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Capítulo 27: Magia blanca (Editado)

Draco se quedó en el baño, apoyado junto al marco de la puerta, unos minutos después de que Granger se hubiera ido, rememorando sus palabras una y otra vez. Tenía un sabor amargo en la boca y una sensación desagradable en el pecho. Era la primera vez que alguien que le importaba se enfadaba con él. Ninguna chica lo había tratado con desprecio y si alguna vez había hecho el intento de montarle una escena, él las había hecho callar con un beso. Pero no podía hacer lo mismo con Granger, ella era mucho más compleja. Si quería que le perdonara tendría que hacer algo más que besarla.

Además, verla metiendo su brazo herido bajo el agua para comprobar si podía sentirlo como el día anterior había sentido su mano, le daba que pensar. Era extraño que Granger lo sintiera sólo a él, tan extraño como que el dolor hubiera desaparecido de su marca después de que ella lo tocara aquella noche en que le descubrió desvelado por la llamada de su Señor.

Había algo misterioso y mágico en eso, y después de las lecciones que su tía Bellatrix le había dado sobre magia negra, su astuta mente comenzaba a formar una conclusión que le asustaba. Tratando de apartar sus pensamientos del tema, regresó a su habitación, decidido a darle a Granger un par de días para que se calmara.


—¡Ya ha llegado! —exclamó Harry entrando a toda velocidad en el salón donde Hermione y Ron charlaban.

—¿El qué?

—La carta de tu padre sobre el paradero de Jorkins —respondió Harry excitado, mientras desenrollaba con manos torpes un pergamino con el sello del Ministerio de Magia.

—¿Qué pone? —preguntó Hermione.

La expresión de Harry se endureció a medida que leía línea tras línea del poco extenso pergamino. Finalmente, con gesto agrio, entregó el papel a sus amigos, que juntaron las cabezas para leerlo a la vez.

"Es poco lo que he podido averiguar. Después de presionar a Ludo, conseguí que me dejaran ver el expediente de Bertha. La única referencia a su familia en Albania son un par de líneas que nombran a un tal Timoleo Jorkins pero no dicen nada de su ubicación concreta. Escribí a su familia preguntándoles por Timoleo pero al parecer, después de la guerra quedó un poco trastornado –su abuela dice que debería estar en San Mungo –, se mudó a Albania y perdió la relación con casi toda la familia. Bertha fue a buscarle en sus vacaciones para ver si lograba que regresara a Inglaterra, pero desapareció antes de que supieran si dio con su primo o no. Eso es todo lo que he descubierto. Si..."

Hermione y Ron dejaron de leer y echaron un vistazo a Harry, que se había dejado caer sobre uno de los divanes del Salón con aire abatido.

—Lo siento, Harry —murmuró Hermione.

—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó Ron, desanimado.

—Ir a Albania, cuanto antes —replicó Harry, decidido —Iremos al Ministerio Albanés a ver si ellos pueden darnos alguna pista. Y buscaremos a Timoleo aunque nos lleve meses encontrarlo. Cuando demos con él, estaremos más cerca del horrocrux.

—Pero ni siquiera sabemos si Bertha llegó a verle...

—Lo averiguaremos allí. Nos marcharemos cuanto antes, cuanto antes salgamos, antes regresaremos —dijo Harry levantándose enérgicamente del canapé —Preparemos todo, Ron, mañana por la mañana nos marchamos.


Como Harry había dicho, a la mañana siguiente, él y Ron estaban en el vestíbulo, listos para partir. No habían dormido mucho, ninguno de los tres. Hermione se había pasado la tarde y parte de la noche anterior sugiriéndoles qué cosas debían llevar, qué hechizos podrían serles útiles, dándoles docenas de indicaciones y leyéndoles citas de algunos libros con información sobre Albania hasta que Harry y Ron le habían dicho que por favor se fuera a dormir.

No obstante, Hermione no pegó ojo durante toda la noche, inquieta, nerviosa y angustiada. A la mañana siguiente sus dos mejores amigos se irían y no sabía cuando regresarían (o si lo harían). Iban a enfrentarse a un gran peligro y ella tenía que limitarse a esperar que salieran bien parados.

No sabía si podría soportarlo, como tampoco sabía si podría soportar el estar sola con Malfoy Merlin sabía cuanto tiempo. Cierto era que llevaba un par de días sin verlo, desde lo sucedido en el baño, pero eso no la aliviaba demasiado. Tenía la sensación de que él estaba tramando algo y eso no le gustaba. Una vez sus amigos se hubieran ido, perdería la protección que ellos suponían. Una y otra vez se le pasaba por la cabeza que hubiera sido mejor aceptar la oferta de Ron de ir a pasar una temporada en la Madriguera, pero inmediatamente después se recordaba que era una bruja adulta y que tenía que afrontar la situación.

De cualquier modo, lo que le preocupaba en esos momentos, era el destino de Harry y Ron.

—Recordad todo lo que os he dicho —dijo mordiéndose el nudillo índice de su mano izquierda con nerviosismo —¿Lleváis todas las cosas? ¿El demiguise, la varita? ¿Los mapas? ¿el libro de...

—Sí, sí...sí a todo —resolvió Ron después de contabilizar las preguntas de Hermione con los dedos de una mano —tranquilízate, Hermione.

—Escribidme cuando lleguéis, ¿está claro? —insistió ella apretando su mano en puño —No os olvidéis...

—Hermione, llegaremos dentro de media hora —repuso Harry con pragmatismo —lo que tardemos en llegar al Ministerio inglés y aparecernos en el albano.

En cada Ministerio, había una sección reservada para apariciones de brujos desde países extranjeros a fin de evitar que un mago viajante se apareciera en mitad de Trafalgar Square o el Coliseo. Harry y Ron se aparecerían en la sección correspondiente al Ministerio Albano.

—Da igual —se empecinó ella.

—Será mejor que te escribamos cuando tengamos algo que contar —señaló Ron —Además, las cartas pueden ser interceptadas.

—Escribidlas de un modo que sólo yo pueda entenderlas. Pero escribidme —amenazó la chica alzando su dedo índice frente a las narices de sus amigos —o tendré que ir a Albania a buscaros.

—Lo haremos —prometió Harry en tono apaciguador —Ahora será mejor que nos vayamos o tendremos que esperar al siguiente metro.

—Sí —suspiró Ron.

Y entonces los tres se sumieron en un silencio incómodo en que se miraban unos a otros sin saber muy bien qué hacer. Era la primera vez que se despedían para algo que no fuera unas inocentes vacaciones de Navidad o verano, y en esa ocasión no había certeza de que volvieran a verse.

Finalmente, Hermione no pudo soportarlo más y se arrojó sobre Harry atrayendo a Ron con su brazo bueno hasta casi poder abrazarlos a los dos. De inmediato sintió las manos de sus amigos rodeándola con fuerza y tuvo que apretar los párpados con fuerza para que no se le escapara ninguna lágrima traicionera. No quería dejarlos ir, no sin ella. No era capaz de asimilar que no sabía cuando volvería a verlos o sí lo haría.

Apretó los labios y deseó con todas sus fuerzas que sucediera algo, lo que fuera, que acabara con esa horrible guerra para que pudieran vivir en paz, como unos jóvenes de diecisiete para dieciocho años debían hacer. Pero ningún milagro sucedió, y después de unos largos segundos, sus amigos se apartaron de ella.

—Estaremos bien —aseguró Ron dándole palmaditas en el hombro a su amiga.

—Prometedme que volveréis —les rogó ella, secando con el perfil de un dedo la humedad de sus lagrimales.

—Hermione...

—Prometedlo.

—Lo prometemos.

—Bien.

—Y tú prométenos que te cuidarás —exigió Harry —que tomarás las pociones revitalizantes y las de dormir sin sueños y que tendrás cuidado con Malfoy.

—Y si te molesta demasiado, puedes ir a la Madriguera cuando quieras. He hablado con mi madre y me ha dicho que cuando quieras le escribas y vendrá a buscarte para que pases unos días allí.

—No os preocupéis por mi —Hermione esbozó una sonrisa débil y abrió la puerta de la Mansión. No tenía sentido retrasar más lo inevitable y comenzaba a sentirse francamente mal —Es tarde.

—Sí, será mejor que nos demos prisa.

Después de unos segundos de vacilación y unas últimas miradas de despedida, Harry y Ron salieron por la puerta. Se despidieron con un gesto y Hermione se quedó bajo el marco de la puerta durante unos largos segundos, viéndoles alejarse por la acera. Al cabo, respiró hondo, retrocedió un par de pasos y cerró la puerta.

Y justo en ese momento, sintió como el mundo se caía a sus pies. Apoyó la espalda en la puerta y trató de no ponerse tremendista y pensar que todo iba a ir bien. Si ya se sentía sola e inquieta, no quería pensar en cómo estaría dentro de unos días.

Los labios le temblaban y sentía la humedad de las lágrimas en sus ojos, pero luchó valerosamente por contenerse hasta que logró calmarse un poco, suspiró y se incorporó de la puerta.

Entonces vio a Malfoy, al pie de las escaleras, observándola con una oscura comprensión en sus ojos grises. Hermione se preguntó cuánto tiempo llevaría ahí y se sintió avergonzada e irritada por la idea de que la hubiera visto en un momento de debilidad.

—¿Qué quieres? —lo interpeló con sequedad.

—¿Potter y Weasley se han ido? —preguntó con tono neutro. Hermione asintió y Malfoy se aproximó a ella con un brillo misterioso en los ojos —Así que estamos tú y yo solos en casa, ¿eh? Esto se parece a alguno de tus sueños húmedos, ¿verdad, Granger?

Hermione le asesinó con la mirada y alzó el rostro con orgullo.

—¿Recuerdas cuando me despertaste porque estaba llorando? Estaba soñando con esto —replicó y después pasó de largo junto al chico con aire ofendido. Malfoy se quedó en el vestíbulo mientras Hermione subía por las escaleras ruidosamente para hacerle notar su enfado, y la observó con una sonrisa torcida.


Hermione se despertó sobresaltada, asustada y aturdida. Tardó unos segundos en darse cuenta de que estaba en la cama de su habitación y unos largos minutos en dejar de temblar y sentir una opresión en el pecho. Había tenido otra horrible pesadilla, lo sabía. Recordaba el bosque oscuro y terrorífico que una vez había visto, pero esa vez Harry y Ron estaban en él con ella. Y huían de algo.

Con dificultad, se incorporó en la cama y se frotó los ojos. Era una estúpida. En algún momento se había quedado dormida sin darse cuenta después de arrojarse en la cama, totalmente deprimida. Debido a ello no había tomado la poción para dormir sin sueños y ahora se sentía mucho peor.

La conocida sensación de angustia había vuelto a ella y no parecía querer irse. ¿Estarían Harry y Ron bien? ¿Qué había en ese bosque que la llenaba de un miedo primitivo? ¿Podrían enfrentarse a ello?

Había algo en ese bosque que había hecho que Voldemort lo convirtiera en su refugio y forzosamente debía de ser algo oscuro, horrible y poderoso. Sintió miedo y su preocupación por Harry y Ron se multiplicó junto con su impotencia.

Nerviosa, se levantó de la cama. Necesitaba hacer algo, enfocar sus energías en alguna actividad o acabaría volviéndose loca. Sus tripas rugían pues no había comido nada desde el desayuno, pero al mismo tiempo tenía un nudo en el pecho que prácticamente le impedía tragar saliva.

No soportando más la tensión, decidió bajar a las cocinas y prepararse algo de comer, aunque sólo fuera por matar el tiempo. Afortunadamente encontró la cocina vacía aunque llena de cacharos usados aquí y allá e inundada por el olor de algo quemado con tintes de fritura. Arrugando la nariz ante la peste, abrió las ventanas y maldijo a Malfoy por lo bajo. Estaba claro que no pensaba "rebajarse" a limpiar todo lo que ensuciaba, ya se encargaría de él.

Entró en la despensa y rebuscó entre los estantes. No tenía ganas de comer nada especialmente sólido ni de cocinar, así que cogió una caja de cereales y se giró para salir. Pero no calculó bien y golpeó con la caja un bol lleno de nueces que había al borde de un estante.

Contuvo una maldición cuando vio el suelo lleno de cristales y nueces desperdigadas.

—Genial —farfulló. Lo que le faltaba. Molesta por su torpeza, sacó la varita del bolsillo de su pantalón y después de pelearse con ella durante casi un minuto, logró conjurar un reparo que reunió y pegó todos los pedazos del bol hasta que pareció que nunca se había roto. Se agachó a recoger el bol y las nueces, pero algo en el suelo llamó su atención. Había una rendija.

Hermione apartó un puñado de nueces y siguió la rendija con su índice izquierdo. Entreabrió la boca, sorprendida, al darse cuenta de que había una trampilla en el suelo, disimulada por la tosquedad de la piedra y la pata del estante lleno de alimentos. ¿Qué habría ahí?

Llena de curiosidad, Hermione se las apañó para apartar la estantería y despejar así por completo la trampilla, pero no había ninguna anilla o ranura por la que abrirla. Frunciendo el ceño, conjuró un alohomora y después de intentarlo un par de veces, un chasquido de piedra le hizo saber que lo había logrado. Lentamente, la trampilla comenzó a levantarse revelando un hueco profundo y oscuro del que Hermione no atinaba a ver el fondo. Se arrodilló junto a los bordes del agujero del suelo y conjuró un Lumos que apuntó hacia el hueco oscuro.

—¿Qué... —murmuró, pero se interrumpió al comprender qué era eso. En una pequeña estancia cuadriculada de un par de metros de hondo, se apilaban por sus paredes una serie de estanterías llenas de botellas de vidrio con líquidos de diferentes colores. Estaban tan polvorientas que Hermione dedujo que habían pasado años desde la última vez que alguien había bajado ahí. Alargó el brazo y tomó una de las botellas cubierta de suciedad. Pasó un dedo por la superficie retirando el polvo de la etiqueta de la botella que rezaba "Whisky de fuego".

—¿Alcohol? —murmuró. Efectivamente la mayor parte de los estantes estaban llenos de botellas similares a la que tenía en la mano, también pudo ver algo de ron, cerveza, licores y una serie de botellas en las que le pareció ver algún tipo de criatura atrapada dentro.

Descorchó la botella que tenía en la mano y la olió. El whisky tenía un olor tan fuerte que Hermione casi se sintió mareada. Apartó un poco la botella y la observó con aire pensativo.


Draco salió de la biblioteca, aburrido. Bajó por las escaleras y se detuvo en el pasillo del tercer piso para echar un vistazo a la habitación de Granger. ¿Seguiría ahí encerrada?

Que él supiera, no había salido de la habitación desde que Potter y Weasley se habían ido esa mañana. Sabía que posiblemente quería estar sola y por mucho que le repateara hacerlo, había decidido respetar eso. Quizás en otras circunstancias habría ido a molestarla y enfurecerla para que se olvidara de su tristeza, pero en esos momentos, las cosas entre ellos no estaban demasiado bien como para provocar que ella lo odiara aún más.

Esa mañana, cuando la había visto hundida, con lágrimas en los ojos y los labios temblando, se había sentido mal. No sabría definir exactamente la razón. Por un lado se había sentido vacío al ver el modo en que a ella le había afectado la marcha de sus amigos. Seguramente si se hubiera tratado de él, Granger hubiera montado una fiesta. No había podido evitar sentir una oleada de celos hacia los dos palurdos de Potty y Weasel, ¿por qué le importaban tanto? Si no eran más que un flacucho con complejo de Superhéroe y un larguilucho que le seguía a todas partes como si fuera su sombra.

Pero a la vez, se había sentido extrañamente conmovido al verla tan vulnerable. No estaba acostumbrado, sólo la había visto llorar una par de vecs. La primera en un momento de debilidad a consecuencia de una pesadilla provocada por la magia negra y otras tras un enfado con sus amigos.

En cambio esa mañana había sido diferente. La había visto luchar contra su dolor sin demasiado éxito y se había sentido débil ante ella cuando se dio cuenta de que sentía el insoportable impulso de consolarla. Lo que él decía, se estaba volviendo un cursi.

Molesto, siguió bajando las escaleras decidido a ignorar a Granger. Que se encerrara en su cuarto a llorar si quería, a él le importaba un pimiento. Decidió bajar a la cocina para prepararse algo de cenar. Debía de reconocer que no estaba del todo mal eso de cocinar, estaba empezando a pillarle el truquillo aunque siguiera considerando el aceite como su enemigo mortal. No obstante, había sido capaz de preparase varias cosas sin sartén y ese mediodía había logrado freír un filete sin quemarse. Las manoplas moteadas de florecillas de colores habían ayudado, debía reconocerlo.

Abrió la puerta de la cocina y se detuvo al final de los escalones, estupefacto. Granger estaba allí, en el espacio entre la cocina y la gran mesa de madera, dando vueltas sobre si misma mientras tarareaba una canción que sólo ella debía conocer. Tenía el pelo enmarañado y suelto, las mejillas sonrojadas y los ojos vidriosos, y aferraba una botella polvorienta llena hasta poco menos de la mitad en su mano izquierda.

Draco tardó unos segundos en asimilar que Granger estaba completamente borracha.

—¿Gran...ger? —murmuró. Hermione se paró en seco, sorprendida, miró a Malfoy y después su rostro se iluminó con una enorme –y ebria –sonrisa.

—¡Pedo si ez Ddaco Malfoy! —exclamó con voz espesa y nasal a consecuencia de su lengua entorpecida por el alcohol.

—Estás borracha —dijo él, anonado. ¿Granger borracha? Jamás lo hubiera creído.

—¿Qué paza? —le increpó ella con sequedad y agitó la botella con tanta brusquedad para señalarlo con la boca que un poco de whisky de fuego salpicó el suelo —¿Ez que no puedo emboddachazme? ¿Ez que creez que la sabelotodo de Hedmione Jane Granged nunca ze emboddacha? Puez que sepaz que no ez la primeda vez.

—¿Ah, no? —atinó a decir él, aún demasiado impactado para burlarse de ella.

—Puez no —dijo Hermione con desparpajo y dio un largo trago de la botella, para reafirmarse aunque la expresión de desagrado que puso al tragar arruinó un poco el efecto —Hace trez nocheviejas bebí dos copaz de shampan...y... —se detuvo como si hubiera olvidado lo que quería decir y frunció el ceño con frustración, de un modo que a Malfoy le pareció encantador. ¿Encantador? La cosa iba de mal en peor.

—¿Y...? —la instó Draco. Se le estaba pasando el shock inicial y empezaba a encontrar la situación bastante graciosa. Si contara en Hogwarts que había visto a la intachable y mojigata Hermione Granger completamente borracha, nadie le creería.

—Y... —continuó ella con énfasis —me...madeé. Y al día ziguiente, me dolía la cabeza. Mucho.

—Oh...me estás escandalizando, Granger —se burló él acercándose a ella.

—Pada que veaz —Hermione alzó la cabeza, satisfecha consigo misma —No zoy ninguna zanturrona.

—Merlin me libre de pensar eso —repuso él con un toque de ironía en la voz y una sonrisa torcida en los labios. Dio un paso más hacia ella con intención de quitarle la botella. Granger ya había bebido lo suficiente considerando que posiblemente era la primera vez que probaba el whisky, pero la chica retrocedió un poco.

—Quieto padao —le dijo alzando la botella entre ellos como si fuera un escudo protector —¿Qué pdetendez?

—¿No vas a darme un trago? —preguntó él con tono inocente. Hermione lo miró con los ojos entrecerrados, como si estuviera decidiendo si podía fiarse de él.

—Si quiedes whisky vete a buzcadlo, hay máz en la dezpenza, pedo esta botella ez mía, encanto —aseveró con una chulería que no tenía nada que envidiar a la del chico. Draco tuvo que contener una sonrisa. Definitivamente, Granger borracha era muy divertida.

—¿No crees que ya has bebido bastante?

—¿Tú vaz a dadme lecciones, Malfoy? —se burló ella, trastabillando al retroceder otro paso a medida que él se acercaba —tuz boddachedas son muy conocidas en Hoga...Hogüa...Hogtar...en el colegio —resolvió contrariada.

—Y la tuya va a serlo en la Mansión Black —repuso él en un tono que casi parecía afectuoso —Dame la botella, Granger. Ya has bebido bastante.

—¿Y a ti que te impodta? —inquirió ella con tono fiero.

—No quiero que acabes vomitándome en los zapatos.

—¡Pues entonces ládgate! —chilló ella y Malfoy se sorprendió al darse cuenta de que parecía estar a punto de llorar —¡Déjame zola! ¡No te necezito!

—Oye, Granger...

—¡Qué me de... —pero se interrumpió abruptamente al tropezar con sus propios pies mientras intentaba retroceder y se hubiera caído al suelo si Malfoy no la hubiera agarrado con rapidez. Se quedó paralizada, entre sus manos, mirándole con los ojos muy abiertos mientras en su cabeza resonaba el estallido de la botella caída haciéndose añicos.

Ya había logrado equilibrarla y Draco sabía que lo más prudente sería soltarla. Estaba demasiado borracha y él tampoco estaba seguro de poder responder de sus actos a pesar de no haber probado una gota. Pero no quería soltarla. Quería acercarla a él y hundirse en su boca.

—No lo entiendo —musitó ella, inmóvil.

—¿El qué? —inquirió él con voz ronca.

—Ni el frío o el caloh, ni el agua, ni el tacto de la dopa. Ni siquieda a Haddy o a Rrron. Zólo te ziento a ti —murmuró aturdida, y Draco comprendió que estaba hablando de su brazo, que él sujetaba con una mano.

La vio tan desconcertada que se sintió incómodo. ¿Debía contarle la conclusión a la que había llegado? Era demasiado reveladora y cursi, pero por otro lado, era bastante probable que ella no recordara nada al día siguiente.

—¿Hasta qué punto estás borracha, Granger? —la cuestionó él. Hermione frunció el ceño y se tensó entre las manos de Draco.

—Zé lo que hago —respondió obstinadamente.

Negación. Cuarta fase de la borrachera después de la risa tonta, los cantos alegóricos acompañados de logradas coreografías y la exaltación de los lazos de amistad. Estaba lo suficiente borracha para no recordar nada al día siguiente.

—La magia negra puede combatirse con magia negra, un Avada puede igualar a otro Avada pero ninguno doblegará al otro –—explicó con desgana, y Hermione asintió con gesto de concentración. Estaba claro que le costaba mucho esfuerzo mantener la atención en él —La magia negra no puede vencerse con magia negra…pero sí con magia blanca.

Hermione frunció más el ceño como si estuviera meditando profundamente sobre sus palabras, pero su aire de meditación se vio interrumpido por un hipido. Draco tuvo que hacer un esfuerzo para contener la risa.

—¿Cómo la madde de Haddy? —preguntó ella al cabo, tratando desesperadamente de mantener su aire intelectual —Ze zacdificó pada salvah a su hijo.

—Exacto —murmuró él y no pudo contenerse y aumentó la presión de sus manos en torno a los brazos de Hermione, como si quisiera sentirla más —Eso es magia blanca muy poderosa —continuó, tratando de centrarse —por eso Potter sobrevivió al avada del Señor Oscuro y salió disparado contra él. Por eso tu mano en mi marca me calma el dolor, por eso mi mano en tu brazo te hace sentir. Magia blanca.

Hermione guardó silencio unos instantes, meditando las palabras del chico con gran cuidado.

—Pedo ezo no tiene zentido —pronunció después de unos segundos.

—¿Por qué? —murmuró él con voz ronca.

—Pozque la baze de la magia blanca, su podeh, ez el amoz. Y nozotroz no noz quedemos.

Draco apretó los labios, incapaz de pensar en otra cosa que no fuera besarla. Su boca estaba tan cerca, tan expuesta, que sólo tendría que inclinarse para robarle un beso, para probar el gusto del whisky en su boca, para emborracharse de ella. Su cuerpo continuaba entre sus manos, confiado, dócil, maleable. Podría apretarlo contra el suyo con un breve movimiento.

Alto. Debía parar en el acto ese tipo de pensamientos, antes de que acabaran con él. Su cuerpo comenzaba a reaccionar a su cercanía, enviado oleadas de calor más allá de su vientre y como siguiera teniéndole tan cerca, sintiéndola entre sus manos, no podría contenerse.

La soltó mecánicamente y se alejó despacio, con los dientes apretados, como si tuviera que realizar un gran esfuerzo contra barreras imposibles. Se apoyó en la encimera de la cocina, débil y casi mareado, y se atrevió a mirar a la chica por entre los mechones de flequillo platino que habían caído sobre sus ojos. Hermione lo observaba totalmente desconcertada y cuando dio un paso hacia él, Draco se incorporó de un respingo y trató de recuperarse.

—Granger —dijo con la voz aún afectada y espesa —será mejor que te vayas a dormirla.

"Antes de que sea demasiado tarde. No sabes el peligro que corres" omitió decir.

—¡No quiedo dodmih! —se quejó ella haciendo un puchero —¡Quiedo bailaz! –y para ejemplificarlo, giró sobre si misma en una pobre imitación de una bailarina de ballet que hubiera acabado en un porrazo contra el fregadero si Draco no hubiera vuelto a sujetarla a tiempo.

—Maldita sea —masculló él —Creo que no estás como para bailar —afirmó con sequedad y ayudó a la chica a recuperar la verticalidad —Y ahora vamos, te acompañaré hasta tu cuarto —al ver que la chica abría la boca para replicar, añadió —y te portarás bien o te meteré la cabeza debajo del grifo.

Hermione abrió exageradamente la boca como si él hubiera dicho algo terrible.

—No —pronunció como si no pudiera creerse la amenaza del chico.

—Sí —aseguró él, arrastrándola hasta la puerta de la cocina.

—¡No te atrevedaz! —amenazó ella.

—Sí lo haré —aseguró Draco con amargura mientras la ayudaba a subir las escaleras que daban al hall —y si es necesario te daré una ducha y me ducharé contigo.

—Oh —musitó la chica, enmudecida. Draco agradeció que se quedara callada durante el resto del camino, pues debía concentrar todos sus esfuerzos en ayudarla a subir los tres pisos de escaleras sin que ella se matara por el camino. A decir verdad, Hermione no ponía demasiado de su parte, sino que dejaba su peso reposar contra el cuerpo de Draco, y de vez en cuando, si estaba especialmente inspirada, subía un escalón por su propio pie.

Después de unos quince minutos, varias maldiciones y juramentos por parte de Draco y risitas tontas por parte de Hermione, ambos llegaron al pasillo del tercer piso. Draco se moría de ganas por abrir la puerta, arrojarla dentro y largarse. Había sido una tortura, subirla casi a pulso escalón tras escalón, con su cuerpo pegado al suyo inocentemente. Ahora el que necesitaba una ducha era él, no ella. Y muy fría.

Con dificultad abrió la puerta de la habitación de la chica y la empujó suavemente para que entrara. Hermione, privada de su apoyo, se tambaleó y estuvo apunto de caerse, pero Malfoy –ya más por costumbre que por reflejos –la sujetó a tiempo y ayudó a equilibrarse. Inmediatamente se alejó a una distancia prudencial.

—Ahora acuéstate —dijo él y su voz sonó enronquecida —Mañana será otro día.

—¿De veddah tengo que hacedlo? —preguntó ella con un suspiro y el labio inferior proyectado hacia arriba. Draco se preguntó si debía besarla o estrangularla y retrocedió hasta la puerta.

—Sí —dijo con brusquedad. Como no se fuera pronto no respondería de sus actos.

—Malfoy —la voz de la chica le cortó en seco en plena retirada. Draco se detuvo bajo la puerta, de espaldas a ella, pero optó por no volverse —¿No vaz a ayudadme?

Malfoy giró un poco el rostro, lo justo para poder mirar de reojo a Hermione, lleno de desconfianza.

—¿Ayudarte en qué? —siseó. Aquello tenía que ser una trampa, de alguna manera, era una trampa.

—Con ezto —explicó Hermione señalando los botones que cerraban sus vaqueros. A modo de ilustración, trató de desabrocharlos con la zurda sin demasiado éxito, soltando risillas ebrias cada vez que fallaba —no puedo zola.

Draco palideció tanto como si el Señor Oscuro le hubiera pedido un beso.

—No pongaz eza cada —dijo ella, agitando la mano como si así pudiera cambiarle el gesto —total, ya haz vizto todo lo que hay bajo miz vaquedos antez.

Definitivamente, Draco estaba en el infierno. No podía haber otra explicación. Estaba siendo castigado por todos sus pecados.

—Vamoz, hombde —lo exhortó ella con impaciencia —que no muezdo —y soltó una risotada estúpida.

Draco tragó saliva y se pasó una mano por la frente para borrar las diminutas gotas de transpiración que empezaban a cubrirla. Todos sus sentidos le alertaban que huyera pero su mente se negaba. Era ridículo, ¿él huyendo de una chica borracha? Eso iba contra su naturaleza.

Aunque esa chica fuera Granger y planeara acabar con su vida de seguir así. Irritado y excitado, Draco se acercó a ella y agarró el borde de sus vaqueros con tanta brusquedad, que Hermione tuvo que aferrarse a uno de sus hombros para no perder el equilibrio. Draco estuvo a punto de tirarla sobre la cama cuando sintió la presión de los dedos de la chica sobre su hombro y su calor traspasando la tela de su camisa de seda. ¿Por qué él, por Merlín?

Con dedos torpes y engarrotados, Draco se peleó con los malditos botones de latón hasta que consiguió soltarlos, huyendo como si fuera el demonio del leve fragmento de algodón blanco que quedó al descubierto en la abertura de sus vaqueros. Después, la soltó con brusquedad y se apartó rápidamente de la chica, asesinándola con la mirada por someterle a tales tormentos.

Hermione endureció el rostro al verlo alejarse de ella como si tuviera la peste y se sintió dolida. ¿Es qué tanto asco le producía la idea de tocarla que no soportaba estar cerca de ella?

—El resto hazlo tú —gruñó él con hosquedad —no pienso volver a tocarte.

Por hoy, añadió una vocecilla malévola en su interior.

—No te hubieda pedido que me ayudadas de sabez que te depuznaba tanto tocadme, pedo debí zuponezlo —expuso, resentida.

—¿Repugnarme? No sabes lo jodidamente cerca que estás de ser violada, Granger.

Hermione se quedó boquiabierta por la amargura y el veneno que destilaba su voz. Trató de leer en sus ojos, pero todo estaba un poco borroso. No obstante, una parte de ella se sintió extrañamente poderosa, satisfecha y retorcidamente excitada, y sólo por su embriaguez era capaz de aceptarlo sin sentirse culpable.

—¿Ah, zi? —preguntó con tono sugerente.

—No me provoques, Granger —siseó él dando un paso hacia ella. Eso era más de lo que podía soportar. El estaba hecho de carne y hueso, joder, y no estaba en su naturaleza negarse lo que deseaba.

—¿O qué? —lo increpó ella. El aliento aún no había acabado de escapar de sus labios cuando Draco llegó hasta ella y la sujetó rudamente por las caderas, pegándolas a las suyas. El gritito de sorpresa de Hermione quedó amortiguado por los labios de Draco sobre los suyos, por su lengua irrumpiendo en su boca. Él lo había intentando, Merlín sabía que lo había hecho, pero no podía más. La estrujó con fuerza contra él, hundiendo los dedos en su tierna carne, estrujándola, estrechándola con pasión. La besaba como si estuviera hambriento de ella, desesperado, y así era en realidad.

Todos los deseos que había estado reprimiendo, fluían ahora, libres y salvajes.

Mordisqueó el interior del labio inferior de Hermione, llevándola a la difusa frontera entre el placer y el dolor durante unos segundos, hasta que ella gimió quedamente. Después hundió la lengua en su boca, deslizándola violentamente por el interior de sus labios, rozando su paladar, incitando su lengua adormecida. Hermione reaccionó clavándole las uñas en el omoplato, su cuerpo febril y su boca desesperada danzando contra la de él.

Draco la estrechó aún más contra él, profundizando el beso, y ella ronroneó de placer, rendida. Sentía un calor desconocido en su vientre, su piel hipersensible y ardiente, su corazón latiendo a tanta velocidad que parecía estallar. No podía respirar, le faltaba el aire, pero no lo necesitaba si eso suponía separarse de él un solo instante. Se moría de placer al sentir las manos de él explorando y tomando su cuerpo, su lengua desbastando su boca, su calor anegándola.

Cuando Draco sintió las caderas de la chica revolviéndose contra las suyas, como si buscara algo que ni siquiera comprendía, supo que podría hacerla suya. Supo que podría echarla sobre la cama, terminar de desnudarla y hacerle el amor como nadie se lo haría en su vida. Tuvo la certeza de que podría volverla loca de placer y hacerle gritar su nombre hasta quedarse sin voz.

Pero también comprendió que al día siguiente ella lo odiaría. Cuando los efectos del alcohol hubiesen quedado atrás, Granger pensaría que él la había utilizado y manipulado, que se había aprovechado de ella para satisfacer sus necesidades y no podría perdonarle nunca.

Fue ese preciso instante, cuando entendió que prefería negarse un placer inmediato y locamente deseado con tal de que ella no le odiara, el momento en que se dio cuenta que estaba completamente enamorado de ella. Que la quería.

Y eso era aterrador.

Asustado, la soltó bruscamente y se liberó de la mano de la chica, para salir a toda prisa de la habitación y cerrar de un portazo sin mirar atrás. Hermione se quedó aturdida y mareada mirando la puerta hasta que escuchó el sonido del agua corriendo en el baño.


¡Hola chicas!

Sí, sé que es pronto, debería actualizar mañana pero acabo de terminar el capítulo y la semana próxima tendré problemas para actualizar. Además, no me podía aguantar, porque me ha encantado escribir este capítulo. Me reía yo sola mientras lo escribía xD y es que me he divertido mucho mostrando a Hermione borracha y al pobre Draco sufriendo por su amor xD Pero yendo por partes, como os adelanté, Harry y Ron se han marchado oportunamente, dejando a nuestra parejita a solas, y parece que van a tardar. Hermione está depre, así que cuando descubrió las reservas de alcohol de los Black se puso a darles buena cuenta xd y así acabo la pobre. Y Draco al bajar a las cocinas se encontró con el espectaculo, pobrecillo lo que sufrió para llevarla hasta su cuarto. Hermione borracha se vuelve una pícara y nuestro pobre chico ha pagado las consecuencias xD: ducha fría. Pero lo más importante del capítulo: Draco se ha dado cuenta de que está enamorado de Hermione -suenan fuegos artificiales de fondo-. Parece que a la castaña le va a costar más mujajaja ¡que sufra! En fin, espero que el capítulo os haya gustado tanto como a mi escribirlo :) así todas contentas.

Sé que quería comentar algo, pero ahora no lo recuerdo T.T ¡ah, si! Que ya sabemos por qué Hermione siente el contacto de Malfoy en su brazo y de paso también por qué ella puede aliviar el dolor de su marca. Magia blanca. En otras palabras: amor, la magia más poderosa. Está claro lo que significa¿no ;)?

Y creo que eso es todo :)

Como siempre, mil gracias por vuestro apoyo y ahora viene la mejor parte de la historia según mi opinión :) A ver que os parece!

Mis agradecimientos especiales a las que dejaron review en el anterior -ya estoy en mi piso con mi pc, mi conexión inalambrica y sin hermana a la vista-:

Lyann Jade, Vhea, chepita1990, lauriska malfoy, Barbara Nakamura, maria, Pajaro de Fuego, Chibi-oliva mía, Baddy, lxlgiselalxl, Alehp, monmalfoy, Siara Love, nedia, sonylee, tifanny, danymeriqui, Dubhesigrid, Emily Dumbledore, unkatahe, Factium, Dysis, Monica, Xgilr1, Elea, Mineht, NiTa, micropuff, PauMalfoy, Edoras, AdiFelton,Veroli, Nasirid Desi :), maferdarg, galletaaa, kMi, Bellatrix L Black, Maki, monica, Azuran -Dark Angel, oromalfoy, ., princesaartemisa, Amarissima, Kapu way, Lna, mArTa, duciitá, Angeles Radcliffe, Sakura Granger :), DuniXe y Little Innocence.

Ahora me marcho a estudiar Ecologia T.T -aunque no lo creáis es una optativa de magisterio-. MIL GRACIAAAAS!

Con mucho cariño, Dry!

Pd: Click a "Go" para que Draco (o X) te lleve a tu cuarto y te quite la borrachera a besos ;) -Dry corre a emborracharse xd-.