o0o Recomendación Músical: Vermillion Pt.2 - Slipknot


Capítulo 23: Duerme (Editado)

No lo entendía. ¿Por qué tenían que importarle tanto sus palabras?

En realidad, ni siquiera había comenzado a hacerse ilusiones de que él hubiera cambiado, ¿no? Conocía a la perfección a Draco Malfoy desde prácticamente la primera semana de curso. Orgulloso, narcisista, egoísta, ambicioso, con un gran complejo de superioridad y una evidente carencia de afecto. Necesitaba pisotear a los más débiles para autoafirmarse y tenía celos de los éxitos de los demás. También era elitista y se creía muy poderoso por ser un sangre pura y tener una familia rica e influyente. Era superficial y arrogante.

La única virtud que Hermione podía destacar en él era su astucia y reconocía que era inteligente. Pero nada más.

Y no obstante, la visión que tenía de él había sufrido graves vapuleos y transformaciones desde que estaba en Grimmauld Place. Había descubierto que era humano, que estaba solo y asustado, que tenía los mismos miedos que cualquier persona. Que era altanero pero no insensible, y que en ocasiones, podía llegar a ser rudamente tierno.

La había besado, le había pedido que volviera y la había mirado de un modo indescriptible cuando regresó de San Mungo. También le había alcanzado un libro y permitido tocar su marca, y la había sacado de su horrible pesadilla. Le había dado su camisa para secarse las lágrimas y había permitido que llorara en su hombro.

Y justo cuando empezaba a pensar que después de todo no era tan horrible, la rechazaba e insultaba de nuevo.

Sangresucia, sangresucia, sangresucia. Oía una y otra vez ese insulto en su interior, golpeándola con una fuerza invisible.

Enfadada, sacó la camisa de Malfoy de debajo de la manta de la Señora Weasley y la arrojó al suelo de la habitación.

Malfoy era un idiota. Y Harry y Ron.

Y ella.

Con desgana, cogió una de las pociones para dormir sin sueños que los medimagos le habían dado –no quería que se repitiera el episodio de esa tarde – y la bebió lentamente. No había cenado nada –por no ver a sus amigos –pero había decidido acostarse para que se acabara su largo y asqueroso día de regreso a Grimmauld Place. Se metió en la cama y apoyó la cabeza en la almohada, subiéndose la manta de la señora Weasley hasta casi la barbilla. Lo bueno de la poción era que la hacía dormirse en cuestión de un minuto, así no tenía que pensar en bestias insensibles y arrogantes, ni en cómo le había dolido ese sangresucia a bocajarro.

Cerró los ojos y pensó en cuanto odiaba a Malfoy. Poco después, se quedó dormida.


Sí, debería estar durmiendo, pero simplemente no podía. Tenía una sensación amarga en la boca y se sentía mal, aunque el dolor de cabeza y la humillación hubieran pasado hacía unas horas ya. Ya era más de media noche y hacía más de veinte minutos que había escuchado a Granger pasar por el pasillo y meterse en su habitación. Seguramente ella ya estaba dormida, en lugar de dar vueltas por la habitación estúpidamente.

Dormida.

¿Estaría teniendo pesadillas otra vez? No había escuchado nada, pero eso no tenía por qué significa que todo fuera bien.

Quería verla y comprobar si le odiaba. Sabía que le había hecho daño al llamarla sangre sucia y que se había encargado de romper la frágil tregua en la que parecía hallarse su relación. Ella le había abrazado entre lágrimas y se había preocupado por él cuando los imbéciles de sus amigos le atacaron. Él le había dado un golpe en el hombro y la había insultado.

"Bien hecho, Draco" se dijo, con amargura. No podía seguir así, en completa lucha consigo mismo, con sus instintos, con sus sentimientos. Primero se iba a largar, después no lo hacía. La insultaba, después se arrepentía. La deseaba y una y otra vez se reprimía.

Él no estaba acostumbrado a negarse algo que deseara, de hecho, desde pequeño siempre había tenido todo aquello que había querido. Dinero, poder, popularidad. Y también éxito con las chicas.

Ahora no tenía un galeón, ni una pizca de poder –ni siquiera el jodido elfo doméstico le respetaba –y la única chica que deseaba no podía ser suya.

O sí, pero no debía. Pero siendo realista, ¿qué importaba ya lo que debería o no debería hacer? Ya no era el príncipe de Slytherin, ni un mortífago, y ser un Malfoy se había convertido en algo peligroso. Su padre estaba en la cárcel, su madre vigilada y él en búsqueda y captura por mortífago y desertor. Estaba en una situación en la que no le quedaba nada que perder.

Estaba aburrido de estar encerrado e inactivo y su única satisfacción consistía en molestar a Potter y Weasley y en estar con ella. Verla, oír su voz, discutir con ella...besarla.

Que el infierno le llevara, pero se moría de ganas por volver a hacerlo.

Seguramente se debiera a que llevaba demasiado tiempo sin compañía femenina. Desde que él y los mortífagos huyeron de Hogwarts, la única mujer que había visto era su tía Bellatrix y esa tal Alecto.. La única chica que tenía a mano era Granger y eso explicaba por qué la había ido encontrando más y más atractiva. Tal vez no se estuviera "enamorando" ni ninguna cursilería por el estilo. Simplemente eran sus hormonas que se conformaban con lo único que tenían cerca.

Sí, eso era todo. Al llegar a esa conclusión se sintió inmensamente mejor. Era una explicación satisfactoria que no le producía un conflicto con sus principios. Sólo se trataba de sus instintos más primitivos y naturales.

Pero un sonido quebró su recién encontrada paz: un sollozo. No necesitó volver a escucharlo para identificarlo, Granger estaba teniendo otra pesadilla. Antes de darse cuenta ya estaba en el pasillo, frente a la habitación de la chica. Alargó la mano hasta su pomo y se detuvo un instante.

Quería acostarse con ella, no implicarse emocionalmente. Debería importarle un pimiento que ella tuviera pesadillas o que eso le hiciera sentir mal. No tenía ningún interés en convertirse en su paño de lágrimas de nuevo o en tratar de reconfortarla. Lo único que le importaba era su cuerpo.

Al diablo con sus pesadillas, él se largaba.

Dio un par de pasos y entró en la habitación. Pero no la suya, sino la de Granger.

Mierda.

La escasa luz que arrojaban las lámparas de aceite mágico por el pasillo, se colaban por la abertura de la puerta y caían sobre su rostro y el comienzo de uno de sus hombros. Dormía, pero con la misma expresión de sufrimiento que unas horas antes. Un dolor mudo.

Y observando la arruga de su entrecejo, sus labios entreabiertos como si quisieran gritar pidiendo auxilio, se dio cuenta de que no podía largarse y dejarla así como si nada. Maldiciéndose a sí mismo, a ella y a las jodidas pesadillas, se aproximó con cautela a la cama de la chica.

Su cabello castaño y alborotado, se repartía por la almohada en guedejas de miel, irradiando ese olor dulce. Estaba inmóvil, indefensa, atrapada en sus sueños y expuesta a él. Podía mirarla y tocarla sin ella lo notara.

Con cautela, se sentó en el borde la cama y alargó una mano hasta el rostro dormido de la muchacha. Extendió el índice y lentamente lo aproximó hasta su ceño fruncido. Lo acarició suavemente durante unos segundos hasta que ella lo relajó, adquiriendo una expresión más serena. Después bajó hasta sus labios plegados y los delineó pausadamente. Eran tan suaves y estaban tan fríos que tuvo que hacer un gran esfuerzo para no calentarlos con los suyos. El impulso era tan fuerte que su dedo tembló sobre la boca de ella y apartó la mano con brusquedad.

Debía dejarse de tanta mariconada y despertarla de una jodida vez. Rudamente, acercó su mano hasta el hombro de la muchacha con la intención de darle una buena sacudida para que despertara, pero cuando sus dedos se cerraron en torno a su piel, el impulso murió. En lugar de sacudirla como un bestia, presionó un poco con sus dedos y la movió con suavidad.

—Granger —susurró.

Esta vez, ella no tardó tanto en despertarse. Aspiró una bocanada de aire con fuerza y abrió los ojos. Parecía tan asustada y aturdida, que Draco retiró la mano de inmediato y se puso en pie.

Hermione tardó unos segundos en darse cuenta de que estaba en su habitación y que la figura alargada y oscura que había junto a su cama era Malfoy. Había tenido otra pesadilla, aunque no tan intensa como la de esa tarde. No obstante, los restos de un miedo primitivo, de una tragedia horrible, seguían calados en sus huesos. Tembló, se arrebujó bajo la manta de la señora Weasley y reuniendo valor, miró a Malfoy a los ojos. A decir verdad, no podía percibir su expresión o su estado de ánimo, la habitación estaba casi por completo a oscuras y la tenue luz que llegaba del pasillo, sólo le iluminaba hasta poco más allá de la cintura. Pero ella sabía que la había despertado, de nuevo.

Y volvió a sentir que las piezas de la ecuación Malfoy dejaban de encajar otra vez. Pero esa sensación estaba sepultada bajo otra parecida a alivio y necesidad.

Cuando él se movió y Hermione comprendió que su intención era salir de la habitación, sintió el impulso de gritar un sonoro no. Y aunque logró reprimirlo, no pudo evitar que unas fatídicas palabras salieran de sus labios.

—Quédate conmigo. No quiero estar sola...

Draco se detuvo bajo el marco de la puerta, de espaldas a ella, por lo que no pudo ver cómo la chica se llevaba la mano izquierda a la boca, como si quisiera borrar lo dicho o impedirse decir algo más (o peor). Todas sus hormonas parecieron revolucionarse y empezar a brincar y danzar por su interior, pero Draco las reprimió con amargura. Ella no estaba haciéndole una invitación sexual –desgraciadamente –sólo le pedía que le hiciera compañía porque estaba asustada.

Y esa era una demanda que él había rechazado veces en el pasado. Pero no de ella. A pesar de saber que no era prudente ni recomendable quedarse, de que era algo demasiado sentimental y de que si había renunciado a quedarse a dormir con cualquiera de sus líos en el pasado era por una buena razón, no se fue. No, se dio media vuelta y volvió a adentrarse en la habitación bajo el cobijo de las sombras.

Podía ver cómo ella le observaba con una mezcla de alivio y prudencia. Posiblemente se había dado cuenta de que su petición podría resultarle peligrosa pero no le dijo que se fuera y a esas alturas, él dudaba de que lo hubiera hecho por mucho que ella dijera. Se acercó al sillón donde ella solía sentarse a leer con Crookshanks en sus rodillas y lo empujó hasta dejarlo cerca de la cama.

Después se sentó y la miró de nuevo. Estaba seguro de que Granger apenas podía distinguirle el rostro, no obstante, se sintió desnudo y vulnerable ante su mirada castaña e intensa. Parecía tratar de entender sus motivaciones para quedarse y Draco sintió la necesidad de justificarse.

—Si vas a tener otra pesadilla y empezar a lloriquear, volverás a despertarme. Estando aquí podré darte un cojinazo en cuanto empieces a resultar molesta. Pero no te hagas ilusiones, Granger, no pienso meterme en tu cama —aseguró tratando de disfrazar su amargura de ironía.

—Vaya, qué decepción —dijo ella con humor. La verdad es que se sentía extrañamente bien a pesar de haber tenido otra de sus pesadillas. Y aunque resultara irónico, se sentía aliviada e insólitamente segura teniendo a Malfoy cerca. Algo más que añadir a su lista de dudas sin resolver: ella misma.

Draco en cambio no estaba pasándolo nada bien. Definitivamente, Granger era una insensata si bromeaba con algo así tan a la ligera. Demasiado inocente o demasiado temeraria, no estaba muy seguro pero las dos opciones le atraían. Mierda.

No debía seguir con ese juego peligroso.

—Duerme —le ordenó con sequedad. "Duérmete antes de que te haga algo que no te gustaría. O sí".

Hermione contuvo una sonrisa y cerró los ojos. Más tarde, en otro contexto, podría analizar y pensar fríamente en lo extraño e irreal de esa situación, pero en ese momento todo le parecía perfecto.

Draco no podía creérselo: Granger iba a dormirse. Así, tan tranquila. Estaba claro que ella no estaba sufriendo una agonía insoportable por estar a solas con él en mitad de la noche, en una habitación oscura y con una cama de por medio.

Maldita Granger.

Tenso, resolvió apartar esos pensamientos de su mente y echó un vistazo aburrido a la habitación, pero un bulto oscuro le llamó la atención. Era su camisa, la camisa de seda negra que él le había dado para que se secara las lagrimas unas horas atrás. Echó un vistazo a Granger que parecía haberse sumergido en el mundo de los sueños de nuevo y con sigilo, se puso en pie y recuperó su prenda del rincón en el que se hallaba. La sostuvo en las manos y miró de soslayo a la muchacha dormida.

Podría jurar que sabía cómo había ido a parar su camisa al suelo. Posiblemente no había ocurrido mucho después de que él la llamara sangre sucia.

Sintió algo incómodo en su interior, removiéndose como si intentara encontrar un sitio en el que encajara. Fuera lo que fuera le era desagradable. Frustrado, colocó la camisa en el respaldo del sillón y volvió a sentarse. Ella se removió, frotando con su rostro la almohada, seguramente perdida en algún retazo de sus sueños y mirándola, Draco sintió que la palabra sangresucia perdía todo su sentido y significado.

Era sólo una conjunción de letras, vacía, sin ninguna razón. Era capaz de recordar lo que había significado tiempo atrás, algo malo, denigrante, inferior. Ahora no era nada, solamente un arma que usaba de vez en cuando para alejarla de él ante su incapacidad de hacerlo por otros medios.

Ella ya no le parecía un ser inferior, asexuado e insípido. Posiblemente todo fuera culpa de su libido pero el hecho es que las cosas habían cambiado y que ya no obtenía ningún placer de llamarla sangre sucia. Es más, se sentía inmundo cada vez que lo hacía porque sabía que eso la lastimaba.

Ella soltó un pequeño suspiro y Draco la miró, sintiendo unas palabras brotar en su garganta y trepar, intentando salir a la superficie.

—Lo siento —escupió a toda velocidad, como si el decirlo muy rápido quitara peso a sus palabras. Pero no importaba, porque ella estaba dormida.

Un momento...¿estaba abriendo los ojos?

Oh, oh. Cazado.

—Sólo lo dije para probarte, quería saber si estabas despierta —dijo rápidamente arrastrando las palabras con un estudiado hastío, como si no tuvieran ninguna importancia, al ver los ojos castaños de la chica observándole de un modo tan intenso que parecía que pudiera leer dentro de él.

Hermione no dijo nada, sólo sonrió. No había sido ninguna prueba, él había pensado que estaba realmente dormida. Lo cierto es que casi lo estaba, pero esas palabras la habían sacado de su estado de duermevela. Nunca jamás había pensado que oiría a Draco Malfoy disculpándose, menos aún por decirle algo que años que antes parecía considerar su deber semanal. Porque ella sabía que ese lo siento significaba en realidad "siento haberte llamado sangre sucia" y eso hizo que algo en su interior se aflojara hasta desaparecer.

Sin poder borrar la sonrisa de su rostro, cerró los ojos cuando se dio cuenta de que él empezaba a sentirse incómodo y parecía plantearse la posibilidad de practicar una huida rápida. No quería que él se fuera. Se sentía bien teniéndole cerca. Tranquila a pesar de la incertidumbre que suponía dormir.

Draco por su parte deseaba pegarse a sí mismo o retroceder en el tiempo, no estaba muy seguro de que impulso prevalecía. La muy jodida no estaba dormida, sólo se lo hacía, como si hubiera estado esperando algo similar. Estaba claro que no podía bajar la guardia nunca tratándose de ella.

Ahora tenía una sensación horrible, similar a la que experimentaba de pequeño cuando su padre le pillaba haciendo algo que no debería. Inseguridad, miedo, temor por haber ido demasiado lejos, y no soportaba sentirse así. Tenía que hacer algo.

—Por cierto, Granger, ¿de dónde has sacado esa manta tan horrenda? —preguntó refiriéndose a la manta de remiendos de la señora Weasley —¿se la robaste a un mendigo?

Pero Hermione no escuchó su ingeniosa frase, porque ya se había quedado dormida.


Hermione despertó muy entrada la mañana a juzgar por la cantidad de sol que se colaba por la rendija entre las pesadas cortinas de su ventana. Parpadeó un par de veces y bostezó. Entonces, como acto reflejo, miró hacia el sillón en cuanto recordó lo sucedido la noche anterior. Pero Malfoy no estaba allí, sólo quedaba la camisa de seda que le había dado el día anterior.

No había vuelto a tener ninguna pesadilla y había dormido maravillosamente bien. Además se sentía extrañamente animada esa mañana y llena de energía, incluso se dio cuenta de que sonreía como una boba.

Negándose a analizar las razones, se levantó de la cama y fue a descorrer las cortinas, inundando la habitación de luz. Después se estiró y salió al pasillo. La puerta de Malfoy estaba cerrada, y Hermione pensó que seguramente estaba durmiendo, así que fue al servicio y después bajó a desayunar algo. Se encontró a Harry y Ron saliendo de las cocinas con sus cazadoras puestas.

—¿A dónde vais? —le preguntó con extrañeza.

—A ver a mi padre —explicó Ron —vamos a preguntarle si sabe exactamente por que parte de Albania desapareció Bertha Jonkins.

—Eso nos dará una idea aproximada de donde puede estar el refugio de Voldemort —añadió Harry.

—Buena idea, no se me había ocurrido. ¿Por qué no me despertasteis? Quiero ir con vosotros.

—Preferimos dejarte de dormir —dijo Harry —–aún no estás del todo repuesta y no creo que sea buena idea que nos acompañes hasta el centro.

Hermione abrió la boca, irritada, pero Ron la interrumpió.

—¿Ya tomaste la poción vigorizante? —así era como se llamaba la poción que los medimagos le habían dicho que tomara a diario para recuperar la movilidad de su brazo derecho.

—Pues no pero...

—Tómatela y...

—Descansa —apostilló Harry, y después él y su amigo se dirigieron al hall dejando a la muchacha sola y malhumorada.

—¡Ni que estuviera terminal! —murmuró con desagrado, bajando a las cocinas. Su humor ni siquiera se ablandó un poco al ver que Harry y Ron le habían dejado preparado el desayuno, pues sólo logró recordarle lo inútil que la consideraban por tener un brazo inservible. Aunque por otra parte no podía culparles, después de la exhibición de magia con la zurda que había hecho el día anterior había quedado probado que su nivel era el de un estudiante de primer curso en Hogwarts. No había logrado realizar a la perfección ni uno de los hechizos que había en los libros reglamentarios de séptimo y ni siquiera era hábil con la mayoría de los que dominaba hacía años. Y para la eficiente Hermione Granger eso era mucho más que frustrante, era alarmante.

Molesta, se dio cuenta de que se había olvidado la poción vigorizante en su habitación y regresó a por ella. De paso, analizó las pociones para dormir sin sueños que le quedaban, preguntándose por qué narices no le habían hecho efecto la noche anterior. ¿Se había vuelto insensible a ellas?

Más malhumorada todavía, regresó a las cocinas y para terminar de alegrarle el día, encontró a Malfoy bebiendo su café y comiendo sus tostadas que Harry o Ron se habían encargado de untar pródigamente con mermelada de frambuesa.

—Ese es mi desayuno —dijo tratando de contener su incipiente malhumor, no quería pagarlo con Malfoy después del modo en que se había portado con ella la noche anterior pero en ese momento no se sentía especialmente generosa.

Él, como toda respuesta, se metió el resto de la tostada en la boca.

—¿Estás sordo? —le preguntó aproximándose a la mesa.

Draco no le prestó especial atención, estaba ocupado dando buena cuenta de las tostadas y el café que quedaban. Después de todo, algo tenía que comer, ¿no? Kreacher no le había hecho la cena el día anterior y sospechaba que nunca volvería a cocinar para él, por mucho que lo amenazara. Y si lo conseguía, posiblemente Kreacher sazonara su comida con algún que otro escupitajo. Ante esa perspectiva, había bajado hambriento a la cocina, y al encontrarse un desayuno preparado –aunque sabía a ciencia cierta que no era para él –se había puesto a comerlo.

—¿Por qué haces esto? —continuó la muchacha —¿es que ya no te gusta lo que te prepara Kreacher?

—No me hables de ese inmundo elfo —espetó él, furioso sólo de recordar la escena del día anterior.

Hermione le miró con desconfianza y apoyó una mano en la mesa.

—Ahora que lo dices, no le veo desde ayer. ¿Qué le has hecho?

—Lamentablemente nada —dijo dando un sorbo al café, que por cierto dejaba mucho que desear —parece ser que ha decidido independizarse.

—¿Y eso qué significa exactamente? —preguntó ella, suspicaz.

—Significa que ha decidido servir únicamente a la foca arrugada de su ama —respondió con evidente desprecio. Cuando miró a Granger, le sorprendió e irritó a partes iguales ver una sonrisa de marisabidilla en sus labios.

—Así que Kreacher se ha cansado de servirte, ¿eh? Ha comprendido que no eres superior a él y que tiene derecho a vivir dignamente, libre del yugo de...

—Antes de que te emociones con tus rollos de liberación de los elfos, déjame decirte que Kreacher no ha dejado de servirme por eso —la cortó él, exasperado.

—¿Entonces, por qué? —–preguntó ella con el ceño fruncido.

—No es asunto tuyo —replicó Draco. Decirle que lo había hecho porque sospechaba que ella le atraía estaba fuera de lugar. Antes muerto que reconocerlo.

Que se hubiera pasado más de dos horas observándola mientras dormía, no significaba nada.

—Y a propósito de eso —continuó, antes de darle la oportunidad a la chica de hacer más preguntas —a partir de ahora, cocinarás para mí.

Hermione le miró seriamente unos segundos, después rompió a reír mientras él empequeñecía los ojos progresivamente.

—Eso ha sido muy gracioso, Malfoy —dijo. Vale que le estuviera agradecida, pero de ahí a convertirse en su esclava había un gran trecho. No obstante, al ver la expresión ofendida de él, una idea acudió a su mente – Aunque...

—¿Aunque...? —la alentó él, al ver que la chica se detenía.

—Te enseñaré a cocinar si tú respondes a unas preguntas.

—En primer lugar, yo no cocino. Eso es para elfos o en todo caso mujeres, y en segundo lugar, no voy a decirte nada sobre Kreacher o mis experiencias sexuales.

Hermione apretó los labios, indignada y escandalizada a partes iguales.

—En primer lugar, tus experiencias sexuales me traen sin cuidado, y en segundo lugar, en esta casa sólo hay un elfo doméstico y una mujer y ninguno de los dos está dispuesto a servirte, así que si no quieres morirte de hambre, deberías plantearte la posibilidad de aprender a cocinar. A no ser que comerse el orgullo alimente.

Tocado y hundido. Por mucha rabia e indignación que sintiera, Draco sabía que tenía todas las de perder. Por supuesto, ordenarles a Potty o Weasel que cocinaran para él no era opción, y si Kreacher y Granger se negaban a hacerlo, ya podía morirse de hambre. No sabía ni prepararse un huevo frito y sus únicas incursiones en cocinas habían sido para robar dulces y alcohol.

Por mucho tiempo que se tomara pensándolo, no encontraría otra solución que aceptar el trato de Granger. Un Malfoy cocinando. Era completamente denigrante, pero después de haber pasado hambre y penurias cuando huyó del Innombrable, no pensaba repetir la experiencia. Después de todo, una características de los Slytherins era saber cuando rendirse por mucho que le doliera en el orgullo.

—Está bien —masculló entre dientes.

—Bien —dijo Hermione con dignidad —pero antes necesito que respondas a mis preguntas.

Draco la asesinó con la mirada pero no dijo nada.

—¿Conoces algún hechizo destructor muy potente? Aunque sea de magia negra.

Draco la miró con auténtica curiosidad.

—¿Para qué? —preguntó.

—Soy yo la que hace las preguntas —dijo frunciendo el ceño con impaciencia —Respóndeme.

—Conozco un par de hechizos, sí.

Su tía Bellatrix le había enseñado magia negra durante el verano anterior. Entre ellos el hechizo con el cual habían logrado partir ese puente muggle en dos provocando docenas de victimas.

—¿Y bien? ¿Qué hechizos son esos?

—¿La sabihonda e intachable Hermione Granger queriendo aprender magia negra? —la aguijoneó él, meramente por el placer de hacerla impacientarse y para ganar tiempo. No le gustaba ser el que llevaba las de perder en el trato.

—Soy muy capaz de saltarme las normas cuando la ocasión lo requiere —dijo ella altivamente –o soy ninguna mojigata.

—Permíteme que lo dude —se burló él.

—Sé lo que pretendes y no voy a permitir que cambies de tema —replicó Hermione con sequedad —Enséñame esos hechizos y yo te enseñaré a cocinar.

—No tengo varita.

—No la necesitas para nada. Yo tengo la mía, sólo indícame como hacerlo.

—¿Estás segura? —la provocó él —Podrías provocar un desastre haciendo magia con la zurda, ¿no crees?

Hermione le fulminó con la mirada y se mordió el labio inferior, pensativa. Por poco que le gustara reconocerlo, él tenía razón. Era tan posible que no lograra ni partir en dos una cerilla como que hiciera un boquete considerable con la pared, no era capaz de controlar su fuerza con la zurda ni de hacer movimientos complicados con su varita.

—Tú enséñame cómo hacerlo, no hace falta que lo ponga en práctica ahora mismo.

—Está bien —cedió él a regañadientes y se puso en pie. Durante los siguientes minutos, Draco le explicó a Granger en que consistían los dos hechizos que su tía le había enseñado, cual era la mejor forma de usarlos y cómo debía mover la varita. Esa última parte era especialmente complicada dado que él no tenía varita con la que ejemplificarlo y Granger no era muy hábil imitando sus indefinidas indicaciones, así que después de varias intentonas, parecía que estaba cazando mariposas en lugar de lanzar un potente hechizo destructor.

—No, no y no —dijo él exasperado —no es así.

—¡Pues entonces explícame correctamente cómo se hace! –replicó Hermione, exaltada. A pesar de su mal humor, Draco tuvo que contener una sonrisa al darse cuenta de que Granger lo estaba pasando realmente mal por no ser capaz de hacer los hechizos. Siempre era la primera de la clase en entender todo y hacerlo a la perfección, y estaba claro que no llevaba muy bien eso de ser mediocre por una vez, aunque se debiera mayormente a que tenía que hacer magia con su mano izquierda.

—Si me dejas la varita de una jodida vez, tal vez...

—Olvídalo —le interrumpió ella —podrías intentar escaparte o Merlín sabe qué.

Draco se mordió la lengua para no decirle que si hubiera querido escaparse ya lo hubiera hecho, seguido de unas cuantas palabras malsonantes. Irritado, se acercó a la chica, la rodeó y se colocó a su espalda. Ella, desconcertada y alerta, trató de girarse hacia él, pero Draco la sujetó por la cintura para inmovilizarla.

—¿Qué estás haciendo, Malfoy? —preguntó ella con una potencia de voz que podría haber hecho estallar las vidrieras.

—Intento enseñarte, si te paras quieta de una puñetera vez, tal vez podamos avanzar algo —replicó él con la voz áspera por la irritación y por que tener a Granger removiéndose en sus manos le estaba volviendo loco. Ideas obscenas y tórridas pasaban con su cabeza en relación a la muchacha y la sólida mesa de madera que había junto a ellos.

—¿Qué piensas hacer exactamente? —preguntó ella, inquieta y tensa, girando el rostro a medias hacia él para hacerse escuchar. Tenso, Draco alargó una mano derecha y sin dejar de sujetar con la otra la cintura de la chica, rodeó la mano de Hermione que sostenía la varita. Su intención era simplemente guiar la mano de la chica para ejecutar correctamente el movimiento, pero por alguna razón, se quedó estático en esa posición. Ella tampoco se movía y permanecía totalmente rígida entre sus manos permitiéndole inhalar su maldito olor a caramelo que le abría un apetito voraz, apetito de ella. Estaban tan cerca que sus caderas y la parte superior de su pecho rozaban el trasero y los hombros de la chica que le irradiaban su calor a través de la tela de su pijama como un manto invisible.

Le costaba horrores respirar y en su mente se sucedían una serie de pensamientos que deberían estar prohibidos.

Hermione por su parte, estaba tan tensa que los músculos le dolían por la excesiva rigidez. Le sentía e intuía a su espalda, casi envolviéndola con su cuerpo y su brazo derecho, mientras las sostenía posesivamente por la cintura con su otra mano. Allí donde él la tocaba, sentía un insoportable y retorcidamente placentero cosquilleo que le aceleraba la respiración y el ritmo cardíaco y le calentaba la sangre. Se sentía expectante y a la vez anhelante de algo, e increíblemente nerviosa. De no haber estado tan tiesa, posiblemente estaría temblando. No era capaz de recordar la última vez que se había sentido así, de hecho, casi podría decir que nunca había tenido una sensación tan... sensual.

Cuando Malfoy habló, sus palabras sonaron increíblemente ásperas junto al oído de Hermione y su aliento le provocó una sensación tan potente como si la hubiera tocado algo corpóreo.

—Se hace... —pronunció con dificultad y la mano que rodeaba la de la chica, se movió rígidamente, realizando una floritura especialmente complicada con la varita —así.

Ni bien la última vibración de la "i" se apagó en el aire, Draco no pudo soportarlo más y apretó los labios contra la curva del cuello de la chica que desde la posición en la que se encontraban le quedaba expuesta. Después la aferró con ansiedad con ambas manos por las caderas, oprimiéndola con la presión de sus dedos y pegándola más a su cuerpo.

Sentía el impulso incontrolable de tocarla, estrujarla y estrecharla contra él, de hundir los dientes en su cuello y los dedos en su tierna carne. La sujetaba con fuerza, temiendo que ella intentara liberarse o apartarle, pero Hermione no hizo ni el intento. Cuando sintió los labios de Malfoy presionando, rozando y vagando por su cuello, se convirtió en el acto en el equivalente a una muñeca de trapo, laxa, sin voluntad o intención de resistirse, un juguete entre sus manos incapaz de oír el sonido de su varita cayendo al suelo.

Ahogó un gemido –a partes iguales de protesta y placer –cuando Malfoy la giró con brusquedad entre sus manos para que quedaran frente a frente –o más concretamente cuerpo a cuerpo— y cuando él la besó desenfrenadamente, su parte racional que hasta el momento no había hecho ni intento de aparecer por su mente, desapareció totalmente ante la pasión del beso.

Posiblemente para siempre.


Hola chicas!

He actualizado más rápido de lo normal, pero es para compensaros por la espera del capítulo anterior y porque tenía ganas xD Este finde semana ha sido productivo básicamente porque como no he podido salir debido al festín que se estaban dando mis ovarios, aproveché para adelantar bastante el trabajo y escribir un capítulo y medio. Además el capítulo ha sido extralargo, pero no podía cortarlo xD espero que no se os haya hecho pesado. Veamos, la poción para dormir sin sueños de Hermione no funcionó demasiado esa noche así que Draco acudió a su cuarto para despertarla de nuevo -pero esta vez no tan a lo bestia xp- e incluso se disculpó con la chica cuando pensó que ella dormía mujajaja pero Hermione le escuchó. Después, como Kreacher envió a la mierda a Draco, ahora el pobre tendrá que buscarse la vida si pretende comer y aunque ha podido robarle el desayuno a Hermione, ha terminado haciendo un trato con ella para que le enseñe a cocinar. Así que chicas, sí, en el próximo capítulo veremos a Draco con delantal. Pero lo más importante...a cambio Draco le ha dado clases particulares a Hermione de magia negra y parece que de algo más xD el chico está muy revolucionado y ella no parece quejarse...mujajaja Veremos que pasa en el siguiente.

Los horrocrux son seis, porque Voldemort dividió su alma en 7 partes. 6 las guardó en los horrocrux y la última está en su cuerpo ;) A veces me lío pensando que son siete pero si no me equivoco son 6+Voldemort.

En cuanto a la historia, aún no sé cuanto durará, pero me gustaría que fuera más corta que Lija y Terciopelo, entre otras cosas porque sino tendré que hace un parón largo en verano cuando me vaya a Irlanda!

Y creo que eso es todo :) Muchísimas gracias por vuestro apoyo y los reviews :)!

En especial a las que me escribieron en el chapter anterior:

Alejandra1, estefi, NiTa, tifanny, chepita1990, ana karen malfoy, Karenzita, Lna, Valeeh, Vero Felton mx, NyaShahar, gala zoel, englandlove, Autogestion (supe que eras tú porque como se llama así también tu flog ;), pekelittrell, Karinita1919 (que bueno saber de ti!), Xgirl1, maria, mariapotter2002(felicidades por lo de tu examen!), Barbara Nakamura, SandritaGranger, Maki, Veroli, monica, Galletaa, oromalfoy, Silver-plated, Merodeadora-Chii, Esmeralda, ., millicentgranger, Amarissima, Emily Dumbledore, Yezzie, Kapu Way, PauMalfoy, Itsa, Nimue Tarrazo, Chibi Naruky, Andrux, Nayade, Lyann Jade, AdiFelton, Taniz, Soerag Malfoy, danymeriqui, Arisa 39, Tanaril, yanhira, Dubhesigrid, Amber Nixie, micropuff y Clover Potter.

Gracias, gracias y más gracias!

Con mucho cariño, Dry!

Pd: Click a "Go" para que Draco (o X) te dé clases particulares como las que le ha dado a Hermione mujajaja