o0o Recomendación músical: Down with the sickness - Disturbed

El chapter viene a ser unos dos normales así que os recomiendo os pongáis la canción, vayáis al baño y os traigáis algo de comer antes de empezar a leer x)

Disfrutad de la lectura!


Capítulo 17: En Bran (Editado)

Lo primero que sintió Hermione fue el gélido viento golpeando su cara. Se apartó un mechón de pelo del rostro y elevó la vista hasta el imponente castillo de Bran alzándose en lo alto de los montes Cárpatos. Harry, Ron y ella intercambiaron una mirada de nerviosismo y expectación.

Ya sólo el castillo resultaba temible y lúgubre bajo las últimas luces del día. A pesar de que el sol se ocultaba tras el castillo, el cielo estaba tintado de un extraño gris, parecido a una indefinida neblina que caía con su invisible humedad sobre los tres amigos, llenando su pecho de una sensación semejante al desazón.

—Bueno...vamos —dijo Harry y sus palabras sonaron ásperas y extrañas, como si en esa región no se hubiera escuchado ninguna voz humana durante mucho tiempo.

En silencio, los tres amigos se pusieron en marcha, trepando por un escarpado sendero que serpenteaba entre la roca cubierta de musgo y los frondosos árboles que rodeaban la fortificación. Deliberadamente, habían esquivado el camino principal que llevaba al castillo para no ser vistos y habían decidido aparecerse a una distancia prudencial de la fortificación para familiarizarse con el terreno y aproximarse furtivamente.

Durante unos veinte minutos, los tres amigos siguieron ascendiendo en silencio, aferrándose con manos y pies a la roca resbaladiza por el musgo hasta que llegaron a los pies del castillo. Entonces se detuvieron, ocultos tras un pino especialmente frondoso, para recuperar el resuello y meditar su siguiente paso.

—Para estar deshabitado no está tan mal ientras lanzaba otro comentó Ron echando un vistazo al castillo entre las ramas del pino. Trató de imprimir a su voz un tono despreocupado pero estaba mortalmente pálido y por la expresión de su cara era evidente que estaba asustado.

—He estado investigando —dijo Hermione —El castillo no está realmente abandonado pero su propietario no puede permitirse su manutención en perfectas condiciones. Al parecer su familia ha sido dueña del castillo durante los dos últimos siglos pero el gobierno rumano se lo arrebató durante la mitad del siglo pasado y se lo devolvió hace unos veinte años, pero su heredero quebró por aquel entonces y desde ese momento está buscando un comprador.

—Veinte años — murmuró Harry —seguramente Voldemort maldijo el castillo para que nadie se instalara en él.

—Aún así, es posible que tenga algún tipo de cuidador — les recordó Hermione — el dueño no puede mantenerlo en perfectas condiciones pero no significa que lo tenga completamente abandonado. Tal vez deberíamos desilusionarnos.

—Pues yo no creo que haya nadie — apuntó Ron —No se me ocurre ninguna persona que quisiera vivir en un lugar como este.

Tanto Harry como Hermione compartían su opinión a juzgar por el modo en que miraban el castillo. Era realmente tétrico ahora que anochecía y el saber que había pertenecido al primer vampiro de la historia, el cual había llevado a cabo terribles y sangrientas torturas en ese lugar, no hacía más que alimentar la inquietud de los tres amigos.

—Creo que Ron tiene razón — dijo Harry al cabo —Dudo que Voldemort permitiera que un muggle rondara cerca de su horrocrux a pesar de saber que no podría hacerle ningún daño.

Hermione no dijo nada aunque seguía sintiéndose inquieta por esa posibilidad.

Harry echó un vistazo al cielo y sacó su varita del bolsillo trasero de sus vaqueros.

—Ya ha oscurecido. Vamos, no tiene sentido retrasarlo más — dijo e hizo ademán de salir de la protección del pino, pero Hermione le retuvo.

—Espera — susurró —¿Por dónde vamos a entrar? ¿Por la puerta principal?

—Bueno, no puede estar sellada mágicamente. De lo contrario el propietario del castillo no habría podido entrar en él en los últimos veinte años y suponiendo que nuestras sospechas de que el castillo esté deshabitado sean ciertas, me parece tan buena opción como cualquier otra.

—Mi padre siempre dice que la opción más sencilla suele ser la solución más habitual de los problemas — murmuró Ron.

Así pues, los tres amigos abandonaron la protección del pino y se encaminaron ocultos por las sombras de la noche hacia la entrada principal del enorme castillo. Por fuera, estaba bastante bien conservado y los portones eran de madera de roble para no romper la estética de la construcción.

Harry y sus amigos se detuvieron ante las puertas e intercambiaron unas miradas rápidas.

—¡Alohomora! —pronunció Harry apuntando con su varita la entrada, y las pesadas puertas de madera se abrieron con un espeluznante chirrido de goznes oxidados.

—No puedo creer que haya sido tan fácil —murmuró Ron excitado.

—Esto sólo es el principio —dijo Hermione amargamente.

Dada la escasa luz de la noche sin estrellas en que se encontraban, apenas eran capaces de distinguir nada más que oscuridad a través de las puertas entreabiertas del castillo, así que casi al unísono, los tres murmuraron la palabra "lumos" y de sus varitas surgió una llama que iluminó los portones.

Los muchachos se adentraron en tensión, iluminando un enorme hall de piedra, desnudo a excepción de algunos lienzos, armaduras y estatuas. Varias grutas salían desde el hall y unas escaleras subían hasta el primer piso. Ante ellos se postulaban seis caminos a elegir.

—¿Y ahora qué? —preguntó Ron.

—Ya había pensando en esto — dijo Hermione con expresión eficiente mientras se quitaba la mochila que llevaba a su espalda y la abría. Harry y Ron contemplaron asombrados como su amiga sacaba una pequeña jaula en la que estaba encerrada una diminuta criatura, parecida a una doxy pero sin tantos brazos y con los contornos menos definidos, dándole la apariencia de ser una pequeña hada incorpórea, como si fuera de humo.

—¿Qué es eso? —preguntó Harry.

—Un demiguise —respondió Ron y ante la mirada interrogativa de Harry, añadió —Fred y George las venden en su tienda.

—Y allí la conseguí —explicó Hermione, introduciendo un dedo entre las rendijas de la jaula y acariciando lo que debía de ser un ala de la criatura.

—¿Y para qué lo queremos? —preguntó Harry confundido.

—Según Dumbledore la magia deja rastros, ¿no? —preguntó Hermione. Ron y Harry asintieron —Si efectivamente Vo-Voldemort ha estado aquí y ocultado en algún lugar del castillo un horrocrux, debe de haber dejado un gran rastro de magia. Y el demiguise —explicó mientras abría la puerta de la pequeña jaula —nos ayudará a detectarla.

La pequeña criatura salió volando de la jaula y sus alas indefinidas y brumosas se iluminaron con una luz rosada. Se elevó unos metros del suelo y revoloteó en círculos por el enorme hall unas cuantas veces antes de descender. Quedó suspendida en el aire, como una pequeña luz rosada frente a los cinco pasillos que partían del hall y finalmente se internó por el cuarto contando desde la izquierda.

—¡Vamos! —instó Hermione a los dos chicos, mientras echaba a correr detrás del Demiguise. Harry y Ron la siguieron y se internaron por el oscuro pasillo, con las varitas el alto para iluminar sus pasos.

Hermione vio que el pasillo estaba lleno de antorchas apagadas, pero ni ella ni sus amigos se atrevieron a encender ninguna por miedo a provocar algún tipo de reacción. Siguieron en la penumbra a la criatura durante minutos y tomaron tantos pasillos que acabaron completamente desorientados.

Finalmente el Demiguise se detuvo ante la puerta cerrada de una habitación flanqueada por dos armaduras que parecían silenciosos y amenazantes centinelas. Una estaba armada con una pesada hacha y la otra con una larga y brillante espada.

—Creo que tenemos que entrar —murmuró Hermione, observando la pequeña luz rosada que era el Demiguise suspendida unos centímetros por encima de sus cabezas frente a la puerta.

Harry probó a empujar la puerta de madera con su hombro, pero ésta no cedió ni un milímetro. No tenía picaporte pero sí la argolla necesaria para colocar un candado, aunque carecía de él.

Se apartó y Ron lanzó una alohomora a la puerta, pero ésta continuó sellada.

—¿Qué hacemos? —preguntó con nerviosismo.

—Cuando fui con Dumbledore a aquella cueva, tuvimos que pagar para que la puerta se abriera. Con sangre —especificó.

—¿Crees que será igual con ésta puerta? —preguntó Ron, angustiado.

—No lo creo —señaló Hermione —en aquella ocasión la puerta no se mostró hasta que pagasteis el precio. En cambio ésta es bien visible y no parece que Voldemort quisiera ocultarla.

—¿Y por qué no se ha molestado en ocultar esta puerta? —inquirió Ron con el ceño fruncido.

—Ocultar la otra puerta era una manera de defenderla, una protección...

—Así que debe haber algo que proteja ésta —completó Harry y miró con desconfianza a su alrededor. No parecía haber marcas en la pared de piedra que los rodeaba que indicaran la existencia de algún tipo de trampilla, y las armaduras permanecían quietas e inertes como era de esperar. No obstante, Harry las observó con desconfianza.

—Ocupémonos de la puerta primero —dijo —después ya nos preocuparemos de lo que provoquemos al hacerlo.

Ron tragó saliva sonoramente y miró alrededor alerta, Hermione a su lado se mordía el labio inferior con tanta fuerza que parecía casi blanco.

—Si no podemos abrirla, tendremos que destruirla —comentó Harry con gravedad. Miró a Hermione y Ron y ellos asintieron con la varita preparada.

—A la de tres —dijo Harry — Una, dos y...¡tres!

—¡Depulso! —gritaron los tres amigos al unísono y tres chorros de luz rojo fuego salieron de sus varitas e impactaron fuertemente contra la puerta que se hizo pedazos en medio de una gran nube de humo.

Hermione empezó a toser y entrecerró los ojos para protegerlos de la humareda que llenó el pasillo. Escuchaba a Ron y Harry toser cerca de ella pero no podía verlos. Alargó una mano para tratar de encontrarlos pero un sonido metálico la paralizó en el acto.

Era como si las armaduras hubieran estirado sus articulaciones de acero y los tres chicos pudieron escuchar el sonido metálico de sus botas golpeando contra el suelo de piedra.

—Mierda —masculló Ron, retrocediendo aterrorizado hasta que se topó con la pared. El humo se iba dispersando por lo que los chicos pudieron ver con nitidez a las armaduras, que habían bajado de sus pedestales y avanzaban hacia ellos con sus pesadas y rústicas armas en alto.

Antes de que ninguno de los tres pudiera ni pestañear, una de las armaduras lanzó un hachazo hacia los tres amigos apretujados contra la pared que se incrustó en la piedra exactamente el hueco que había entre las orejas de Ron y Hermione.

La chica soltó un gritito de terror y se apartó de un salto escuchando el silbido del hacha cortando el viento justo por encima de su cabeza.

—¡Impedimenta! —gritó Harry y la armadura con el hacha salió volando por los aires y cayó más allá de Hermione.

—¡Harry! —gritó ella histérica al ver como la segunda armadura sostenía la espada sobre la cabeza de Harry lista para asestarle un violento mandoble.

Él se volvió rápidamente pero la espada le hubiera atravesado inexorablemente si Ron no hubiera lanzando un Petrificus Totallus en el último momento, de modo que la armadura quedó paralizada con su arma suspendida en el aire a un centímetro del hombro de Harry.

Hermione resopló con alivio pero entonces escuchó un sonido metálico a sus espaldas y se volvió para ver la armadura del hacha a la que Harry había lanzado un maleficio recomponerse como si el plaquín fuera un imán que atraía magnéticamente el resto de sus partes hasta ponerse en pie de nuevo, con la gigantesca hacha en la mano articulada de metal.

—¡Petrificus Totallus! —chilló y el chorro de luz de su varita paralizó la armadura cuando empezaba a avanzar hacia ellos.

Harry, Ron y Hermione se miraron una y otra vez como para asegurarse de que todos estaban enteros, con la respiración agitada y el corazón latiéndoles violentamente en el pecho.

—¿Estáis bien? —preguntó Harry.

—Si —dijo Ron y se atrevió a esbozar una frágil sonrisa.

Hermione iba a decirles que se largaran de ahí cuanto antes, cuando vio como la armadura de la espada que Ron había petrificado empezaba a moverse lentamente, como si peleara silenciosamente contra el maleficio. Rápidamente miró atrás y vio que a la otra armadura le sucedía lo mismo.

—¡Las armaduras! —chilló —¡Se están despetrificando!

Harry se volvió hacia la armadura que tenía detrás comprobando que efectivamente comenzaba a moverse, con cierta torpeza, como si el hechizo aún la retuviera del algún modo. Sin pensarlo le lanzó un impedimenta mientras Hermione y Ron hacían lo propio con la otra armadura y ambas salieron volando en direcciones opuestas.

—¡Vámonos de aquí! —gritó Ron totalmente pálido, atravesando la puerta que habían destrozado momentos atrás. Harry y Hermione le siguieron y ella se giró y apuntó rápidamente a los restos de puerta que aún pendían de sus goznes.

—¡Reparo!

Mágicamente, todas las astillas y trozos de madera salieron volando hacia la puerta, que se recompuso en cuestión de segundos como si alguien hubiera rebobinado la escena en la que la destrozaron.

Mientras tanto, las armaduras ya se habían reparado y corrían hacia ellos, pero Harry y Ron se lanzaron sobre la puerta a tiempo, cerrándola con un golpe seco en sus narices.

Los dos se quedaron apoyados contra la puerta, completamente lívidos y paralizados mientras el Demiguise, que había entrado a la estancia antes de que empezara la pelea, daba vueltas en círculos por el lugar.

Hermione estaba aterrorizada y las manos le temblaban frenéticamente en torno a la varita. Se pasó una mano por el pelo tratando de contenerse para no lanzarse al cuello de sus amigos y echó un vistazo a la estancia.

La habitación era circular –a Harry le recordó al despacho de Dumbledore- y extendiéndose por pared de toda la estancia había un armario no más alto que Hermione, lleno de pequeños cajones con pomos dorados y redondos, con dos brazos que se interrumpían tan sólo para dejar hueco a la puerta, evitando que el mueble fuera perfectamente circular.

No había nada más en todo el lugar a excepción de una lámpara de araña cargada de velas encendidas con una llama verdosa.

Que ninguno de ellos había conjurado.

—Bien —murmuró Ron — ¿Qué hacemos?

Todos miraron al Demiguise esperando que hiciera algo, pero el hada se limitaba a volar en círculos por el lugar de una manera casi hipnótica.

—Supongo que hay demasiada presencia mágica aquí —explicó Hermione apesadumbrada —así que no sabe qué camino tomar.

Harry abrió la boca para hablar, pero algo golpeó la puerta en la que él y Ron estaban apoyados, con tanta fuerza que salieron disparados un par de centímetros. De inmediato volvieron a escuchar el impacto –posiblemente de un hacha –contra la hoja de madera que se estremeció por completo.

—Mierda, mierda —mascullaba Ron apuntando la puerta con su varita —Deben de ser las dichosas armaduras.

Como si quisieran confirmar las palabras de Ron, la punta del hacha de una de las armaduras se asomó a través de la madera con el siguiente golpe.

—¡Reparo! —exclamó Ron y de inmediato, la brecha que el hacha había abierto en la madera se cerró.

Otro golpe más y la madera de la puerta volvió a ceder.

—Ron, repara la puerta constantemente —le ordenó Harry —Hermione y yo buscaremos como salir de aquí.

El pelirrojo asintió con expresión grave y lanzó otro hechizo a la puerta mientras Hermione y Harry contemplaban con atención el armario.

—Debe de haber una puerta o una trampilla en alguna parte —dijo Hermione —que lleve a otra estancia. Aunque también es posible que el horrocrux esté aquí.

—No lo creo —respondió Harry —Cuando fui con Dumbledore sentí escalofríos cuando estuve cerca de él...

—Posiblemente fuera por la cueva en sí, recuerda que no era un verdadero Horrocrux —apuntó Hermione y su expresión se volvió aún más preocupada cuando vio el hacha atravesar de nuevo la puerta de madera —Pero creo que tienes razón. El horrocrux es magia negra avanzadísima y supongo que si estuviera aquí el Demiguise lo detectaría.

—¿Y si probamos a...invocarlo? —sugirió Harry —Cuando fui con Dumbledore lo hice.

Hermione asintió y Harry murmuró un "¡Accio Horrocrux!". Se quedaron en silencio –incluso Ron lanzó el siguiente Reparo sin hablar – pero nada sucedió durante unos segundos.

Justo cuando ya habían perdido la esperanza escucharon un horrible gruñido reverberando a través de las paredes de piedra del castillo, con tanta intensidad que todo pareció temblar y los tres amigos se estremecieron.

—¿Qué demonios ha sido eso? —preguntó Ron boquiabierto.

—No lo sé —musitó Hermione, asustada. Inconscientemente se acercó a Harry y se aferró con fuerza a la manga de su jersey, tirando de él hacia ella.

—Supongo que...hay alguna...criatura vigilando el Horrocrux —dijo Harry.

Ron quedó tan impresionado que se olvidó de lanzar el hechizo a la puerta y ésa vez el hacha la atravesó por completo, cortó el aire a sólo unos centímetros del pelirrojo y cayó pesadamente a sus pies.

—¡Reparo! —gritó Harry y la puerta se recompuso en el acto.

Ron se agachó para coger el hacha, pero era tan pesada que no pudo más que arrastrarla unos centímetros por el suelo.

—Bueno, al menos ahora lo tendrán más difícil para echar abajo la puerta —dijo.

Pero otro golpe les hizo saber que lo intentaban ahora con la espada.

—Será mejor que nos demos prisa —dijo Hermione volviéndose hacia el armario que se extendía por toda la habitación, lleno de innumerables cajones.

—Si hay alguna especie de puerta tras el armario, supongo que tendremos que apartarlo o destruirlo.

—Creo que será mejor que no lo destruyamos —rebatió Hermione observándolo con expresión concentrada —es posible que sin él no podamos abrir la puerta.

Harry asintió y lanzó un Reducto al armario con la intención de reducir su tamaño, pero el hechizo pareció ser absorbido por el mueble y no surgió ningún efecto. Hermione intentó entonces transformarlo en otro objeto, pero su hechizo corrió la misma suerte que él de su amigo.

El moreno probó a desplazar el armario pero no hubo manera.

—Vale, no podemos reducirlo, transformarlo, ni moverlo y destruirlo está descartado —repasó Hermione con nerviosismo.

—Tendremos que averiguar entonces cómo funciona —dijo Harry, y se aproximó hasta el armario, deteniéndose frente a una parte cualquiera. Alargó una mano para abrir un cajón al azar, pero la voz de Hermione le detuvo.

—¡Espera! ¡No lo toques! —exclamó —¡No sabemos qué pasaría si lo hicieras!

—¿Entonces qué hacemos?

—Abrámoslo con magia —y acto seguido apuntó con su varita a un cajón cercano a Harry. Éste se abrió lentamente y los chicos –incluido Ron –lo miraron con expectación esperando que algo sucediera.

Nada pasó durante unos segundos así que Harry se asomó para ver su interior mientras Ron y Hermione esperaban con expectación.

—Nada —dijo con una mezcla de decepción y alivio.

Pero entonces empezó a sonar un suave canto, en una melodía indescriptible. La voz era seductora y cristalina y aunque cantaba en un idioma desconocido el mensaje era atrayente y prometedor. Antes de que Hermione se diera cuenta, Harry y Ron –que había abandonado su puesto protegiendo la puerta –avanzaban como hipnotizados hacia el cajón.

Hermione no se preguntó por qué el canto no parecía afectarla a ella, pero tenía la sensación de que si Harry y Ron tocaban el cajón –como parecía que era su intención -algo terrible les sucedería, así que sin pensarlo lanzó un hechizo y el cajón se cerró bruscamente.

Harry y Ron se quedaron parados por un par de segundos, y después pestañearon como si acabaran de salir de un sueño.

—¿Qué... —comenzó Ron, pero entonces otro cajón, en la punta opuesta del armario se abrió y la melodía empezó a sonar de nuevo. De inmediato, Ron y Harry adoptaron una expresión ausente y se dieron media vuelta como autómatas para caminar con los brazos extendidos hasta el cajón.

Hermione apuntó al cajón con su varita, pero en ese instante, la armadura que aporreaba la puerta con su espada intentando entrar, logró abrir una brecha. Frenética, lanzó un Reparo a la puerta y después se volvió para cerrar el cajón en el mismo instante en que Harry estaba a punto de rozarlo con la yema de los dedos.

De nuevo, Harry y Ron se vieron libres del hechizo del canto y se miraron confundidos.

Otro cajón se abrió, esta vez en el centro y el canto hipnótico llenó de nuevo la habitación mientras la puerta continuaba sufriendo los embates de la espada. Hermione cerró el cajón mediante un hechizo, pero casi de inmediato se abrió otro en otra parte del armario y Harry y Ron se dirigieron hacia él.

Histérica, incapaz de cerrar todos los cajones y reparar la puerta a la vez, Hermione lanzó un Petrificus Totallus a sus amigos, que de inmediato quedaron congelados con las manos extendidas a unos centímetros del cajón. Acto seguido, reparó la puerta y después se volvió hacia sus amigos con expresión culpable, mientras el canto –posiblemente de una sirena, lo cual explicaría que a ella no le afectara dado que era mujer –continuaba resonando por la estancia.

—Lo siento —murmuró a sus amigos aunque no estaba segura de que pudiera oírla pues ambos continuaban con los ojos fijos en el cajón con expresión embelesada.

Tensa, nerviosa y presionada, Hermione se frotó la frente buscando desesperadamente una solución. Si despetrificaba a sus amigos se lanzarían de nuevo hacia algún cajón y la chica estaba segura de que les sucedería algo terrible. No podía continuar cerrando todos los cajones que se abrían constantemente y además la puerta exigía continuas reparaciones.

Miró a sus amigos. Necesitaba una solución y rápido.

Tras meditar durante un largo minuto, Hermione probó a insonorizar el cajón y soltó un suspiro de alivio cuando el canto cesó, pero su triunfo no duró más que unos segundos porque otro cajón se abrió casi en el acto reanudando la melodía. Hermione lanzó un vistazo desesperado al armario calculando que debía de tener unos trescientos cajones y dedujo que podría pasarse horas insonorizándolos. Esa no era una opción.

Mientras lanzaba otro Reparo a la puerta, decidió lanzar un hechizo a sus amigos para que no pudiera oír nada y despetrificarlos. No podría comunicarse fácilmente con ellos, pero al menos podrían ayudarla.

Les lanzó un el hechizo de sordera y después formuló el contra hechizo de la maldición Petrificus por lo que Ron y Harry recuperaron de nuevo la movilidad.

Ambos agitaron la cabeza como si quisieran despejar la mente, se frotaron los ojos y después de mirarse entre ellos, miraron a Hermione con expresión confusa. La chica trató de explicarles mediante gestos y vocalizaciones exageradas lo que había ocurrido y por qué los había ensordecido, y después de un par de minutos, ambos asintieron.

Ron regresó a su puesto, arreglando la puerta, mientras Harry preguntó a Hermione con un gesto qué hacer.

La chica arrugó la frente y se volvió de nuevo al armario tratando desesperadamente de encontrar una solución.

En todos los cajones que se habían abierto, Hermione no había encontrado nada pero el mismo canto había salido de todos. Era posible que el armario únicamente tuviera ese hechizo pero la chica sabía que debía de haber alguna clave en él que les permitiera seguir acercándose al Horrocrux. Harry por su parte, examinaba el armario con el ceño fruncido y después de unos segundos, llamó a Hermione a gritos. Como no podía oír su voz, no sabía si Hermione le escucharía así que gritó tanto que la chica dio un respingo. Se acercó rápidamente a él, con el canto sonando de fondo, y observó lo que Harry le señalaba.

Era el pomo de uno de los cajones en el que había labrada una diminuta N. Después, Harry señaló el pomo contiguo y Hermione distinguió una P en él.

Excitada, echó un rápido vistazo a los otros pomos comprobando que en cada uno de ellos había una letra grabada. Trató de encontrar alguna combinación de letras que formara una palabra conocida como si los cajones conformaran una especie de sopa de letras pero ni en diagonal, ni en horizontal, vertical o invertidas, Hermione encontró ninguna palabra. Al menos en ningún idioma que ella conociera.

Harry negó con la cabeza dándole a entender que él había hecho lo mismo sin ningún resultado.

Pensativa, observó la inicial del cajón del que aún salía el canto. Era una M.

Hermione miró a Harry y supo que ambos estaban pensando lo mismo.

Se trataba de una contraseña. Si acertaban cual era, podrían encontrar la salida de esa habitación y estarían más cerca del Horrocrux.

—Eme —murmuró Hermione. La contraseña evidentemente debía de estar relacionada con Voldemort y debía ser algo que sólo él conociera para más seguridad. Hermione no tenía ni idea de qué podía tratarse y Harry no parecía mucho más cerca de averiguarlo que ella.

Tras un par de minutos en silencio –sólo interrumpido por el canto de sirena procedente del cajón y los golpes de la armadura que seguía intentando echar abajo la puerta –Harry se adelantó unos pasos y apuntó a otro cajón en cuyo pomo estaba grabada la letra U.

Cuando Hermione vio que el siguiente cajón que su amigo abrió tenía la letra E supo de inmediato cuáles eran sus intenciones y esperó sin demasiado convencimiento que algo ocurriera cuando la palabra MUERTE estuvo formada por completo.

Como sospechaba nada sucedió y al cabo de unos segundos, todos los cajones –a excepción el que inicialmente estaba abierto con la letra M— se cerraron de nuevo dejándoles en el punto de partida.

Hermione relevó a Ron en la tarea de reparar la puerta cuando el pelirrojo empezó a dar evidentes muestras de aburrimiento y durante diez minutos, los dos chicos probaron diferentes palabras sin éxito. La muchacha se estrujaba la mente tratando de dar con la solución pero no tenía la menor idea de cuál podía ser la palabra. Si al menos tuvieran alguna pista de cuantas letras tenía...

De pronto, dio un respingo al darse cuenta de que el canto había cesado y miró a Harry y Ron, los cuales observaban el armario con expectación. Había seis cajones abiertos en diferentes niveles y columnas del armario, pero Hermione no tuvo tiempo de leer qué palabra formaban antes de que el armario comenzara a rotar hacia un lado –de un modo similar a como lo habían hecho las puertas del departamento secreto del ministerio -. Hermione se apartó cuando el armario cubrió la puerta, liberándola al fin de la tediosa tarea de arreglarla, y observó con expectación cada pedazo de pared que se iba descubriendo en la rotación. Finalmente, la separación entre los dos brazos del armario se detuvo con un sonido seco a ambos lados de una gran abertura en la pared.

Los tres chicos se miraron y Hermione se apresuró a librar a sus amigos del hechizo de sordera que les había lanzado.

—¿Cuál era la contraseña? —preguntó rápidamente.

—Merope —dijo Harry y ante la cara de confusión de su amiga añadió —Así se llamaba su madre.

Hermione asintió sorprendida de que Voldemort no hubiera puesto una contraseña más rebuscada, aunque por otro lado, éste debía pensar que nadie conocía la identidad de su madre.

Dejando a un lado esos pensamientos, se aferró a un brazo de cada uno de sus amigos y miró por encima de sus hombros a través de la abertura de la pared. Desde donde estaban, la luz verdosa de la lámpara de araña no caía sobre la abertura de modo que sólo veían total oscuridad.

Harry y Ron se aproximaron –prácticamente arrastrando a Hermione que no se había movido del sitio pero tampoco les había soltado los hombros –y se detuvieron a una distancia prudencial para echar un vistazo. Harry adelantó la mano en la que llevaba la varita y murmuró un Lumos que arrojó un haz de luz, disipando la oscuridad, de modo que los tres pudieron ver el comienzo de una escalera de caracol.

Los tres se miraron entre ellos, sopesando su siguiente paso, pero el Demiguise que no había dejado de revolotear por el techo de la estancia, se les adelantó y se adentró por la abertura.

Después de comprobar que a la criatura no le había pasado nada, los tres la siguieron.

La escalera de caracol era de piedra, estrecha y estaba bastante deteriorada, tanto, que algunos escalones eran prácticamente inexistentes y todos tenían una extensión demasiado pequeña para que el pie de Ron cupiera entero. De hecho, apenas el de Hermione lo hacía, por lo que todos apoyaban una mano en la pared para lograr mayor estabilidad en el descenso.

Harry llevaba la varita en alto, para arrojar luz sobre los escalones mientras seguía el destello rosa que era el Demiguise, siempre en cabeza. Los tres bajaron lo que les pareció interminables escalones durante largos minutos, con algunos resbalones incluidos, hasta que finalmente llegaron al final de la escalera.

Harry se detuvo en el último escalón, seguido de Ron y Hermione y murmuró unas palabras que aumentaron las llamas de su varita y arrojaron más luz sobre el lugar, permitiéndoles verlo.

Era una habitación pequeña, con paredes de tosca piedra y el suelo cubierto por una espesa capa de polvo que indicaba que nadie había entrado en el lugar desde hacía varios años. No había un solo mueble u objeto en el lugar a excepción de una especie de pedestal de mármol.

Y sobre él había un objeto que Harry reconoció de inmediato. La Copa de Helga Hufflepuff.

—¡El Horrocrux! —exclamó Ron asombrado —¿Ya está?

—Aún no lo tenemos —señaló Harry lúgubremente mientras tomaba pie. Acercó el haz de luz hasta una pared comprobando que estaba cubierta por enormes telas de araña, y al verlo Ron perdió toda la alegría que había experimentado y puso una mueca que parecía indicar que se había tragado algo asqueroso. Hermione le seguía, aferrada a los bajos de su jersey, tratando de mirar el lugar por encima del hombro del pelirrojo, lo cual dado su estatura, era ciertamente difícil.

El Demiguise revoloteaba frenéticamente en torno a la copa de Hufflepuff, hasta que finalmente se posó sobre uno de los bordes. Hermione lo observó asombrada.

—Parece que no hay ningún embrujo que impida tocar la copa. Qué extraño —dijo.

—Creo que las armaduras asesinas, los cantos de sirenas y la contraseña ya han sido bastante prueba —observó Ron.

Sin embargo, a Harry tampoco le encajaba que coger el Horrocrux fuera en apariencia tan sencillo. La vez anterior, con Dumbledore, no fue especialmente difícil llegar hasta el Horrocrux pero sí cogerlo, y a Harry le extrañaba que en esa ocasión fuera diferente.

Con cautela, los tres se aproximaron hacia el pedestal de mármol y se detuvieron aproximadamente a un metro de él.

—Bueno —dijo Harry indeciso —¿Lo cojo?

Hermione abrió la boca pero volvió a cerrarla no encontrando ningún motivo razonable con el que oponerse. No podía racionalizar la sensación de peligro inminente que sentía pero estaba segura de que había alguna otra sorpresa desagradable esperándoles.

Harry esperó unos segundos, después echó un vistazo a Ron y Hermione y con expresión grave y asustada alargó una mano hacia la copa.

No llegó a tocarla cuando el Demiguise remontó el vuelo y dio un par de vueltas por la estancia, como un pequeño punto de luz rosa flotando en el aire. Recorrió el lugar unas cuantas veces y finalmente se acercó a la pared que había junto a las escaleras y quedó flotando frente a ella unos instantes, para después retroceder lentamente más y más lejos.

—Creo que ahí hay algo —señaló Ron tragando en grueso.

Hermione fijó sus ojos en la pared como si pudiera ver más allá de la gruesa piedra y un estremecimiento la recorrió. Sabía, sentía, que tras ella había algo terrible.

Posiblemente eso que habían oído gritar una hora atrás, en la sala circular.

—¡Revelus! —exclamó Harry apuntando la pared. De inmediato se oyó una especie de chasquido y fue como si una cortina se hubiera apartado. La pared de piedra gris y sucia seguía estando ahí, pero los tres chicos podían ver a través de ella como si fuera transparente.

—¡Oh, Dios mío! —gimió Hermione y estrujó el brazo de Ron con fuerza, mientras retrocedía de forma intuitiva.

—Ostras —eso fue todo que Ron fue capaz de decir en aparente estado de shock.

El animal –o lo que quiera que fuera exactamente –que había tras la pared les observaba fijamente como si estuviera esperando el momento adecuado para saltar sobre ellos y despedazarlos. Y era evidente que podía hacerlo.

Los tres reconocieron de inmediato a la bestia que había causado auténticas masacres y pavor en la comunidad tanto mágica como muggle durante siglos. Sus ojos oscuros y asesinos estaban fijos en ellos y sus fauces entreabiertas. De su boca se escurrían finos hilos de saliva entre los afilados dientes de su cabeza de león. El cuerpo de cabra, de proporciones bastante más reducidas que la cabeza, parecía incapaz de sostener el peso de la misma pero se veía compensando por una enorme cola escamosa, parecida a la de una serpiente pero finalizada en varios cuernos aplanados y afilados como la del dragón colacuerno húngaro al que Harry se había enfrentado una vez.

—Una quimera —dijo horrorizado.

—Pero ¿cómo es posible? —preguntó Ron con voz chillona por el pánico —hace años que se creen extintas.

—Pues por lo visto queda una —apuntó Hermione, retorciendo más histéricamente el jersey de Ron.

Harry retrocedió hacia el pedestal con el horrocrux sin quitar los ojos de la quimera y alargó una mano hacia la copa. No llegó a rozarla pero eso fue suficiente para que la quimera lanzara un horrible alarido gutural y la pared de piedra que la cercaba comenzara a temblar y se elevara unos centímetros del suelo, lo suficiente para que el monstruo asomara una de sus patas de cabra por debajo.

Harry apartó la mano rápidamente y la pared volvió a descender, dejando a la quimera de nuevo encerrada.

—Bien...cuando cojamos el horrocrux la quimera será liberada.

Hermione emitió un gritito y pasó de apretujar el jersey de Ron a su brazo, sin despegar los ojos de la quimera, con el rostro deformado por el miedo.

—Hermione, me estás haciendo daño —se quejó Ron, pero con los ojos fijos también en el animal. Hermione asintió con la cabeza pero no soltó al pelirrojo, sino que siguió aferrada a su brazo y paralizada.

Harry miró a sus amigos y tomó una decisión.

—Volved —dijo.

Hermione y Ron estaban tan asustados que tardaron unos instantes en comprender a Harry, después los dos se volvieron hacia él con expresión decidida aunque asustada.

—De eso nada —respondió Ron.

—Vosotros no tenéis porque hacer esto y...

—Harry, ya lo hemos hablado. Estamos juntos en esto —sentenció Hermione.

—¿Habéis visto eso? —preguntó Harry señalando la quimera — sólo se conoce a un mago que haya matado a una.

—¿Y crees que tú podrás acabar con otra solo? —inquirió Ron.

—Bueno, no...pero si me pasa algo...

—Ron y yo no nos vamos a ir.

—Pero...

—Déjalo, Harry, ya has oído a Hermione.

—Además, es posible que entre los tres tengamos más posibilidades.

Harry lanzó un hondo suspiro, dando por perdida la batalla, y él y sus amigos se sumieron en un silencio reflexivo. Harry acercó la mano a la copa un par de veces más y la pared que encerraba a la quimera volvió a temblar y levantarse unos centímetros.

—No entiendo por qué el Demiguise pudo posarse en la copa y Harry no puede acercarse —dijo Ron.

—Supongo que el horrocrux detecta su magia. Los Demiguise apenas poseen magia, por eso les gusta tanto los lugares donde la hay. En cambio, Harry es un mago adulto y poderoso —explicó Hermione.

—¿Y si lo invoco de nuevo? —sugirió Harry.

—Posiblemente si consigues el Horrocrux, la quimera será liberada igualmente.

—Pero nosotros ya podríamos estar lejos.

—Hagamos la prueba.

Los tres chicos corrieron hacia las escaleras y subieron cuantos escalones pudieron sin perder de vista la copa de Hufflepuff.

—Bien, yo invocaré el Horrocrux, vosotros tened las varitas preparadas por si la quimera se suelta —dijo Harry. Ron y Hermione asintieron en silencio, con las varitas en alto fijas en el hueco de la escalera.

Harry respiró hondo y gritó:

—¡Accio Horrocrux!

Pero la copa no se movió del sitio y en cambio la quimera pareció enfurecerse y se lanzó contra la pared de piedra que la encerraba con un estruendoso rugido que hizo temblar las paredes.

—Mierda —masculló Harry bajando de las escaleras seguido por sus amigos —Voy a tener que tocarla.

—Supongo que eso es lo que Vo-Voldemort quería —apuntó Hermione con voz trémula.

Los tres jóvenes se sumieron después en un tenso silencio, lanzando miradas al horrocrux y a la quimera alternativamente.

—Creo que tengo un plan —dijo Harry al cabo y Hermione y Ron le miraron esperanzados —Tengo que tocar el horrocrux para cogerlo y cuando lo haga es inevitable que la quimera se libere así que tendremos que enfrentarnos a ella. Vosotros dos podéis subir las escaleras y...

—No vamos a irnos, Harry —le acortó Ron.

—Lo sé y no digo que lo hagáis sólo que subáis unos escalones y ataquéis desde ahí a la quimera. Si mis suposiciones son ciertas, vendrá directamente por mí porque soy el que tendrá el horrocrux y entonces vosotros podréis atacarla y aturdirla el tiempo suficiente para que yo llegue a las escaleras con vosotros.

—Y después nos largamos, ¿no? —preguntó Ron muy pálido.

—Sí.

—Pero Harry...

—Escucha, Hermione, es lo mejor. Así tendrá que elegir entre atacarme a mí o a vosotros, tenemos que aprovechar esa ventaja.

—Bueno... —cedió Hermione.

—Pues venga, no hay tiempo que perder.

Aún claramente indecisos, Ron y Hermione se dirigieron a la escalera de caracol y subieron unos pocos peldaños. Después se volvieron, con las varitas en alto sujetas por manos temblorosas mientras Harry se acercaba al pedestal con la copa de Hufflepuff.

—¿Listos? —preguntó Harry y lanzó un rápido vistazo a sus amigos que asintieron.

Harry respiró hondo y alargó rápidamente una mano hacia la copa. Ni bien la cogió y alzó un par de centímetros del pedestal, la pared que cercaba a la quimera se levantó rápidamente como si alguien hubiera tirado bruscamente de ella, y la bestia quedó libre.

Salió corriendo de su celda, con las fauces abiertas apestado a muerte, sus pezuñas arrancando sonidos a la piedra en cada paso y la cola de dragón alzada como una serpiente apunto de atacar.

Hermione gritó y acto seguido un chorro de luz roja golpeó el costado de la quimera que estaba apunto de saltar sobre Harry, desplazándola apenas unos centímetros.

—¡Petrificus Totallus! —gritó Harry y su hechizo dio de lleno en las fauces del animal que se lanzó sobre él. Se apartó a tiempo para ver a la quimera cayendo como una estatua, rígida e inmóvil a unos centímetros de él.

—¡Corre, Harry! —gritó Ron. Harry no se lo pensó dos veces y echó a correr hacia las escaleras en el mismo momento en que la cola de dragón de la quimera comenzaba a agitarse enérgicamente mientras el resto de los miembros del animal iba recuperando su movilidad.

Ni bien Harry pisó el primer escalón, Hermione lanzó un Impedimenta por encima de su hombro y que golpeó en el rostro de león a la quimera, haciéndola retroceder momentáneamente.

Después, en completo desorden, los tres amigos echaron a correr escaleras arriba, mientras Harry lanzaba maleficios por encima de su hombro, sin apenas mirar, con los gruñidos furiosos de la quimera cada vez más cercanos a ellos.

Hermione, que iba en cabeza, resbaló en un peldaño especialmente deteriorado y apoyó una mano en la pared para no perder el equilibrio.

En el mismo instante en que la palma de su mano rozó la pared, sintió como si algo rígido y duro le hubiera atravesado el brazo. Lo dejó caer con un gemido ahogado, y cayó de rodilla sobre las escaleras.

—¿Hermione? —gritó Ron, frenándose para no arrollarla.

—¡Petrificus Totallus! —gritó Harry volviéndose hacia la quimera que les pisaba los talones, enfrentándose a ella para ganar tiempo —¡Impedimenta! ¡Piernas de goma!

—¡Hermione! ¿Qué te pasa? —gritaba Ron, intentando levantar a su amiga que parecía haberse quedado adormecida o ausente.

—No...toquéis...la pared —musitó con voz adormilada mientras Ron la ponía en pie a pulso.

—¡Vamos, tienes que andar! —le chilló, histérico.

—¡Depulso! —gritaba Harry.

Ron rodeó con su brazo a Hermione y la obligó a seguir subiendo las escaleras, aunque a un ritmo mucho más lento que cuando la chica podía correr.

—Joder, Hermione, tienes que intentar darte prisa —la apremiaba Ron, cada vez más nervioso por Harry que no dejaba de lanzar maldiciones, a cada instante con voz más cansada y menos reflejos.

—¡Avada Kedavra! —gritó Harry a pleno pulmón. Harry nunca había ejecutado la maldición mortal y sabía que estaba prohibida por el Ministerio pero en ese momento le importó un rábano y supo a la perfección cómo debía hacerlo. No en vano había visto a Voldemort y Colagusano perpetrar asesinatos mediante esa maldición.

Por eso, no se sorprendió cuando un chorro de luz verde salió disparado hacia la quimera que subía furiosamente los escalones hacia ellos. El chorro le golpeó en la cola y la quimera cayó en el acto y bajó rodando por los escalones.

—¿La has matado? —preguntó Ron con júbilo mientras arrastraba a Hermione escalones arriba.

—No lo sé, creo que sí —dijo Harry con evidente alivio en la voz.

Pero un doloroso y furioso rugido les llegó desde el pie de las escaleras.

—¡Mierda! —exclamaron ambos amigos al unísono y Ron se dio más prisa en subir a Hermione, ayudado por Harry.

Pronto los pasos de las pezuñas de la quimera rebotando sobre los escalones, les llegaron desde el final de la escalera, así que Harry soltó a Hermione y se volvió hacia la quimera. Esperó unos segundos y entonces la vio aparecer por la curva de la escalera. Avanzaba con más torpeza y lentitud pero por lo demás parecía intacta y Harry se preguntó por qué el Avada Kedavra no la había matado ni dañado en apariencia. Pero cuando le lanzó un Petrificus Totallus, Harry se dio cuenta que la quimera recuperaba la movilidad en todo su cuerpo a excepción de la cola de dragón. Ésta pendía pesada e inerte a sus espaldas, y la quimera trepaba arrastrándola escalón a escalón.

Harry no entendía muy bien cómo, pero solamente había matado una parte de la quimera: la cola.

—¡Ya casi estamos! —exclamó Ron extasiado al ver la luz verdosa de la habitación circular en lo alto de las escaleras.

—¡Impedimeta! —y otro chorro de luz roja salió disparado de la varita de Harry hacia la quimera que retrocedió un par de escalones y lanzó un rugido de dolor.

—Vamos, Hermione, ya casi hemos llegado —le susurró Ron a su amiga con la respiración entrecortada por el esfuerzo de subirla escaleras arriba. Hermione, que había entrecerrado los ojos, los abrió un poco y sonrió de forma ausente a Ron, pero al menos era consciente y le escuchaba.

Ron, alentado por la sonrisa y la cercanía de la salida, alzó a Hermione con renovadas fuerzas y así ambos salvaron los últimos escalones y entraron de un salto en la sala circular.

—¡Petrificus totallus! —gritó Harry y después se lanzó hacia la habitación.

En el acto, oyeron un crujido y el armario empezó rotar de nuevo, tapando la abertura que daba a las escaleras justo en el momento en que la quimera asomaba por ella, dejándola irreversiblemente del otro lado.

—¡Sí! —exclamó Harry con triunfo.

—Larguémonos de aquí cuanto antes —murmuró Ron mirando a Hermione con expresión asustada y preocupada —No sé qué le pasa.

La chica se apoyaba en Ron, con los ojos cerrados y la mano izquierda apretándose el hombro derecho, como si ese brazo le doliera, que pendía inmóvil a su costado.

Harry se acercó a Hermione y le tomó la mano derecha. Estaba rígida y fría, como si estuviera petrificada.

—¿Hermione? —la llamó con suavidad.

La chica abrió los ojos lentamente y miró a Harry, apañándoselas para dedicarle una sonrisa somnolienta.

—Lo has conseguido.

—Lo hemos conseguido —la corrigió Harry.

—Yo esperaría a salir de aquí antes de cantar victoria —murmuró Ron lúgubremente al escuchar un sonido metálico en el pasillo. Como el pelirrojo esperaba, cuando el armario acabó de rotar y dejó al descubierto la puerta por la que habían entrado a la estancia, comprobaron que estaba destrozada a espadazos. Y rápidamente, las armaduras irrumpieron en la estancia para atacarles.

Harry apuntó con su varita a la pesada hacha que había en el suelo y la lanzó contra la armadura desarmada justo cuando iba a cogerla, mientras Ron petrificó a la otra.

—¡Salgamos de aquí! —exclamó Harry y ayudó a Ron a llevar a Hermione hasta la salida, aprovechando que una armadura estaba tirada en el suelo con una pesada hacha atravesando el plaquín y la otra peleando silenciosamente contra la petrificación.

Los tres amigos salieron a toda prisa de la habitación y Harry se volvió para reparar la puerta, dejando a las armaduras encerradas dentro. Después, sin perder un segundo, se echó el brazo rígido de Hermione sobre el hombro y entre él y Ron la llevaron a toda prisa por el pasillo durante unos minutos, hasta que se dieron cuenta de que estaban perdidos.

—¿Dónde demonios está el Demiguise? —preguntó Ron fastidiado.

—Debió de quedarse con la quimera o en la otra habitación –dijo Harry —de cualquier modo no creo que nos hubiera ayudado, le atrae la magia así que no creo que se alejara de ella.

—Brújula —susurró Hermione apenas sin voz.

—¿Qué? —preguntó Ron acercando su oído a la boca de su amiga.

—Encanta..miento brújula —logró murmurar.

—¡Eso es! — exclamó Harry y poniendo su varita en horizontal sobre la palma de su mano extendida, murmuró unas palabras. De inmediato, la varita giró un par de veces y se detuvo, apuntando un pasillo a la izquierda de los chicos.

—¡Vamos!

Ron y Hermione siguieron a Harry, y así, después de que la varita les indicara una y otra vez que pasillo tomar para llegar las puertas, se encontraron en el hall del castillo.

—Salgamos —sugirió Harry —y una vez fuera nos podremos aparecer.

—¿Dónde?

—¿Podemos aparecernos en San Mungo? —preguntó Harry mirando a Hermione.

—Creo que sí —dijo Ron.

—Pues vayamos allí.


Hola chicas!

¿Qué tal el chapter? Espero que no se os haya hecho un bodrío insufrible e inacabable :) Han ido a Bran y después de unos cuantos "inconvenientes" (quimera asesina incluida) han conseguido hacerse con el horrocrux: la copa de Helga Hufflepuff. Quiero aclarar aunque ya lo habréis notado que este tipo de escenas no son lo mío. No tengo demasiada imaginación para poner pruebas, acertijos y demás respecto a los horrocruxes, así que ahora que habéis leido la escena borradla de vuestra memoria en cuanto leáis el séptimo libro porque la de Rowling le dará tropecientas mil vueltas. No aspiro a hacer una versión del séptimo libro, sólo aprovechar alguno de los cabos sueltos que Rowling ha dejado a lo largo de los otros libros para escribir un Dramione.

Bien, ahora antes de que me olvidé aclararos la realidad histórica de Bran y lo que he modificado en beneficio de la historia.

Como os dije, el castillo de Bran es conocido por el mito de que había sido el hogar de Vlad Draculea, el Empalador (buscad algo sobre él que tiene tela su biografia...mató de maneras mácabras a cientos de personas pero es considerado un héroe nacional porque impidió que los persas invadieran Rumania...). En su leyenda sangrienta unida al mito de que había vivido en ese castillo se basó Bram Stoker para escribir su célebre Drácula.

En cualquier caso el castillo estuvo en manos de la nobleza rumana hasta que finalmente llegó a manos de la Princesa Lleana (que por cierto quisieron casar con Alfonso XIII de España pero ella se negó. No la culpo) pero le fue incautado por el gobierno Rumano en 1948. El caso es que el año pasado fue devuelto al legítimo heredero un tal Dominic von Habsburgy el cual lo puso a la venta porque no lo podía mantener. Finalmente fue comprado Abramovich (el dueño del Manchester si no me equivoco) y se ha convertido en un destino turístico, así que se puede visitar :)

Como habréis notado he cambiado varias cosas. Para empezar puse que el gobierno se lo devolvió a Dominic hace unos 20 años y que desde entonces el castillo parece estar maldito. Dominic quebró a raíz de la recuperación del castillo y no ha encontrado comprador (adivinidad por qué :).

Sé que dije que colgaría el lunes pero prefiero no tocar el ordenador desde ya y ponerme a estudiar seriamente (hasta ahora cada vez que toco los apuntes se me desatan dudas filosoficas que me abstraen profundamente..."¿hay vida después de la muerte¿a qué huelen las nubes?"...ya sabéis). Muchas gracias por la suerte, la necesitaré. ¡Suerte a vosotras también!

Ahora respondiendo a algunas preguntas:

- Psché : es expulsar aire entre los dientes en señal de desdén o burlándote de algo. Podría escribirse también "psttt", es una onomatopeya.

- En cuanto al lemmon sí que habrá en el fic pero a su debido tiempo ;)

Y aunque posiblemente os importe un pimiento me han concedido una beca para irme a estudiar inglés a Irlanda! Y antes de que la nota de autor se haga más larga que el capítulo me despido :) Como siempre mis agradecimientos especiales para las que dejaro r&r en el anterior:

unkatahe (creo que se te cortó el rewiev, linda), Dubhesigrid, Esmeralda, Alide, Pajaro-de-fuego, lxlgiselalxl, harrymaniatica, maria, PauMalfoy, Itsa, El Collar de Perlas, nataly-malfoy, BarbaraNakamura, micropuff, zephyrpotter, yanhira, galletaa, englantier, Yeire, Lna, Cielo Azul V ;), Arsami, Amber, taniz, Nimue-Tarrazo, Dysis, Amarissima, Soll, Ayame89, iniki, Fer Cornamenta, Heredhra, Adi Felton (no pasa nada;), danymeriqui, Edoras, gala zoel, gata2242, tifanny, Noelia, Malicemoon, Veroli, Shyriusa, Zorion, Keikleen, pekelittrell, Soerag, damari, sakurita555, Sandy0392, maria, Lyann Jade, Elea ;), .., Kris Hart, Annkora, maki, cuky as, selegna, fairyMoka, , consue, Emily Dumbledore, Sara y Becca.

MUCHÍSIMAS GRACIAS POR TODO VUESTRO APOYO!

Con mucho cariño, Dry!

Pd: Click a "Go" para que Draco (o quien sea) os consuele si os va mal en los exámenes u os recompense si os va bien (así hasta da gusto hacer exámenes¿eh?)