Capítulo 22: Peleas en un pasillo (Editado)
—¿Una pista? —repitió Ron.
Hermione puso la típica expresión de sabihonda que lucía en clase cada vez que algún profesor preguntaba algo que ella sabía.
—Eso creo. Hace un rato me quedé dormida mientras echaba un vistazo a un libro, por si encontraba algo sobre como destruir los horrocruxes y cuando desperté —hizo una pausa para sentirse culpable por su "despertar" —recordaba algo, lo cual es nuevo.
—¿Y qué era? —preguntó Harry, mirándola con atención.
—Un bosque —respondió —no tengo una imagen muy definida porque estaba muy oscuro, pero era un bosque y creo que allí hay un horrocrux.
—Pues no es una pista muy buena, ¿no crees? Hay cientos de bosques ya sólo en Reino Unido y si contamos también con los de fuera... –replicó Ron acabando la frase con un soplido.
Hermione le lanzó una mirada asesina.
—Gracias por tu aportación, genio investigador —respondió ella con altivez y Harry disimuló una sonrisa —pero eso no es todo. Creo que ese bosque está en Albania.
—¿En Albania? ¿No es allí donde desapareció Berta Jonkins? —preguntó pelirrojo.
—Exacto —apuntó Hermione.
—Un momento, ¡ahora lo recuerdo! —exclamó Harry excitado —¡También fue allí donde Quirell se topó con Voldemort! ¡En los Bosques de Albania!
—Está claro que en Albania hay algo importante para Voldemort —comentó Hermione pensativa —Huyó allí las dos veces que fue derrotado, ¿no? Cuando quedó moribundo después de enfrentarte, Harry, y cuando tuvo que abandonar el cuerpo de Quirrell.
—¿Creéis que tiene una especie de...refugio allí? —preguntó Ron con cara de haberse comido una gragea de Bertie Bott sabor a vomito.
—O algo parecido —respondió Harry, con el ceño fruncido de concentración —sería lógico que hubiera ocultado un horrocrux allí.
—Si descartamos el diario, el guardapelo, el anillo de los Gaunt y la copa de Hufflepuff quedan dos horrocruxes —recontó Hermione.
—Dumbledore dijo que sospechaba que uno de ellos era Nagini, ¿no? Así que lo que falta debe de ser algo de Ravenclaw —apuntó Ron.
—Y ahora que lo decís creo recordar que se conoce a Albania como el país de las... —comenzó Hermione.
—Águilas —interrumpió el pelirrojo y ante la mirada interrogativa de sus amigos, se encogió de hombros con aire entendido —Charlie estuvo en Albania hace un par de años buscando Bollas.
—¿Bollas?
—Es una especie de dragón albanés que se cree extinta.
Los tres amigos se quedaron en silencio unos instantes, meditando sobre la pista del horrocrux, hasta que Hermione se puso en pie enérgicamente.
—Bueno, ¿a qué esperamos? —exclamó mientras se dirigía a la puerta.
—Pero, ¿a dónde vas?
—Querrás decir vamos —apuntilló saliendo por la puerta —A la biblioteca, a buscar información.
Harry y Ron intercambiaron una mirada resignada antes de seguirla.
Draco cerró la ventana que volvió a sellarse mágicamente. No tenía sentido dejarla abierta porque sabía que no iba a escapar, ya no. Había perdido su única oportunidad de hacerlo, no sabía si volvería a tener otra. Pero tampoco le importaba demasiado.
Ya se había resignado a la idea de quedarse en Grimmauld Place porque aunque San Potter le abriera la puerta de par en par y le regalara una docena de varitas, sabía que no se iría.
Y no es que no quisiera, es que no podía.
—Jodida Granger —masculló.
Era realmente irónico que ella fuera el motivo principal por el que quería irse y a la vez la razón por la que finalmente se había quedado. Contradictorio, ¿no?
Como se había vuelto su puñetera vida en cuestión de meses. Y podría decirse que realmente todo era culpa de ella. Todo.
Estaba claro que no servía para mortífago. Si no era siquiera capaz de escapar por una ventana, varita en mano, menos aún sería capaz de matar. Era frustrante.
Estaba sumido en plena fase de despotricar y maldecir mentalmente todo lo que se le ocurría cuando escuchó un ¡plop! a sus espaldas, y se volvió para ver a Kreacher. El elfo le observaba con los ojos entrecerrados en una mirada acusadora, como si supiera que se había quedado en Grimmauld Place porque no podía separarse de Granger, la sangre sucia.
—¿Qué coño miras? —le espetó con sequedad. Lo único que le faltaba era que un patético y chiflado elfo doméstico le pidiera cuentas.
—Kreacher está sorprendido de que el joven Malfoy siga aquí, Kreacher pensó que el joven Malfoy se iría para no soportar a traidores y sangre sucias... —dijo el elfo con la vista fija en el suelo en una pomposa reverencia. Aunque no le miraba, Draco percibió la inflexión peligrosa de su voz cuando pronunció las dos últimas palabras.
—He cambiado de idea —dijo en un tono que daba a entender que por su bien no debería hacer más preguntas.
—¿Kreacher puede saber por qué?
—No. Y ahora lárgate.
—Sí, señor —respondió el elfo repitiendo su reverencia, pero cuando su nariz tocó el suelo, empezó a mascullar entre dientes —Kreacher no es estúpido, oh, no, Kreacher sabe que Malfoy se ha quedado por la repugnante y maloliente sangre sucia. Kreacher ve cómo la mira, Kreacher sabe que él estaba desesperado porque ella estaba en San Mungo. Kreacher sabe muchas cosas, sabe que el joven Malfoy se ha corrompido y ya no es digno vivir en la casa de mi honorable señora...El joven Malfoy se ha vuelto otro sarnoso traidor a la sangre, ¡qué decepción!, si la ama supiera...
—¡Basta! —espetó Draco, furioso. A él nadie le trataba así, menos aún un animalillo inferior que ni siquiera era digno de limpiarle los zapatos —¿De verdad crees que nadie te escucha, repugnante basura? ¿O es que en realidad quieres que te escuche? ¿Estás acaso amenazándome? —a cada palabra avanzaba hacia el elfo, el cual parecía encogerse más y más en sí mismo, aunque sin dejar de mirarle con odio. Draco era tan alto que el elfo apenas le llegaba las rodillas y pensó con maldad, lo fácil que sería enviarle a las bodegas de una patada como había visto a su padre hacer docenas de veces con Dubby, Dobbu o como quiera que se llamara su antiguo elfo doméstico, pero se imagino la interminable monserga que Granger le daría si se enteraba, y decidió no hacerlo —¿Por qué hablas en tercera persona? ¿Es que te das tanto asco que no soportas recordar que Kreacher eres tú? No te culpo, yo también sentiría repugnancia por mi mismo si fuera tú.
—Kreacher no quiere, Kreacher no quiere... —comenzó a decir el elfo histéricamente, tapándose el rostro con sus manitas delgadas y sucias mientras gimoteaba tan penosamente, que Draco se sintió repugnado por tan patético espectáculo.
—Escúchame bien, saco de huesos y suciedad —pronunció alejándose cuando Kreacher se dejó caer al suelo de rodillas, ante la sospecha de que intentaría besarle sus pies. No quería que ensuciara sus zapatos —me importa un pimiento lo que le cuentes o dejes de contar a tu vieja y gorda señora. Es sólo un jodido cuadro chillón, ¿está claro? Ella no puede hacerme ningún daño, pero yo a ti sí. Como vuelvas a hablarme así, a meterte en mis cosas o a llamar a Granger sangre sucia, yo... —se detuvo un instante pensando en algo especialmente aterrador para el elfo y sonrió con malicia —yo te daré la prenda, ¿me has oído? Te daré la prenda y te echaré de tu querida Mansión Black.
—¡El joven Malfoy no puede! —chilló Kreacher, levantándose del suelo de un salto rabioso. Sus ojos verdes y sanguinolentos destilaban puro odio y temeridad —¡El Joven Malfoy NO es mi amo! —exclamó con un tono de desquiciado triunfo en la voz.
Draco cerró los puños con furia y se planteó seriamente la posibilidad de estrangular al elfo, pero cuando dio un paso hacia él, Kreacher se echó a reír como un perturbado y se desapareció con otro sonoro ¡plop!.
—¿Habéis encontrado algo? —preguntó Hermione desde detrás de un enorme y pesado libro que tenía dificultades para sujetar con su única mano.
—Nos sería más fácil si supiéramos qué estamos buscando exactamente —se quejó Ron.
—Cualquier cosa sobre Albania que nos pueda ser útil, pero si lo encuentras aburrido, podrías hacer otra cosa.
—¿Ah, sí? —preguntó el pelirrojo con el rostro iluminado, Harry sonrió.
—Sí —respondió la chica —Busca información sobre cómo destruir la copa de Hufflepuff. Puedes empezar con pociones corrosivas, me quedé a medias con ese libro de ahí.
La ilusión se escurrió del rostro de Ron y pareció caer a sus pies.
—Más libros —farfulló.
—Es importante, Ronald.
—Hermione tiene razón —intervino Harry —no había pensando en cómo destruir la copa, pero hasta que no lo hagamos no podemos descartarla como horrocruxes. Hasta ahora sólo la hemos cambiado de lugar pero Voldemort sigue siendo igual de poderoso.
—No creo que ningún hechizo destructivo funcione —comentó la chica pensativa —sería demasiado sencillo, pero no perdemos nada por intentarlo.
—¿Ahora? —preguntó Harry levantándose del sillón.
—¿Por qué no? —Hermione se encogió de hombros —por cierto, ¿podrías traerme mi varita? Creo que está en mi mesita.
Harry asintió y salió de la biblioteca en busca de la copa y la varita de Hermione. Reapareció un par de minutos más tarde y cerró y selló mágicamente la puerta de la biblioteca.
—No quiero que nadie nos interrumpa o venga a escuchar —explicó lanzando un hechizo insonorizador a la puerta. Estaba claro que ese "nadie" sólo podía abarcar a Kreacher o a Malfoy y Hermione entendía su prudencia.
El moreno posó sobre una mesita de madera un bulto envuelto en una camisa vieja y enorme –Hermione supuso que había pertenecido a Dudley –y cuando retiró la tela, la copa de Helga Hufflepuff quedó al descubierto. Dorada, intacta, con pequeñas incrustaciones de piedras preciosas. Toda una reliquia...que iban a intentar destruir.
—Bueno, ¿qué hacemos? —preguntó Ron incorporándose del sillón en el que estaba sentado —¿Atacamos a la vez?
—Sí, probemos con un Bombarda —indicó Harry y los tres amigos se colocaron en torno a la copa, varita en mano —A la de tres...uno —los tres amigos intercambiaron una mirada expectante—dos... –tomaron aire sonoramente —y ¡tres!
Al unísono, tres chorros de luz roja surgieron de sus varitas hacia la copa con fuerza, parecieron rebotar y salieron disparados a diferentes puntos de la biblioteca. Uno pasó entre las cabezas de Harry y Ron para estrellarse contra una pared, otro impactó con la puerta volándola en pedazos y el tercero destrozó una estantería.
—¡No! —exclamó Hermione, disgustada, corriendo hacia la estantería que un Bombarda había hecho añicos junto con todos los libros que había contenido.
—Estamos bien, gracias por preguntar —masculló Ron colocándose el pelo que el impacto del hechizo que pasó junto a su cabeza había revuelto. Harry por su parte, volvió a ponerse las gafas en posición horizontal.
—Nos devuelve los hechizos —dijo Harry, decepcionado —Ya imaginé que no sería tan sencillo. Lo único que hemos logrado es destrozar la biblioteca.
—Puede arreglarse —aseguró Hermione con el ceño fruncido y con cierta inseguridad, apuntó con la zurda a los restos astillados de la estantería y susurró un Reparo. Al principio pareció que no iba a pasar nada, pero tras unos segundos las astillas se elevaron lentamente del suelo y se reunieron en un mismo punto, uniéndose poco a poco unas a otras hasta formar la estantería, con todos sus libros, de nuevo, como si alguien hubiera hecho al tiempo andar al revés a cámara lenta.
Hermione, algo decepcionada, procedió a arreglar el pequeño golpe de la pared, mientras Ron reparaba la puerta. Harry se había quedado parado frente a la copa, mirándola atentamente como si quisiera leer algo en su superficie dorada.
—No creo que podamos hacerlo —dijo con seriedad —no con ningún hechizo que nos hayan enseñado en Hogwarts al menos. Si en ningún libro del colegio hacen más que nombrar a los horrocruxes, mucho menos nos enseñarían allí el modo de destruir uno.
—Podemos seguir intentándolo —aseguró Ron posando una mano en el hombro de su amigo para darle ánimo —pero desde detrás de algún mueble. No me apetece acabar en San Mungo.
Durante la siguiente media hora, como Harry había supuesto, probaron todo tipo de hechizos sin resultado. Sin excepción, la copa repelió todos como si tuviera un escudo invisible que los hacía rebotar y volver hacia ellos. El mobiliario de la biblioteca casi al completo acabó destruido y los tres amigos tuvieron que reconstruirlo una y otra vez.
A decir verdad, si había alguien que se sentía más frustrado que Harry, esa era Hermione. Podía realizar algunos hechizos medianamente aceptables con la zurda, como por ejemplo el reparo, pero se había dado cuenta de que era un desastre con la mayoría de hechizos. Su Bombarda había sido el que únicamente había logrado hundir un poco la pared, con el mismo efecto que si alguien le hubiera dado un puñetazo, mientras que los de Harry y Ron habían hecho volar la estantería y una puerta de pesada madera. Con el resto de los hechizos que habían probado, no había notado mucha diferencia. Cuando lograba apuntar a la copa y no a la chimenea que tenía detrás, sus hechizos no eran nada potentes, de modo que cuando rebotaban, a veces simplemente se extinguían antes de llegar a tocar nada.
Tan sólo uno de ellos llegó hasta el sofá tras el que se ocultaban para protegerse de los hechizos y no logró más que hacer saltar algunas plumas de un cojín.
—Creo que ya lo hemos probado todo —dijo Ron, mientras reparaba por enésima vez una de las patas del sofá.
—A mi tampoco se me ocurre nada —reconoció Harry, frustrado —y no creo que nada que conozcamos nos sea útil.
—Bueno...podemos mirar en mis libros de Encantamientos y DCAO de séptimo curso, tal vez allí venga algo —propuso Hermione sin demasiado esperanza.
—Dudo que en séptimo enseñen a destruir Horrocruxes —descartó Harry con un ademán.
—Me pregunto por qué Dumbledore nunca te explicó cómo destruir un horrocrux —comentó el pelirrojo, pensativo.
—Supongo que si no lo hizo fue porque confiaba en que Harry encontraría la manera —aseguró Hermione tratando de animar a Harry, a todas luces desanimado.
—Bueno, podríamos preguntarle a Malfoy, ¿no? —propuso Ron.
—No creo que él sepa nada sobre los horrocruxes —dijo el moreno —recuerda que ya le interrogamos y que apenas sabía nada útil. Era el último en la jerarquía de mortífagos, creo no le tomaban demasiado en cuenta y empiezo a pensar que Voldemort le ordenó la misión de matar a Dumbledore como castigo porque su padre falló en el Ministerio sabiendo que no podría cumplirla. Dumbledore lo pensaba.
—A lo mejor no sabe nada sobre los horrocruxes pero seguro que conoce más magia oscura que nosotros —replico el pelirrojo —podría conocer algún hechizo prohibido o algo así mucho más potente que un Bombarda.
—Sí, tienes razón —dijo Harry, pensativo. Hermione se mantuvo al margen, silenciosa y confundida. ¿Eso significa que iban a volver a interrogar a Malfoy y a amenazarlo para que hablara? Recordó lo pálido que se había puesto la vez anterior cada vez que nombraban a Voldemort y se sintió incómoda.
—¿Entonces, qué?¿Lo interrogamos? —propuso Ron yendo hacia la puerta.
—¡No! —exclamó Hermione antes de darse cuenta. Cuando vio la expresión de sorpresa en el rostro de sus amigos, deseo que la tierra la tragara —Quiero decir que...no es necesario. Yo hablaré con él.
—¿Y crees que te va a decir algo así por las buenas?
—No pierdo nada por intentarlo, ¿no? —dijo ella encogiéndose de un hombro (ya que no podía con los dos) —Si no lo consigo, podéis intentarlo vosotros, ¿de acuerdo?
—Como quieras —dijo Ron encogiéndose de hombros con una expresión que decía ¡Mujeres! a gritos.
Harry en cambio, se quedó mirándola durante unos segundos con un rastro de extrañeza en los ojos verdes, pero finalmente asintió. Aliviada, Hermione se dirigió a la puerta de la biblioteca y soltó un grito de sorpresa, al encontrarse a Malfoy justo allí.
—¡Malfoy! —exclamó, llevándose su mano buena al pecho, en un acto reflejo de intentar calmarse —¿Qué haces aquí?
—¿Estabas espiando, Malfoy? —preguntó Harry, claramente enfadado, apareciendo tras Hermione. Ron, se colocó a su lado, con la misma expresión hostil que su amigo.
—Curiosidad. Quería saber si alguno de vosotros había muerto —replicó con ironía.
—¿De qué hablas? –inquirió el pelirrojo con brusquedad.
—Parecía que estabais librando una guerra aquí dentro por el escándalo que montabais —respondió el rubio —¿Estabais peleándoos o teniendo sexo desenfrenado? —preguntó con una chispa de humor en los ojos grises que sólo Hermione entendió. Tuvo que hacer un esfuerzo para contener una sonrisa al entender que él hacía referencia a aquella ocasión en la que ella le había dicho que les llamaban Trío Dorado por algo.
Pero a Harry y a Ron les hizo ni pizca de gracia el comentario.
—¡Oye, lechoso...
—¡Malfoy! ¡T...
Harry y Ron trataron de salir de la biblioteca, pero como su amiga estaba en medio de la puerta casi la arrollaron para llegar hasta Malfoy. La chica se tuvo que agarrar al marco con su mano izquierda para no perder el equilibrio y les lanzó una mirada malhumorada a sus amigos, que en su enfado ni siquiera se habían dado cuenta de que por poco la habían derribado.
—Vaya —Malfoy se metió las manos en los bolsillos de sus pantalones con total parsimonia, como si Harry y Ron no estuvieran frente a él esperando que les diera un motivo más para romperle la crisma —¿Por qué os ponéis así? ¿Es por qué he dicho sexo? —remarcó esa palabra con desafío y malicia —Debí suponer que tratándose de vosotros, la razón de tanto ruido no podía ser eso. Tenéis cara de pasar horas de soledad en el baño.
—¡Pedazo de...
—O tal vez no tanta soledad —comentó Draco con expresión pensativa, como si se le acabara de ocurrir y estuviera meditándolo —¿Os hacéis compañía? —y les lanzó una mirada maliciosa. Pero la expresión de su rostro cambió cuando vio las varitas de Potter y Weasel apuntando a su pecho.
—¡Engorgio!
—¡Everte Statum!
Malfoy salió disparado contra la pared que había un metro por detrás de él cuando los maleficios de Ron y Harry le dieron al unísono en pleno pecho. Se estampó contra la pared y tras unos segundos resbaló por ella hasta llegar al suelo, quedando desmadejado e inconsciente, como un muñeco de trapo.
—¿Os habéis vuelto locos? —chilló Hermione, corriendo hacia el chico desmayado.
—Bah, no es nada —dijo Ron desechando la preocupación de Hermione con un ademán —sólo se hinchará un poco y despertará dolorido.
—¿Qué no es nada? —le gritó la chica, fuera de sí, al comprobar que la cara y las manos de Malfoy empezaban a hincharse hasta hacerle prácticamente irreconocible.
—Usé el mismo hechizo con el que él me atacó en el Club del Duelo –dijo Harry, impasible —no es para tanto, se despertará en un rato.
—¡Pero él no estaba armado y vosotros sois dos! —la voz de Hermione sonaba extrañamente aguda, como si hubiera aspirado helio, pero estaba demasiado furiosa o alterada como para reparar en ello.
—Que no nos hubiera provocado —respondió Ron, tozudo —él sabía que estaba en inferioridad de condiciones y aún así nos insultó, tiene lo que se ha buscado.
Hermione no se molestó en contestar, les lanzó una mirada colérica y cargada de reproche mientras se colocaba la cabeza –por momentos más y más grande –de Malfoy sobre las rodillas ayudándose con su única mano.
—Hermione ... —comenzó Harry.
—¿Por qué no os largáis? —les espetó secamente —Yo me encargaré. Y tú, coge el horrocrux, ¿o piensas dejarlo en la biblioteca para que Kreacher lo encuentre?
Tras unos segundos de vacilación, Harry entró en la biblioteca a buscar la copa mientras Ron contemplaba el espectáculo que suponía ver a Malfoy con la cabeza del tamaño de una pelota de playa apenas pudiendo contener una risilla.
—¿Podrías ir a reírte a otra parte, Ronald? —Hermione le lanzó una mirada helada y se contuvo de añadir un "o acabaré estrangulándote". El pelirrojo puso gesto ofendido, y cuando Harry salió de la biblioteca con la copa de Hufflepuff envuelta en su camisa vieja, ambos se fueron. Antes de que desaparecieran por las escaleras, Hermione pudo escuchar un "cuando se pone así me recuerda a mi madre" cargado de malhumor.
Apretó los labios, aún más exasperada y volvió a mirar a Malfoy –o lo que quiera que fuera exactamente en esos momentos -. Cogió su varita y rogó mentalmente ser capaz de formular los contra hechizos. Después de un par de intentonas, logró que la cabeza y las manos del chico volvieran a su tamaño original, pero no lo tuvo tan fácil para despertarlo.
—¡Ennervate! —exclamaba una y otra vez apuntándole con su varita. Entonces aguardaba un par de segundos esperando ver sus ojos grises de nuevo, pero no pasaba nada. A cada momento se sentía más nerviosa, frustrada e inútil. No podía usar su brazo derecho y era un auténtico desastre con la zurda. Aún le asombraba haber sido capaz de reducir la cabeza del chico antes de que se convirtiera en un melón gigante.
—Despierta... —le rogó en un susurro. Sabía que los maleficios de Harry y Ron no eran demasiado peligroso y que podrían haber empleado otros peores, pero aún así hervía de furia cada vez que miraba a Malfoy, inconsciente sobre sus rodillas.
Finalmente resolvió intentarlo un par de veces más antes de traer a Harry o Ron para que lo hicieran aunque fuera sujetos por la oreja, y casi soltó un gritito de júbilo cuando tras su último intento, Malfoy comenzó a parpadear pesadamente. De pronto, abrió los ojos, alerta...y se llevó las manos a la cabeza que le dolía como si fuera a partírsele en dos.
Trató de incorporarse, pero se sintió tan mareado sólo de inclinar un poco la cabeza que volvió a dejarse caer sobre lo que quiera en lo que estuviera apoyado. ¿Dónde estaba?
Reconoció de inmediato ese dulce olor a caramelo envolviéndole y mirando hacia arriba pudo ver el rostro de Granger, observándole con preocupación. Entonces miró a su alrededor y al darse cuenta de que estaba tirado en mitad del pasillo del cuarto piso, recordó todo.
Potty y Weasel le había atacado, los muy cabrones. Había disfrutado mucho provocándoles y burlándose de ellos, pero no había creído que fueran a atacarle realmente. O tal vez sí. A él le dolía la cabeza, pero estaba seguro de que a ellos su orgullo.
Hablando de orgullos, el suyo se sentía un poco maltrecho y humillado. Que el gilipollas de Potter y su perrito faldero le hubieran hecho polvo con total facilidad y que su inseparable Granger, hija de muggles, fuera quien le estuviera ayudando era humillante para Draco Malfoy.
—No te muevas —le sugirió ella con suavidad.
Y lo cierto, lo peor, lo más espantoso, era que realmente no quería moverse, que no le importaba tener ese taladrante dolor de cabeza mientras pudiera seguir cerca de ella. Lo cual era jodidamente cursi. Vomitivo.
Por eso, se incorporó a pesar del enorme esfuerzo y el mareo que eso le supuso, y se apartó de Granger. Ella le observaba con algo parecido a compasión en los ojos castaños, y eso sólo hizo que Draco se sintiera más humillado, asqueado y ridículo.
—¿Estás bien? —le preguntó.
Por un instante, Draco se sintió cómo cuando ella le había descubierto llorando cual niño pequeño en el salón por culpa de un boggart. Con la misma sensación de vulnerabilidad que entonces o aún peor. Odiaba su compasión, pero anhelaba su preocupación. Importarle por algo más que por ser el cachorro desvalido de turno al que ella protegía.
Y eso era realmente aterrador para él. Por eso, cuando ella se acercó a él, Draco se apartó y giró el rostro, enfadado consigo mismo, con ella y con la situación. Quería alejarla de él antes de que se le metiera demasiado dentro. Aún más.
—Déjame en paz, sangre sucia, no necesito tu ayuda —le espetó con desprecio.
Hermione se quedó paralizada unos instantes, como si hubiera recibido un impacto muy fuerte que le impedía moverse o reaccionar. Y después sintió dolor, en el pecho, y humillación.
No sólo desdeñaba su ayuda después de que ella se hubiera desesperado por despertarle, sino que volvía a llamarla sangre sucia. Como en los viejos tiempos.
Sólo que ahora esas dos palabras le dolían más que nunca.
Se sintió tan dolida y estúpida por dejar que algo de lo que él dijera le afectara, que se puso en pie y le miró, enojada.
—Que te den, Malfoy —dijo, y después se alejó a zancadas por el pasillo.
Mientras desaparecía por las escaleras, a Draco le pareció ver el brillo de lágrimas en sus ojos y se sintió aún peor.
Hola chicas :)!
Aquí estoy con otro capítulo, recién salido del horno (lo acabé ahora mismo). Quería hacerlo un poco más largo y meter otra escena pero se me acabó la inspiración y no tengo tiempo así que decidí dejarlo aquí antes que estropearlo. Bueno, no ha habido mucho Dramione pero han pasado muchas cosas. La pista de Hermione era el bosque vio en sus sueños y como la chica es muy lista, lo asoció a Albania. La verdad es que la teoría de que haya allí un horrocrux es algo que he visto en varios sitios y es bastante posible. Estoy casi convencida de que allí hay un horrocruxes y dado que es el País de las Águilas, pondría mi mano en el fuego a que es el horrocrux de algo de Ravenclaw. Después, Kreacher se ha rebelado contra Malfoy lo cual traerá muchas consencuencias mujajaja (¿recordáis al Malfoy con delantal...?) y el trío dorado ha intentado destruir el horrocrux. Yo siempre me he preguntado por qué carajo Dumbledore nunca le mencionó a Harry como destruir un horrocrux, y dudo sinceramente que con un hechizo cualquiera se logre. Tengo una idea interesante al respecto que ya iré contando en la historia y que tendrá que ver con Regulus, pero no digo más, que así os intrigo ;) Y por último, Harry y Ron han dejado a Malfoy hecho polvo (ya habían aguantado mucho los pobres xD) con la de veces que se han peleado y lanzando maleficios a lo largo de los libros, ahora que están encerrados en una casa no podían faltar. Hermione se ha puesto como una loca, pero Draco lo ha estropeado todo insultándola...¡Hombres!
En el próximo habrá más Dramione ;) y misterios.
Ahora tengo que daros una noticia xD la mitad ya lo sabéis porque no he parado de decirlo allí a donde he ido y es que estoy más feliz que una perdiz xP. Veréis, hace un par de meses me presenté a un concurso de relatos universitario con una novela corta y original. Bien, el caso es que no sabía nada del concurso y ya estaba convencida de que había salido la resolución y de que como había perdido no me habían dicho nada. Pues resulta que el miércoles me llamaron por telefono para decirme que ¡he ganado el primer premiooooo! Empaté con otra chica en el primer puesto así que supongo que el premio se dividirá entre las dos. Por lo tanto me llevaré 1500 euros y la publicación virtual de mi obra :D!
Muchas gracias por vuestro apoyo, chicas, sin vosotros no hubiera llegado hasta aquí. Gracias de verdad.
En especial a las que dejaron r&r en el anterior:
PauMalfoy, chepita 1990, Dubhesigrid, brujiskatty18, cukyas, Tanaril, unkatahe, alicia, PaolaDunkelheit , Barbara Nakamura, Pajaro de fuego, Sandrita Granger, Xgirl1, Heredhra, damari, Pecosa Granger, Micropuff, Nimue Tarrazo, Galletaa, Amarissima, Emily Dumbledore, Monica, Esmeralda, Amber Nixie, mariapotter2002, lxlgiselalxl, tiffany, duciell, Autosugestion ;), Soerag, Soll, Sakura Granger, Keikleen, Jules, , MarieIveth, pekelittrell, taniz, Lenuska, Itsa, sakurita555, nazath, Sweet Nini, oromalfoy, Lna, Valeeh, Veroli, Zorion, Sophi Black, AdiFelton, Arisa 39, Edoras, Fer Cornamenta, mond, millicent Granger, Lyann Jade, Elea, Mineth, Yanhira, Brenda, alella, Kapu Way, gala zoel, Merodeadora-chii, Yezzie, Andrux, Nita, .
MUCHISIMAS GRACIAS POR TODOOOOO!
Con mucho cariño, Dry!
Pd: Click a "Go" para que Draco (o X) te susurre cosas al oído (las que quieras mujajaja)
