o0o Recomendación Musical: Contigo - Joaquin Sabina
Capítulo 24: Fin del verano (Editado)
Hermione se aferró al hombro de Malfoy con su mano buena, pero era más por una necesidad de tocarlo que por mantener el equilibrio ya que él la sujetaba por la espalda con tanta fuerza que le hubiera sido imposible moverse un milímetro fuera para alejarse o para acercarse más. Con su otra mano, sostenía la nuca de Hermione, impulsándola hacia él para tener pleno dominio de su boca, profundizando el beso todo lo humanamente posible. La hostigaba con su lengua, provocándola e incitándola a seguirle. Esa vez Granger no era tímida y vacilante, no respondía sutilmente, como si tuviera miedo de aventurarse demasiado, si no que lo hacía con un ímpetu que poco podía envidiar al suyo propio y no hacía más que alimentar y avivar más y más su propia locura.
Cuando ella soltó un gemido en su boca, Draco hubiera podido arrancarle en el acto su antierótico y casto pijama, y tal vez el presentimiento, el inicio del descenso de la mano que él tenía en su espalda o el aumento de la presión en su nuca fuera lo que la asustó y devolvió bruscamente a la fría y desnuda realidad.
Dejó de responderle y trató de apartarse desesperadamente. Él la sujetaba tan firmemente que le resultó difícil percatarse de su resistencia y de que estaba golpeándole en el pecho con su mano buena, tratando de librarse de él. Draco tardó unos segundos en reunir el suficiente autocontrol para soltarla y cuando lo hizo, la liberó con tanta brusquedad que la chica casi perdió el equilibrio.
Hermione se aferró al borde de la mesa, logrando estabilizarse, mientras trataba desesperadamente de recuperar el oxigeno, un ritmo cardíaco saludable y su cordura transitoriamente perdida. Se atrevió a mirar a Malfoy y lo que vio en sus ojos grises la asustó.
Deseo y furia a partes iguales. Estaba claro que a él no le había gustado un pelo que ella hubiera querido poner fin al beso –si es que esa palabra podía acotar lo que habían hecho –.
—Esto está mal — susurró con voz chillona y estrangulada. Había sentido la necesidad de decírselo a él tanto como a ella misma, tal vez para ver si así era capaz de sentirlo.
Draco sintió tantos deseos de estrangularla como de volver a besarla, y no sabiendo cual predominaba, decidió quedarse quieto. "Esto está mal", esa debería ser su maldita frase, no la de ella.
No podía responderle como lo había hecho y después apartarse sin más si pretendía llegar a la veintena. Él ni siquiera podía pensar con claridad aún, por no hablar de la dolorosa frustración que experimentaba cierta parte de su anatomía. En ese momento le importaba un pimiento si que ellos dos se besaran estaba bien o mal.
Temerosa de la reacción de Malfoy, Hermione decidió largarse cuanto antes a un lugar seguro donde analizar y racionalizar lo que acababa de ocurrir, si es que eso era posible. Rápidamente, recogió su varita del suelo y se dio media vuelta dispuesta a marcharse a toda velocidad, pero la voz de Malfoy la golpeó como un latigazo, deteniéndola en el acto.
—¿Huyes? ¿Te vas a la biblioteca a esconder la cabeza? —preguntó con aspereza.
Hermione se sintió tan ofendida como asustada ante las palabras de Malfoy, así que finalmente, se volvió hacia él.
—A mí me gusta Viktor —declaró como si fuera suficiente explicación para todo, aunque eso no se lo creía ni ella.
—Me importa un bledo —espetó Draco, colérico.
Hermione abrió la boca para decir algo, aunque no tenía ni idea de qué, pero un pensamiento repentino hizo que la cerrara en el acto. Draco Malfoy no le estaba montando una escena de celos y acababa de comprender por qué la había besado. No sólo esa vez, también las anteriores y además ahora sabía por qué en ocasiones era amable con ella. Las piezas del puzzle Malfoy volvían a encajar a la perfección, de acuerdo con todo lo que ella siempre había sabido de él.
Él siempre había sido popular con las chicas. Aunque su chica "oficial" fuera Parkinson, Hermione sabía de la existencia e inclusivo le había llegado a ver con alguna más. Y no sólo de Slytherin.
Si contaba el tiempo que llevaba huido de Hogwarts con el que llevaba encerrado en Grimmauld Place sumaba al menos un par de meses sin chicas cerca. Y tenía toda la pinta de seguir así una buena temporada. Ella era la única que tenía a mano, razón por la cual había decidido bajar su listón y conformarse, después de todo si quería satisfacer apetitos, no tenía más remedio. Del mismo modo que había acabado comiéndose su orgullo y aceptando la comida que la Señora Weasley había hecho los primeros días o aceptado que le enseñara a cocinar, lo había hecho con respecto a ella. Había decidido que en vista de que no había nada más, podría resignarse a consolarse con ella. Aunque sangre sucia, pelo de escoba y dientes largos era mejor que nada, ¿no?
Casi podía imaginarse todos sus pensamientos en la boca de él. Iba prodigándole pequeñas muestras de fingida amabilidad o ternura aquí o allá, a fin de ablandarla, de lograr que bajara la guardia para luego obnubilarla con sus besos y conseguir de ella lo que quería: usarla mientras no encontrara nada mejor.
Ahora entendía por qué se había disculpado por llamarla sangre sucia como si realmente lo sintiera y se había quedado con ella hasta que había logrado dormirse. Qué ingenua había sido.
Él la había insultado, vejado y maltratado siempre que había podido durante años. Ni un solo gesto había tenido en seis años como los que llevaba teniendo desde que estaba en Grimmauld Place y ahora le encontraba el sentido. Era una auténtica estúpida.
Y pensar que había llegado a creer que Draco Malfoy tenía corazón.
Draco sintió que estallaba de furia cuando vio cómo ella le miraba, pensando Merlín sabía qué. Le clavaba los ojos como si fuera él quien la había injuriado gravemente y no al revés.
—¿Y ahora qué coño te pasa? ¿Por qué me miras así? —preguntó a bocajarro.
—Pasa que acabo de entenderlo todo —replicó ella con la voz cargada de reproche —En realidad yo no te atraigo en absoluto, pero como soy la única chica que tienes a mano has decidido conformarte conmigo, ¿no? Ahora que no hay nadie más soy lo suficiente buena para ti, ¿no? Después de haberme despreciado e insultado durante años.
Draco apretó los dientes, furioso tanto con ella como consigo mismo. Con ella por haber adivinado con tanta facilidad el escudo que él mismo había elaborado para justificarse, con él por comprender al oírlo de su boca que no era cierto. Esos sentimientos unidos a la impotencia, a sus deseos frustrados y a la certeza de que la repelente Hermione Granger le importaba demasiado, hicieron una mezcla explosiva.
—Exacto, sabelotodo —respondió con indiferencia. Quería hacerle daño, que se sintiera tan despreciada y humillada como se sentía él, y por supuesto, que Granger jamás llegara a intuir sus verdaderos sentimientos ni de lejos. Le había proporcionado la excusa perfecta para sus comportamientos, y aunque él no pudiera creérsela, sí podía lograr que ella lo hiciera.
Sólo había algo peor que estar enamorándose de una sangre sucia: que ella lo supiera.
—Eres despreciable —dijo Hermione, tratando de ocultar lo dolida que se encontraba. Podía sentirse usada, ridícula y destrozada por dentro, pero no pensaba permitir que él lo notara —pero eres tú quien está solo, yo tengo a Viktor.
Si su querido Viktor hubiera estado allí en ese momento, Draco lo hubiera cosido a golpes. Odiaba a ese troll con escoba porque ella siempre tenía su maldito nombre en la boca. Por eso, cuando vio que Hermione pretendía salir de la cocina dando por zanjado el asunto, sintió el perverso deseo de no dejarla marchar meramente para castigarla y hacérselo pasar mal.
—¿A dónde crees que vas? Tienes que cumplir tu parte del trato, ¿o es qué tienes miedo de que te coma? Si necesitas ir a lloriquear a alguna parte, puedes usar la despensa, yo te esperaré aquí.
—Ni lo sueñes —respondió ella, iracunda. Lo que más deseaba era perderle de vista –para siempre a poder ser –pero no iba a permitir que él la humillara por ello. Si quería aprender a cocinar, ella le enseñaría sin ningún problema porque él no le importaba ni afectaba en absoluto.
—Bien —dijo guardándose la varita en el bolsillo de su pijama y acercándose a la cocina, totalmente indiferente a la cercanía de Malfoy —¿Por qué empezamos? ¿Huevos fritos tal vez? Así podrás desayunar algo tuyo la próxima vez. ¿Ves eso? —dijo con malicia, señalando un delantal de cuadritos blancos y azules con el dibujo de un gallo de colores en la parte de arriba —yo que tú me lo pondría.
Draco puso cara de haber chupado un limón al observar la prenda.
—No pienso ponerme eso ni aunque me echaras un imperius —dijo con desprecio.
Hermione sonrió secamente, apoyándose en la encimera de la cocina.
—Yo que tú me lo pondría si no quieres manchar tu cara camisa de aceite.
—¿Aceite?
—Sí, el aceite puede saltar y entonces...
—Ya lo he pillado —la cortó él con sequedad. Era evidente que Granger se lo estaba pasando de vicio torturándole pero debía ser práctico. Kreacher ya no le lavaba la ropa y no podía permitirse ensuciar una camisa cada vez que cocinara algo. Con expresión de asco y odio hacia lo injusto que era el mundo con él, Draco cogió el delantal que había colgado de un gancho de la pared con las puntas de los dedos, tratando de reducir al mínimo el contacto. Los elfos domésticos no usaban delantal, pero su excéntrico tío Marcus solía llevar uno encima de su bata de dormir, así que Draco sabía más o menos como ponérselo. Cogió aire más cercano a llorar que en semanas y se pasó el delantal del más puro estilo leñador metrosexual por la cabeza.
Hermione no hizo ningún esfuerzo por contener la risa.
—Te sienta realmente bien, Malfoy, un leñador amo de casa.
—Te voy a... —pero Draco tuvo que contener su impulso de estrangularla porque si lo hacía, en un futuro próximo se moriría de hambre —¿Y ahora qué? ¿Esto va con algún gorro ridículo o algo por el estilo?
—Podría combinarse, pero me temo que no tenemos ninguno —dijo la chica con pena, examinado el aspecto de Malfoy. Aunque se veía el ridículo por el contraste entre el hortera delantal y la sobria elegancia de su camisa y pantalón negros impolutos, Hermione debía reconocer que si a alguien podía sentarle medianamente bien esa cosa que tenían por delantal era a él, y le odió por eso —Ahora ve a por huevos, están en la despensa.
La siguiente media hora fue una auténtica prueba para los nervios de ambos. Malfoy no era capaz de cascar el huevo en el borde la sartén y arrojarlo dentro, sino que al parecer prefería eliminar intermediarios y freír el huevo directamente sobre el fogón. Aunque Hermione lo encontraba divertido, también era irritante darle indicaciones y que a él le entraran por un oído y le salieran por el otro. Al final, Hermione le dio un plato hondo y le dijo que cascara y echara el huevo ahí, antes de arrojarlo a la sartén. Eso pareció funcionar pero cuando llegó el momento de echar el huevo a la sartén, Malfoy lo hizo tan bruscamente que parecía que el plato le quemaba en las manos y arrojó parte de la clara en el fogón. Hermione le chilló, él la mandó a la mierda y el huevo empezó a freírse. A los pocos segundos, la clara del huevo comenzó a formar algunas pompas de aire que al estallar disparaban aceite en varias direcciones con los consiguientes juramentos en intento de esquivarlos de Malfoy. Finalmente, el chico se parapetó detrás de la castaña sin dejar de maldecir una y otra vez.
A la chica le llevó un buen rato convencerle de que el aceite no mataba a nadie y de que volviera junto a la sartén que estaba empezando a quemar el huevo. Para cuando al fin lo logró, la clara del huevo estaba por completo dorada, frita y crujiente, y después del conflicto que supuso sacarlo de la sartén, Malfoy aseguró que preferiría comerse una mano antes que probar eso.
—Pues es tu problema —le espetó frustrada y harta —Yo te he explicado cómo hacerlo pero eres un inútil y un cobardica. ¿Tú te llamas mortífago y le tienes miedo a un poco de aceite caliente?
—Quema —replicó él entre dientes —además tú eres un desastre enseñando a cocinar y estoy seguro de que no se te da nada bien freír uno de esos huevos del demonio.
—Si intentas provocarme para que te prepare uno, lo llevas claro, Malfoy. No pienso perder más tiempo contigo, en la despensa hay libros de cocina. Si crees que no soy capaz de enseñarte a cocinar, inténtalo tú mismo por tu cuenta.
Draco sospesó si le interesaba más fastidiarla y seguir obligándola a "enseñarle" a cocinar o hacerlo por sus propios medios y demostrarle que era una cocinera y maestra pésima. Si la obligaba a seguir cumpliendo su parte del trato tendría que soportar que le chillara, diera ordenes y le recordara lo inútil que era cocinando, y ya era bastante humillante tener que prepararse su comida como para encima aguantar eso. No la necesitaba, aprendería por su cuenta y después le daría en las narices con su habilidad culinaria. Después de todo, no todo podía ser tan difícil como freír un jodido huevo.
—Seguro que un libro es mucho mejor maestro que tú —le espetó con desdén.
—Espero que sí, porque sino me temo que te morirás de hambre —replicó ella, altaneramente —Suerte y procura no quemar la cocina —y dicho eso salió de la cocina con la barbilla apuntando al techo.
Hermione entró en su habitación y cerró de un portazo tan brusco que Crookshanks maulló en señal de protesta. La chica sólo hizo una mueca y se dejó caer pesadamente sobre su sillón, mientras el gato se subía a sus rodillas.
Se sentía tan...no sabría ni decirlo. Su interior era un auténtico caos y eso la irritaba. Las manos aún le temblaban, ambas. No era capaz de coger una servilleta con su mano derecha pero sí le podían temblar los dedos. Perfecto.
Todo por culpa de ese estúpido arrogante de Malfoy. Se sentía mortificada y se estremecía sólo de recordar el beso. Las veces anteriores apenas le había respondido, pero en esa ocasión lo había besado como si no hubiera mañana. No era capaz de entenderlo y siendo sincera, tampoco estaba segura de querer hacerlo. Algo en su interior, como una luz roja de alerta, la avisaba de que era mejor no indagar en ello.
Total, Malfoy no le interesaba en absoluto. Le había dicho que a ella le gustaba Viktor y era cierto. Viktor era un caballero, Malfoy un villano. Y Hermione no tenía el "síndrome del chico malo". Admiraba más la bondad que la rebeldía sin causa.
Ella quería un chico que la cuidara y la hiciera sentir bien, no un mujeriego a quien le importaba un pimiento. La razón por la que sentía tanto rencor hacia Malfoy por ser un seductor no tenía ninguna importancia. Simplemente, a ella no le gustaban las personas que se aprovechaban de los demás, y eso es lo que él hacía.
Pero no era eso por lo que se sentía tan dolida. Se sentía engañada y traicionada porque había empezado a confiar en él, porque había empezado a pensar que era diferente a como había creído todos esos años. Pero por supuesto, se había equivocado.
Él sólo quería usarla como un mero objeto para satisfacer sus necesidades, como si fuera una más de esas muchachitas que lanzaban suspiros y sonrisillas tontas cada vez que él las miraba. Como un pañuelo: de usar y tirar.
¿Se suponía que debía sentirse halaga por que él quisiera utilizarla mientras no encontrara nada mejor? Seguramente según él, sí. Con toda probabilidad, en su retorcida mente consideraba un auténtico honor que un sangre limpia se fijara en una hija de muggles aunque fuera para que le limpiara los zapatos.
No es que hubiera pensado que él pudiera sentir algo por ella –la sola idea era ridícula y le producía escalofríos –pero había llegado a pensar que tal vez él...la encontraba...interesante. Un miembro del sexo opuesto simplemente.
Bueno, a decir verdad, eso sí era cierto. La consideraba un miembro del sexo opuesto, el único. Podría decirse que él estaba en la fatídica situación en la que todas las mujeres se habían extinguido y sólo le quedaba ella. Se tenía que conformar con eso.
Pero ella no y no pensaba hacerlo. Si Malfoy había pensando que se caería rendida a sus pies en cuanto chascara los dedos, lo llevaba claro.
Maldita mujer. Draco rebuscaba en la despensa, apartando con violencia los alimentos que no necesitaba mientras murmuraba entre dientes mil maldiciones e insultos hacia su querida Granger.
Dejar las cosas en el punto en que ella las había dejado, debería estar prohibido. Estaba seguro de que era malo para su salud, tanto física como mental.
Toda la culpa era de ella, él no tenía nada que ver. Por supuesto era una víctima de su jodido olor, del tacto de sus labios, del sabor de su boca. Ella le había provocado y él era humano, al final había caído en sus redes. Y ahora necesitaba una ducha fría.
Pero al mismo tiempo con su furia y su frustración, se entremezclaba algo más amargo. La conciencia de haber dado un paso en falso. Ahora Granger estaba convencida de que él era un cerdo insensible –y lo era –pero tenía la sensación de que eso le traería problemas en un futuro.
Sin embargo, lo importante era que había salvado su orgullo y que Granger ni se imaginaba lo que en realidad quería de ella. Quizás si lo supiera, se apartaría aún más de él.
Harry y Ron llamaron a la puerta, pero Hermione no les respondió. No obstante, sentían ajetreo en la habitación, como si su amiga estuviera moviendo cosas de un lado para otro. Los chicos intercambiaron una mirada, esperaron cinco segundos y finalmente abrieron la puerta.
Hermione estaba en la habitación, de espaldas a ellos, removiendo el contenido de una caja y arrojando uno tras otro, pequeños frascos de cristal que contenían una poción rosada a la papelera.
—Pero, ¿qué haces? —preguntó Ron anonadado.
—Es la poción para dormir sin sueños –dijo Harry asombrado —¿Es qué ya no tienes pesadillas?
—Sí que las tengo —respondió ella con voz extraña, aún sin volverse hacia ellos —pero estas pociones no sirven para nada. Esta noche volví a tener esos sueños.
Y frustrada, arrojó el último par de las pociones a la papelera, que cayeron dentro con el sonido de vidrio entrechocando. Después, se volvió hacia sus amigos y les miró con una expresión que decía a las claras que más valía que tuvieran alguna razón de peso para molestarla.
—Oye, ¿estás segura de que eso ha sido una buena idea? —inquirió el pelirrojo —Todas esas pociones...
—No sirven —puntualizó la chica con frialdad —sólo valen para ocupar espacio.
—Entonces tal vez deberíamos ir a San Mungo a por pociones más potentes —sugirió Harry.
—Sí, podemos hacerlo antes de ir a La Madriguera...
—¿La Madriguera? —inquirió Hermione con algo de indiferencia. En ese momento le importaba un comino Berta Jorkins, la Madriguera o lo que quiera que le pasara al mundo.
—Sí, Ginny se marcha mañana a Hogwarts así que mamá ha decidido hacer una cena en casa para despedirla. Vendrán los gemelos, y Bill y Fleur.
Hermione guardó silencio. Se le había olvidado por completo que el día siguiente era 1 de Septiembre. El verano se había acabado demasiado deprisa y Hermione sintió una punzada de nostalgia al pensar que ya no volvería al colegio.
Agitó la cabeza y trató de pensar en otra cosa.
—Por mi vale —dijo —Por cierto, ¿habéis descubierto algo sobre Bertha Jorkins?
—Aún no —respondió Harry algo desanimado —pero el Señor Weasley ha prometido hacer algunas averiguaciones. ¿Qué tal todo por aquí? ¿Has hablado con Malfoy?
—¿Con Malfoy? —preguntó Hermione tensa y su voz sonó más agresiva de lo que le hubiera gustado —¿Por qué? ¿De qué tendría yo que hablar con ése?
Harry miró a Hermione, confundido, después abrió la boca.
—Ibas a preguntarle si conocía algún hechizo destructor de magia negra, ¿no?
—Ah, eso —Hermione sintió el impulso de golpearse la frente por su estupidez, pero se contuvo —me ha enseñado un par de hechizos pero yo no puedo hacerlos con la zurda.
—Si nos dices cómo hacerlo, tal vez nosotros podamos —apuntó Ron, Harry seguía en silencio, observando a su amiga —podríamos probarlos con la copa antes de irnos.
—Sí, buena idea, vamos —dijo la chica y salió rápidamente de la habitación, rogando por que Harry no sospechara nada. Hermione y Ron subieron a la biblioteca, y unos segundos después apareció Harry con la copa envuelta en la camisa vieja y enorme de su primo Dudley. Posó la copa sobre la mesilla y la destapó después de que Ron sellara la puerta. Aunque no habían visto a Malfoy desde su regreso a Grimauld Place, cualquier precaución era poca.
Después Hermione, trató de hacer memoria y recordar las indicaciones de Malfoy. Recordaba sus palabras pero la ejecución práctica de los hechizos era más complicada. Había visto hacerla en el aire y sin varita, y ella no podía repetirla con la zurda. Además, tratar de recordar los movimientos, implicaba rememorar las manos de Malfoy sobre su cuerpo y eso lo dificultaba todo.
Luego de varias intentonas, Ron logró que salieran chispas granates de su varita y poco después Harry partió por la mitad un sillón.
—¡Eso es! —exclamó Ron emocionando viendo cómo ambas partes del sillón caían, cada una hacía un lado, revelando el interior de espuma —¿Cómo lo has hecho? ¿Así? —e hizo una finta en el aire con su varita. Harry asintió mientras reparaba el sillón, pero Ron lo rompió en el acto al lanzar el hechizo.
Hermione mientras tanto se alegraba de que sus amigos lo hubieran conseguido, aunque se moría de ganas por hacerlo ella también. No obstante, sabía que lo más prudente era no intentarlo. Ese hechizo destructor era muy potente, nunca lo había hecho y era una torpe con la zurda. Seguramente cortara a sus amigos en dos en lugar de dar a algún objeto de la biblioteca. Desanimada, se sentó en un puff a distancia prudencial de sus amigos, mientras observaba cómo éstos ensayaban los hechizos una y otra vez, ganando en precisión y potencia a cada intento.
—Yo creo que ya lo dominamos bien, ¿no? —dijo Ron, animado —¿Probamos con la copa? Si esto no consigue destruir el horrocrux no sé que lo haría.
—Intentémoslo —asintió Harry mientras se alejaba de la mesita para tener un buen ángulo de tiro. Ron le siguió y ambos apuntaron a la copa reluciente con sus varitas.
—A la de tres —intervino la chica, deseosa de participar de algún modo, en lugar de limitarse a ser una simple espectadora —uno, dos y ¡tres!
Dos potentes y fluidos chorros de luz granate salieron disparados de las varitas de sus amigos e impactaron contra la copa. Se oyó un crujido por unos segundos, pero tanto la mesita como la copa parecieron intactos. Después la mesa de madera se agrietó y se derrumbó sobre la alfombra, arrojando la copa a los pies de Hermione. La chica la recogió y examinó esperanzada, pero estaba intacta.
Miró a sus amigos que la observaban con interrogación y negó con la cabeza, decepcionada.
—Vaya mierda —dijo el pelirrojo, desmoralizado —Ese es el hechizo más poderoso que conocemos y no le ha hecho un arañazo a la copa a pesar de que la mesita se ha roto sin que apuntáramos a ella.
—Yo me esperaba algo así —respondió Harry después de un silencio, observaba la copa que Hermione tenía en las manos con aire especulativo —En realidad, creo que debe existir algún hechizo únicamente para destruir el horrocrux igual que hay uno para crearlo.
—Todo hechizo o conjuro tiene su contra hechizo, excepto las maldiciones, Harry —terció la chica recordando las palabras del rubio.
—Pero que el horrocrux sea un elemento de Magia Negra no significa que sea una maldición necesariamente —replicó el moreno —La maldición es el Avada Kedavra que Voldemort lanza para matar a la victima y así fragmentar su alma. Pero después tiene que emplear algún hechizo para meter su alma en un objeto. Y estoy seguro de que existe un contrahechizo.
—Tiene sentido —murmuró Hermione, meditando las palabras de su amigo —El problema es que el horrocrux es magia tan oscura que los libros apenas se atreven a tratarlo, así que no sé donde podríamos encontrar su contrahechizo.
—Tiene que existir. Dumbledore lo usó, ¿no? —apuntó Ron. Harry y Hermione asintieron, pensando en silencio —¡Ostras! ¡Mirad que hora es! Debemos irnos ya si queremos pasar por San Mungo y llegar a la Madriguera a una hora decente. Mi madre nos matara si llegamos tarde.
Después de ocultar la copa, los tres amigos salieron de la casa sin ver a Malfoy. No obstante, al pasar por el hall, escucharon el ruido proveniente de las cocinas, como de cacerolas chocando y después una serie de juramentos.
Al salir, pasaron por San Mungo y los medimagos le dieron a Hermione una docena de pociones para dormir sin sueños de las más potentes que poseían. La chica no estaba muy convencida de que fueran a dar resultado, pero era vital que lo hicieran. No quería que Malfoy entrara en su cuarto para despertarla nunca más.
Se aparecieron en La Madriguera cuando ya casi había anochecido. La Señora Weasley les abrió la puerta, llevando un delantal con el dibujo de un frutero que a Hermione le recordó la escena de horas atrás con Malfoy y su humor se agrió un poco más. Molly abrazó y examinó a todos detenidamente –parecía temer que murieran de inanición en Grimauld Place –y se detuvo especialmente con Hermione.
Mientras Harry y Ron saludaban al resto de los Weasley y a Fleur, la Señora Weasley llevó a Hermione aparté y le puso una mano en el hombro.
—¿Cómo te encuentras, querida? —le preguntó mirándola a los ojos de un modo que hizo a Hermione sentirse incómoda.
—Bien —respondió evasivamente. Sólo hacía un par de días que no veía a la Señora Weasley pero ella la observaba como si pensara que su cara iba a volverse azul de un segundo para otro o algo por el estilo.
—¿Harry y Ron te cuidan bien? Les he dicho que eviten que hagas cualquier esfuerzo, pero si ellos...
—Todo está bien, señora Weasley —la apaciguó Hermione con tono cansado. Se sentía algo abrumada por las atenciones que todos le prodigaban desde que había despertado en San Mungo.
—Está bien —cedió Molly, aunque no parecía muy convencida —¿Y cómo está Malfoy?
Hermione se puso tensa y sintió el impulso de preguntarle por qué la interrogaba a ella sobre Malfoy, pero logró contenerse a tiempo.
—Como siempre —respondió prudentemente. Justo en esos instantes, apareció la melena pelirroja de Ginny para salvarla del interrogatorio de su madre.
—Mamá, déjala tranquila un rato, ¿quieres? Acaba de llegar y los demás también queremos saludarla.
Ginny saludó a Hermione con un beso y tomándola por su brazo bueno, la arrastró hacia la mesa en la que ya estaban sentados el Señor Weasley, Bill y Fleur Delacour. Hermione, como siempre, procuró no mirar descaradamente a Billy, pero le resultaba difícil. Su rostro había quedado desfigurado después del ataque de Greyback. Tenía unas cuantas cicatrices y una enorme hendidura debajo de un ojo, que le daban un leve aire más cercano a Ojoloco Moody que al antiguo Bill. No obstante, cuando saludó a Hermione con una sonrisa brillante, ella la reconoció de inmediato y se sintió más relajada. Seguía siendo Bill, y a juzgar por el modo en que Fleur se enroscaba con su brazo felizmente, ella pensaba lo mismo. Para terminar de completar el cuadro, Fred y George aparecieron en el comedor con sus trajes de piel de dragón y maletines a juego. Bill sonrió, el Señor Weasley puso cara de situación y Ginny rodó los ojos.
—¿Es necesario que vayáis con esos maletines a todas partes? —les preguntó la pelirroja, exasperada —Desde que abristeis Sortilegios Weasley, veo más a los maletines que a vosotros.
—Eso es difícil, considerando que nunca los sueltan —bromeó Bill.
—Somos hombres de negocios —respondió George dándose aires.
Fred colocó su maletín sobre la mesa y lo abrió, mostrando un surtido de diferentes productos de la tienda.
—Siempre llevamos un surtido básico de Sortilegios Weasley a todas partes —añadió Fred con aire eficiente y ante la mirada ceñuda de su madre, añadió —Todos sois clientes potenciales.
Molly aumentó el ceño y George mostró una sonrisa encantadora.
—Pero para ti todo es gratis, querida madre.
—Quitad esas tonterías de la mesa —repuso la Señora Weasley espantando el maletín con un ademán —es hora de cenar.
Todos comieron con gran apetito –especialmente Harry y Ron –mientras hablaban de diversos temas. El Señor Weasley les contaba a Harry y Ron que había hablado con Ludo Bagman para preguntarle acerca de Jorkins, pero no había obtenido demasiada información.
—Ni siquiera recordaba con claridad a qué país se había ido Bertha —se lamentó el Señor Weasley —me aseguró que estaba casi convencido de que se trataba de Lituania, cuando aún hay carteles de Se Busca por la oficina donde dicen que fue vista por última vez en Albania.
En el otro extremo de la mesa, Fleur estaba sumida en una disertación acerca de las maravillas de Beauxbatons y las carencias de Hogwarts, a la que sólo Bill parecía prestar atención. La Señora Weasley interrogaba a los gemelos sobre algún "artilugio de los suyos" que según los rumores rozaba la ilegalidad, y Ginny y Hermione cenaban, cruzando unas palabras de vez en cuando.
Hermione estaba demasiado cansada y afectada por todo lo que había sucedido ese día para hablar demasiado, pero no se le escapaba que Ginny tampoco estaba de mucho mejor ánimo. Lanzaba miradas furtivas a Harry, llenas de anhelo y tristeza, y la castaña sabía que eran porque posiblemente no volvería a verle hasta Navidades. Deseó que Ginny y ella estuvieran en otra parte donde tuvieran intimidad para tener una larga charla, pero la abarrotada mesa no era un lugar apropiado para hacerse confesiones.
Cuando casi todos los platos de la mesa estaban prácticamente vacíos, Bill y Fleur se levantaron y anunciaron que era hora de irse. La Señora Weasley trató de disuadirles de que se quedaran a dormir, pero el matrimonio rehusó la invitación y después de despedirse de todos, salieron por la puerta trasera y se desaparecieron en el jardín de los Weasley.
Si bien su hijo mayor presente y su nuera habían logrado escapársele, la Señora Weasley no pensaba permitir que pasara lo mismo con el resto de sus invitados. Logró convencer –o más bien, obligó –a los gemelos y a Harry, Ron y Hermione a quedarse a dormir, bajo el pretexto de que era muy tarde y sugirió que al día siguiente fueran todos a Kings Cross a despedir a Ginny. Como el Callejón Diagon y Grimauld Place estaban cerca, ninguno rehusó la oferta y se quedaron hasta bien pasada la medianoche charlando a la mesa. Después, la Señora Weasley envió a todos a la cama y Ginny y Hermione se retiraron a una habitación.
La pelirroja se dejó caer sobre la cama y miró a su amiga.
—Bien, suéltalo —–dijo sin más. Hermione aún tuvo suficiente energía para tratar de disimular.
—¿El qué?
Ginny entornó los ojos y se apoyó sobre los codos.
—Lo que te pasa. Has estado más callada que el Barón Sanguinario esta noche. Ni siquiera dijiste nada cuando Fred y George mencionaron la posibilidad de contratar algún que otro elfo doméstico para que les ayudara con la tienda.
—¿Qué dijeron qué? —preguntó Hermione frunciendo el ceño.
—A buenas horas reaccionas —resopló la pelirroja —y ahora cuéntame qué te pasa.
—Preferiría que habláramos de ti.
—Yo no tengo mucho que contar. Quiero a Harry pero no puedo estar con él, mañana me marcho a Hogwarts y es posible que pase meses sin verlo. Fin de la historia. No es demasiado interesante. Ahora tú.
—Bueno... —Hermione ahuecó uno de los cojines de su cama, distraídamente –yo tampoco tengo demasiado que contar.
Ginny le lanzó una mirada suspicaz y Hermione dejó caer el hombro con un suspiro.
—Malfoy me besó —dijo sin ambages —y me gustó.
Hola chicas!
He procurado ser puntual y hacer un capítulo larguillo. Siento el retraso pero ayer no tuve tiempo de nada y hoy tenía el día vago, así que me lo ha pasado haciendo nada xp Veamos, analizando el capítulo, Hermione se apartó de Malfoy cuando el chico empezó a emocionarse y le dejó a dos velas al pobre. Después, se imaginó que Malfoy sólo quería utilizarla, y por si las dudas, él se lo confirmo -el muy zoquete -así que podríamos decir que se ha abierto una escisión aún más grande entre esos dos. Después ahí está la esperada escena de Malfoy en delantan y friendo un huevo xD no he querido extenderme demasiado por qué ya me parecía bastante subrrealista así xp espero que os haya gustado porque yo lo pasé muy bien escribiéndola :)
Después, Harry y Ron regresaron de sus pesquisas sin demasiado novedad y trataron de cargarse el horrocrux pero están como al principio. Sólo digo que la teoría de Harry es cierta -al menos dentro de este fic- es decir, existe un contrahechizo, a ver cuando lo descubren :) Y por último, se han ido a cenar a la Madriguera para despedir a Ginny, se han quedado a dormir y Hermione le ha confesado que Malfoy la ha besado mujajaja. ¿Qué le dirá la pelirroja?
Eso es todo por esta vez ;)
Qué más...ayer fue la entrega de premios, muchas gracias por los ánimos :) La verdad es que todos fueron muy amables y vinieron a verme un montón de amigos -menos mal, porque estaba hecha un flan y no paraba de hacer comentarios que no debería con los miembros del jurado. Un consejo, si los miembros del jurado os preguntan que tal amablamente no digáis¡Cagada! -me hicieron un par de entrevistas y tantas fotos que no sabía donde mirar.
Respecto al titulo del fic, no podría decir que sea por algo concreto. Sino por todas las referencias a los sueños y a dormir de nuestros protagonistas. Ambos tienen sueños, pesadillas y se encuentran dormidos. Es algo importante en la historia por eso lo escogí como titulo. Yo quería decir "Duerme" en imperativo, pero no sabía como narices se decía en latín T.T así que lo tuve que dejar en Dormiens, que equivale a dormido según tengo entendido. Pero me viene bien, por algo que pondré al final de la historia (sí, ya lo tengo pensado y todo xd).
Otra cosa. Harry, Ron y Hermione intentan por todos los medios que Malfoy no sepa nada de los horrocruxes, lo cual me parece coherente con el sexto libro, considerando que Dumbledore le recomendó a Harry que sólo se lo contara a sus dos amigos. Si no se lo ha confesado a nadie de la Orden del Fénix –ni siquiera a la Señora Weasley xd –no va a decírselo a Malfoy, que es su enemigo. Así que Malfoy tendrá que conformarse con cocinar o lo que sea, pero no puede irse con ellos a Albania (lo cual no quiere decir que se vaya a quedar sólo en Grimmauld Place mujajaja).
Después agradeceros todos los reviews recibidos en el anterior :Dry con ojillos: me han hecho mucha ilusión. Sobre todo por qué me pasé dos días sin internet T.T y cuando volví tenía la bandeja llena, que felicidad :) Mis gracias especiales para vosotras:
Chepita1990, Silver-plated, Sweet Nini, Maki, Micropuff, selegna, Emily Dumbledore, Galletaa, Pecosa Granger, Itsa, lxlgiselalxl, Sheccid Malfoy, gata2242, prettycherrystar16, PaolaDunkelheit, Valeeh, ana88, Karinita1919,peke littrell, oromalfoy, Agu Miglio, Sonylee, Amarissima, millicent Granger, Kapu Way, lunatica87, Jules, englandlove, , Nimue-Tarrazo, annkora, PauMalfoy, monmalfoy, unkatahe, lara evans, damari, vicky, Pajaro de fuego, Chibi oliva mía, peke 15, Sandrita Granger, Druscilla, maria, Autosugestion, Laura, Edoras, Tiffany, Marceps, Veroli, Andrux, Cielo Azul V :), Zorion, Duciitá, Amber, monica, Gabriella, Azuran Dark Angel, NiTa, Sekra, Adi Felton, Yanhira, Factium, Sakurita555, gala zoel, Dubhesigrid, Dysis, Elea, Arania, M. Mago, Ana Karen Malfoy, Noe, Sakura Granger, danymeriqui, taniz, Lyann Jade, magiky, karlila, Tanaril y kMi.
Muchas gracias a todas, las que me escribis y las que no. Por estar ahí, por apoyarme y por hacer que esto tire para delante :)
GRACIAS!
Con mucho cariño, Dry!
Pd: Click a "Go" para recibir un beso así de Malfoy (o X) con su delantal de cuadritos con el dibujo de un gallo de colorines (tengo ese delantal xp)
