Capítulo 25: Exstinctus anima (Editado)

Ginny Weasley parecía sufrir los efectos de un Petrificus Totallus, de hecho, a excepción de su mandíbula descolgándose, no se movió en absoluto. Hermione apartó los ojos de su rostro y se puso a hurgar en un agujero de la funda del cojín, tratando de calmar los nervios. Ahora Ginny le preguntaría si estaba loca o si lo del brazo atrofiado se le había extendido hacia el cerebro. Barajó muchas posibilidades, pero ninguna de ellas la preparó para lo que la pelirroja le dijo.

—Siempre he pensado que debe besar de maravilla —expresó, recuperando su aire desenfadado. Cuando Hermione se atrevió a mirar a su amiga, totalmente asombrada, vio que Ginny la observaba con una ceja alzada con picardía.

—Pero...no me has entendido bien, Ginny. ¡Es Malfoy! —dijo angustiada —¡Draco Malfoy!

—Deja de presumir de una vez —se burló la pelirroja.

—¿Pre...sumir? —repitió Hermione con un hilo de voz.

—Es un gilipollas arrogante pero es guapo –Ginny se encogió de hombros con naturalidad —Pero, ¿qué hay de Krum?

—¿Viktor? Lo mismo que antes, a mi me interesa él, no Malfoy —replicó, tensa.

—Hermione vas a cumplir dieciocho años y tu único amor está en otro país. Tienes derecho a divertirte un poco, ¿no crees?

—Ginny, ¿has bebido algo? —preguntó Hermione con recelo. No podía creerse que su amiga se tomara con tanta tranquilidad la noticia de que ella y Malfoy se habían besado considerando que se odiaban desde el día en que se conocieron —Estamos hablando de Draco Malfoy, es un prepotente, egoísta y abusón. Y me considera inferior por ser hija de muggles.

—Yo diría que no tan inferior. Después de todo te ha besado. Además, no te estoy diciendo que te enamores de él, sólo que vivas un poco el momento. Los chicos como Malfoy están bien para pasar un rato. De hecho, eso es lo más inteligente que una puede hacer cuando se trata de hombres —Ginny se tumbó, apoyándose en los codos con los ojos ensombrecidos de tristeza —pasarlo bien y ya está. No esperar ni querer nada más.

Hermione entendió que la pelirroja hablaba de Harry y se sintió peor. Ella era la única que sabía cuanto sufría Ginny por la ruptura, a pesar de que le había encajado con aparente tranquilidad y entereza. La pelirroja entendía los motivos de Harry para dejarla, pero eso no hacía que la situación fuera menos dolorosa. En silencio, Hermione se levantó y se sentó junto a Ginny, para acariciarle el pelo con la zurda.

—Cuando todo esto acabe...

—¿Y cuándo será eso? —preguntó Ginny con impaciencia —¿Dos meses? ¿Cinco años? Sé que voy a esperarle lo que haga falta, ¿no es lo que llevo haciendo toda la vida? Pero no soporto estar con él ni tampoco no estarlo.

Hermione se retorció, incómoda, al escuchar la última frase de su amiga.

—¿Cómo lo haces tú? —preguntó la pelirroja.

—¿El qué?

—Sobrellevar lo de Krum.

—Supongo que estoy acostumbrada —replicó Hermione, pensativa —Lo paso mal al principio, después todo vuelve poco a poco a la normalidad. Pero lo mío es diferente porque siempre ha sido así.

—¿Te ha escrito?

—Sí, hace unas semanas. Me dijo que volvería al final del verano y que tenía algo que preguntarme –Hermione casi se había olvidado de eso con todo lo que había sucedido en los últimos tiempos y se sintió un poco culpable. No obstante, se moría de ganas de ver a Viktor. Estaba segura de que cuando lo hiciera, dejaría de sentirse partida en todos y vería las cosas claras.

—Menudas dos estamos hechas —dijo Ginny tratando de darle un toque de humor a su voz —Yo enamorada de un chico que quiere salvar el mundo y tú de un jugador de quidditch mundialmente famoso que vive muy lejos. Y no olvidemos a Malfoy.

—Pues yo preferiría olvidarlo. Sólo quiere utilizarme —ante la mirada interrogativa de Ginny, añadió —Me lo ha dicho.

—Bueno, él es así —respondió la pelirroja sin darle importancia. Hermione frunció el ceño, irritada. ¿Era tan simple como eso? ¿"Él era así" y ya estaba?

—No pienso dejar que me utilice por que no tiene a nadie más —respondió, dolida.

Ginny miró a Hermione seriamente durante unos segundos y después sonrió enigmáticamente.

—Utilízale tú también y listo.

—Yo no soy así —respondió Hermione, enfadada. Se levantó de la cama de Ginny y se puso a apartar las mantas de la suya para después meterse dentro. No sabía por qué estaba tan enojada de repente, pero tampoco quería saberlo. Lo único que tenía claro es que las ideas de Ginny eran ridículas.

—Buenas noches, Ginny —dijo y apagó la lamparita, sumiendo la habitación en la oscuridad.

Ginny sonrió misteriosamente mientras se tapaba con las mantas.


A la mañana siguiente, la Señora Weasley las despertó y ambas amigas se reunieron en la cocina con Harry, Ron y los gemelos que bostezaban frente al desayuno. Después de desayunar, Molly les explicó que tendrían que ir en traslador hasta el Callejón Diagon. El ministerio estaba muy ocupado como para prestarle un coche a Arthur así que lo habían dispuesto todo para que usaran un traslador. En esa ocasión se trataba de un zueco de madera con tacos desgastados que había en medio del jardín.

Los Weasley, Harry y Hermione lo sujetaron a la vez, y unos segundos después aparecieron en medio del Callejón Diagon. Allí se despidieron de los Gemelos que se fueron a su tienda, maletín en mano, y tomaron el camino que llevaba hacia el Caldero Chorreante. Como el año anterior, el lugar estaba prácticamente desierto a excepción de un tipo con rostro demacrado y profundas ojeras, sentado en una esquina con la mirada perdida. A Hermione le recordó al tipo con el que había estado hospitalizada y sintió un ligero escalofrío al rememorar su estancia en San Mungo.

Al salir de la posada, fueron caminando hasta la estación de King Cross. Harry, Ron y Hermione acompañaron a Ginny y a su madre hasta el andén 9 y ¾, notablemente menos abarrotado que el año anterior. Todos sabían por qué era: muchos padres tenían miedo de enviar a sus hijos al colegio en esos tiempos, más ahora que Dumbledore estaba muerto.

No obstante, se encontraron a Neville Longbotton, Luna Lovegood y Ernie McMillan allí y charlaron un rato. Los tres iban a seguir su formación mágica en Hogwarts y les contaron cómo les había ido el verano. Después, cuando el Expreso empezó a dar los últimos pitidos de aviso, se despidieron.

Ginny y Hermione se abrazaron con fuerza, después la pelirroja hizo lo mismo con su madre y su hermano y por último se detuvo junto a Harry, titubeando. Hermione pudo ver el brillo de lágrimas en sus ojos cuando la pelirroja echó a correr hacia el tren después de haber dado un impulsivo y fugaz abrazo a Harry y susurrarle algo al oído.

Fuera lo que fuera lo que le dijo, Harry no abrió la boca en todo el camino hacia Grimmauld Place. Cuando entraron en la casa todo parecía tranquilo y no había rastro de Kreacher o Malfoy, pero en hall olía a comida. Olía a pasta cocida.

Ron y Hermione se extrañaron, pero Harry siguió de largo completamente indiferente y se fue derecho a su habitación.

—¿Crees que está bien? —preguntó Ron, observando las escaleras por las que había desaparecido con aire apenado.

—Lo estará —respondió Hermione con gesto triste —pero creo que le vendrá bien estar solo un rato.

—Sí, tienes razón. Iré a la biblioteca a seguir buscando cosas —y el hecho de que se ofreciera voluntario para respetar la intimidad de su amigo, era una muestra de cuanto lo apreciaba —¿Vienes?

—Ahora voy, antes quiero ver a Kreacher. Malfoy y él se han peleado o algo así y hace un par días que no le veo. Quiero saber cómo está.

—Pierdes el tiempo —dijo Ron negando con la cabeza mientras se marchaba escaleras arriba. Hermione suspiró y agarró el pomo de la puerta de la cocina. Bien sabía que estaba perdiendo el tiempo, pero no podía evitar preocuparse por Kreacher. Además debía de reconocer que estaba intrigada por saber cual era la razón por la que había dejado de servir a Malfoy –aunque estaba claro que ya había cambiado de opinión-.

Cuando abrió la puerta la cocina, un delicioso aroma a carne picada, salsa de tomate y pasta la invadió. Pero al descender los escalones, Hermione se quedó petrificada al comprobar que no era Kreacher quien estaba cocinando, sino Malfoy.

Frente a una olla burbujeante, sin delantal y rodeado de docenas de cacharos, platos y ollas desperdigados por el fregadero, la encimera y la mesa, todos manchados de comida –y a juzgar por el olor a quemado que desprendía alguno de ellos, lleno de algo carbonizado que una vez había sido comestible-.

Malfoy no llevaba el hortera mandilón, sino que vestía una de las antiguas camisas de los gemelos, de franela, a cuadros rojos y blancos y remangada hasta el codo, mostrando su blancos antebrazos y la Marca Tenebrosa en el interior de su muñeca izquierda. Se apartó el flequillo y miró a Hermione, aunque la chica no sabría definir que había en su mirada. Era una mezcla de prudencia, recelo y algo más.

—¿Dónde os metisteis anoche? ¿Os fuisteis a un hotel? —la interpeló él con aire casual, pero había algo oculto en su tono y en el gris de sus ojos, una ira latente —Puedes tirarte a San Potter y el Pobretón aquí si quieres, Granger, por mi no te molestes. Veo que el mal gusto te viene de fábrica.

Hermione abrió la boca y la volvió a cerrar ofendida. ¿Encima se atrevía a hablar de ese modo después de lo que había sucedido el día anterior?

Pero Malfoy sintió una fiera satisfacción al ver su reacción. Los tres se habían largado el día anterior sin molestarse en decirle que se iban. Muchos menos a dónde o cuando pensaban volver. No es que le importara un pimiento lo que hicieran o dejaran de hacer Potter y su acólito, pero había sido un tanto humillante y patético para él, reunir fuerzas parar ir al cuarto de Granger –para evaluar hasta que punto estaba enfadada con él –y descubrir que no estaba.

—No necesito tu bendición, Malfoy —respondió ella ofendida —En cuanto al mal gusto, creo que tienes razón, ya que por un momento respondí a tu beso. Pero descuida, ya me he purgado con bicarbonato.

Malfoy hizo una mueca y soltó la cuchara de madera con la que había removido los espaguetis que estaba cociendo en la olla. Antes de que Hermione pudiera prever sus intenciones, él la sujetó y la acercó a su cuerpo lo justo para que estuvieran a punto de rozarse. Hermione intentó liberarse, pero sólo logró que él hundiera más los dedos en su cintura, casi dolorosamente. Ofendida y frustrada, giró el rostro hacia un lado cuando él se inclinó hacia ella, de modo que la boca de Malfoy quedó cerca de su oído.

—Repite eso —le susurró él amenazadoramente —Podría hacer que te murieras de placer aquí mismo, ahora.

Todas sus palabras encerraban un reto y más que intimidarla, había algo en su voz, un timbre seductor que la incitaba a retarle. Pero Hermione no se dejó conmover. Si bien era cierto que se sentía incomoda y tensa al notar el calor de sus manos imprimiéndose en la tela de su jersey de punto y su respiración pesada y superficial cerca del oído, rozando ocasional y fugazmente su cuello como lenguas de aire caliente, las palabras dichas el día anterior aún seguían resonando en su interior.

"Utilízalo tú también" le había dicho Ginny. Pero ella no podía, no era capaz de tratar a las personas como objetos y tenía demasiada dignidad para permitir que se lo hicieran a ella. Malfoy sólo quería embaucarla para conseguir algo que Hermione no quería darle. Y la conciencia de que él no sentía ningún tipo de interés por ella más allá del hecho de ser una hembra de su especie, le dolía en el orgullo y hacía que se sintiera humillada.

—No eres para tanto —dijo con sequedad, atreviéndose a enfrentarse con la mirada gris y penetrante del chico. Apoyó su mano buena en el pecho de Malfoy para apartarle y no hizo caso del breve instante en el que notó los latidos del corazón del él golpeando contra su palma. Muy deprisa, como si ella le acelerara. Pero eso no era así, si había algo que le alteraba era la emoción de la caza, de jugar con ella y derrotarla —Ya sé lo que puedes ofrecerme y no me interesa.

Draco la soltó con reticencia, el rostro tenso e inexpresivo. Sabía que era mejor no presionarla en ese momento, pero sus instintos, sus miedos, lo impulsaban a no soltarla, a no dejar que se alejara de él. Tal vez se resistían porque sabían que no debería volver a tocarla en un tiempo. Porque Draco había evaluado los daños de la escena del día anterior: Granger estaba enfadada con él, y mucho. Y eso no era algo que se fuera a arreglar con un par de palabras o besos. Había perdido la escasa confianza que había empezado a depositar en él.

Recordó la sensación feroz pero reprimida que había experimentado dos noches atrás, cuando ella le pidió que se quedara. Era una sensación eufórica y orgullo posesivo porque había sentido que Granger le necesitaba. Y esa sensación le gustaba.

Pero ahora ya no iba a permitirse bajar la guardia con él. La había cagado, a pesar de saber que si hubiera vuelto atrás, se habría comportado de la misma manera. Al menos había logrado salvar su orgullo. Orgullo que estaba siendo golpeado por los pasos de Hermione alejándose de él.

La chica caminó decidida hasta las escaleras de las bodegas, pero se detuvo con un pie en el primer escalón y se volvió hacia él con expresión fiera.

—¡Y limpia todo esto cuando acabes! —le gruñó antes de marcharse dando un portazo.

Cuando la puerta de madera dejó de vibrar por el golpe, Draco soltó una maldición y se llevó las manos al pelo.


Harry no salió de su habitación durante unas horas. No sabía donde estaban Hermione o Ron, pero en esos instantes lo único que le importaba es que estuvieran lejos. No tenía ganas de contacto humano, de hablar o de fingir que estaba bien. Cuando se asomó al pasillo, únicamente tenía intención de ir al servicio, pero escuchó unos pasos subiendo las escaleras y se quedó parado planteándose la posibilidad de regresar a encerrarse a su cuarto. No obstante, decidió que ya era adulto para comportarse así y esperó pacientemente a que alguno de sus amigos apareciera al final del pasillo.

Pero no se trataba de Ron o Hermione, sino de Kreacher. Subía los escalones, encorvado sobre sí mismo y más sucio de lo que lo había estado jamás desde que Malfoy había llegado a Grimmauld Place. Tenía un brillo febril, casi enfermizo en la mirada y apretaba ansiosamente una serie de bultos que llevaba envueltos en un paño.

—¿Qué llevas ahí Kreacher? —preguntó Harry. No es que le interesara demasiado, pero había algo sospechoso en el comportamiento del elfo, su manera de caminar y mirar a todas partes, temeroso de que alguien le encontrara. Kreacher dio un respingo al escuchar la voz de su odiado amo y sus ojos se entrecerraron cuando se toparon con los del chico.

—Kreacher no lleva nada —dijo con voz áspera, mientras se afanaba en ocultar el bulto con sus brazos esqueléticos.

¿Había vuelto a robar algo? Cuando habían estado limpiando la mansión con Sirius –Harry sintió una punzada al recordarlo –Kreacher había tratado de conservar varios objetos para evitar que su dueño los tirara. Harry sintió el cosquilleo de la ira en el pecho. Ese elfo tenía gran parte de la culpa de que Sirius estuviera muerto y encima robaba sus cosas para llevarlas a su ratonera.

—Enséñame lo que llevas —ordenó con frialdad. Kreacher apretó los párpados hasta que sus ojos fueron sólo dos líneas verdosas y con manos temblorosas y brazos tensos, como si su cuerpo estuviera manteniendo una lucha interior, ofreció el bulto a Harry.

Éste se aproximó con prudencia y quitó los pliegues del viejo y roñoso trapo que los ocultaba. Eran un montón de cachivaches, adornos y pequeños objetos que Harry había visto en su nido de debajo del fregadero una vez. Parecía que estaba mudándose a otra parte.

Se planteó durante unos segundos la posibilidad de arrebatarse todas esas cosas de Sirius o dejarle adorarlas en su Madriguera, recordando viejos tiempos. Pero un destello dorado llamó su atención. Entre un par de ceniceros de plata, una figura de porcelana y una vieja baraja de cartas, asomaba una estructura con forma de ovalo de oro en el que había una ornamentada S en relieve rodeada de marcas.

Harry sintió que se quedaba sin aliento durante unos instantes cuando comprendió qué era ese medallón.

Kreacher, como si estuviera leyendo la mente de Harry, cubrió rápidamente los objetos con el paño andrajoso y emprendió la retirada escaleras arriba.

—Kreacher, te ordeno que vuelvas aquí —dijo Harry, sin alzar la voz, pero había algo en su tono mucho más imponente que un grito.

El elfo, incapaz de ignorar una orden tan directa, bajó los escalones lentamente, como si cada paso le supusiera un esfuerzo inhumano. Cuando llegó hasta la altura de Harry, éste le ordenó que le mostrara de nuevo lo que llevaba y el medallón quedó otra vez a la luz.

No había duda. Era el guardapelo de Slytherin, el que había llevado Merope Gaunt: el horrocrux que Dumbledore y él habían creído recuperar.

Había estado ahí todo ese tiempo. Y al mirar a los ojos sanguinolentos del elfo, Harry se dio cuenta de que Kreacher siempre lo había sabido. Quizás no tenía conciencia exacta de lo qué era ese medallón, pero si sabía que era muy importante.

Harry sintió que la rabia le subía al cerebro como espuma y tuvo que hacer un gran esfuerzo por no descargar su ira gritando y zarandeando a Kreacher. En un movimiento rudo y rápido, cogió el medallón y el elfo ahogó un gemido.

—¿Cómo llegó esto a la Mansión Black? ¿Regulus lo trajo? —preguntó con la cólera burbujeando en su voz.

Kreacher apretó los dientes y su rostro, deformado por una rabia que no trataba de disimular, se desfiguró aún más, acentuando el enrojecimiento de sus ojos. Lentamente, asintió, como si el aire fuera sólido y le tratara de impedirle cualquier movimiento.

Harry intentó abrir el medallón, pero estaba herméticamente sellado. Recordó que cuando Sirius y el resto lo habían encontrado en el Salón, tampoco habían logrado abrirlo. Se preguntó si eso era signo de que el horrocrux seguía intacto o de qué estaba destruido. Cuando Dumbledore eliminó el horrocrux del anillo de los Gaunt, la piedra oscura que llevaba engarzada se había partido en dos, pero el guardapelo parecía intacto a excepción de estar sellado. Decidió que lo analizaría más tarde y miró a Kreacher gélidamente.

—¿Viste a Regulus con él?

El elfo asintió con movimientos rígidos.

— ¿Viste si le hizo algo?

Kreacher negó con la cabeza, pero el brillo de maldad que Harry vio en sus ojos, le hizo desconfiar y recordó que el elfo siempre trataba de buscar la manera de trampear todas sus respuestas o el cumplimiento de sus ordenes.

—Si no le viste...¿oíste o supiste de alguna manera qué hizo con el medallón?

Kreacher apretó los labios hasta que se le blanquearon por completo y lentamente asintió.

—Habla —le espetó Harry irritado.

—Kreacher vio a Regulus regresar una noche empapado y cansado. El Amo llevaba el medallón en una mano cubierta de sangre y... —se detuvo para mirar a Harry con odio, pero ante el gesto de éste, continuó, con los ojos empañados en lagrimas de rabia —Kreacher preguntó al Amo si podía ayudarle en algo, pero el amo dijo que no...Kreacher estaba preocupado por...

—Al grano —atajó Harry secamente.

Kreacher se estremeció de furia, antes de proseguir con su relato.

—El Amo fue a la biblioteca y se encerró allí. Kreacher fue a llevarle ropa seca, pero el amo había sellado la puerta de la biblioteca —el elfo hizo una pausa, sudando copiosamente y una lágrima de pura rabia se le escurrió de uno de sus ojos, pero Harry no se dejó conmover y le lanzó una mirada acerada —Kreacher le escuchó gritar y vio una luz blanca por debajo de la puerta. Kreacher se asustó porque las paredes y la puerta temblaron, y usó la magia para abrir la biblioteca. El amo estaba en el suelo, inconsciente y tenía el medallón en la mano.

—¿Y qué pasó luego?

—El Amo despertó, estaba agitado y nervioso, pero parecía satisfecho. Después cogió algunas de sus cosas y Kreacher le vio abandonar la casa —Kreacher bajó los ojos, cargados de tristeza y Harry se sintió algo incómodo. Nunca había imaginado que Kreacher conociera ese sentimiento —Kreacher nunca volvió a ver al Amo.

Harry se removió un poco, abrumado por el descubrimiento de que Kreacher era capaz de albergar algo más que sentimientos mezquinos. Después de todo era un ser vivo, por muy odioso que le resultara.

—Kreacher...—vaciló unos instantes, pero endureció el rostro al ver la expresión iracunda de Kreacher. Su momento de debilidad había pasado —¿Oíste lo que dijo Regulus en la biblioteca? Me refiero a lo que gritó antes de que apareciera esa luz y las paredes temblaran.

Kreacher apretó los dientes pero sus labios empezaron a temblar. Era evidente que si lo había oído, no quería revelarle esa información a Harry, pero a la vez su naturaleza mágica le impedía desobedecer una orden directa.

—Sí —espetó con un graznido.

—¿Y qué dijo? —le insistió Harry con impaciencia.

—Kreacher...no...recuerda —logró decir el elfo, pero su voz sonó deformada e inestable, como si no tuviera aire para hablar y hubiera hecho un gran esfuerzo para pronunciar esas palabras.

—Mientes —le acusó Harry —¡Dime qué dijo Regulus!

Kreacher empezó a temblar convulsivamente de pies a cabeza, con el cuerpo rígido por la rabia y la impotencia, y una nueva cascada de lágrimas de frustración le llenaron los ojos.

Exstinctus...anima —balbuceó a borbotones. Después se tapó la boca con una mano y rompió a llorar ahogadamente, arrullando el bulto contra su pecho con ansiedad. Harry sintió compasión por él y apartó los ojos de la penosa visión que el elfo ofrecía.

—Pues retirarte, Kreacher. Gracias —dijo.

El elfo ni siquiera se molestó en mirarle con odio antes de marcharse corriendo escaleras arriba. Harry tomó aire, emocionado y se fue a buscar a Hermione y Ron.


Harry encontró a sus amigos en la biblioteca, ojeando libros con aire aburrido. Abrió la puerta con tanta fuerza que rebotó contra la pared y entró en la sala como una exhalación, ante la sorpresa de Hermione y Ron.

—Harry, ¿qué pasa? —preguntó Hermione.

—¡Lo tengo! —cerró de una portazo y se acercó a zancadas a sus amigos claramente excitado.

—¿El qué?

—¡Ya sé cómo destruir el horrocrux! Bueno...casi —explicó dejándose caer en un sillón junto al pelirrojo.

—Pero, ¿cómo...

—Kreacher —dijo entre dientes y arrojó el medallón dorado a las manos de Ron.

—¿Qué es esto? –preguntó Ron examinándolo —¿No será el...

—Guardapelo de Slytherin —completó Harry –Kreacher lo tenía, seguramente en su madriguera, debajo del fregadero.

—¿Y de dónde lo sacó Kreacher? —preguntó Hermione boquiabierta.

—De Regulus. Regulus lo dejó aquí después de destruir el horrocrux, y Kreacher oyó cómo lo hacía. Sé el nombre del hechizo que hay que usar...

—¡Eso es genial, Harry! —exclamó la chica levantándose del sillón para caminar en círculos por la alfombra —¿Cuál es?¿Lo conocíamos?

—No. Se llama Exstinctus anima. Por lo visto es muy poderoso porque después de usarlo, Regulus se desmayó. Kreacher dice que produjo una luz blanca. Creo que por eso el medallón está sellado —dijo y Ron dejó de forcejear para intentar abrirlo.

Exstinctus anima —murmuró Hermione —Sé que lo he visto en alguna parte. Creo que lo leí en algún libro de esta biblioteca pero no pensé que...

—Más libros no...—rogó Ron.

Hermione no le hizo caso y se internó entre las estanterías murmurando algo. Harry y Ron se miraron y se encogieron de hombros mientras escuchaban a Hermione remover en las estanterías. Al cabo de unos segundos, la chica regresó con un pesado libro de cuero azul marino en las manos y una expresión de triunfo en el rostro.

—Es éste, estoy segura —dijo posándolo en la mesita donde el día anterior habían intentado destruir el horrocrux —Recuerdo que lo miré porque estaba junto al diario de Regulus. En alguna parte de este libro está el hechizo.

Los tres se abalanzaron sobre el libro y empezaron a pasar páginas, leyendo cada uno una parte a fin de ir más deprisa. Después de cinco minutos de búsqueda infructuosa, Ron dio un respingo de alegría.

—¡Está aquí! ¡Mirad!

Exstinctus anima. Este poderoso hechizo data de la época de los druidas antiguos. Se consideraba un hechizo de magia negra por su capacidad de extinguir el alma o las esencias de los elementos vivos, algo que atentaba contra los ideales druídicos. A raíz de su prohibición, cayó en el olvido y sólo fue mantenido por una pequeña rama de los druidas galeses. El hechizo se aplica semejando el movimiento de un látigo y hasta la fecha se conocen pocos magos que hayan sido capaces de realizarlo correctamente —leyó Hermione. El libro seguía con más datos históricos que la chica decidió omitir —¡Ya lo entiendo! ¿Cómo pude pasarlo por alto? Fue la referencia a los elementos vivos lo que me confundió. Pero los druidas amaban la naturaleza y consideraba que los árboles, los ríos, hasta las piedras...que todos los objetos poseían una esencia, por lo que los consideraba elementos vivos. Y si a eso le sumamos un alma humana...

—Tiene que valer —aseguró Harry —ahora sólo tenemos que aprender a hacerlo y podremos destruir el horrocrux de la copa de Hufflepuff.

Los tres amigos se miraron, nerviosos e ilusionados con la idea.

—Ve a por el horrocrux, Harry, así podremos practicar —sugirió Ron. Harry asintió y salió de la biblioteca para regresar poco después con la copa envuelta en la camisa de Dudley, y como de costumbre la depositó en la mesita después de que Ron apartara el libro.

Hermione sintió que su euforia mermaba por segundos al darse cuenta de que ella, de nuevo, tendría que limitarse a observar como sus amigos hacían magia. Intentarlo con la zurda estaba fuera de lugar y menos con un hechizo tan poderoso. Si le daba a alguno de sus amigos, en el hipotético caso de que el hechizo saliera bien, podría despojarles de su alma con un efecto equivalente al del beso de un dementor.

Frustrada, se sentó en un sillón apartado y se limitó a mirar los intentos de Harry y Ron por mover la varita como si fuera un látigo. De vez en cuando les daba indicaciones o sugerencias, al principio bien recibidas, al final acogidas con irritación, de cómo deberían mover la varita o que pronunciación debían darle a las palabras para que el hechizo saliera bien.

Harry y Ron lo intentaban apuntando a la copa, pero después de cerca de una hora de intentonas, juramentos y discusiones con Hermione alegando que los ponía nerviosos, no habían logrado más que echar un pequeño rayo de luz blanca con sus varitas que temblaba en el aire antes de tocar la copa y difuminarse.

—Tenéis que estar haciendo algo mal —dijo Hermione, impacientada.

—Eres de gran ayuda —murmuró Ron fastidiado.

—Si no te gusta lo que digo, no es mi problema. Ni siquiera...

—Dejadlo de una vez —terció Harry, previendo otra pelea. Ese día no estaba de humor para aguantar las constantes discusiones de sus amigos —No vamos por mal camino si logramos que haya salido algo de luz. Hermione, ¿en el libro no dan más indicaciones?

—Nada más aparte del movimiento de látigo —dijo la chica ojeando el libro por enésima vez —pero también dice que pocos magos han logrado hacerlo. Supongo que es normal que...

—¡Exstinctus anima! —exclamó Ron. Estaba harto de las órdenes de Hermione, así que decidió ignorarla y seguir por su cuenta. Pero algo debió de hacer diferente en esa ocasión porque el otrora débil hilo de luz se convirtió en un grueso y potente rayo de luz blanca que colisionó contra la copa con violencia extendiendo por la habitación una honda expansiva que hizo al pelirrojo y a Harry retroceder un par de pasos y a la muchacha estrujarse contra el respaldo del sillón.

—¡Lo conseguí! —exclamó Ron con una mezcla de alegría e incredulidad. Harry se acercó a examinar rápidamente la copa dorada que se había volcado sobre la mesa.

—No es por ser aguafiestas, pero no creo que hayas destruido el horrocrux, Ronald —apuntó Hermione —Regulus se desmayó y tú apenas te has movido...

—¿Y tú que sabes? —se defendió Ron, enfadado.

—Creo que Hermione tiene razón —terció Harry con voz serena, sostenía la copa de Helga en las manos —la copa está intacta. El hechizo no tiene por qué destruirla físicamente pero sí altera de algún modo su estado original. El guardapelo está sellado y la piedra del anillo de los Gaunt se partió por la mitad, pero la copa está igual que antes.

—Bueno —gruñó Ron, enfurruñado —pero por lo menos fui capaz de hacer el hechizo.

—En eso tienes razón —reconoció Hermione y Ron aflojó un poco el ceño —no vi cómo lo hacías pero debiste mover la varita de un modo diferente. Creo que ese es el modo de hacer el hechizo pero no lo lanzaste con la suficiente intensidad. Con un poco de práctica y tal vez si Harry y tú combináis vuestros hechizos...

Ron, evidentemente satisfecho de sí mismo, le daba indicaciones a Harry con el mismo tono con el que Hermione se las había dado a él y que tanto le había molestado. Después de un par de intentonas, Harry logró lanzar el hechizo igual que Ron y tumbar de nuevo la copa con idénticos resultados.

A la vez siguiente, ambos lanzaron el hechizo a la vez, pero aparte de arrojar la copa al suelo, no hubo cambios. Hermione les observaba intentarlo una y otra vez, y fracasar mientras una idea comenzaba a forjarse en su mente.

—Chicos —les dijo al cabo, y ambos se detuvieron para mirarla —Creo que el fallo no está en vuestra manera de lanzar el hechizo sino en vuestros sentimientos al respecto.

—¿Sentimientos? —preguntó Ron con extrañeza.

—Harry, ¿no te dijo Bellatrix Black en el ministerio que no podías lanzar una Avada Kedavra porque no lo sentías realmente? No deseabas verdaderamente matarla o causarle dolor.

—¡Pero nosotros sí deseamos destruir el horrocrux! —alegó Ron.

—El horrocrux como objeto, pero no como alma cautiva. Tal vez si os concentráis en la esencia en lugar de en la copa...

—Tiene sentido —dijo Harry, pensativo —intentémoslo de nuevo, Ron, concentrémonos en destruir la parte de Voldemort que hay en la copa.

Los dos se plantaron, con las mangas subidas, las piernas separadas y expresión de profunda concentración a un par de metros de la copa. Hermione les dio unos segundos y después empezó a contar hasta tres, como siempre hacía, para coordinarles.

—Uno, dos y...¡tres!

—¡Exstinctus anima! —gritaron Harry y Ron al unísono.

En el mismo instante en que los chorros que salieron de las varitas de Harry y Ron impactaron contra la copa, una luz del blanco más cegador inundó la biblioteca de los Black como una honda expansiva arrollando todo lo que encontró a su paso. Las paredes temblaron y un cuadro se descolgó.

Harry y Ron cayeron inconscientes al suelo y el sillón de Hermione volcó con ella encima, dejándola momentáneamente sin respiración y con un fuerte golpe en la cabeza, apenas amortiguado por la alfombra. Con un quejido de dolor, trató de levantarse ayudándose de su brazo sano pero se quedó lívida al ver a Harry y Ron tirados en la alfombra, pálidos e inmóviles con los ojos cerrados.

Asustada a pesar de saber que posiblemente sólo estaban momentáneamente inconscientes, se acercó a ellos gritando sus nombres mientras se arrodillaba a su lado.

—¡Harry! ¡Ron! ¡Despertad! —les exhortó, turnándose para agitarles con la zurda. Al cabo de unos segundos, ambos empezaron a reaccionar y abrieron los ojos, soltando algún que otro lamento de dolor. Harry tanteó el suelo en busca de sus gafas que Hermione le acercó con celeridad y se las puso mientras Ron se incorporaba, aturdido.

—¿Funcionó? —preguntó Ron frotándose los ojos.

—No lo sé —reconoció Hermione, levantándose de inmediato para buscar la copa. La encontró en el suelo, junto a la mesilla volcada y la recogió por el asa. Todas las piedras preciosas que una vez habían moteado la superficie dorado de la copa habían saltado o estallado, dejando sólo los huecos ennegrecidos donde antes habían estado. Y un par de centímetros a la izquierda del asa, se había abierto una gruesa y alargada grieta con diversos hilillos finos bifurcándose.

—Yo diría que sí —dijo cuando sintió a sus amigos a sus espaldas —Si esto no ha funcionado, nada lo hará.

—¡Lo logramos! —exclamó Ron, contento y dio una palmada en la espalda de Harry, que parecía en estado de shock.

—¿Harry? —preguntó Hermione mirando a su amigo —¿estás bien?

—Sí —dijo al cabo, parpadeando un par de veces —Uno menos. Ahora nos vamos a Albania.

—¿Qué?


Hola chicas!

Bueno, aquí está el siguiente capítulo, que ha tenido un poco de todo. En prime lugar, Ginny no reaccionó nada mal ante la confesión de Hermione xD de hecho le aconsejo que si él quería utilizarla, ella hiciera lo mismo. Lastima que Hermione sea algo mojigata para estas cosas xD (o a lo mejor es demasiado lista...). Después Ginny y Harry se han despedido y el pobre chico se ha quedado hecho polvo. Hermione ha descubierto que Malfoy es capaz de hacer algo medianamente comestible -aunque sea sin delantal -y después le ha rechazado, dándole al chico una idea de cuan enfadada está. Lo sucedido el día anterior traerá cola pero es normal. Si el chico que me gusta -aunque según Hermione, él no le gusta -me dice que sólo quiere utilizarme, aunque sólo fuera por orgullo le enviaría a paseo (soy muy orgullosa). Pero yendo a lo importante, Harry ha descubierto como destruir el horrocrux y ha sido gracias a Kreacher (existe para algo más que para molestar) de hecho pienso que Rowling tiene un papel importante para él en el séptimo libro -o lo espero, porque lo detesto, a ver si eso cambia un poco -.Y después de varias intentonas, lograron cargarse el horrocrux de la copa. Así que ya hay cuatro destruidos: la copa, el anillo, el diario y el guardapelo. Ya sólo les queda algo de Ravenclaw, Nagini y el propio Voldemort.

Estoy haciendo capítulos más largos para ver si me doy prisa y acabo la historia antes de Agosto -más vale porque si no tendréis que esperar más de tres semanas y me sabe mal -. En este capítulo he cerrado un par de cosas y a partir de ahora vendrá más Dramione (a pesar de que no lo parezca). Podría decirse que exclusivamente Dramione por un tiempecillo, así que a ver que tal :) pero aún faltan muchas cosas por pasar...

Muchas gracias por todo, de verdad. Me hace muy feliz -indudablemente- que me publiquen un libro pero tener vuestro apoyo me hace tan o más feliz todavía. Fuistéis las primeras en creer en mi como escritora -y espero que no las últimas-. Así que antes de ponerme ñoña, lo dejo, que no quiero subiros el azúcar.

Mis agradecimientos especiales para las que me dejaron review en el anterior:

Esmeralda :), Soerag Malfoy, Veroli, Karenzita, pekelittrell, alella, Amarissima, Azuran-dark Angel, unkatahe, chepita1990, Lyan Jade, Damari, Itsa :), PauMalfoy, naru, Lna, Dysis, Vero Felton mx, maria, Barbara Nakamura, Pajaro de Fuego, Nyah Sahar, Elea, Emily Dumbledore, Baddy, Vhea, tifanny, galletaa, monica, Little Pandora, gala zoel, kMi, ana karen malfoy, Adi Felton, Bellatrix L Black, nedia, Edoras, Keikleen, Raisa, Vangu, Naty :), Xgirl1, ana88, Klass2008, Shiharu Tendo, NiTa, yanhira, Karinita1919, micropuff, Sweet Nini, Amber :), duciell, Maki, Dubhesigrid, Sakurita555, millicentgranger, SandritaGranger, clover potter, . y monmalfoy.

De verdad, muchas, muchísimas, muchísiisisisismas GRACIAS!

Con mucho cariño y buenos deseos, Dry!

Pd: Click a "Go" para que Draco (o X) os haga moriros de placer aquí y ahora.