o0o Recomendación Músical: Savin' me - Nickelback


Capítulo 21: De pesadillas y pistas (Editado)

Hermione comenzaba a sentir como sus párpados le pesaban cada vez más, y cada pestañeó le suponía un gran esfuerzo. Se reacomodó en la cama, con la espalda pegada a la pared y trató de fijar la vista en el texto azul marino del gran libro de pócimas que estaba leyendo pero cada palabra se asemejaba más a un borrón azulado que a una conjunción de letras. Enlazaba un pensamiento con otro con extrema lentitud y se sentía abotargada.

Sabía que se estaba quedando dormida pero no quería hacerlo. Tenía miedo.

¿Volvería a tener esos sueños que no podía recordar pero lograban angustiarla por completo o esos episodios habían quedado atrás? No había tomado la poción para dormir sin sueños pero...era demasiado tarde, porque en unos segundos, sus ojos se cerraron con un último aleteo de pestañas.


Estaba listo. La ventana de su habitación estaba abierta y Draco podía sentir la leve brisa de ese atardecer junto con los últimos rayos de sol acariciándole la cara. Era una sensación gratificante, un remanso de libertad después de tantas semanas encerrado en la casa de los Black. Contemplaba de nuevo lo que había visto tantas veces a través del cristal: una hilera de pisos grisáceos y antiguos que se hallaban en la calle siguiente a la de la Mansión Black.

Fácilmente podría saltar y perderse por esa estrecha y deteriorada calle, sumida en la penumbra que creaba la sombra de los edificios que la flanqueaban. Y después podría simplemente desaparecerse.

No le importaba demasiado a donde ir, pero tenía la certeza de que sería algún lugar muy lejano. Lejos de Londres, de la guerra mágica, de el Señor Oscuro y sus seguidores. De ella.

Pero era lo mejor para todos. Debía irse antes de acabar enamorándose de Granger, porque había llegado a la conclusión de que eso era lo que estaba haciendo. Darse cuenta y aceptarlo era realmente aterrador para alguien como él. Y más si el objeto de ese sentimiento tan cursi, ridículo e incontrolable englobado bajo el término "amor" era Hermione Granger. La empollona, pelo de escoba y sangre sucia Granger.

Oh, su padre le mataría si lo sospechara. Y eso era lo único que le faltaba: que alguien más quisiera matarle.

Toda esa situación le venía grande y entre las múltiples tretas que había aprendido y gracias a las cuales aún continuaba vivo, estaba la que rezaba que una retirada a tiempo a veces era una victoria. Es decir, más le valía poner su culo a salvo y preocuparse del resto después.

Ese era el plan más inteligente, como también lo era largarse cuanto antes. Ya tenía colgando del hombro una bolsa en la que llevaba algunas de sus pertenencias además de provisiones que Kreacher había robado. Torció el gesto mientras se ajustaba la tira de la bolsa sobre el hombro izquierdo. Había algo más en la bolsa, que ocupaba la mayor parte del espacio pero no había podido resistirse a llevarlo con él. Quería tener algo, un recuerdo, algo a lo que poder aferrarse cuando estuviera tan lejos.

Era una soberana estupidez, un acto de sensiblería repugnante y se despreciaba por ello, pero el hecho es que había tomado y guardado la manta de tela escocesa que olía a caramelo de la biblioteca. Que olía a ella.

Chascó la lengua y apretó los dedos de su mano derecha que sostenían con firmeza la varita de Granger que Kreacher se había encargado de robarle. Había usado la magia para abrir su ventana y una sensación vigorizante, poderosa, le había recorrido, estremeciéndole. Magia.

Llevaba tanto tiempo sin usarla que ya casi había olvidado lo que se sentía al hacerlo.

Tenía todo, sólo le quedaba irse.

Cuanto antes se largara mejor, menos posibilidades habría de que lo descubrieran o –más probable –de que él se arrepintiera. Si le daba demasiadas vueltas, sabía que renunciaría a su huída o al menos querría despedirse de algún modo de ella. Un "Hasta nunca, Granger" no habría estado mal.

Hasta nunca.

Sabía muy bien que si salía de esa casa, lo más probable era que no volviera a verla jamás. Él trataría de alejarse de la guerra, Granger se quedaría para luchar en ella. Con sus queridos Potty y Weasel.

Allá ella si era tan necia.

Él se largaba. A la de tres.

Uno. Draco subió un pie al alfeizar de la ventana y se agarró al marco con su mano libre.

Dos. Apoyó su peso en el pie, listo para tomar impulso y saltar.

Tres. Saltó y aterrizó...en el interior de la habitación.

Maldito fuera todo. No era capaz de irse por mucho que lo intentara. Su mente enviaba las órdenes, pero su cuerpo iba por libre y hacía lo que le daba la gana, como devolverle al punto de partida por ejemplo. ¿Qué demonios ocurría? ¿Por qué no podía irse?

Era desesperante. Si seguía peleándose consigo mismo, Granger terminaría por percatarse de que le faltaba su varita y no tardaría mucho en ir a pedirle cuentas. Sabría de inmediato que había sido él.

Del mismo modo que Draco sabía que si la veía una vez más no sería capaz de irse y enviaría al diablo todas sus precauciones.

Frustrado y enfadado consigo mismo, comenzó a dar vueltas por la habitación pensando en qué hacer pero al cabo de unos segundos, un sonido se filtró entre las brumas de su desesperación, paralizándolo en el acto. ¿Eso había sido un sollozo?

Se acercó unos pasos a la pared que separaba su habitación de la de Granger pues le pareció que de ahí provenía el sonido y se quedó allí, tenso, alerta a cualquier nuevo sonido con la varita fuertemente apretada en su mano. Durante unos segundos no escuchó nada pero justo cuando empezaba a relajar los hombros y bajar la mano, lo oyó de nuevo. Alguien respiraba con dificultad, a trompicones, del modo en que lo hacen los niños que lloran a pleno pulmón.

Estaba claro que el sonido provenía de la habitación de Granger. ¿Granger...llorando?

El corazón le dio un vuelco y de inmediato decenas de preguntas desfilaron por su mente. ¿Qué le ocurría? ¿Por qué estaba llorando? ¿Le había pasado algo? ¿Habría discutido con Potter o Weasley? ¿Acaso había recibido una mala noticia?

Pero bueno, ¿a él qué demonios le importaba todo eso? Se iba a ir, ¿no? Lo que le pasara o dejara de pasar a Granger no era asunto suyo, y aunque sintiera...curiosidad, no podía permitirse ir a echar un vistazo. Que ella le viera supondría prácticamente renunciar a toda posibilidad de huída.

"Lárgate, pronto. Hazlo ahora mismo u olvídate" se dijo.

Titubeó unos instantes, indeciso, y finalmente se movió. Pero no fue hacia la ventana, sino hacia la puerta de su habitación. La abrió con brusquedad, maldiciendo y farfullando por la bajo, y en dos pasos se plantó frente a la puerta de la habitación de Granger.

Se pasó una mano por el pelo con nerviosismo y soltó aire con brusquedad.

—Maldita sea —escupió y alzó la mano para aporrear la puerta con fuerza. Pero en el último instante se detuvo, soltó otro taco y giró el pomo con violencia. Empujó la puerta e irrumpió en la habitación de la chica como una tempestad. En un primer instante se detuvo, desconcertado al no verla, pero pronto la divisó y se quedó helado.

Draco había visto –y hecho –llorar a bastantes personas, pero nunca había contemplado algo así. Ella estaba sentada en la cama, con la espalda apoyada contra la pared y un libro abierto en sus rodillas. Dormía, pero todo su cuerpo estaba rígido, cargado de tanta tensión que parecía que alguien le había lanzado un Petrificus. Pero lo peor era su rostro. Estaba deformado por el horror, por un sufrimiento mudo que casi lo volvía irreconocible. Sollozaba cada poco pero no soltaba ni una lágrima, pareciera que sus pestañas estaban tan apretadas que cortaban cualquier intento de liberarlas.

Draco se quedó paralizado por el miedo. Había algo perverso en ese callado llanto que transmitía más dolor y sufrimiento que un millón de lágrimas. No soportaba verla así, tenía que hacer algo para parar eso, lo que fuera.

Ella había dicho que tenía sueños horribles fruto de la maldición que la había afectado y Draco sabía que eso era lo que debía de estar sucediéndole. Debía despertarla como fuera.

Nervioso, apoyó una rodilla sobre la cama y se inclinó sobre ella. Alargó una mano temblorosa hacia la chica y le rodeó el hombro con ella, sorprendiéndose al comprobar su dureza. Parecía hecho de pura piedra y eso sólo le asustó más.

Se pasó la lengua por los labios, inquieto, y la agitó, con más rudeza de lo que había pretendido. Esperó unos segundos pero ella no dio ninguna señal de despertar o el más leve movimiento. Parecía realmente una estatua, inmóvil, insensible.

—Granger, despiértate —le exigió a la desesperada y su voz sonó estrangulada, como si le costara un gran esfuerzo hablar.

La sujetó con ambas manos y la sacudió con violencia una y otra vez. El cuerpo de la chica se agitaba entre sus manos, entumecido, y su cabeza rebotaba con cada sacudida hasta que finalmente cayó sobre su pecho, inerte.

Entonces él la soltó, asustado, y el cuerpo de la chica volvió a quedar apoyado contra la pared, con la cabeza caída.

—Granger, joder —susurró casi sin voz.

Desesperado, le sujetó el rostro con las manos y apoyó su frente en la de ella, temblando. Ella estaba templada y eso le devolvió un poco la esperanza. Acarició con sus pulgares las mejillas de la chica y ambos permanecieron inmóviles, unidos durante segundos con los ojos cerrados. Entonces ella sollozó y su cuerpo tembló. Draco abrió los ojos en el acto y se apartó un poco para observarle el rostro y sintió que se quedaba sin aliento al ver como ella arrugaba los labios y parpadeaba torpemente, tratando de liberarse de los restos de su pesadilla.

De repente, Hermione abrió los ojos y Draco se sintió traspasado por un sentimiento. Algo parecido a alivio vibró en su corazón, aumentando la velocidad de sus latidos hasta hacerlos casi dolorosos.

Draco pudo observar como ella entrecerraba los ojos y lo miraba confundida. Entonces, se quedó muy quieta y él vio como las lagrimas acudían a sus ojos, volviéndolos vidriosos y brillantes.

Hermione aspiró una bocanada de aire, asustada y confusa, y sin pensarlo, se arrojó sobre Malfoy. Le echó su brazo sano al cuello, hundió el rostro en su hombro y lo apretó con fuerza contra ella, mientras sollozaba desesperadamente.

Se asió a él con fuerza, como si fuera su tabla de salvación, la única luz entre las tinieblas, con una desesperación que nunca había conocido. Draco se quedó demasiado sorprendido para reaccionar y se limitó a estarse quieto, sintiendo los latios del corazón de la chica golpear contra su pecho, el temblor de su cuerpo estremeciéndose junto al suyo, la humedad de sus lágrimas traspasando la seda de su camisa, su espesa mata de cabello apoyada en la curva de su cuello.

Quería calmarla y reconfortarla, hacer que volviera a sentirse bien pero no sabía cómo. Él lo desconocía todo sobre como consolar a la gente. ¿Qué se suponía que debía hacer? ¿Decirle algo?

"Eh, Granger, deja de llorar, joder" no le parecía una buena frase.

¿Entonces debía...abrazarla? Él no abrazaba a la gente. Tampoco nadie le abrazaba a él para ser sinceros. No estaba acostumbrado a recibir ni dar muestras de afecto físico. Había tocado a alguna que otra chica pero nunca de un modo...afectuoso. Un abrazo siempre le había parecido demasiado personal –e innecesario –y se sentía incómodo –aunque extrañamente feliz –al ser el objeto de uno.

No quería devolverle el abrazo, pero tampoco quería que le soltara. Sin embargo algo debía hacer aparte de estar ahí parado como un estúpido. Indeciso, alargó una mano y la subió hasta el hombro de la chica, pero aún sin tocarla.

Había visto a gente consolar a otros dándoles palmaditas en la espalda, o eso creía recordar. No debía de ser tan difícil, ¿no?

Tragó saliva, tensándose cuando ella le rozó el cuello con la nariz y acercó su mano al hombro de la chica. Le dio una palmada que hubiera lanzado al suelo al mismísimo Goyle y apartó la mano de inmediato cuando ella soltó un quejido, dándose cuenta de que había sido un bestia.

Ella aflojó un poco el brazo en torno a su cuello y se apartó, lo justo para mirarle a la cara, sorprendida y confundida.

Cuando sus ojos se encontraron, Draco pudo ver todo el rostro de la chica surcado de lágrimas. Él mismo había estado a punto de hacerle llorar más de una vez en el pasado, pero nunca la había visto llorar realmente, o al menos no de ese modo.

No podía explicarlo pero se sintió fatal al ver las lágrimas bajando por sus mejillas y uniéndose en su barbilla, para después caer, como gotas de rocío sobre la manta –que por cierto, ahora que la miraba era jodidamente fea y hortera –como antes lo habían hecho sobre su carísima camisa. Algo se retorcía, incómodo en su interior, pidiendo una de sus sonrisas.

Ella tomó aire con varias inspiraciones cortas y seguidas, y pareció serenarse un poco. Apartó los ojos de Malfoy, avergonzada por su arrebato y se limpió las lágrimas con la manga de su camiseta. Se sentía ridícula por haberse lanzado a los brazos de Malfoy y haberle empapado la camisa, seguramente la había arruinado así que no le extrañaba que él le hubiera dado una cachetada en el hombro para hacerla reaccionar. Se encogió contra la pared, con la vista fija en la colcha para evitar su mirada, deseando desaparecer o fusionarse con la manta de la Señora Weasley pero un movimiento le llamó la atención. Lanzó una mirada de reojo a Malfoy y casi se cayó de la impresión cuando se dio cuenta de que él estaba desabrochando los botones de su camisa.

—¿Pero qué haces? —chilló asustada, alejándose todo lo que pudo de él hasta toparse con el cabecero. Malfoy la observó con sus ojos grises y esbozó una lenta y sensual sonrisa de lado mientras sus dedos largos y pálidos continuaban liberando botón a botón con asombrosa habilidad. Viendo el tono que estaban tomando las mejillas de la chica, Draco se hizo una idea aproximada de las cosas que se le estarían pasando por la cabeza y tuvo que hacer un gran esfuerzo para contener una carcajada. Se retiró la camisa empapada con un movimiento de hombros que tensó su pecho surcado por finas cicatrices y cogió la prenda con una mano, hecha un bulto arrugado. Después se lo tendió a Granger que continuaba arrinconada contra el cabecero, mirándole como si se hubiera vuelto loco.

—Ya la has echado a perder así que aprovéchala —dijo arrastrando las palabras como si estuviera muy aburrido.

—¿Qué se supone que he de hacer con ella? —preguntó la chica, decidiendo si aún si se sentía más sorprendida que desconfiada.

Draco soltó una risotada seca, más tenso de lo que le hubiera gustado, y le acercó más la camisa.

—Sécate —dijo con un toque de ruda ternura en la voz.

Hermione le miró sorprendida y él le sostuvo la mirada unos instantes. Mantenía el rostro inexpresivo, pero había algo vibrando en el iris gris de sus ojos, una luz que Hermione no había visto antes allí. Frunció el ceño, pero él ya se había puesto en pie tranquilamente, como si no estuvieran solos en la habitación de Hermione y él hubiera dejado su camisa sobre la cama.

Se acercó a la puerta y la abrió pero la voz de la chica le detuvo.

—Gracias —dijo en un murmulló.

Draco se detuvo bajo el marco de la puerta y giró el rostro lo justo para poder lanzarle una mirada de soslayo. Después, se encogió de hombros con elegancia y salió de la habitación, dejándola de nuevo a solas. Hermione se quedó mirando durante unos instantes el lugar por donde él había salido, con su camisa fuertemente apretada en su mano izquierda.

Y aunque en ese momento ella no era capaz de pensar con claridad, si se hubiera fijado en su mesita se hubiera dado cuenta de que allí volvía a estar lo que un rato atrás le había faltado.


Crookshanks maulló y se paseó sobre la manta, rozando con su peluda cola la cara de su dueña, en un vano intento de llamar su atención. Pero Hermione apenas pestañeó y siguió con la mirada perdida, echada sobre la cama con la camisa de Malfoy a unos centímetros de ella. De vez en cuando le lanzaba alguna mirada de reojo y la tocaba con la punta de un dedo, deslizando la yema por la suavidad de la tela, pero pronto apartaba la mano y se reprendía a sí misma.

Lo cierto es que estaba confundida. En realidad, sentía tantas cosas a la vez que ni siquiera podía analizarlas. En primer lugar, aún sentía los efectos de la pesadilla que había tenido, quedaban huellas en su cuerpo y en su alma. Y por primera vez creía tener una vaga idea de lo que había soñado.

Sólo sabía que se trataba de un bosque o algo por el estilo. Muy poblado, profundo y oscuro. Un lugar cuyo solo e indefinido recuerdo le causaba pavor.

Después –y no menos importante –estaba Malfoy con todos sus derivados. Para empezar se había echado sobre él como una histérica cuando había despertado de su pesadilla y le había visto allí. Hermione se sentía mortificada de sólo recordarlo. Al mismo tiempo pensaba que eso era una reacción estúpida considerando que él la había visto desnuda y ella casi a él, y que se habían besado en más de una ocasión –en dos, concretamente –pero posiblemente nada de eso había sido tan íntimo o personal como ese abrazo. Si es que se podía llamar abrazo a echarle un brazo al cuello a una persona y que ella te diera un manotazo en el hombro.

No es que no hubiera esperado algo similar así que no era eso lo que le inquietaba sino el hecho de que mientras hundía la nariz en su cuello, había deseado con desesperación que él la abrazara. Que la estrechara fuerte y le dijera que todo iba a ir a bien.

Por supuesto ese no era un comportamiento que Malfoy tendría y eso sólo hacía más ridículo ese fugaz deseo. Debía tener cuidado si no quería perder el control de las cosas.

Su relación con Malfoy siempre se había basado en el desprecio mutuo y en lanzarse unas cuantas pullas por cada pasillo en el que se encontraban. Si tenía un buen día, Hermione le ignoraba y él ni la miraba. Se podría decir que su relación se basaba en ignorarse y picarse a partes iguales.

Eran años de experiencia, el orden lógico de las cosas, y aunque nunca lo hubiera disfrutado, al menos así sabía a que atenerse con él. Pero desde que él había llegado a Grimmauld Place las cosas habían ido cambiando sutilmente. Habían llegado a besarse –aunque Hermione prefería atribuirlo a un lapsus temporal conjunto –pero habían compartido cosas aún más intimas que eso. Esa mirada en el hall, ese momento en la biblioteca, ese casi abrazo...

Si no tenía cuidado podría acabar...¿qué?¿volviéndose loca por él? Hermione soltó una risotada burlesca ante sus propios pensamientos. Malfoy no era su tipo y no podrían ser más diferentes.

"Viktor, piensa en Viktor" se dijo. Prefería mil veces a Viktor.

Pero él no estaba ahí y Malfoy sí...

La muchacha dio un respingo cuando sintió unos golpes en la puerta.

—Hermione —dijo la voz de Ron al otro lado —¿podemos pasar?

Hermione escondió con rapidez la camisa de Malfoy debajo de la manta de la Señora Weasley y se incorporó rápidamente, provocando que Crookshanks saltara de la cama y se dirigiera a la butaca con aire ofendido.

—Claro —respondió.

Ron abrió la puerta y él y Harry se asomaron a su habitación con prudencia, como si temieran que ella estuviera esperándoles para lanzarles un embrujo moco-murciélago. Hermione vio sus expresiones precavidas y tuvo el suficiente ánimo para sonreír fugazmente.

—¿Estás bien? —le preguntó Harry, cerrando la puerta.

Hermione se preguntó si sería tan evidente que no lo estaba, pero trató de disimularlo.

—Pues...

—Y no nos digas que no te pasa nada —acotó Ron —tienes los ojos rojos.

La chica miró a sus amigos, y leyendo la preocupación y el cariño en sus miradas, sintió que algo en su interior se aflojaba, dejándole una vaga sensación de alivio. Era extraño, pero después de haberse "desahogado" con Malfoy se sentía mejor y preparada para decirles la verdad a sus amigos. Ellos se merecían saberlo. Les sonrió con expresión triste y les invitó a sentarse junto a ella con un gesto. Ambos obedecieron, expectantes.

—Tengo que contaros algo —dijo con voz cansada —es algo que me viene pasando desde que al tocar aquella pared fui maldecida.

—¿Maldecida?

—Sí. Lo que me afectó era una maldición y las únicas consecuencias no son un brazo inútil —explicó con seriedad.

—¿Qué más te ocurre? ¿Te sientes mal? —preguntó Harry, tenso.

—Bueno, desde aquello...vengo teniendo pesadillas.

—¿Pesadillas? —repitió Ron —¿con qué sueñas?

—Ni siquiera puedo recordarlo pero siempre que me despierto me siento...fatal, como si hubiera sufrido una tragedia horrible. Me siento angustiada, deprimida, triste...

—¿Se lo contaste a los medimagos? —preguntó Harry mirando a la chica con una mezcla de seriedad y comprensión mientras tomaba su mano sana.

—Sí. Me dieron pociones para dormir sin sueños y la verdad es que me hacen bien. Sé que sigo teniendo esas pesadillas horribles pero ya no me siento tan mal al despertar —aseguró, apretando la mano de Harry.

—¿Por qué no nos lo dijiste antes? —preguntó Ron.

—No quería preocuparos —dijo, y eso era una verdad a medias. No quería preocuparles, estaba asustada y simplemente, no había estado preparada para contárselo hasta ese momento.

Se hizo un silencio natural, en el que todos estaban sumidos en sus pensamientos. Al cabo, Hermione pudo sentir como Harry soltaba su mano y se ponía en pie.

—Esto es mi culpa —dijo.

—¿Qué? —preguntó Ron mirándole con confusión.

—Sí —continuó Harry comenzando a dar vueltas por la habitación —lo de los horrocruxes es cosa mía, ninguno de los dos teníais porque haber ido conmigo a Rumania. Y yo nunca debí permitirlo.

—Pero nosotros queríamos ayudarte, Harry —insistió Hermione, con una idea aproximada de lo que pasaba por la mente de su amigo en esos momentos.

—Da igual. No pienso volver a permitiros que me acompañéis —replicó el moreno alzando la voz.

—Harry... —comenzó Ron.

—Estoy bien, no hay nada que lamentar —le atajó su amiga.

—¿Qué estás bien, Hermione? Mírate, tienes el brazo derecho inútil y ni siquiera puedes dormir en paz. Si yo no hubiera...

—Deja de echarte la culpa de todo, Harry —terció Ron —Hermione y yo sabíamos a qué nos arriesgábamos cuando decidimos acompañarte. Queríamos y queremos ayudarte.

—Esto no es cosa vuestra. Es mi guerra.

—Claro que es cosa nuestra —le contradijo la chica con el ceño fruncido —Somos tus amigos.

—Precisamente por eso no puedo seguir poniéndoos en peligro.

—¡No es tu decisión! —chilló Hermione exasperada.

—Harry, Hermione tiene razón —añadió Ron, más calmado que su amiga —Somos Hermione y yo los que debemos decidir si queremos arriesgarnos o no.

—Eso es muy bonito —replicó Harry con ironía —pero esto no es asunto vuestro. No tenéis por qué poneros en peligro sin necesidad. Si os hubierais quedado aquí, Hermione ahora estaría sana.

—Pero Harry...

—¿Es que no lo entendéis? —gritó Harry, enfadado —No puedo salir a buscar otro horrocrux con vosotros sabiendo que posiblemente alguno no volverá sólo porque os empeñáis en meteros en mi guerra con Voldemort.

—Deja de hacerte el mártir —espetó Hermione secamente. La mandíbula inferior de Ron se descolgó en el acto —Sé que tienes la mala costumbre de responsabilizarte de todo lo que pasa a tu alrededor pero no me uses como excusa para enfrentarte solo a algo de lo que tienes pocas posibilidades de salir vivo. Voldemort tiene a sus mortífagos y tú nos tienes a nosotros. Ni siquiera él pudo hacer las cosas solo, ¿por qué crees que en tu caso sería diferente?

Las últimas palabras de Hermione parecieron retumbar en el tenso silencio que se formó en la habitación. Ron miraba a Hermione y Harry alternativamente como si estuviera contemplando un partido de tennis muggle, sus amigos tan sólo se sostenían las miradas en silencio.

Finalmente, Harry aflojó los puños y bajó los hombros, rindiéndose.

—Está bien, supongo que tienes razón —cedió.

—Como siempre —murmuró Ron por lo bajo.

Hermione les lanzó una mirada altiva a ambos y de haber podido, se hubiera cruzado de brazos.

—Bien, porque creo que tengo una pista sobre el siguiente horrocrux —dijo.


¡Hola¡Sorpresa xD!

Sé que dije que antes del miércoles no publicaría, pero han sucedido cosas extrañas y resulta que he estudiado bastante y aún así me ha dado tiempo a escribir -será que me he organizado, algo nuevo en mi vida-.

En cuanto al capítulo, espero que os haya gustado aunque la escena en que Draco va a la habitación de Hermione y la despierta me ha costado la vida T.T, me atasqué mucho con ella y nada me gustaba, así que la he reescrito unas tres veces, espero que no sea insoportablemente aburrida, pero en fin, era necesaria. Como véis, Draco no fue capaz de irse y no sólo eso, le ha devuelto su varita a Hermione (como la mayoría sospechabáis, le había robado la varita por medio de Kreacher ;) Tambien ha hecho su intento de consolarla -desde luego pegarle a alguien que está llorando desconsoladamente, es una buena táctica para distraerle del motivo por el que llora xD -pero es que el chico no tiene mucho tacto. Por último, Hermione por fin les ha contado a Harry y Ron lo que le pasa y el primero se ha empeñado en que no le acompañen más -como creo que Harry hará en el séptimo libro en más de una ocasión- pero Hermione le ha cerrado la boca. La pista de la que habla es deducible y quizás os imaginéis más detalles sobre la localización del horrocrux porque se ha hablado en los libros -por cierto que en mi libro horrocrux va en minúscula, aunque ya ni sé como se escribe, he visto tantas versiones...-.

Otra cosa. Ayer vi una película y encontré otro Draco alternativo así que quería compartirlo con vosotras xD. La película se llama La Alianza del Mal o el Pacto (en inglés "The Covenant") y es uno de los cuatro protagonistas -aunque no sale demasiado-. Es rubio, pálido, de ojos claros, chulo, arrogante y rebelde. No es que sólo se parezca físicamente, sino que el papel también. El actor se llama Toby Hemingway, os recomiendo que busquéis algo de él en google (aunque en el LJ os he dejado fotos), ya me diréis que os parece :) Ya que estamos os recomiendo la película, es la típica teen movie sin un argumento muy elaborado o profundo, pero entretenida, con buenos efectos especiales y una banda sonora muy chula. Sin mencionar que absolutamente todos los actores están tremendos xD

Por otra parte espero que la canción os haya gustado :)

Creo que eso es todo, así que muchas gracias por vuesto apoyo, tengo mucha suerte de que me leáis :) Gracias!

En especial, a las que me dejaron r&r en el anterior:

chepita1990, PauMalfoy, peke15, vhea, gata2242, Lna, Xgilr1, Barbara Nakamura, damari, galletaa, Itsa, Pecosa Granger, danymeriqui, Emily Dumbledore, maria, Dubhesigrid, Lenuska, Zorion, Tifanny, Heredhra, micropuff, Amber, Soerag Malfoy, Veroli, unkatahe, monica, Marceps, Fer Cornamenta, Antoo, Amarissima, waterflai, Nimue-Tarrazo, Adi Felton, , Alejandra1, Bellatrix L Black, Elea, Lyann Jade, Hermi-SsS, Tanaril, Selegna, Saskia, vangu, yanhira, Alhana Starbreeze, Dysis, ana karen malfoy, taniz, carlota, millicent granger, shofi-black, ana88, Klass2008 y Arisa 39.

Muchas gracias por todo vuestro apoyo, por escribirme y por estar ahí :)

Con mucho cariño, Dry!

Pd: Click a "Go" para que Malfoy (o X) te saqué de una pesadilla y haga tus sueños realidad mujajaja (y si no le dáis a "Go" también, que os lo merecéis ;)