Nota: este capítulo va dedicado a Vhea, por diseñar un fan art precioso de Draco y Hermione, inspirado en Lija&Terciopelo (fijaos en la rosa negra). Muchísimas gracias, me ha encantado :) ¡es precioso! ¡Qué bien dibujas! El capítulo va por ti! Espero que te guste!
Link al fan art: http :/www .deviantart. com/deviation/ 53080988/ (sin espacios)
Capítulo 20: La calavera y la serpiente (Editado)
Hermione no podía negar que se sentía un poco mejor por el regreso a Grimmauld Place. Había añorado mucho la casa, su cuarto, la intimidad y la tranquilidad que allí se respiraban, aunque tenía la extraña sensación de no encajar allí como antes. Después de comer, había subido a su cuarto y puesto sobre la colcha de su cama la manta de remiendos que la Señora Weasley le había dado. A decir verdad, ella había comenzado a extenderla sobre la cama cuando aparecieron Harry y Ron para hacerlo por ella, relevándola al plano de espectadora. Tampoco le habían dejado deshacer la bolsa que la ropa que le habían llevado a San Mungo, ni colocar ninguna de sus cosas.
Aunque Hermione sabía que lo hacían con buena intención y se lo agradecía, encontraba muy irritante encontrarles allá donde iba para hacer todo por ella. No podía usar su brazo derecho pero no estaba impedida.
Al final había terminado por pedirles que la dejaran un rato sola en su cuarto. Había recolocado todas las cosas a su manera –era una maniática del orden como su padre y sólo se quedaba a gusto cuando hacía las cosas ella –y después se había echado en la cama, pensativa.
Para ser sincera, estaba pensando en Malfoy. Su "reencuentro", por llamarlo de algún modo, había sido un tanto extraño. No habían intercambiado una palabra pero esa mirada había sido tan íntima...
Sacudió la cabeza, molesta, pero no pudo evitar preguntarse qué estaría haciendo él en ese momento. Era posible que estuviera en su habitación y que sólo les separara un tabique. ¿Estaría él pensando en ella?
¿Pero qué estaba diciendo? ¿Qué le importaba?
Bueno, era simple curiosidad. Después de todo, antes de que se marchara a Bran, él le había pedido que volviera, ¿no? Era normal que se preguntara si pensaba en ella.
Normal tal vez, pero peligroso. Era mejor no meterse en terrenos pantanosos y ocuparse de otras cosas mucho más importantes. Por ejemplo el horrocrux que tenían, cómo destruirlo y cómo encontrar más. Debería ir a la biblioteca a buscar más información, ya había perdido demasiados días en San Mungo.
Abrió la puerta –con su mano izquierda –y salió al pasillo, agradecida de que Ron y Harry no estuvieran esperando fuera para ofrecerle ayuda o escoltarla allí donde fuera. Echó un rápido vistazo a la puerta de la habitación de Malfoy, pero estaba cerrada.
Sintió una leve desilusión que no quiso entrar a analizar, pero se quedó paralizada cuando vio a Malfoy al final del pasillo, en lo alto de las escaleras que subían del segundo piso.
El corazón de Hermione comenzó a latir de expectación, pero apretó los labios peleando contra sus sensaciones. No tenía que estar nerviosa por verle.
Desde luego él no parecía nada afectado por su presencia. Todo lo contrario, se acercaba por el pasillo con total indeferencia, moviendo los hombros a cada paso con su característica arrogancia, la cabeza alta y la mirada al frente. Enfocada hacia ella pero sin verla, como si no estuviera allí, plantada junto a su puerta.
Cuando casi estuvo a su altura, Hermione abrió la boca para decir algo –aunque no estaba segura de qué –pero Malfoy no le dio la oportunidad. Simplemente, abrió la puerta de su habitación, entró y cerró sin decir una palabra y sin mirar a Hermione. Como si no existiera.
Hermione cerró la boca en el acto y entrecerró los ojos, ofendida. ¿Qué demonios le pasaba a ese estúpido? ¿Es que se había vuelto invisible de un momento para otro? ¿No se merecía una mirada o una palabra, algo –lo que fuera— después de tanto tiempo sin verse?
Hubiera agradecido hasta un insulto, por lo menos así hubiera sabido que él se percataba de su existencia. Maldito presumido.
La besaba, le pedía que volviera y después, cuando al fin regresaba, la ignoraba por completo. Tenía que saber por fuerza que ella había estado más de una semana en San Mungo, pero claro, eso a él le importaría un comino.
Lanzó un suspiro indignado, y se alejó a zancadas por el pasillo, rumbo a la biblioteca.
Draco se apoyó de espaldas en la puerta de su cuarto después de haberla cerrado en las narices de Granger. Cerró los ojos y echó aire lentamente, relajándose.
Joder.
Aún tenía esa maldita sensación de vértigo en el estomago que se le había colado dentro cuando la vio al fondo del pasillo. Tenía que evitarla, más ahora que estaba planteándose la posibilidad de largarse de la Mansión Black. Sí, no tenía varita y ni puñetera idea de cómo hacerlo, pero sabía que podía ser más peligroso para él quedarse allí que irse.
Por supuesto se trataban de peligros diferentes los que le aguardaban en la casa de Potter a los que le esperaban fuera de ella, pero no estaba seguro de cuales le asustaban más.
No es que fuera un imprudente, amaba su pellejo, sólo su pellejo. Pero había empezado a darse cuenta de que tenía síntomas de algo parecido a una enfermedad. Sí, esa era la mejor palabra para describirlo. Enfermedad, virus y/o asociados.
Uno de los síntomas era pensar en ella. De hecho lo hacía tanto que parecía que no tenía nada más en la cabeza, pero había algo aún peor. Lo que sentía. Podía tratar de mantener algún tipo de vago control sobre sus pensamientos –o al menos mantenerlos en la intimidad –pero no tenía el mismo poder sobre sus sensaciones. Cada vez le era más difícil ocultaras y más fácil sentirlas. Pero no eran las sensaciones a las que estaba acostumbrado. Eran antinaturales en él.
Sentía vértigo en el estomago cada vez que ella entraba en la habitación en la que él estaba o en cada ocasión que se cruzaban en algún lugar de la casa, se ponía en tensión, se le aceleraba el pulso y tenía ganas de comportarse como un gilipollas. Tenía que realizar un gran esfuerzo para no hacerlo, para comportarse como si todo fuera normal, como si sus jodidas hormonas no estuvieran rebelándose contra él.
Se incorporó de la puerta y se miró las pálidas palmas de sus manos. Cosquilleaban y él sabía por qué. Quería tocarla.
Oh, Merlín. Definitivamente estaba enfermo.
A decir verdad, Hermione había esperado sentirse mejor al entrar de nuevo en su amada biblioteca, pero estaba demasiado enfadada para disfrutar el reencuentro. Decidió enviar todos sus pensamientos sobre Malfoy y sobre todo a él mismo a tomar viento, y aprovechar su tiempo haciendo algo útil. Tenían un horrocruxes en sus manos pero hasta que no lo destruyeran, su esfuerzo, su brazo inútil, no habrían servido de nada. Era vital averiguar cómo hacerlo.
Aún no habían probado nada, pero Hermione dudaba de que un simple hechizo destructor acabara con magia oscura tan poderosa y atroz. Sólo sabían cómo había sido destruido realmente uno de los horrocruxes: con el veneno de un basilisco. Pero puesto que su cría era ilegal y que el único basilisco que se había visto en Gran Bretaña en los últimos siglos estaba muerto, esa opción estaba descartada. Existían muchas pociones corrosivas que podrían tener un efecto similar, si bien no tan poderoso, pero Hermione sólo había oído hablar de ellas pues no entraban en el temario de Pociones o DCAO de Hogwarts por considerarse demasiado peligrosas y cercanas a la Magia Oscura. No había antídoto posible contra esas pociones, así que no enseñarlas era una medida de seguridad.
Quizás en alguno de esos libros de Magia Negra de la familia Black encontrara algo sobre el tema. Después de diez minutos de infructuosa búsqueda, Hermione maldijo su suerte por que todos los libros de Magia Oscura solían estar en los estantes más altos a los que llegaba con mucha dificultad. Había un libro en lo alto de una estantería en cuyo lomo rezaba la inscripción "Pócimas de mal", que Hermione sospechaba que podía ser útil, así que con resignación, se plantó frente a la estantería y se estiró al máximo tratando de alcanzarlo.
No era demasiado alta ni hábil con su brazo izquierdo y no podía ayudarse del derecho ya que por el momento lo único que podía hacer era abrir y cerrar un poco la mano.
Frustrada, se mordió el labio inferior unos instantes, y después dio un salto para tratar de alcanzar el libro. Pero una mano blanca de dedos largos surgió de la nada, tomó el libro con vergonzosa facilidad y se lo alcanzó.
Hermione reconoció su olor antes de mirarlo.
Seducción, Malfoy.
Ahí estaba, frente a ella, ofreciéndole el viejo y pesado libro que no había podido alcanzar con expresión de engreimiento y una ceja arqueada burlonamente. Furiosa, Hermione le arrebató el libro con su mano izquierda y lo sostuvo con dificultad. Era bastante pesado para sujetarlo con una sola mano, así que lo apoyó contra su pecho y lo rodeó con el brazo izquierdo. Malfoy siguió sus movimientos con la mirada, pero no dijo nada ni cambió de expresión.
—No voy a darte las gracias si es lo que esperas —dijo ella, irritada —No necesitaba tu ayuda, podría haberlo bajado yo sola.
—Oh, sí, ya lo vi —se burló él, apoyándose contra la estantería con los brazos cruzados y la cabeza ladeada, los ojos fijos en ella.
—¿Qué pasa? ¿Es qué ahora eres amable? Hace diez minutos me ignoraste como si fuera invisible y ahora me alcanzas un libro. ¿También te dedicas a recuperar los bolsos robados a ancianas indefensas?
Draco aguantó una sonrisa pero no pudo evitar hacer una mueca con los labios. Sabía que ella estaba enfadada y también sabía que era porque no le había prestado la menor atención cuando estaban en el pasillo. Y a él le encantaba saber que a Granger le había molestado eso.
—Y rescato gatos que se han subido a árboles demasiados altos. Soy una caja de sorpresas, Granger —replicó él arrastrando las palabras con burla.
—Ya veo —respondió ella frunciendo el ceño —¿Por qué no buscas algún fuego que apagar y me dejas tranquila? Tengo muchas cosas que hacer —y pasó de largo junto al chico, rumbo a los sillones que había frente a la chimenea.
—¿Para qué quieres ese libro? ¿Buscas alguna poción con la que curarte el brazo?
Draco curvó los labios con satisfacción cuando ella se detuvo en mitad del pasillo.
—Déjame en paz, Malfoy —respondió Hermione sin volverse.
—¿Qué te ha pasado? ¿Por qué acabaste en San Mungo? –preguntó él, sin poder contenerse. Quería saber qué demonios le había sucedido, cual era la razón de que hubiera estado más de una semana sin verla, sin apetito, sin poder dormir, muerto por saber cómo se encontraba. Merecía una explicación.
Hermione se volvió lentamente hacia él y le miró con una expresión extraña, como si se hubiera dado cuenta de algo que le resultaba difícil creer. Draco rehuyó sus ojos, incómodo.
—¿Te importa? —inquirió ella, pero no había hostilidad en su tono, sino algo que sonaba a esperanza e incredulidad mezcladas.
—Te he preguntado, ¿no? —respondió él esquivamente, fingiendo estar muy interesado en los tomos de la estantería a su izquierda.
—Fui herida por un embrujo de Magia Negra —respondió ella —los medimagos no saben en que consiste en realidad pero no puedo mover el brazo desde entonces. Y también tengo sueños horrib... —se interrumpió abruptamente, consciente de que había estado a punto de revelarle a Draco Malfoy algo que no había contado ni siquiera a sus mejores amigos.
Cuando se atrevió a alzar los ojos hacia él, Malfoy la estaba mirando, sus ojos grises relumbrando en la penumbra de la oscura biblioteca. Había algo en su mirada que la hacía sentirse entendida pero incómoda a la vez, una extraña sensación de comprensión.
—¿Fue Él, no? —preguntó, con las mandíbulas apretadas. Hermione asintió, despacio.
—¿Conoces el embrujo que...
—No es un hechizo ni un embrujo, Granger, es una maldición —respondió él en un tono extraño, como si estuviera recordando algo particularmente desagradable que lo había hecho palidecer aún más.
—¿La conoces? ¿Sabes cómo curar mi brazo? —preguntó ella esperanzada, aproximándose a él. No era su brazo lo que más le preocupaba, pero sí esos sueños. Las pociones para dormir sin sueños lograban que no se despertara con la sensación de angustia que la había asolado al principio, no obstante, tenía conciencia de seguir teniendo esas pesadillas –o lo que quiera que fueran-.
Draco la miró a los ojos unos instantes, después rehuyó su mirada y negó, agitando su flequillo platino con el gesto. Apoyó una mano en la estantería y bajó la cabeza.
Parecía alterado.
—No sé qué maldición es. El Lord Tenebroso conoce magia oscura muy poderosa, y le gusta usar las maldiciones. Los embrujos, los hechizos o los maleficios pueden anularse, tienen contra hechizos. Las maldiciones no. Son la magia más poderosa y oscura, y siempre dejan huella. Por eso los usa, no sé si lo has notado, pero tiene tendencia a dejar marca en lo que es suyo –añadió él con un deje de ironía en la voz, y Hermione se dio cuenta de cómo cerró en puño su mano izquierda, en cuyo antebrazo se encontraba la Marca Tenebrosa. En ese instante, se sintió de nuevo inquietantemente unida a él.
Él era un elemento extraño en Grimmauld Place, lo había sido desde el principio, pero ahora Hermione también se sentía así.
Había vivido algo que Harry y Ron no podían entender, que ella no podía explicar, pero intuitivamente sabía que Malfoy sí lo comprendía. Tal vez porque él había experimentado algo similar. Lo sabía, lo intuía, lo notaba por el modo en que palidecía, se encogía inconscientemente y perdía de manera automática ese aire de dominar todo y ser el rey del mundo. Entonces parecía más humano, más joven. Un niño asustado que había pasado por una experiencia traumática, que se sentía solo y perdido, que quería olvidar.
Y sin darse cuenta, posiblemente por primera vez, habían tenido una conversación civilizada sin insultarse o lanzarse pullas. Era algo nuevo.
No supo por qué pero sintió el impulso de acercarse a él. Pensó que él la detendría diciendo cualquier cosa –posiblemente un comentario desagradable –que pasaría de largo o que se apartaría, pero no se movió. Permaneció parado, rígido, observándola expectante y en tensión.
Hermione se detuvo a sólo un paso de él y alzó la vista para mirarle a los ojos. La biblioteca era un lugar oscuro, poco iluminado, y en la penumbra de la sala, sus ojos grises relumbraban con una extraña luz antinatural y Hermione sintió que le si robaran el aliento.
Intentó dejar el libro en un hueco cualquiera de la estantería para liberar su mano buena, la necesitaba. Pero el tomo era demasiado pesado y apenas podía con él, e irremediablemente se le hubiera caído si Malfoy no lo hubiera sujetado con un movimiento rápido y colocado entre otros dos libros. Su mano quedó allí, empujando con sus yemas el lomo del libro, suspendida a poca distancia de Hermione.
Ella tomó aire bruscamente y se dio cuenta de que la respiración de él también era superficial. El aire parecía cargado y espeso, impidiéndoles respirar.
Él la observaba, tenso, como si esperara su siguiente movimiento, pero estaba claro que cuando Hermione alargó su mano para tocar suavemente el interior de su brazo, lo había sorprendido. Las yemas de los dedos de la joven vagaron por el interior de su muñeca izquierda, y despacio, retiró la mano de Draco del libro y la volvió hacía ella, revelando el comienzo de su antebrazo. La Marca Tenebrosa estaba allí.
Pero no ennegrecida y desdibujada como la única vez que le había visto, sino nítida y en color. La calavera y la serpiente.
Alzó los ojos hacia Malfoy y comprobó que él la observaba sin expresión, el flequillo platino salpicando sus ojos grises, atentos a cada uno de sus movimientos. Parecía perfectamente tranquilo e indiferente, pero Hermione escuchaba su respiración agitada.
Sabía que él sentía curiosidad por lo que iba a hacer, a decir verdad, ella también. No sabía por qué había sentido el impulso de ver la marca, por qué ahora quería tocarla, pero lo cierto era que no podía controlarse. Su pulgar parecía tener vida propia vagando por el pálido antebrazo que dejaba al descubierto el puño abierto de su camisa de seda negra, delineando la marca.
Él estaba marcado, ella también aunque su marca no fuera visible. Marcados por el mismo mal, unidos a la vez.
—Hermione, ¿dónde estás? ¿Necesitas ayuda con algo?
La voz de Ron rompió el extraño momento. Hermione dio un respingo y soltó en el acto el brazo de Malfoy, y pudo percibir como él se enderezaba y retomaba su habitual expresión de superioridad y hastío. Su momento de vulnerabilidad, ese fugaz instante en que le había permitido ver más dentro de él de lo que nunca había pensado, se había acabado. Volvía a ser Draco Malfoy. Seguro, frío, intocable.
—¿Hermione? –esa vez era la voz de Harry.
Hermione se sintió extrañamente irritada con sus amigos, en ese momento se sentía como si la hubieran arrojado de golpe de la realidad. Estaba desorientada. Retrocedió un par de pasos sin dejar de mirar a Malfoy y con algo parecido a resignación, habló.
—Estoy aquí —dijo, pero no se movió para ir a su encuentro. Se quedó parada en el sitio, observando a Malfoy, tratando de descifrar qué estaba pensando, si se sentía tan alterado como ella. Pero al menos su fachada era la viva imagen de la total indiferencia. En unos segundos, Harry y Ron aparecieron por la entrada pasaje y al ver a Malfoy, de inmediato pusieron expresión de desconfianza.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Ron, ceñudo.
—Nada —respondió Hermione con sinceridad, y sacó de nuevo el pesado libro del hueco en la estantería donde Malfoy lo había colocado.
—¿Te estaba molestando? —inquirió Harry esta vez —¿Te ha hecho o dicho algo que...
—Estoy bien –respondió ella ligeramente exasperada —soy capaz de arreglármelas sola.
—Pero ... —comenzó Rón.
—Como también soy capaz de quitarme la chaqueta, quitar las arrugas de una manta o leer un libro, gracias —replicó sin poder contenerse —No necesito que me sigáis a todas partes haciendo todo por mí. Sé que lo hacéis con buena intención pero...lo único que necesito es...estar un rato sola, por favor.
Harry y Ron observaron boquiabiertos como su amiga pasaba de largo sin mirarles y salía de la biblioteca.
—Pero, ¿qué mosca le ha picado? —preguntó Ron perplejo.
—Está aburrida de vosotros —respondió Malfoy con maldad avanzando por el pasillo.
—Cierra el pico, lechoso —aseveró Ron.
Malfoy sonrió con suficiencia y le empujó con un hombro al pasar, después salió por donde la chica lo había hecho.
Mierda. Draco apoyó la frente contra la ventana de su habitación, apretó los dientes y golpeó con fuerza el marco. Todo iba mal.
Todo se le escapaba de las manos. No se podía controlar, parecía una bestia en celo. La inocente y eficiente Hermione Granger nunca sabría lo poco que le había faltado para ser fruto de sus atenciones allí mismo, en el viejo suelo de la biblioteca Black. O contra una estantería, qué más daba.
Jamás, jamás debería haberle permitido que viera y tocara su Marca. Ya la había visto una vez, pero entonces le había pillado desprevenido y de cualquier modo, había hecho cuanto había podido por ocultarla. Era una ironía que precisamente ella la viera.
Pero esa ironía no le causaba ni la más mínima gracia. Ya hacía tiempo que había renunciado, que era un mortífago desertor, que había huido de las líneas del Señor Oscuro pero de ahí a obsesionarse por Hermione Granger, a sentirse atraído por una sangre sucia había un gran trecho.
Tal vez no fuera un asesino, pero desde luego no era un amante de los sangre sucia.
Aunque comenzara a parecerlo.
Eso tenía que acabar. No podía seguir viviendo con esa extraña mezcla de deseo, desprecio, culpabilidad e inquietud. No quería sentirse cada vez más vulnerable, ni perder el control de la situación, de sí mismo.
Su padre siempre le había dicho que debía someter sus sentimientos bajo un férreo control, era la única manera de actuar con inteligencia, de no ceder ante las inherentes debilidades humanas. Esa era una de las cosas que diferenciaba a un sangre pura de un sangre sucia. Un sangre limpia era superior y actuaba en consecuencia con esa superioridad.
En cambio él actuaba como un completo gilipollas cuando se trataba de ella. ¿Qué sería lo próximo? ¿Regalarle flores? ¿Cantar una serenata bajo su ventana?
No podía permitírselo.
Además ahora ella sufría los efectos de una maldición. Fuera lo que fuera en lo que esos tres estaban metidos, era realmente peligroso. Y tenía algo que ver con Él. Draco se estremeció al recordar la última vez que lo había visto, la suerte que había tenido de escapar vivo de sus garras.
Pensándolo con detenimiento, la casa de Potter no era precisamente el lugar más seguro en el que esconderse. El Señor Oscuro estaría buscándole y más si sospechaba que ellos estaban tramando algo para destruirle. Él solo era un intento fallido de mortífago, no era una de las prioridades del Lord Tenebroso encontrarle, en cambio Potter sí.
Estaría buscándole por todas partes, y cuando el Señor Oscuro se proponía algo, lo conseguía. Tenía más posibilidades de vivir si estaba lejos de Potter. Pero no tenía varita, ¿podría sobrevivir en el mundo exterior sin magia?
No era estúpido. No duraría ni dos días ahí fuera sin ella. Ya estaba en situación de desventaja frente al Señor Oscuro aún con magia, sin ella estaría tan indefenso como cualquier muggle. Lo encontraría en dos horas y acabaría con él.
Sacudió la cabeza y miró por la ventana de su habitación. Tenía que encontrar un modo de salir de la Mansión Black y desaparecer.
—Kreacher —llamó.
Hermione sopló la superficie espesa del chocolate caliente que se había preparado, mientras subía las escaleras de vuelta a su habitación. Había decidido prescindir de magia –y de Harry y Ron –ya que no era muy buena ejecutando hechizos con la zurda, y se sentía bastante satisfecha de los resultados obtenidos por medios muggles.
No es que hubiera mucha dificultad en prepararse una taza de chocolate caliente, pero después de pasarse días y días sin hacer nada por sí misma, era reconfortante hacerlo.
Tuvo un pequeño conflicto cuando quiso abrir la puerta de su habitación, pues su única mano útil estaba sujetando la taza pero se resistió a pedirle ayuda a Harry y a Ron. Se sentía un poco culpable por las palabras que les había dicho un rato atrás en la biblioteca pero lo cierto es que se sentía agobiada por todas las atenciones que le habían dado desde que se había despertado en San Mungo.
Lo único que le apetecía en esos momentos era sentarse con Crookshanks en sus rodillas, tomarse el chocolate caliente y sumergirse en la lectura de un buen libro. Tal vez así podría dejar de pensar en el extraño momento que ella y Malfoy habían protagonizado en un rincón oscuro de la biblioteca.
Finalmente, después de un forcejeo, logró abrir la puerta de su habitación y entrar. Crookshanks estaba sobre la cama, con la espalda curvada, las uñas hundiéndose en manta de la Señora Weasley y el vello de todo el cuerpo erizado, dándole un aspecto mucho más voluminoso. Parecía listo para atacar.
—¡Crookshanks! ¿Qué ocurre? —preguntó Hermione preocupada, dejando la taza sobre la mesilla y acercándose al animal. Crookshanks se relajó poco a poco bajo las caricias de la mano de Hermione, y finalmente, cuando ésta se sentó en la cama, corrió a acurrucarse en sus rodillas.
Hermione se estiró para recoger de nuevo la taza y frunció el ceño mientras observaba su mesilla de noche. Había algo extraño en la mesilla, algo que difería con la última imagen que tenía de ella antes de haber bajado a las cocinas, pero en ese momento no era capaz de darse cuenta de qué era lo que fallaba.
O faltaba.
Hola!
Lamento el retraso pero ando en mil cosas. El capítulo es algo corto pero quería actualizar, espero que os haya gustado :)
Hemos profundizado en el reencuentro de esos dos, aunque al principio Malfoy la ha ignorado xD pero finalmente no se ha aguantado y se ha ido a la biblioteca detrás de ella. Allí han tenido un momentillo especial...hasta que Harry y Ron han aparecido para molestar xD
Después, Malfoy parece decidido a dejar la mansión y a Hermione le falta algo ;) creo que es fácil. En este capítulo doy algunas pistas sobre cosas que han pasado, si os fijáis podréis relacionarlas :)
A partir de ahora las cosas estarán más moviditas y habrá mucho más Dramione. No sé cuando colgaré el próximo capítulo, pero tengo un examen muy importante el miércoles y es posible que hasta entonces no pueda escribir (al menos no debería).
En cuanto a los plagios, desde la última vez que actualicé descubrí 3 más T.T pero afortunadamente todos están solucionados :) Muchas gracias por vuestro apoyo :) gracias a vosotras no tiro la toalla.
Mis agradecimientos especiales a las que me dejaron r&r en el anterior:
Esmeralda, monika, naru, Sweetangel-M, Veroli, oromalfoy, Soerag Malfoy, danymeriqui, maki, Yezzie, Emily Dumbledore, Amarissima, adriana, Noelia, ladyisobelle, pekelittrell, zephyrpotter, taniz, Nimue –Tarrazo, selegna, BarbaraNakamura, Kirara-Chan69, chepita1990, Lna, Dubhesigrid, maria, Elea, vangu, Lyan Jade, Tifanny, Heredhra, Pajaro –de-fuego, PauMalfoy, Jules, pyro soff, gala zoel, soll, Dysis, SombraGris, , AdiFelton, Marceps, Fer Cornamenta, cuky as, Klass2008, englandlove, jocelyn andrea, Danae, Sweet Nini, Sakurita555, paulina, Edoras, bita, witch-18, Tanaril, micropuff, , LadyWalkiria, mariapotter2002, yanhira, Idril, Duciell, fairyMoka, annkorita81, y Cielo Azul V.
Muchas gracias por todo!
Con cariño, Dry!
Pd: Clic a "Go" para tener un momento pervertido con Draco (o X) en lo más oscuro de una biblioteca mujajajaj.
