía. Siendo tan vanidoso, sin duda se había sentido ofendido por la indiferencia que ella había mostrado ante él –aunque tenía que reconocer que debería haberle sido todavía más indiferente –así que para demostrar tanto a ella como a él, que era irresistible y que ninguna fémina podría resistírsele, la había besado. Como un simple instrumento para dominarla y castigarla. Para humillarla.
Posiblemente lo peor de todo había sido que ella había comenzado a responder. No fueron más de cinco segundos antes de que Kreacher les interrumpiera – cada vez que lo recordaba quería morirse –pero los dos sabían que lo había hecho. Y no entendía por qué.
Quizás todo se debiera a la simple curiosidad, a lo inverosímil de la situación que le impedía pensar y comportarse como una persona razonable o tal vez simplemente a que Malfoy besaba bien –no era tan hipócrita ni tan inepta como para negárselo –.
No es que ella tuviera muchos puntos referencia con lo que compararlo pero sabía lo suficiente para darse cuenta de eso. Besaba de un modo totalmente diferente al de Viktor. Él era mucho más delicado, cada vez que la besaba parecía tener miedo de romperla con sus manos. Había algo en su torpeza a la hora de tocarla –como si temiera que ella pudiera molestarse o sentirse violenta –que lo hacía increíblemente tierno. Viktor la tomaba por la barbilla con su enorme mano y le alzaba el rostro con delicadeza. Entonces la besaba larga y dulcemente.
Malfoy era completamente diferente. La sujetaba con fuerza, con violencia, la estrujaba contra su cuerpo con total impudicia, imponiéndose más que compartiendo. Arrasaba su boca y la provocada de formas indecentes con peligrosa habilidad.
Con Krum sentía muchas cosas, con Malfoy simplemente no podía pensar.
No pensar. Eso es lo que debería hacer aunque fuera en contra de su naturaleza. Después de todo lo que había ocurrido con Malfoy, aunque horrible, no tenía ninguna importancia. No significaba nada para ella, ni tampoco para él. Así que todo bien.
Sintiéndose un poco más relajada, se levantó, rumbo al primer puesto que viera. Decidiendo convenientemente no entrar a analizar por qué la había llevado hasta su cama.
Cerró su blanca mano en puño sobre su cabellera de platino por milésima vez y dio una patada furiosa a una de las patas de su sillón. Después chascó la lengua, y caminó, inquieto, sobre la alfombra a los pies de su cama.
Se estaba volviendo loco. No podía parar de pensar en el que jodido beso que le había dado a Granger. Esa vez no había sido un sueño.
Ni siquiera la había besado por el mero placer de hacerlo o porque lo apeteciera, sino para demostrarle quien de los dos mandaba, para darle una lección por despreciarle. Para empezar, meses atrás, no hubiera besado a Granger ni siquiera para mortificarla o hacerla rabiar. Directamente no se le habría pasado por la cabeza, la sola idea le habría repugnado. Y ahora, sólo de pensarlo, sentía unas indecentes ganas de volver a hacerlo.
Obligarla, imponerse, había sido divertido. Pero cuando ella le había respondido...
Oh, Merlín.
Su propia arma se había vuelto contra él.
Y para colmo, el inútil de Kreacher los había visto. Draco le había ordenado tajantemente olvidar el incidente y nunca mencionarlo absolutamente a nadie, como si jamás hubiera sucedido, pero había alcanzado a ver el brillo de desprecio de los ojos del elfo antes de salir de los baños. De cualquier modo, no le preocupaba. Era una criatura penosa pero inofensiva, y como estaba tan chiflada, si llegaba a mencionarlo delante de San Potter o el Pobretón ninguno de los dos le creería. Y estaba convencido de que Granger no lo mencionaría –por una vez le venía bien que ella fuera una mojigata.
¿Qué le estaba pasando? Desde que ella le había encontrado se había convertido en un caos. No podía controlar sus pensamientos, mucho menos aún sus sentimientos. Le había salvado la vida, le había curado y después, cuando le encontró en el gran Salón, reducido a un niño lloroso y desconsolado, le había protegido del Boggart y había tratado de consolarle. Se había arriesgado sólo para informar a su madre de que él estaba a salvo –y para protegerla de cometer alguna imprudencia también –le había llevado sus cosas y como Potter le había señalado, permanecía en la mansión Black, a salvo, gracias a ella. Por mucho que una parte de él se sintiera humillada por toda la situación, había otra, retorcida y antes oculta hasta el punto de que había olvidado su existencia, se sentía agradecida. O algo así.
Nunca antes había experimentado ese sentimiento, así que no podía saberlo con seguridad. Y odiaba eso, no estar seguro de nada –por Merlín, Draco Malfoy dudando de sí mismo –sentirse débil y vulnerable por mucho que se esforzara en lo contrario y saberse de algún modo unido a ella.
Se acercó a la ventana y miró por ella, con la sensación de que si seguía mucho tiempo en esa casa, acabaría volviéndose loco.
Por ella, tal vez.
Hermione clickeó sobre el botón de búsqueda y de inmediato aparecieron una serie de entradas en la pantalla, relacionadas con la referencia "C Bran". Echó un rápido vistazo a los enlaces, comprobando con desanimo que la mayoría respondían a empresas o apellidos de muggles.
Sinceramente, la chica no pensaba que C. de Bran se refiriera a un nombre, porque estaba convencida de que tenía que ver con un horrocrux. Lo cual significaba que por fuerza debía tratarse de un lugar.
Frustrada, después ojear las diferentes entradas durante cerca de media hora, decidió rendirse. Después de todo, tal vez la idea encontrar algo relacionado con el emplazamiento de un horrocrux por métodos muggles era descabellada.
Suspiró, dio el último sorbo a su taza de café y dirigió el ratón a la parte superior de la página, para cerrarla. Pero entonces, la última entrada que se veía en la pantalla llamó su atención.
Su corazón latió con expectación al darse cuenta de que lo había encontrado.
Ya sabía lo que significaba C. de Bran. Estaba segura.
Del mismo modo que lo estaba de que a Harry no le gustaría saberlo.
Hola chicas,
siento la tardanza pero anoche fanfiction no funcionaba ¬¬ y hoy al mediodía apenas tuve tiempo para comer. A esto me refería cuando decía que en este capítulo habría acción entre estos dos -mujajajaja-, se han topado accidentalmente en el baño y Draco ha acabado besándola contra el biombo xp peeero Kreacher les ha pillado...¿Creéis que el elfo se quedará tranquilo y calladito? Yo diría que no... Después Hermione ha huído de la casa xd pero ha descubierto que es C. de Bran, sólo una de vosotras lo ha adivinado aunque la mayoría no ibaís mal encaminadas ;) la verdad es que es un poco difícil, pero en el próximo lo sabréis :) Y no sale en google xd que ya lo he probado jajaja.
Muchas gracias por los ánimos, ya estoy mejor, gracias :)
Y creo que ya nada más :), sólo daros las gracias de nuevo y desearos suerte a las que estáis de exámenes!
Mis agradecimientos especiales para las que dejaron r&r en el anterior:
lxlgiselalxl, Yezzie, tifanny, Amber Nixie, Soerag Malfoy, Irethy, Anne Rose Malfoy, milicentgranger, vangu, harrymaniatica, Xgirl1, cukyas, pekelittrell, Jules, zephyrpotter, PauMalfoy, mariapotter2002, Lyann Jade, Dubhesigrid, pansy936, yanhira, Sheccid Malfoy, sakurita555, Pajaro-de-fuego, maria, El Collar de Perlas, damari, Lna, Euridicee.e, galletaa, antoo, micropuff, KrYs, annkora81, Fer Cornamenta, Yeire, Veroli, ., Emily Dumbledore, Dysis, Amarissima, Arania, Nimue -Tarrazo, Cielo azul V, princesaartemisa, taniz, Klass2008, Namelia Phoenix, selegna, Edoras, gata2242 y Heredrha.
GRACIAS por todo!
Con mucho cariño, Dry!
pd: dadle a "go" para que un Draco (quien sea) a medio vestir os bese contra un biombo ;)
