o0o Recomendación músical: Your Winter - Sister Hazel


Capítulo 26: Años de razones (Editado)

—Ya lo habéis oído. Nos vamos a Albania, cuanto antes —anunció Harry.

—Pero si ni siquiera sabemos por que parte empezar a buscar —titubeó Ron.

—Aquí parados tampoco lo vamos a descubrir.

—Pero el Señor Weasley está investigándolo, ¿no? —terció Hermione, sorprendida por la determinación de su amigo, aunque una parte de ella sospechaba que la escena de la estación tenía que ver con la repentina prisa que parecía sentir Harry.

—Bagman no tiene ni idea —replicó Harry —A lo mejor sería más fácil ir a buscar a la familia de Jorkins allí.

—Pero Harry, sé razonable, no puedes plantarte en cualquier ciudad de Albania y ponerte a preguntar.

—Iremos al Ministerio de Magia Albanés. Estoy seguro que ellos también estaban buscando a Bertha Jorkins y seguro que tienen más información que el Ministerio Inglés —dijo Harry decidido.

—¿Y si...y si esperamos alguna noticia más de mi padre? Seguro que él puede descubrir algo, dale un par de días.

Harry se lo pensó unos segundos, y finalmente asintió.

—Mientras tanto, podemos seguir informándonos sobre Albania, ¿no creéis? —preguntó Hermione, animada. Echó a andar hacia las estanterías, pero la voz de Harry la detuvo, como si la hubieran paralizado.

—Tú no vienes.

—¿Qué? —Hermione se giró rápidamente para mirar a la cara a su amigo.

—Hermione —comenzó Harry dando un paso hacia ella —Creo que lo mejor sería que te quedaras aquí.

—Harry, esto ya lo hablamos y quedamos en que era decisión mía y de Ron el arriesgarnos e ir contigo...

—Lo sé, pero esta vez es diferente. Tú estás herida, por mi culpa además. No puedo permitir que vengas con nosotros en esas condiciones.

—No puedo usar la derecha pero no estoy anulada como persona —replicó Hermione, ofendida.

—Si ya es peligroso que me acompañéis es óptimas condiciones aún lo es más teniendo el brazo así, Hermione. Además, apenas puedes lanzar hechizos, no podrías ayudarnos.

—Puedo ayudaros de otras formas —se empecinó ella tratando de mantener la calma. No podía creerse que Harry pretendiera dejarla aparcada como un mueble viejo después de todo el empeño y trabajo que había puesto en su misión.

—Hermione, creo que Harry tiene razón... —terció Ron.

—¡No es justo! —replicó ella —Aunque no pueda usar la magia, puedo ayudaros igualmente. ¿Quién se dio cuenta de que R.A.B. era Regulus? ¿A quién se le ocurrió lo del Demiguise cuando fuimos a Albania? He hecho muchas cosas sin magia.

—Hermione, no estamos diciendo que no —dijo Harry, incómodo —pero eso no tiene nada que ver. Podríamos encontrar el horrocrux y sabes que estará muy bien protegido. Y tú no podrás usar la magia para defenderte...

—¿Insinúas que seré una carga para vosotros?

Se hizo un silencio abrupto y tan espeso que casi les zumbaba en los oídos. Ron miraba a Harry y a Hermione alternativamente, esperando que alguno de los dos se atreviera a decir algo antes de verse obligado a hacerlo él.

—Yo no he dicho eso —dijo Harry cuidadosamente después de unos largos segundos.

—Pero sí lo has dado a entender —replicó ella, implacable.

—Escucha, Hermione, simplemente prefiero que te quedes aquí, a salvo, y te cures. Lo importante ahora es que te recuperes.

—Lo importante es el horrocrux —replicó ella, furiosa tanto con sus amigos como consigo misma por no poder controlar las lágrimas de furia que comenzaban a enturbiarle la visión —Y quedamos en que ir a por los horrocrux era decisión nuestra, no tuya. No puedes impedirme ir.

—Te lo estoy pidiendo, Hermione —respondió el moreno, en uno tono mezcla de condescendencia y determinación que hizo que Hermione se sintiera aún más insultada.

—Me da igual, pienso ir.

—Hermione —intervino Ron, estaba bastante pálido y parecía algo asustado por el curso que estaban tomando las cosas —Yo también te lo pido. Harry y yo nos sentiremos mejor si te quedas aquí, segura. Nosotros nos ocuparemos.

Hermione se rió secamente y encaró a sus amigos.

—Y tú te pones de su parte, como siempre.

—Hermione...

—No sé para qué me molestó en discutir por vosotros si ya habéis decidido por mí.

Oyó su nombre un par de veces mientras pasaba de largo junto a sus amigos y abría la puerta de la biblioteca. Salió como una flecha por el pasillo y bajó las escaleras, sollozando sin poder evitarlo. Se sentía ridícula por llorar como una niña rabiosa, pero era superior a sus fuerzas. Harry y Ron habían decidido que ya no les servía para nada así que debía quedarse en Grimmauld Place esperándoles mientras ellos investigaban y posiblemente se jugaban la vida. Miró con rabia su brazo derecho y trató con todas sus fuerzas de mover la mano, pero apenas logró estirar un poco los dedos engarrotados. No sería capaz de sostener una varita a no ser que se la pegaran a las yemas. ¿Por qué tenía que haberle pasado eso? ¿Se vería relegada a esperar toda su maldita vida a que su brazo decidiera volver a ser útil? ¿Podría volver a abrocharse los pantalones sin magia o a abrir un libro sin dificultad?

Desde que había despertado en San Mungo se sentía inútil e incapaz y ahora sus amigos habían acabado de confirmarle que ya no servía para nada. Se marcharían a Albania y ella se quedaría sola con Malfoy y Kreacher en Grimmauld Place. Genial.

Limpiándose rabiosamente las lagrimas, se detuvo al final de las escaleras tratando de recuperar el resuello. Su pecho se convulsionaba de pura ira, obligándola a tomar bocanadas de aire que parecían insuficientes para llenar sus pulmones. Enfadada, echó un vistazo a la puerta de su habitación pero decidió irse a otra parte. Si Harry y Ron decidían seguirla, su habitación era el primer lugar donde la buscarían y ella no deseaba verles.

Siguió bajando las escaleras hasta el segundo piso, y entró al alzar en una cualquiera de las habitaciones deshabitadas que Kreacher había encantado. Como no podía sentarse en las camas y no estaba segura de si los muebles eran de fiar, se sentó en el duro suelo, en mitad de la estancia.

Genial. Eso la ayudaba enormemente a sentirse menos ridícula.

Tomó aire profundamente y trató de serenarse, limpiándose los retos de lágrimas con su única mano útil. Sollozó un par de veces antes de que la puerta de la habitación se abriera silenciosamente tras ella.

—Marchaos —dijo sin volverse porque sabía que Harry y Ron estaban a sus espaldas —No tengo nada más que deciros. Quiero estar sola. Aunque como mi opinión no cuenta no tenéis por qué hacerme caso, claro —añadió con ironía.

Pero no escuchó la puerta cerrándose y los pasos de sus amigos alejándose, sólo silencio. Irritada, se volvió hacia la puerta y se quedó boquiabierta al ver a Malfoy allí, observándola de un modo un tanto extraño. Sintió como sus mejillas se calentaban, posiblemente enrojecidas ante lo violento de la escena. Malfoy era la última persona que quería que la viera llorando, pero por supuesto, nada iba a salirle como ella quería.

—Sí, estoy llorando —dijo con franqueza —ríete cuanto quieras, pero déjame sola. No estoy de humor para aguantarte.

Pero por supuesto, Malfoy no le hizo caso. Cerró la puerta y se acercó a ella, sin dejar de mirarla mientras ella se afanaba en tratar de limpiarse las lágrimas y mantener su dignidad.

—¿Qué te han hecho los estúpidos de Potty y Weasel? —preguntó él con tono fiero.

Hermione se quedó tan sorprendida que hasta se olvidó de llorar. Le miró boquiabierta durante unos instantes, parado en medio de la habitación, frente a ella, pero pronto alzó una ceja con desconfianza.

—¿Y a ti que puede importarte? —le soltó ella —Tú no eres mejor que ellos. Vivo rodeada de un elfo que me odia y tres chicos que sólo me utilizan cuando les conviene y cuando no, me dejan aparcada.

Hermione pudo ver cómo Malfoy apretaba los labios, como si estuviera conteniéndose de decir algo. Decidió ignorarle y marcharse, así que se puso en pie apoyándose en su mano buena. Se tambaleó unos instantes, desequilibrada, pero la mano de Malfoy rodeándole el brazo derecho la estabilizó. Hermione le miró sorprendida, no sólo por que él la hubiera ayudado sino por qué podía sentir el calor y la presión de su mano en el brazo. Y hacía días que no sentía nada. Ni el tacto de la ropa, ni el dolor de ningún golpe. Ni siquiera un cosquilleo como el que ahora él estaba provocándole.

—¿Qué? —preguntó él con suavidad al ver el modo en que lo miraba. Pero no la soltó.

—Mi brazo —dijo ella aturdida —siento...siento tu mano.

El jersey que ella llevaba era de punto y Draco casi podía sentir su piel bajo la palma de la mano. Inconscientemente, aumentó un poco la presión de sus dedos en torno al brazo de la chica, como si quisiera sentirla más, pero ella pronto se sintió incómoda y se removió, tratando de soltarse. Draco se apartó y evitó mirarle el rostro húmedo por las lágrimas para escapar de la necesidad de hacerlas desaparecer.

Joder, se estaba volviendo un cursi.

Cuando quiso darse cuenta, Hermione ya tenía una mano en el pomo de la puerta y la abría para dejarle solo. Gracias a sus buenos reflejos, Draco la alcanzó en dos zancadas y empujó la puerta con una mano, cerrándola en las narices de la chica, atrapándola entre su cuerpo y la hoja de madera. Hermione se quedó muy quieta, como un animalillo asustado, consciente de la presencia de Malfoy a su espalda. Un brazo pasaba junto a su hombro, terminando en la mano que sellaba la puerta impidiéndole la retirada y aunque en ningún momento la tocaba ni con él ni con su pecho, Hermione podía sentir el calor que irradiaba el cuerpo de Malfoy fundiéndose con el suyo y su dichoso aroma. Seducción. Cuando Malfoy inclinó la cabeza y su aliento cayó sobre la parte de la nuca y los hombros que dejaban a la luz su jersey y su pelo recogido en un moño flojo, Hermione se tensó. Cada vez que él soltaba aire, sentía un cosquilleo excitante e insoportable en la nuca que le daba ganas de retorcerse. Pero no se atrevía. No se atrevía a moverse, ni a respirar. La presencia de Malfoy, tan cerca, la inmovilizaba y anulaba. No podía hacer nada más que concentrarse en no recostar su espalda en el pecho de él, buscando consuelo.

—Dime —susurró él a su nuca —¿Qué ha pasado con esos dos?

Hermione cerró los ojos con fuerza y apretó los labios. No podía pensar. No quería hablar, pero se sentía hipnotizada por la cercanía, por el calor, por la voz de Malfoy en su nuca.

—Se marchan a...cumplir una misión. Y han decidido que yo me tengo que quedar aquí —susurró con la cabeza gacha.

—¿Por tu brazo? —inquirió él con otra caricia de su aliento sobre la piel de ella.

—Eso dicen —reconoció —No me lo han dicho pero creen que seré una carga para ellos. Dicen que no podré defenderme de los peligros que nos encontremos así que como según ellos, no sirvo para nada allí, debo quedarme a salvo aquí.

—Qué cabrones.

—Lo sé —dijo ella, alentada por su apoyo —no les importa en absoluto lo que yo tenga que decir y...

—Cómo se atreven a preocuparse por tu seguridad —susurró él con ironía.

Hermione se puso aún más rígida si cabe y alzó la cabeza obstinadamente.

—No necesito que se preocupen por mí. Sé cuidarme soli...

—¿De veras? —la interrumpió él con un matiz de burla en la voz —Podría quitarte la varita del bolsillo del pantalón sin que te dieras cuenta y lanzarte una imperdonable antes de que pudieras reaccionar. Y aunque lo hicieras, aunque estuvieras armada, seguramente lo más peligroso que podrías hacer es provocar que me salieran ramilletes de margaritas por las orejas. Me temo que sí serías una carga.

—Tal vez no pueda defenderme —reconoció Hermione dolida —Pero puedo ayudarles de otras maneras. Soy algo más que una varita.

—Si piensas enfrentarte a peligros mágicos con la fuerza de tu mente, ya puedes ir cavándote una tumba —replicó él fríamente —Además pondrías en peligro a tus adorados amigos, porque estarían pendientes de protegerte y eso les haría más vulnerables a los ataques.

Al escuchar sus palabras, Hermione se dio cuenta de que el maldito de Malfoy tenía razón y le odió por eso. Y también por obligarla a ser lógica en un momento en el que no quería serlo, por hacerla sentirse egoísta cuando se creía en su derecho de ser la parte ofendida.

¿De qué iba? Entraba en la habitación a la que había ido buscando intimidad, la obligaba a decirle lo que le pasaba y después...después hacía que dejara de comportarse como una niña enrabietada y fuera razonable. Tal vez no podía estar enfadada con Harry y Ron, pero sí con él.

Él no tenía ningún derecho a opinar sobre nada de su vida. Sólo quería utilizar su cuerpo mientras no encontrara algo mejor, como si fuera una de sus escobas: en cuanto se le presentaba una mejor, dejaba aparcada la antigua.

—Déjame salir —dijo en el tono más pausado del que fue capaz. Si no la dejaba sola de un momento a otro, Hermione no estaba segura de responder sus actos.

—Granger... —comenzó él y se acercó un poco más, hasta rozar la espalda de Hermione con su pecho.

—He dicho que me dejes salir —repitió ella con una lentitud amenazante.

—Granger, no t... —el resto de sus palabras quedaron ahogadas por el brusco exabrupto que soltó cuando la chica hundió su codo izquierdo en la mitad inferior de su estomago. Draco apartó la mano con la que sostenía la puerta para llevársela al lugar dañado y ella aprovechó ese instante para abrir y escurrirse al pasillo antes que él pudiera hacer nada para impedirlo.

Draco se planteó la posibilidad de ir detrás de ella para estrangularla en lugar de dejarla marchar impunemente, pero estaba demasiado dolorido. Granger había estado peligrosamente cerca de cierta zona muy preciada de su anatomía y sabía que de haberlo querido, le hubiera golpeado justo ahí, posiblemente acabando con todo futuro de la familia Malfoy.

—Maldita Granger —gimió.


Hermione entró en su habitación, cerró la puerta y la selló e insonorizó después de varios intentos. Estaba muy enfadada, pero no sabía con quien. Si con Harry y Ron, con Malfoy o con ella.

Con todos posiblemente. O mejor aún, con Malfoy. Podía estar enfadada con él sin sentirse culpable, total, a él le traía sin cuidado lo que pensara de él.

Necesitaba un respiro de testosterona. Estaba harta de que Harry y Ron fueran tan protectores y de que Malfoy...bueno, de Malfoy en general. También lo estaba de ser una inútil y de sentir que no valía para nada.

Suspirando, se dejó caer en la cama y Crookshanks corrió a acurrucarse sobre sus rodillas, como siempre hacía. Hermione lo acarició con aire ausente, pensando que en esos instantes, la única compañía que soportaba era la del gato.

Se sumió en sus cavilaciones durante unos largos minutos, hasta quedarse totalmente abstraída a medida que se iba calmando. Parpadeó un par de veces cuando Crookshanks maulló reclamando su atención, entonces Hermione se dio cuenta de que había dejado de acariciarle.

Rascándole detrás de las orejas, Hermione se reconoció que por más que le repateara el hígado, Malfoy, Harry y Ron tenían razón y ella estaba equivocada. Al menos parcialmente.

Seguía convencida de que podría ser de ayuda a sus amigos en Albania, pero comprendía que podría ser más perjudicial que otra cosa al no poder usar la magia con normalidad, ni siquiera para defenderse. Harry y Ron estarían todo el rato pendientes de protegerla y bajarían la guardia con respecto a ellos mismos, quedando más expuestos a todos los peligros que se pudieran encontrar. Y sólo había una cosa que Hermione soportaba aún menos que sentirse impotente y preocupada por ellos al quedarse en Londres: ser la causa de que Harry o Ron, tal vez los dos, salieran heridos...o peor.

El problema era que ahora que se había reconocido que Harry y Ron no eran unos malvados egoístas que la consideraban una inútil redomada, debía reconocérselo a ellos. Y para una persona tan acostumbrada a tener la razón, eso era bastante difícil.

Mientras se tomaba una poción para dormir sin sueños, Hermione resolvió que hablaría con sus amigos al día siguiente. Después se metió entre las mantas, pensó en lo gilipollas que era Malfoy y se durmió.


Como se había prometido, el día siguiente, después de vestirse y asearse, Hermione bajó a la cocina donde sabía que encontraría a sus amigos. El hecho de que se callaran en el acto cuando entró, hizo que la Hermione sospechara que estaban hablando de ella y se sintió algo inquieta a la par que irritada.

—Hermione...—Harry hizo ademán de levantarse pero Hermione le indicó con una seña que siguiera sentado y tomó asiento junto al pelirrojo.

—Tenemos que hablar —dijo ella con un largo suspiro —Entiendo vuestro punto de vista y si es tan importante para vosotros que me quede, lo haré. Lo último que quiero es ser una carga en tu misión, Harry.

—Nosotros no pensamos que seas una carga —se apresuró a aclarar Ron que miraba a Hermione como si esperara que de un momento a otro su enmarañado cabello se convirtiera en venenosas serpientes.

—No con esas palabras pero lo hacéis —dijo ella sin reproche —y tenéis razón. Si yo no puedo defenderme, tendríais que ocuparos vosotros y eso supondría que todos corriéramos un riesgo innecesario.

Se hizo un silencio en el que Ron y Harry miraron a Hermione con tanto cariño y alivio, que la chica se sintió culpable por su reacción del día anterior.

—Y siento haberos chillado y dicho todas esas cosas que os dije —murmuró abochornada —¿Qué os parece si cuando acabemos de desayunar vamos a la biblioteca a buscar más información?

—Espera un momento —dijo Harry con un tono tan serio que Hermione se asustó —He estado pensando. Cuando Ron y yo nos vayamos tú te quedarás aquí sola con Malfoy y no me gusta nada la idea.

—Harry... —comenzó Hermione.

—A mi tampoco —continuó Ron, ignorando la intervención de la chica —Podría irse a la Madriguera mientras nosotros no estemos. Estoy seguro de que a mi madre no le importaría, además ahora que Ginny se ha ido está muy sola.

—No creo que sea necesario que...

—Podemos hablar con tu madre por la Red Flu y preguntárselo —sugirió Harry, pensativo —Podríamos acompañar a Hermione hasta allí antes de irnos a Albania...

—Chicos...

—Sí —dijo Ron mirando el reloj —A estas horas seguro que mi madre anda cerca de la chimenea...

—¡Chicos! —chilló Hermione, irritada —¿Queréis dejar de actuar como si yo no estuviera aquí? —Harry y Ron la miraron sorprendidos —No pienso irme a la Madriguera. ¿Y dejar a Malfoy solo aquí? Podría escaparse y...

—Pero es peligroso que te quedes aquí con él —explicó Ron como si Hermione estuviera loca por no pensar como ellos.

—Malfoy no tiene varita y yo sí. Tal vez no pueda defenderme de la Magia Oscura de Voldemort pero si puedo apañármelas con un mago sin varita. Y no pienso ceder en esto —añadió al ver que Harry abría la boca para rebatirla. Hermione recordó ese momento del día anterior en el que Malfoy le había dicho que era inofensiva y frunció el ceño aún más decidida.

Sus dos amigos se quedaron en silencio unos segundos, abriendo la boca y volviendo a cerrarla, indecisos. Estaba claro que no les gustaba un pelo la idea de que Hermione y Malfoy se quedaran solos en Grimmauld Place –y posiblemente la creían incapaz de defenderse de él, de ser necesario –pero Hermione se negaba en redondo a marcharse a la Madriguera como si fuera una completa inútil o demasiado pequeña para quedarse sola en casa. Y por supuesto, no pensaba darle el gusto a Malfoy.

—Está bien —cedió Harry a regañadientes —Quédate aquí si es lo que quieres.

Hermione sonrió satisfecha.


Pero por supuesto, Harry y Ron no pensaban dejar las cosas así. Un rato después, cuando Hermione subió a la biblioteca, ellos alegaron que limpiarían la cocina y después se le unirían, pero era una mera excusa para librarse de ella. En cuanto los pasos de Hermione dejaron de resonar por las escaleras, Harry y Ron la siguieron sigilosamente, deteniéndose en el tercer piso donde estaba su habitación y la de Malfoy.

Todo lo silenciosamente que pudieron, se acercaron a la puerta de Malfoy y entraron sin llamar. Malfoy estaba sentado en su sillón tapizado de chintz, con las largas piernas apoyadas en la mesilla y enfundadas en unos vaqueros desgastados de los Weasley, con un viejo libro entre las manos. Alzó la vista hacia ellos y les miró con aire indiferente.

—¿A qué se debe el honor de la visita del bueno y el feo? —preguntó con burla.

Ron entrecerró los ojos, enfadado, pero Harry se acercó a Malfoy y le quitó el libro de las manos con brusquedad, para arrojarlo sobre la cama de un modo que hubiera hecho que Madame Pince hubiera sufrido un infarto de presenciarlo.

—Tenemos que hablar contigo, Malfoy, y más vale que prestes atención.

Draco puso los ojos en blanco con exasperación previendo uno de los momentos marca "San Potter" en los que se metía en el papel de héroe estoico y sacrificado.

—Suéltalo de una vez, Potter, me aburres —replicó Draco arrastrando las palabras con su habitual tono de hastío de vivir.

—Ron y yo nos marcharemos en breve durante una temporada. Hermione se queda —explicó sin rodeos —No nos hace una pizca de gracia que se quede a solas contigo pero más te vale que no intentes nada.

—¿O qué? —le increpó Malfoy, disfrutando enormemente de el abultamiento de la vena del cuello del moreno.

—O te partiremos la cabeza cuando regresemos —intervino Ron, situándose junto a Harry con aire amenazador.

—A la más mínima queja, al más insignificante comentario de que has hecho algo que no debes por parte de Hermione y te convertiremos en una babosa por una semana —amenazó Harry.

—Aún así sería más atractivo que vosotros —repuso Draco, por el mero placer de molestarles —Pero descuidad, no le haré nada a vuestra querida Granger —y cuando comprobó como los dos chicos relajaban la tensión de sus ceños, añadió con insinuación —Al menos nada que ella no quiera.

—¡Serás ...—Ron dio un paso hacia Malfoy, pero Harry le detuvo extendiendo su brazo frente al pecho del pelirrojo.

—Déjalo, Ron, si es por eso no tenemos nada de qué preocuparnos —aseguró Harry con desdén y después se dio media vuelta, seguido del pelirrojo. Cuando cerraron la puerta de la habitación tras ellos, Draco soltó una ristra de maldiciones. Ese último comentario le había dolido más que todas sus amenazas.


Hermione abrió el grifo dorado del agua caliente y dejó el agua correr hasta que comenzó a expulsar vapor al chocar con la superficie tersa del lavabo. Se miró unos instantes en el espejo del baño y suspiró.

Tenía un aspecto horrible. Estaba considerablemente más delgada y su rostro tenía un aire enfermizo, característico de las personas que habían estado o estaban convalecientes. Ojeras violáceas se habían instalado bajo sus ojos como consecuencia de las pesadillas y ni siquiera ahora que las nuevas pociones anti-sueños evitaban que las tuviera parecían tener intención de irse.

Si seguía así acabaría pareciéndose más a un fantasma que a la antigua Hermione Granger.

Huyendo de su visión, dirigió sus ojos a su brazo derecho. En vano, trató de moverlo, más por costumbre que por esperanza y concentrando todos sus esfuerzos logró extender un poco los dedos. Se tocó el brazo y la mano con la zurda pero no notó nada. Como si estuviera tocando un brazo ajeno en lugar del suyo propio.

Inquieta, frunció el ceño. No entendía por qué había podido sentir la mano de Malfoy el día anterior. Tal vez su mano era especialmente cálida y sus debilitadas terminaciones nerviosas habían podido sentirla. Por eso iba a llevar a cabo ese experimento.

Decidida, se agarró con la izquierda la muñeca del brazo opuesto, y colocó su mano derecha bajo el chorro de agua ardiente del grifo. Todo su cuerpo se relajó bajo el contacto del agua, simplemente porque no sentía nada: ni calor, ni humedad.

Frustrada, asomó un dedo de la mano izquierda bajo el grifo y lo apartó rápidamente maldiciendo. El problema no era el agua, estaba claro que ardía. El problema era su dichoso brazo insensible.

Cerró el grifo con furia, sintiéndose inútil e impotente, y su humor no mejoró al alzar los ojos hasta el espejo y ver a Malfoy, apoyado en el quicio de la puerta del servicio, mirándole con intensidad. Con un brillo de algo peligrosamente parecido a comprensión en los ojos grises, como si supiera lo que ella quería comprobar.

—¿Es qué no sabes llamar? —le espetó ella con brusquedad. Estaba enfadada y mucho. No entendía por qué podía sentirle a él y no al agua caliente, no soportaba su aire de superioridad recordándole que él tenía razón respecto a lo de irse a Albania y ella no, y odiaba su seductora elegancia que le recordaba que era un conquistador que pretendía utilizarla y después dejarla tirada como una colilla.

—¿Qué haces? —preguntó él con un tono sorprendentemente suave que hizo que Hermione estuviera segura de que sospechaba qué había estado comprobando.

—Nada —replicó demasiado rápidamente para ser creíble. Molesta, le asesinó con la mirada —Si no te vas tú, lo haré yo.

Intentó escurrirse por el hueco de la puerta que Malfoy no ocupaba, pero él extendió un brazo por delante de sus narices, taponando la salida.

—¿Se puede saber qué demonios te he hecho ahora? —inquirió él, y tras su aparente tono de indiferencia, Hermione percibió algo parecido a cansancio.

—¿Por qué lo dices? —preguntó con recelo.

—Me miras como si quisieras matarme —dijo él con cierto brillo burlón en los ojos —y creo que hoy todavía no he hecho nada para merecerlo.

—¿Es qué acaso necesito algún motivo especial para estar molesta contigo? —preguntó ella con un tono que daba a entender que la pregunta en sí era ridícula de tan obvia que era su respuesta. Sin más, trató de escurrirse bajo el brazo de Malfoy, pero él la sujetó por la cintura para frenarla. Hermione forcejeó durante unos largos segundos para liberarse, pero sólo lograba que Malfoy presionara cada vez más la mano en torno a su cintura, así que finalmente terminó por quedarse quieta y dolorida, no sin antes echarle una mirada que habría agriado leche.

—Aún estás enfadada por lo del otro día —dijo él. No era una pregunta, si no más bien una afirmación incrédula, como si acabara de descubrirlo y eso le sorprendiera en demasía.

—¿Te refieres a cuando dijiste que sólo querías utilizarme como a un pañuelo? —preguntó ella con una ironía que no era capaz de disfrazar lo dolida que estaba en realidad.

—Ya me diste un buen golpe ayer —dijo él con sequedad. Si era por eso, él también tenía motivos para estar enfadado con ella. El día anterior había evitado que ella estrangulara a Potter y Weasley (aún no estaba muy seguro de por qué) y después de la visita que esos dos le habían hecho, Draco estaba seguro de que habían hecho las paces, y él tenía gran parte en eso. Les había hecho un favor a los tres cuando no tenía ninguna razón. ¿Y qué había recibido a cambio? Un golpe que había estado cerca de dejarle estéril. Y encima era ella la que estaba enfadada con él, alucinante —¿No nos deja eso en tablas?

—Te mereces mucho más que un golpe —respondió ella con rencor. Draco hubiera proferido una respuesta irónica e hiriente de no haber visto el chispazo de dolor en sus ojos castaños. No estaba enfadada, bajo toda esa capaz de hostilidad en realidad estaba dolida con él. Draco sabía que al echarle en la cara que si la había besado era únicamente porque quería utilizarla en vista de que no tenía más mujeres a mano, la había cagado. Sabía que había tirado por la borda la frágil tregua en la que se hallaba entonces su relación, pero también sabía que era el único modo de salvar su orgullo. Y entonces había pensando que Granger se sumiría en un berrinche ofendido, pero que pronto se le pasaría. Pero por lo visto, le había hecho una herida más grande de lo que había pensado. ¿En su orgullo o más adentro?

—No lo entiendo —aunque creía empezar a entenderlo —Tú me odias, ¿no?

—Por supuesto —respondió ella en el acto.

Draco sonrió como un ratón que hubiera atrapado a un gato.

—¿Entonces por qué te importa tanto lo que dije? —preguntó con malicia.

—No me importa —respondió ella con dignidad, pero asestó un manotazo tan fuerte a la mano con la que el chico la sujetaba que sus palabras quedaron desmentidas y Draco se vio obligado a soltarla, ahogando una maldición —Como ya dije, no necesito ninguna nueva razón para odiarte. Tengo años de motivos.

Y salió del baño antes de que Draco pudiera reaccionar, golpeado por el dolor sordo que le produjeron sus palabras.


Hola chicas :)

El capítulo es un poco más corto que los dos anteriores, pero es que la siguiente escena será larga y no quería cortarla por la mitad (además de que mi hermana me echa del ordenador, por que estoy en casa y no traje mi pc). En primer lugar, Harry y Ron no quieren que Hermione vaya con ellos a Albania porque creen que no está en condiciones y que será peligroso para ella. Hermione se ha enfadado muchísimo porque cree que la consideran una inútil y posiblemente así habría seguido de no ser por Malfoy -¿a qué se portó bien? a su manera, claro -. Así que los tres amigos han hecho las paces y finalmente Hermione se quedará en Grimmauld Place, sola con Malfoy y Kreacher. Como es lógico, Harry y Ron han ido a amenazar a Draco para que no le haga nada a Hermione xp, veremos si cumple su palabra. Y por último, encontronazo de nuestra parejita en el baño en el que Hermione le ha vuelto a pegar xd y se ha marchado enfadada. Está claro que la chica está realmente dolida con Malfoy, a ver que hace él para que la perdone...mujajaja.

Os adelanto que en el siguiente capítulo Harry y Ron se marchan y nuestros dos chicos se quedan solitos. Bueno, con Kreacher, pero como si no estuviera.

Respecto a algunas dudas del anterior, se me olvidó comentaros lo del medallón de la mansión Black que es en realidad el guardapelo de Slytherin. Esto es una teoría que he leído en un par de ocasiones y que creo que es bastante pausible. Puede ser sólo una casualidad, pero Rowling apenas escribe nada por casualidad, hay pistas por todas partes para quien las sabe ver. Aunque yo no soy demasiado buena con eso T.T, las cosas claras y el chocolate espeso como dicen por mi tierra.

El hechizo, Exstinctus Anima, no lo saqué de ninguna parte, me lo inventé. Si no me equivoco en latín significa "Alma extinta" o eso es lo que yo pretendía que significara cuando busqué como se podría decir xD.

Creo que eso es todo. Espero que os guste el capítulo y como siempre, mil millones de gracias para todas. Os adoro!

Pondría agradecimientos especiales, pero si queréis que continue con vida -mi hermana me está amenazando xd -lo dejaré para la próximo ocasión.

MUCHISIMAS GRACIAS POR TODO!

Con mucho cariño, Dry!

Pd: click a "Go" para que Draco (o X) aparezca y te acorrale contra una pared. Lo demás al gusto del consumidor ;)