Capítulo 19: Errores, noticias y reencuentros (Editado)
Draco apretó los dientes y sus mandíbulas se endurecieron. Apretó la nuca contra la almohada en un vano intento de calmar el dolor de la Marca Tenebrosa en su brazo izquierdo. Ardía, atravesando su piel y sus músculos hasta prender fuego a sus huesos, produciéndole un dolor insoportable y constante.
Se removió bajo las mantas, frustrado y dolorido, conteniendo un gemido de dolor. Podría gritar para desahogarse, pero había escuchado a Potter y Weasley regresar hacía un par de minutos, en plena madrugada.
Ya conocía ese dolor y sabía que no se iría hasta que los mortífagos respondieran al llamado del Lord Tenebroso. Y por el modo en que le taladraba la muñeca, con la calavera negra como la noche, les reclutaba para una misión importante.
Mucho.
La lluvia caía violentamente, llevada en diferentes direcciones por ráfagas de viento que agitaban los escasos árboles que se atrevían a crecer en el yermo acantilado contra el que se lanzaban furiosas olas en esa noche cerrada. Una figura oscura, alta y delgada se alzaba justo en el borde el abismo, con su capa negra rizándose y enrollándose en torno a su cuerpo, sacudida por el viento.
La capucha se había retirado hacia atrás descubriendo una cabeza lisa, blanca, sin ningún cabello, que encaraba la lluvia con impunidad, desafiando el temporal y las olas que golpeaban la roca bajo sus pies.
Sus ojos rojos, de pupilas verticales, se habían achatado hasta ser sólo dos hendiduras del color de la lava ardiente, fijos hacia el frente. Llenos de cólera.
Tres sombras se materializaron detrás de él, todas ellas vestidas con capas negras y empapadas. Al unísono, se dejaron caer de rodillas al suelo y agacharon la cabeza, temblando.
Aunque no por el viento, tampoco por la lluvia. Menos aún por la cercanía de un mar embravecido. Sino por el ser que les daba la espalda.
—¿Y Backery, Cox, Wade y Kelson? —preguntó Él, y su voz sonó como un latigazo, áspero y ronco entre el rugido de las olas, el viento y la lluvia.
—Capturados —respondió una de las tres figuras arrodilladas, cuya capucha había caído revelando un cabello oscuro, largo y grasiento que el viento replegaba hacia atrás con fuerza, despejando su rostro cubierto por una máscara de plata.
Se hizo un silencio tenso, expectante, peligroso, en el que el temporal pareció resonar con más fuerza. Al cabo, el Señor Oscuro se volvió hacia sus servidores muy lentamente y clavó sus ojos de serpiente en ellos, llenos de furia y crueldad.
—Orson, Yaxley, desapareced de mi vista —siseó.
—Sí, mi señor.
—Gracias, Lord Tenebroso —murmuró un segundo con voz asustada, y ambos se desaparecieron al instante, claramente aliviados.
—Quítate la máscara, Severus —ordenó Voldemort con sequedad y el asomo de algo parecido a una sonrisa cruel fluyó a sus labios finos y descoloridos durante un fragmento de segundo. El mortífago obedeció y se retiró la máscara a la que a la luna arrancó un destello plateado antes de ser depositada sobre el suelo de roca. Un rostro demacrado de piel cetrina quedó a la vista, ausente de expresión. Los dedos finos y alargados del Innombrable se cerraron en torno a su varita, y alargó el brazo, apuntando con ella a su siervo. Él no se movió ni reveló expresión alguna en su rostro, sus ojos oscuros permanecían inalterables e impenetrables, aunque había algo sutil, demasiado oculto para ser percibido a simple vista, en la línea que formaban sus labios apretados.
—Me temo que has vuelto a fallarme, Severus, tendré que castigarte de nuevo, ¿no crees? —la voz impasible como la muerte del Señor Oscuro acarició cada una de las palabras con un deje juguetón, casi infantil que helaba la sangre, pero Severus permaneció arrodillado, los ojos fijos en el suelo sin dar más muestras de haberle escuchado que un veloz pestañeo.
—¡Crucio! —gritó la voz, elevándose por encima de la tempestad.
—Despierta de una vez, ¿no crees que ya has dormido bastante estos días?
Hermione parpadeó un par de veces y finalmente abrió los ojos. Durante unos instantes se sintió desconcertada y angustiada, con el cuerpo rígido y una sensación de alerta cosquilleando en su estomago hasta el punto de darle nauseas. Pero una cabellera corta de color rosa eléctrico la sacó bruscamente de los restos de la pesadilla que había estado teniendo –y que por supuesto no podía recordar-.
—Tonks —murmuró la chica con voz ronca y débil, mientras intentaba incorporarse sobre los almohadones sin mucho éxito.
—Tranquila, yo te ayudaré —se ofreció jovialmente la aurora, y en unos segundos, Hermione ya estaba sentada, apoyada en los almohadones. La muchacha echó un vistazo a su alrededor, pero no había nadie más que Tonks y los otros dos enfermos en el pabellón en el que se encontraba.
—Sólo estoy yo —respondió Tonks interpretando la mirada de la chica —pero aún es muy temprano. He venido a verte antes de ir a trabajar.
—¿A trabajar? —repitió Hermione. Por las ventanas que había al fondo de la estancia, pudo comprobar que aún no había amanecido —¿No es demasiado pronto?
—Sí, pero hoy hay mucho revuelo en la oficina. Se supone que esto es confidencial, pero me juego algo a que sale en la primera plana de El Profeta.
—¿De qué estás hablando?
—Verás, esta madrugada...Azkaban ha sido atacado por los mortífagos.
—¡¿Qué?
—Como lo oyes —explicó Tonks dejándose caer en el sillón en el que hacía unas horas había dormido Harry.
—¿Lograron liberar a los mortífagos detenidos? —preguntó Hermione, asustada ante esa posibilidad.
—No —respondió la aurora y esbozó una sonrisa jovial y enigmática.
—¿Por qué sonríes? ¿Qué pasó? ¿Impedisteis que soltaran a los mortífagos?
—Verás, no lograron rescatarlos porque no estaban allí.
—¿Cómo que no estaban allí? —Hermione estaba cada vez más confundida y aún se sentía amodorrada por el sueño y angustiada por lo que quiera que hubiera soñado.
Tonks acercó el sillón a la cama de Hermione, arrastrándolo y trabándose con la alfombra un par de veces. Soltó una maldición y después de forcejear con el sillón por unos instantes, logró dejarlo lo suficientemente cerca de Hermione para que sus cabezas quedaran cerca si se inclinaba hacia delante. Se llevó una mano a la boca para ocultar sus labios y lanzó una mirada precavida a su alrededor antes de responderle en susurros a Hermione.
—¿No os dijo nada el Señor Weasley acerca de un supuesto soplo de Snape cuando fue a atacar a Kingsley?
Hermione asintió con los labios apretados y las cosas comenzaron a cobrar sentido para ella. El Señor Weasley les había dicho que Snape había alertado a Kingsley de que los mortífagos pretendían atacar Azkaban para liberar a sus compañeros. No sólo eso, les había dicho la fecha exacta.
¿Había acertado? ¿O habían retirado a los mortífagos presos mucho antes como medida de seguridad?
—¿Dijo que...dijo que atacarían Azkaban anoche?
—Exacto —apuntó Tonks.
—Eso significa que...
—Está siendo espía para nosotros. Al menos por el momento. Creímos que podría ser una trampa pero la verdad es que no pudo salir mejor para el Ministerio. Scrimgeour debe estar dando saltos de contento.
—¿A qué te refieres?
—Hemos detenido a media docena de mortífagos. Como estábamos avisados, los aurores les doblaban en número. Sólo lograron escapar tres.
—¿Snape...?
—Sí, él fue uno de ellos.
Hermione guardó silencio, pálida. Cada vez estaba más convencido de la verdadera lealtad de Snape. Había dado una pista a Harry para encontrar el horrocrux de Rumania y un chivatazo al Ministerio gracias al cual habían evitado la liberación de una docena de peligrosos mortífagos. Todo ello en detrimento del Señor Oscuro y poniendo en gran riesgo su vida.
No tenía por qué hacerlo...a no ser que no fuera el traidor que todos creían. Ya había pensando en la posibilidad de que hubiera matado a Dumbledore porque él se lo había ordenado para así salvar la vida de Malfoy y poder seguir manteniendo su tapadera. Si Dumbledore había considerado que eso sería más útil para acabar con Voldemort que su propia vida...Hermione le creía capaz de sacrificarse y pedirle a Snape que lo matara.
—Bueno, yo voy a irme ya. Quiero ver a Moody antes de regresar al Ministerio —la voz de Tonks sacó a Hermione de sus pensamientos y miró a la aurora, que se ponía en pie y se alisaba la túnica.
—¿A Moody?
—Sí. Después de la muerte de Dumbledore la Orden quedó un poco olvidada...todos estamos algo perdidos sin él, pero Moody me ha pedido que le informe de cualquier novedad. Ya sabes como es, alertapermanente y todo eso. Puede que pronto nos reunamos. Ahora que Kingsley se ha recuperado y Remus ha vuelto...
—¿Vuelto?
—Sí, siguió con la misión que Dumbledore le había encomendado —explicó Tonks perdiendo su expresión despreocupada —pero las cosas se han puesto muy feas después de su muerte y era demasiado peligroso que continuara con los licántropos.
—Entiendo —murmuró Hermione.
—El caso es que debo irme. Volveré a verte en cuanto pueda aunque espero que pronto te den en alta —Tonks le guiñó un ojo mientras se encaminaba a la salida —Que te mejores.
Hermione asintió y observó a Tonks alejarse, hasta que la aurora se detuvo bajo la jamba de la puerta. Volvió lo justo el rostro para que Hermione pudiera ver su perfil –algo que le recordó inmensamente a su primo –y sonrió.
—Por cierto, ¿cómo le va?
No dijo ningún nombre, no hizo ninguna alusión directa a él, pero Hermione supo de inmediato que le estaba preguntando por Malfoy. El recuerdo de la última vez que le había visto, del modo en el que la había besado, la hizo enrojecer y sintió algo más que amargura por primera vez desde que había despertado. Algo cálido pareció escurrirse por su pecho y pelear contra las espinas que la torturaban.
Suspiró, y miró a Tonks que la observaba de reojo con una curiosa expresión en el rostro.
—Bien. Al menos lo estaba la última vez que le vi —respondió la chica.
Tonks amplió su sonrisa.
—Lo imaginaba. Hasta otra, Hermione.
Y después salió, dejando a Hermione sola y pensativa.
—No...
—Harry...
—Es una trampa —se empecinó el moreno, dando vueltas furiosamente a los pies de la cama de Hermione. Ron, sentado en un sillón, observaba a Harry con El Profeta arrugado entre sus manos.
—Harry —insistió Hermione tratando de captar la atención de su amigo.
—Estoy seguro de que está actuando así por orden de Voldemort. Quiere ganarse de nuevo nuestra confianza para después traicionarnos.
—Baja la voz —le recordó la chica echando un vistazo rápido a sus compañeros de pabellón. La bruja continuaba dormida –a decir verdad, ni Hermione ni sus amigos la habían visto nunca despierta –y el mago seguía temblando, acurrucado contra el cabecero de su cama, con la mirada pérdida —Lo que estás diciendo, Harry, no tiene sentido. No creo que Voldemort ordenara a Snape que nos diera pistas tan importantes para desbaratar sus planes. ¿Por qué iba a enviarte a conseguir un horrocrux e iba a proporcionar al Ministerio información que evitó que lograra recuperar a sus mortífagos?
—No lo sé —reconoció Harry, enfadado —pero no me fío de Snape.
Hermione miró a Ron pidiéndole ayuda, pero el pelirrojo se encogió de hombros con una mueca.
—Yo tampoco creo en la inocencia de Snape —dijo Ron.
—Yo no estoy segura, pero al menos deberíamos concederle el beneficio de la duda, ¿no, Harry?
—¿Por qué? Toda la gente querida a la que he perdido está muerta por haber confiando en las personas equivocadas —replicó Harry con amargura —Pettigrew, Kreacher y Snape. No voy a cometer su mismo error.
Hermione guardó silencio, incapaz de rebatir ese argumento, y se reacomodó entre los almohadones, incómoda. Sinceramente, no tenía ánimos para discutir con Harry y hacerle ver que era razonable cuestionarse la verdadera lealtad de Snape. Estaba cansada, deprimida, y se sentía incómoda con sus amigos. El rato que había dormido después de que ellos se fueran y antes de que Tonks llegara había vuelto a tener esos sueños que no podía recordar y que tan mal la dejaban. Se despertaba más cansada de lo que había dormido, con el cuerpo destrozado y los nervios alterados. Y no podía librarse de la sensación de angustia y apatía hiciera lo que hiciera, pensara en lo que pensara.
Por si fuera poco, después de la marcha de Tonks los medimagos la habían visitado y revisado, y no habían sabido explicarle qué le ocurría y por qué no podía mover el brazo derecho. Le habían dicho que lo más prudente sería mantenerla ingresada hasta que descubrieran cómo curarla y después la habían acosado a preguntas acerca de cómo había acabado en ese estado. Hermione había respondido con monosílabos y evasivas, y ni siquiera se había sentido culpable por mentirles o preocupada por si al ocultarles información estaba evitando que descubrieran cómo curarla. No le importaba demasiado su destino.
—Mirad esto —murmuró Ron extendiendo el periódico.
—¿Qué es? —preguntó Hermione con indiferencia.
—Es una noticia sobre Hogwarts. Dice que la escuela será reabierta el 1 de Septiembre.
—Así es —dijo una voz femenina desde la puerta. Ginny y la Señora Weasley acababan de llegar. La joven llevaba un pergamino en la mano y su madre una enorme bolsa.
—Hermione, querida, ¿cómo te encuentras? —preguntó la Señora Weasley acercándose con premura a la cama de la enferma.
—Estoy bien, señora Weasley —dijo forzando una sonrisa. Había dicho tantas veces esa frase sin sentirla que ya le salía automáticamente. La Señora Weasley la observó con preocupación y le puso una mano en la frente para tomar su temperatura como si no se fiara de ella.
—Hmmm, no está mal. ¿Cómo está tu brazo?
—Igual.
—Te he traído algunas cosas —explicó la mujer sacando una enorme manta que parecía hecha de trozos de diferentes telas remendadas. Había partes de tela escocesa, otras con dibujos florales, algunas lisas y una salpicada de lunares en el centro. La combinación de colores y estampados era muy extravagante y no obstante su conjunto tenía un aspecto encantador. A Hermione le recordó a la Madriguera y los buenos momentos que había pasado allí y su humor mejoró un poco.
La Señora Weasley le sonrió antes de extender la manta sobre sus piernas y remeterla por debajo del colchón como cuando Hermione era pequeña y su madre hacía lo mismo para evitar que se cayera de la cama. El recuerdo de su madre hizo que Hermione se sintiera nostálgica y su humor volvió a apagarse mientras la Señora Weasley seguía sacando un montón de cosas de su bolsa.
—Te he traído comida —explicaba mientras depositaba una serie de tuppers mágicos en la mesilla de noche que había junto a la cama de Hermione —cuando Arthur estuvo ingresado me di cuenta de que la comida en San Mungo no era muy buena. Y desde que estáis solos en Grimmauld Place todos estáis más flacuchos. ¿Coméis bien?
—Bueno, hacemos lo que podemos —aseguró Ron, evitando la mirada acusadora de su madre.
—Hablando de Grimmauld Place —intervino Ginny, sentándose el borde de la cama de su amiga con una sonrisa —debéis de tener tres lechuzas esperándoos allí. Esta mañana me llegó esta carta de Hogwarts —y extendió el pergamino enrollado que tenía en la mano —el colegio se reabrirá el día 1 y McGonagall será su nueva directora.
—Vaya, no creí que fueran a reabrirlo —reconoció Ron ojeando El Profeta donde también lo anunciaban —aquí pone que McGonagall dijo que es lo que Dumbledore hubiera querido.
—Pero habrán tenido que buscar dos nuevos profesores, ¿no es así? Para reemplazarla a ella y a Snape —apuntó Hermione.
—Parece ser que el Ministerio ha ofrecido a un auror para enseñar Defensa contra las Artes oscuras —respondió Ron leyendo el artículo —El Ministro considera positivo que la Escuela permanezca abierta y alienta a los padres para que envíen a sus hijos al colegio.
—Sólo lo hace para aparentar normalidad y que no cunda el pánico —dijo Harry fríamente –y seguramente ahora que no está Dumbledore, tratará de controlar el colegio.
—Me gustaría ver como lo intenta —apuntó Ginny —McGonagall no es precisamente un hueso fácil de roer.
—Entonces, ¿el 1 de Septiembre volverás a la escuela? —preguntó Harry mirando a la pelirroja. Ginny le sostuvo la mirada y se formó un momento tenso entre ambos. Hermione y Ron miraron a otra parte, y la Señora Weasley parecía demasiado ocupada organizando los tuppers para darse cuenta de lo que estaba sucediendo.
—Sí —respondió Ginny con aire decidido —Tú no lo harás, ¿verdad?
—No —reconoció Harry.
La Señora Weasley acabó de colocar el último tupper y se volvió hacia sus hijos y compañía.
—Harry, querido, ¿cómo es eso de que no vas a regresar a Hogwarts? Tienes que completar tu formación mágica.
—No lo haré —respondió el moreno con tranquilidad —ya no me queda nada allí y tengo otros planes.
—Yo tampoco volveré —añadió Hermione.
—Ni yo —aseguró Ron y al ver el ceño de su madre añadió —mamá.
—¿Y puedo saber por qué? —preguntó la Señora Weasley en tono peligroso.
—Soy mayor de edad, no puedes obligarme —se empecinó Ron cruzándose de brazos mientras sus orejas se ponían coloradas —Además, Hermione y yo estamos ayudando a Harry en algo importante. Más importante que nuestros estudios.
—Otra vez esa misión de Dumbledore, ¿no es así? —inquirió la mujer, ceñuda —Decís que estáis haciendo lo que Dumbledore querría pero no creo que él quisiera que dejarais vuestra formación escolar a medias y fuerais por ahí haciendo Merlín sabe qué y poniéndoos en peligro. ¿Por qué no me contáis de qué se trata? Sois demasiado jóvenes para encargaros de lo que sea vosotros solos. La Orden del Fénix podría ayudaros.
—¿Qué Orden? Sin Dumbledore ya no hay Orden —replicó Ron.
—Eso no es cierto —replicó la Señora Weasley enfadada.
—Señora Weasley —intervino Harry, muy serio —con el debido respeto, es una misión que Dumbledore me confió y me dijo que sólo podía contársela a Ron y Hermione. Le prometí que no se lo contaría a nadie más y no pienso faltar a mi palabra.
La Señora Weasley pareció contrariada, peleando entre su preocupación natural y su lealtad a Dumbledore. Finalmente, relajó el rostro con expresión resignada y alisó las arrugas imaginarias que la manta que le había echado por encima a Hermione tenía.
—Está bien —cedió la mujer. Ron soltó un disimulado suspiro de alivio.
Los días pasaban lentos y aburridos para Hermione en San Mungo. Los medimagos la visitaban varias veces al día y le hacían beberse todo tipo de asquerosas pociones para ver si lograba recuperar la movilidad del brazo derecho. También probaban encantamientos sin demasiado éxito, e incluso invitaron a un reconocido medimago extranjero que estaba visitando Londres para ver si él podía arrojar luz sobre el asunto, todo ello sin éxito.
Harry, Ron, Ginny y la Señora Weasley se pasaban la mayor parte del día allí y no se quedaban por las noches tan sólo porque Hermione les obligaba a irse a casa. Pidió a los medimagos que dieran pociones para dormir sin sueños y gracias a ello pudo descansar. Ya no se despertaba con la sensación de haber visto cosas horribles y aunque el recuerdo de ello aún permanecía en su interior, cada día se sentía un poco mejor. Además, había pedido a la Señora Weasley que le comprara los libros reglamentarios de séptimo curso en Hogwarts.
—¿Para qué? —había preguntado Ron extrañado —Si no vas a volver a Hogwarts.
—No, pero eso no significa que no pueda estudiar por mi cuenta lo que hubiéramos dado en la escuela —le había explicado a su amigo.
—No tienes remedio —había respondido el pelirrojo agitando la cabeza.
Aunque Hermione no podía practicar los hechizos con su mano derecha ya que ésta estaba inservible, simulaba los movimientos con la izquierda y cada vez que lograba acercarse aunque fuera un poco a lo que pretendía se sentía un poco más animada.
Para mejorar la situación, alguna de las múltiples pociones que le dieron debió de hacer algún efecto porque al despertar el quinto día, sintió un leve cosquilleó en la yema de los dedos de su mano derecha y dos días después logró mover un poco los dedos.
Aunque era un avance mínimo, todos se sintieron muy animados y finalmente los medimagos identificaron la poción que estaba logrando su mejoría. Así pues, dos días después, accedieron a darle el alta mientras no hiciera esfuerzos y siguiera tomando la poción para recuperar poco a poco la movilidad.
Esa misma tarde, con ayuda de Harry y Ron, Hermione recogió sus cosas y los tres abandonaron San Mungo. Rumbo a casa.
Mientras regresaban en metro a Grimmauld Place, Hermione sentía como si se hubiera tragado una culebra que no paraba de cosquillear y dar vueltas por su estomago. Estaba hecha un manojo de nervios sólo de pensar que volvería a ver a Malfoy. Había pasado más de una semana desde ese último beso aunque le pareciera que había transcurrido una eternidad, y lo cierto es que le ponía nerviosa la perspectiva de volver a verlo.
En San Mungo se había descubierto pensando en él con recurrencia y tratando de entenderlo pero no había avanzado mucho en eso. Tampoco en entenderse a ella.
Antes de partir hacia Rumania, Hermione no pensaba especialmente en Malfoy pero no podía negar que desde ese primer beso su relación se había vuelto extraña. No sabía por qué Malfoy la besaba y tampoco porque ella terminaba respondiendo. Él no le gustaba. A ella le gustaba Viktor.
Él era su primer amor. Con él podía hablar o simplemente disfrutar del silencio. Podía contarle sus sentimientos y preocupaciones sin sentirse ridícula y él la hacía sentir protegida y especial.
Malfoy en cambio la insultaba a la primera de cambio y disfrutaba fastidiándola. No eran capaces de mantener una conversación civilizada y eran más enemigos que amigos. Hermione no lograba encontrarle ninguna virtud según su escala de valores y nunca había entendido por qué tenía éxito con las chicas cuando estaban en Hogwarts. Podía reconocer que era algo guapo. Y elegante tal vez, pero nada más.
No obstante, cuando Harry, Ron y ella llegaron a la calle Grimmauld Place, sus piernas temblaban y su corazón latía tan rápido como cuando la quimera les había perseguido. Se dio cuenta de que tenía ganas de verlo.
Y eso no le gustaba, en absoluto.
Draco estaba tirado en el diván del salón muerto de asco y aburrimiento. Casi había perdido la cuenta del paso de los días y no sabía si estaban a lunes, martes o miércoles. Tampoco le importaba demasiado.
Desde la última vez que había visto a Granger, desde que había sabido que estaba en San Mungo, Potter y Weasley salían cada mañana –Draco presumía que rumbo al hospital –y regresaban muy entrada la noche. Y así, día tras día.
No había obtenido gran información gracias a Kreacher. De cada docena de palabras que murmuraba Kreacher, sólo podía aprovechar un par y únicamente había sacado en claro que estaba inconsciente y que aún no sabían qué le ocurría. Unos días después, el elfo le había dicho que la chica había despertado pero por lo visto aún no se encontraba en perfectas condiciones y el apestoso de Potter –palabras textuales de Kreacher –había comentado con el pelirrojo traidor que su amiga estaba muy extraña.
Draco había pasado por distintos grados de impaciencia y desesperación, alternando períodos de preocupación, con períodos de furia y por último de apatía. Se despertaba pensando en ella, preocupado por su estado. Para mediodía ya estaba cerca de volverse loco y entonces era cuando se preguntaba qué demonios estaba haciendo y se enfurecía consigo mismo por interesarse por el estado de una sangre sucia. Se maldecía y la maldecía a ella una centena de veces, pateaba algún mueble de la casa y buscaba algo que hacer con impaciencia.
A menudo se descargaba con Kreacher, dándole órdenes o torturándole de diversas formas. Lo provocaba solamente para que el elfo se atreviera a hacer algún comentario en su contra y así tener una excusa por la que castigarle. El día anterior, sin ir más lejos, Draco había arrancado la cabeza disecada del padre de Kreacher y la había arrojado por las escaleras porque el elfo le había dicho por lo bajo que estaba contaminado. Kreacher se había pasado horas llorando al pie de las escaleras, abrazando la cabeza de su padre sin dejar de murmurar incoherencias con un brillo febril en los ojos.
—¿Qué quieres? —preguntó Draco con tedio al ver a Kreacher entrar por el salón, con sus ojos verdes y sanguinolentos entrecerrados en señal de rabia.
—El amo pidió que Kreacher le informara cuando el mocoso apestoso y su amigo llegaran a casa.
—¿Ya están aquí? —inquirió el mortífago echando un vistazo al su reloj con desinterés —Han vuelto más temprano de lo habitual, sólo es mediodía —y después volvió a mirar al techo, aburrido.
Cuando se dio cuenta de que Kreacher no se había movido de la puerta, se incorporó en el diván, alzando una ceja rubia.
—¿A qué coño esperas? Lárgate.
—Hay algo más, amo —murmuró el elfo entre dientes. Estaba claro que le remordía dentro llamarlo así —la asquerosa sangre sucia está con ellos.
—No la llames sang... —se cortó en seco, como si le hubieran golpeado —¿qué? ¿está aquí?
Kreacher asintió, rabioso.
Draco ya se había levantando y arrollado a Kreacher para quitarlo de en medio antes de darse cuenta. Fugazmente, se dijo que a él debería importarle un pimiento que la sabelotodo hubiera regresado, pero realmente, lo único que le importaba un comino en ese momento era lo que debería o no debería sentir. Quería verla.
Corrió como un desesperado para bajar las escaleras que daban al hall, pasando junto a las cabezas disecadas de los elfos, pero se detuvo en seco al llegar a los últimos escalones.
Ella estaba allí, en el hall, con sus dos inseparables amigos. Rodaba los ojos y resoplaba mientras Ron la ayudaba a quitarse la cazadora y Harry les observaba sonriendo. Draco leyó en sus labios que le decía al pelirrojo algo parecido a que podía hacerlo ella sola porque era como si le hubieran quitado el sonido a todo lo que no fueran los jodidos latidos de su corazón, retumbando en su pecho, palpitando en sus oídos con fuerza, como si estuviera debajo del agua.
Observó como hipnotizado cómo ella proyectaba su labio inferior hacia arriba, resoplando mientras echaba atrás los hombros para que Ron pudiera retirarle más fácilmente la chaqueta y sintió el impulso indigno de recorrer a zancadas la distancia que les separaba y partirle la boca de un beso.
Dio un paso, pero se detuvo en seco, consciente de lo que iba a hacer. Él era Draco Malfoy y ella Hermione Granger. No podía acercarse y besarla, tampoco podía demostrar la más mínima alegría en verla o el más insignificante interés por su estado. Ni siquiera podía mirarla como la estaba mirando, bebiendo y absorbiendo con avidez cada detalle de ella. Recreándose en su imagen, reviviendo cada uno de sus recuerdos.
Vio como Weasley finalmente se hacía con su chaqueta y el modo en que ella respondía con una sonrisa a algo que Potter le había dicho y de repente se sintió ajeno, extraño, fuera de lugar. Ellos tres estaban en otro universo diferente al de él. Felices de estar juntos, en casa.
Él sólo era un extraño que estaba allí de paso. Nunca sería nada más para ella, ni para ese lugar. Sólo un huésped temporal de tránsito en su vida. Y esa certeza le hizo sentir de pronto vacío, como un globo que se deshincha repentinamente.
Él no pintaba nada allí. Lo mejor que podía hacer era irse antes de que ninguno se percatara de su presencia. Apretó los labios y se dispuso a dar media vuelta, pero los ojos de ella captando su mirada le detuvieron.
De pronto su sonrisa empequeñeció lentamente hasta desaparecer y se quedó allí, parada, en medio de sus dos amigos que decían algo que Draco no alcanzaba a oír ni entender, ajenos a sus miradas encontradas. Se miraron, en silencio, durante lo que pareció un espacio eterno y a la vez fugaz, en un momento cargado de algo que ninguno de los alcanzaba a entender o nombrar.
Pero entonces Potter dijo algo y rozó el codo de la muchacha para llamar su atención.
—¿Qué decías, Harry? —preguntó distraída.
—Te preguntaba si quieras comer algo, cocinamos Ron y yo —ofreció el moreno.
Hermione esbozó una tenue sonrisa aunque ni siquiera había prestado demasiada atención a su amigo, pero cuando volvió de nuevo su vista hacia las escaleras, Malfoy ya había desaparecido.
Hola chicas!
Bueno, aquí he vuelto con un capítulo más largo y menos soso que el anterior :) Han pasado bastantes cosas por eso no se me ocurrió otro nombre mejor para el capítulo que Errores, noticias y reencuentros. Para empezar los mortífagos atacaron Azkaban para liberar a su compañeros en la misma fecha que Snape le dijo a Kingsley...gracias lo cual lograron evitarlo. Atención a la escena con Voldemort (espero que no haya quedado demasiado mal, es la primera vez que uso a ese personaje T.T) y a lo que le dijo a Severus. Le ha fallado dos veces, se admiten conjeturas (aunque uno de sus errores está bien claro). Tonks ha ido de visita y se ha visto un poco que ha sido de la Orden del Fénix que no sabía que hacer con ella y sinceramente no se me ocurre que será de ella en el séptimo libro. Hogwarts será reabierto y a Hermione le han dado el alta. Parece que su brazo se está curando aunque de momento sólo puede mover un poquitito los dedos. Y por último, el esperado (o por lo menos por mi xd porque tenía ganas de escribirlo) reencuentro entre Draco y Hermione. No han cruzado una palabra pero creo que ha sido bastante revelador¿no creéis?
Veamos, en cuanto a lo que comenté de los plagios en el capítulo anterior traigo novedades. Pero antes quería hacer una aclaración porque creo que me expliqué mal: no tengo problema en que dejen links hacia mi historia recomendándola, todo lo contrario, lo agradezco mucho :) Lo que no permito es que copien y publiquen mi historia en otra parte.
Los dos fotologs en los que estaba siendo publicada Lija&Terciopelo van a ser cerrados por sus dueñas, las cuales se han disculpado. El problema es que he descubierto que "La poción prohibida" (uno de mis one shoots) está siendo plagiado en otro, pero bueno, espero poder solucionar eso también.
Estoy mucho más animada y no sólo por eso, sino por el apoyo que me habéis dado todas. No tengo palabras para daros las gracias. Me he sentido comprendida, apoyada y mucho más segura. Sé que cuento con vosotras para que me informéis y os lo agradezco infinitamente :) Gracias especiales a las chicas del foro y de PLAP!
Respecto a las actualizaciones, acabo de terminar el capítulo ahora mismo así que es posible que ahora me retrase un poco más.
Creo que no se me olvidaba nada más. Ahora, como siempre, mis agradecimientos especiales para todas las que me dejaron review, en especial a las que siempre lo hacen y a las que se animaron a hacerlo por primera vez :):
Itsa, Dubhesigrid ;), gala zoel, nataly -malfoy, Amber, Danae, Muralasa, chepita1990, oromalfoy, arrayan, englandlove, Marceps, taniz, lady issobelle, Heredrha, Euridicee.e, Danymeriqui, Noelia, millicentgranger, ., monica, Layn, Xgirl1, galletaa, sonylee, Yezzie, Amarissima, pekelittrell, jocelyn andrea, mariapotter2002, Annea Granger M, Hermiwg,maria, Soerag, Marata1507, Pajaro-de-fuego, Lna, Veroli, Yeire, Elea, Kris Hart, Nimue-Tarrazo, AdiFelton, Edoras, 92, malfoy.k.l, tifanny, Sakura Granger, antoo, fairyMoka, Esmeralda, estefi!, Lyann Jade, GreyGGGA, CukyAs, yanhira, Emily Dumbledore, selegna, micropuff, Namelia Phoenix, Dysis, BarbaraNakamura y Vhea.
MUCHAS GRACIAS POR VUESTRO APOYO Y COMPRENSIÓN!
Con cariño, Dry!
Pd: Click a "Go" para que finalmente Draco (o X) baje la escalera, atraviese el vestíbulo, te tome entre sus brazos y te parta la boca de un beso ;)
